El Criticón

Opinión de cine y música

Archivos mensuales: febrero 2015

Interstellar (sin spoilers)


Interstellar, 2014, EE.UU.
Género: Ciencia-ficción, drama.
Duración: 169 min.
Dirección: Christopher Nolan.
Guión: Jonathan Nolan, Christopher Nolan.
Actores: Matthew McConaughey, Anne Hathaway, Jessica Chastain, Mackenzie Foy, Michael Caine, Casey Affleck, Timothée Chalamet.
Música: Hans Zimmer.

Valoración:
Lo mejor: No es sólo una obra maestra del cine, trasciende más allá de las imágenes, su mensaje es universal.
Lo peor: Algunos fallos puntuales son dignos de citar. Tan compleja y arriesgada que es y será incomprendida por muchos.
El título: ¿Pero qué costaba traducirlo?

* * * * * * * * *

Alerta de spoilers: La crítica no tiene ningún dato revelador de ninguna clase.–

¿Cómo abordar la crítica de una maravilla como esta, sobre todo cuando su virtud más llamativa es su capacidad para sorprender? Nada quiero desvelar de ella, ni de argumento, ni de estilo, ni de lo que oculta detrás, toda la magia y mensajes. Es imprescindible que cualquiera que piense en ir a verla lo haga sabiendo lo menos posible del argumento, no digamos de imágenes, sorpresas, ideas subyacentes, etc.

Qué difícil es esquivar información hoy en día. Hay películas que sabes que irás a ver sí o sí y quieres llegar más o menos sin saber nada. O al menos eso hacemos muchos cinéfilos: con conocer quiénes son sus autores o si es parte de un género o una saga que nos interesa la veremos indistintamente de lo que resulte al final. Pero con internet y la televisión es casi imposible llegar virgen. Te cuelan reportajes por todas partes. Te revientan claves del argumento en titulares sólo por conseguir clics rápidos. Y mira que esta vez hemos tenido la suerte de que los productores han sido cuidadosos y no han dejado pasar tráileres que te cuentan todo, que son cada vez más comunes y odiosos. Pero también son imperdonables las críticas que dicen no revelar nada y lo hacen con todo descaro, o las que lo hacen sin avisar. No lo entiendo. ¿Qué ganas con esa actitud? Ni visitas ni respeto.

Pero sí, conseguí llegar al cine sabiendo casi únicamente que Christopher Nolan se iba al espacio; sólo un detalle de la trama me jodieron con un titular mierdero. Y no me entendáis mal, no soy un adorador ciego de este realizador, de esos que ponen de obra maestra todo lo que hace. No compartí el entusiasmo desmedido por Origen o El prestigio, a las que les faltaba mucho para el sobresaliente, y me decepcionó mucho su forma de acabar la trilogía de Batman después de apuntar tan alto. Pero tiene cualidades que pocos poseen hoy en día, tanto porque parece estar todo inventado como por la falta de riesgo que corren autores y productoras. La capacidad de innovar y sorprender son virtudes prácticamente desaparecidas desde los Steven Spielberg y James Cameron de finales de los ochenta y principios de los noventa, pero Nolan ha recuperado ese espíritu muy bien. Soy seguidor suyo desde que deslumbró con Memento, no uno de esos que se suben a la moda cuando ya tiene bien asentada su carrera (El Caballero Oscuro sería su punto álgido), y asisto a cada nueva proyección con sumo interés porque sé que todas van a conseguir algo cada vez menos habitual en el cine: asombrarme y dejarme pensando durante días, indistintamente de que consiga filmes redondos o no.

Así pues, iba sin saber nada y ni siquiera esperando ver una gran película, sólo sabía que con toda probabilidad iba a disfrutar bastante. Y qué bofetón me he llevado. Ni El Caballero Oscuro, en toda su grandilocuencia y magnificencia, me caló tan hondo, ni la narrativa insólita de Memento me dejó tan impresionado. Porque Interstellar es una obra maestra, pero también mucho más. He vivido el nacimiento de un clásico, algo que ocurre dos, tres o cuatro veces por década como mucho. He estado en el estreno de otras obras maestras (El pianista a la cabeza), pero pocas de esas que rompen esquemas de tal manera. Por ejemplo American Beauty dio la vuelta al drama y la crítica social tal y como se conocían hasta entonces, y Seven inventó varios géneros nuevos. Matrix sería la más cercana, por género y capacidad de impacto, porque genialidades como Hijos de los hombres por desgracia no han logrado un reconocimiento global y se limitan a ser “obras de culto”. He sentido lo que seguramente sintieron las generaciones anteriores ante el estreno de La Guerra de las Galaxias y de 2001: asombro por ver cómo se destrozan las fronteras del cine tal y como se conocían, y, como en el segundo caso, se llevan además a terrenos alejados de lo normal en el séptimo arte: la metáfora y la filosofía.

Interstellar resulta más introspectiva, profunda y emocional que directa y convencional. Es decir, como 2001 (por citar el referente más conocido, hay otras obras que se podrían señalar, Tarkovsky y Fritz Lang a la cabeza), es difícil de catalogar tanto en géneros como en corrientes de pensamiento. Y por apuntar al corazón y empujar a la reflexión, las obras de este estilo generan respuestas muy polarizadas. O entras en su juego y entiendes algo del trasfondo filosófico, o puedes chocarte de lleno contra una barrera invisible. Así, hay no pocos enfrentamientos entre críticos y aficionados sobre su alcance: ¿es una obra maestra o un timo?, ¿sus cualidades en conjunto la hacen inmortal o sus fallos derrumban la película?

Para mí es sin duda una obra maestra… y no por eso ignoro o niego los fallos que se le pueden sacar. No hay largometraje por bueno que sea al que no se le pueda señalar algún aspecto mejorable, o incluso algún gran agujero (¿verdad, Alien y La diligencia?). Sólo quizá Casablanca es tan jodidamente perfecta que parece librarse de ello, o quizá es que es tan vieja que se ha convertido en leyenda; y lo mismo se aplica a Metropolis y otras tan antiguas. Interstellar tiene algunos puntos dignos de citar como mejorables, y unos son más perdonables que otros.

Hay una muerte lastimera allá donde el agua (si la has visto sabrás qué escena es); en un principio con la intensidad del clímax quizá no te das cuenta, pero es que el personaje se queda como esperando la muerte, perdiendo bastante credibilidad la situación. No me gusta nada el diseño del robot, que es esperpéntico e ilógico (aunque lo mismo pretendían homenajear el monolito de 2001), y da la sensación de que tratan de esconder sus interacciones (movimiento, agarre, etc.) porque veían que efectivamente no quedaba bien. También pienso que el sentido del humor que intentan colar en algunas escenas queda un poco forzado.

El otro aspecto largamente criticado es uno muy subjetivo y que se puede mirar desde varios prismas: el exceso de explicaciones. A mí como a otros me rompe ligeramente el ritmo algunas ocasiones en que Nolan se empeña en explicar con pelos y señales algunas cosas… pero es que tampoco podía irse al otro extremo, que hay pilares de la trama sólo entendibles por amantes de la ciencia-ficción y la ciencia espacial. Quizá había un punto intermedio más comedido, pero yo entiendo y defiendo la posición de Nolan, aunque hubiera preferido algo más sutil. Apuesta por apuntar al público generalista, no solamente a los más inteligentes y además a los cultos en esta temática. Y como tal debe ser bastante expositivo, debe exponer las reglas básicas de la ciencia del relato y señalar el trasfondo que persigue, para que casi todo el mundo pueda aspirar a entender los planteamientos y mensajes desarrollados.

A mí me da la sensación de que a algunos les jode que no sea un producto intelectual exclusivo al que aludir para sentirse superiores. Nolan juega en la liga de Spielberg, no en la de Malick o Lars von Trier. Sabe que el cine es entretenimiento, y quiere entretener a todos, no mostrar su arte más abstracto y que sólo unos cuantos alcancen a comprenderlo (o a tragarse sus paridas). Y me parece tan digno como loable. ¿Es que no se dan cuenta del gran logro que ha conseguido? Ha colado ciencia-ficción dura y filosofía trascendental como si fuera una cinca comercial. Casi 700 millones ha recaudado en la taquilla, no se ha estrellado como Solaris, que contaba con el tirón de George Clooney pero luego la gente se salía del cine porque era demasiado poética y rebuscada. Y este éxito, más los recientes de Gravity y Guardianes de la galaxia, puede abrir muchas puertas a un género siempre denostado y tratado como de segunda categoría. Quizá próximas maravillas tengan una mejor recepción que joyas ignoradas como Hijos de los hombres, La carretera y otras.

Pero ninguno de los fallos que podamos atribuirle empaña un conjunto que va más allá de resultar una obra maestra del cine, pues también es una oda sobre la humanidad, una reflexión sobre nuestro potencial, nuestras limitaciones y nuestro sino. Interstellar lo tiene todo. Conjuga el drama cercano e introspectivo (conocemos a fondo los anhelos y miedos de los protagonistas) con una épica de aventuras y supervivencia deslumbrante. Cuando se lanza a la intriga y acción te atrapa hasta dejarte sin aliento en un espectáculo del estilo del director: grandilocuente, sí, pero también donde hace gala de una desbordante imaginería visual y gran dominio de la técnica. Y entre medio expone con sensibilidad y a la vez mucha fuerza mensajes de gran calado, pensamientos e ideas de diversa índole, en un relato que rebosa filosofía y metafísica sin notarse desigualdad con todo lo demás.

La fuerza inenarrable de las imágenes (en especial en sus sobrecogedores momentos álgidos) y la belleza del universo comparten mérito entre el realizador y el equipo artístico, pero hay un elemento crucial: el portento de banda sonora. Tras años en una línea comercial un tanto decepcionante recuperamos al Hans Zimmer más inspirado y esforzado, el que se implica de lleno en la narrativa y logra una partitura bella y poderosa que forja una simbiosis perfecta con las imágenes. No escuchaba algo tan hermoso y a la vez estremecedor desde La delgada línea roja.

El personaje principal es de esos inolvidables por su dibujo sencillo pero magnético, y también gracias a la estupenda interpretación de Matthew McConaughey. Otros pocos principales son esenciales para las muchas aristas de la historia, en especial Jessica Chastain, pero la historia fluye principalmente a través de él. No puedo decir más para no revelar nada, pero las sorpresas que guardan algunos de los secundarios son fantásticas, aunque el espectador avezado podrá intuir alguna con antelación (y hay que señalar que en este caso es prueba de que están bien planteadas, no de que sean previsibles). Pega, de haber una, es que un par de personajes en un momento dado son catalizadores de esas explicaciones largas, y puede molestar un poco a quien no las necesitara. El problema más destacable viene del doblaje: primero porque se ve que les cuesta doblar a McConaughey, que habla con la boca cerrada y farfullando, y segundo porque el de las féminas Anne Hathaway y Mackenzie Foy (la niña) es verdaderamente horrendo.

Como se veía venir, los festivales de premios de cine más famosos, en su conservadurismo y vicios (qué obsesión con los telefilmes simplones de superación personal), han pasado de semejante obra de arte, a pesar de que había antecedentes que hacían pensar en que podría tener opciones, porque Gravity y su director obtuvieron mucha representación el año pasado. Quizá fue porque era más simple, una aventura de supervivencia sin más complejidad, pero la ciencia-ficción reflexiva se les atraganta curiosamente tanto como la más comercial: Guardianes de la galaxia y esta Interstellar han sido con diferencia las mejores películas del 2014. Es más, no me cabe duda de que las dos, sobre todo la aquí analizada, son hitos cinematográficos que marcarán una época, mientras la decena de títulos seleccionados por estos supuestos referentes del cine estarán olvidados para el año que viene. Y otra broma suprema es el robo a Hans Zimmer, que se ha marcado la mejor banda sonora de la década y tampoco ha tenido la recepción merecida.

Ver también:
Interstellar con spoilers.

El francotirador


American Sniper, 2014, EE.UU.
Género: Drama bélico.
Duración: 132 min.
Dirección: Clint Eastwood.
Guión: Jason Hall, Chris Kyle (novela).
Actores: Bradley Cooper, Sienna Miller, Mido Hamada, Sam Jaeger.

Valoración:
Lo mejor: Bastante entretenida. Correcta en todos sus elementos…
Lo peor: …pero de forma muy justita, dejando un conjunto nada vistoso por fuera y rutinario y predecible por dentro. El horrible doblaje (atención a uno de los traductores). Y como siempre, lo que sobrevaloran estas cintas las nominaciones a los Oscar.
El detalle: Espantoso el muñeco que representa al bebé.

* * * * * * * * *

El personaje en que se basa es muy controvertido, y la visión simple y arquetípica de él que construyen el guionista Jason Hall y el director Clint Eastwdood omite toda polémica. Se habla de que se inventó la mitad de lo que afirmaba, de que estaba realmente como una cabra, no tuvo una curación final feliz como aquí se señala, y su muerte (a manos de otro veterano loco) está llena de interrogantes pero aquí se esquivan con todo descaro en un final que no sabían por dónde coger, así que lo dejan en el aire, señalándolo brevemente a través de texto en pantalla.

Para acercarnos a la mente del personaje tiran de clichés, dando la sensación de que no se esfuerzan por aportar un mínimo de complejidad y frescura. Que sí, que los soldados se casan y los matrimonios sufren por la distancia y las secuelas de la guerra. Lo sabemos de sobras, lo hemos visto mil veces. Por ejemplo, es clavadita a En tierra hostil. ¿No hay forma de ser más sutil con esas bases, de mostrarlo con menos estereotipos y más naturalidad? Tampoco la trayectoria psicológica es destacable. Se alista con entusiasmo, tiene valor y cualidades que le hacen ascender y ganarse respeto en su trabajo. Allí sufre la presión de la guerra, y las heridas se notan sobre todo en los viajes a casa. Tensión, estrés, violencia, mente en otra parte, dependencia de la adrenalina de la guerra y el deber patriótico… Todo funciona, pero no deslumbra, pues sigue un sendero muy trillado y no se logra un personaje que cause impresión, que deje huella. Con todo, dista de ser malo y sustenta bastante bien un relato que tampoco es brillante. La interpretación de Bradley Cooper es muy convincente, aunque no tan lograda como sus trabajos previos (El lado bueno de las cosas, La gran estafa americana).

En cuanto a la aventura, al entorno donde se sumerge el protagonista, no hay mucho que destacar. Para empezar, no hay personajes secundarios de nivel. La esposa es un cliché de cartón y… para de contar. El resto no tienen presencia ni definición suficiente como para pasar de figurantes. Esto es habitual en el cine contemporáneo, pero que venga de un autor clásico como Clint Eastwood decepciona. De esta forma me da igual quién muere, no sé quién es, con lo que el drama humano del conflicto queda muy deslavazado. La trama se limita a enlazar anécdotas, algunas intrascendentes, la mayoría poco sustanciosas. Prácticamente nos limitamos a avanzar por calles iraquíes sin quedar realmente claro qué están haciendo. Cuando por fin parece haber una misión llamativa (buscar un alto mando de Bin Laden), tampoco resulta digna de recordar ni parece haber aportado algo esencial al personaje, simplemente parece un relleno más trabajado para dar peso al tramo central. Las escenas de acción no dan la talla, ni en lo emocional ni en el sentido del espectáculo. Casi parece que lo sabían, porque se buscan un enemigo más tangible con el que tratar de levantar algo de expectación por la odisea del francotirador: le ponen un contrincante de su talla. Otro cliché manido, por ejemplo recuerda demasiado a Enemigo a las puertas.

En lo visual estamos en las mismas: la puesta en escena es profesional pero no deslumbra lo más mínimo. Es comparar con Black Hawk derribado, y palidece. En ella (aparte de personajes numerosos y de cierta calidad) el espectáculo era glorioso y no se olvidaba de ser inteligible: en todo momento sabías dónde estaban los protagonistas y cuánto sufrían. Aquí nada causa impresión. Escenario muy visto, batallas simplonas y como indicaba con nula conexión emocional… y ello a pesar de que meten con calzador al protagonista en algunas: el tío se aburre, deja su puesto y prácticamente toma el mando de un pelotón, algo que no hay quien se lo crea. La escena en que diezman al grupo y el malo se carga un niño mientras el rival francotirador lo acosa es la única que causa algo de desazón. Pero el resto de momentos clave no tienen pegada. La batalla final en una azotea es insípida y la fuga demasiado inverosímil: llega la tormenta de arena justo a tiempo para cegar a los malos… pero los buenos ven de puta madre y no fallan ni una.

El francotirador termina siendo otro drama de superación muy básico y esquemático, de esos simplones y directos que gustan en Hollywood y que entran bien al público poco exigente. Pero aunque sus vicios son claros, no acusa negligencia ni tampoco se excede con el sentimentalismo, y todos sus elementos tienen la suficiente solidez como para dar un entretenimiento intrascendente más que digno. Desde luego no es una película de las de recordar entre las diez mejores del año, como se empeñan en vendernos la Academia de los Oscar. Por cierto, es con diferencia la película más taquillera de la carrera de Clint Eastwood. Se ha sumado un poco de todo: tema ya no tabú que resulta atractivo, sobre todo gracias al empujón de éxitos recientes (En tierra hostil -más por crítica que por taquilla- y La noche más oscura); actor de moda; la polémica subyacente le ha dado mucha visibilidad; las nominaciones.

A día de hoy, sigo pensando que el mejor acercamiento a la guerra de Iraq fue la excelente pero cancelada serie Over There, que mezclaba muy bien lo bélico con los problemas en casa, sin tirar de clichés, con naturalidad y protagonistas de calidad.

Aparte del comentario de la película podemos entrar también en su polémica. No es lo que se dice propagandística, porque no muestra una versión idealizada de la guerra y el ejército (todo lo contrario, de hecho), pero sí resulta bastante patriotera. Sin embargo, pienso que no ensalza unos valores patriotas ni lanza un mensaje pro-Estados Unidos con descaro, sino que termina resultando así porque retrata una sociedad de esas características. Aun así, algún apunte de guión sí señala claramente el tono maniqueo y conservador que imprime Eastwood: los iraquíes son convertidos en El Mal, así sin más, deshumanizando por completo un pueblo y una cultura, poniéndolos a todos en el mismo saco de terroristas sin alma. Así, resulta vergonzoso ver cómo se justifica el asesinato de niños que no hacen otra cosa sino defender lo poco que les queda ante el avance del invasor. Pero repito que más que a la película hay que criticar a los propios Estados Unidos: ellos crean sus enemigos, ellos inventan guerras, ellos invaden países bajo pretextos enormemente discutibles, ellos alaban a esos “héroes” que matan a gente que hace lo que puede por sobrevivir ante quienes los están sacando a la fuerza de sus hogares; la cinta sólo muestra lo que hay. Los títulos de crédito exponen muy bien esta cultura belicista: el ostentoso funeral, con carreteras llenas de gente llorando al héroe caído, da ganas de vomitar, porque este soldado es realmente un terrorista más: igual que un talibán, deja su vida tras sufrir el shock de ver a los suyos morir por un ataque de odio, y se embarca en una odisea de odio y muerte igual de ciega.

Whiplash


Whiplash, 2014, EE.UU.
Género: Drama.
Duración: 107 min.
Dirección: Damien Chazelle.
Guion: Damien Chazelle.
Actores: Miles Teller, J.K. Simmons, Paul Reiser.
Música: Justin Hurwitz.

Valoración:
Lo mejor: Dirección, reparto.
Lo peor: Tan manipuladora que resulta ofensiva. Pero a tenor de su éxito esto no parece importarle a casi nadie.
El póster: Cumple a rajatabla “la regla del póster”: cuantas más críticas de obra maestra y más estrellitas veas en un póster, menos buena será la película.

* * * * * * * * *

Creía que no podía ver un filme más tramposo y manipulador que Dallas Buyers Club, pero Whiplash se esmera a lo grande y alcanza ese esperpéntico nivel. Por suerte está mejor narrada, y si apagas las neuronas puede llegar a entretener. Pero sinceramente, no puedo aprobar tamaño insulto a la inteligencia del espectador. Que la masa de espectadores se trague cualquier cosa, que sea moldeable por los medios, no es motivo para aleccionar atentados contra la dignidad y el buen gusto como este. Pero resulta que este género es el favorito en los Óscar, como vemos año sí y año también, pues cada temporada nos llegan varios de estos melodramas prefabricados y espurios que son encumbrados por el poder mediático de la Academia y aplaudidos por la masa descerebrada. Esta vez casi hacen pleno con las nominadas, de ocho título sólo Birdman y El gran hotel Budapest se apartan del género, son originales y tienen calidad cinematográfica digna de alabar, el resto, todas maniqueas, retorcidas y sensacionalistas: El francotirador, Boyhood, Descifrando enigma (esta llega a niveles de vergüenza ajena), Selma, La teoría del todo (aunque esta, dentro de este estilo, es salvable). Pero lo que se me escapa es que la crítica (al menos la estadounidense) la aclame casi unánimemente: un 95% en rottentomatoes.com. ¿Tan fuera de la realidad vivo? ¿O es que a la gente le gusta ser engañada?

Resulta que tenemos que creernos que en pleno siglo XXI alumnos adultos (el más joven parece ser el protagonista, y es mayor de edad) se dejan vejar día tras día por un profesor incapaz para enseñar y que da sus clases insultando, amenazando, exprimiendo a los alumnos hasta que lloran y sangran (literalmente), e incluso abofeteando y lanzando objetos que pueden herir gravemente. El régimen de terror es de dictadura total, inverosímil en sus primeras escenas, realmente ridículo cuando se va de madre. Y todos se callan y tragan. Todos adultos. En el país donde te denuncian por cualquier tontería.

El relato prometía ser otra vulgar y arquetípica historia de superación personal (con planos de manual, como el careto del padre en el momento de revelación del hijo), pero pronto se convierte en un artificial thriller psicológico que no llega a comedia involuntaria por el simple hecho de que es tan falso e insostenible que resulta molesto. Es comparar con Black Swan y se me cae la cara al suelo de vergüenza ajena.

Si pretendes mostrar un drama de crecimiento y superación personal debes ser honesto, construir unos personajes y un entorno realistas, o, si se trata de una fábula o exageración, hacerlo de forma que funcione dentro de su planteamiento. Pero cada vez está más claro que es más fácil llegar al espectador medio a través de clichés, trampas argumentales, manipulación emocional barata, etc. Sólo hay unas pocas escenas que atienden a conceptos sobre relaciones y sentimientos humanos verosímiles, como el breve noviazgo, pero no aportan realmente nada al caos global.

La puesta en escena es muy profesional y no hace alardes innecesarios. El director de verdad se cree lo que está rodando, y otorga un dinamismo muy acertado a un argumento que da poco margen. A pesar de los escenarios cerrados y los personajes sentados en situaciones siempre semejantes, el ritmo de cada escena es correcto, sobre todo gracias a una labor de montaje de gran calidad. Y de los actores saca también bastante partido. El joven desconocido Miles Teller (aunque con el reinicio de Los cuatro fantásticos es de suponer que se hará famoso) está muy implicado en el rol de alguien obsesionado, solitario y que acaba quemado, y al veterano pero tampoco popular J.K. Simmons (más allá de Spider-Man pocos lo habrán visto) se le da bien imponer y gritar. Pero en otro giro absurdo de acontecimientos la notable labor del joven Teller ha pasado desapercibida mientras la obsesión con Simmons es incomprensible, pues se alaba como si su papel fuera revolucionario cuando no es para tanto; si aceptamos esa valoración, entonces en comparación Oz tenemos la mejor interpretación de la historia. La pena, claro está, es que por mucho que se esfuercen los intérpretes los protagonistas son tan excesivos y absurdos que no pueden calar lo más mínimo.

Con el filme igual. De nada sirve su certera impronta visual si lo que hay detrás da más pena que risa. Acabé el visionado sólo porque me da rabia dejar películas a medias y por mi asombro ante lo que veía: quería saber si el guionista era capaz de llevar más allá el despropósito. Y los niveles alcanzados son de quitar la respiración. Desde el accidente de coche esto resulta una parida difícil de definir. Se mofa tanto de la inteligencia del espectador que se permite saltar a su giro final y conclusiones (tan rebuscadas como todo lo demás) dejando de lado las explicaciones: ¿el tío va a un concurso con una banda que no conoce sin haber ensayado juntos, y acepta trabajar para quien abusó tanto de él? Por no decir que en nada que busques un comentario de alguien que sepa de jazz te desmonta la película. No, saber tocar la batería en jazz no es darle más rápido que nadie y marcarse solos dignos del heavy metal más ruidoso, es saber seguir y marcar el ritmo incluso en las improvisaciones. Ahí también han mentido con descaro.

Lo de Whiplash es demencial. Tan demencial como que haya un solo espectador que se haya tragado tanta trola, manipulación, clichés y memeces. Y me temo que son millones.

John Wick


John Wick, 2014, EE.UU.
Género: Acción.
Duración: 101 min.
Dirección: Chad Stahelski, David Leitch.
Guión: Derek Kolstad.
Actores: Keanu Reeves, Michael Nyqvist, Alfie Allen, Dean Winters, Willem Dafoe, Adrianne Palicki, Lance Reddick, Ian McShane.
Música: Tyler Bates, Joel J. Richard.

Valoración:
Lo mejor: Buen ritmo, con mucha acción que casi impide pensar en sus carencias.
Lo peor: Totalmente hueca. Sin progresión emocional o dramática alguna, con lo que resulta insustancial y muy fría.

* * * * * * * * *

Sus realizadores vienen del mundo de los dobles de acción (actores y coordinadores), aunque algo de experiencia tienen como directores de segunda unidad (de partes de acción, es de suponer), y echan toda su experiencia para buscar un espectáculo de luchas y tiroteos de primer nivel. Pero no lo consiguen porque dejan atrás lo más esencial: un guión que ofrezca una historia que seguir y unos personajes con los que conectar. Y la pena es que el protagonista posee un aura intrigante en su presentación… pero no va a ninguna parte, se convierte en una máquina de matar que no muestra emoción ni progresión alguna.

El argumento casi parece una broma: habéis matado a mi perrito, voy a empezar una cruzada suicida contra toda la mafia. Y no pierden el tiempo justificando la aventura: el malo en vez de hablar, negociar o incluso entregar a su nefasto hijo para salvar el cuello, pasa directamente a intentar matar antes al protagonista, aun sabiendo que es un enemigo mortal. Una vez empezada la guerra… los malos se van a una discoteca a pasar el rato. Ése es el nivel. Sólo algún detalle inteligente asoma en un relato aséptico y olvidable, como ese grupo de enterradores tan curioso. Unos cuandos actores secundarios llamativos (Dafoe, Palicki, McShane, Reddick) pasan sin pena ni gloria en roles anecdóticos.

Además tampoco impresiona como espectáculo de acción. Por muchas peleas que haya, por mucho que se esfuercen en rodarlas bien y en buscar escenas ingeniosas y originales, entretiene lo justo, sin despertar entusiasmo. Primero está esa frialdad que implica la falta de argumento y personajes de peso, donde terminas sin saber por qué se pelea y dónde, y por lo tanto desentendiéndote de lo que ocurre. Segundo, porque con tanta lucha rebuscada y teatrera termina pareciendo un videojuego. Vamos, que peca de irreal y de forzada. Hay secuencias donde la coreografía está tan milimétricamente estudiada que canta a danza ensayada, otras se llenan de enredos que minan su credibilidad.

Para mi sorpresa la crítica ha sido muy generosa. Y luego tumban títulos tan originales y completos como Sabotage

El juez


The Judge, 2014, EE.UU.
Género: Drama.
Duración: 141 min.
Dirección: David Dobkin
Guión: Nick Schenk, Bill Dubuque.
Actores: Robert Downey Jr., Robert Duvall, Vera Farmiga, Vincent D’Onofrio, Leighton Meester, Billy Bob Thornton, Denis O’Hare.
Música: Thomas Newman.

Valoración:
Lo mejor: Reparto de impresión.
Lo peor: Telefilme simplón, sensacionalista, manipulador, predecible, exagerado…

* * * * * * * * *

El juez engaña por fuera gracias a su buen reparto y su aspecto de cine de primera división (fotografía de Janusz Kaminski), pero en cuanto el guión empieza a mostrar la trama y a soltar sandeces se ve su naturaleza de telefilme rancio, manipulador, simplón, predecible y aburrido.

El relato de la familia rota que intenta seguir adelante es harto previsible, los estereotipos copan todas las escenas y personajes. Las reuniones con peleas, los pequeños pasos hacia el perdón, las reconciliaciones finales… Todo se ve venir de lejos porque se escupe sin el más mínimo esfuerzo por buscar algo de naturalidad, no digamos ya originalidad. De hecho el esfuerzo se pone en realzar el tono sensiblero, dejando muy atrás lo empalagoso para legar a la más rastrera manipulación emocional. Esos secretos absurdos escondidos de mala manera (la enfermedad), esos giros tramposos (algunos que ni vienen a cuento, como la hija bastarda), esos detalles cutres para empujar al espectador más moldeable (el abogado tontito y su vómito)…

Pero conforme avanza va empeorando la cosa, porque en esta auténtica extorsión sentimental los guionistas llegan a perder el norte: el juicio es un risión. La realidad y verosimilitud se dejan completamente de lado, el proceso legal lo reinventan y olvidan para cebarse en una orgía dramática tan artificial y descarada que produce carcajadas. El interrogatorio convertido en un padre y un hijo teniendo la pelea familiar final, mientras el juez y el fiscal no hacen nada y la cámara se ceba en las caritas de pena del jurado, se convierte en una parodia involuntaria. Como era de esperar con este nivel, las pretensiones morales son dignas del Disney más conservador: el protagonista rico y distante terminará aprendiendo a ser más humano y tradicional, todo ello expuesto sin sutileza alguna.

Lo único rescatable es el sorprendente reparto que han logrado reunir. Desde secundarios de lujo como Vincent D’Onofrio y Verga Farmia (a Billy Bob Thornton no lo cuento, su papel es anecdótico), a estrellas como Robert Downey y veteranos como Robert Duvall. Todos están muy bien, pero Duvall ofrece un recital que casi hace creíble algunas escenas de esas salidas de madre. Casi.

La crítica la puso en su lugar (aunque con más suavidad de la que merece), pero a tenor del pedazo siete y medio que le da el público en la IMDd parece que muchos se han tragado este esperpento.