El Criticón

Opinión de cine y música

Archivos mensuales: febrero 2014

Blue Jasmine


Blue Jasmine, 2013, EE.UU.
Género: Drama, comedia.
Duración: 98 min.
Dirección: Woody Allen.
Guión: Woody Allen.
Actores: Cate Blanchett, Alec Baldwin, Sally Hawkins, Bobby Cannavale, Peter Sarsgaard, Louis C.K., Michael Stuhlbarg.

Valoración:
Lo mejor: El guión (descripción de personajes, diálogos, situaciones). La interpretación de Cate Blanchett, inconmensurable.
Lo peor: Nada.

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Menudo viaje el de Jasmine. De pija millonaria viviendo a lo grande, con responsabilidades tan estresantes como gestionar galas benéficas, a mendiga de su hermana, una mujer de clase media. En esa situación debería buscarse su propio camino, estudiando y trabajando como cualquiera, pero pronto verá que eso no está hecho para ella, y sufre día a día lo que ella llama injusticias.

El retrato de clases que compone Woody Allen es acertadamente exagerado y oscila muy bien entre la parodia casi cruel y cierto encanto melancólico, pues aunque te descojones de sus calamidades también se siente pena por las miserias de las protagonistas, por su incapacidad para salir adelante. Así, la comedia se mezcla con el drama, y debido a la ironía es difícil saber dónde acaba un género y empieza otro. A veces parece que Allen se ríe de Jasmine, de su forma de ser y sus desgracias, otras que busca la comprensión del espectador hacia sus problemas. Esa ambigüedad podría ser un punto en contra, por indefinición e irregularidad narrativa, pero Allen es tan hábil que lo convierte en uno a favor, pues le da un tono de realismo que, aun rondando el sarcasmo, muestra muy bien las limitaciones absurdas que es capaz de auto imponerse el ser humano. Por ello Blue Jasmine termina siendo una cinta con moralejas y enseñanzas varias no por evidentes menos eficaces. Aceptarnos como somos, no dejarse vencer por los baches de la vida, luchar por salir adelante, no criticar a los demás por no pensar como nosotros y un largo etcétera.

Jasmine representa al pijerío más repelente, las derrochadoras y creídas que no han dado un palo al agua, que se han acoplado a un marido con pasta o han nacido en una familia forrada. Ajena al mundo real, sus mayores ambiciones del día son ir a yoga y comprarse alguna joya o ropa inútil cuya marca sea lo suficientemente cara como para afianzar su posición superior entre los seres humanos; porque queda claro que para ella (y para mucha gente de esta ralea en general) el dinero y la posición social son sinónimos de grandeza, de mayor cultura e inteligencia. Así, cuando cae de golpe a la miseria porque se descubren los chanchullos de su marido, sigue siendo una esnob, sibarita y creída repelente. Es divertidísimo ver como, estando a punto de pasar hambre y pese a ser salvada por su hermana, resulta incapaz de enfrentar la realidad, de cambiar de mentalidad: rebajarse a la forma de vida de la clase media-baja es intolerable para ella, y la lluvia de mierda (quejas, puñaladas, rechazo y prejuicios) que suelta sobre todos los “seres inferiores” que la rodean es demencial. Momentos sublimes como cuando conoce al novio de la hermana y éste se trae un amigo son el máximo exponente de su cabezonería. Los intentos por realizarse, por encontrarse a sí misma, sea estudiando o aceptando un trabajo miserable (es decir, normal), no parecen hacer mella en su obstinación: ha nacido para ser millonaria y punto.

Como Jasmine es una bomba de personaje, resultaba jugosísimo para cualquier actriz con talento. La elegida es Cate Blanchett, y no es que clave el papel, es que lo hace suyo completamente, regalando una de esas interpretaciones que se recordarán (o deberían recordarse) eternamente. Los cambios de humor, las crisis, la constante frustración, las fugaces esperanzas… en todo momento la australiana está más allá de la perfección.

Aunque la película prácticamente sea la odisea de Jasmine, su hermana Ginger juega un papel crucial, no solo como sustento para el personaje, sino para la construcción de la ingeniosa crítica y parodia social. Las conversaciones, las peleas, la señalización constante de los puntos que no tienen en común y de sus debilidades… Resulta una réplica y contraste excelente en todo momento, una mujer de la clase obrera que acepta todo como viene y no se plantea mejoras, casi ni esperanzas, pero que trabaja duro por sobrevivir en el presente, sin mirar atrás ni amilanarse por los errores que pudiera haber cometido. Y aunque Cate Blanchett es un monstruo de actriz, Sally Hawkins mantiene el envite con una interpretación muy intensa.

Prácticamente no hay más personajes complejos o de peso, porque las parejas de las hermanas quedan en un plano inferior, casi como simples elementos usados para introducirnos en sus psiques y vidas. Pero a pesar de la descripción somera de esos hombres, aguantan aceptablemente bien el tipo. El esposo de Jasmine, Hal (un resuelto Alec Baldwin), es un charlatán y embaucador típico pero efectivo en su propósito, y el novio de Ginger, Chili, es un bruto simplón quizá muy predecible pero gracias a la buena labor de Bobby Cannavale resulta convincente.

La aventura de Jasmine deja un reguero de chistes que provocan mitad vergüenza ajena, mitad carcajadas sonoras. La infinidad de encontronazos y penurias que enfrenta, la mayoría fruto de su distanciamiento de la realidad, derrochan ingenio y humor mordaz. La narración no lineal juega con la comparación entre las dos etapas de su vida bastante bien, y los enlaces a través de sus crisis psicológicas, pues mezcla situaciones como si no supiera dónde está, ensalzan muy bien su incapacidad para aceptar la nueva etapa de su vida. Los diálogos son clásicos de Allen, largos y veloces, divertidos a la vez que profundos, pues están perfectamente adaptados a la forma de ser de cada personaje.

Blue Jasmine es una de las mejores comedias inteligentes de los últimos años, aunque también equivale a decir una de las pocas que hemos visto. Igualmente se cita como la recuperación de Woody Allen tras un tiempo un poco perdido en títulos que no lograban ser del todo redondos.

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Dolor y dinero


Pain and Gain, 2013, EE.UU.
Género: Acción, comedia.
Duración: 129 min.
Dirección: Michael Bay.
Guion: Christopher Markus, Stephen McFeely.
Actores: Mark Walhberg, Dwayne Johnson, Anthony Mackie, Tony Shalhoub, Ed Harris.
Música: Steve Jablonsky.

Valoración:
Lo mejor: Guion excelente, lleno de escenas geniales rebosantes de locuras y humor. Personajes magníficos y actores muy competentes.
Lo peor: Que no haya tenido el éxito que merece.
Mejores momentos: La confusión de coche, la reunión vecinal, la motosierra, la parrilla, el juicio resumido a través de chistes enormes…

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A pesar de su mala fama me parece indudable que Michael Bay tiene bastante talento como director de acción. El problema es que no termina de centrarse y dejarlo salir por completo, no es capaz de dejar atrás algunas limitaciones importantes. La principal y de la que derivan todos sus fallos y manías es que tiene una visión del mundo muy inmadura. Por ello elige guiones de escasa inteligencia y llenos de tonterías, y rueda ensalzando aspectos bastante criticables: clichés adolescentes, machismo, patriotismo exacerbado, grandilocuencia descontrolada… Así pare títulos tan irregulares como Transformers 3, máximo exponente de sus errores y aciertos: es terriblemente estúpida, pero cuando se centra en la acción logra algunas de las mejores escenas de la historia del género (la parte del edificio… sin palabras).

A mediados de su carrera se ve que intentó crecer con un par de producciones más serias: con Pearl Harbor emuló descaradamente el éxito de Titanic como drama emocional de grandes proporciones, y con La isla pretendió una de acción inteligente. Pero se estrelló estrepitosamente por culpa de los mismos puntos de vista y errores: asombrosamente ridículo fue el guion que aceptó para la primera, y la otra no ofreció nada llamativo. Desde entonces en vez de aprender algo se dedicó a potenciar esa vena más que juvenil inmadura, porque tristemente hay que admitir que su estilo y películas triunfan, fomentando así el círculo vicioso. Es decir, no va a replantearse nada mientras lo que haga se acepte en la taquilla, por mucho que luego lo pongamos a parir.

Viendo el panorama nada esperaba ya de él, pero de repente sorprende con Dolor y dinero, un título menor (no independiente, pero casi) de escasísimo presupuesto (20 millones, diez veces menos que en sus últimas producciones) que con un guion excelente y una puesta en escena que lo aprovecha muy bien debería abrir los ojos a cualquier detractor, pues aun siendo una comedia alocada demuestra que Bay puede rodar cine serio, es decir, inteligente y de calidad. Y digo debería porque no ha causado mucho impacto: a pesar de haber tenido buena distribución y publicidad no la ha visto casi nadie (85 millones de recaudación mundial), algo que no logro entender dado el tirón del director, capaz de triunfar con basuras como Dos policías rebeldes, mientras que la recepción crítica ha sido correcta pero no llamativa. Por ello me parece una película a reivindicar, una que creo ganará con el boca a boca y el tiempo. Pero me temo que si enlazo con lo dicho en el párrafo anterior aparece una mala lectura de todo esto: si con esta película que se sale de su onda no ha tenido éxito, se aferrará aún más a su tónica habitual… De hecho se rumorea un Dos policías rebeles III.

Los guionistas Christopher Markus y Stephen McFeely (ambos trabajan siempre juntos, teniendo títulos como la trilogía de Las Crónicas de Narnia, Capitán América o Thor 2) se basan en la historia real de un grupo de perdedores que, obsesionados con el sueño americano de triunfar, optan por agarrar ese sueño en vez de ganárselo: se plantean el secuestro de un tipo con dinero para extorsionarlo. Como patanes que son, todo les sale fatal, y se sumergen en una espiral de calamidades que los lleva directo al abismo, con asesinatos incluidos.

El delirio está garantizado en este trepidante, original y divertidísimo relato, alzándose como una de las mejores comedias gamberras que recuerdo desde Very Bad Things (aunque sin un humor negro tan excesivo). La gracia emerge de las situaciones absurdas, casi irreales a veces, de las meteduras de pata (cuando se equivocan de coche…), de las excentricidades y tics de los protagonistas (Victor y su palabrería incesante, Paul el buenazo…), de los excesos cometidos (Paul derrochando el dinero en droga)… Toda secuencia es un despiporre, y hay escenas descojonantes cada dos por tres. La policía sin creerse el relato de Victor, la devolución de la motosierra con restos de sangre, la reunión vecinal de seguridad, las paridas que le suelta Daniel a los niños que entrena… Llega un punto en que muy acertadamente nos recuerdan, mediante texto en pantalla, que estamos ante una historia real, consiguiendo realzar lo absurdo de los hechos mientras se logra otro chiste genial.

La narrativa es más que vivaz, es impresionante: de principio a fin es un no parar, con cada tramo bien medido en el tiempo y el ritmo, pues aunque se notan capítulos bien diferenciados (la presentación de personajes, la preparación del crimen, el desastre, las secuelas, la persecución del detective) todos duran lo necesario, se enlazan con habilidad y fluyen de maravilla. Bay saca lo mejor de sí con sus travellings constantes, su fotografía llena de colorido y los numerosos recursos de los que hace gala en las escenas más exigentes. Además capta a la primera el tono irreverente y casi auto paródico y lo aprovecha muy bien, formando un aura de fábula sobre el fracaso que potencia el tono lastimero pero humorístico de los acontecimientos. ¿Se ven algunos de sus cansinos tics?, os preguntaréis. Pues en cierta manera están ahí: las mujeres tienen un papel de mero objeto, la patria se ensalza bastante… Pero también forman parte de la parodia: la chica es tonta porque los protagonistas lo son también y no pueden aspirar a más, y como decía las señas clásicas de Estados Unidos son objeto de burla (hasta algunas cosas secundarias, como las reuniones sobre superación personal y empresarial, se ridiculizan sabiamente). Lo cierto es que sorprende que un tipo que hace un cine tan conservador tenga tanto sentido de autocrítica.

La descripción de los personajes es certera, cada uno tiene su forma de ser, sus manías y limitaciones, y los actores los interpretan muy bien. Mark Walbergh acierta de lleno a la hora de mostrar un tontaina ambicioso, y Dwayne Johnson sorprende enormemente (nunca mejor dicho) con su panoli perdido de la vida al principio y que evoluciona muy bien hacia la desesperación. Anthony Mackie tiene menos presencia pero está correcto. Tony Shalhoub y Ed Harris son valores seguros, y ambos están en su salsa: el primero puede dar rienda a su vena histriónica, pues el personajillo que tiene entre manos es repelente y consigue que dé grima y pena a la vez, y Harris como serio agente retirado flipando por el caso cumple de sobras.

Dolor y dinero es una de las mejores comedias de los últimos años, tan carismática y divertida que no entiendo cómo no ha pegado un pelotazo como el de otras locuras consideradas de culto, como Snatch, porque desde luego lo merecería. Y es la prueba de que Michael Bay, si elige bien el guión, puede hacer buen cine.

Plan en Las Vegas


Last Vegas, 2013, EE.UU.
Género: Comedia.
Duración: 105 min.
Dirección: Jon Turteltaub.
Guión: Dan Fogelman.
Actores: Morgan Freeman, Michael Douglas, Robert De Niro, Kevin Kline, Mary Steenburgen, Jerry Ferrara, Romany Malco.
Música: Mark Mothersbaugh.

Valoración:
Lo mejor: Buen sentido del humor. Buenos personajes. Grandes actores.
Lo peor: Nada concreto, si acaso que es muy facilona.

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Cuatro amigos desde que eran críos rondan ahora los setenta, y cada cual hace la vida por su lado con sus propios problemas y achaques debidos a la edad. La boda de uno de ellos con una jovenzuela es la excusa perfecta para montar una despedida de soltero y volver a encontrarse. La reunión trae antiguas disputas, pero también servirá para afianzar una amistad algo oxidada.

Plan en Las Vegas es una suerte de Resacón en Las Vegas pero con abueletes de protagonistas, y si bien el tono del humor es también sencillo, se tratan temas más adultos. La descripción de cada uno de ellos es bastante correcta, y las relaciones se trabajan muy bien: conforme avanza la proyección los vemos cambiando poco a poco. Como los protagonistas tienen bastante profundidad, el relato gira alrededor de cómo enfrentan las distintas situaciones más que a mostrar situaciones graciosas sin más. Las limitaciones de la edad (enfermedades, movilidad, soledad), la perspectiva de la vida que dan los años, nuevos retos y esperanzas, enfrentar fantasmas del pasado, etc., acompañan al grupito mientras se desmadran en la ciudad del pecado.

El sentido del humor es de buen nivel, y no pierde fuelle en ningún momento. Las locuras de las fiestas (incluso las coladas porque sí, como el concurso de belleza), los chistes sobre la edad, los encontronazos entre personajes y las peculiaridades de sus formas de ser mantienen una sonrisa constante en el espectador, rematándolo con algunos buenos chistes de vez en cuando. Pero también hay hueco para el drama ligero. La disputa eterna entre dos miembros de la pandilla, las críticas a la boda con la joven, el enfrentamiento a sentimientos bloqueados (nuevos romances, nuevas formas de ver las relaciones con familia y amigos), etc. Y todo ello no engulle la comedia, si acaso la hace más trascendente al darle un poso más realista. Además no se cae en el dramón, porque no se inclina hacia la melancolía, sino que siempre busca el final alegre. Eso también se aplica al humor: no esperéis algo ácido o gamberro, es una comedia de aventuras sencillas y chistes amables.

Los actores son grandes nombres del gremio, pero eso no quiere decir nada. Tanto Morgan Freeman como Robert De Niro llevan años apalancados, rodando sin esforzarse y cobrando el cheque. Honrosas excepciones como el buen papel del segundo en El lado bueno de las cosas recuerdan puntualmente que todavía saben trabajar, pero eso no evita que un servidor abordase esta comedia pensando que quizá era otro título donde pasan sin dejar huella. Por suerte no es así, pues ambos están cómodos en sus papeles, sea por las razones que sea (les gustó el guión, el director supo manejarlos…). De Niro ofrece un estupendo cascarrabias siempre enfurruñado, y Freeman se desenvuelve bien en un anciano que recupera algo de emoción por la vida. Michael Douglas y Kevin Kline (el menos conocido y sorprendentemente el más caracterizado) están en la onda del anterior: muestran bien el cambio de la rutina y el olvido hacia un nuevo torrente de emociones.

Se puede decir que Plan en Las Vegas es quizá demasiado sencilla, que no corre riesgo alguno y resulta predecible, pero el humor mantiene el tipo, el ritmo es bueno (se hace corta) y los personajes y sus aventuras llegan con cierta intensidad. Resulta más redonda y equilibrada que otra del estilo que se estrenó hace poco, Tipos legales (con Al Pacino). No dejará una gran huella en la memoria, pero da para un rato muy agradable.

Cuando todo está perdido


All Is Lost, 2013, EE.UU.
Género: Drama, aventura.
Duración: 103 min.
Dirección: J.C. Chandor.
Guión: J.C. Chandor.
Actores: Robert Redford.
Música: Alex Ebert.

Valoración:
Lo mejor: Entretenida y con buen ritmo.
Lo peor: Poco impactante.

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Cuando todo está perdido es una clásica aventura del hombre contra la naturaleza, de supervivencia en situaciones extremas. Se caracteriza por su único personaje (nadie más aparece en todo el metraje) y la casi total falta de diálogos, pues apenas suelta unas pocas frases y gritos. Este solitario navegante despierta con un agujero en su yate de recreo, y a partir de ahí inicia una odisea por sobrevivir en medio del océano, complicándose la situación cada vez más por las intensas tormentas que azotan la zona.

Aun siendo una narración muy sencilla resulta bastante entretenida, pues un problema detrás de otro impiden que pierda ritmo. Pero también es cierto que de lineal y falta de garra acaba siendo poco impactante y trascendente. La comparación con Náufrago es inevitable: el viaje de Tom Hanks combinaba espectáculo, un personaje cuyas vicisitudes llegaban con intensidad, una interesante comparativa entre su vida normal y su estancia en la isla… Cuando todo está perdido es amena, pero no causa muchas sensaciones. Las dificultades llegan bien ordenaditas en fila y ninguna produce agobio, tensión o la impresión de inminente muerte del protagonista. De hecho a veces cabe pensar que se lo ponen demasiado fácil: tiene comida y artilugios para navegar, y como mucho pasa algo de sed. Hay momentos en que parecen unas vacaciones con algún problema mecánico.

Otro impedimento a la hora de llegar a ser un filme con más empaque es que visualmente resulta bastante limitada. El director J.C. Chandor (autor de la recomendable Margin Call) se maneja bien en el reducido espacio del barco, pero no es capaz de mostrar los envites de la hostil naturaleza como una película de aventuras requiere. Es decir, no hay espectáculo y grandeza en las imágenes. Las tormentas no se ven, no tenemos ningún plano amplio mostrando las temibles olas, solo cae agua encima. Se puede decir que no había presupuesto para más (9 millones de dólares), pero entonces cabe preguntarse por qué teniendo una lista de unos quince productores no se puso un poco más de interés creativo y monetario.

El papel de Robert Redford también es criticable desde la perspectiva de que podría haber dado mucho más de sí con un mínimo esfuerzo. Da la impresión de que el personaje se resigna a aguantar todo lo que le cae encima sin más, y eso no lo hace especialmente interesante. ¿Dónde está el sufrimiento, el miedo, la tensión, el esfuerzo al límite por salir con vida? Tan solo en un par de momentos transmite algo de emoción, el resto del tiempo está muy inexpresivo.

Por lo que he leído en algunos artículos parece ser que Redford se creía que tenía un peliculón entre manos y se quejó de las pocas nominaciones a los grandes premios que ha obtenido, echándole la culpa a la distribuidora y no a su escasa trascendencia y calidad. Su nominación como actor en los Globos de Oro ha sido la única llamativa, y a todas luces es inmerecida, tanto como darle el mismo premio a la mejor banda sonora, que cumple bien su función pero ni por asomo destaca como para contarla entre las mejores del año.

Como entretenimiento cumple francamente bien, algo que debe señalarse como un mérito destacable dadas las limitaciones del escenario y el argumento, pero no deja de ser un telefilme que ha llegado lejos únicamente por el nombre de su protagonista.

Plan de escape


Escape Plan, 2013, EE.UU.
Género: Acción.
Duración: 115 min.
Dirección: Mikael Håfström.
Guión: Miles Chapman, Jason Keller.
Actores: Sylvester Stallone, Arnold Schwarzenegger, Jim Caviezel, Amy Ryan, Sam Neill, Vincent D ‘Onofrio, Vinnie Jones.
Música: Alex Heffes

Valoración:
Lo mejor: Ritmo bastante bueno, Personajes interesantes. Algún buen tramo.
Lo peor: La simplona fuga a tiros echa por tierra la solidez del resto del relato.

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El tramo inicial me tenía conquistado. Una película de acción ligerita (más bien thriller que acción sin parar), con una trama algo original y bien narrada. El ritmo consistente garantiza un buen entretenimiento, los personajes, aun los secundarios con su escasa presencia, enganchan, y el misterio de cómo saldrá el protagonista de la nueva cárcel mantienen el interés alto. La química entre Sylvester Stallone y Arnold Schwarzenegger es instantánea, y la cooperación está llena de buenos diálogos y situaciones muy interesantes. Eso sí, hay que hacer algún salto de fe, pues aunque sepamos que no es un relato realista alguna fantasmada hay que tragarse, como que adivine la combinación viendo cuatro huellas dactilares, sin nada que le diga en qué orden pulsar.

Sin embargo, conforme se acerca a su desenlace va perdiendo fuelle. La trama gira hacia un camino bastante más clásico y simplón: la carrera por la supervivencia a tiros. El interés decae porque ahora se narra todo como con desgana. Lo que se ve ya no sorprende lo más mínimo, como si no hubieran dedicado tiempo a planificar escenas de acción con algo más de savia y emoción. Por si fuera poco, las inconsistencias e inverosimilitudes, o sea, los saltos de fe, se multiplican y magnifican. No es creíble que en esa prisión aislada haya tanto armamento pesado (un suicidio si se amotinan los presos), con lo que se ve como una burda excusa para meter tiroteos. Tampoco queda bien lo fácil que resulta pasar objetos de buen tamaño de una sección a otra, cuando se supone que hay un montón de controles (casualmente en estos casos no vemos a los protagonistas pasar por ellos). Los malos por supuesto no aciertan ni un disparo, porque las vallas y tuberías atraen a las balas, pero los buenos dan en cualquier situación, incluso zarandeándose en el aire en una escalera colgante. Y mil preguntas aparecen aquí y allá, por ejemplo, ¿cómo sabe el protagonista utilizar los complejos controles de una sala de máquinas, y cómo sabía que los conductos del agua harían eso?

El villano de la función no empieza mal, quizá porque con su eficaz interpretación Jim Caviziel da algo de miedo. Es un empresario tirano implacable muy típico, pero no se necesita más para poner en apuros a los protagonistas. En cambio hacia el final termina inclinándose demasiado hacia un villano cabezón y estúpido demasiado forzado, perdiendo fuerza. Por cierto, los carceleros con máscaras negras son imponentes.

En cuanto a moralidad la cinta es un poco graciosa. El protagonista no tiene reparos en probar la seguridad de una especie de Guantánamo a lo bestia, cosa que se puede aceptar porque es un patriota desinteresado en resto del mundo y muy avaricioso. Pero eso de que diga que trabaja en esto para impedir que los hombres malos escapen y dañen familias mientras precisamente está intentando salir para arreglar las injusticias y abusos que ha cometido el sistema con él resulta bastante cutre, por incongruente y porque el personaje no muestra ningún cambio en su forma de pensar ante la nueva situación.

En conjunto queda un título que recuerda a las películas del género de los años 80 y 90, es decir, acción terrenal (nada de dejarlo todo para la sala de montaje y los efectos especiales) con personajes en los que han puesto esfuerzo. El director Mikael Håfström, sin deslumbrar, está bastante correcto, y el resultado mejora a otras obras recientes de los dos veteranos protagonistas, las decepcionantes Los mercenarios 2 y El último desafío. Stallone como protagonista absoluto aguanta el tipo sin problemas, y Schwarzenegger le secunda muy bien… aunque debo decir que en este último se nota mucho la edad: sus movimientos son los de un anciano y en casi toda escena se nota que deben recurrir a dobles; sin duda debería dejar el género, o elegir papeles más acordes a su edad.

El mayordomo


The Butler, 2013, EE.UU.
Género: Drama.
Duración: 132 min.
Dirección: Lee Daniels.
Guión: Danny Strong, Wil Haygood.
Actores: Forest Whitaker, Oprah Winfrey, David Oyelowo, Cuba Gooding Jr., John Cusack, Terrence Howard, Lenny Kravitz, James Marsden, Vanessa Redgrave, Alan Rickman, Liev Schreiber.
Música: Rodrigo Leao.

Valoración:
Lo mejor: Si vacías tu cerebro, entretiene. Los actores están bien.
Lo peor: Tan edulcorada que indigesta, tan milimétrica que resulta enormemente predecible.

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El mayordomo es un clásico producto hollywoodiense hecho a medida para conmover al público blandengue y ganar Óscares, que ya sabemos que son muy amigos de las historias de superación facilonas y las lecturas históricas monocromáticas. Las típicas críticas compradas repiten las típicas frases cansinas como “veraz, conmovedora y sincera”… Pero resulta que es precisamente lo contrario. Es maniquea, es sensiblera y es sensacionalista. Rebosa de mensajes simplones excesivamente remarcados, sentimentalismo barato, clichés cansinos, personajes arquetipo…

El ensalzamiento patriótico es cargante, con ese tono a lo Forrest Gump donde el humilde y atontado protagonista se ve metido sin quererlo y sin mover un dedo en todos los eventos importantes de unas cuantas décadas (varias presidencias –NixonKennedy a la cabeza- y sus problemas). Sí, sirve para retratar el movimiento social de los negros en busca de igualdad y respeto, pero esto se podía abordar perfectamente sin necesidad de forzar tanto la grandeza de la situación, sin perseguir un relato tan pretencioso. La idealización de los presidentes es una manipulación flagrante (tan endiosados que parecen caricaturas), porque la historia muestra solo una cara, la que el guionista y director quieren para motivar los sentimientos del espectador. Como consecuencia, la enseñanza histórica y moral resultante es empalagosa. El drama familiar resulta también superfluo, con problemas triviales que son mostrados como si del fin del mundo se tratase. Los personajes, unidimensionales y con diálogos tan básicos que resultan bastante falsos. Así pues, la maduración final del protagonista no podría ser más previsible y forzadamente tierna.

Tiene un par de momentos intensos, como la violencia psicológica y física a la que son sometidos los jóvenes afroamericanos por atreverse a romper las reglas injustas, donde destaca la escena del restaurante, pero no ofrecen nada nuevo, son una lectura muy básica de hechos de sobra conocidos. Lo único realmente llamativo es que desfilan ante nuestros ojos un puñado de buenos actores y ninguno defrauda, aunque Forest Whitaker tiene papeles mucho mejores, y por suerte la campaña publicitaria empeñada en sobrevalorar su labor no ha causado mucho impacto.

Aunque es entretenida (el ritmo es fluido a pesar de los saltos temporales), vistosa (correcta puesta en escena) y ligera (superficial equivale también a poco densa, es decir, fácil de ver), El mayordomo está encasillada en unos patrones demasiado gastados y previsibles, ahogada en un tono maniqueo y endulzado hasta provocar vergüenza ajena en no pocas ocasiones. No hay lugar a la reflexión, porque todo te lo dan machacadito. Como le ocurre a Dallas Buyers Club, se opta por lo fácil y cobarde, construyendo una fábula tramposa que te dice exactamente cómo debes pensar y sentirte, sin enseñar realmente a pensar y plantearse las cosas por uno mismo. Solo los espectadores impresionables podrán emocionarse con este cuento tan simplista… y me temo que son legión, lamentablemente, de hecho he leído sobre salas llenas de aplausos y lágrimas.

A pesar de ser un telefilme con ínfulas de grandeza, hay gente que se sorprende de que no sea una de las favoritas en los Oscar. Yo me alegraría de que Hollywood por una vez no hubiera caído tan bajo, pero resulta que han optado por nominar a Dallas Buyers Club, que es lo mismo, es venderse al cine prefabricado y a la fábula maniquea. Al menos, El mayordomo no es descaradamente mentirosa, solo manipuladora, y aunque sea resumida y cocinada alguna lección de historia dejará en el espectador.

In a World…


In a World…, 2013, EE.UU.
Género: Drama, comedia.
Duración: 93 min.
Dirección: Lake Bell.
Guión: Lake Bell.
Actores: Lake Bell, Fred Melamed, Michaela Watkins, Robb Corddry, Alexandra Holden, Demetri Martin, Ken Marino.
Música: Ryan Miller.

Valoración:
Lo mejor: Muy original, con buenos personajes.
Lo peor: Le falta algo de ritmo y emoción.

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In a World… es el primer largometraje de Lake Bell como guionista y directora (ya llevaba a cuestas varios cortos y capítulos de series), una actriz treintañera de Nueva York que, sin ser una intérprete muy conocida por el gran público, ha aparecido en un buen puñado de películas (comedias románticas como Algo pasa en Las Vegas) y series, como Surface o Boston Legal. Yo la conocí en Buscarse la vida en América, en un personaje que casualmente se parece bastante al que ha escrito ella misma para esta cinta: una joven indie que intenta sobrevivir en la jungla cultural de una gran urbe.

In a World… son las palabras con que se iniciaban muchos avances de películas de Hollywood hasta el fallecimiento de su voz, Don LaFontaine, un actor de doblaje muy importante en el gremio. La protagonista de este relato, Carol (Lake Bell), siguiendo los pasos de su padre, Sam Sotto (Fred Melamed, otro actor de doblaje, aunque algunas veces deja ver su cara), intenta trepar en la industria, pero por ahora solo subsiste como puede como entrenadora de voces. Por ejemplo, asesora a actores que deben doblar su propia voz, que se hace bastante si el sonido original de la escena en que trabajan no es bueno. Cuando se abre un casting para retomar el legado de LaFontaine, su carrera podría lanzarse a la fama o estrellarse contra el muro conservador del gremio, encabezado por su padre, donde no aceptan la intromisión de las mujeres.

Aunque se describe como comedia en los medios, lo cierto es que claramente no es una comedia al uso, de las que pretenden hacer reír a toda costa. Es una aventura ligera, con toques de humor y drama muy tenues, una odisea de jóvenes buscando su lugar en el mundo a través de líos familiares y laborales varios. Lo bueno es como cine indie ofrece una historia muy alejada de los estándares habituales. De hecho es rematadamente original, desde la trama al tratamiento de los personajes y sus relaciones, pasando por los detalles del día a día. Lake Bell se luce bastante a la hora de hacer un guión genuino y realmente inspirado (y también queda claro que era la adecuada para el papel protagonista: impresionantes sus cambios de voz). Los encantadores protagonistas tienen vivencias y encontronazos muy divertidos, las relaciones (familiares y amorosas) dan pasos creíbles (es fácil conectar con ellos) pero mostrados desde una perspectiva chispeante, y la lucha por el trabajo mezcla tragicomedia (el lío sexual con su competidor) con algo de moralejas básicas pero tratadas con ironía (la aceptación de las mujeres se va de madre con lo que le suelta el personaje de Geena Davies).

Se puede decir que a los conflictos (rupturas sentimentales, enamoramientos dolorosos, problemas laborales) les ha faltado algo de empaque y trascendencia, pues a veces parece no pasar nada realmente importante. Pero es que también estamos mal acostumbrados: no toda película tiene que narrar algo tremendamente impactante, las historias sencillas sobre gente normal también pueden llegar hondo. De todas formas, es cierto que el ritmo se resiente ligeramente en algunos tramos, tanto por falta de emoción como por la sensación de que la historia no avanza hacia algo concreto. Pero es un problema menor que no limita su capacidad de entretener y provocar una sonrisa constante.

Después de una distribución por numerosos festivales, con buen reconocimiento aunque no acaparara muchos premios, parece que en España llegará directamente a DVD en marzo de 2014, con el título de La voz de una generación.