El Criticón

Opinión de cine y música

Brave


Brave, 2012, EE.UU.
Género: Aventuras.
Duración: 93 min.
Dirección: Mark Andrews, Brenda Chapman, Steve Purcell.
Guión: Mark Andrews, Brenda Chapman, Steve Purcell, Irene Mecchi.
Actores: Kelly McDonald, Billy Connolly, Emma Thompson, Julie Walters, Robbie Coltrane, Kevin McKidd.
Música: Patrick Doyle.

Valoración:
Lo mejor: La calidad de la animación.
Lo peor: Lineal, previsible, aburrida y tontorrona.

* * * * * * * * *

Enorme decepción supone esta Brave que no parece nacida en Pixar, sino de un cruce entre Dreamworks (guión simple y facilón) y el Disney más ñoño y poco inspirado. Aunque podemos citar un par de patinazos anteriores, la insulsa Cars y su secuela, está claro que Brave es resultado de la compra de la compañía por parte del todopoderoso Disney, pues es un proyecto que no cuenta con los guionistas habituales de la factoría de la lámpara. Así pues, recemos para que no se convierta en algo habitual ver títulos menores vendidos bajo el nombre de Pixar.

Brave tiene todo lo malo de Disney y nada de lo bueno, aquello que dio títulos inolvidables como La bella y la bestia y El rey león. Destaca por la simpleza exasperante en la historia y los mensajes maniqueos conservadores que cualquier padre moderno debería rechazar para sus hijos. Vamos, que la película no es sólo pura morralla, sino también moralina cutre de la que destilan en Estados Unidos en grandes cantidades. Merida es la princesa independiente y madura que no quiere aceptar las costumbres arraigadas en su pueblo, porque quiere ser libre y decidir por sí misma. Pero como eso está muy mal, la pobre se meterá en problemas varios que le harán ver la luz: debe someterse a una sociedad que define a la mujer como una esclava del hombre y debe acatar las normas de los padres y ancestros a rajatabla sin progresar lo más mínimo. Entre medio aparecen otras bobadas de las de poner el grito en el cielo, como el cansino discurso de que el desnudo es algo malo, tema que en una película para niños no debería tratarse y para el público adulto ofrece un tono ridículo. No sé si pretendían hacer un chiste con ello, pero a mí ha parecido un patinazo enorme.

Cabría esperar que al menos la proyección ofreciera vitalidad, divertimento, emoción… Pero la trama es tan facilona y predecible que no hay un solo instante que no se vea venir (y hay algunos, como la aparición de la bruja, que parecen un fallido refrito del pasado de Disney), los personajes son completamente planos, el humor roza el esperpento (el 99% de los chistes son basados en tortazos y hostias)… La simpatía que provocaba Merida en el inicio de la proyección se disipa en su vulgar aventura llena de secuencias de lo más monótonas y aburridas que van empeorando conforme avanzan hasta llegar a un desenlace completamente insustancial.

La animación es buena, pero no aporta nada nuevo (no sé a qué viene tanta sorpresa con el pelo de Merida si es algo viejo –Monsters S. A. es de 2001-) y el diseño artístico es muy básico (limitación forzada por el guión: no hay escenarios ni criaturas con las que lucirse). La música, otro elemento importante y destacable en este tipo de producciones, resulta correcta pero no espectacular. Casi lo único destacable son los actores que ponen las voces, todos con un acento y tono que hipnotiza (especialmente maravillosa resulta la voz de Kelly McDonaldBoardwalk Empire o Gosford Park– como Merida, con su delicioso acento escocés)… pero me temo que huelga decir que esto se pierde con el doblaje.

Lo mejor que puedo decir de Brave es que no es horrible como otras tantas películas de animación que inundan la taquilla, pero es muy insustancial y poco entretenida, con lo que su visionado no impacta lo más mínimo. Y volviendo a la inicial comparación con Dreamworks, Brave guarda gran parecido estilístico con una de sus pocas obras destacables, Cómo entrenar a tu dragón, película que sí cumplía sin muchos problemas el cometido de entretener.

3 Respuestas a “Brave

  1. Cubano 12/12/2012 en 13:08

    Brave podría haber tenido perfectamente un protagonista masculino, un díscolo príncipe en lugar de princesa, porque no trata de moralina conservadora, sino del difícil paso que supone madurar (Merida no es, en absoluto, madura; sólo es una niña mimada con muchos pájaros en la cabeza y que no tiene ni idea de cómo es el mundo fuera de la seguridad que le proporcionan los padres) y tomar las responsabilidades que le corresponden como adulto.

    Tenemos, además, la ambientación de la película en una época donde una princesa sólo era una moneda de cambio política, algo que se refleja muy bien, huyendo de ñoñerías sentimentaloides estilo Old Disney (La Bella y la Bestia, Cenicienta, Blancanieves…).

    Tenemos, pues, una película que, aunque (mal) vendida como cinta de aventuras, es un drama familiar e íntimo de una adolescente rebelde y una madre dominante.

    Deberías volver a ver la película dejando a un lado tantos prejucios.

  2. Warren Keffer 12/12/2012 en 15:57

    ¿Mimada? Si es rebelde e independiente, revolucionaria contra un sistema inmovilista y machista. Claro que no quiere tomar responsabilidades como adulta, porque la constriñen en un mundo injusto. Y no veo lo que dices, la película claramente se posiciona en contra de la ideología de la chavala, sea porque el guión es flojo o porque es cutre: en cada movimiento que hace fuera de la familia y del esquema social se lleva una hostia que la pone en su lugar. Y al final se reconcilia con la madre, pero es que todo el tema de casamiento, obligaciones familiares y demás que le hacen huir, se omiten por completo en una imagen idílica que en la realidad en dos días le volvería a estallar en la cara.

  3. Cubano 13/12/2012 en 10:28

    No busques grandilocuencias en la rebeldía de Merida. Es una adolescente rebelde, que defiende una forma egoísta de libertad, la de hacer lo-que-me-dé-la-gana pasando por encima de los que te rodean y del mundo que te ha tocado vivir. En especial contra las reglas de una sociedad que se niega a entender. Es como Arya Stark, sólo que aquí, mediante hechizo provocado por esta rebeldía egoísta, se acerca a la madre y se produce un entendimiento mutuo y en el caso de Arya, el acercamiento es al padre, tras unas muertes provocadas, igualmente, por la rebeldía de ella.

    Estos sucesos traumáticos provocan, por un lado, que los respectivos progenitores comprendan a su hija y, de paso, recuperen un poco de esa rebeldía adolescente, ese comerse el mundo “a mi modo” que ellos ya han perdido (“Lloro porque porque me aprietan los zapatos, pero no importa porque ya he olvidado como bailar”, decía el padre de Mollari, en aquel capítulo de temática muy similar a ésta, sobre los dos adolescentes enamorados) y, por otro, que ambas niñas tengan un baño de realidad y descubran que contra el sistema no se puede ir de frente y que tampoco están solas en el universo (En “Fundación y Tierra” hablaba de que la libertad absoluta implica que nadie te la coarte, o sea, estar absolutamente solo).

    Volviendo a Brave, las obligaciones familiares están bien presentes al final de la cinta, ya que forman parte de la propia moraleja de la película (es de Disney, a fin de cuentas): doble, una para los padres (No dirijas la vida de tus hijos como si fueran tus marionetas) y otra para los hijos (No estás solo en el mundo). Las obligaciones están presentes tanto para Merida como para los hijos de los clanes vasallos, así como el que son ellos y no sus padres quienes deben decidir el futuro de ellos y de su gente.

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