El Criticón

Opinión de cine y música

Her


Her, 2014, EE.UU.
Género: Dama, romance.
Duración: 126 min.
Dirección: Spike Jonze.
Guion: Spike Jonze.
Actores: Joaquin Phoenix, Amy Adams, Scarlett Johansson, Rooney Mara.
Música: Arcade Fire.

Valoración:
Lo mejor: Buenas intenciones.
Lo peor: En el fondo, llena de topicazos y predecible. En el exterior, nada novedosa y bastante pretenciosa.

* * * * * * * * *

El guion apuntaba maneras, al menos en intenciones y calado. El análisis de las relaciones personales y amorosas en un futuro cercano en el que las nuevas tecnologías dominarán aún más la vida y el comportamiento de los seres humanos se presenta realista y promete ofrecer atractivos planteamientos. Pero una cosa son las intenciones, y otra el resultado. El relato del que parten para explorar esos conceptos es muy obvio, las ideas que analiza no son nuevas (no sé cómo el público se ha sorprendido tanto, será por falta de bagaje) y el envoltorio tampoco sorprende y resulta muy artificial.

La parte romántica, que supone la base de la película, no deslumbra lo más mínimo, porque Spike Jonze no es capaz de darle una perspectiva más intensa y genuina a una historia muy clásica y con numerosos tópicos. Tenemos la típica pareja rota con un miembro que sigue su camino y otro que se estanca, siendo incapaz de tener más relaciones sanas hasta que la amistad con otra persona lo pone en buen camino. Escenas enormemente predecibles (la cita para firmar el divorcio, el apoyo en la amiga) se alternan en una aventura que oscila entre lo cursi y lo pedante sin hallar un buen equilibrio y donde solo algún buen episodio (la brevísima pero estupenda aparición de Olivia Wilde) es capaz de emerger entre el aburrimiento que transmite.

En cuanto al análisis de la evolución del ser humano inmerso en las absorbentes nuevas tecnologías, resulta evidente que el aquí mostrado es el camino que seguimos, con lo que tampoco veo nada sorprendente, y más cuando no es la primera vez que se aborda la dependencia total (incluso afectiva) de las redes de comunicación. La novela Fahrenheit 451 (Ray Bradbury, 1953) lo hacía con la televisión, el cyberpunk lo ha tratado de diversas formas con internet y derivados, y sobre todo la serie Black Mirror (2011) está exponiendo en cada capítulo un estudio distinto sobre el impacto negativo de las nuevas tecnologías en las sociedades humanas. De hecho, paralelo al estreno de la película llegó el primer capítulo de la segunda temporada, Vuelvo enseguida, cuyo parecido es notable en argumento y tono, reflejando que llegar a esta historia y conclusiones no es algo novedoso y menos revolucionario a pesar de que la crítica la pone como una película única y rompedora. También he visto comentar que bebe mucho de Lars y una chica de verdad y Ruby Sparks, en las que el protagonista se enamora de una muñeca y un personaje de ficción respectivamente.

Vuelvo enseguida de hecho supera a Her, aunque no fuera un episodio memorable. Es mucho más directo, conciso y equilibrado: va al grano sin rodeos, te suelta todos los mensajes para que los mastiques a tu gusto, y sobre todo no se desvanece en una historia de amor predecible ni busca un envoltorio pretencioso que trate de disfrazar esa simpleza. Her da mil vueltas sobre lo mismo, tarda muchísimo en exponer ideas sencillas y evidentes, desaprovecha bastante sus personajes, se enfoca demasiado hacia el aspecto visual (que engulle el contenido más veces de la cuenta), y además hacia el final toma un giro muy extraño. El trasfondo de ciencia-ficción toma protagonismo y llega un momento en que parece que estamos viendo el nacimiento de Skynet (el ordenador que toma consciencia y se rebela contra la humanidad en Terminator). Entiendo que querían separar al protagonista de la amada virtual, pero había formas menos rebuscadas y que no desviaran tanto el ritmo y tono previos. De este lado de la película también hay poco que rescatar, quizá el lastimero el viaje a la playa con la novia virtual, es decir, que el tío va de vacaciones con la única compañía del teléfono.

La puesta en escena obviamente también pretende reflejar ese futuro luminoso por fuera (vidas cómodas gracias a la tecnología) y solitario y deprimente por dentro, pero tampoco resulta una labor sorprendente y genuina. Las localizaciones elegidas son fantásticas (mitad Los Ángeles mitad Shanghai) y la fotografía capta bien la belleza gélida de la urbe moderna, pero la técnica empleada está bastante vista ya, parece un calco de títulos recientes como Shame o Lost in Traslation. Los mismos planos de la metrópolis y sus grandes edificios de cristal, llena de color pero a la vez fría y deshumanizada, las mismas escenas en trenes (rostros apoyados en el cristal, reflejos) y restaurantes, los mismos hogares modernistas pero sin calor humano… Se puede hacer una comparativa por imágenes y las tres películas parecen iguales, plano a plano es un déjà vu constante porque siguen el manual de “cómo ser un hipster pretencioso paso a paso”. Además parece un maldito anuncio de colonia: tanto plano milimétricamente elegido, tanta escena obsesionada con sacar el encuadre más llamativo y colorista, y mientras, se olvida del tempo narrativo. Hay numerosas secuencias que de primeras entran muy bien por los ojos, pero luego resulta que están vacías, por lentas e inertes. Donde sí destaca algo de buen hacer es en el detallismo, pues la descripción del entorno y de muchas situaciones se expone sutilmente: un fugaz plano a un peatón basta para reflejar que el protagonista no es el único embarcado en esa extraña aventura amorosa, por ejemplo.

Si la salvo del suspenso es por los pelos. La descripción de personajes es buena, aunque con su lentísima evolución y lo previsible de la trama no se explota su potencial, y los actores están muy correctos. Joaquin Phoenix encarna a un efectivo reflejo del treintañero urbano (un hipster de tomo y lomo), aunque debo decir que la recepción crítica ha sido desmedida, es un papel profesional pero no notable, ha tenido trabajos muchísimo mejores (Gladiator a la cabeza, pero también Señales o La noche es nuestra). Scarlett Johansson enamora solo con la voz. Rooney Mara es ya un valor seguro, y Amy Adams más aún, es una actriz enorme y aun teniendo un papel pequeño y sencillo está muy creíble (aunque eso de maquillarla para que parezca fea es gracioso, pues es uno de los rostros más hermosos del momento). Y sin duda, aunque no sean nuevos y están dispersos en un metraje muy estirado y superficial, se pueden sacar algunos interesantes e inquietantes pensamientos sobre nuestro porvenir: soledad y aislamiento, relaciones ficticias, etc.

Pero no tiene mucho más. Es de suponer que la película debería resultar triste y esperanzadora a la vez, que tendría que contagiarse la soledad y melancolía de los protagonistas, que en algún momento deberíamos desear que fueran capaces de salir de su letargo… Pero lo único que conseguí fue aburrirme soberanamente. Ni el guion ni la dirección de Jonze logran dotar de vida al relato, no es capaz de ofrecer una conmovedora tragedia emocional y social como se intuye que pretendía y como evidentemente debería ser. Termina resultando un filme tremendamente aséptico y distante, lastrado además por sus ínfulas pretenciosas y por su abultada longitud: dos horas para mostrar tan poca cosa es a todas luces un error, habiendo no pocos tramos soporíferos. La crítica entusiasta de los medios (siete nominaciones a los Oscar, siendo una obra ajena a sus tendencias, es inexplicable) y del escaso público que la ha visto (45 millones de recaudación) me resulta muy sorprendente. No tiene calidad, fuerza, alma, autenticidad ni novedades suficientes como para resultar impactante, no sé dónde radica su capacidad para hechizar a quienes la ven.

Una respuesta a “Her

  1. Luis 30/06/2014 en 4:55

    Completamente de acuerdo con tu análisis

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