El Criticón

Opinión de cine y música

Interstellar (sin spoilers)


Interstellar, 2014, EE.UU.
Género: Ciencia-ficción, drama.
Duración: 169 min.
Dirección: Christopher Nolan.
Guión: Jonathan Nolan, Christopher Nolan.
Actores: Matthew McConaughey, Anne Hathaway, Jessica Chastain, Mackenzie Foy, Michael Caine, Casey Affleck, Timothée Chalamet.
Música: Hans Zimmer.

Valoración:
Lo mejor: No es sólo una obra maestra del cine, trasciende más allá de las imágenes, su mensaje es universal.
Lo peor: Algunos fallos puntuales son dignos de citar. Tan compleja y arriesgada que es y será incomprendida por muchos.
El título: ¿Pero qué costaba traducirlo?

* * * * * * * * *

Alerta de spoilers: La crítica no tiene ningún dato revelador de ninguna clase.–

¿Cómo abordar la crítica de una maravilla como esta, sobre todo cuando su virtud más llamativa es su capacidad para sorprender? Nada quiero desvelar de ella, ni de argumento, ni de estilo, ni de lo que oculta detrás, toda la magia y mensajes. Es imprescindible que cualquiera que piense en ir a verla lo haga sabiendo lo menos posible del argumento, no digamos de imágenes, sorpresas, ideas subyacentes, etc.

Qué difícil es esquivar información hoy en día. Hay películas que sabes que irás a ver sí o sí y quieres llegar más o menos sin saber nada. O al menos eso hacemos muchos cinéfilos: con conocer quiénes son sus autores o si es parte de un género o una saga que nos interesa la veremos indistintamente de lo que resulte al final. Pero con internet y la televisión es casi imposible llegar virgen. Te cuelan reportajes por todas partes. Te revientan claves del argumento en titulares sólo por conseguir clics rápidos. Y mira que esta vez hemos tenido la suerte de que los productores han sido cuidadosos y no han dejado pasar tráileres que te cuentan todo, que son cada vez más comunes y odiosos. Pero también son imperdonables las críticas que dicen no revelar nada y lo hacen con todo descaro, o las que lo hacen sin avisar. No lo entiendo. ¿Qué ganas con esa actitud? Ni visitas ni respeto.

Pero sí, conseguí llegar al cine sabiendo casi únicamente que Christopher Nolan se iba al espacio; sólo un detalle de la trama me jodieron con un titular mierdero. Y no me entendáis mal, no soy un adorador ciego de este realizador, de esos que ponen de obra maestra todo lo que hace. No compartí el entusiasmo desmedido por Origen o El prestigio, a las que les faltaba mucho para el sobresaliente, y me decepcionó mucho su forma de acabar la trilogía de Batman después de apuntar tan alto. Pero tiene cualidades que pocos poseen hoy en día, tanto porque parece estar todo inventado como por la falta de riesgo que corren autores y productoras. La capacidad de innovar y sorprender son virtudes prácticamente desaparecidas desde los Steven Spielberg y James Cameron de finales de los ochenta y principios de los noventa, pero Nolan ha recuperado ese espíritu muy bien. Soy seguidor suyo desde que deslumbró con Memento, no uno de esos que se suben a la moda cuando ya tiene bien asentada su carrera (El Caballero Oscuro sería su punto álgido), y asisto a cada nueva proyección con sumo interés porque sé que todas van a conseguir algo cada vez menos habitual en el cine: asombrarme y dejarme pensando durante días, indistintamente de que consiga filmes redondos o no.

Así pues, iba sin saber nada y ni siquiera esperando ver una gran película, sólo sabía que con toda probabilidad iba a disfrutar bastante. Y qué bofetón me he llevado. Ni El Caballero Oscuro, en toda su grandilocuencia y magnificencia, me caló tan hondo, ni la narrativa insólita de Memento me dejó tan impresionado. Porque Interstellar es una obra maestra, pero también mucho más. He vivido el nacimiento de un clásico, algo que ocurre dos, tres o cuatro veces por década como mucho. He estado en el estreno de otras obras maestras (El pianista a la cabeza), pero pocas de esas que rompen esquemas de tal manera. Por ejemplo American Beauty dio la vuelta al drama y la crítica social tal y como se conocían hasta entonces, y Seven inventó varios géneros nuevos. Matrix sería la más cercana, por género y capacidad de impacto, porque genialidades como Hijos de los hombres por desgracia no han logrado un reconocimiento global y se limitan a ser “obras de culto”. He sentido lo que seguramente sintieron las generaciones anteriores ante el estreno de La Guerra de las Galaxias y de 2001: asombro por ver cómo se destrozan las fronteras del cine tal y como se conocían, y, como en el segundo caso, se llevan además a terrenos alejados de lo normal en el séptimo arte: la metáfora y la filosofía.

Interstellar resulta más introspectiva, profunda y emocional que directa y convencional. Es decir, como 2001 (por citar el referente más conocido, hay otras obras que se podrían señalar, Tarkovsky y Fritz Lang a la cabeza), es difícil de catalogar tanto en géneros como en corrientes de pensamiento. Y por apuntar al corazón y empujar a la reflexión, las obras de este estilo generan respuestas muy polarizadas. O entras en su juego y entiendes algo del trasfondo filosófico, o puedes chocarte de lleno contra una barrera invisible. Así, hay no pocos enfrentamientos entre críticos y aficionados sobre su alcance: ¿es una obra maestra o un timo?, ¿sus cualidades en conjunto la hacen inmortal o sus fallos derrumban la película?

Para mí es sin duda una obra maestra… y no por eso ignoro o niego los fallos que se le pueden sacar. No hay largometraje por bueno que sea al que no se le pueda señalar algún aspecto mejorable, o incluso algún gran agujero (¿verdad, Alien y La diligencia?). Sólo quizá Casablanca es tan jodidamente perfecta que parece librarse de ello, o quizá es que es tan vieja que se ha convertido en leyenda; y lo mismo se aplica a Metropolis y otras tan antiguas. Interstellar tiene algunos puntos dignos de citar como mejorables, y unos son más perdonables que otros.

Hay una muerte lastimera allá donde el agua (si la has visto sabrás qué escena es); en un principio con la intensidad del clímax quizá no te das cuenta, pero es que el personaje se queda como esperando la muerte, perdiendo bastante credibilidad la situación. No me gusta nada el diseño del robot, que es esperpéntico e ilógico (aunque lo mismo pretendían homenajear el monolito de 2001), y da la sensación de que tratan de esconder sus interacciones (movimiento, agarre, etc.) porque veían que efectivamente no quedaba bien. También pienso que el sentido del humor que intentan colar en algunas escenas queda un poco forzado.

El otro aspecto largamente criticado es uno muy subjetivo y que se puede mirar desde varios prismas: el exceso de explicaciones. A mí como a otros me rompe ligeramente el ritmo algunas ocasiones en que Nolan se empeña en explicar con pelos y señales algunas cosas… pero es que tampoco podía irse al otro extremo, que hay pilares de la trama sólo entendibles por amantes de la ciencia-ficción y la ciencia espacial. Quizá había un punto intermedio más comedido, pero yo entiendo y defiendo la posición de Nolan, aunque hubiera preferido algo más sutil. Apuesta por apuntar al público generalista, no solamente a los más inteligentes y además a los cultos en esta temática. Y como tal debe ser bastante expositivo, debe exponer las reglas básicas de la ciencia del relato y señalar el trasfondo que persigue, para que casi todo el mundo pueda aspirar a entender los planteamientos y mensajes desarrollados.

A mí me da la sensación de que a algunos les jode que no sea un producto intelectual exclusivo al que aludir para sentirse superiores. Nolan juega en la liga de Spielberg, no en la de Malick o Lars von Trier. Sabe que el cine es entretenimiento, y quiere entretener a todos, no mostrar su arte más abstracto y que sólo unos cuantos alcancen a comprenderlo (o a tragarse sus paridas). Y me parece tan digno como loable. ¿Es que no se dan cuenta del gran logro que ha conseguido? Ha colado ciencia-ficción dura y filosofía trascendental como si fuera una cinca comercial. Casi 700 millones ha recaudado en la taquilla, no se ha estrellado como Solaris, que contaba con el tirón de George Clooney pero luego la gente se salía del cine porque era demasiado poética y rebuscada. Y este éxito, más los recientes de Gravity y Guardianes de la galaxia, puede abrir muchas puertas a un género siempre denostado y tratado como de segunda categoría. Quizá próximas maravillas tengan una mejor recepción que joyas ignoradas como Hijos de los hombres, La carretera y otras.

Pero ninguno de los fallos que podamos atribuirle empaña un conjunto que va más allá de resultar una obra maestra del cine, pues también es una oda sobre la humanidad, una reflexión sobre nuestro potencial, nuestras limitaciones y nuestro sino. Interstellar lo tiene todo. Conjuga el drama cercano e introspectivo (conocemos a fondo los anhelos y miedos de los protagonistas) con una épica de aventuras y supervivencia deslumbrante. Cuando se lanza a la intriga y acción te atrapa hasta dejarte sin aliento en un espectáculo del estilo del director: grandilocuente, sí, pero también donde hace gala de una desbordante imaginería visual y gran dominio de la técnica. Y entre medio expone con sensibilidad y a la vez mucha fuerza mensajes de gran calado, pensamientos e ideas de diversa índole, en un relato que rebosa filosofía y metafísica sin notarse desigualdad con todo lo demás.

La fuerza inenarrable de las imágenes (en especial en sus sobrecogedores momentos álgidos) y la belleza del universo comparten mérito entre el realizador y el equipo artístico, pero hay un elemento crucial: el portento de banda sonora. Tras años en una línea comercial un tanto decepcionante recuperamos al Hans Zimmer más inspirado y esforzado, el que se implica de lleno en la narrativa y logra una partitura bella y poderosa que forja una simbiosis perfecta con las imágenes. No escuchaba algo tan hermoso y a la vez estremecedor desde La delgada línea roja.

El personaje principal es de esos inolvidables por su dibujo sencillo pero magnético, y también gracias a la estupenda interpretación de Matthew McConaughey. Otros pocos principales son esenciales para las muchas aristas de la historia, en especial Jessica Chastain, pero la historia fluye principalmente a través de él. No puedo decir más para no revelar nada, pero las sorpresas que guardan algunos de los secundarios son fantásticas, aunque el espectador avezado podrá intuir alguna con antelación (y hay que señalar que en este caso es prueba de que están bien planteadas, no de que sean previsibles). Pega, de haber una, es que un par de personajes en un momento dado son catalizadores de esas explicaciones largas, y puede molestar un poco a quien no las necesitara. El problema más destacable viene del doblaje: primero porque se ve que les cuesta doblar a McConaughey, que habla con la boca cerrada y farfullando, y segundo porque el de las féminas Anne Hathaway y Mackenzie Foy (la niña) es verdaderamente horrendo.

Como se veía venir, los festivales de premios de cine más famosos, en su conservadurismo y vicios (qué obsesión con los telefilmes simplones de superación personal), han pasado de semejante obra de arte, a pesar de que había antecedentes que hacían pensar en que podría tener opciones, porque Gravity y su director obtuvieron mucha representación el año pasado. Quizá fue porque era más simple, una aventura de supervivencia sin más complejidad, pero la ciencia-ficción reflexiva se les atraganta curiosamente tanto como la más comercial: Guardianes de la galaxia y esta Interstellar han sido con diferencia las mejores películas del 2014. Es más, no me cabe duda de que las dos, sobre todo la aquí analizada, son hitos cinematográficos que marcarán una época, mientras la decena de títulos seleccionados por estos supuestos referentes del cine estarán olvidados para el año que viene. Y otra broma suprema es el robo a Hans Zimmer, que se ha marcado la mejor banda sonora de la década y tampoco ha tenido la recepción merecida.

Ver también:
Interstellar con spoilers.

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