El Criticón

Opinión de cine y música

Objetivo: la Casa Blanca


Olympus Has Fallen, 2013, EE.UU.
Género: Acción.
Duración: 119 min.
Dirección: Antoine Fuqua.
Guión: Creighton Rothenberger, Katrin Benedikt.
Actores: Gerard Butler, Aaron Eckhart, Morgan Freeman, Dylan McDermott, Rick Yune, Angela Bassett, Melissa Leo, Radha Mitchell.
Música: Trevor Morris.

Valoración:
Lo mejor: Espectacular y entretenida como pocas del género en los últimos años.
Lo peor: No ofrece nada nuevo o llamativo, se ve y se olvida.
Mejores momentos: El asalto al completo.

* * * * * * * * *

Como ocurre muchas veces en Hollywood, dos películas de estilo y argumento muy semejantes llegan más o menos a la vez, tal es la escasez de ideas. Deep Impact y Armaggedon son el ejemplo de que se puede hacer bien, aportando dos puntos de vista distintos (una es seria y realista y la otra de acción y cachondeo gamberro), pero otros títulos lo único que hacen es remarcar esa falta de originalidad. Objetivo: la Casa Blanca (Olympus Has Fallen) y Asalto al poder (White House Down) representan ese lado malo, destacando aún más por lo poco novedosas que resultan en el género. En cuanto a la comparación entre ambas, la victoria es clara. La cinta de Antoine Fuqua, la aquí analizada, es un divertimento agradable, mientras que la de Roland Emmerich resulta un despropósito, un insulto al cine y la inteligencia del espectador.

La trama y los personajes se describen con topicazos bastante descarados, pero los diálogos son correctos y las escenas, aunque sin duda previsibles (ese prólogo que señala una tragedia reciente para dar bagaje al rol central), tienen un sentido claro y efectivo. Hay algún personaje mejorable o que requiere un salto de fe grande, como el traidor imposible (ese que traiciona a su país y amigos porque sí), pero aquí no se cae en el nivel ridículo de Asalto al poder. Los secundarios se definen brevemente y sin exagerar innecesariamente peculiaridades reconocibles, sino dándoles escenas jugosas. Además no son rematadamente estúpidos, y las disputas entre altos mandos no dan vergüenza ajena: el héroe resuelve situaciones porque es el que está en mejor lugar para ello, no porque los de su bando sean gilipollas perdidos y los enemigos patosos increíbles.

El reparto es crucial a la hora de dar algo más de densidad a los protagonistas: Aaron Ekhart, Morgan Freeman, Melissa Leo, Angela Bassett, y Robert Foster se esfuerzan como si esto fuera un drama oscarizable; Aaron Eckhart hace tiempo que merece un papel que lo lance definitivamente al estrellato. La figura central es un héroe clásico, pero de sobras simpático, y aunque sabemos que saldrá siempre airoso las escenas tienen el punto justo de intriga e intensidad para emocionarse con ellas. Con bastante carisma Gerard Butler sostiene medio relato él solo.

En cuanto a la acción, esta resulta de buen nivel. El asalto a la Casa Blanca es espectacular. El plan de los malos, con varias fases, resulta complejo y verosímil. Las escenas del avión disparando, los tiroteos y explosiones y la derrota de los buenos forman una secuencia digna de aplauso, de lo mejorcito del género en muchos años (tampoco es que haya mucho con lo que comparar). Los conflictos a tiros en el interior el edificio del gobierno son escasos pero bien aprovechados, los intentos de recuperar el control dan el tipo, el desenlace es algo facilón pero eficaz… En conjunto, el ritmo es trepidante y carece de bajones llamativos. La dirección de Antoine Fuqua es efectiva en todo momento, de hecho logra aparentar más presupuesto del que tiene. Los efectos digitales se notan, pero no molestan porque no se abusa de ellos de forma innecesaria como en la de Emmerich. También se agradece que haya algo de violencia y sangre explícita.

Objetivo: la Casa Blanca funciona sin problemas como lo que es: un entretenimiento sin pretensiones. Conoce a la perfección sus limitaciones y sus bazas, no cae en manías cansinas ni excesos cargantes y divierte sin problema alguno. Es un producto destinado al consumo rápido, pero también una obra de sobra profesional, de hecho al lado de la mierda ponzoñosa de Emmerich es toda una lección de cine.

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