El Criticón

Opinión de cine y música

Whiplash


Whiplash, 2014, EE.UU.
Género: Drama.
Duración: 107 min.
Dirección: Damien Chazelle.
Guión: Damien Chazelle.
Actores: Miles Teller, J.K. Simmons, Paul Reiser.
Música: Justin Hurwitz.

Valoración:
Lo mejor: Dirección, reparto.
Lo peor: Tan manipuladora que resulta ofensiva. Pero a tenor de su éxito esto no parece importarle a casi nadie.
El póster: Cumple a rajatabla “la regla del póster”: cuantas más críticas de obra maestra y más estrellitas veas en un póster, menos buena será la película.

* * * * * * * * *

Creía que no podía ver un filme más tramposo y manipulador que Dallas Buyers Club, pero Whiplash se esmera a lo grande y alcanza ese esperpéntico nivel. Por suerte está mejor narrada, y si apagas las neuronas puede llegar a entretener. Pero sinceramente, no puedo aprobar tamaño insulto a la inteligencia del espectador. Que la masa de espectadores se trague cualquier cosa, que sea moldeable por los medios, no es motivo para aleccionar atentados contra la dignidad y el buen gusto como este. Pero resulta que este género es el favorito en los Oscar, como vemos año sí y año también, pues cada temporada nos llegan varios de estos melodramas prefabricados y espurios que son encumbrados por el poder mediático de la Academia y aplaudidos por la masa descerebrada. Esta vez casi hacen pleno con las nominadas: seis de ocho, sólo Birdman y El gran hotel Budapest se apartan del género y tienen calidad cinematográfica digna de alabar. Pero lo que se me escapa es que la crítica (al menos la estadounidense) la aclame casi unánimemente: un 95% en rottentomatoes. ¿Tan fuera de la realidad vivo? ¿O es que a la gente le gusta ser engañada?

Resulta que tenemos que creernos que en pleno siglo XXI alumnos adultos (el más joven parece ser el protagonista, y es mayor de edad) se dejan vejar día tras día por un profesor incapaz para enseñar que da sus clases insultando, amenazando, exprimiendo a los alumnos hasta que lloran y sangran (literalmente), e incluso abofeteando y lanzando objetos que pueden herir gravemente. El régimen de terror es de dictadura total, inverosímil en sus primeras escenas, realmente ridículo cuando se va de madre. Y todos se callan y tragan. Todos adultos. En el país donde te denuncian por cualquier tontería.

El relato prometía ser otra vulgar y arquetípica historia de superación personal (con planos de manual, como el careto del padre en el momento de revelación del hijo), pero pronto se convierte en un artificial thriller psicológico que no llega a comedia involuntaria por el simple hecho de que es tan falso e insostenible que resulta molesto. Es comparar con Black Swan y se me cae la cara al suelo de vergüenza ajena.

Si pretendes un drama de crecimiento y superación personal debes ser honesto, sincero, cercano al espectador. Pero cada vez está más claro que es más fácil llegar al mismo mediante clichés, trampas argumentales, manipulación emocional barata. Sólo hay unas pocas escenas que atienden a conceptos sobre relaciones y sentimientos humanos verosímiles, como el breve noviazgo, pero no aportan realmente nada al caos global.

La puesta en escena es muy profesional y no hace alardes innecesarios. El director de verdad se cree lo que está rodando, y otorga un dinamismo muy acertado a un argumento que da poco margen. A pesar de los escenarios cerrados y los personajes sentados en situaciones siempre semejantes, el ritmo de cada escena es excelente, sobre todo gracias a una labor de montaje soberbia. Y de los actores saca también mucho partido. El joven desconocido Miles Teller (aunque con el reinicio de Los cuatro fantásticos es de suponer que se hará famoso) está impresionante en el rol de alguien obsesionado, solitario y que acaba quemado, y al veterano pero tampoco popular J.K. Simmons (más allá de Spider-Man pocos lo habrán visto) se le da bien imponer y gritar. Pero en otro giro absurdo de acontecimientos la espléndida labor del joven Teller ha pasado desapercibida mientras la obsesión con Simmons es incomprensible, pues se alaba como si su labor fuera revolucionaria cuando no es para tanto; si aceptamos esa valoración, entonces su papel en Oz es la mejor interpretación de la historia. La pena claro está es que de excesivos y absurdos los protagonistas no pueden calar lo más mínimo por mucho que los intérpretes se esfuercen.

Con el filme igual. De nada sirve su excelente impronta visual si lo que hay detrás da más pena que risa. Acabé el visionado sólo porque me da rabia dejar películas a medias y por mi asombro ante lo que veía: quería saber si el guionista era capaz de llevar más allá el despropósito. Y los niveles alcanzados son de quitar la respiración. Desde el accidente de coche esto resulta una parida difícil de definir. Se mofa tanto de la inteligencia del espectador que se permite saltar a su giro final y conclusiones (tan rebuscadas como todo lo demás) dejando de lado las explicaciones: ¿el tío va a un concurso con una banda que no conoce sin haber ensayado juntos, y acepta trabajar para quien abusó tanto de él? Por no decir que en nada que busques un comentario de alguien que sepa de jazz te desmonta la película. No, saber tocar la batería en jazz no es darle más rápido que nadie y marcarse solos dignos del heavy metal más ruidoso, es saber seguir y marcar el ritmo incluso en las improvisaciones. Ahí también han mentido con descaro.

Lo de Whiplash es demencial. Tan demencial como que haya un solo espectador que se haya tragado tanta trola, manipulación, clichés y memeces. Y me temo que son millones.

Una respuesta a “Whiplash

  1. Warren Keffer 27/02/2015 en 2:36

    Una corrección he hecho: las nominadas al Oscar son ocho (estaba convencido de que eran diez :O), y entre ellas estaba El gran hotel Budapest, que también se sale de la tónica de dramones prefabricados.

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