El Criticón

Opinión de cine y música

Archivos mensuales: octubre 2013

La cabaña en el bosque


The Cabin in the Woods, 2012, EE.UU.
Género: Misterio, terror.
Duración: 95 min.
Dirección: Drew Goddard.
Guión: Joss Whedon, Drew Goddard.
Actores: Kristen Connolly, Chris Hemsworth, Anna Hutchison, Fran Kranz, Jesse Williams, Richard Jenkins, Bradley Whitford, Amy Caker.
Música: David Julyan.

Valoración:
Lo mejor: Original hasta dejarte descolocado. Se ríe del género con habilidad.
Lo peor: Que la distribuidora la haya condenado al olvido.

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El talento de Joss Whedon y su capacidad para sorprender se ponen de manifiesto de nuevo en esta producción menor que se sacó inesperadamente de la manga y que ha descolocado a todo el que la ha visto… o al que la ha podido ver, porque estuvo a punto de caer en el olvido debido a su escasa distribución. La cinta se rodó en 2009 pero el estreno en Estados Unidos se retrasó hasta 2012, primero porque la productora quería convertirla al 3D (algo que no se llegó a hacer), segundo porque varios líos en el estudio la dejaron en lista de espera indefinida. Cuando vio la luz, el boca a boca rápidamente la convirtió en un título de culto y las críticas fueron muy entusiastas, pero se ve que eso no fue suficiente para la distribuidora en España, que pasó completamente de ella a pesar del tirón inevitable que tendría que uno de los actores principales fuera Chris Hermsworth, en boca de todos ese año por el papel de Thor (Thor y Los Vengadores). No se han enterado de que la película es muy vendible hasta el inminente estreno de Thor 2, un año y medio después (llegan casi a la vez, en noviembre de 2013) y cuando ya la ha visto la gran mayoría de su público potencial (bendita internet), y además harán un estreno limitado. Al menos eso significa que llegaremos a tener edición en dvd/bluray.

Alerta de spoilers: Para disfrutar de esta película lo mejor es conocer lo menos posible del argumento, y me es imposible escribir sobre ella sin revelar algunas cosas importantes, así que tú decides si leer o no.–

Una descripción rápida sería decir que La cabaña en el bosque es una parodia de las películas de terror adolescente clásicas, las de casas aisladas y encantadas con niñatos muriendo en fila, aunque también mete algo de zombi y asesinos en serie, entre otras referencias. Pero el guión de Whedon está lejos del humor chabacano y pueril de las parodias que paren en Hollywood, con la saga Scream a la cabeza. Obviamente se ríe de los tópicos más fáciles, como la rubia tonta, el macho alfa, el orden de fallecimientos, el instante de susto obligado… pero lo hace con unas vueltas de tuerca muy originales, a veces incluso totalmente inesperadas y espectaculares. Y cuando se destapa la trama por completo, con la sección de control de monstruos y el ritual de apaciguar a los demonios mostrado como si de una oficina cualquiera se tratase, el delirio abraza la narración y a partir de ahí todo resulta fascinante. La película va creciendo hasta llegar a un desenlace de esos que no hay forma de describir, intenso e inquietante como cabe esperar dado el género, pero donde todo ese delirio previo estalla en una orgía sin nombre: los monstruos sueltos, los currantes luchando por mantener el control, las escenas brutales que te dejan a cuadros (la moto estampada en el campo de fuerza)… y un plano final que incluso en este relato descoloca por completo. La gran última broma de Whedon, donde es difícil distinguir la locura de la genialidad.

El director Drew Goddard lleva trabajando como guionista con Whedon desde Buffy, aunque también pasó por Perdidos, y éste es su primer trabajo como realizador. Su labor es muy profesional: sin enredos innecesarios (siempre me quejo del abuso de efectos sonoros y escenas-cliché para dar miedo) genera una buena atmósfera, y maneja muy bien tanto las escenas oscuras e intrigantes como las de acción con efectos especiales, de hecho hace lucir muy bien el escaso presupuesto. En el reparto vemos a otros colegas habituales de Whedon, como Amy Acker (Angel, Dollhouse) o Fran Kanz (Dollhouse), así como a figuras de sobrada calidad vistas en varias series, como Bradley Whitford (rabia que no encontrara una buena serie tras El Ala Oeste), Richard Jenkins (A dos metros bajo tierra) y algún otro menos conocido, como Kristen Connolly (House of Cards), Jesse Williams (Anatomía de Grey) y Anna Hutchison (Spartacus), y fue uno de los primeros papeles importantes de la emergente estrella Chris Hemsworth (aunque por los jaleos citados se estrenara después de Thor).

Lo único malo que podría decir es que es un entretenimiento tan ligero que no deja huella. El visionado entretiene, las sorpresas son muy eficaces, los sustos y chistes se mezclan con gran habilidad, la parte final es demencial… Pero una vez vista y pasado el asombro no tiene mucho que la haga recordable o digna de ver más veces con entusiasmo. De hecho, el tramo inicial es poco sustancioso, algo común en el género que aquí no han sabido solventar; supongo que es fruto de que Whedon pretendía ir mostrando las sorpresas poco a poco, asentando las bases del género para luego retorcerlas. Por ello, como indicaba al principio, lo mejor es verla sin saber nada aparte de que es una de terror en cabaña aislada narrada desde una perspectiva distinta. En esa situación de desconocimiento puede llegar a descolocar mucho, hasta provocar rechazo incluso, pero bueno, de eso trata el arte, de producir sensaciones, y La cabaña en el bosque en ese sentido es un festín bastante gratificante.

Pacific Rim


Pacific Rim, 2013, EE.UU.
Género: Acción, ciencia-ficción.
Duración: 131 min.
Dirección: Guillermo del Toro.
Guion: Travis Beacham, Guillermo del Toro.
Actores: Charliel Hunnam, Diego Klattenhoff, Idris Elba, Rinko Kikuchi, Charlie Day, Burn Gorman, Max Martini, Ron Perlman.
Música: Ramin Djawadi.

Valoración:
Lo mejor: Dirección artística, efectos especiales, vestuario.
Lo peor: Guion simple y estúpido lleno de personajes planos, secundarios insoportables y humor infantil.

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Esperaba bastante más, viendo las críticas decentillas, la buena pinta de los avances y que Del Toro suele ser original y arriesgado. Aquí el único riesgo ha sido el económico, porque en el narrativo Pacific Rim es un refrito de mil cosas ya vistas. De hecho por momentos da la impresión de ser un capricho poco meditado del realizador: solo quería ver monstruos gigantes pegándose y soltar unos cuantos homenajes a sus animes y mangas favoritos, y parece que se pensaba que el resto saldría solo. Y no, sin guion difícilmente puede funcionar una película.

El libreto no es que sea simple, es que es un despropósito. Los personajes se definen y relacionan con clichés viejos y cansinos, y su evolución en la aventura es tan evidente y predecible que más que aburrir desesperan. El comandante duro con pasado oscuro que al final realiza una heroicidad, el protagonista que es un héroe noble pero herido, el héroe contrincante que es un chulo imbécil con éxito, la chica que quiere meterse en un mundo de hombres pero no la dejan, los amigos del bueno (forzadamente simpáticos) y los secundarios cómicos… bueno, los últimos requieren un párrafo extra. Estamos ante un récord. Los dos científicos son los personajes más insoportables que he tragado en una película. Ni los robots gemelos de Transformers, ni Jar Jar Binks, ni Arwen. Los dos son descritos de forma tan caricaturesca que no parecen formar parte de la misma película, porque el resto no se desarrolla como una parida del mismo calibre; y los dos pobres actores tienen que sobreactuar como lunáticos porque el guion describe los roles humorísticos más salidos de madre que puedas imaginar. Griterío sin sentido, chistes ridículos, muecas horteras… una gilipollez sin nombre detrás de otra. ¿En qué cabeza cabe pensar que podrían resultar graciosos?

La trama es floja y no se expone muy bien. Se pierde más tiempo en tratar de describir el mundo imaginario, que tampoco se logra con eficacia (ya desde el largo y cansino prólogo), que en desarrollar una historia clara y concreta con capacidad para enganchar y emocionar. De hecho, el objetivo de los monstruos termina resultando confuso, porque se empeñan en darle importancia a las tonterías de los científicos en vez de al argumento, y no termina de entenderse realmente cuál era el plan del enemigo. También hay algunas partes que no vienen a cuento, como el entrenamiento en artes marciales, donde no se entiende para qué sirve, qué puntúan y qué demonios tiene que ver el vencer a alguien con un palo con tener buena conexión para el enlace. Y bueno, lo poco que hay de trama se compone de un sinfín de clichés también. Se sabe perfectamente qué escena vendrá después de la actual, cuándo la chica será aceptada, cuándo el protagonista renacerá como héroe y se limarán las rencillas con su rival, etc. Los homenajes al manga y anime me parece que funcionan, aunque como no soy experto en el tema no puedo decir si oscila más hacia la referencia bien incluida o hacia el tomar ideas muy vistas.

Al final lo único que queda son las peleas de robots y monstruos gigantes. Pero como siempre digo, sin nada detrás que respalde a las imágenes difícilmente se puede establecer una conexión. La trama aburre, los personajes no interesan… era complicado levantar el tinglado, se necesitaba una fuerza narrativa y visual importante para maquillar un guion tan pobre… Y en cierta manera el espectáculo es gratificante, pero también tiene varios problemas importantes. Las peleas son bastante mejorables, pues todas siguen un patrón repetitivo y bastante tramposo, tanto que llega a molestar en un par de ocasiones. Ya pueden sufrir los robots, que los protagonistas se sacarán en el último momento una artimaña o un arma que les garantiza la victoria en un instante (al más puro estilo manga/anime barato, todo sea dicho). El porqué no han empleado antes algo tan útil en vez esperar a que el enemigo destruya media ciudad y los deje hechos polvo no se explica, porque se busca el efectismo por encima del sentido común y la coherencia. La escenita en que la chica saca la espada da vergüenza ajena, por ejemplo. Igualmente, se dejan mil preguntas en el aire que exponen la poca credibilidad y lógica del argumento: peleas a puñetazos en vez de lanzar armamento a distancia, el absurdo de esperar a que los monstruos se acerquen a las ciudades en vez de poner misiles apuntando a la grieta, el científico yendo sin escolta a una misión vital, el robot que se supone analógico cuando vemos electricidad y ordenadores por todas partes, lo mal que queda lo de que el robot puede pegarse hostias enormes pero los pilotos se menearán un poco y ya está…

Lo que sí luce de maravilla es el dinero. El diseño artístico es excelente desde el vestuario a los titanes, y los casi 200 millones de presupuesto los hacen realidad de forma alucinante. La destrucción de ciudades, los monstruos, los efectos de agua, la mezcla de decorados reales y digitales… Todo resulta impresionante y creíble, en ningún momento hallamos alguna digitalización cantosa que pueda fastidiar un poco la magia de las escenas (otra cosa es que el sinsentido del guion sí lo haga). Del Toro rueda con tino la complicada mezcla de escenas “pequeñas” (a ras de tierra con humanos) y de grandes proporciones (mostrando edificios y robots desde las alturas), transmitiendo muy bien en todo momento la sensación de gran tamaño de los colosos. Es evidente que todo el dinero ha ido a los efectos especiales, porque el reparto aglutina actores baratos (sin estrellas, provenientes de la televisión); por suerte son todos de demostrada calidad, con los carismáticos Idris Elba (The Wire, Luther, Prometheus) y Charlie Gunham (Hijos de la anarquía) a la cabeza.

He de decir que Pacific Rim entretiene, sobre todo si sabes a lo que vas, a ver una aventura sencilla y de cachondeo. El problema es que en muchos momentos lo sencillo se convierte en estúpido y cutre, y el salto de fe en plan “bueno, sino no habría película” es muy difícil de hacer cuando los fallos y carencias son tan visibles. Una cosa es que no debas tomártela en serio, otra que te rías más de la propia película que con ella. La gran fuerza visual le da más valor, pero ni por esas puedo citarla como una buena cinta de acción palomitera; ni siquiera llega al nivel de Transformers 1 y 2, sus comparaciones más obvias. Y no me gusta nada el argumento que algunos esgrimen para defenderla: “es espectacular, que es lo que se espera”. Matrix, Aliens y Terminator 2 son las películas más espectaculares de la historia… y tienen unos guiones perfectos. Se puede hacer cine de acción y efectos especiales que tenga un mínimo de calidad. Se puede hacer una película espectacular y divertida sin que resulte tan profundamente gilipollas que parezca un insulto a la inteligencia del espectador.

Europa Report


Europa Report / Europa One, 2013, EE.UU.
Género: Ciencia-ficción.
Duración: 90 min.
Dirección: Sebastían Cordero.
Guión: Philip Gelatt.
Actores: Sharlto Copley, Embeth Davidtz, Anamaria Marinca, Michael Nyqvist, Karolina Wydra, Dan Fogler, Chistian Camargo.
Música: Bear McCreary.

Valoración:
Lo mejor: Decorados y efectos especiales de buen nivel.
Lo peor: El guión es un desastre, la narrativa horrorosa. Es simple y superficial, y muy previsible.

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Las pocas esperanzas que tenía en que Europa Report fuera una cinta de ciencia-ficción de serie b (barata, sin una gran distribución) digna o incluso atractiva se desvanecen rápidamente en los primeros y horrorosos minutos. Estamos ante otro insoportable falso documental de metraje encontrado (al estilo de Chronicles, Monsters, Cloverfield…) que pretende ser original e intrigante pero se estrella por completo, porque ofrece una historia muy básica y trillada (grupo aislado donde van falleciendo de uno en uno) artificiosamente adornada y muy mal narrada.

El guión es simple y hueco a más no poder. Cero definición de personajes: son objetos puestos ahí para morir. Por lo tanto, cero interés en su odisea. Trama simple hasta límites espectaculares: vulgar, por momentos infantil, llena de conversaciones triviales y absurdas. La ciencia brilla por su ausencia, y esto es lo que más me fastidia, dado que finge ser realista: mucho problema tonto en la nave, ninguno emocionante o trascendente, y solo sueltan la charla técnica falsa y vacía de costumbre y ya está. Momentos de vergüenza ajena hay unos cuantos, como las entrevistas a gente implicada en el proyecto, que aparecen para dar explicaciones en medio de los clímax y destrozan la poca tensión que ya de por sí se estaba consiguiendo. Es decir, el uso de un estilo de falso documental es lamentable también. El tramo final, con ramalazos de Abyss, es irrisorio: el momento cumbre de la cinta se pretende forjar con los protagonistas gritando mucho y el montaje acelerado soltándote ante los ojos muchas cosas a la vez (la peor pantalla dividida de la historia) pero sin ofrecer realmente nada.

La pésima forma de mostrar la aventura lo estropea todo aún más. Quizá para intentar disimular sus carencias, quizá viendo que con algo tan simplón era difícil sorprender, la historia va a saltos temporales, intentando jugar con la sensación de incomprensión e inquietud que significaría saber que algo grave ocurre en breve, o que finalmente morirán. Queda fatal. No agiliza el relato ni aumenta la tensión, sino que de hecho llega a ser contraproducente, porque da la sensación de no avanzar nunca, de que intenta disimular su falta de contenido con recursos pobres y mal empleados. Lo peor son los avances de lo que va a venir: si es previsible hasta el hartazgo y además metes mini tráileres de la siguiente escena, pues terminas de cargarte el poco interés que pudiera despertar.

El presupuesto es escaso pero se disimula bien: el decorado de la nave funciona, los planos digitales también. La labor de dirección es correcta, pues solventa bien la dificultad de tener cámaras fijas y espacios interiores limitados. Lo que no se puede saber es cuántas de las ideas erróneas de la narrativa vienen del guión y cuántas del director: la pantalla partida, las ideas y venidas en el tiempo, los molestos tráileres… Pero la verdad es que da igual, ya podría haber hecho maravillas con la cámara, que no hay quien salve un relato tan mediocre y aburrido.

Guerra Mundial Z


World War Z, 2013, EE.UU.
Género: Acción.
Duración: 116 min.
Dirección: Marc Foster.
Guión: Damon Lindelof, varios.
Actores: Brad Pitt, Mireille Enos, Daniella Kertesz, James Bagde Dale, Ludi Boeke, Fana Mokoena.
Música: Marco Beltrami.

Valoración:
Lo mejor: Tiene ritmo y el segundo acto deja buen sabor de boca.
Lo peor: Es un caos que deja ver su producción improvisada. El primer acto es muy flojo. Los efectos especiales son horribles.
La curiosidad: En los cambios se perdió el personaje de Matthew Fox (el que los rescata en helicóptero), que al parecer, en alguna de las primeras versiones del filme, se liaba con la mujer del protagonista y se convertía en una especie de villano.

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Guerra Mundial Z de Max Brooks es un libro fascinante, un acercamiento a la temática zombi con una originalidad inigualable, con un logradísimo afán por salirse de los tópicos y narrar todas las perspectivas posibles que tendría un apocalipsis zombi desde sus orígenes a la recuperación de la Tierra tras sobrevivir a duras penas a la situación. Las numerosas historias sorprendentes e inesperadas hacen que la lectura sea adictiva y deje muy buen poso. Por fin algo nuevo, por fin una vuelta de tuerca al género que lo renueva por completo. Le faltaba algo para llegar a considerarlo una obra maestra, pero tiene la originalidad y riqueza suficiente para citarlo como una lectura indispensable.

Esta película… no tiene nada que ver con dicha novela. Es inevitable preguntarse que si pasaron por completo del libro, ¿por qué llamarlo igual, por qué llamarlo adaptación y tirar dinero pagando a su autor? No tiene sentido alguno, es otro caso en el que Hollywood usa un nombre popular para promocionar sus propios y mediocres productos.

Como se esperaba, se nota mucho que es una producción fallida, rehecha sobre la marcha, deformada por productores que imponían sus decisiones al director y forzaban a reescribir el guión sobre la marcha metiendo con calzador ideas de todo tipo. El libreto inicial fue de J. Michael Straczynski, el genio que parió Babylon 5, quien afirmó que fue fiel a la novela, pero con los cambios posteriores nada de su trabajo quedó ahí. Tras pasar por Matthew Michael Carnahan (La sombra del reino, Leones por corderos) y Drew Goddard (Buffy, la cazavampiros, Alias, Perdidos, La cabaña en el bosque), y quizá algún otro no acreditado, terminó en manos del temido Damon Lindelof, quien destrozara Perdidos y Prometheus, que terminó de perfilar un relato simple y nada original, aunque hay que decir que tiene algo de perdón enfrentarse a una película a medio hacer y con tantos egos de productores fastidiando constantemente. El resultado está efectivamente cerca del desastre, pero sorprendentemente la taquilla ha respondido de forma espectacular, tanto que han confirmado dos secuelas.

No puedo saber si ya en el trabajo de Straczynski los productores lo exigieron, pero una de sus peores imposiciones es la incomprensible idea de realizar una película de zombis apta para el público juvenil (+13), que en EEUU significa hacerla súper blanda en temática y casi sin sangre. ¿En qué cabeza cabe abordar un apocalipsis por definición violento y terrorífico con un tono casi para todos los públicos? No, por concepto y género esta no puede ser una película para menores. El resultado roza el ridículo: la cámara esquiva, literalmente, pero literalmente, la violencia, las muertes, la sangre y las vísceras hasta el punto de que no pocas veces hay que imaginarse lo que está ocurriendo. Los zombis se esquivan también: escenas de gente corriendo y poco más es lo que se ve. ¿Cómo esperan que en esas condiciones se pueda generar un ambiente de tensión y miedo? Pues obviamente no se puede. Y por supuesto, el argumento se limita al dramón familiar y el papá-héroe de costumbre.

Para intentar tapar el despropósito se ve que intentan convertirla en una película de acción. Pero no aciertan tampoco del todo, porque se empeñan en obtenerla acelerando, recortando y resumiendo la narración de forma que todo ocurra a toda velocidad. Y hay velocidad, pero por el camino se dejan el contenido y sobre todo la emoción. Casi no se adivina cómo se desarrolla el apocalipsis, solo vemos a la familia correr. Los capítulos sobre su supervivencia son irregulares, y por lo general fallidos. Los primeros enfrentamientos a la situación, con la familia huyendo por los pelos, no transmiten nada, todo se ha visto ya mil veces y aquí se cuenta con desgana y sin meter ningún tema interesante de los muchos que se pueden sacar en una historia sobre el apocalipsis de la humanidad (el policía cogiendo comida mientras pasa de los demás es lo único llamativo). La familia latina pasa sin pena ni gloria. El rescate no tiene nada llamativo y la separación para que papá se vaya a salvar el mundo es también previsible y sosa.

Por suerte, una vez se aparta del fallido acercamiento al género zombi más clásico, es decir, correr y sobrevivir, la cosa mejora bastante. La odisea del protagonista buscando la cura por el mundo podría haber sido mil veces mejor, que potencial había de sobra, pero su simpleza se disimula con ritmo e intensidad y algunos detalles que añaden interés, como la chica de pelo corto, único rol secundario de buen nivel (bastante más interesante que la aburrida esposa). El tramo final funciona correctamente también: en el largo segmento del centro de investigación por primera vez aparecen los esperados efectos de tensión e inquietud. Todos sabemos cómo va a acabar la aventura, pero si se narra bien puede resultar emocionante.

La dirección es correcta sin más. Marc Foster (capaz de pasar de la maravillosa Descubriendo Nuncajamás al bodrio de Quantum of Solace) aborda el caos de los ataques ofreciendo un caos bastante controlado: la cámara en mano se mueve mucho, con travellings alocados, y el montaje enlaza planos a toda velocidad, pero la acción es clara, se sigue bien al personaje y lo que ocurre alrededor. La pega es que se ve que el dinero se tiró en el lío del rodaje, porque a los efectos especiales no parece haberse destinado, resultando la superproducción más fallida de la década: los efectos digitales son de risa, pero de risa. Los zombis y los dobles digitales de personas son infames, con un aspecto de videojuego que espanta y echa por tierra la credibilidad y fuerza de las escenas más complejas, como la de la caída del campamento de Irak.

Por su visible mejora a partir de su ecuador y sobre todo gracias a su correcto tramo final el visionado no deja malas sensaciones, y resulta una película entretenida si no te paras a recordar la falta de calidad y garra de su tramo inicial o lo poco que han aprovechado el riquísimo material original.

After Earth


After Earth, 2013, EE.UU.
Género: Aventuras.
Duración: 100 min.
Dirección: M. Night Shyamalan.
Guion: Gary Whitta, M. Night Shyamalan.
Actores: Jaden Smith, Will Smith.
Música: James Newton Howard.

Valoración:
Lo mejor: Buenos efectos especiales, paisajes y dirección artística.
Lo peor: Personajes aburridos, aventura sin contenido ni emoción.

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El problema principal de After Earth es que carece de alma, de emoción, de contenido. Es superficial, anodina e intrascendente en el sentido completo de cada término: no parece pasar casi nada, y lo poco que hay no despierta interés alguno. La aventura carece de garra, a pesar de las infinitas posibilidades que abre la fantasía presentada (es más, no tiene peso alguno en el argumento que se estrellen en la Tierra, podría ser cualquier planeta). Solo tenemos un par de problemas con animales, poco interesantes cuando no ridículos (ese águila perdona vidas sacado de una película de Disney), y el resto de la odisea de supervivencia es prácticamente corretear por los bosques. La conexión con los protagonistas es débil: la familia es un tópico andante, el padre demasiado aburrido y pesado, y sobre todo el chaval, protagonista absoluto, resulta repelente. Una cosa es mostrar a un adolescente con problemas varios en su proceso de maduración, y con ello lanzar mensajes sobre la familia, la responsabilidad, etc., pero el guion salió torcido y el niño resulta muy cargante, y la labor patética del actor Jaden Smith lo empeora hasta hacerlo insoportable. En vez de sentir empatía con el protagonista se genera distanciamiento e incluso odio.

Además la estructura en capítulos, cual fases de videojuegos, se adivina muy pronto y hace que toda escena por venir resulte extremadamente previsible. Y las descripciones de situaciones y elementos del mundo representado tienen algunos momentos de vergüenza ajena. Por ejemplo, a las explicaciones de los poderes de los personajes solo les falta indicar qué combinación de teclas hay que usar, y el accidente que les lleva a la Tierra se desarrolla con unos diálogos realmente estúpidos llenos de tecnojerga absurda que claramente intentan esconder lo poco verosímil que resulta acabar en dicho planeta.

En la puesta en escena destaca el gran presupuesto de forma notable, sobre todo en la breve estancia en el otro mundo, que resulta espectacular para lo poco que sale, y Shyamalan resuelve cada secuencia con gran profesionalidad, sin caer en el abuso de efectos especiales, sacando buen partido de las sencillas escenas de acción. Pero arrastra dos limitaciones: una es que del libreto se puede sacar poco jugo, con lo que ni en los momentos más difíciles de la aventura del personaje podemos sentir emoción alguna, es decir, se ve en las imágenes que la cosa debería funcionar, pero al no haber contenido la narración no llega con intensidad. La otra es que Shyamalan va con el piloto automático: en ningún momento nos hace pensar que estamos ante el genio visionario que parió joyas como El sexto sentido, El protegido, Señales y El bosque (The Village), donde aparte de sus excelentes guiones deslumbraba con una puesta en escena imaginativa y absorbente. Otra triste sorpresa es que la banda sonora del siempre eficaz James Newton Howard es muy floja, algo que sin duda pone una gota extra en el escaso interés que despierta el relato.

Por su falta de emoción y espectacularidad no pasa el corte como cinta de acción veraniega, pero lo cierto es que es más insípida y aburrida que realmente mala. Lo que está claro es que es un nuevo batacazo de Shyamalan en su cada vez más errática y decepcionante carrera.