El Criticón

Opinión de cine y música

Exodus: Dioses y reyes


Exodus: Gods and Kings, 2014, EE.UU.
Género: Aventuras, fantasía.
Duración: 150 min.
Dirección: Ridley Scott.
Guion: Steven Zaillian, Jeffrey Caine, Bill Collage, Adam Cooper.
Actores: Christian Bale, Joel Edgerton, Ben Kingsley, Aaron Paul, John Turturro, Sigourney Weaver.
Música: Alberto Iglesias.

Valoración:
Lo mejor: Aspecto visual de primera.
Lo peor: Guion insustancial, con lo que la película carece de garra, de alma. La sosa banda sonora también contribuye a ello.
El título: Otro nombre absurdo que mezcla castellano e inglés. ¿Por qué no traducen exodus?

* * * * * * * * *

El guion de Exodus parte de conceptos muy clásicos. La rivalidad entre hermanos/amigos por el trono, uno déspota, el otro reflexivo y moderado y que terminará dejando la abusiva nobleza para unirse al pueblo en la rebelión, y como es esperable, ambos terminarán enfrentándose; tenemos también otros topicazos como el anciano sabio y la chica de turno, esta última más que nunca metida con calzador en un capítulo que resulta anodino y también bastante machista, pues pone a la mujer como simple complemento del hombre y criadora de familias. Como todo lo hemos visto ya un millar de veces y está claro que no pretendían mostrar algo novedoso dado el relato en el que se basan, qué menos que esforzarse en darle fuerza y profundidad suficientes para que pueda causar alguna impresión y emoción. Pero no, la trama avanza con desgana y monotonía, los personajes se quedan en la superficie, es decir, en arquetipos sin alma. Y como todo es predecible, pues roza el aburrimiento. La comparativa con Gladiator es obvia y necesaria: aquella narraba prácticamente lo mismo, y no hace falta recordar la calidad, fuerza y trascendencia que transmitían todos sus elementos formando una cinta memorable.

Sólo el dinero (vestuario y decorados impresionantes) y la narrativa siempre impecable de Ridley Scott salvan a la película del suspenso, aunque en un par de aspectos se queda algo por detrás de sus últimos títulos. Los planos y secuencias de ciudades y palacios, las batallas y el cruce del Mar Rojo, son bastante impresionantes; el realizador rueda con la grandeza habitual en él: exteriores bien conjugados con efectos especiales, planificación y ejecución de escenas colosales con una facilidad pasmosa para su edad (¡77 años!), gran dominio de la épica… Pero por las características de la historia esa épica no llega a ser inconmensurable como lo fue en El reino de los cielos, aunque es justo decir que el asedio y las batallas de esa obra serán muy difíciles de superar. Y también se puede señalar que en algunos instantes se notan los efectos especiales, a pesar de que esos escenarios digitales anaranjados de la era de Gladiator ya parecían estar superados.

Pero sí, en líneas generales Scott se marca otro espectáculo visual de primer orden y como se espera de un artesano clásico: tempo bien medido, fotografía llena de estupendos planos medios y grandes angulares, gran provecho de los decorados y exteriores, y todo ello sin dejarse llevar por fuegos artificiales baratos (los recursos de los directores sin recursos: agitar la cámara y acelerar el montaje, saturar de ruido y efectos digitales). La pega, claro está, es que con personajes y trama tan débiles poca fuerza puede salir de las imágenes, por muy perfectas que sean en la técnica. En la misma tónica están los actores: son todos competentes de sobra, en especial el gran Christian Bale, pero poco margen tienen y poco terminan ofreciendo. Ahora bien, hay un aspecto que sí queda muy lejos de dar la talla para una superproducción de aventuras: la banda sonora es floja, simple y carente de empaque. Alberto Iglesias es buen compositor, y destaca su conocimiento de las músicas étnicas, pero aquí no está nada inspirado y se queda lejísimos de reforzar la épica, la aventura y el drama como se requería.

Por otro lado, otro lastre es la sensación de que Scott pretendía un acercamiento más neutral, casi histórico, a la mitología del Éxodo y Moisés. No es directo o descarado, pero todo lo que muestra (visiones de Moisés, plagas, Mar Rojo) lo hace de forma que pueda tener una explicación racional, nunca se inclina del todo por la fantasía. Abordar una fábula mitológica de esta índole sin tener una conexión plena con ella y pretender montarse un revisionismo limitado es lanzarse directamente al fracaso. Ya desde el texto en pantalla del inicio la fachada histórica se derrumba: las pirámides no las construyeron esclavos, las últimas datan de unos 600 años antes de la época representada en la película, aunque Ramsés sí mandó edificar cantidad de templos, y sobre todo no hay prueba alguna del éxodo de Moisés, no encaja en ninguna de las civilizaciones y fechas conocidas. Así, se queda corto para todos los espectadores, tanto para los que esperan ver una representación fiel de la mitología de su religión (incluyendo a los que se la creen como algo real, claro) como para los que prefieren la Historia. El resto de espectadores se conformaría con una buena aventura, pero tampoco eso consigue.

Ahora queda por ver si terminan sacando una versión extendida o director’s cut que, como en El reino de los cielos y Robin Hood, incluya material quizá menos espectacular (las productoras siempre simplifican los montajes centrándose en la acción) pero que dé mejor forma al relato y describa más en profundidad a los personajes, que algunos han quedado en casi nada, como los de Sigourney Weaver y Aaron Paul. Scott afirma que su montaje inicial, ese del que parten para formar la película final quitando cosas no esenciales y recortando escenas, duraba como cuatro horas y media, con lo que tiene buena cantidad de material en espera de formar una película que podría ser mucho mejor, de hecho incluso totalmente diferente si nos atenemos a ejemplos como su El reino de los cielos o la Alejandro Magno de Oliver Stone.

Una respuesta a “Exodus: Dioses y reyes

  1. Alberto E. V. 21/04/2015 en 10:33

    Es que es nefasta. Peor aún, cobarde. Sabe que tiene un mito entre manos que hoy en día es difícil de transmitir (es un genocidio, no nos engañemos), pero no se atreve a tomar una posición fija frente a él, y por eso mismo nos intenta colar una lucha fraternal, una rebelión política, una épica heroica, una explicación racional al mito (¡con un par!) y una venganza sobrenatural de un dios. Y no solo la película da tumbos entre todas esas opciones, sino que son todas incompatibles. Y así sale lo que sale: un Moisés con el espíritu del Che, que ve cómo el mar se tiñe de rojo porque los cocodrilos masacran a la gente (en fin…) mientras Dios le sirve un té como si fuese la Señora Potts. Pues no, Scott, esta no me la has colado: tu última gran película épica fue “El reino de los cielos”, pero con esta ni siquiera una versión extendida podrá arreglar que no has tenido el valor suficiente como para hacer algo coherente.

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