El Criticón

Opinión de cine y música

Archivos mensuales: enero 2015

La entrega


The Drop, 2014, EE.UU.
Género: Thriller.
Duración: 106 min.
Dirección: Michaël R. Roskam.
Guión: Dennis Lehane.
Actores: Tom Hardy, Noomi Rapace, James Gandolfini, Matthias Schoenaerts, John Ortiz.
Música: Marco Beltrami.

Valoración:
Lo mejor: La calidad de los personajes e intérpretes. El tono europeo: más originalidad y menos acción superficial.
Lo peor: Lenta e incapaz de ir al grano: se hace aburrida.

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La entrega es la última película del gran James Gandolfini, que se hizo un hueco en la historia del séptimo arte con un papel televisivo, el del mítico Tony Soprano, pero en cine no terminaba de despuntar. Encarna a un camarero con lazos con la mafia chechena que en otros tiempos disfrutó de una mejor posición y mayor respeto, y su interpretación tiene lo justo de amargura y melancolía como para hacer creíble al personaje, pero lo cierto es que no destaca mucho; más o menos igual estuvo en otra estrenada póstumamente, Sobran las palabras, dando la sensación de que Los Soprano no encontró un papel que le entusiasmara. Además no es el protagonista principal, pues este recae en un roba escenas nato y un talento en alza, Tom Hardy, quien hace suyo desde la primera escena al buenazo de andares raros y quizá algo corto de mollera pero que esconde más de lo que aparenta. Recuerda mucho al protagonista de Rundskop (más conocida con su título en inglés, Bullhead), con la que se dio a conocer el director Michaël R. Roskam. Noomi Rapace, anclada en chicas torturadas y desvalidas, a las que ciertamente capta muy bien, es la mujer de la función, un poco cliché de primeras (víctima a rescatar) pero que termina resultado bastante adorable.

El tono europeo del guión (Dennis Lehane, experto en vender sus novelas al cine) de primeras es un aliciente, porque garantiza un relato que se aleja de los topicazos de Hollywood (narración predecible adornada con predecibles escenas de acción) y sobre todo porque pone mucho énfasis en los personajes, en cómo enfrentan la situación emocionalmente, no sólo en cómo agarran la pistola y resuelven todo heroicamente. Pero esa virtud se limita a los protagonistas, todos muy humanos y con los que se conecta inmediatamente, porque la trama es simple y no se desarrolla bien. El ritmo es lento de por sí y se ve retenido aún más por subtramas completamente innecesarias, como la anodina investigación del detective, quien finalmente no tiene nada que aportar al relato, o por los capítulos que se estiran con conversaciones triviales y los que reinciden una y otra vez en cosas ya expuestas (cuántas veces nos van a decir que Deeds está loco y es una amenaza, por ejemplo).

Es una pena que una película que prometía ofrecer algo distinto se quede en tan poca cosa. De hecho hubo tramos que me aburrieron bastante. Al menos el largo capítulo final está bastante bien, y sobre todo los personajes llegan con intensidad y logran que al menos algo recuerdes de ella.

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Pájaro blanco de la tormenta de nieve


White Bird in a Blizzard, 2014, EE.UU.
Género: Drama.
Duración: 91 min.
Dirección: Gregg Araki.
Guión: Gregg Araki, Laura Kasischke (novela).
Actores: Shailene Woodley, Eva Green, Christopher Meloni, Shiloh Fernandez, Gabourey Sidibe, Thomas Jane, Mark Indelicato.

Valoración:
Lo mejor: El tono melancólico y algunos apuntes de guión la distinguen en un género muy repetitivo.
Lo peor: Pero no se aprovecha, y se diluye hasta quedar en poca cosa: se ve y se olvida.

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Medio escondido tras un thriller ligero encontramos un clásico drama sobre el proceso de maduración, el paso de niño o adolescente a adulto. La atmósfera de thriller y la narración no lineal (vamos conociendo la historia familiar en flashbacks) le da un toque entre oscuro y melancólico que aporta una pizca de originalidad a un género muy trillado y sobre todo muy limitado, porque hay poco que contar sobre la vida de un adolescente que no se haya contado ya. Otra virtud es que la fuerza del carácter central promete un buen nexo de unión entre el relato y el espectador.

Pero nunca termina de desplegar el potencial que tiene. No logra decantarse por un género (thriller, adolescencia, dramón), con lo que no parece una película muy centrada… y de hecho el ritmo es bastante lento, moroso en algunos tramos, y la narración no lineal, eficaz en un principio, conforme avanza la película se torna contraproducente, por aportar poco o directamente ser reiterativa. También termina siendo tramposa, porque da un puñado de pistas falsas para que luego nos cuelen un giro bastante forzado. Aunque lo cierto es que no llegó a molestarme, en parte por cierta desconexión en el tramo final, en parte porque me interesaba más el viaje psicológico de la chica que el trasfondo de misterio.

Es esa adolescente madura, simpática y valiente quien sustenta la cinta, y en gran parte por la natural y emotiva interpretación de Shailene Woodley. La familia aporta lo justo del típico matrimonio agonizante (padre apagado y distante, madre deprimida) que garantiza un entorno donde crecer como marginado antisocial o como persona que se fortalece rápido. El primer caso está muy sobado en el género, y por suerte estamos ante el segundo, con una chica decidida y carismática que resulta encantadora; atención a su aventura sexual con el detective, por ejemplo. Una comparación obvia es Las ventajas de ser un marginado (The Perks of Being a Wallflower), que sería un claro ejemplo de la primera situación. Dicho título está adquiriendo un estatus de culto que no comparto, porque me aburrió un montón (tanto que ni escribí sobre ella), mientras que la aquí comentada me ha parecido más realista, incluso con el thriller de por medio, y emocionante, aunque tampoco llegue a ser una gran obra y también se olvida en cuanto se ve.

El guionista y director Gregg Araki parece haberse afincado en el género adolescente, aunque todavía no ha logrado un título que lo haga destacar en el panorama del cine independiente.

Alejandro Magno (Final Cut)


Alexander, 2004, EE.UU.
Género: Histórico.
Duración: 214 min.
Dirección: Oliver Stone.
Guión: Oliver Stone, Christopher Kyle, Laeta Kalogridis.
Actores: Colin Farrell, Anthony Hopkins, Rosario Dawson, Val Kilmer, Jared Leto, Elliot Cowan, Joseph Morgan, Ian Beattie, Rory McCann, Francisco Bosch.
Música: Vangelis.

Valoración:
Lo mejor: Es una película completamente distinta a la chapuza estrenada en cines. Resulta una trabajada e interesante aproximación histórica a Alejandro Magno y su época.
Lo peor: Algunos pasajes tienen poco ritmo, y en general le falta fuerza y carisma como para dejar huella en la memoria.
Mejores momentos: Las dos batallas, Gaugamela e India.
La frase: Si estos mitos nos llevan a las grandes glorias… ¿por qué está mal seguir lo que queremos?
Las distintas ediciones: Cines (175 min.), Director’s Cut (167 min.), Final Cut (o Alexander Revisited, The Final Cut, 214 min.), Ultimate Cut (207 min.). Creo que ninguna de las buenas ha llegado a España, me temo.

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Alejandro Magno fue un proyecto personal al que Oliver Stone dedicó un montón de años hasta que consiguió que viera la luz… y otro montón después intentando arreglar el fallido montaje estrenado en cines. Según declaraciones del realizador, la chapucera versión inicial se debió a las prisas en el caos de la post-producción, donde es evidente que le exigían un largometraje por debajo de las tres horas, entre otras condiciones que lo obligaban a alejarse del guión original e improvisar de mala manera, como limitar las referencias homosexuales.

Empezó a arreglar el desaguisado con el Director’ Cut, pero me temo que esta versión todavía sigue parámetros (y seguramente también directrices) comerciales: su duración se reduce respecto al original y se siguen eliminando pasajes polémicos (la homosexualidad de nuevo). Era una versión destinada al alquiler y los pases por televisión, y más concreto en el mercado estadounidense. Pero aquí ya apuntaba a una estructura narrativa más meditada: muestra los hechos de forma no lineal (de hecho empieza con la gran batalla) para explicar mejor las motivaciones de Alejandro.

Parece ser que vendió muy bien, porque Stone tuvo carta blanca sacar la versión definitiva, la Final Cut, donde pudo mostrar su película sin limitación alguna. Tanto que años después pensó que se excedió en el metraje y sacó una un poco más corta, la Ultimate Cut. Yo he visto la primera y supone una película completamente distinta y muy superior a la estrenada en cines, pero es cierto que se podría recortar un poco, así que recomiendo la última y supuestamente ya la definitiva.

En el estreno en cines fue vapuleada por crítica y público, definida casi unánimemente como un coñazo. Yo la vi, me aburrí hasta la desesperación y la olvidé sin mucho esfuerzo durante años, hasta que leí sobre las mejoras de las últimas versiones. Por lo poco que puedo recordar, no lograba imprimir interés a la odisea de Alejandro, su personalidad no mostraba un buen dibujo, los secundarios resultaban anodinos y el ritmo era desastroso al no tener un objetivo narrativo claro ni unos protagonistas con densidad. Pero eso ha quedado atrás y sin duda conviene olvidarlo.

Ahora el acercamiento a la mente de Alejandro se trabaja con esmero. Sus miedos internos, sus anhelos, sus ambiciones, las decisiones y sus consecuencias, los mil y un problemas que enfrenta… Todo ello se va mostrando a través de saltos en el tiempo, alternando eventos de su infancia con su gran epopeya, de forma que se expone su crecimiento y su odisea con una coherencia y atractivo de la que careía la primera versión. Es decir, el viaje interno es paralelo al viaje externo, pues cada nueva aventura va acompañada de la maduración del personaje, eliminándose así la sensación de monotonía que despertaba ver anécdotas enlazadas en fila sin seguir un objetivo tangible. Las leyendas troyanas siembran la semilla por el deseo de aventura, conquista y fama eterna. Una madre ambiciosa hasta rozar la locura y algunos conflictos con su padre apuntalan su deseo de irse lejos y también sus problemas para formar una familia. Los recelos y traiciones de sus generales quedan mejor mostrados. En definitiva, Alejandro resulta un buen personaje, uno al que seguir con interés. Es cierto que el guión a veces se topa con la falta de textos históricos que expliquen algunas cosas, por ejemplo el extraño matrimonio con esa don nadie de las tribus de las montañas, pero los rodea bien gracias a la narración de Ptolomeo.

Siguiendo con la fidelidad histórica, aquí hay que hacer frente a algo muy complicado: la cantidad de material que se puede abarcar en una película, por larga que sea, está muy restringida por metraje y porque además hay que mantener el interés y profundidad necesarios para no aburrir y lograr un relato fluido e inteligible. En eso las novelas históricas parten con una gran ventaja. El filme reconstruye muy bien la epopeya de Alejandro, pero recorta algunas cosas del inicio de su viaje: pasamos de la adolescencia a la conquista de Persia, dejando en el camino sus primeros pasos como rey de Macedonia (donde afianza su posición ante los contrincantes que surgen tras la muerte del padre) y un capítulo tan importante como es la conquista de Egipto, su nombramiento como Faraón y la fundación de la Alejandría más conocida.

Pero hay que decir que incluso con estas notorias mejoras dista de ser una gran película. Sus limitaciones y aspectos mejorables son evidentes. Eso sí, fallos importantes no le veo, simplemente se queda corta en muchos elementos, el principal, su capacidad para dejar huella. Tres horas y media que no se hacen largas es indicativo de una buena película, pero le falta mucho para resultar recordable.

Los secundarios más importantes ganan en presencia y trascendencia, pero no me parece suficiente. Para el enorme metraje con el que cuenta la cinta, los generales de Alejandro deberían haberse desarrollado más. Algunos solo cobran vida cuando llega su momento de conflicto con él, otros quedan relegados a breves escenas. Por el lado contrario, el de no saber ir al grano, hay algún tramo donde se reincide demasiado en la influencia de la madre en él, y llega a resultar un poco cargante.

También se puede señalar un ligero exceso de metraje, algo que como indicaba se supone que corrige en la Ultimate Cut. Hay tramos que parecen perder algo de fuelle, otros se ven un tanto innecesarios o alargados; ninguno llega a causar estragos, excepto quizá el discurso final de Ptolomeo, que es demasiado largo y se va por las ramas cuando la película requería un final más contundente. También tenemos algún ejemplo inverso: a pesar del tiempo dedicado a cada paso del viaje hay alguno que se da de golpe y no se entiende bien. En esta línea destaca que la batalla en la India empieza y acaba sin que sepamos contra quiénes lucha y por qué. ¿No había realizado ya pactos con los hindúes, comido con ellos, etc.? La voz en off, que tan bien explica algunos pasajes complicados (como la persecución de Darío), aquí se echa de menos.

La puesta en escena es de muy buen nivel, pero dado el género cabría esperar bastante más. Sólo deslumbra en las batallas, gracias a la excelente planificación de las mismas: la estrategia, su desarrollo y los problemas de los generales quedan bien reflejados, y la lucha en sí resulta espectacular. Pero la película es en su mayor parte pausada, una combinación de aventura de descubrimiento terrenal (nuevos lugares y culturas, nuevos retos) y emocional (la evolución personal Alejandro), y aunque cumple de sobras no alcanza cotas que te dejen boquiabierto, la belleza de lugares exóticos (Babilonia, desiertos, India, etc.) no impresiona ni se graba en la retina; y en el lado intimista a veces peca de abusar de primeros planos cerradísimos sobre los rostros. Los efectos especiales (la recreación de ciudades antiguas, los ejércitos desde lejos) cumplen bien pero podrían ser mejores. Y es inevitable citar un recurso extraño que no me convence: el filtro rojo usado cuando la batalla de la India se tuerce molesta un poco y dura demasiado. Finalmente, la música de Vangelis también es muy correcta pero tampoco impresiona, le falta algo de expresividad, es bastante convencional.

El reparto fue polémico antes de ver las interpretaciones, porque el físico de algunos intérpretes principales no parecía pegar mucho y porque al parecer a mucha gente no le cae bien Colin Farrell. Y no lo entiendo, es un actor muy bueno, no hay más que ver sus papelón en Escondidos en Brujas y otras buenas interpretaciones (Tigerland, Dead Man Down… ). Será que se esperaba una estrella tipo Brad Pitt, como en Troya, al que el público acepta aunque su Aquiles fuera un pésimo papel. Farrell muestra bien las distintas etapas de la vida de Alejandro, y sobre todo las diversas emociones del mismo, pues es una cinta muy introspectiva. Sin embargo, es cierto que de cumplir sin fisuras a asombrar hay un trecho: no logra un papel que llegue con intensidad y cale en la memoria. La que sí falla es Angelina Jolie como Olympias, pues es la que cumple eso del físico inadecuado. Canta mucho que la madre parezca más joven que el hijo, que esté siempre demasiado bella según cánones actuales, incluso en su vejez (le ponen unas pocas canas y listo); y su limitada actuación lo empeora. En los demás intérpretes estamos en la misma situación que el resto de elementos del filme: todos son buenos profesionales, pero les falta la puntada de carisma que consiga que causen impacto.

Con este resultado que no alcanza el notable difícilmente Alejandro Magno podrá borrar la mala impresión global que causó con su fallida primera versión, porque sólo cinéfilos o amantes del cine histórico se arriesgarán a darle otra oportunidad sabiendo que, primero, requiere cierto esfuerzo, porque es muy larga y pausada, y segundo, probablemente no te va a dejar un gran recuerdo. Con todo, debo reivindicarla como una película más que digna, sin fallas notables, que se esfuerza en buscar rigor histórico y en contar bien las cosas.

Magia a la luz de la Luna


Magic in the Moonlight , 2014, EE.UU.
Género: Comedia, romance.
Duración: 97 min.
Dirección: Woody Allen.
Guión: Woody Allen.
Actores: Colin Firth, Emma Stone, Marcia Gay Harden, Eileen Atkins, Hamish Linklater, Simon McBurney,

Valoración:
Lo mejor: Los personajes son interesantes, la trama sencilla pero amena.
Lo peor: Le falta garra, ritmo y resulta muy predecible además de algo forzada.

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Un mago, escéptico hasta la médula, es llamado por un amigo para comprobar juntos si una chica que dice ser vidente podría ser la prueba que derrumbe su concepción del universo.

El punto de partida promete una comedia de enredo donde además poco a poco aparece el romance, y el dibujo inicial de los personajes es también atractivo, sobre todo el del protagonista (Colin Firth). Pero esa gran comedia que parece guardar el planteamiento no llega a madurar nunca. Hay varios factores que se unen para frenar sus posibilidades. La historia carece de originalidad, sigue un camino muy predecible y además se la ve como encorsetada, anclada en una dinámica muy limitada. Es decir, se repiten el mismo tipo de escenas una y otra vez (cansinos paseos en coche), se fuerzan tópicos (la lluvia los aísla y acerca), e incluso se incluyen giros que parecen metidos con calzador para forzar tal o cual cambio en el personaje en el momento exacto (el accidente y la visita al hospital es muy artificial).

La relación amorosa, como extensión de esas limitaciones, no termina de funcionar. Los diálogos tienen la huella de ingenio de Woody Allen y ofrecen divertidos juegos de ataque y defensa entre la pareja, pero no basta, porque no hay química (los actores tienen parte de culpa: ni Firth ni Emma Stone terminan de congeniar) y la evolución es muy facilona, incapaz de sorprender y emocionar. La intriga por ver cómo desvelarán la farsa o descubrirán la auténtica magia lleva mejor ritmo… pero tampoco tiene giros genuinos, y por extensión el final se huele a distancia.

Lo mejor es que el trasfondo buscado por Allen no se diluye en la simpleza del guión. Los mensajes sobre las esperanzas, el amor, lo que necesitan creer los humanos para seguir viviendo, etc., se intuyen sin problemas. El protagonista más que escéptico es cabezón irracional hasta el punto de que ni cree en el amor, pero la situación le hará comprender tanto las debilidades de las personas, esas que las llevan a creer en fantasías, como las suyas propias: reconocer que los sentimientos no se pueden medir con el rigor científico que pretende. Y por ello es una pena que la maduración del personaje no consiga engrandecer la pobretona historia de amor.

Nunca llega a decaer hasta el aburrimiento, tiene cierto encanto (personajes simpáticos, escenario vistoso y puesta en escena colorida) y entretiene sin problemas, pero resulta intrascendente y se olvida en cuanto termina la proyección.

Corazones de acero


Fury, 2014, EE.UU.
Género: Acción.
Duración: 134 min.
Dirección: David Ayer.
Guión: David Ayer.
Actores: Brad Pitt, Shia LaBeouf, Logan Lerman, Michael Peña, Jon Bernthal, Jason Isaacs.
Música: Steven Price.

Valoración:
Lo mejor: Como entretenimiento cumple.
Lo peor: Pero va muy justa en todo, está llena de tópicos y es enormemente predecible.
El trailer: Estamos ante otro lamentable caso en que el trailer principal te desvela la película entera escena a escena. Por suerte no lo vi hasta después de ir al cine, por curiosidad por cómo lo enfocaban. Y es que ya evito verlos, sabiendo lo que hay.

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En Sin tregua (End of Watch) David Ayer se marcó una aventura policial de lo más vulgar, pero la adornó con altas dosis de drama y sensacionalismo baratos de comprobada eficacia entre el público facilón y tuvo una buena recepción crítica (de los que la vieron, fue una cinta menor con escasa taquilla). Yo la vi y la olvidé, no tenía nada digno de destacar y sí muchas cosas que criticar (la forzada puesta en escena en plan metraje encontrado era muy cargante). Luego se lanza a hacer cine original y arriesgado con Sabotage, le sale una estupenda cinta de acción… y todos le dan la espalda. ¿Qué hace entonces? Pues volver a la fórmula de simpleza y topicazos que parece tener éxito.

Así, Corazones de acero se anuncia como una supuesta cinta bélica épica y descarnada, pero resulta ser otra de acción comercial, llena de clichés y con una trama y personajes harto predecibles. No aporta ni una escena o idea original al género, y tampoco presenta un drama que se aleje lo más mínimo de historias contadas decenas de veces. Sólo con un público que parece no haber visto un filme bélico en su vida puede funcionar este compendio de tópicos.

El grupo protagonista se compone de los patrones más rancios. El sargento duro en principio pero que luego resulta ser un gran amigo, el novato que tiene que hacerse un hueco, el simpático, el tonto peleón y el misterioso o reservado (religioso en este caso). Se podría decir que partir de un frente común no tiene por qué dar malos personajes, pero es que la evolución sigue el mismo camino de tomar todo lo conocido y plantarlo ahí sin darle el más mínimo toque distintivo. En cuanto se ve la dinámica se puede intuir en qué orden llegarán los capítulos que irán haciendo progresar las relaciones del grupo: la presentación de la banda, la inclusión del novato, la emboscada de relleno a media película, la entrada en el pueblo, el receso con las chicas (porque hay que meter alguna hembra), la pelea entre tanques…

Y me temo que no hay un argumento más allá de avanzar por la guerra y mostrar la vida de esos personajes. Si en ellos falla tanto, en la descripción del entorno no parece que pudiera sorprender, y efectivamente tenemos más de lo mismo. Como decía, Ayer se cree estar dando forma a un gran drama bélico, pero sólo sabe poner capas de pintura en un relato muy básico. En el guión trata de mostrar la dureza de la guerra (el blandengue novato enfrenta la muerte y la crueldad) y lanzar algunos mensajes trillados (como que en el conflicto la humanidad se deja de lado y aplicando justicia y ética no puedes sobrevivir). En la puesta en escena fuerza el tono con musiquita trágica (aunque no esté pasando nada), planos a detalles varios (muertos, refugiados) y alguna muerte truculenta. Pero entre lo impostado que resulta y la sensación de que todo se ha visto ya y no se usa con sabiduría, la atmósfera nunca alcanza las intenciones buscadas. Un buen ejemplo de esta fallida dualidad entre cinta de corte serio y cinta comercial es el capítulo de los soldados saqueando y violando. Por un lado pretende recalcar la pérdida de humanidad (con otros tantos clichés), por el otro, no puede poner a los protagonistas principales violando, que no vende, y se inventa un romance momentáneo de lo más vergonzoso.

La labor de dirección, bastante limitada, ayuda aún más a que se desvanezca el potencial. ¿Dónde está el Ayer dinámico y hábil de Sabotage? No saca provecho de los exteriores ni de los pueblos, pareciendo una serie más que una película (Hermanos de sangre luce muchísimo mejor), y sobre todo, no hay sensación de claustrofobia en el tanque y las batallas no causan conmoción alguna. Cuando ataca el Tiger diezmando la columna de tanques protagonistas debería transmitirse sufrimiento y tensión… pero entre que sabes perfectamente qué pasará y la poca fuerza de las imágenes, pasa como los demás episodios: sin dejar huella.

Una mención aparte merece la inclusión de un recurso claramente comercial muy absurdo: Ayer se empeña en dibujar las balas cual láseres de La Guerra de las Galaxias o Star Trek para que veamos por dónde van los tiros. Supongo que es mitad efectismo barato para enfatizar la acción y mitad ponérselo fácil al espectador objetivo de la película, el que tiene que recibir todo mascadito.

Hasta el capítulo final cumplía bastante bien como entretenimiento intrascendente, aunque se venda como otra cosa, pero entonces todos los fallos se acumulan hasta que se viene abajo.

Alerta de spoilers: El siguiente párrafo contiene spoilers gordos del final, pero vamos, es algo que se intuye a media película.–

La batalla suicida en plan remedo exagerado de Tiempos de gloria (y mil más del estilo) es digna del cine de Michael Bay. ¿Cinco contra trescientos? Venga ya, hombre. Es increíble lo forzadamente que mete Ayer el final épico-trágico de todos muertos en una batalla desigual. Una batalla que no debería haber tenido lugar, que era totalmente evitable. ¿Morir para nada es mejor que retirarse para dar la alarma? Surrealista. Y cómo no la supuesta épica hace aguas por todas partes. Los malos de papel atacan en oleadas que los protagonistas puedan manejar, se olvidan de las granadas y sólo sacan los lanzacohetes al final, pero tampoco saben usarlos. Además parece rodado en una cochera, por no decir que el brusco cambio entre día y noche para poner unos planos molones con el fuego de fondo es descarado. Por supuesto los buenos irán muriendo en perfecto orden de importancia, y cada muerte irá acompañada de la escenita lacrimógena de rigor donde los malos se toman un descanso para que lloremos a los muertos.

Alerta de spoilers: fin de spoilers.–

Tanto dramón de postín me sacó por completo de una película que no apuntaba maneras pero que hasta entonces valía para pasar el rato. Le doy un aprobado porque nunca llega a ser mala, porque a pesar de su tono simplón pero creído no me hizo rechinar los dientes hasta el lastimero desenlace. En mi caso lo mejor fue que en cuanto terminó supe que la olvidaría en dos días, y además salí recordando a Los violentos de Kelly

Tusk


Tusk, 2014, EE.UU.
Género: Thriller, terror, comedia.
Duración: 102 min.
Dirección: Kevin Smith.
Guión: Kevin Smith.
Actores: Justin Long, Michael Parks, Haley Joel Osment, Genesis Rodriguez, Johnny Depp.
Música: Christopher Drake.

Valoración:
Lo mejor: Fingir que no existe.
Lo peor: Insoportable, una pérdida de tiempo total
El título: Tusk significa cuerno.

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Entre sus muchos proyectos humorísticos Kevin Smith tiene un podcast (un programa de radio que emite por internet) llamado SModcast, donde él y sus invitados hablan de temas variados. Una de las historias que allí relataron sirve de base para esta Tusk, que pretende además ser el inicio de una trilogía llamada True North Trilogy.

Dos jóvenes que realizan un podcast se han hecho famosos y bastante ricos. Preparando próximos programas uno de ellos viaja a Canadá para entrevistar a un tipo de los que parodian en el show, es decir, otra “figura” de internet. Pero el protagonista acaba en garras de un lunático y será presa de sus crueles experimentos.

Tusk es comedia de terror, no de las estúpidas tipo Scream, ni de las ingeniosas tipo La cabaña en el bosque, sino más de descolocar con salidas extrañas, humor absurdo, y situaciones grotescas a lo The Human Centipede. Pero ni da miedo, ni causa gracia alguna. Es caótica y aburrida hasta resultar verdaderamente insoportable. Capítulos larguísimos carentes de ritmo y contenido, diálogos inflados que no llevan a nada, personajes que prometían pero se estiran y deforman hasta acabar resultando cansinos, situaciones salidas de madre que no causan impresión alguna porque son giros metidos porque sí sin atender a la progresión de la intriga, el drama y el humor. Es como una serie de sketches puestos en fila, pero todos horrendos y anticlimáticos.

La puesta en escena me parece más equilibrada que en Red State, pero sin guión poco puede hacer, y además una escenificación tan estática no ayuda al ritmo. El reparto es irregular, algunos porque los personajes no dan nada de sí. El protagonista Justin Long y sus muecas me ponen nervioso, Jaley Joel Osment aporta bien poco, se nota que no se hace al simplón personaje, y Génesis Rodríguez al menos apunta maneras, porque además de guapa no lo hace nada mal. Hacia el final aparecen las hijas de Kevin Smith en papeles menores y un Johnny Depp caracterizado hasta resultar irreconocible en un detective surrealista realmente ridículo. Y Michael Parks, del que más esperaba tras su papelón en Red State, no deslumbra al tener un rol que el guión no logra convertir en el gran monstruo inquietante que se pretende.

Un fracaso artístico absoluto, y el resto de la serie apunta al mismo estilo. Pues hasta que se digne en lanzar Clerks III, Kevin Smith pasa a cuarentena.

Terminator Salvation


Terminator Salvation, 2009, EE.UU.
Género: Acción, ciencia-ficción.
Duración: 115 min.
Dirección: McG.
Guion: John D. Brancato, Michael Ferris.
Actores: Christian Bale, Sam Worthington, Anton Yelchin, Moon Bloodgood, Jadagrace, Bryce Dallas Howard, Common, Helena Bonham Carter, Michael Ironside, Ivan G’Vera.
Música: Danny Elfman.

Valoración:
Lo mejor: Guion complejo y sólido: buena trama y excelentes personajes. Puesta en escena deslumbrante: ritmo magnífico, acción de gran nivel.
Lo peor: Lo difífil que es superar las espectativas con sagas tan queridas, y más si en algunos tramos no da todo lo que podría (el asalto a Skynet, el duelo con el T-800). Que el público no viera sus muchas buenas cualidades. Que la productora no siguiera la saga por esta línea y se inventaran un nada prometedor reinicio (Terminator Genisys).
Mejores momentos: Desde la gasolinera hasta el agua. Marcus descubriendo quién es. La fuga.

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Alerta de spoilers: Describo la trama a fondo.–

Pienso que a Terminator Salvation le ocurrió, aunque en menor medida, lo mismo que sufrió otro estreno cercano muy esperado, Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal: que sea como sea la película, el público, al tener idealizada la saga, fue con unas expectativas imposibles de alcanzar. No ocurrió igual con Star Trek 2009, pero la situación no es la misma, porque el público en general no era fan de Star Trek y no esperaba nada en especial más allá de un entretenimiento descerebrado y espectacular (aunque para mí ni eso último cumplió). Terminator es un icono mundial del cine, y como tal es prácticamente intocable. En su estreno me pareció un espectáculo muy completo y una secuela de buen nivel, sobre todo teniendo en cuenta los tiempos que corren. Pero además me ha ido ganando como fan y firme defensor con el paso del tiempo y los sucesivos visionados.

Cuando se dio a conocer que el director de esta nueva entrega sería McG muchos pusieron el grito en el cielo, pues su currículo contaba con los engendros de Los Ángeles de Charlie y su secuela. Sin embargo yo le otorgué el beneficio de la duda, primero, porque echando un vistazo a esas cintas se venía que sabía rodar escenas de acción, y segundo, porque es el guion lo más importante y lo que suele fallar. Y ahí tenía muchos miedos, pues el libreto ha corrido a cargo de John Brancato y Michael Ferris, quienes en su haber tienen “joyas” como Catwoman y Primeval, y quienes escribieron también Terminator 3, donde se aferraron demasiado a los clichés de la saga pero sin lograr el tono adecuado. En ambos campos estoy bastante sorprendido y satisfecho.

Su principal acierto es el cambio de escenario, evitar repetir la fórmula de las tres primeras entregas, en cuyo tercer capítulo mostraba un desgaste enorme. Los más puristas no recibieron bien que se alejara tanto del esquema tradicional, pero igualmente hubiera sido criticada por repetitiva si no lo hubiera hecho; como digo, es imposible contentar a todos. El argumento salta en parte a lo que muchos deseábamos ver desde las visiones del futuro de los primeros episodios: la guerra contra las máquinas. Alguno se vio defraudado porque pasamos directamente a la resistencia tras la guerra y no vemos el gran conflicto, pero eso debería olvidarse en cuanto se ve lo trabajada que está la trama, porque estamos ante el guion más complejo de la saga. Se amplía la premisa de huida y supervivencia con una historia mucho más completa y variada, y crece también el número de personajes.

La vida en la resistencia, con el carismático líder John Connor, se presenta muy atractiva desde el espectacular y memorable ataque a la base de los robots, que muestra el potencial visual y sienta las bases de la trama con contundencia. Esta se presenta sólida, atractiva y además se desarrolla muy bien: el conflicto con los comandantes de la resistencia (mítico Michael Ironside), el desarrollo del plan final y el día a día en ese mundo desolado ofrecen varios frentes que agobian a Connor mientras intenta dar sentido a los mensajes de su madre en relación con las intenciones de las máquinas. Quizá el rol de Bryce Dallas Howard (la novia) no es muy llamativo, y teniendo en cuenta que parece ser el mismo personaje de Terminator 3 (Kate Bosworth, interpretada allí por Claire Danes) quizá deberían haberle dado más protagonismo, pero vale para dar más vida al entorno, y a cambio la dura Blair es muy interesante y el soldado Barnes representa bien a los seguidores fieles que tiene Connor.

Mientras, tenemos la odisea de Marcus, que se inicia en ese sugerente prólogo en la cárcel y gana en interés al toparse con Kyle Reese, otro protagonista muy conseguido con el que se conecta rápidamente. La situación de desconcierto que enfrenta Marcus se traslada muy bien al espectador, en parte por el magnetismo de Sam Worthington, y el interés sigue ganando enteros con la excelente evolución de la amistad que va formando con Reese y la chiquilla. Los pasos que va dando hasta encontrarse con Connor ofrecen una estupenda aventura de supervivencia postapocalíptica que combina con gran equilibrio la intriga, los recesos para exponer personajes, la acción… ¡y qué acción! La larga secuencia que empieza en la gasolinera y acaba con Marcus en el agua quita la respiración, como se espera de una película de Terminator.

La llegada de Marcus a la resistencia cambia toda la situación y deja a Connor perplejo al romper todos sus esquemas sobre lo que sabía y esperaba de las máquinas, aumentando la intriga sobre lo que está ocurriendo y poniendo más oscuridad sobre el destino de Marcus. Otra gran secuencia de acción tiene lugar en este campamento, y sirve como lanzamiento del arco final. Pero aquí llega un punto de ruptura importante, porque la incursión en Skynet defraudó a muchos, pues ciertamente es bastante irregular. Todos esperábamos ver la base enemiga en todo su esplendor: llena de máquinas bestiales, infranqueable para el hombre, en plan el núcleo de Matrix Revolutions. Pero el asalto final parece quedarse en poca cosa, como si se hubiera acabado el presupuesto. Y es que los realizadores apuestan por una incursión sencilla donde priman los personajes y el homenaje a la saga, algo que no me parecería mal si no fuera porque arrastra una serie de fallos que impiden que se desvanezca la sensación de engaño.

Tenemos cosas bien pensadas y bien ejecutadas, como las revelaciones del plan de Skynet, la inquietud por el destino de los protagonistas, el encuentro entre Connor y Reese, algunos homenajes a la saga (el escenario y detalles varios -la voz imitada, etc.-)… Tenemos cosas bien pensadas pero mal ejecutadas, como la lucha de Marcus por superar su programación (qué cutre la forma de quitarse el chip de la nuca; las máquinas no son tan tontas, debería haberse mostrado de forma más creíble), o el no del todo efectivo intento de homenaje con la lucha contra el T-800, que peca de poco creíble a veces: ¿pero por qué los Terminator se empeñan en lanzar gente lejos en vez de agarrarlos y machacarlos al instante? Y tenemos cosas mal planteadas y mal ejecutadas, porque parece que los personajes se pasean por Skynet como estuvieran por su casa; es evidente que las máquinas deben dejarles entrar para cerrar la trampa, pero se debería haber hecho de forma más verosímil; y en cuanto a la resistencia no hay excusa que valga: aterrizan un helicóptero y los rescatan sin aparente esfuerzo.

Así pues, aunque entiendo las intenciones de acercarse al estilo de la saga y apostar por los personajes por encima de la acción sin más, el desenlace no funciona del todo. ¿Tanto hablar del asalto final de la resistencia, tanto mostrar a grupos de la misma por todo el mundo, y después sólo vemos un helicóptero, ningún combate con máquinas, ninguna dificultad real? Con un clímax más logrado la película no es que hubiera ganado enteros, es que entonces quizá podríamos estar hablando de una obra mítica como lo son las dos primeras partes.

Vuelvo a un detalle recién mencionado porque me parece el otro único fallo digno de mención de la película y también ayuda a que el desenlace desluzca un poco. Me mosquea la manía de acabar todas las peleas de las películas de acción a puñetazos y lanzando gente contra las paredes de forma nada creíble (nadie acaba con los huesos destrozados en este tipo de filmes), y aquí más que nunca carece de sentido: qué hace un Terminator alejando a su víctima dándole así más oportunidades de sobrevivir, que la enganche bien y le destroce los huesos. Tanta exageración hace que pierda la sensación de peligro constante y tangible que transmitían los dos primeros capítulos, donde tener cerca a un Terminator significaba probablemente morir. Aquí parece un juego de te lanzo y te pillo que denota falta de ideas a la hora de planificar el duelo final, que requería más intriga y tensión y menos hostias sensacionalistas.

Me extiendo también en otro aspecto, el de las referencias. Cantidad de homenajes a la saga pululan por la cinta (la cuerda en la escopeta, el primer plano de un pie pisando algo, una gasolinera, algunos diálogos y mil detalles más), dando al episodio la acertada sensación de pertenecer a una serie aunque tenga un estilo muy distinto, pero también hay que señalar que tropiezan con una dificultad importante: prácticamente se tomaron como una obligación meter al T-800 y a Arnold Schwarzenegger, y claro, no podían mostrarlo tan viejo (fuera o no gobernador todavía), y se montaron una aparición digital que no convence del todo. Podrían haber mostrado el proceso de ponerle la piel y la cara del actor en monitores de ordenadores en la factoría, por ejemplo, sin tener que sacarlo en acción. O directamente haber pasado de ello, qué manía con incluir a Schwarzenegger: en Terminator queda bien claro que usan distintos rostros para pasar desapercibidos, de hecho Reese lucha con uno distinto en una de las visiones del futuro.

Volviendo a las buenas cualidades de la cinta, destaca bien pronto que el director logra un ritmo ejemplar y muy coherente con la trama, algo que se ve muy poco en el cine del género de acción actualmente. Cito de nuevo Star Trek 2009 como ejemplo, pues en ella se intercalan escenas porque sí sólo para tratar de asombrar con el presupuesto, olvidando el guion y la narración en el proceso. McG sabe ir al grano sin florituras innecesarias: la película es corta pero aprovecha cada instante, las secuencias de acción sirven para desarrollar la trama, no sólo para impresionar, y además son nítidas (nada de agitar la cámara y emborronar todo con digitalizaciones) y los personajes están bien sumergidos en la situación en todo momento (genial cómo trabajan juntos Marcus y Reese). Mantiene el asombro constante desde el principio (al asalto a la base de las antenas, con algunos momentos alucinantes como el plano secuencia del helicóptero), hasta la fuga de Marcus del cuartel de Connor, porque como decía el acto final lo enfocan de forma que pierde algo de fuelle. Destaca especialmente la eficaz fotografía, que con esa excelente elección del colorido ocre y apagado le otorga al futuro un aspecto siniestro y derruido, y por supuesto los excelentes efectos especiales y los sobrecogedores efectos sonoros.

Otro elemento crucial que se salda con gran éxito es la buena labor del reparto. Sam Worthington demuestra un carisma nato esperable en un héroe de acción y una interpretación muy contenida que en el mismo campo sorprende. El Connor de Christian Bale queda un poco eclipsado porque Marcus tiene más protagonismo y un recorrido emocional más complejo, pero Bale está como de costumbre inmenso, mostrando tanto las dudas como la determinación con gran energía: qué miradas más potentes consigue. También aportan el toque justo de carisma los secundarios más importantes, Anton Yelchin como Kyle y Moon Bloodgood como Blair, que se hacen querer desde sus primeras apariciones (sí, el guion tiene mucho que ver, pero ellos lo realzan).

Apuntaba muy alto como capítulo inicial de una nueva etapa de la serie, y no por el forzado monólogo final, sino porque prometía entregas con tramas igual de trabajadas. Sin embargo no tuvo mucho éxito y en el caos de productores, derechos de autor y demás no llegó a continuarse por aquí… y se montaron un reinicio desde cero (Terminator Genisys, para verano de 2015). Y aquí no puedo echar solo la culpa a los productores, porque fue el público quien no supo admirar el valor de Terminator Salvation.