El Criticón

Opinión de cine y música

Las crónicas de Riddick


The Chronicles of Riddick, 2013, EE.UU.
Género: Acción, ciencia-ficción.
Duración: 119/134 (director’s cut) min.
Dirección: David Twohy.
Guión: David Twohy, Jim Wheat, Ken Wheat.
Actores: Vin Diesel, Colm Feroe, Karl Urban, Judi Dench, Thandy Newton, Alexa Davalos, Keith David, Linus Roache,
Música: Graeme Revell.

Valoración:
Lo mejor: Vestuario y algunos decorados (por calidad, no por diseño). Un reparto sorprendentemente entusiasta.
Lo peor: Guión infame, dirección horrible, dirección artística confusa e irregular, presupuesto muy mal aprovechado.
Mejores momentos: Riddick haciéndose amigo de un perro-alien.

* * * * * * * * *

Alerta de spoilers: Hay spoilers gordos, pero digo yo: qué más da.–

El guionista y director David Twohy sorprendió en el año 2000 con una gratificante serie b de ciencia-ficción que encandiló a los amantes del género y pronto se convirtió en un título de culto, o quizá ni eso, porque lo cierto es que su popularidad es notable. Pitch Black no partía de una base muy original, pero Twohy enriquecía el argumento con detalles muy acertados, recreando un entorno hostil inquietante y atractivo. Además contaba con un grupo de personajes de muy buen nivel, donde destacaba un rol central enormemente carismático, Riddick, encarnado por el musculoso Vin Diesel. Una secuela que siguiera las andanzas de Riddick por el universo era algo muy esperado, pero Twohy decepcionó a lo grande con un despropósito inconmensurable…

Los problemas de Las crónicas de Riddick son muchos, pero el primero es el concepto totalmente equivocado desde el que partió el realizador. La gente esperaba ver un mercenario-delincuente-fugado perseguido por mercenarios cazarrecompensas, y pasa sobre ello de carrerilla para sumergirse en un surrealista y confuso relato sobre una raza de seres místicos llamada Necromongers que va por el universo arrasando con todo. Al parecer buscan la entrada del inframundo o infrauniverso o subuniverso, o algo así, pero no queda claro realmente qué es eso, ni las cualidades de la raza: tiene poderes que no se explican, la naturaleza de sus naves es extraña, lo de invadir mundos en su búsqueda no se entiende… La trama de esta gente presenta una manida e insípida conspiración por el trono, con un rey temible (Colm Feroe), unos súbditos acobardados y traicioneros y una especie de princesa (Thandy Newton) o dama noble (tampoco se explica) bastante inteligente que empuja a su amado (Karl Urban) a ser tan ambicioso como ella. Riddick se ve envuelto en el jaleo por arte de magia, pero luego en un requiebro de guión vergonzoso resulta que sí hay una conexión fuerte con ellos: es el elegido, el superviviente de un planeta arrasado que escapó de las garras del líder para acosarlo ahora que retorna como adulto. Un Harry Potter musculado y asesino, vamos.

El intento de enlazar con Pitch Black a través del musulmán que sobrevivió (Keith David) y la breve estancia en su casa no aporta nada consistente, pero este capítulo lanza la historia principal después de un prólogo que prometía otra cosa (la aventura de supervivencia de Riddick), y presenta el sinsentido que va a ser la película. Aparecen los Necromongers y empieza la fiesta: personajes desubicados en una trama sin mucha cohesión y atractivo, escenas de acción ridículas y llenas de memeces, diálogos acartonados, una puesta en escena muy pobre, salidas de madre surrealistas (los visores, los elementales)…

Entre las cansinas peleas de los necros acabamos porque sí en una cárcel en otro planeta raro, donde tenemos más aventuras sin un arco narrativo tangible, sin un destino claro. Muertes rebuscadas y fugas pretendidamente espectaculares pero demasiado exageradas y con enormes paridas (ese sol que solo calienta donde da, si te cubres a la sombra el clima se mantiene fresquito a pesar de que el resto del planeta está hirviendo literalmente) forman esta especie de subpelícula que termina con un clímax larguísimo lleno de hostias a puños nada llamativas. Nos trasladamos de nuevo a las naves necros para acabar la película con una peleílla de manual en la guarida del villano, adornada con gilipolleces que incluso a estas alturas descolocan (¿esa capacidad de teletransporte de dónde sale?) y un par de sorpresas muy facilonas (el traidor, la posición final de Riddick).

Tanto la trama como el aspecto visual se adornan con elementos que terminan de formar, o más bien deformar, este galimatías. El estilo de los necros es demencial. La mezcla de faraones galácticos en plan Stargate con ese diseño de vestuario y naves salpicados del Dune de Lynch (una especie de armada gótica) y del anime Los Caballeros del Zodíaco (armaduras y armas anacrónicas en gente que domina el viaje espacial) se remata con toques de las fumadas de gente como Giger (diseñador artístico de Alien) y Jean-Pierre Jeunet (realizador de La ciudad de los niños perdidos y Delicatessen), como esos monstruos-visores que no se sabe qué pintan ahí o los interiores de las naves necros, que parecen el nido de los aliens.

Es evidente que Twohy intentó abarcar demasiado y se quedó corto a la hora de darle vida a este universo tan variado (no quiero usar la palabra “rico”), tanto en la narritiva (la falta de cohesión, la mezcolanza de ideas sin objetivo claro) como en lo visual. El presupuesto fue de superproducción, algo más de cien millones de dólares, pero la película parece una obra de serie b hecha con cuatro duros: no gestionó bien los recursos, porque unas partes lucen bien y otras demasiado mal, cayendo hasta el cine cutre en algunos momentos. Hay unos pocos decorados impresionantes, como el interior de la nave necro, enorme y muy detallado (a lo que sumamos el complejo vestuario de sus habitantes), o la cárcel en plan mina abandonada, que contrastan enormemente con el ridículo pueblo de cartón piedra donde vive el musulmán. Algunos planos de los diversos mundos dan bien el pego, tanto en panorámicas como en entorno (los decorados que recrean sus ecosistemas son aceptables), pero en cuanto empiezan a meter naves, humo, polvo y explosiones la mezcla resulta espantosa, pareciendo un videojuego mediocre. Lo de las naves de hecho es incomprensible: son el elemento más antiguo y fácil de hacer en la ciencia-ficción, sea con maquetas o digitalmente, y aquí todas son horribles, no solo por ese diseño grotesco, sino porque cantan un montón a efecto especial barato; luego en cambio nos sacan unos alien-perros, algo extremadamente complejo (movimiento de músculos y tal), y sorprenden por lo bien hechos que están.

Es comparar con producciones que tienen la mitad de presupuesto y lucen diez veces mejor, como Serenity, y queda claro que Twohy ha tirado el dinero de forma extremadamente negligente. Ante este aspecto visual tan caótico y confuso no queda otra que hablar de desastre, incrementado además por la pobre labor de dirección: la fotografía que parece improvisada por un cámara borracho, las escenas de acción chusqueras donde abusa de primeros planos, efectos baratos (flashes constantes para dar sensación de acción) y montaje horrible… ¿Dónde quedó el director que con poco dinero hizo de Pitch Black un título visualmente muy llamativo, que sabía imprimir un excelente tempo narrativo usando sabiamente recursos varios (silencios, iluminación, etc.)?

Algo que sorprende en este despiporre es que los actores se lo toman muy en serio, esforzándose bastante en sus papeles. Si tengo que elegir me quedo con Thandy Newton, con sus miradas intensas llenas de ansias de poder, pero veteranos como Colm Feroe y Judi Dench dejan claro que no están ahí solo para cobrar el cheque, y transmiten seriedad en roles que son risibles. El resto de secundarios está en el mismo tono, destacando a Karl Urban, un valor seguro. Vin Diesel no tiene un papel complejo, su personaje es su físico y porte, y cumple correctamente. La chica que aparece en la cárcel, una desconocida Alexa Davalos, está en esa misma onda. La pena es que como personaje no tenga mucha chicha, a pesar de venir de la primera entrega: es quien se hacía pasar por un chico y se quedó prendada de la forma de vivir de Riddick. Esperábamos que el antihéroe fuera su mentor, pero la reunión de ambos es poco satisfactoria y la muerte de ella en plan cine cutre da penita.

Esta última queja lleva un planteamiento interesante: Las crónicas de Riddick es tan mala que tiene un pie en el cine de pésima calidad y otro en el cine cutre, ese que es divertido por lastimero. Si estuviera metida de lleno en la cutrez hilarante lo mismo podría entretener, pero como no es así resulta un visionado verdaderamente insoportable (y más el director’s cut de dos horas y cuarto). Recaudó 115 millones, así que no fue un fracaso monetario. Twohy tuvo una segunda oportunidad con la tercera entrega, Riddick, donde ofrece lo que debería haber sido esta segunda parte, una emocionante aventura de mercenarios en clave de ciencia-ficción.

Ver también:
Pitchblack.
Riddick.

6 Respuestas a “Las crónicas de Riddick

  1. rogerstark 07/03/2014 en 17:32

    Coincido plenamente. Ya que lo mencionas, ¿Sos de ver anime?

  2. Warren Keffer 07/03/2014 en 19:39

    ¿Lo preguntas por esas pelis de animación que hay? No me había parado a pensar en ellas, aunque sabía que existían. A mí es que eso de que me vendan cosas paralelas a las películas me molesta bastante :P

  3. rogerstark 08/03/2014 en 3:29

    Jeje no, no lo digo por eso; a mí también me molesta lo mismo. Lo digo por la mención a los Caballeros del Zodíaco.

  4. Warren Keffer 08/03/2014 en 13:23

    Esos los vi de chico, y viendo la peli imposible no acordarse. El necro jefe parece un caballero de oro de esos, solo que algo sucio xD

  5. rogerstark 08/03/2014 en 14:56

    jajajajaja

  6. rogerstark 08/03/2014 en 22:18

    Un caballero de carbón XD

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