El Criticón

Opinión de cine y música

Mátalos suavemente


Kill Them Softly, 2012, EE.UU.
Género: Thriller.
Duración: 97 min.
Dirección: Andrew Dominik.
Guión: Andrew Dominik, George V. Higgings (novela).
Actores: Scoot McNairy, Ben Mendelsohn, Brad Pitt, James Gandolfini, Richard Jenkins, Ray Liotta, Vincent Curatola,

Valoración:
Lo mejor: Reparto.
Lo peor: Dirección y guión obstinados en alardear en vez de en narrar. Ritmo horrible, personajes sin rumbo, trama incapaz de llegar a alguna parte, numerosas secuencias que no aportan nada…

* * * * * * * * *

Después de su insoportablemente tediosa y larga El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford, una de las pocas películas que he dejado a medias en mi vida, Andrew Dominik nos vuelve a deleitar con otro coñazo insoportable que, de nuevo, por eso de ser lenta, rara y confusa, parece gustar a los críticos pero acaba con la paciencia de los espectadores.

Mátalos suavemente con todo descaro pretende ser una versión más intelectual y artística del cine de Quentin Tarantino mezclado con el de Guy Ritchie, es decir, trata de resultar más inteligente, profunda y trascendental a la vez que se adorna de un aspecto visual en una onda aún más atrevida y conceptual. Aventuras criminales llenas de ironía y tragedias, individuos dispares (fracasados, veteranos, raritos…) enfrentados en la vorágine que es su vida al margen de la ley, diálogos largos y llenos de anécdotas que no van directamente relacionadas con la historia pero forman parte de los personajes, trama mostrada por capítulos bien diferenciados, puesta en escena rebuscada que pretende extasiar los sentidos del espectador…

Pero una cosa es ser inteligente, y otra creérselo. Una cosa es saber construir una cinta atrevida y deslumbrante y otra ser pretencioso sin límite lógico y artístico alguno. Pulp Fiction tenía un guión que desgranaba la trama y sus habitantes a la perfección entre diálogos y situaciones donde no sobraba una palabra, más una dirección que exprimía cada momento sabiendo ofrecer espectáculo sin irse por las ramas. Snatch manejaba muy bien la trama episódica y los protagonistas estrafalarios para construir una aventura de acción humorística muy atípica y eficaz. Mátalos suavemente falla estrepitosamente en el intento. Es incapaz de definir un objetivo, de mostrar una historia clara al espectador, con lo que se ven escenas una detrás de otra que en conjunto no terminan de formar un todo coherente y atractivo e individualmente resultan sumamente irregulares, salvándose únicamente un par de episodios.

Los dos personajillos fracasados que intentan encontrar un lugar en el mundo del crimen (Scott McNairy, Ben Mendelsohn), porque son unos negados para la vida en sociedad, resultan atractivos en un primer momento. La descripción de su patética situación, el golpe en que se ven envueltos y la calidad de los intérpretes funcionan más que correctamente a la hora de presentar un thriller prometedor. Pero es lo único rescatable de la proyección. Poco a poco la cinta desvaría en otros roles insípidos e historias sin contenido alguno. Brad Pitt en principio resulta interesante como asesino a sueldo, pero las escenas de diálogos sin sentido en que le sumergen minan su parte hasta que se desvanece en la nada. James Gandolfini es el colmo de la irrelevancia, del diálogo hueco, del artificio a base de palabras que no dicen nada: pocas veces he visto un rol tan fuera de lugar en una película, es un penoso adorno que Dominik no sabe cómo manejar. Ray Liotta es un secundario utilizado para dar forma a la historia, es decir, un mcguffin, y no da más de sí.

Así pues, la aventura del atraco y la persecución, prometedora en principio, se disipa rápidamente, perdida en esos personajes que no llevan a nada y en secuencias que únicamente buscar impresionar visualmente pero se olvidan de contar algo. La paliza, el tiroteo en coche, conversaciones entre drogados, etc., únicamente alardean de fotografía y montaje pseudo artísticos que no tienen objetivo narrativo alguno (y sí unos fallos de continuidad escandalosos: ver las bebidas de Pitt y Gandolfini en una de sus conversaciones). El resultado es una desconexión total con las imágenes. Aburrimiento y rechazo ante tanta pretenciosidad, ante tanto modernismo mal entendido. Para colmo, en otro intento de ofrecer algo trascendental, hay un trasfondo de crisis política, económica y social que petardea constantemente el recorrido de los protagonistas… pero lo hace de forma paralela (a través de las radios o las televisiones, de fondo), con una conexión débil y rebuscada con las tribulaciones de los protagonistas, resultando otro intento forzado de aparentar más de lo que es.

Como he dicho algunas veces (Drive, Shame, Martha Marcy May Marlene, El árbol de la vida…), no basta con saber componer un plano bonito y una escena resultona, hay que saber contruir un guión coherente y trasladarlo a imágenes formando una narración sólida e inteligible. Lo único restacable es un reparto al completo impresionante en sus papeles y una espectacular selección musical, aunque ésta se utilice también sin un sentido claro.

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