El Criticón

Opinión de cine y música

Pompeya


Pompeii, 2014, EE.UU.
Género: Aventuras.
Duración: 105 min.
Dirección: Paul W.S. Anderson.
Guión: Janet Scott Batchler, Lee Batchler, Michael Robert Johnson.
Actores: Kit Harington, Carrie-Anne Moss, Emily Browning, Adewale Akinnuoye-Agbaje, Jared Harris, Kiefer Sutherland.
Música: Clinton Shorter.

Valoración:
Lo mejor: Entretiene si pones las expectativas al mínimo.
Lo peor: Compendio superficial y vulgar de tópicos, toda escena se ve venir de antemano.

* * * * * * * * *

Otro producto comercial destinado a la taquilla fácil, donde los productores esperan que una historia básica y unos cuantos efectos especiales bastarán para contentar al espectador nada exigente. El guión es algo secundario. Coge de aquí y de allá todos los tópicos de las películas de aventuras (descarado el inicio a lo Conan) y céntrate en los fuegos artificiales, le dicen al pobre currante. Nada nuevo, nada inesperado. Lo que sí sorprende es que a la mezcla no le peguen ni un repaso, porque darle un poco de énfasis, intensidad, personalidad y originalidad sabemos que no lo van a hacer. En un momento dado un personaje dice “Puede sobrevivir 10 minutos”, como si los romanos tuvieran medidas de tiempo modernas, y nadie se dio cuenta del ridículo fallo.

Como resumen o recopilatorio poco trabajado los topicazos se acumulan hasta resultar una de las películas más previsibles, superficiales, acartonadas y lineales que pueda recordar (en la línea de 47 Ronin). Todo en ella es algo que se ha visto antes de una forma u otra. El héroe silencioso y marginado, el amigo que se convierte en inseparable, el malo de manual que es hijo puta por que sí, la princesa simpática, sus padres atontaos… Las fases de la narración siguen también todos los patrones esperables: se sabe de sobra que los papis morirán trágicamente, el villano querrá para sí a la princesa, el héroe luchará contra enemigos humanos y la naturaleza, etc., etc. Escena a escena también se acumulan clichés cansinos, como que todo el mundo muera mientras el héroe se pasea por las calles sin que nada le caiga encima. Si ni siquiera se esfuerzan por forjar la obligatoria sensación de peligro, ¿cómo esperan que nos impliquemos? Sabemos en todo momento lo que va a suceder, cuándo los buenos sufrirán y cuándo el malo morirá humillado y la pareja se reencontrará aunque sea para morir abrazaditos. Los actores no pueden hacer mucho con personajes tan planos, y a Kit Harington le falta carisma para levantar una figura central de este tipo, ese que sí tiene por ejemplo su compañero Adewale Akinnuoye-Agbaje. Hasta la música es un refrito facilón del género, de hecho incluso tiene temas de la serie Spartacus para rellenar.

Con cien millones de presupuesto la considero una superproducción de primer orden, pues aunque las más gordas estén rozando los doscientos desde hace pocos años estas son casos aislados y de reembolso asegurado. Pero es un dinero que no luce del todo. Cumple en algunos casos, pues los paisajes, la ciudad y el volcán explotando son bastante efectivos (aunque no tanto como para transmitir realismo completo y dar un espectáculo que impresione), pero en otros falla bastante, pues las pantallas de fondo a veces cantan mucho (las carreras finales por la ciudad en plena destrucción son bastante malas, por ejemplo). La labor de dirección de Paul W.S. Anderson (Horizonte final es lo único restacable de su currículo, una serie b aceptable) resulta normalita sin más, aunque también falla en momentos clave, como la citada persecución final, muy mal resuelta. El vestuario es digno pero arrastra un tópico que me resulta sorprendente dada la cantidad de material histórico disponible: ¿por qué se empeña Hollywood en que los romanos se chiflan por los brazaletes ornamentados hasta el punto de que a veces parece que llevan armaduras de los Caballeros del Zodiaco? Los hombres llevaban los brazos libres siempre.

Por suerte, aunque sea un relato tan desganado que a veces resulta enervante y su calado emocional es mínimo, salvo un par de momentos puntuales (ese cuello de caballo roto casi sin esfuerzo) no cae en lo cutre, en la vergüenza ajena, no llega a ser realmente mala o estúpida. Pero a fin de cuentas es otro título comercial que roza el insulto al espectador por el poco esfuerzo que se ha puesto en su confección, y aunque resulta lo suficientemente simpático y aceptable como para no dar asquito sí deja completamente indiferente, y viendo las críticas para muchos ha resultado tiempo malgastado. Si desconectas se puede ver, ¿pero merece la pena el esfuerzo?

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