El Criticón

Opinión de cine y música

El último desafío


The Last Stand, 2013, EE.UU.
Género: Acción.
Duración: 107 min.
Dirección: Kim Jee-Woon.
Guión: Andrew Knauer.
Actores: Arnold Schwarzenegger, Forest Whitaker, Eduardo Noriega, Jaimie Alexander, Zach Gilford, Luis Guzmán, Rodrigo Santoro.
Música: Mowg

Valoración:
Lo mejor: No se me ocurre nada, salvo que no llega al nivel de “joder, he tirado dos horas de mi vida”.
Lo peor: La fallida mezcla de comedia y acción. Los personajes tan estereotipados. La acción tan predecible y vista.

* * * * * * * * *

El último desafío es un título menor de acción que no podría llamar mucho la atención si no contase con algún famoso como protagonista, y precisamente la vuelta al cine de Arnold Schwarzenegger es ese reclamo. Y más no tiene.

La trama es simple, lo que sería aceptable si sirviera para exponer una aventura emocionante y con personajes atractivos, diálogos divertidos y partes de acción originales e intensas. Pero se queda lejos de conseguir todo eso, de hecho está cerca de resultar una catástrofe. La historia es poco verosímil, por no decir absurda, y se desarrolla bastante mal: falta de rumbo, de ritmo, de originalidad y por extensión de interés. Los personajes son muy arquetípicos, bordeando la vergüenza ajena, con lo que llegan a resultar cargantes en muchos momentos. Destaca el pésimo villano (Eduardo Noriega), que no deja de ser un cutre mcguffin, es decir, un objeto excusa para la trama. Los tiroteos y persecuciones son anodinos, ninguno resulta emocionante.

Pero quizá su problema más grave es que no sabe decantarse por la acción o por la comedia absurda, y muchas escenas quedan realmente raras, confusas por su estilo sin pies ni cabeza. La acción es demasiado simplona unas veces, demasiado salida de madre otras. La comedia es demasiado estúpida y los chistes se meten con calzador. La presencia como secundario de uno de los protagonistas de Jackass (esos gilipollas que tuvieron éxito grabando sus locuras y hostias) agrava el problema: vaya personaje más ridículo.

El desigual conglomerado va perdiendo el poco interés que pudiera tener en su tramo inicial, y las escenas cumbre, como el tiroteo en la calle principal del pueblecito, no son lo suficientemente entretenidas e impactantes como para salvar la función. Pero además, el final es un despropósito. La persecución por el maizal es insípida, la pelea en el puente muy cutre. El problema no es tanto de concepto (tan previsible como el resto del relato) como de ejecución: aunque la cinta prometía ser de acción terrenal (sin abusar de efectos especiales y sin trucos digitales), para resolver estas escenas el director tira de efectos digitales, y resulta que los fondos y el puente falsos son horribles, verdaderamente horribles.

Lo cierto es que no ha sido muy mal recibida por crítica y público, pero a mí me parece un quiero y no puedo constante que roza la parodia involuntaria.

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