El Criticón

Opinión de cine y música

Archivos mensuales: marzo 2014

Nebraska


Nebraska, 2013, EE.UU.
Género: Drama.
Duración: 115 min.
Dirección: Alexander Payne.
Guión: Bob Nelson.
Actores: Bruce Dern, Will Forte, June Squibb, Bob Odenkirk, Stacy Keach.
Música: Mark Orton.

Valoración:
Lo mejor: Magnífica composición de personajes, en guión e interpretación. Buen retrato de algunos puntos oscuros del ser humano.
Lo peor: Ritmo renqueante en su primera parte, la impresión de que con pocas mejoras sería muy buena.

* * * * * * * * *

El absurdo periplo de un anciano tras el cobro de un premio falso (spam publicitario) sirve como punto de partida para abordar un relato sobre la vida y cómo nos enfrentamos a ella: la vejez, la soledad, las relaciones familiares, amorosas y amistosas… Pero la aventura tarda muchísimo en arrancar, en definirse y tomar un rumbo claro y atractivo. Cuántas veces van a parar a mear, llegué a preguntarme, y cuándo van a empezar a contarme algo. Es evidente que la presentación de personajes y los pasos iniciales de la odisea deberían haberse resumido y mostrado con más intensidad.

Por suerte va creciendo poco a poco y cuando quieres darte cuenta estás sumergido en un retrato social con bastante enjundia. El viaje de los protagonistas pone ante nuestros ojos un puñado de vivencias con las que es fácil identificarse y de las que se pueden sacar bastantes reflexiones sobre nuestro lugar en el mundo y en relación con los demás habitantes del mismo. Familias desconectadas, amigos verdaderos y falsos, viejas relaciones, recuerdos gratos e ingratos, gente apalancada en vicios y errores… El tono es considerablemente melancólico y a veces incluso trágico (el intento de chantaje en cuanto huelen el dinero resulta muy duro), pero se añade un estilo irónico en la onda de los Coen que aporta algo de humor al deprimente ambiente: los hermanos tontos que solo saben hablar de coches, las conversaciones llenas de silencios incómodos, el robo en el granero… Finalmente la puesta en escena remata muy bien la atmósfera: la fotografía en blanco y negro de zonas rústicas y amplios paisajes agrícolas acrecienta la sensación de decadencia, como si no pasara el tiempo ni hubiera vida en esos parajes.

Se puede decir que la trama discurre de forma previsible en muchos tramos, pero se perdona porque busca una historia real con la que conectar, la composición de personajes es magnífica y el reparto está fantástico. El viejo algo ido de la cabeza, frustrado en su soledad y su vida simple, que se obsesiona sin ver la mentira del premio por poner algo de luz en su vida, resulta memorable, sobre todo gracias al papelón de Bruce Dern. Yo lo conocí en Big Love, pero hasta ahora no ha tenido éxito, es uno de esos eternos secundarios de gran calidad pero sin fama. El desconocido Will Forte en el rol de su hijo también está estupendo: un tipo normal, sin ambiciones pero sin defectos notables y decidido a cumplir con su padre. También sorprende June Squibb como la madre fuerte y respondona que pone seriedad cuando las cosas se descarrilan. Habiendo vivido esta odisea con tan férrea conexión con sus protagonistas, el previsible y facilón final es abrazado con ganas, porque pone un cierre esperanzador y luminoso a una aventura bastante tristona.

Nebraska es un paso adelante después de la sosa Los descendientes, aunque por su irregularidad no llega a alcanzar a Entre copas. Y queda claro que a Alexander Payne se lo sigue sobrevalorando cosa mala: ni de broma es una película para tener entre las diez mejores del año, aunque su reparto sí lo sea.

Anuncios

La gran estafa americana


American Hustle, 2013, EE.UU.
Género: Drama, thriller.
Duración: 138 min.
Dirección: David O. Russell
Guión: David O. Russell, Eric Warren Singer.
Actores: Christian Bale, Amy Adams, Bradley Cooper, Jennifer Lawrence, Jeremy Renner, Louis C.K.
Música: Danny Elfman.

Valoración:
Lo mejor: El magnífico reparto y la buena calidad de los personajes la salvan del suspenso, pero…
Lo peor: … no evitan que sea un coñazo. El guión, de narrativa morosa y sin rumbo. La dirección, con escasos recursos. Su duración, a todas luces excesiva.

* * * * * * * * *

A la altura de la los cuarenta minutos de proyección me seguía preguntando cuándo iba a empezar la película. Pero no queda otra que aceptar que su ritmo y tono es ese: superficial, monótono, deslavazado, sin rumbo claro. El guión de David O. Russell es flojo tirando a malo: qué mal presenta la historia y lanza el grueso de la trama, para finalmente llegar a un desenlace que no es tan sorprendente como finge ser. Entre medio la profundidad del relato es mínima: interés, complejidad, trascendencia y capacidad de impacto brillan por su ausencia, mientras que la monotonía y la incapacidad para ir al grano y no perderse en recesos innecesarios se hacen patentes minuto tras minuto. La voz en off que te explica de vez en cuando lo que está ocurriendo remata esas sensaciones de imprecisión, de incapacidad para concretar y mostrar con fuerza la historia.

La puesta en escena es vistosa gracias a la ambientación (destacan las excelentes labores vestuario y maquillaje), porque David O. Russell de nuevo demuestra que dista mucho de ser el gran artesano que tantas nominaciones a premios mediáticos parecen reconocerle. The Fighter y El lado bueno de las cosas mostraban muchas carencias en sus labores como director, y en ésta estamos ante la misma situación. Algo más de vida sí consigue, alejándose del aspecto de telefilme del primer ejemplo, pero eso de que ha descubierto el travelling también tiene su lado malo: repite el cliché de acercarse al rostro del personaje demasiadas veces, dando la sensación de que estamos en la misma escena una y otra vez. Esta falta de recursos, de visión, se traduce en que el pobre guión no gana enteros al ser llevado a la vida. La narración es lineal (hablando de progresión del interés y el empaque, porque la trama pega saltos aleatoriamente), todas las escenas tienen el mismo tono apático, no parece buscarse una proyección creciente de tensión ni la consecución de un clímax aquí y allá que marque algún punto de inflexión.

Como decía al inicio, se hace larguísima (dos eternas horas y veinte minutos), nunca es capaz de atrapar por culpa de su falta total de originalidad e ingenio, por su nula capacidad para asombrar, intrigar, divertir y emocionar, porque no sabe ofrecer giros eficaces ni lograr que cuando se torna inverosímil el espectáculo disimule la falta de credibilidad (en esto último O. Russell juega a ser Scorsese, estrellándose en el intento). Es una película sin sustancia ni energía, no se ve en ningún momento la supuesta gran aventura que viven los protagonistas.

Por suerte esos personajes salen bien parados, y sustentan hasta los largos capítulos donde el guión parece olvidarse por completo de contar algo. En lo que sí ha demostrado Russell ser muy capaz es en la descripción de caracteres y en la dirección de actores, siendo estas cualidades las únicas que realmente han dado calidad a sus películas, destacando sobre todo esta La gran estafa americana, la más malograda en cuanto a guión. Los cuatro protagonistas, incluyendo a la esposa rechazada, que tiene poca presencia pero resulta fascinante, son lo único que mantienen con vida el relato. Sus formas de ser se plasman bastante bien y su evolución resulta interesante, porque se ve muy bien el cambio que van sufriendo en sus vidas. Es fácil conectar con ellos, sus vivencias llegan con cierta intensidad incluso en los momentos menos atractivos de la aventura, y los actores los realzan de forma impresionante, dando el que sea probablemente el mejor reparto coral del año.

El camaleónico Christian Bale (aunque cabe preguntarse si de verdad era necesario engordar para el personaje) se inspira en el mejor Robert de Niro (hasta el tono de la voz recuerda a él ocasiones; por cierto, De Niro aparece en un pequeño papel) pero sin dejar la sensación de imitación: construye un rol completamente único, reconocible y creíble en cada gesto y tic, en las miradas, la forma de hablar… Este papelón reafirma a Bale como uno de los mejores intérpretes del presente, sobre todo ahora que el otro gran camaleón, Russel Crowe, anda algo en segundo plano. Amy Adams también está fantástica: pletórica en los mejores momentos del personaje, transmitiendo una energía que se contagia, y pasando magistralmente hacia la congoja y finalmente la desesperación cuando se tuercen las cosas. Es inenarrable la intensidad que muestra en la escena en que le dice la verdad al agente. Jennifer Lawrence arrasa en las tres o cuatro escenas que tiene: es increíble como una chica aparentemente tan dulce puede lograr un rol tan alocado y enérgico, además en un estilo diferente al de El lado bueno de las cosas, menos majareta y más inmadura y ajena a la realidad. Por cierto, no puedo evitar comentar la espectacular belleza de ambas mujeres, y lo hipnótico que resultan los escotes exageradísimos que les hacen llevar. Bradley Cooper está muy bien como agente obsesionado y descarriado, pero su labor en la recién citada El lado bueno de las cosas fue bastante superior. Los otros pocos secundarios relevantes están muy correctos: Jeremy Renner demostrando que es más que un actor de acción, Louis C.K. como eterno secundario de calidad.

Aunque la interpretación de Matthew McConaughey en Buyers Dallas Club supere al esfuerzo de Bale, Lawrence como secundaria le da mil vueltas a la favorecida por la Academia Lupita Nyong’o (12 años de esclavitud), si acaso debería haber sido rival directa de Sally Hawkins (Blue Jasmine), donde no sabría a quién elegir. Amy Adams, con cinco nominaciones a los Oscar a cuestas, tenía aquí el papel perfecto para ser el mejor del año, pero es que Cate Blanchett está insuperable en Blue Jasmine. De todas formas, aquí caigo en los errores de los medios y entregas de premios: destacar un solo papel cuando hay tantos excelentes es injusto, porque parece quitarle méritos a los demás. Pero como me suele pasar no puedo evitar comentar los eternos desaguisados de los Globos de Oro y sobre todo los Oscar. En este caso destaca lo terriblemente injusto que es premiar por popularidad: las ridículas nominaciones a dirección, guión y película vuelven a señalar otro año más el sinsentido que son estos certámenes.

Casi ni la acabo, de plomiza y fallida. ¿Una de las diez mejores películas del año? Una de las peores, si acaso (hablando de producciones de primera división, claro). Al menos su éxito ha servido para reconocer a su memorable reparto, que en otras condiciones seguramente pasaría desapercibido. Por lo demás, dan ganas de ponerse El golpe (The Sting, 1973) para quitarse el mal trago.

Riddick


Riddick, 2013, EE.UU.
Género: Acción, aventuras, ciencia-ficción.
Duración: 119 min.
Dirección: David Twohy
Guion: David Twohy.
Actores: Vin Diesel, Katee Sackhoff, Jordi Mollá, Matt Nable, Dave Bautista, Bokeem Woodbine, Raoul Trujillo, Nolan Gerard Funk, Karl Urban.
Música: Graeme Revell.

Valoración:
Lo mejor: Aspecto visual, con efectos especiales bien usados a pesar del escaso presupuesto. Personajes, diálogos y situaciones emocionantes y divertidas en cantidad: es una aventura muy entretenida.
Lo peor: Algún altibajo en el ritmo, sobre todo los forzados por la inclusión de la trama Necromonger.
El gazapo: Vaako dice haber conocido gente del pueblo de Riddick con los mismos ojos, cuando sabemos que él se los puso así por voluntad propia.
La frase:
-No me gusta esta tendencia. Dos muertos, un desaparecido.
-Exacto. Tres muertos.
-Pues miradlo así, muchachos: ahora cabemos todos en una nave.

* * * * * * * * *

Alerta de spoilers: Puede haber ligeros spoilers relativos al argumento, pero no revelo sorpresas y muertes clave.–

David Twohy vuelve a los orígenes, a la esencia de Pitch Black, tras el desastroso universo que se inventó en la secuela Las crónicas de Riddick, donde nos mostraba una historia que nada tenía que ver con la inicial, ni en estilo (cambia la aventura de supervivencia por una intriga palaciega), ni en alcance (era bastante ambiciosa, aunque fallara estrepitosamente), ni en aspecto visual (surrealista orgía gótica la de los Necromongers). Riddick es la que debería haber sido la segunda parte, porque era el movimiento más lógico, lo que todo el mundo esperaba, lo que ponía el personaje de Riddick en bandeja: una aventura de supervivencia en clave de ciencia-ficción (planetas hostiles, alienígenas terroríficos) y con peleas entre mercenarios.

El relato se divide en tres capítulos (la parte Necromonger la dejo aparte): la adaptación de Riddick al planeta, la lucha contra los mercenarios y el cambio de juego que fuerza la llegada de las criaturas. El primer segmento es lento, pero la odisea de Riddick por mantenerse con vida en un entorno desconocido mantiene el interés constante. El paisaje árido está muy logrado, los líos con los distintos animales mantiene la expectación e intriga, y el cómo responderá el personaje a cada situación ofrece una aventura de supervivencia sencilla pero atractiva. Y el alien-perro que se agencia como mascota es un puntazo, además de un gran guiño a la segunda entrega. Lo más cercano que recuerdo en estilo sería Enemigo mío (Wolfgang Petersen, 1985), porque After Earth es un truñete, así que se agradece que los fans de la ciencia-ficción tengamos por fin una película decentilla de aventuras espaciales.

El segundo tramo es el más largo e importante. Riddick atrae a los mercenarios como único método que ve para salir del planeta, ahora que estima que la amenaza de las lluvias promete despertar a los monstruos que yacen latentes bajo tierra. Sí, es descarado que se cambia la aparición de criaturas en la oscuridad vista en Pitch Black por la aparición con las lluvias (que además también traen oscuridad), pero es un punto de partida en común, el resto se parece bien poco. La llegada de los cazarrecompensas cambia la situación del protagonista: ahora el enemigo son los hombres. O más bien lo es él mismo para ellos, porque su objetivo es matarlos para hacerse con una de las naves. Aquí brilla de nuevo uno de los aspectos que destacó en la primera película: un grupo de personajes sólido y atractivo. Cada mercenario, aun los muy secundarios, tiene su forma de ser definida hábilmente en pocos minutos, y la dinámica que mantienen entre ellos es excelente.

Jordi Mollá es Santana, el líder del grupo más pendenciero, una serie de brutos y despojos de la sociedad. Como suele pasar, esconde tras su fachada de matón inseguridad y miedos en cantidad, y si se mantiene en el mando es porque sus hombres son aún menos inteligentes que él. Mollá está correcto como patán desalmado, sobre todo cuando empieza a hundirse y perder liderazgo, porque cuando llega un grupo bien organizado, unos mercenarios que podríamos llamar profesionales, y ven el panorama, no tardan en imponer su autoridad. Matt Nable como Johns muestra bien ese aire de hombre curtido y seguro de sí mismo que va cambiando la situación sutil y ágilmente para su beneficio. Lo secunda una dura pero también espabilada Dahl, que hace de Santana su mascota de forma tronchante. Su intérprete, Kate Shackoff, me ha sorprendido gratamente, pues en Battlestar Galactica haciendo de Starbuck me pareció una actriz limitadísima, mientras que aquí está pletórica, mostrando un cinismo genial: suyas son las mejores frases y algunas de las escenas más divertidas.

Hablando diversión, esta abunda en este tramo intermedio, que hace gala de un humor gamberro excelente. Entre las escenas de acción y los cazarrecompensas cayendo poco a poco ante los envites de Riddick hay no pocas escenas, instantes y diálogos muy graciosos: la incompetencia, las puñaladas, las bromas o las situaciones donde Riddick acojona al personal provocan una grata sonrisa cada dos por tres. El único desliz es que hay una escena donde este tono se lleva al extremo y cae directamente en la auto parodia fallida, casi en el cine cutre: la muerte “en cinco segundos” es irrisoria, por rebuscada y exagerada.

En el segmento final aparecen los monstruos para hostigar y eliminar a los supervivientes. Lo de un grupo aislado muriendo en fila no es nuevo, ni lo era en Pitch Black, pero es una parte breve y bien usada. Las últimas pugnas de lealtad y las últimas traiciones realizadas por desesperación para sobrevivir mantienen el interés alto a pesar de tener algún momento tremendamente previsible; por ejemplo es obvio que Riddick será rescatado en los momentos finales.

En la puesta en escena Twohy también recupera la esencia de Pitch Black. Con poco presupuesto se monta una película sencilla pero donde aprovecha al máximo lo que tiene. El planeta está recreado magistralmente, trasladándonos muy bien a un entorno original e inquietante: la reconstrucción del escenario alienígena resulta fantástica gracias a los decorados, pantallas de fondo y al uso de filtros. Las criaturas digitales cumplen de sobra. Las naves no deslumbran pero ya no son esperpentos ni cantan a efecto barato (salvo las de los necros que vuelven a aparecer, que obviamente siguen siendo feísimas). Y sobre todo, la dirección es más comedida, pues Twohy no fuerza una fotografía llena de malabares absurdos como en Las crónicas de Riddick y también controla mucho mejor las escenas de acción. Además, la música de Graeme Revell, aparte de recuperar el tema original, apoya a las imágenes muy bien en todo momento. No me olvido de citar a Vin Diesel, cuya presencia y voz son la esencia de Riddick, porque todo sea dicho, no es un personaje que requiera un papel complejo. Lo que sí puedo criticar es que se exagera de nuevo con sus capacidades: tanto la fuerza como la resistencia a heridas graves (se lleva unas pocas) roza lo inverosímil en más ocasiones de las debidas: ¿pero con cuántos agujeros en el torso acaba este hombre?

El único problema de Riddick, y es importante, es que la sombra de Las crónicas de Riddick la alcanza. Su nefasta existencia mancha esta entrega, porque Twohy no se arriesga a hacer un reset que la relegue al olvido, algo que, justo es decir, sería arriesgado, porque dejaría cuestiones abiertas. Está obligado a enlazar con esa segunda parte, y aunque lo reduce al máximo tenemos que aguantar un prólogo (sabiamente insertado mediante un flashback después de mostrarnos brevemente que volvemos a los orígenes de la saga) y un epilogo dedicados a exponer como Riddick deja a los necros primero y vuelve a por venganza al final. Como la trama del subuniverso era incomprensible y las disputas por el trono simplonas, estos recesos aportan bien poco salvo confusión y desinterés, dejando muchas preguntas en el aire. Por qué Riddick, un tipo solitario, se queda dirigiendo a una raza que no le gusta y rodeado de gente de la que desconfía, expuesto a conspiraciones que ponen su vida en peligro; nadie lo quiere ahí, lo tiene fácil para hacer un pacto con Vaako (Karl Urban en una brevísima aparición) para cederle su puesto a cambio de una pequeña nave. Con esa lógica, el intento de asesinato está un poco cogido por los pelos: ¿por qué arriesgarse a tenerlo en contra con lo fácil que es dejarlo ir? Lo justifican medio de pasada diciendo que el tipo de la cara marcada lo hace por su cuenta por ser un fanático religioso, pero no queda muy bien. Y el retorno en busca de retribución por esa traición es realmente anticlimático: ¿Vaako se ha ido al subuniverso? Pues vale… ¿y qué es, qué busca allí, dónde está, cómo ha ido, etc.? Casi dan ganas de editar uno mismo el filme eliminando esos veinte minutos innecesarios.

Ante este panorama me ha costado elegir qué nota darle, porque exceptuando ese lastre Riddick cumple de sobras con su propósito. Es una serie b entretenida y vistosa que conoce sus limitaciones y objetivos. Tenemos un puñado de personajes muy atractivos, encabezados por el fascinante Riddick, frases fantásticas por doquier, escenas de aventura y acción más que correctas, un ritmo bastante bueno, una gran ambientación lograda con pocos recursos… Pero esas dos escenas desvían el interés y el ritmo demasiado, y alargan el final bastante más de la cuenta. Aun así, la he visto dos veces y la he disfrutado un montón, así que he optado perdonar bastante ese notable fallo.

Costó menos de la mitad que Las crónicas de Riddick (38 contra 105 millones de dólares) y recaudó prácticamente lo mismo… y cabe pensar que si no hubiera arrastrado el efecto rechazo forzado por aquella probablemente habría conseguido causar mayor impacto. Con un poco de suerte tendremos otra entrega… pero me temo que viendo el final de esta, los malditos Necromongers seguirán frenando su potencial.

Ver también:
Pitch Black.
Las crónicas de Riddick.

12 años de esclavitud


12 Years a Slave, 2013, EE.UU.
Género: Drama histórico.
Duración: 134 min.
Dirección: Steve McQueen.
Guión: John Ridley.
Actores: Chiwetel Ejiofor, Michael Fassbender, Lupita Nyong’o, Benedict Cumberbatch, Paul Dano, Paul Giamatti, Bradd Pitt.
Música: Hanz Zimmer.

Valoración:
Lo mejor: Una aventura bastante variada, con buen ritmo, buena ambientación y buenos actores.
Lo peor: Nunca es realmente intensa, rompedora o excelente como para merecer tantas alabanzas.

* * * * * * * * *

En el funesto capítulo de la esclavitud no conocía el caso narrado en la película: negros viviendo libres en ciudades progresistas que eran secuestrados y llevados al sur por los miserables racistas que abundan en la sociedad. Pero es un punto de partida que no conduce a nada nuevo, pues aunque es cierto que con un tema tan antiguo no se puede ser realmente original, lo que el guión de John Ridley propone parece más un compendio de anécdotas que un relato que busque ser distintivo. A través del viaje del protagonista se resumen distintas formas de esclavitud: el amo bondadoso pero que no mueve un dedo por cambiar la situación (Benedict Cumberbatch), el tirano podrido por dentro que paga su frustración con los esclavos (Michael Fassbender), y finalmente el que sí se arriesga a luchar contra las injusticias, aunque sea tímidamente (Brad Pitt). Entre medio se sueltan detalles de diversa índole pero ninguno novedoso: ahorcamientos, la dificultad de las fugas, violaciones, detalles sobre el trabajo (unos pocos eficaces, como el de la cantidad de algodón recogida, otros rutinarios y aburridos) y personajes secundarios que no logran transmitir mucho.

Tampoco esperéis algo como La lista de Schindler, una obra contundente que te desgarra por dentro por su realismo y crudeza. Aquí se opta más por las clásicas fórmulas de Hollywood, como el héroe contra un mundo de injusticias, el melodrama sencillo que conmueva a los de lágrima fácil pero sin llegar a perturbar a nadie, los mensajes machacados continuamente… Un inciso debo hacer aquí, antes de que alguien se asombre: no digo que la película sea blanda, pero ni aun teniendo un par de escenas duras se puede llegar al extremo que venden los medios de “dos horas de tormento”. La mayor parte de la odisea es poco intensa y no transmite peligro real sobre la integridad física o incluso la vida del protagonista, el relato es más una aventura que un drama trágico de grandes proporciones.

Por suerte no llega a ser maniquea y manipuladora como otras estrenadas recientemente que también tuvieron el beneplácito de la crítica, como Dallas Buyers Club o El mayordomo. 12 años de esclavitud, aun sin llegar nunca a deslumbrar, ofrece una odisea más creíble. El repaso a la historia no por superficial es menos efectivo. El ritmo es bueno, pues pasa de una aventura a otra a toda velocidad, y aunque no saque partido de muchas de ellas no da tiempo a pararse a pensar en ello hasta que termina la proyección y te das cuenta de que no recuerdas nada realmente impactante. También podría señalar que, aun resultando simpático, el personaje central, Solomon, no es de altos vuelos. Apenas hace algo de mención, se tira doce años resignado, con poca evolución, escasa lucha interna y ninguna escena épica que deje un personaje para el recuerdo, tipo el rol de Steve McQueen (el actor, no el director de esta cinta) en La gran evasión.

La puesta en escena resulta correcta pero tampoco tan maravillosa como anuncian: Steve McQueen (esta vez sí hablo del realizador) a veces fuerza demasiado algunos encuadres, como si vacilara (aunque está más comedido que en Shame), pero también captura bastante bien la naturaleza y la vida del sur de EE.UU. El reparto convence, pero no como para las alabanzas que también se ha llevado. Fassbender presenta un personajillo inquietante, pero no destaca comparado con el resto de sus papeles anteriores, y Chiwetel Ejiofor está bastante resuelto, pero nada más. La chica que copa los medios, Lupita Nyong’o… pues vuelvo al comentario anterior: mientras escribo esto apenas recuerdo su personaje e interpretación, simplemente cumplió sin más. ¿Darle el Oscar? Menuda broma.

Los medios y la dichosa Academia se han flipado de lo lindo con esta película. Siempre la misma tontería: no merecía ni siquiera las nominaciones, salvo la de vestuario. El año que viene nadie hablará ya de ella, como ocurrió con Una mente maravillosa, Argo, En tierra hostil y otras tantas cintas mediáticas pero de calidad menor e impacto a largo plazo escaso.

Por culpa de tratar de frenar tantas alabanzas desmedidas casi me sale una crítica negativa. No es mi intención. La película es buena en todos sus elementos y el conjunto final da para un visionado satisfactorio, pero tanto empeño por llamarla obra maestra juega mucho en su contra, porque verla y encontrarse con que dista muchíiiiiiisimo de serlo puede decepcionar aunque no lo merezca.

Por cierto, lamentable que para una vez en muchos años que Hans Zimmer se curra un banda sonora que se sale de su rutina y se adapta muy bien a las imágenes no la saquen a la venta pero sí nos cuelen un disco que recopila canciones que no tienen que ver con la cinta pero se vende con el nombre de la misma.

Hunger


Hunger, 2008, Reino Unido, Irlanda.
Género: Drama histórico.
Duración: 98 min.
Dirección: Steve McQueen
Guión: Steve McQueen, Enda Walsh.
Actores: Michael Fassbender, Brian Milligan, Liam Cunningham.

Valoración:
Lo mejor: El tramo inicial, bastante prometedor.
Lo peor: Se va perdiendo y perdiendo hasta no quedar nada. El vacile intelectual engulle el relato: los enredos y artificios sustituyen a la descripción de personajes y trama.

* * * * * * * * *

Steve McQueen, ahora en boca de todos con la popularidad de 12 años de esclavitud, se dio a conocer con esta Hunger, aunque realmente su nombre empezó a sonar con Shame. Estas dos producciones son más de autor que su gran éxito, y además bien raritas y extravagantes, con lo que se prestan a que cinéfilos de postín, gafapastas e intelectualoides varios se las den de cultos defendiendo lo indefendible: que estos dos bodrios son peliculones.

Hunger narra en tres capítulos muy diferenciados entre sí uno de los muchos episodios oscuros de Irlanda del Norte con el IRA, el que acabó llevando a la huelga de hambre de presos de 1981. Si desconoces esta historia, que es lo más probable, porque fuera de sus fronteras salvo los realmente interesados en el tema solo tenemos una perspectiva global y superficial, puede que te cueste entrar en la película. Yo tuve que parar y dedicar unos minutos a la Wikipedia, porque McQueen no hace el más mínimo esfuerzo por exponer un poco de la situación, por explicar cómo se ha llegado al punto que da inicio a la proyección, directamente nos sumerge en las acciones de los presos y las reacciones de los guardias. Por ello tiene un público potencial muy minoritario, y se podría decir que si quería llegar a más gente no costaba mucho hacer una introducción más clara, pero supongo que no era su intención venderla más allá de Reino Unido e Irlanda.

La vida en la cárcel, mostrada casi como una película muda, funciona bastante bien. Le falta algo de definición, pero los fanáticos de ambos bandos (porque torturar a gente detenida es igual que ser un terrorista) quedan bien retratados a través de un relato sucio, directo y terriblemente cruel y explícito que será desagradable para muchos espectadores y otros tantos directamente no podrán con ello. Que McQueen juegue a experimentar con la cámara, con muchos planos y escenas rebuscados con alardes y vaciles variados, por suerte no llega a echar por tierra la intensidad de los acontecimientos. Hay unas pocas escenas con enorme fuerza y grandes lecciones que nos negamos a aprender: la violencia no sirve para combatir la violencia.

Pero no es capaz de ir a más en este segmento. Sin argumento tangible, ni exposición de motivaciones en los protagonistas, ni un rumbo claro más allá de mostrar el día a día en la cárcel, la proyección va perdiendo fuelle. Cuando llega el siguiente capítulo cambia de registro a lo bestia, y se estrella por completo. Ahora el diálogo es lo único que lleva la narración. Dos personajes sentados hablando en un plano de casi veinte minutos. Como es esperable, el noventa por cierto es palabrería, charla banal, y por lo tanto es un coñazo absoluto.

El tercer capítulo vuelve a la cárcel, pero ya sin fuerza alguna. La huelga de hambre se muestra con gente tumbada en la cama, enfocando constantemente las llagas y exprimiendo la delgadez extrema a la que se sometió Michael Fassbender, quien adelgazó hasta dar asquito, jugándose la salud para un papel que no merece la pena ese esfuerzo. Pero narración lo que se dice narración, tampoco hay. Planos y más planos de la más absoluta nada.

Lo que empezó prometiendo un título llamativo por valiente y perturbador termina siendo un desastre enorme donde las ansias de distinción, pedantería e intelectualidad mal entendida de Steve McQueen aplastan las bases de cualquier relato: definición de protagonistas, explicación de sus motivos, descripción tangible de entorno y trama, objetivo de la historia inteligible y atractivo de alguna forma. Esos defectos los puliría un poco en Shame, pero también limitaron su potencial. En 12 años de esclavitud sin embargo decidió que ya había demostrado lo listo que era y quería ganar pasta, vendiéndose a los clichés de Hollywood de forma descarada. Pues visto lo visto, este tío no me cae bien.

Las crónicas de Riddick


The Chronicles of Riddick, 2013, EE.UU.
Género: Acción, ciencia-ficción.
Duración: 119/134 (director’s cut) min.
Dirección: David Twohy.
Guion: David Twohy, Jim Wheat, Ken Wheat.
Actores: Vin Diesel, Colm Feroe, Karl Urban, Judi Dench, Thandy Newton, Alexa Davalos, Keith David, Linus Roache,
Música: Graeme Revell.

Valoración:
Lo mejor: Vestuario y algunos decorados (por calidad, no por diseño). Un reparto sorprendentemente entusiasta.
Lo peor: Guion infame, dirección horrible, dirección artística confusa e irregular, presupuesto muy mal aprovechado.
Mejores momentos: Riddick haciéndose amigo de un perro-alien.

* * * * * * * * *

Alerta de spoilers: Hay spoilers gordos, pero digo yo: qué más da.–

El guionista y director David Twohy sorprendió en el año 2000 con una gratificante serie b de ciencia-ficción que encandiló a los amantes del género y pronto se convirtió en un título de culto, o quizá ni eso, porque lo cierto es que su popularidad es notable. Pitch Black no partía de una base muy original, pero Twohy enriquecía el argumento con detalles muy acertados, recreando un entorno hostil inquietante y atractivo. Además contaba con un grupo de personajes de muy buen nivel, donde destacaba un rol central enormemente carismático, Riddick, encarnado por el musculoso Vin Diesel. Una secuela que siguiera las andanzas de Riddick por el universo era algo muy esperado, pero Twohy decepcionó a lo grande con un despropósito inconmensurable…

Los problemas de Las crónicas de Riddick son muchos, pero el primero es el concepto totalmente equivocado desde el que partió el realizador. La gente esperaba ver un mercenario-delincuente-fugado perseguido por mercenarios cazarrecompensas, y pasa sobre ello de carrerilla para sumergirse en un surrealista y confuso relato sobre una raza de seres místicos llamada Necromongers que va por el universo arrasando con todo. Al parecer buscan la entrada del inframundo o infrauniverso o subuniverso, o algo así, pero no queda claro realmente qué es eso, ni las cualidades de la raza: tiene poderes que no se explican, la naturaleza de sus naves es extraña, lo de invadir mundos en su búsqueda no se entiende… La trama de esta gente presenta una manida e insípida conspiración por el trono, con un rey temible (Colm Feroe), unos súbditos acobardados y traicioneros y una especie de princesa (Thandy Newton) o dama noble (tampoco se explica) bastante inteligente que empuja a su amado (Karl Urban) a ser tan ambicioso como ella. Riddick se ve envuelto en el jaleo por arte de magia, pero luego en un requiebro de guion vergonzoso resulta que sí hay una conexión fuerte con ellos: es el elegido, el superviviente de un planeta arrasado que escapó de las garras del líder para acosarlo ahora que retorna como adulto. Un Harry Potter musculado y asesino, vamos.

El intento de enlazar con Pitch Black a través del musulmán que sobrevivió (Keith David) y la breve estancia en su casa no aporta nada consistente, pero este capítulo lanza la historia principal después de un prólogo que prometía otra cosa (la aventura de supervivencia de Riddick), y presenta el sinsentido que va a ser la película. Aparecen los Necromongers y empieza la fiesta: personajes desubicados en una trama sin mucha cohesión y atractivo, escenas de acción ridículas y llenas de memeces, diálogos acartonados, una puesta en escena muy pobre, salidas de madre surrealistas (los visores, los elementales)…

Entre las cansinas peleas de los necros acabamos porque sí en una cárcel en otro planeta raro, donde tenemos más aventuras sin un arco narrativo tangible, sin un destino claro. Muertes rebuscadas y fugas pretendidamente espectaculares pero demasiado exageradas y con enormes paridas (ese sol que solo calienta donde da, si te cubres a la sombra el clima se mantiene fresquito a pesar de que el resto del planeta está hirviendo literalmente) forman esta especie de subpelícula que termina con un clímax larguísimo lleno de hostias a puños nada llamativas. Nos trasladamos de nuevo a las naves necros para acabar la película con una peleílla de manual en la guarida del villano, adornada con gilipolleces que incluso a estas alturas descolocan (¿esa capacidad de teletransporte de dónde sale?) y un par de sorpresas muy facilonas (el traidor, la posición final de Riddick).

Tanto la trama como el aspecto visual se adornan con elementos que terminan de formar, o más bien deformar, este galimatías. El estilo de los necros es demencial. La mezcla de faraones galácticos en plan Stargate con ese diseño de vestuario y naves salpicados del Dune de Lynch (una especie de armada gótica) y del anime Los Caballeros del Zodíaco (armaduras y armas anacrónicas en gente que domina el viaje espacial) se remata con toques de las fumadas de gente como Giger (diseñador artístico de Alien) y Jean-Pierre Jeunet (realizador de La ciudad de los niños perdidos y Delicatessen), como esos monstruos-visores que no se sabe qué pintan ahí o los interiores de las naves necros, que parecen el nido de los aliens.

Es evidente que Twohy intentó abarcar demasiado y se quedó corto a la hora de darle vida a este universo tan variado (no quiero usar la palabra “rico”), tanto en la narrativa (la falta de cohesión, la mezcolanza de ideas sin objetivo claro) como en lo visual. El presupuesto fue de superproducción, algo más de cien millones de dólares, pero la película parece una obra de serie b hecha con cuatro duros: no gestionó bien los recursos, porque unas partes lucen bien y otras demasiado mal, cayendo hasta el cine cutre en algunos momentos. Hay unos pocos decorados impresionantes, como el interior de la nave necro, enorme y muy detallado (a lo que sumamos el complejo vestuario de sus habitantes), o la cárcel en plan mina abandonada, que contrastan enormemente con el ridículo pueblo de cartón piedra donde vive el musulmán. Algunos planos de los diversos mundos dan bien el pego, tanto en panorámicas como en entorno (los decorados que recrean sus ecosistemas son aceptables), pero en cuanto empiezan a meter naves, humo, polvo y explosiones la mezcla resulta espantosa, pareciendo un videojuego mediocre. Lo de las naves de hecho es incomprensible: son el elemento más antiguo y fácil de hacer en la ciencia-ficción, sea con maquetas o digitalmente, y aquí todas son horribles, no solo por ese diseño grotesco, sino porque cantan un montón a efecto especial barato; luego en cambio nos sacan unos alien-perros, algo extremadamente complejo (movimiento de músculos y tal), y sorprenden por lo bien hechos que están.

Es comparar con producciones que tienen la mitad de presupuesto y lucen diez veces mejor, como Serenity, y queda claro que Twohy ha tirado el dinero de forma extremadamente negligente. Ante este aspecto visual tan caótico y confuso no queda otra que hablar de desastre, incrementado además por la pobre labor de dirección: la fotografía que parece improvisada por un cámara borracho, las escenas de acción chusqueras donde abusa de primeros planos, efectos baratos (flashes constantes para dar sensación de acción) y montaje horrible… ¿Dónde quedó el director que con poco dinero hizo de Pitch Black un título visualmente muy llamativo, que sabía imprimir un excelente tempo narrativo usando sabiamente recursos varios (silencios, iluminación, etc.)?

Algo que sorprende en este despiporre es que los actores se lo toman muy en serio, esforzándose bastante en sus papeles. Si tengo que elegir me quedo con Thandy Newton, con sus miradas intensas llenas de ansias de poder, pero veteranos como Colm Feroe y Judi Dench dejan claro que no están ahí solo para cobrar el cheque, y transmiten seriedad en roles que son risibles. El resto de secundarios está en el mismo tono, destacando a Karl Urban, un valor seguro. Vin Diesel no tiene un papel complejo, su personaje es su físico y porte, y cumple correctamente. La chica que aparece en la cárcel, una desconocida Alexa Davalos, está en esa misma onda. La pena es que como personaje no tenga mucha chicha, a pesar de venir de la primera entrega: es quien se hacía pasar por un chico y se quedó prendada de la forma de vivir de Riddick. Esperábamos que el antihéroe fuera su mentor, pero la reunión de ambos es poco satisfactoria y la muerte de ella en plan cine cutre da penita.

Esta última queja lleva un planteamiento interesante: Las crónicas de Riddick es tan mala que tiene un pie en el cine de pésima calidad y otro en el cine cutre, ese que es divertido por lastimero. Si estuviera metida de lleno en la cutrez hilarante lo mismo podría entretener, pero como no es así resulta un visionado verdaderamente insoportable (y más el director’s cut de dos horas y cuarto). Recaudó 115 millones, así que no fue un fracaso monetario. Twohy tuvo una segunda oportunidad con la tercera entrega, Riddick, donde ofrece lo que debería haber sido esta segunda parte, una emocionante aventura de mercenarios en clave de ciencia-ficción.

Ver también:
Pitch Black.
Riddick.

Pitch Black


Pitch Black, 2000, EE.UU.
Género: Ciencia-ficción, acción.
Duración: 109/112 (unrated) min.
Dirección: David Twohy.
Guion: Jim Wheat, Ken Wheat, David Twohy.
Actores: Vin Diesel, Radha Mitchell, Cole Hauser, Keith David, Claudia Black, Rhiana Griffith, Lewis Fitz-Gerald, John Moore.
Música: Graeme Revell

Valoración:
Lo mejor: La iluminación, la fotografía, el buen pulso que imprime el director. Los excelentes personajes llenos de sorpresas que dan giros magníficos al relato.
Lo peor: Que rechazar el clásico “hay monstruos y gente muriendo en fila” impida ver sus muchas virtudes.
Mejores momentos: El accidente, los primeros pasos por el planeta. La conversación sobre el cebo. La carrera por el desfiladero en la oscuridad. La redención de Carolyn.
La frase: Una regla. Quédate en la luz.
La mala ciencia: Los anillos planetarios paralelos son imposibles, desafían la física más básica (ver artículo de Malaciencia).

* * * * * * * * *

Alerta de spoilers: Hay algún dato que se puede considerar spoiler, pero nada que te estropee el visionado; aun así debo indicar que es una película de las de saber lo menos posible antes de verla.–

Entre sus detractores se repite el mantra de que es otro clon de Alien, una crítica negativa cogida por los pelos e injusta. Sí, es evidente que la idea de un grupo aislado cuyos miembros mueren poco a poco no es nueva, pero si nos ponemos a hilar fino hay que decir que es la base de cientos y cientos de películas, tanto de terror como de acción, y no vamos a rechazarlas a todas por eso. Por esa regla de tres, Depredador también sería una mala película. Quedarse en la superficie y no ver nada más, cuando Pitch Black tiene mucho más que ofrecer, es muy triste.

El accidente resulta espectacular, sobre todo gracias a que pone el foco de narración en las reacciones de la piloto, consiguiendo que en tan solo un par de minutos sudemos de lo lindo con la situación. Luego seguimos hacia una breve aventura de supervivencia, donde la descripción del planeta resulta atractiva e inquietante: los filtros de colores y el desértico escenario elegido muestran una atmósfera alienígena muy llamativa para el espectador y desalentadora para los personajes, y la presentación paulatina de las criaturas genera inquietud por el futuro. Cuando llega la oscuridad, los monstruos acechan en todas direcciones, y hay pocos lugares donde guarecerse.

Pero lo mejor es que el grupo de personajes es de muy buena calidad. En casi todas las cintas de este estilo que se os ocurran desde la citada Alien, sobre todo en los últimos años, el poco nivel de los protagonistas ha sido crucial a la hora del fracaso de la obra. Comparad Depredador con Predators, por ejemplo. Que muera gente irrelevante no causa impacto. Que lo hagan personajes sólidos y creíbles y por extensión atractivos sí conmueve. Y si además tenemos una dinámica de grupo compleja que pone en bandeja muchos buenos problemas y estupendos giros de la trama, más interesante resulta todo. Por ello Pitch Black no es solo una de misterio en plan sálvese quien pueda, tiene también mucho de drama de supervivencia con tintes de thriller psicológico.

Cada rol es descrito con prontitud y de forma certera, con lo que en seguida sabemos quién es quién en el grupo, y todo evolucionan con los continuos problemas, sus motivaciones y limitaciones son puestas a prueba y sacan lo peor y lo mejor de ellos. Algunos protagonistas echándose en cara defectos para ocultar sus propios miedos, acciones que marcan a otros en sus siguientes movimientos (como la decisión de Carolyn Fry de lanzar los contenedores de pasajeros para salvar la nave y, en consecuencia, a sí misma), dilemas inquietantes (¿y si matamos a uno para dejarlo como cebo?), pruebas demenciales (Riddick tentando a Fry a sabiendas de que estuvo a punto de abandonar a la tripulación), acciones inesperadas (Riddick ablandándose en un par de momentos cruciales, y todo lo contrario en otros instantes), sorpresas geniales (“la chica está sangrando”)… Pronto queda claro que nos enfrentamos a la inmundicia humana tanto como a las criaturas: Riddick es un asesino, y genera miedo y rechazo, pero el supuesto policía que lo ha detenido se descubre tan peligroso o más que él, y el resto también cargan sobre sus espaldas secretos y mentiras que una vez desvelados cambian el tablero de juego por completo.

Pero la aventura en clave de suspense (no es terror puro como Alien, sino de intriga como Depredador) también funciona muy bien. Comentaba que la presentación de los bichos es inquietante, y su aparición final no defrauda. Se puede decir que hay algún momento donde el peligro parece desaparecer sin motivos, pues a veces se ponen a hablar como si ya no hubiera criaturas alrededor, pero por lo general la amenaza es bastante constante. No sabes lo que espera en la oscuridad, cada dos por tres cae un personaje (obviamente algún secundario, aunque alguna sorpresa hay), y de vez en cuando tenemos un tramo espectacular. Aparte del citado dilema de dejar como carnaza a alguien del grupo destaca todo lo que ocurre en el desfiladero, donde de nuevo el guion sorprende no dejándose llevar únicamente por la acción (los bichos volviéndose locos) y nos deja a cuadros con la jugada a estas alturas inesperada de Riddick con respecto al resto del grupo. En este estilo resulta también magistral el clímax con la redención de Fry, con conversaciones muy intensas justo cuando se espera un desenlace clásico de acción y sustos.

La puesta en escena, sin resultar especialmente brillante, sí es muy correcta, adaptándose hábilmente a los cambios de tono del relato y sin fallas en momentos clave. La sección diurna destaca por los filtros tan bien usados y los planos amplios que muestran la desolación de donde han caído los personajes. Cuando nos sumergimos en la noche el realizador David Twohy (quien se dio a conocer con la entretenida Han llegado) sabe cambiar el registro hacia el terror psicológico de un espacio reducido, rodando además muy bien la oscuridad: se ve lo justo para que obviamente veamos algo, pero de forma que resulte creíble (cuántos focos cantosos habremos visto en películas oscuras). Además logra que la cinta luzca muy bien a pesar de que es una producción menor, con tan solo 23 millones de dólares de presupuesto. Los efectos especiales presentan algunas carencias en las digitalizaciones, pero no abusa de ellos innecesariamente, con lo que se funden bien en la narración y te olvidas pronto de que las texturas de las bestias son bastante pobres. Los decorados funcionan mejor: la nave y la colonia no son escenarios grandes, pero no es que se necesitara más, y son muy efectivos. La música cumple bien su propósito, aunque cabe pensar que una partitura que supiera perfilar mejor la intriga le habría venido bien en algunos momentos.

En cuanto a los actores, Vin Diesel ahora es muy famoso, pero este papel llegó justo antes que su éxito con A todo gas (The Fast and the Furious), con lo que algunos lo conocimos aquí. Su carisma es innegable, haciendo de Riddick un personaje inquietante e imponente a partes iguales. El resto son desconocidos salvo en el caso de Radha Mitchell, la única que hemos visto en alguna otra película de cierto nivel, lo que facilita la conexión con los personajes a pesar de que ninguno destaque con una gran interpretación o incluso se pueda decir que de un personaje como Fry se podría sacar mucho más jugo del que saca esta actriz.

Los únicos peros que le puedo poner son detalles fugaces que afectan a aspectos importantes, pero también son llamativos y descolocan un poco. Al director se la va la cabeza con algunos efectos innecesarios: distorsión de imagen e inversión de colores aparecen en unas pocas ocasiones sin venir a cuento, sin un objetivo claro, y quedan bastante mal. La representación de la visión de Riddick es un tanto absurda, pues según lo que nos muestran ve peor que los demás; si iban a mostrar esto, era obligatorio hacerlo bien. También puedo criticar un par de momentos de exageración absurda: Riddick se disloca los huesos como quien se hace crujir los nudillos.

No se puede decir que, a pesar de su envoltorio original y sus momentos puntuales de ingenio, Pitch Black sea una obra revolucionara o un hito del género, pero tiene la suficiente originalidad y pegada, tanto en la ciencia-ficción como en el suspense, como para dejar buenas sensaciones en los seguidores de ambos géneros. Pero si llega a ser una buena película es por ese magnífico grupo de personajes y las mil situaciones, putadas y dilemas que enfrentan en medio de todo el caos. Así pues tenemos una obra que sabe distanciarse lo justo de un planteamiento muy básico para resultar atractiva, y que redondea la propuesta con un guion consistente lleno de momentos muy intensos y unos cuantos giros bien ejecutados. Además parece ganar con el tiempo. La he visto un montón de veces y no dejo de disfrutarla, no le veo carencias de ritmo ni pérdida de interés con los sucesivos visionados. Y la escasez de obras remarcables del género (tanto serie b como de gran presupuesto) desde su estreno la hace más atractiva.

No fue lo que se dice un exitazo de taquilla, pero como costó tan poco no tuvo problemas para doblar su presupuesto. Además el boca a boca la trató bien, ganándose pronto un estatus de culto entre los amantes de la ciencia-ficción. En dvd tuvo que vender muy bien, porque a la esperada secuela le dieron 100 millones para que Twohy la hiciera a lo grande… La pega es que Las crónicas de Riddick se alejó mucho de lo esperado, tanto en estilo como en calidad: resulta rara, confusa y malísima. Tuvimos que esperar a la tercera parte, Riddick, para volver a ver al fascinante asesino en una aventura más acorde al estilo de esta pequeña joya que es Pitch Black.

(Entrada actualizada del original publicado el 06/06/2006)

Ver también:
Las crónicas de Riddick.
Riddick.