El Criticón

Opinión de cine y música

El Caballero Oscuro, la leyenda renace


The Dark Knight Rises, 2012, EE.UU.
Género: Acción, drama, superhéroes.
Duración: 165 min.
Dirección: Christopher Nolan.
Guión: Christopher Nolan, Jonathan Nolan, David S. Goyer.
Actores: Christian Bale, Joseph Gordon-Levitt, Tom Hardy, Anne Hathaway, Gary Oldman, Michael Caine, Morgan Freeman, Marion Cotillard, Matthew Modine.
Música: Hans Zimmer.

Valoración:
Lo mejor: La confección de los personajes principales.
Lo peor: Demasiado larga y descentrada, demasiados fallos y agujeros en un guión también demasiado pagado de sí mismo.

* * * * * * * * *

Decepción es la primera palabra que me vino a la mente mientras veía la tercera parte de la trilogía de Batman de Christopher Nolan. Decepción porque algo tan bien desarrollado tuviera un remate tan desequilibrado, caótico, fallido. Decepción porque el impresionante nivel alcanzado con El Caballero Oscuro decayera tanto de repente. Y no me entendáis mal. El Caballero Oscuro, la leyenda renace dista de ser una mala película, pero es que el listón estaba muy alto, y no esperaba que Nolan pudiera tener un patinazo de tal calibre. Muchos son los problemas de este capítulo: su falta de rumbo, la incapacidad para ir al grano y contar las cosas con claridad, los giros absurdos, la falta de credibilidad… Y es una pena, porque la base de la que parte es bastante atractiva: unos personajes muy sólidos y unas cuantas buenas ideas. Pero me temo el guión es tan torpe que hasta esos protagonistas de calidad son mal empleados en ocasiones.

La búsqueda de identidad y objetivos de Bruce Wayne/Batman (un siempre entregado Christian Bale) se amplía (y en cierta manera repite) respecto a los capítulos precedentes. La necesidad de aceptar y dominar el miedo para conocer tus límites o la obligación de mantener contacto humano para no perder el horizonte son temas recurrentes bien tratados… aunque no tan bien como antes, porque el desarrollo del personaje, obligado por la trama, parece estancarse y dilatarse en algunos momentos (en especial en la sección del pozo-cárcel). Otro problema notable con Wayne es que la proyección empieza indicando que ha pasado ocho años retirado (desde la caída de Harvey Dent en El Caballero Oscuro) y desde entonces está físicamente destrozado y psicológicamente agotado, como si llevara muchos años combatiendo el crimen cuando en realidad hemos visto que como Batman ha estado muy poco tiempo. Ese lapso temporal no se explica bien (se menciona de refilón) y sus consecuencias se fuerzan demasiado, pues no parece que fuera necesario exagerarlo tanto para iniciar el viaje para encontrarse a sí mismo y exponer el renacimiento del héroe.

Tenemos también a John Blake (Joseph Gordon-Levitt), incorrupto, inquebrantable y eficiente agente de la ley que trabaja siempre desde dentro de la norma, un héroe invisible pero ejemplar que Gothan necesita y que sólo alguien tan maduro como Gordon es capaz de ver, pues para el resto es un don nadie (a este respecto, el jefe de policía –Matthew Modine– resulta un tanto arquetípico). Su investigación acaba siendo más interesante que algunas partes dedicadas a Batman, aunque su presentación, con esa mágica deducción sobre quién se oculta tras la máscara del hombre murciélago, es irrisoria. Selina, o Catwoman (nombre que no llega a mencionarse), es una habilidosa ladrona de guante blanco en busca de redención. Sus encuentros con Wayne o Batman son todos excelentes, y la actriz Anne Hathaway, de la que esperaba poco, me sorprendió muy gratamente al mostrar con habilidad tanto la picaresca como las debilidades de su rol. Alfred, de nuevo en manos de un inmenso Michael Caine, tiene grandes momentos en su constante lucha para que su amado Bruce mantenga la cordura y la vida, y si bien su fantasía sobre su futuro es predecible resulta muy bonita y eficaz; lo que no queda muy bien es que sepa tantísimo de Bane: por mucha tecnología que tenga a su alcance parece poco probable que el mayordomo sea tan hábil a la hora de encontrar información que nadie ha encontrado. El comisario Gordon (Gary Oldman) es otro gran carácter, siempre al bordeando el límite de lo imposible en su cruzada contra el crimen; eso sí, lo de que su carta-revelación acabe en manos de Bane es un poco exagerado, por no decir que no tiene prácticamente repercusiones, así que no sé por qué se le da tanta relevancia.

El villano, Bane, resulta imponente como enemigo. Su determinación y fuerza, su presencia temible, el logradísimo efecto de voz que resulta acojonante… Tenía todas las de convertirse en un villano mítico, como el Joker de Heath Ledger… pero el plan que dirige no convence del todo, y el desenlace, con giro-trampa forzado, empequeñece bastante su figura. Tom Hardy está francamente bien, teniendo en cuenta que sólo se le ven los ojos. Y dejo para el final a Miranda (Marion Cotillard), personaje ambiguo y poco definido cuya presencia en toda la película parece forzada tanto para ofrecer el romance de turno como para la sorpresa final… sorpresa tan rebuscada y tramposa que no convence lo más mínimo y afea considerablemente el desenlace.

Es una pena que este notable y atractivo grupo de protagonistas esté sumergido en un argumento no muy bien planteado y peor ejecutado que, aparte de minar en ocasiones estos roles, desarrolla la narración con torpeza. Es evidente que Christopher Nolan, con sus habituales colaboradores Jonathan Nolan y Davis S. Goyer, es muy amigo del artificio y el sensacionalismo, pero hasta ahora lo había controlado bastante bien (Origen es muy satisfactoria, Memento es excelente) o lo había maquillado sabiamente (El truco final canta a truco, pero no deja de ser fascinante). En este título sin embargo falla bastante. El guión peca de grandilocuencia, fingiendo constantemente ser enorme y épico cuando en realidad no lo es tanto, otorgándole a la historia una trascendencia y complejidad claramente impostada y excesiva: la importancia que se le da a la cárcel roza el absurdo, los dilemas internos de Batman se embarullan demasiado, y la política empresarial en torno a la industria de Wayne es el remate de todo esto: tan ininteligible y opaca, tan innecesaria que me pregunto qué motivos había para incluir algo así y darle tanto tiempo.

El plan de Bane es el hilo narrativo más importante y el que peor parado sale. Dice que quiere torturar a la ciudad atacando la esperanza de sus habitantes, para luego matarlos con una bomba. Primero, algo tan aparatoso no resulta creíble, al menos no de la forma en que se narra, pues en Batman Begins Ra’s Al Ghul (Liam Neeson) hacía más o menos lo mismo y no cantaba tanto. Segundo, lo superficial y vago que resulta mina su fuerza y credibilidad: la ideología es confusa (es anarquía y dictadura a la vez, pero no queda claro ni qué pretendía mostrarse ni qué resulta), es totalmente increíble que un país deje abandonada una ciudad en manos de terroristas durante tanto tiempo (qué cuesta colar un equipo de francotiradores o usar drones para acabar con los cabecillas), y no hablemos del cachondeo con la bomba: que si explota en determinadas condiciones, que si hay alguien con detonador, que si está en un camión dando vueltas… Y lo más importante: ¿cuáles son las razones que esgrime Bane para destruir Gotham? En Batman Begins la Liga de las Sombras se justificaba en la decadencia de la ciudad, pero aquí no recuerdo que digan nada, y la cuidad precisamente vive una época dorada. Tanta ambigüedad y falta de rumbo confunde y descoloca al espectador, y por extensión hace que pierda interés en la película.

El libreto de El Caballero Oscuro estaba perfectamente medido, colocando cada baza en su momento justo, pero aquí parece que no sabían cómo abordar unas cuantas ideas sueltas y todo queda mostrado con torpeza, desarrollado con irregularidad y adornado con pedantería injustificada. Como resultado de tanto caos, a la hora de rematar los mensajes habituales de la mitología de superhéroes, después de tanto enredo, Nolan está muy cerca de hacer el ridículo: con lo glorioso que resultó el conflicto moral de los barcos en el plan de Joker, aquí el ya de por sí nebuloso objetivo ideológico de Bane termina en una maniquea lucha entre terroristas y policías, sin que de por medio se haya visto mucha interacción con el pueblo (solo unos pocos protagonistas) y desde luego sin carga de ética ni análisis social, económico y político, cuando al iniciarse el ataque de Bane parecía que se iba a desarrollar una crítica al sistema capitalista y la desigualdad que genera.

Todo el argumento principal de la película rebosa grandilocuencia sin objetivo determinado, con lo que a medio camino se va quedando sin gas y en la resolución, cuando el humo deja ver la nada que hay detrás, se agota por completo. Pero el resto de secciones importantes navegan en el mismo mar caótico. El limbo de Batman en el pozo está lleno de tonterías: nadie es capaz de lanzar una de esas cuerdas que tienen apañando un garfio, nadie de fuera viene a sacar a algún amigo o familiar, vemos una ridícula curación de una vértebra dislocada… Otros muchos pequeños detalles afean la proyección aquí y allá: las peleas cuerpo a cuerpo nunca han sido lo más destacable, una pena teniendo en cuenta su importancia, pero aquí los trucos cinematográficos (coreografías, montaje) tienen momentos en que cantan demasiado (gente que cae sin ser golpeada, puñetazos y patadas horribles…); si la moto y el coche de Batman eran feos de narices, el esperpéntico diseño de la aeronave termina por destrozar algo mítico y esencial en el personaje: sus cachivaches y aparatos en esta saga no destacan nada; Batman se pone a pintar un murciélago gigante de gasolina en el puente con la bomba a punto de explorar y gente a punto de morir; etc., etc.

Y todo esto ocurre durante una narración excesivamente alargada, descentrada, incapaz de ir al grano y avanzar con paso firme y decidido. En momentos clave, como el clímax final, se nota muchísimo: qué larga y tediosa llega a hacerse la persecución al camión, y más sabiendo que al ser un trámite obligatoriamente previsible deberían haberse centrado en hacerlo espectacular y directo; o qué mal se resuelve la confrontación última, con esos malos que tienen un ejército armado y corren para enfrentarse a puñetazos a los policías desarmados.

El Caballero Oscuro, la leyenda renace podría haber sido muchísimo mejor reduciendo su metraje (¡dos horas y cuarenta minutos!), agilizando la trama, simplificando cosas que están muy adornadas. Potencial había de sobra: los personajes son muy atractivos y el reparto es excelente; la música ha mejorado mucho (y el tema de Bane es impresionante); escenas de calidad hay unas cuantas, sean dilemas y dramas personales (cuánto duele la partida de Alfred) o secuencias puntuales muy logradas (el prólogo es espectacular); la dirección es bastante buena (aun con el recurrente fallo de las peleas)… En resumen, estamos ante espectáculo algo denso pero entretenido, con partes dignas de destacar y unos protagonistas que llegan muy bien. Pero resulta demasiado irregular, aparatoso y largo. Y con dos episodios de tanta calidad delante suya, el sabor a decepción se magnifica.

4 Respuestas a “El Caballero Oscuro, la leyenda renace

  1. alesva92 21/12/2012 en 22:27

    Ganas tenía de leer esta crítica. Y coincido en muchas cosas contigo, aunque no en todas. Aquí están todos los vicios de Nolan: sobreexplicar la historia con demasiados detalles durante la primera hora (y eso explica por qué tanto empeño en la trama financiera) antes de que todo explote en la segunda.
    A mí me encantó el detalle del Pozo, tanto por la relación que encontré con el cómic (una especie de “Fosa de Lázaro”, donde Ra’s Al Ghul resucitaba) como con Begins (el pozo en el que cae de niño; ahora, a mayor escala). No creo que haga falta buscarle explicaciones: el simple hecho de que nadie intente salvar a los prisioneros indica que es el peor infierno del mundo, un pozo donde arrojan a quienes no van a salir. El discurso de Bane explicando la tortura de ver la salida y saber que no se puede llegar a ella me parece cojonudo. De hecho, según me informé después (pero no recuerdo dónde, y no puedo pasarte la fuente), cárceles de ese tipo y de la misma zona fueron utilizadas para recluir a los enfermos de lepra o similares: cosa que también se vio en la película. Y me parece un recurso utilizado lo justo y necesario: una metáfora brillante y bien llevada.
    Ahora bien, esos últimos 40 minutos son terribles. Ya lo señalé en mi crítica: todos los fallos de las dos horas anteriores (esa falta de focalización en el pueblo de Gotham, esa carta, ese Modine inútil, esa Miranda) se intensifican, y explotan en la cara. Nolan tira por lo fácil: policías contra malvados. Y se desaprovecha imperdonablemente a Catwoman, que deambula entre ambos lados. La acción resulta rutinaria. Se caen en detalles supuestamente grandilocuentes pero ridículos (¡esa señal de fuego, por Dios!). Y el giro final es horrible, muy mal utilizado. Aparte de eso, se nota que Nolan va a piñón fijo con detalles como esa marcha de Alfred, forzada, o la revelación de John Blake, aún peor: algo inconcebible en alguien tan cerebral y detallista como él.
    Pero todo se compensa con que es una cinta muy entretenida, muy bien hecha (discrepo en lo de las escenas de acción: coreografías correctas, en especial en el cara a cara Bane contra Batman, donde los posibles fallos se compensan con la brutalidad del momento), y muy “seria”, en el sentido de que, al igual que toda la trilogía, aspira a ir más allá de los tópicos del género. Aunque Nolan se ablande; pero lo increíble de este director es cómo maneja con tanta soltura proyectos tan colosales como sus últimas películas. Y el desenlace en sí, fuera de esos últimos 40 minutos de batalla final, me parece no solo ejemplar, sino sobre todo coherente: para quitarse el sombrero.

    Un saludo.

  2. Warren Keffer 22/12/2012 en 1:04

    Ponte a ver la pelea en el tejado donde Batman y Catwoman zurran a gente a puños. Hay tipos que se caen solos al suelo. Toda la coreografía deja bastante que desear.
    Los enfrentamientos Batman-Bane están más currados, pero el resto parece hecho sin ensayar ni planificar la escena, y el montaje no sabe ocultarlo.

    Un saludo.

  3. Octavio Monti 26/12/2012 en 5:07

    hola Warren, me encantan tus críticas y la verdad es que coincido con la de Batman 3: una crítica social mal desarrolada y que parece puesta de sopetón, un villano(Bane) que pierde fuerza en el tramo final para pasarle la ficha a un personaje que no consigue transmitir esa aura de venganza y odio, así como tampoco esa sorpresa resulta impactante. Otra cosa que no me cierra es que Ra’s Al Ghul no haya aceptado a Bane en la liga de las sombras por estar deforme:¿No es que ese grupo hacía que sus miembros se enfrentasen a su oscuridad?¿No era Bane un candidato perfecto para convertirse en un implacable luchador contra el mal? Realmente no tiene sentido que lo hayan discriminado de esa forma, no va con el estilo del grupo. ¿No lo aceptan por ser feo? No tiene sentido.
    En lo que discrepo con vos es en lo del pozo, coincido con la opinión de alesva 92. En mi humilde opinión, creo que posee una fuerte carga simbólica como averno, caída profunda de la que Batman debe salir, y para ello tiene que resurgir física y mentalmente.
    Otra cosa con la que no estoy de acuerdo contigo es en lo de la bomba de Bane. Se supone que esa era su carta maestra, lo que le daba el poder para subyugar a Gótica e impulsarla a seguir sus órdenes.
    Como ya dije, en el resto estoy de acuerdo contigo. Grandes interpretaciones, pero una decepcionante dirección y un guión débil. Una profunda decepción, si bien no es mala película, esperaba más teniendo en cuenta el nivel de sus predecesoras.

    Saludos desde Argentina.

  4. Warren Keffer 26/12/2012 en 17:43

    El problema del pozo es lo que dura y lo poco creíble que resulta. No hacía falta tanto enredo para mostrar el ascenso/renacimiento de un Batman más fuerte y decidido.

    Un saludo a ti :)

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