El Criticón

Opinión de cine y música

Big Eyes


Big Eyes, 2014, EE.UU.
Género: Drama, comedia.
Duración: 106 min.
Dirección: Tim Burton.
Guión: Scott Alexander, Larry Karaszewski.
Actores: Amy Adams, Christoph Waltz, Danny Huston, Jason Schwartzman, Terence Stamp, Krysten Ritter.
Música: Danny Elfman.

Valoración:
Lo mejor: El sentido del humor y la sensibilidad del guión, la colorida puesta en escena, el excelente reparto.
Lo peor: El final es muy, muy soso.

* * * * * * * * *

Qué extraño el poco éxito de Big Eyes, porque a mi parecer recupera al Tim Burton que firma películas sensibles y hermosas del estilo de las apreciadas Eduardo Manostijeras y Big Fish. En su contra jugaría la escasa distribución y publicidad que recibió. Los hermanos Weinstein, los todopoderosos productores, pueden hundir o encumbrar una película según les place, y parece que esta no les interesó. Pero aun así, sorprende que teniendo el tirón de actores y director de sobra conocidos no causara algo más de impacto. Al menos el presupuesto fue ínfimo (10 millones… compáralos con los absurdos 150 millones de Sombras tenebrosas) y no habrá llevado a nadie a la bancarrota.

Los guionistas Scott Alexander y Larry Karaszewski, expertos en biografías atípicas (Ed Wood, Man on the Moon), parten de unos pilares bastante básicos, pues la historia de superación personal no sorprende y gran parte de los capítulos de la vida de la pintora retratada (¡ja!) se ven venir. Pero el juego de la estafa le da una perspectiva muy interesante, y sobre todo saben exprimir cada situación obteniendo en general una aventura tragicómica muy emotiva. Los personajes son deliciosos, pronto te enganchas a la odisea de Margaret esperando que sea capaz de salir airosa, mientras no sabes sin abofetear o sentir pena por Walter. Además toca temas interesantes, como la fina frontera entre arte y mercantilismo, los altibajos de las modas, el machismo y la emancipación de la mujer, la soledad del millonario aislado del resto de la sociedad, los críticos resentidos…

La puesta en escena, crucial en la confección de esa atmósfera de cuento, es hábil y vistosa como se espera de un artesano del calibre de Tim Burton, aunque también dada la sencillez del relato no puede ofrecer algo complejo y enrevesado. El tempo de cada escena es excelente y sabe sacar lo máximo de personajes y actores, pero si destaca es por el colorido aspecto visual, donde se buscó a un director de fotografía que domina muy bien las tonalidades buscadas: el francés Bruno Delbonnel, artífice de genialidades como A propósito de Llewyn Davis, Amelie, Largo domingo de noviazgo… Aquí deslumbra más que en su anterior colaboración con Burton (Sombras tenebrosas) porque como decía se trabajan un estilo más intenso y recargado en cuanto a colorido: cada plano emula ser un cuadro a través de una cuidadísima iluminación.

Con esta combinación todas las escenas, por predecibles que puedan ser, poseen la chispa burtoniana tan genuina: la atmósfera algo irreal, casi absurda, el ingenio inagotable, y por supuesto también la belleza visual. Hasta una simple conversación en un restaurante, con la esperable disputa matrimonial, llega hondo por el buen ritmo, la gracia de los diálogos y la vuelta de tuerca casi surrealista del momento. Y hay tramos donde este estilo explota a lo grande, como las escenas en el bar: el jefe rarito, la exposición en el pasillo del baño, la llegada del rico… Pero hay otros muchos pasajes que juegan muy bien con el drama sencillo y la comedia ligera, consiguiendo una cinta amena y conmovedora. Tan sólo tiene un fallo importante, y es que en el desenlace los guionistas se quedan sin inspiración y la cinta cae de golpe a un abismo de desinterés. El juicio es insípido, toda la energía del relato desaparece en él. La falta de ritmo, el tono apático y la carencia de ingenio amargan bastante el final de la proyección. Parece formar parte de otra película distinta, la verdad.

El trabajo actoral es fantástico como también cabe esperar de dos pesos pesados como Amy Adams y Christoph Waltz. La primera capta muy la candidez de Margaret y está impresionante en sus altibajos emocionales, el segundo deslumbra como estafador de poca monta que llega mucho más lejos de lo esperado gracias al talento de su mujer, otorgándole al personajillo un patetismo encantador.

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