El Criticón

Opinión de cine y música

Cosmopolis


Cosmopolis, 2012, EE.UU.
Género: Cine pretencioso.
Duración: 109 min.
Dirección: David Cronenberg.
Guión: David Cronenberg, Don DeLillo (novela).
Actores: Rovert Pattinson, Sarah Gadon, Paul Giamatti, Kevin Durand, Samantha Morton, Juliette Binoche.
Música: Howard Shore.

Valoración:
Lo mejor: Fingir que no existe.
Lo peor: Pretenciosa, pedante, opaca, ininteligible, absurda, soporífera.

* * * * * * * * *

David Cronengberg se pone a adaptar un libro de economía de los densos e inasequibles para gran parte de la población, se chuta alguna droga alucinógena y se monta un experimento de vanguardismo cuasi dogma totalmente salido de madre.

En un cercano e imaginario futuro un joven especulador financiero y millonario viaja en su limusina por la ciudad, y así vemos su forma de vida, sus relaciones y pensamientos. Mediante una narración muy segmentada (a través de capítulos: cada encuentro con otro personaje está bien diferenciado del resto) Cronenberg pretende desarrollar un análisis crítico del sistema económico capitalista… y digo que pretende porque el fracaso es absoluto, pues aborda el tema de una forma tan enrevesada, pseudointelectual y pretenciosa que el relato resulta totalmente ininteligible y agotador.

Los diálogos sin sentido (ridícula la aparición de Samantha Morton donde se desbarra hablando de las medidas de tiempo como los yoctosegundos), las diatribas pedantes hasta el hartazgo (no se entiende nada), las idas de olla (partes irreales y absurdas, como la visita del médico), la forma tan fría de abordar las relaciones humanas (sexo porque sí cada dos por tres, una novia cuyas apariciones resultan tan confusas como irrelevantes), los giros que no obedecen a lógica alguna (el final del chófer)… El monólogo interminable e irritante del protagonista no llega a mostrar visos de coherencia alguna, ni se vislumbra un mensaje consistente. Existencialismo, economía, relaciones humanas… Los temas son tratados superficialmente pero adornados con tantos excesos que terminan diluidos en una verborrea sin sentido. El guión de Cronenberg parece escrito por un niño que ha conocido unas cuantas palabras difíciles y las usa aunque no sepa qué significan.

Por si fuera poco, uno espera de este autor una puesta en escena profesional, entregada a la narración, pero aquí parece que ha dejado la cámara en manos de un amateur, y el resultado es horrendo: parece un telefilme de los malos.

Cosmopolis es una de las peores películas que he visto en mi vida. Es la cinta perfecta con la que algunos críticos sesudos pueden ir de listillos: al público no le gusta porque es ininteligible y pesadísima, pero ellos la alaban para sentirse superiores, aunque entiendan lo mismo que cualquier otro: nada. Una auténtica tomadura de pelo. Huyan de ella como de la peste.

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