El Criticón

Opinión de cine y música

Archivos mensuales: mayo 2013

Iron Man 3


Iron Man 3, 2013, EE.UU.
Género: Acción.
Duración: 130 min.
Dirección: Shane Black.
Guión: Shane Black, Drew Pearce.
Actores: Robert Downey, Gwyneth Paltrow, Guy Pearce, Don Cheadle, Ben Kingsley, Rebecca Hall, James Badge Dale.
Música: Brian Tyler.

Valoración:
Lo mejor: Divertimento garantizado. Tony Stark y la interpretación de Robert Downey. Buena dirección y efectos especiales.
Lo peor: Altibajos en el ritmo. Un villano sin carisma alguno. Un par de detalles bastante cutres al final.
Las frases:
1) En realidad odio trabajar aquí. Estos tipos son muy raros. -Un malo cualquiera.
2) -Trevor Slattery: Y luego, un día ellos me ofrecieron el papel, y sabían lo de las drogas.
-Iron Man: ¿Qué te dijeron? ¿Que te ayudarían a dejarlas?
-Trevor Slattery: Dijeron que me darían más.

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Alerta de spoilers: Describo bastante la trama, sobre todo los giros finales.–

Tras el éxito de Los Vengadores muchas miradas estaban puestas en Iron Man 3, y más aún después de que la segunda entrega no convenciera a todos. La extraordinaria calidad de la obra de Joss Whedon puso el listón del género muy alto, a un nivel difícilmente alcanzable, a lo que sumamos su notable respuesta en la taquilla (mil quinientos millones de dólares). Así, se atrajeron demasiados ojos hacia una entrega que no aspiraba en principio a tanto. En Disney/Marvel respondieron dándole un buen extra de presupuesto, pero como siempre, todo depende del guión y de que el director lo aproveche bien. De ambas labores se encarga Shane Black, habitualmente guionista (autor de notables títulos de acción en los 90: Arma letal, El último Boy Scout, El último gran héroe…) y que dio el salto a director en 2005 con Kiss Kiss, Bang Bang, una comedia de acción que se está ganando el estatus de cinta de culto. Es sorprendente que el estudio confiara en alguien tan inexperimentado para rodar una superproducción, pero más inesperado es que donde Black esté menos acertado sea precisamente en el guión.

Quienes disfrutaron con la segunda parte disfrutarán también con esta, pues tiene más o menos sus mismas virtudes y defectos que la alejan un poco del notable equilibrio hallado en el episodio inicial, pero los que esperasen una cinta del calibre de Los Vengadores seguramente no habrán podido disfrutarla como se puede disfrutar: como un entretenimiento más que correcto. Eso sí, con el efecto arrastre de Los Vengadores y la recaudación extra que da el 3D (entradas más caras), en taquilla ha pegado más fuerte de lo esperado (y más viendo sus tibias críticas), superando la barrera de los mil millones.

El relato parte de una base muy sólida gracias al tiempo y desarrollo que ha tenido en los tres títulos precedentes (con el tercero me refiero a Los Vengadores): el enorme y fascinante Tony Stark, interpretado con gran vitalidad por Robert Downey. El carisma nato del actor, la crisis que vive el personaje y su arrolladora personalidad plasmada a través de buenos diálogos y chistes llenan por completo la pantalla. Le secundan eficazmente la encantadora Pepper (Gwyneth Paltrow), con la que tiene gran química, el atractivo Coronel James Rhodes (Don Cheadle) pidiendo a gritos más protagonismo, y cómo no, su ordenador personal, el siempre simpático Jarvis. En el lado malo queda el rol de la nueva chica, Maya (Rebecca Hall), carente de definición y rumbo y usada únicamente como elemento de la trama; termina la película y te olvidas de que ha estado ahí.

La aventura se inclina por conceptos básicos pero eficaces si se usan correctamente, y aunque Black va bien encaminado no consigue exprimirlos del todo. El viaje interior de Stark está muy conseguido. Debe encontrarse a sí mismo, hallar un camino en la vida que le permitan enfrentar sus importantes responsabilidades y le enseñe a mantener la distancia justa entre el superhéroe y el hombre. El receso con el niño es muy interesante, porque se inclina por lo intimista sin perder ritmo, porque el niño en un encanto y porque se maneja muy bien el gran sentido del humor que tiene esta serie.

Pero la historia donde sumergen esta búsqueda personal está bastante limitada. La investigación es simple y la adornan con chorradas fallidas que no impiden que se haga larga. La reconstrucción de la escena de la bomba es absurda. ¿Cómo la hacen? ¿Escanearon la escena antes de atender a Happy? Parece obedecer simplemente a la idea de meter efectos especiales porque sí, en vez de una clásica y realista visita al sitio. Tampoco funciona el otro hallazgo de pistas cruciales: con qué facilidad hackea los servidores de la empresa del villano y encuentra todas las pruebas. Así, no parece haber un esfuerzo real por parte de Tony, todo se resuelve con la cienci-magia.

La presentación de los villanos es irregular. El juego al engaño con el Mandarín (Ben Kingsley) es muy eficaz, pues al principio resulta inquietante pero tiene un giro bien conseguido hacia la comedia, donde se ofrecen algunos chistes brutales, de los mejores que he visto en muchísimo tiempo. Además da para plantearse algunas reflexiones sobre el poder y responsabilidad de los medios de comunicación. Pero quien se alza como villano principal, Aldrich Killian, no termina de funcionar. A pesar de tener mucho tiempo en pantalla, de desarrollarse a través de una larga exposición, no resulta un enemigo llamativo. Le falta originalidad (es taaaan previsible) y no tiene carisma como para despertar algo de interés; ni siquiera Guy Pearce le coge el punto… o no hay manera de hacerlo. El principal problema es que no se sabe qué meta persigue. En un principio parece querer dominar el mundo desde las sombras (usa al Mandarín y luego al vicepresidente para no dar la cara), pero no queda claro por qué, qué espera conseguir con ello. ¿Controlarlo todo, sumergir el mundo en caos, demostrar lo que puede hacer? Con el elaborado plan se describe un enemigo que parece inteligente… pero a la hora de la verdad no lleva a nada, porque de repente se deja de lado y se limita a ser el típico loco resentido que sólo quiere ver sufrir al héroe. Con Maya estamos en una situación semejante: ¿qué la motiva, qué persigue? Cambia de bando varias veces sin quedar claro por qué.

El otro gran fallo es que los poderes de los enemigos son cambiantes. La capacidad de regeneración se adapta a las necesidades del guión, con lo que se pierde credibilidad a marchas forzadas. Uno sale indemne de una gran explosión, pero muere de un disparo de Iron Man en el pecho; se supone que el poder es de regeneración, pero luego resulta que también proporciona agilidad y fuerza sin igual, de hecho llegan a un nivel que rivalizan con las numerosas armaduras automatizadas de Iron Man. De esta forma llegamos a otro fallo de la película: final es espectacular, pero se empeña tanto en serlo que termina pasándose de rosca.

Shane Black maneja muy bien las escenas de acción, sobre todo en el colosal enfrentamiento final en la plataforma petrolífera. El problema es que es difícil hoy día, con tanta película centrada en obtener lo más grande e impresionante, conseguir una y otra vez el efecto asombro. Aquí estamos cerca de tener un clímax memorable si no fuera porque fuerzan la acción por encima del guión. Las armaduras automatizadas son una cagada. Toda la película llorando porque se ha quedado sin armadura, liándola parda para arreglarla, y resulta que tiene un montón en reserva (cincuenta o más, se ve que son baratas). Y peor aún, una vez finalizado el conflicto las destruye porque sí en vez de guardarlas por si acaso o cederlas a otros, como a SHIELD. Una cosa es superar tus demonios internos, otra ser imbécil. Está claro que la aparición de tanto traje se debe únicamente a que querían meter algo espectacular sí o sí, y luego son un incordio para cualquier otro capítulo que quieran hacer, porque claro, con ellas Tony es virtualmente indestructible, pues no han podido con él ni siquiera esos tipos tan poderosos. Así pues, toca reset forzado. El otro patinazo es la caída y resurrección de Pepper, un intento de meter drama que de forzado y a la vez predecible no funciona, porque también se ven obligados a volver al statu quo, y esto lo hacen tan mal que la trampa argumental sienta fatal, sabe a engaño cutre: le quitan los poderes en una frase que suelta Tony de pasada en el epílogo.

Esta es la tónica de toda la película. Los errores ensombrecen a las numerosas virtudes, es constante la sensación de que con pocas mejoras podría haber sido bastante buena. La decepción se agrava porque parece un retroceso tras la brillante Los Vengadores. Por suerte parece ser un bache puntual, porque Capitán América: El soldado de invierno devolvió con creces las esperanzas a los fans.

PD1: ¿Por qué rompe Tony el teléfono del periodista? No tiene sentido, porque ha respondido a su pregunta.
PD2: Qué conveniente que en el ataque a la casa el traje no funcione hasta el último momento, pero bueno, se puede perdonar porque así se lanza el argumento.

Ver también:
Iron Man 2.
Iron Man.

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Perfect Sense


Perfect Sense, 2011, Reino Unido.
Género: Romance.
Duración: 92 min.
Dirección: David Mackenzie.
Guión: Kim Fupz Aakeson.
Actores: Eva Green, Ewan McGregor, Connie Nielsen, Denis Lawson, Stephen Dillane.
Música: Max Richter.

Valoración:
Lo mejor: Actores, dirección, fotografía. Precioso relato de amor con trasfondo muy original.
Lo peor: Altibajos en el ritmo. Le falta garra en los últimos minutos.

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Perfect Sense es una producción independiente escrita por el danés Kim Fupz Aakeson y dirigida por el inglés David Mackenzie cuyo estreno llegó en 2011 en el festival de Sundance. Tras pasar por otros tantos festivales fue apareciendo en dvd, pero como es habitual en España no se sabe nada de ella. Parece que va camino de convertirse en una cinta de culto, es decir, de esas en los que la hemos visto nos preguntamos cómo un título tan llamativo y vendible fácilmente por su reparto no ha tenido el favor de las distribuidoras. Sí, es rarita, pero no hasta el punto de resultar difícil o ininteligible.

La historia versa sobre cómo se conocen y comienzan a enamorarse una mujer solitaria que está perdiendo la esperanza en encontrar a alguien con quien compartir la vida y un hombre en apariencia bastante cabrón con las mujeres (el clásico usar y tirar) pero que en realidad se comporta así por problemas sentimentales varios. Su unión les hará enfrentarse a conflictos tanto del pasado como del presente y les permitirá ver la vida a través de una nueva perspectiva. La relación gira además alrededor de un acontecimiento catastrófico: una epidemia está haciendo que la población mundial pierda paulatinamente los sentidos y tenga ataques de diversa índole (como ira o felicidad incontrolables). Este trasfondo atípico funciona (al contrario que la absurda invasión alienígena de la fallida Monster) como hipérbole para lanzar la historia de amor desde un ángulo distinto y analizar el comportamiento humano en condiciones extremas. Aunque algunas reflexiones son claras (la esperanza y lucha que nos hace salir hacia adelante mostrada con el restaurante lleno de clientes sin gusto y olfato), otras muchas se dejan para que el espectador desarrolle sus propias ideas.

La aventura amorosa lleva muy buen ritmo, los personajes resultan cercanos y sus emociones alcanzan con fuerza al espectador. Los dos actores principales, Ewan McGregor y Eva Green, están estupendos, esenciales a la hora de trasladar esa sensación de proximidad y credibilidad. El seguimiento de la pandemia, tanto en el círculo de los protagonistas (el restaurante, sobre todo) como en las escenas que muestran al resto de la ciudad e incluso del mundo, está bastante bien hilado, y si bien a veces parece discutible darle tanta importancia al exterior (los excesivos montajes de imágenes de alrededor del globo no son esenciales), otras veces aciertan de lleno: cuando el caos y la desesperación toman la ciudad el romance adquiere aún más intensidad.

La naturalidad, emotividad y belleza que desprende el relato lo ponen por encima de lo que se suele ver en el género últimamente, por no decir que su estilo arriesgado le otorga un aura única. Me tengo que remontar a Antes del amanecer y Antes del anochecer para poder citar una aventura romántica que me cautivara, aunque cierto es que Perfect Sense, aunque bien encaminada, no llega a tal nivel de perfección, pues a veces parece que a guionista y director se les escapa un poco el rumbo de la historia. Se producen pequeños altibajos en el ritmo, juegan con ideas narrativas que no parecen del todo acertadas (la voz en off no me convence, los citados montajes de fotos se descontrolan), y sobre todo el segmento final puede resultar algo predecible a partir de cierto momento y además, por eso de ser abierto para empujar al espectador a la reflexión, no contentará a todos.

La labor de dirección de David Mackenzie es francamente buena, y si bien a veces se deja ver la falta de dinero se apoya muy bien en una estupenda fotografía y en una música muy acertada y ofrece imágenes por lo general hermosas y en ocasiones bastante poderosas. Perfect Sense es una bella historia de amor narrada desde una perspectiva bastante curiosa que estoy seguro que llegará muy bien al espectador que acepte historias intimistas, reflexivas y también distintas, arriesgadas.

El lado bueno de las cosas


Silver Linings Playbook, 2012, EE.UU.
Género: Comedia romántica.
Duración: 122 min.
Dirección: David O’Russell.
Guión: David O’Russell, Matthew Quick (novela).
Actores: Bradley Cooper, Jennifer Lawrence, Robert De Niro, Jacki Weaver, Chris Tucker, John Ortiz, Shea Whigham, Anupam Kher, Julia Stiles.
Música: Danny Elfman.

Valoración:
Lo mejor: Actores, personajes. El primer tramo, original y muy intenso.
Lo peor: Altibajos enormes, ritmo mediocre, rumbo nada claro y final simplón.

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El lado bueno de las cosas empieza de manera muy prometedora. Un pobre desgraciado ha tenido un brote de locura debido que era bipolar sin diagnosticar, y como resultado acaba encerrado en el loquero durante un tiempo. Sale bajo vigilancia de su psiquiatra, y si no se adapta de nuevo a la vida podría acabar encerrado de nuevo. Se deja entrever un buen drama con toques de comedia sobre la frágil psique humana, lo difícil es que volver a encajar cuando todos piensan que estás como una cabra, y se exponen además buenos dilemas: ¿está más loco el protagonista o los supuestamente sanos que le rodean, como su padre con la obsesión por el fútbol? El repertorio de personajes con problemas y heridas es estupendo, y explota del todo cuando hace acto de presencia la chica: una espléndida Jennifer Lawrence en un personaje glorioso. Los primeros pasos del tortuoso romance entre estos dos marginados se desarrolla al principio de forma excelente, con el punto justo de humor y amor, sin olvidar los buenos planteamientos sobre el comportamiento y las relaciones humanas.

Pero las promesas no terminar de tomar forma, de llevar la narración hacia algo realmente consistente y llamativo. De hecho ocurre todo lo contrario: conforme la proyección avanza se va disipando a marchas forzadas. Los pequeños fallitos de ritmo e intensidad que se venían sucediendo sin notarse en exceso toman protagonismo. La trama pierde el foco, termina desbarrando en una comedia romántica demasiado previsible. El segmento final cae a límites casi nefastos, por forzado y poco interesante, y desemboca en una resolución tan facilona y previsible que decepciona (y no voy a perder el tiempo analizando el típico mensaje de la cerrada mentalidad estadounidense de superar los males internos a través de méritos externos, de que las personas solo pueden realizarse ganando al resto en algo, y si no ganan es que no valen).

El resultado es más o menos el mismo que el de The Fighter: describe buenos personajes y entorno, y ofrece un puñado de buenos momentos, pero no se exprime todo el potencial, el ritmo es renqueante y en ocasiones decae demasiado. Además, la puesta en escena es igualmente pobretona, de telefilme, con instantes donde se nota muy limitada, como en las escenas en que se requiere una buena escenificación: los bailes, sobre todo en el concurso, están fatalmente rodados. También como en The Fighter, son los actores los que han encumbrado la película muchísimo más allá de lo que merece (era favorita en los Oscar, menuda broma). Jennifer Lawrence estaba mejor en Winter’s Bone, un papel difícil de igualar, pero merece cualquier premio que le den, porque está impresionante. De ella lo esperaba, viendo su trayectoria, pero Bradley Cooper sorprende muchísimo después de tantos papeles normalitos: su interpretación es muy intensa, dota al personaje de un montón de matices sólo con la mirada, la locura, tensión y miedos que le atacan constantemente los muestra de forma totalmente creíble. Y rematan la jugada secundarios espléndidos: Robert de Niro por fin en un papel bien trabajado, Jacki Weaver manteniendo bien el tipo ante tanto peso pesado, y las breves pero espectaculares apariciones de Chris Tucker.

Django desencadenado

Django Unchained, 2012, EE.UU.
Género: Western.
Duración: 165 min.
Dirección: Quentin Tarantino.
Guión: Quentin Tarantino.
Actores: Christoph Waltz, Jamie Foxx, Leonardio DiCaprio, Samuel L. Jackson, Kerry Washington, Walton Goggins.

Valoración:
Lo mejor: Puesta en escena (dirección, fotografía, montaje), intérpretes. Algunas secuencias de gran calidad.
Lo peor: El guión carece de rumbo y objetivo, y la mitad del metraje aporta bien poco.
Mejores momentos: La cena. El tiroteo.

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La puesta en escena de Django desencadenado es excelente, como siempre en las creaciones de Quentin Tarantino: planificación milimétrica de cada escena, fotografía brillante, montaje soberbio y una selección musical atrevida pero eficaz (aunque se echa de menos algo más de Morricone, pero no se llevó bien con el director). La mayor parte de las escenas ronda la perfección, destacando los momentos cumbre, como el tiroteo final o la larga cena, donde el tempo narrativo es magnífico.

En la parte del guión la composición de personajes es bastente buena, desde el libreto a la interpretación. Después del inolvidable nazi de Malditos bastardos, Christoph Waltz se marca otro papelón enorme en otro personaje enorme, tan grande que ensombrece a un más que correcto Jamie Foxx. Leonardo DiCaprio recrea con intensidad un individuo inquietante y a ratos temible, y Samuel L. Jackson hace que su rol dé lástima y asco a partes iguales. La trama promete, y de hecho mucho, porque el inicio tiene gran fuerza. La forma en que se conocen los dos protagonistas resulta fabulosa: el asalto al convoy de esclavos, el jaleo son el sheriff y el marshal, los primeros pasos afianzando la amistad… Pero llega un momento en que el metraje empieza a pesar, y no se atisba objetivo alguno en la historia. Hasta que se lanzan hacia la búsqueda de la chica hay un montón de relleno sin pies ni cabeza. La tontería del Ku Kux Klan termina por confirmar que aquí no hay rumbo ni cohesión narrativa, sino ideas sueltas empalmadas con poco tacto. Incluso una vez entrados en materia no parece haber un hilo narrativo claro, se suceden escenas que visualmente pueden resultar llamativas, pero narrativamente hablando entorpecen más que hacen avanzar el desarrollo de la aventura.

El desenlace de la odisea en busca de la esclava parece no llegar nunca, y cuando por fin se va acercando hace amagos, se va por las ramas… y para colmo, cuando supuestamente ha terminado enlaza varios finales largos y lentos uno detrás de otro, cada cuál más ininteligible y menos relacionado con el argumento central. Sin duda alguna, tras el enorme tiroteo en la mansión la proyección debería haber acabado. Y para rematar, en los últimos minutos, en un epílogo delirante, uno de los protagonistas se pone a hacer florituras con el caballo, con lo que terminé la película medio cabreado.

Es una lástima. Tarantino tiene talento de sobra como escritor y como director, pero en muchas de sus producciones le hubiera venido de perlas un segundo guionista o un productor con poder de decisión, una visión externa que pusiera freno a sus excesos y recortara lo justo para redondearlas, para pulir errores. Desde el éxito de Reservoir Dogs y Pulp Fiction, sus dos únicas obras realmente redondas, disfrutó de carta blanca total, y desde entonces no parece pararse a pensar si tal o cual escena quizá ocupa demasiado metraje y si a la larga estos excesos van a perjudicar a la película entera. Jackie Brown sería excelente si su longitud no fuera tan abultada, Kill Bill va dando tumbos de mala manera, y Malditos bastardos tenía un potencial enorme que no llegó a deslumbrar por completo.

Django desencadenado es la que más acumula y sufre estos problemas. Tanto que recortar, tanto que eliminar sin dudar un instante, tanto que resumir y tanta trama que encauzar… tan irregular que casi resulta un despropósito. Sí, existe la semilla de una gran película escondida en este metraje sin pies ni cabeza, pero habría que editarlo todo de nuevo de arriba abajo, y nadie va a hacer eso, porque Tarantino la ha querido así y así se va a quedar. Se salva por lo que decía al iniciar el comentario: por la excelente puesta en escena y porque el talento de este hombre a veces explota de manera espectacular.