El Criticón

Opinión de cine y música

Stoker


Stoker, 2013, EE.UU.
Género: Intriga.
Duración: 99 min.
Dirección: Chan-wook Park.
Guión: Wentworth Miller.
Actores: Mia Wasikowska, Nicole Kidman, Matthew Goode.
Música: Clint Mansell.

Valoración:
Lo mejor: Cierta fuerza visual y personajes prometedores…
Lo peor: … que no llevan a nada, absolutamente nada.
Mejores momentos: El dueto de piano.

* * * * * * * * *

Quitando el absurdo prólogo, Stoker empieza de forma prometedora. Los personajes son atractivos y misteriosos (las buenas labores de Mia Wasikowska, Nicole Kidman y Matthew Goode ayudan bastante) y el ambiente de la casa pronto empieza a enrarecerse. La chica parece que va a ofrecer algo más que el típico niño críptico de las películas de miedo, y la relación que va surgiendo entre la madre, el tío desconocido y ella augura un buen thriller. Además, la elaborada puesta en escena busca un tono cautivador a la par que intrigante que resulta muy llamativo en un primer momento.

Pero esa promesa no se hace realidad. Pasan los minutos y no se avanza hacia nada tangible. Se acumulan escenas que en solitario pueden llegar a ser intensas, y alguna incluso fascinante, pero en conjunto no conectan entre ellas con la fluidez necesaria para obtener un relato comprensible y ameno. La descripción y desarrollo de los protagonistas se estanca, y de hecho incluso van para atrás: en vez de clara e interesante, su evolución se torna incomprensible. Asesinatos porque sí mostrados sin capacidad de impacto alguna, acciones sin pies ni cabeza una detrás de otra, intriga impostada (oh dios mío, el coche sigue todavía al lado del autobús), relaciones que terminan siendo previsibles… La tensión e inquietud que pudiera despertar la historia en su inicio se desvanece rápido en una narración morosa, desaliñada, llena de lagunas. No parece haber un propósito ni un objetivo en la trama, y el relato avanza caótico y renqueante hacia la más absoluta nada. Ni un momento de tensión, ni un suspiro o respingo, ningún interés por el destino de la madre, ni siquiera por el de la hija, que termina siendo un risorio de personaje: ahora me gusta el tío, ahora no, ahora soy tímida y cobarde, ahora desinhibida y cruel, ahora me voy, ahora me quedo…

El otro gran problema de la narrativa es que el director Chan-wook Park se empeña en hacer alardes innecesarios. La belleza se convierte rápidamente en ostentación. Montajes extraños, escenas oníricas sin venir a cuento, tempo narrativo echado a perder para meter uno y otro y otro plano bonito pero completamente innecesario… Parece tan empeñado en hacer de cada escena lo más artístico, sugerente e intrigante que termina produciendo el efecto contrario: todo parece tan forzado que resulta falso y pretencioso. La pena es que la labor de fotografía, magnífica, llena de encuadres bellísimos, no se aprovecha bien. De hecho el resultado ronda la catástrofe: a partir de cierto momento (depende de la paciencia del espectador) la desconexión con la aventura de la chiquilla es total, y la película se hace eterna e insoportable. De nada sirve que la secuencia del dueto de piano (con un gran tema de Philip Glass) sea cautivadora, porque es un momento puntual entre un sinsentido tras otro.

Parece que a los amantes de los thrillers de misterio con asesinatos violentos y a los que siguen al director desde la famosa Old Boy les ha gustado, pero en lo que a mí respecta es una de las películas más irregulares, caóticas y aburridas que he visto en mucho tiempo.

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