El Criticón

Opinión de cine y música

Aliens


Aliens, 1986, EE.UU.
Género: Acción, ciencia-ficción, terror.
Duración: 137/154 min.
Dirección: James Cameron.
Guion: James Cameron, Walter Hill, David Giler.
Actores: Sigourne Weaver, Michael Biehn, Lance Henriksen, Carrie Henn, Paul Reiser, Bill Paxton, William Hope, Janette Goldstein.
Música: James Horner.

Valoración:
Lo mejor: Todo: guion, dirección, efectos especiales, música, reparto… Su inigualable capacidad para aterrar, impactar e impresionar incluso innumerables visionados y años después.
Lo peor: Quizá le sobran un par de escenas en su versión completa. Y por el contrario, a la versión corta le falta una crucial. El audio de la versión doblada que existe en los dvds editados en España es bastante pobre.
Mejores momentos: La inquietante entrada en el complejo, el primer y caótico ataque, Ripley tomando los mandos del tanque, la caída de Vasquez… Y todo el tramo final con la búsqueda de Newt y el enfrentamiento con la reina.
El plano: La nave pilotada por Bishop acercándose al generador (cuando Ripley decide ir a por Newt), con un tema musical que pone los pelos de punta.
El título en castellano: Oficialmente se denominó Aliens: El regreso. No sé por qué aquí siempre ha existido la manía de añadir coletillas ambiguas o incomprensibles a los títulos. Sin embargo, como suele ocurrir en estos casos, su nombre original es el que se recuerda.
La frase: ¡Aléjate de ella, zorra!

* * * * * * * * *

Alien de Ridley Scott (1979) fue una de esas obras maestras revolucionarias que marcan un hito en la historia del séptimo arte y dejan al espectador (al que tuvo la suerte de verla en su época sobre todo) anonadado ante algo tan innovador y fascinante (y, en este caso, terrorífico). Una película de las que no se olvidan, de las que son capaces de romper la injusta barrera que separa el cine de ciencia-ficción del “cine de verdad”. Su éxito fue tal que pronto la maquinaria de Hollywood empezó a gestar una secuela, siendo uno de esos proyectos que deambulan entre estudios y productores varios y parecen abocados al fracaso artístico, situación que se repitió en el resto de la serie: la la tercera y cuarta entregas, así como con Prometheus. Pero quiere la suerte que por aquel entonces habría gente con la cabeza bien puesta en los estudios y además recayó en una productora inteligente y con buen ojo, Gale Anne Hurd, y a partir de cierto momento la cosa se tomó en serio. James Cameron, un autor desconocido y sin un currículo digno de mención (el título de cine cutre Pirañas II), quería ser el guionista y director, pero no tenía la confianza del estudio… hasta que llegó Terminator (1984) y vieron su calidad y el éxito de la misma, y pensaron que reunía cualidades de sobra.

Cameron superó las previsiones con el primer avance de su guion, que dejó boquiabiertos a los productores. No sólo estaba escribiendo algo que llamó su atención por mostrar gran calidad, sino que había tenido la osadía de cambiar el género y estilo por completo, planteando una odisea bélica en vez de repetir la fórmula del primer capítulo. Con la filmación y el estreno forjó definitivamente su leyenda de visionario y genio del cine, pero también de persona con la que es difícil trabajar debido a la exigencia de sus rodajes, pues el ambicioso filme que quería Cameron no fue fácil de llevar a cabo. La complejidad que requería provocó innumerables quebraderos de cabeza, y aunque todos fueron hábilmente resueltos por un equipo muy inspirado y dirigido con mano firme por el obstinado pero dotado director, secuelas quedaron. Como en otros trabajos suyos (Abyss), algunos currantes renegaron de él. El primer director de fotografía duró poco, por ejemplo; aunque el más sonado fue el caso de James Horner, que tuvo que escribir a toda prisa la banda sonora, soportando cambios y exigencias constantes, y no quiso volver a trabajar con él hasta que en Titanic lo convenció de aguna manera (con un sueldazo, seguramente). Recomiendo ver los extras de los dvds, en especial algunos como el dedicado a la creación de la reina alien o el del inicio del rodaje, pues aunque otros son menos satisfactorios (los típicos de entrevistas aburridas), los buenos son muy interesantes.

Como en toda obra de Cameron, su narrativa es extraordinaria a todos los niveles. Mide el tiempo de forma exquisita, sabiendo dónde poner cada personaje, trama y escena, y domina admirablemente qué emoción y sensación sacar de cada instante. Así, hasta que llegamos al planeta casi pasa una hora, pero hasta entonces ha ido cimentando unas bases sobre la historia y los protagonistas de forma tan acertada que el trayecto ha resultado sumamente atractivo. El ritmo hasta entonces puede ser pausado, pero es intenso y expectante como en las partes más activas del relato. Pocos autores son capaces de dedicar tanto metraje a introducirte en la historia principal sin causar estragos en el ritmo y la capacidad para entretener.

Protagonistas que despiertan pasión ya desde sus primeras apariciones hay unos pocos: Ripley, Bishop, Hicks e incluso Newt. Pero los secundaros resultan redondos también, destacando Vasquez, Hudson y el repelente Burke. Qué difícil es hoy día ver un grupo de personajes tan completo, sólido, verosímil y atractivo, sobre todo en los géneros de acción, ciencia-ficción y fantasía. Todos resultan magnéticos, verosímiles y sobre todo aportan sustancia al conjunto, no son mero relleno. Unos te caen simpáticos, otros resultan algo agrios, y con todos se sufre de una forma u otra. El trabajo actoral es excelente. Sigourne Weaver consigue un papel aún más enérgico que el de Alien, llenando la pantalla de forma impresionante, y Michael Biehn, junto a su gran interpretación en Abyss, demostró que como actor de cintas de acción valía bastante en comparación con el poco éxito que tuvo. Pero el resto de secundarios también están todos excelentes, destacando a Bill Paxton como el hiperactivo Hudson, a Lance Henricksen como Bishop, capaz de llegarte a pesar de la máscara de frialdad robótica, o la carismática Jenette Goldstein que da vida a la dura Vasquez. Y como curiosidad, fue la única película en la que participó la intérprete de Newt, Carrie Henn, quien sólo volvió a ponerse ante las cámaras para unos pocos documentales rodados a partir del año 2000 para la edición en dvd.

La entrada en el complejo resulta memorable. Jugando con el misterio a lo desconocido, los pasillos desiertos y las señales de lucha resultan inquietantes. Cuando empiezan a pitar los detectores de movimiento, el corazón está en un puño. El ataque en la oscuridad de la estructura alienígena es sofocante, y la decisión de Ripley de tomar el mando (tanto del tanque como de la misión) expone en acción el cambio que iba viéndose en ella, la decisión de luchar con todo su ser contra el enemigo que cambió su vida. Hay sorpresas fantásticas, como el eterno plan de la corporación Weyland de hacerse con una de las criaturas (la escena en que Burke quiere infectar a Ripley o a la niña resulta hasta desagradable), situación que además señala ne que el hombre es también a veces un monstruo frío e implacable. A estas alturas estará claro que otra gran característica de Cameron es el realismo humano que desprenden sus obras.

Con el grupo diezmado volvemos al estilo que caracterizó a la primera entrega: la claustrofóbica resistencia ante un enemigo implacable. No hay lugar donde esconderse, y menos en un entorno tan cerrado. La situación de peligro inminente y la opresión del entorno oscuro y con criaturas al acecho se transmite al espectador magistralmente: una simple escena que muestra a los personajes cerrando una puerta pone los pelos de punta. Tras otro feroz y acongojante ataque, la huida por los conductos de ventilación resulta sobrecogedora, con momentos brutales como la caída de Vasquez y Gorman, el teniente novato en su momento redentor.

Ahora no queda otra que salir por patas antes de que el generador estalle. Pero la cosa cambia con la desaparición de Newt. Ripley no está dispuesta a dejarla atrás, arrastrando al espectador en uno de los clímax finales más largos, subyugantes y espectaculares de la historia del cine. La búsqueda de Newt, el interminable y terrorífico enfrentamiento con la reina alien y el espeluznante epílogo sorpresa en la Sulaco son escenas soberbias. Deslumbra de forma memorable el exquisito manejo del tempo narrativo del que hace gala Cameron: los interminables pasillos, la alarma insistente, las miradas entre Ripley y la reina, el androide…

Como señalaba más arriba, James Cameron maneja la producción controlando al detalle todo elemento para que las ideas que tiene en mente se trasladen con fidelidad al celuloide. La labor de recreación artística es inconmensurable, destacando los inigualables diseños de H. G. Riger, y el trabajo para levantar todo es loable: decorados y maquetas logran unas naves y escenarios imponentes y hacen tangibles criaturas horrendas pero fascinantes. Por ello esta película, y más concretamente la reina alien, resulta una magnífica muestra de que cualquier muñeco manejado por títeres, cables y piezas mecánicas funciona mejor que el efecto digital más logrado. La perfecta fotografía convierte los pasillos en algo inquietante, gracias también a un manejo excelente de la iluminación. El extraordinario montaje da forma exquisita a cada escena, tenga esta el tempo narrativo que tenga. Y una banda sonora que a pesar de las dificultades nos regaló una de acción y terror insólita remata con una fuerza inenarrable la atmósfera del filme.

El resultado es una producción mastodóntica que garantiza un visionado inolvidable. Una película que rompe cualquier esquema y catalogación. Capta todos los sentidos y los dirige a una tempestad de acción y terror, nos envuelve en un constante halo de claustrofobia, angustia e inquietud que transmite la certeza de la muerte (nadie parece estar a salvo) y la incertidumbre del caos (en cualquier momento pueden reaparecer los monstruos) con enorme intensidad. Es imposible apartar la mirada de la pantalla, salvo que sea por miedo o asco. Es una secuela que desde el más absoluto respeto sabiamente se distancia del original. Nunca una segunda parte con una visión tan atrevida y diferente había resultado tan notable. En definitiva, Aliens es una obra maestra que complementa de maravilla a otra obra maestra.

La única pega que puedo ponerle es que a las dos versiones que existen les falta algo. La de cines recorta una escena imprescindible, la que presenta la pérdida de la hija de Ripley, crucial para entender su apego con Newt. Y la versión completa que pudo sacar más tarde Cameron tiene una escena sobrante, la de las ametralladoras automáticas, que rompe innecesariamente el ritmo para lo poco o nada que aporta. También se podría discutir si es necesario mostrar a los habitantes de la colonia antes de la llegada de los marines, que en esencia no es metraje especialmente importante e incluso podemos decir que la cinta es más intrigante sin saber nada de la colonia hasta que llegamos con los marines. Sea como sea, ninguno de estos momentos o falta de ellos rompe la magia del conjunto.

Serie Alien:
Alien (1979).
-> Aliens (1986).
Alien 3 (1992).
Alien Resurrection (1997).
Prometheus (2012).
Alien: Covenant (2017).

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Una respuesta a “Aliens

  1. Octavio Monti 03/01/2014 en 5:02

    colosal peliculón

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