El Criticón

Opinión de cine y música

Hunger


Hunger, 2008, Reino Unido, Irlanda.
Género: Drama histórico.
Duración: 98 min.
Dirección: Steve McQueen
Guión: Steve McQueen, Enda Walsh.
Actores: Michael Fassbender, Brian Milligan, Liam Cunningham.

Valoración:
Lo mejor: El tramo inicial, bastante prometedor.
Lo peor: Se va perdiendo y perdiendo hasta no quedar nada. El vacile intelectual engulle el relato: los enredos y artificios sustituyen a la descripción de personajes y trama.

* * * * * * * * *

Steve McQueen, ahora en boca de todos con la popularidad de 12 años de esclavitud, se dio a conocer con esta Hunger, aunque realmente su nombre empezó a sonar con Shame. Estas dos producciones son más de autor que su gran éxito, y además bien raritas y extravagantes, con lo que se prestan a que cinéfilos de postín, gafapastas e intelectualoides varios se las den de cultos defendiendo lo indefendible: que estos dos bodrios son peliculones.

Hunger narra en tres capítulos muy diferenciados entre sí uno de los muchos episodios oscuros de Irlanda del Norte con el IRA, el que acabó llevando a la huelga de hambre de presos de 1981. Si desconoces esta historia, que es lo más probable, porque fuera de sus fronteras salvo los realmente interesados en el tema solo tenemos una perspectiva global y superficial, puede que te cueste entrar en la película. Yo tuve que parar y dedicar unos minutos a la Wikipedia, porque McQueen no hace el más mínimo esfuerzo por exponer un poco de la situación, por explicar cómo se ha llegado al punto que da inicio a la proyección, directamente nos sumerge en las acciones de los presos y las reacciones de los guardias. Por ello tiene un público potencial muy minoritario, y se podría decir que si quería llegar a más gente no costaba mucho hacer una introducción más clara, pero supongo que no era su intención venderla más allá de Reino Unido e Irlanda.

La vida en la cárcel, mostrada casi como una película muda, funciona bastante bien. Le falta algo de definición, pero los fanáticos de ambos bandos (porque torturar a gente detenida es igual que ser un terrorista) quedan bien retratados a través de un relato sucio, directo y terriblemente cruel y explícito que será desagradable para muchos espectadores y otros tantos directamente no podrán con ello. Que McQueen juegue a experimentar con la cámara, con muchos planos y escenas rebuscados con alardes y vaciles variados, por suerte no llega a echar por tierra la intensidad de los acontecimientos. Hay unas pocas escenas con enorme fuerza y grandes lecciones que nos negamos a aprender: la violencia no sirve para combatir la violencia.

Pero no es capaz de ir a más en este segmento. Sin argumento tangible, ni exposición de motivaciones en los protagonistas, ni un rumbo claro más allá de mostrar el día a día en la cárcel, la proyección va perdiendo fuelle. Cuando llega el siguiente capítulo cambia de registro a lo bestia, y se estrella por completo. Ahora el diálogo es lo único que lleva la narración. Dos personajes sentados hablando en un plano de casi veinte minutos. Como es esperable, el noventa por cierto es palabrería, charla banal, y por lo tanto es un coñazo absoluto.

El tercer capítulo vuelve a la cárcel, pero ya sin fuerza alguna. La huelga de hambre se muestra con gente tumbada en la cama, enfocando constantemente las llagas y exprimiendo la delgadez extrema a la que se sometió Michael Fassbender, quien adelgazó hasta dar asquito, jugándose la salud para un papel que no merece la pena ese esfuerzo. Pero narración lo que se dice narración, tampoco hay. Planos y más planos de la más absoluta nada.

Lo que empezó prometiendo un título llamativo por valiente y perturbador termina siendo un desastre enorme donde las ansias de distinción, pedantería e intelectualidad mal entendida de Steve McQueen aplastan las bases de cualquier relato: definición de protagonistas, explicación de sus motivos, descripción tangible de entorno y trama, objetivo de la historia inteligible y atractivo de alguna forma. Esos defectos los puliría un poco en Shame, pero también limitaron su potencial. En 12 años de esclavitud sin embargo decidió que ya había demostrado lo listo que era y quería ganar pasta, vendiéndose a los clichés de Hollywood de forma descarada. Pues visto lo visto, este tío no me cae bien.

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