El Criticón

Opinión de cine y música

Archivos mensuales: junio 2015

Jurassic World


Jurassic World, 2014, EE.UU.
Género: Acción.
Duración: 124 min.
Dirección: Colin Trevorrow.
Guion: Rick Jaffa, Amanda Silver, Colin Trevorrow, Derek Connolly.
Actores: Chris Pratt, Bryce Dallas Howard, Ty Simpkins, Nick Robinson, Vincent D’Onofrio, Irrfan Khan, BD Wong.
Música: Michael Giacchino.

Valoración:
Lo mejor: Dirección, efectos especiales. Ritmo excelente y sentido del espectáculo de primera.
Lo peor: Podría haber sido una gran película con personajes con un mínimo de calidad, pero se empeñan en reunir topicazos y gilipolleces hasta casi convertirla en cine cutre. Y como viene siendo habitual, los tráileres que te cuentan toda la maldita película.

* * * * * * * * *

Alerta de spoilers: Quizá cuento demasiado si quieres verla sin saber absolutamente nada.—

La presentación del parque y los protagonistas, la exposición de las cosas que van saliendo mal (ambiciones, incompetencias, fallos de seguridad), el desastre en que se convierte todo, la irrupción de los dinosaurios, los distintos frentes activos, la construcción metódica de largas piezas de acción… Sin duda es un remake de Parque Jurásico, pero uno bastante acertado, pues no sabe a repetición de la jugada y sobre todo mantiene el alma de la saga mucho mejor que la segunda y tercera entregas, donde no supieron ni repetir la fórmula ni alejarse de ella. De hecho me sorprende que hoy en día, y más habiendo pasado tantos años desde la original, hayan sido capaces de recuperar algo de esa magia que combinaba la fascinación por lo desconocido y el espectáculo sobrecogedor.

El director Colin Trevorrow es una apuesta sorprendente por parte del estudio: era un don nadie sin experiencia en la acción, pues sólo tiene en su haber un largometraje, Seguridad no garantizada, una obra sencilla sobre adolescentes que vi en su momento porque tiene cierto culto a su alrededor, pero no me llamó la atención y la olvidé enseguida. Pero aquí hace gala de un gran dominio narrativo con el que consigue transmitir bastante bien todas las emociones buscadas: el sentido del asombro, la tensión, los sustos, la adrenalina… Las escenas de acción sencillas atrapan tanto como las más grandilocuentes, aunque obviamente estas van algo más allá, consiguiendo dejarte absorto, casi sin aliento. Por ejemplo el tramo final es impresionante, pero la persecución de los raptores al furgón no se queda atrás, pues acojona bastante. En esto también supera a las otras dos secuelas, que en lo visual carecían de garra y el espectáculo se quedaba bastante corto. Aun así hay alguna cosa mejorable, como que no me quedó claro qué es del enorme gentío tras el ataque de los pteranodones (en el jaleo final no parece quedar nadie), o cuántos velocirraptores van muriendo en lucha final, porque aparecen y desaparecen sin que quede claro su número y ubicación.

Por supuesto hay que destacar los impecables efectos especiales, donde lo digital parece totalmente real (no entiendo a los que dicen que cantan mucho, ¿es que su cine tenía los colores alterados?) y está perfectamente integrado en las imágenes y la narración, así como los excelentes efectos sonoros. Lo único que se queda un poco corto es la banda sonora de Michael Giacchino, que homenajea bien a la grandiosa creación de John Williams pero no llega a aportar nada de su propia cosecha que resulte llamativo. Tampoco las otras dos secuelas tenían una música con pegada, todo sea dicho.

Jurassic World es un espectáculo muy gratificante que está diciéndote a gritos “voy a ser una gran película y un episodio digno de alabanza”… pero por desgracia no llega a hacerse realidad, porque el guion parece haber sufrido los zarpazos de otros dinosaurios: los carcas de los estudios. No me cabe duda de que esta es una de esas cintas mancilladas por productores que obligan a incluir patrones e ideas que van minando la solidez y potencial del producto. Sólo así puedo explicar que una trama bastante equilibrada y con tanto potencial fuera destrozada poniendo en ella semejantes esperpentos de personajes que además sirven para lanzar manidos mensajitos morales y un sentido del humor que produce vergüenza ajena. Y no digamos el tema de los anuncios, que directamente debería estar penado por ley por publicidad subliminal. La escena de Claire visitando a Owen por primera vez es simple y llanamente un anuncio de Mercedes y Coca Cola, toda la escena está pensada para lanzar los mensajes de esas empresas: el Mercedes asociado al éxito y el dinero, la Coca Cola al éxito social (el guaperas, la moto, la chica).

Como resultado, una película impecable en lo visual y con enorme potencial está apunto de resultar un desastre. Para muchos de hecho lo es. Si tanto estereotipo y tontería se te atraganta y te nubla las otras virtudes del relato, te va a resultar una obra mediocre. Yo he sufrido algunos cabreos, pero no como para impedirme disfrutar de un título de acción más que aceptable. Pero sí, es decepcionante que lo que se podía haber alcanzado con unos protagonistas mínimamente decentes y algo más de inteligencia en el guion se eche por el retrete por la obsesión de cumplir con los tópicos de turno y tratar de contentar a todo el público posible (un niño de cuatro o cinco años tuve que soportar el cine). Voy de personajes menos relevantes a más:

La pareja de técnicos… Jodeeeeeer, ¿se está convirtiendo en norma el incluir algún secundario rematadamente estúpido? Qué cosa más salida de madre: la chica tonta, el friki rarito, los chistes y diálogos cutres, el pseudo romance cómico inaguantable… Y no me olvido del guardia de seguridad gordo y torpe, que parece puesto ahí para reírse de los obesos. Por favor, que en bluray saquen una versión con esta gente asquerosa eliminada del metraje.

El doctor que vimos en la primera entrega, Henry Wu (DB Wong), representa al científico loco que crea monstruos, porque la ciencia es así de peligrosa. El militar pesado (Vincent D’Onofrio) es para echar de comer aparte… literalmente, porque su presencia es como ajena a la película: está ahí armando jaleo y siendo molesto (en especial para la inteligencia del espectador), pero al final realmente no tiene peso en la trama, salvo morir de forma tonta para hacer gracia a los peques y dejando “grandes” mensajes pro-naturaleza y anti-ambición. Con el millonario en cambio no sé qué pretendían: el tío va de responsable y de héroe y se estrella. ¿Querían ampliar esos dos mensajes recién citados o buscaban otra cosa? Lo que queda es una especie de chiste desubicado y malogrado, y encima incongruente: para forzar su gesta tenemos escenas donde repentinamente no hay un solo piloto de helicóptero, pero cuando no está aparecen a puñados de la nada. Y para rematar tenemos al negro amigo del prota blanco, puesto ahí con todo descaro para cumplir el cupo racial: no tiene entidad alguna y tras la proyección ni recordarás qué hizo.

La pareja de niños son otros dos topicazos andantes. El adolescente irresponsable que sólo piensa en ligar y el jovenzuelo sabihondo que sufre el divorcio de los padres. Pero al menos no resultan repelentes, sólo simplones, y los intérpretes no están mal, con lo que cumplen de forma justita. Obviamente se quedan a años luz de los chavales de la primera película, pero no dan ganas de que mueran destripados como la odiosa niña de la segunda.

La protagonista, Claire, es una fría y exitosa ejecutiva… que deja de lado a veinte mil personas y se mete en un entorno que desconoce para buscar a sus sobrinos. No, no cuadra. La mujer que me has presentado se quedaría en la sala de control tratando de solucionar todo a la vez, pues ahí es desde donde mejor puede gestionar la crisis. Está claro que pretendían tratar el típico y cansino mensaje de unión familiar contra la obsesión por el trabajo, pero no se esfuerzan lo más mínimo por darle sentido y lógica, por narrarlo bien. Sueltan los clichés básicos sin pensar en las consecuencias: la presentación donde se olvida de los chavales por alguna reunión, los remordimientos, la superación de sus “errores” mientras empieza a poner la familia por delante de todo lo demás, y el reencuentro y redención. No importa que nada tenga coherencia, parece que lo único importante es el mensaje. También cabe señalar el descarado relleno que le han puesto en el sujetador y el cachondeo que hay con que se tira toda la película corriendo con tacones. Y no olvido comentar que hubo quejas sobre que era un rol machista, pero visto el destroce generalizado con los personajes es solo un esperpento entre muchos, y no veo por qué se armó tanto jaleo; se ve que es el tema de moda para montar polémicas exageradas.

El macho alfa es otro estereotipo pero al menos resulta coherente. Owen es el clásico empleado curtido y profesional que no traga con la incompetencia de los jefes, una descripción sencilla pero que ofrece un individuo creíble. Además su viaje por el relato es consecuente con lo mostrado inicialmente. El enorme carisma de Chris Pratt lo realza bastante, y también debo decir que me alegro de que no buscaran un tipo graciosete y simpático para exprimir el éxito de su papel en Guardianes de la galaxia, algo que temía que ocurriera. De hecho con su seriedad y esfuerzo resulta el único realista y atractivo del grupo (y no hacía falta que los niños lo endiosaran como a un superhéroe, en otro de esos ramalazos infantiles inaguantables). Bryce Dallas Howard también está muy resuelta en su absurdo personaje, limando así un poco lo irritante e inverosímil que resulta. Pero luego tenemos la dinámica entre ambos, también forzada a los clichés de turno: el odio inicial y el entendimiento y beso final. Pero entre medio no hay proceso de cambio alguno, las cosas ocurren porque sí sencillamente porque algún mandamás dijo que así deben ocurrir.

La Indomitus, el dinosaruio más relevante, también merece su apartado. Resulta que han creado un bicho enorme e impresionante para atraer a un público que ya se ha cansado de ver cosas mundadas como el Velopcirraptor y el Tiranousaurio (en serio, eh). El caso es que Owen, uno de los principales cuidadores, no sabe que existe. Difícil creer que se pueda guardar tal cosa en secreto. Además resulta ser muy lista, tan lista que sabe que han puesto sensores de calor para vigilarla y que tiene un localizador implantado (que para rematar, va con luz y sonido a pesar de estar bajo la piel…). Y ya que estoy hablando de dinosaurios, me pregunto en qué cabeza cabe tener cientos de carnívoros gigantes voladores, menuda locura (aunque esto se veía en la tercera parte también).

Esta es la tónica de Jurassic World. Un argumento con gran potencial (de hecho los capítulos de la trama fluyen muy bien) y un director que resultó ser el indicado para sacar el máximo partido de un guion que por desgracia cayó en manos de unos incompetentes o más bien parece que sufrió la típica lluvia de ideas de los productores. Como resultado queda una producción palomitera vistosa pero con las carencias de siempre en el género, cuando da la sensación de que debería haber sido mucho más. La propia premisa termina pareciendo una parodia de la existencia misma de la película: el público sólo quiere lo más grande y ruidoso sin importarle el resto del contenido, los productores empeñados en concedérselo aunque sea a costa de destruir una material que apuntaba mucho más alto. Ahora bien, ni con esas la veía como para superar los mil millones de dólares mundiales de recaudación, y menos con tal velocidad, rompiendo un récord detrás de otro. No es original ni revolucionaria, no forma parte de una saga que está pegando fuerte actualmente, ni veo que pueda calar con el boca a boca (de hecho la taquilla la ha hecho en pocas semanas). Me sorprende mucho que tanta gente le tuviera tantas ganas. Se ve que la campaña publicitaria ha funcionado. La secuela está garantizada, y es de suponer que no arreglarán sus fallos, sino que incluso probablemente hayan pensado que son lo que le ha dado el éxito… Por cierto, esa secuela molaría si se centrara en los juicios millonarios y en cómo la protagonista y demás accionistas acaban en la cárcel por la muerte de cientos de personas.

Ver también:
Parque Jurásico.
El mundo perdido.
Parque Jurásico III.

Fallece el gran James Horner

Sin palabras me hallo. He tenido que leer la noticia varias veces en distintas fuentes porque no quería creérmela ni podía asimilarla. Con 61 años nos deja uno de los músicos más importantes de la historia, un referente sin igual en la música de cine. Un accidente con su avioneta ha sido la causa de tan inesperado y trágico fallecimiento.

Formaba junto a John Williams y Jerry Goldsmith el trío de oro de la música de cine moderna. Los tres marcaron el tono en la última mitad del siglo XX. Incluso contando con los grandes Morricone, Herrmann o Rózsa, seguiría poniendo aquellos por encima. Nadie más acumula tantas obras maestras, tantos temas memorables, tantas películas realzadas magistralmente por sus batutas.

Las bandas sonoras más famosas de Horner estarán eternamente en el corazón de melómanos y cinéfilos, pero también de un gran número de espectadores casuales, tal fue la huella que dejó en todo el globo. Braveheart, Titanic, Aliens, Leyendas de pasión, Willow, En busca de Bobby Fischer, Star Trek II, Avatar… Se despide además dejando un buen recuerdo, porque uno de sus últimos títulos, El último lobo (Le dernier loup), es muy gratificante y ha tenido muy buena recepción entre los críticos y los fans.

Pero también arrastró cierta leyenda negra. La industria del cine es muy exigente, obliga a componer con prisas y a realizar varios trabajos al año si quieres mantener tu estatus y caché. En otras palabras, la rutina y las prisas pueden minar la creatividad. Horner tuvo bajones sonados, y también una práctica bastante criticada: no tenía vergüenza a la hora de utilizar temas de autores sinfónicos previos (Khachaturian y Schumann sus favoritos) y repetir patrones. Mítico es su “parabará” (nacido en Star Trek II), con el que llegó a cansar en productos malogrados como Troya o Enemigo a las puertas. También reconocibles son algunos coros y pianos que sobó más de la cuenta. Con ellos tuvo una cima creativa en 1993 con Los fisgones, En busca de Bobby Fischer y El hombre sin rostro, de las que derivaron otras muchas, alguna que incluso sorprendente e injustamente alcanzó más fama que las originales, como Una mente maravillosa. Y los motivos de acción de Krull, The Rocketeer y Willow también los paseó por decendas de películas con mayor o menor éxito.

A modo de homenaje y referencia para quien quiera sumergirse en su fascinante universo musical, dejo una lista con las que probablemente sean sus diez mejores bandas sonoras:

Leer más de esta entrada

Mi pequeño homenaje a Christopher Lee

Lo fui dejando, en parte porque no fue un fallecimiento inesperado ni trágico, en parte porque copaba las portadas de los medios y no me parecía que pudiera aportar mucho más. Pero al final he querido dejar mis impresiones sobre su muerte.

Era inevitable, el paso del tiempo nos coge a todos. Con 93 años, hacía varios ya en los que su final se veía venir. Por ello no me ha supuesto una sorpresa, no ha habido el shock de ver un artista admirado perecer antes de lo esperable en circunstancias que se pueden denominar injustas. No es una tragedia, es el ciclo de la vida. ¿Y qué más le quedaba por lograr y por ofrecernos?

Nacido en 1922, vivió lo mejor y lo peor del agitado siglo XX, y sobre todo fue partícipe en la evolución del cine. Desde 1946 ha participado en casi trescientas películas y series, muchas de ellas enormemente emblemáticas, influyentes e inolvidables. Su altura, porte, voz y carisma nato le permitió conseguir papeles muy representativos y destacables, y la voz incluso le llevó a cantar en algunos discos de heavey metal.

Drácula, la criatura de Frankenstein, Fu Manchu, Sherlock Holmes y también Mycroft Holmes, la momia, Rochefort (villano de Los tres mosqueteros), Sacaramanga (villano de James Bond), Saruman, el conde Dooku… fue incluso la Muerte. No se ha ido un grande del cine, se ha ido una parte del cine.

Elegidos para la gloria


The Right Stuff, 1983, EE.UU.
Género: Drama histórico.
Duración: 193 min.
Dirección: Philip Kaufman.
Guión: Philip Kaufman, basado en la novela de Tom Wolfe.
Actores: Sam Shepard, Scott Glenn, Ed Harris, Dennis Quaid, Fred Ward.
Música: Bill Conti.

Valoración:
Lo mejor: Buen reparto y dirección.
Lo peor: Relato inconsistente, sin rumbo ni intenciones claras, con achaques notables como un pésimo sentido del humor. Duración desmedida e injustificable.

* * * * * * * * *

No conocía esta película hasta que me topé con ella por casualidad, y me llamó pronto la atención: muy buenas críticas, reparto potente y temática centrada en la carrera espacial. Pero la decepción ha sido enorme, la cinta arrastra una serie de fallos que frenan casi por completo su potencial.

Enseguida salta a la vista que Philip Kaufman, guionista y director, no tiene claro qué contar, si la historia de unos pilotos militares, los inicios de aviación a propulsión, o el comienzo de la carrera espacial. Todo lo mezcla formando un relato muy inflado, saltando de una historia a otra sin un rumbo claro. En este galimatías no termina de centrarse en ningún arco concreto, con lo que a pesar del enorme metraje (¡tres horas y diez minutos!) no parece que llegue a contar una historia cerrada. Quizá el problema ya estaba en la novela de Tom Wolfe en que se basa, pero no la he leído y me centro en lo que veo en la película.

Pide a gritos recortarle más de una hora y centrarse en lo que parece más relevante, el proyecto Mercury. Hay personajes y secciones enteras a borrar. Tomando la carrera espacial como argumento central lo más evidente es preguntarse qué narices pinta Chuck Yeager chupando tanto tiempo, si su historia es paralela a todo lo demás. Sencillamente a Kaufman le mola el personaje y lo metió a la fuerza. Así, el inicio en la base de aviación experimental no llega a aportar nada. Para decir que algunos astronautas vienen de ahí no hace falta un prólogo eterno que finalmente está claro que no aporta nada esencial al dibujo de esos protagonistas. Igualmente hay recesos que no sé cómo no se quedaron en la sala de montaje, como esa aparición de indígenas australianos que casi destroza por completo el ya de por sí endeble clímax final. En el afán de incluir algunas anécdotas también se le va la mano: toda una larga escena para decir que los astronautas llevan pañales. Es más, esa escenita de marras es muestra también del pésimo sentido del humor del que hace gala. Se ve que pensaba que tenía entre manos algo muy denso, e intenta aligerar el tono metiendo chistes, pero madre del amor hermoso, qué cutres son todos. El remate llega con la pareja de secundarios cómicos, esos parias encargados de seleccionar astronautas, que llegan a rivalizar con Jar Jar Binks y el cejijunto de El Hobbit: La batalla de los cinco ejércitos como los peores personajes que he visto.

Con tanto desvío y achaques al final no consigue narrar bien el programa Mercury. La rivalidad con Rusia y cómo estos vapulearon a Estados Unidos en la carrera espacial apenas se señala, con lo que no queda bien retratado el panorama político que llevó a realizar semejante esfuerzo. Aunque aquí supongo que entra la lectura patriótica: no se atreven a hacer una cinta objetiva y crítica. Solo un detalle interesante se puede encontrar: los astronautas en un inicio apenas pasaban de ser cobayas, como los perros y monos. Tampoco se ofrece la perspectiva de los científicos, que quedan como secundarios mientras sólo se habla de lo que molan los pilotos. Lo que queda son anécdotas enlazadas una detrás de otra, y después de tantas vueltas y minutos no sólo no puedes llegar a hacerte una idea clara de los hechos, sino que tampoco hay mucha evolución de personajes. Hacia el final hay un interesante capítulo sobre el fracaso de uno de los pilotos, y de John Glenn sacan algo de chicha en un par de pasajes, pero teniendo tanto tiempo es imperdonable que no consiguiera que todos los protagonistas fueran complejos y llamativos. Kaufman tira de tópicos y de ahí no se mueve: tenemos el joven vacilón, el veterano frío, el corto de miras y algo bruto, el inteligente y reflexivo…

La única forma de entender las críticas que tiene es porque en EEUU adoran los relatos históricos y patrióticos de superación, pues la película que me he encontrado yo hace aguas por todas partes. No vale como documental, ni como épica de aventuras, ni como gran gesta de la humanidad. Se salva porque como compendio de anécdotas consigue ser digerible aunque dure mucho y no llegue a nada, y sólo algunos tramos se hacen realmente cargantes. Además la puesta en escena es sólida y el reparto también. Con eso consiguen que las tres horas no sean insoportables si haces un par de descansos, pero desde luego queda lejos de ser una buena cinta.

El destino de Júpiter


Jupiter Ascending, 2015, EE.UU.
Género: Acción, fantasía, space opera.
Duración: 127 min.
Dirección: Las Wachowski.
Guion: Las Wachowski.
Actores: Channing Tatum, Mila Kunis, Eddie Redmayne, Sean Bean, Tuppence Middleton, Douglas Booth, Maria Doyle Kennedy.
Música: Michael Giacchino.

Valoración:
Lo mejor: Puesta en escena deslumbrante, en especial gracias a la dirección artística y los efectos especiales. Banda sonora monumental.
Lo peor: El guión oscila entre lo sonrojante y lo lamentable.

* * * * * * * * *

Los Wachowski se han marcado una La amenaza fantasma. Como tal, es un espectáculo audiovisual donde el dinero y la admirable labor de los artistas contratados lucen a lo grande. Los diseños de las naves (por fuera y dentro) y el vestuario son fantásticos, y los directores los aprovechan bastante bien con una puesta en escena enérgica. Hay planos que resultan fascinantes, en especial en la batalla final, con la base medio derruida. Y la puntilla la pone la vibrante y épica banda sonora de Michael Giacchino, en su mejor trabajo para el cine junto a John Carter. Esa película también es comparable a esta: mucho dinero consigue un lujoso apartado visual… pero de nada sirve si el guion es lastimero cuando no vergonzoso.

El cargante prólogo ya te predispone. Una historia tan ambiciosa no puede empezar con tal simpleza, con tanto tópico y personaje secundario estúpido. Y no se arregla cuando presentan a la protagonista, Jupiter Jones (Mila Kunis), ni con la forma de meterla en la aventura. Estamos ante una cenicienta imposible: guapísima y perfectamente maquillada tras todo un día limpiando inodoros. Además la ponen de tontita, y no parece que con ello busquen un chiste: la moza se topa con unos alienígenas y lo que le preocupa es su vestido. Tampoco da la impresión de que quieran exponer alguna maduración o lanzar algún mensaje con ella, porque acaba más o menos como empezó. Ha vivido aventuras sin igual por el espacio y vuelve a la Tierra a seguir limpiando mierda, pero ahora feliz. Le han venido bien las vacaciones, pero no para pensar en que hay mundo por ver, ni para aspirar o luchar por algo mejor. Sigue tan idiota como empezó. Y la familia… que me expliquen qué cambio ha sufrido (porque no recuerdan nada) como para ahora tratarla mejor y colmarla de regalos. Vamos, un final feliz de cuento conservador: sale de la nada y no se plantea ningún cambio real en el estatus social y personal de los protagonistas.

El resto de personajes no mejoran el panorama. El héroe caído que la rescata, Caine Wise (Channing Tatum), es un cero en carisma, y su trayectoria tampoco ofrece nada llamativo. Busca la redención, recuperar su posición, pero es que te da igual lo que le pase. Su colega Stinger (Sean Bean) no se sabe ni qué pinta aquí. Y ambos tienen una presentación también muy floja. El primero aparece en la larga pelea inicial de navecitas entre rascacielos, donde el ruido acaba saturando porque no se sabe qué nos quieren contar y no hay conexión alguna con los personajes. El segundo llega justo después en un capítulo de transición necesario pero sin garra. Y eso de que las abejas “reconozcan la realeza” de la protagonista es otro momento en que no se sabe si buscaban un chiste.

Por fin salimos al espacio, donde parece que vamos a sumergirnos en una épica al estilo La guerra de las galaxias con la complejidad de Dune. Pero lo que tenemos es un anodino y sempiterno cuento de príncipes tiranos intrigando por conseguir el trono. Hay varios personajes cada cual más estrafalario que persiguen lo mismo, la vida eterna a base del mejunje hecho matando a millones de personas. Cada uno tiene un plan distinto y el choque está garantizado: se rifan a la protagonista, que por arte de magia es heredera de todo el tinglado. Pero lo de rifar es literal. Salta de un lado a otro sin quedar claro cómo llega ahí ni que planea este nuevo loco ambicioso. Los dos héroes masculinos la siguen por toda la galaxia también saltando entre lugares y giros que no tienen un sentido claro.

Me da la sensación de que meten escenas de acción cada rato para intentar agilizar una trama que pensaban que era muy densa, pero el problema es que no lo es, y esa velocidad forzada que le imprimen no ayuda, porque realza el tono superficial cuando lo que se necesitaba era trabajar mejor los personajes y la evolución de la intriga palaciega. Así, hay mucho jaleo pero poco contenido real. Y se empeora porque no consiguen decidirse por el tono y alcance. Unas veces aparenta ser animación para niños, con dinosaurios parlantes y otras criaturas absurdas (atención al piloto elefante) y una trama de cuento simplón, otras quiere ser más adulta, con un villano genocida y una historia supuestamente compleja.

En el sentido del espectáculo andan igual de escasos en cuanto a madurez e impacto emocional. Las peleas son excesivas pero aburridas, porque todo son disparos pero no tenemos nada de argumento ni tampoco esfuerzo y sufrimiento por parte de los personajes. Hay espectaculares naves y escenarios que prometen gran épica… pero todo tira por los topicazos del cine moderno: estilo de videojuego, tonterías imposibles, olvidarse de la conexión del espectador con los protagonistas y poner el foco únicamente en los efectos especiales. La batalla final tiene planos que en lo visual quitan la respiración, pero que en lo argumental inducen a la carcajada. Es como El Hobbit y la segunda trilogía de La guerra de las galaxias en sus peores momentos: escenas sacadas de cualquier videojuego de plataformas. La chica saltando entre andamios, el héroe volando esquivando obstáculos, el malo siendo malote porque sí…

No puedo evitar pensar que Los Wachowski no tenían claro qué estaban rodando. Hay muchas cosas que apuntan a ello: el guion es un quiero y no puedo en trama y tono, el retraso de casi un año del estreno decían que era para terminar los efectos especiales, pero bien podría haber sido para intentar arreglar la cinta en la sala de montaje, y la nefasta dirección de actores genera la impresión de que no sabían qué querían de los personajes. Esto último es el remate de este esperpento: los realizadores no consiguen sacar absolutamente nada de unos intérpretes bastante carismáticos y competentes: Mila Kunis y Channing Tatum están horrendos, y Eddie Redmayne hace lo que puede con un villano tan básico.

Y no sé dónde meter ni cómo catalogar el largo capítulo de tramitación de los papeles para ser heredera, que resulta un receso extrañísimo y completamente fallido. Parece un cortometraje colado en medio, en plan homenaje y parodia de las distopías que tratan el gigantismo estatal, como Brazil… de la que de hecho su director Terry Gilliam hace un cameo como el estrafalario administrador.

Qué lástima de derroche de dinero y del talento del equipo artístico.

Blackhat


Blackhat, 2015, EE.UU.
Género: Thriller.
Duración: 133 min.
Dirección: Michael Mann.
Guión: Morgan Davis Foehl.
Actores: Chris Hemsworth, Viola Davis, Wei Tang, Leehom Wang, Holt McCallany, Ritchie Coster, Andy On, John Ortiz, Yorick van Wageningen.
Música: Atticus Ross, Leopold Ross.

Valoración:
Lo mejor: Es un thriller con cierta intensidad y algo de originalidad. La puesta en escena es estupenda.
Lo peor: Le falta consistencia a la trama, y más aún a los personajes.
La curiosidad: A Harry Gregson-Williams le rechazaron la banda sonora tan en el último momento que llegó a ver la película sin saberlo y se cogió un buen cabreo.
El título: En España por supuesto tiene una coletilla absurda: Amenaza en la red.

* * * * * * * * *

La crítica y el público son unánimes en señalar que Michael Mann se ha pegado un buen batacazo, pero desde mi punto de vista se pasan de largo mientras a películas auténticamente infames las trataron mejor. No hay más que compararla con Jack Ryan: Operación Sombra, una reciente del género que solamente fue tildada de regulera a pesar de ser una abominación. Blackhat no es una buena película, pero dista de ser mala, y comparada con el cine actual desde luego tiene virtudes que se ven cada vez menos.

Lo mejor es que el thriller es thriller, algo que solo hemos visto últimamente en Jack Reacher y Bourne. Hay un misterio que desentrañar y los personajes investigan sin descanso mientras se topan con peligros varios. Esos peligros son tangibles, te crees que sufren y pueden morir, y el esfuerzo que hacen buscando pistas también llega con intensidad, nada les cae del cielo; remarco esto porque en el cine actual los personajes avanzan por distintas fases sin despeinarse y las cosas se resuelven casi solas. Tenemos también escenarios diversos y bastante atractivos. La guerra de despachos, agencias y jurisdicciones es muy interesante y realista. La informática está bastante bien tratada, algo insólito en el cine. Y las escenas de acción son buenas, en especial por la calidad de Mann como director, un talento a la hora de conseguir tiroteos vistosos pero verosímiles.

Ahora bien, esos puntos fuertes no llegan a deslumbrar, y algunos deslices minan la solidez del conjunto. Hay giros cogidos por los pelos, como que la enviada de justicia apoye al protagonista a la hora de hackear la NSA como último recurso, pero luego va tras él sin pestañear, como si no hubiera estado implicada en eso, o que el Marshal no compruebe nunca la ubicación de su vigilado, pues aunque tarde en actualizarse el mapa del móvil después del cambio de configuración, precisamente por eso puede ver una posición rara en cuanto eche un vistazo. También falla el realismo citado en la parte final, con la pelea entre el gentío, donde no hay quien se crea que con individuos armados y tiros varios no haya una estampida y caos. Pero lo peor son los personajes…

Por una vez Mann no escribe, y Morgan Davis Foehl no llega al nivel al que nos tiene acostumbrado, en especial a la hora de conseguir protagonistas de calidad y atractivo. La presentación de todos los personajes es francamente buena y muy prometedora, pues hasta se nota interés por lo sutil (el héroe mirando al horizonte, anhelando la libertad). Pero pronto se estrellan para no volver a levantarse. Los secundarios se van olvidando, para ir muriendo justo cuando ya no parecen ser necesarios. La relación que forman el protagonista y la chica de turno es verosímil y efectiva de primeras, pues el deseo de vivir y tener compañía es evidente que surge en situaciones así. Pero luego intentan mostrar problemas de pareja que no tienen sentido alguno, y menos entre gente tan inteligente: ¿por qué el protagonista y el amigo de toda la vida (y hermano de ella) hablan de la relación como si no hubiera más opción tras haberse acostado que iniciar una relación estable?, ¿es que no pueden tener una aventura breve, diversión sin pensar en relaciones largas? El guionista busca conflicto donde no lo hay, con lo que el toque de drama personal queda muy impostado.

Pero el problema más grave es el propio rol central. Apuntaba maneras, pero el hechizo dura bastante poco. Enseguida lo convierten en un héroe de acción que domina todo campo como si fuera un agente con años de entrenamiento. Armas blancas y de fuego, supervivencia en países extranjeros… Al final sí termina pareciéndose al nefasto personaje de Jack Ryan: Operación Sombra… ¿Qué demonios hacen llevando a un simple hacker que ha sido contratado como ayuda con los ordenadores a un tiroteo contra fuerzas fuertemente armas? ¿Cómo pueden dejar que entre solo en la habitación de un sospechoso? Y lo peor: ¿cómo pretenden que nos traguemos que puede liderar el equipo de rescate en una central nuclear extranjera accidentada? Así, a partir de cierto momento la película parece dividirse en dos obras distintas, como si el guionista quisiera una de acción moderna (efectismo sin pensar en su credibilidad y coherencia) y el director quisiera potencial el entorno de thriller, con puntos álgidos más trabajados (atención a la fuga a tiros de los mercenarios).

Por otro lado, como informático tengo que ahondar en este campo, que no se libra de algún cliché cansino. Primero están los monitores que hacen ruiditos cada vez que un texto cambia. Hasta los paneles de la bolsa hacen pipipipi. ¿Te imaginas la sala de la bolsa en pleno bullicio con miles de paneles haciendo ruido? Es tan estúpido que no entiendo cómo nadie en la producción dice que ya basta de tonterías. Otra memez cansina del cine es que el ratón no existe, y aquí lo mantienen a rajatabla: todo lo hacen tecleando, incluso seleccionar una celda de una tabla enorme lo consiguen pulsando una sola tecla. La incomprensible representación de los datos viajando por los ordenadores y redes tampoco funciona, porque no se sabe qué demonios son los enredos que salen, en especial esa lucecita minúscula que se enciende en el microprocesador, como si estuviera infectado por un ente mágico. Por suerte, sólo son detalles, porque en lo argumental la cosa está mejor: las tecnologías, los lenguajes de programación, la terminología hacker y demás está bien trabajado y es bastante realista. Aunque precisamente por eso descoloca y molesta que luego caigan en topicazos tan absurdos.

Al contrario que las anteriores obras de Michael Mann (Enemigos públicos, Corrupción en Miami), Blackhat no gana con los revisionados, porque la carencia de profundidad en los personajes se hace más evidente. Y es una pena, porque los puntos fuertes del thriller parecen apuntar a una película mucho más interesante.

Kingsman: Servicio secreto


Kingsman: The Secret Service, 2014, Reino Unido.
Género: Acción, comedia.
Duración: 129 min.
Dirección: Matthew Vaughn
Guión: Matthew Vaughn, Jane Goldman; basados en el cómic de Mark Millar y Dave Gibbons.
Actores: Colin Firth, Taron Egerton, Samuel L. Jackson, Michael Caine, Sofia Boutella¸ Mark Strong.
Música: Henry Jackman.

Valoración:
Lo mejor: Reparto.
Lo peor: Sin gracia ni originalidad, de ritmo irregular a pesar del abuso de fuegos artificiales.

* * * * * * * * *

Vince Vaughn dejó pasar X-Men: Días del futuro pasado para embarcarse en este proyecto personal, la adaptación de un cómic que parodia el género de espías en su vertiente inglesa: los inicios de James Bond, series como Los Vengadores (1961), El prisionero (1967), El agente CIPOL (1964) y otras tantas. Le fue bastante bien en la crítica, sobre todo la del público (¡un 8 en imdb!), y llegó a recaudar unos impresionantes 400 millones a pesar de ser para mayores de 18 años, pero a mí me ha parecido una película muy básica, poco o nada inspirada en la parodia, sin savia en su trama y personajes, y con un ritmo bastante flojo.

Para que una parodia destaque ha de tener gracia obviamente, pero también un mínimo de estilo e inteligencia. El estilo en cierta manera lo consigue, pero porque emula a un género que tiene uno muy marcado. Los chistes sobre cachivaches y vestuario, sobre organizaciones secretas, villanos ruidosos y héroes silenciosos, etc., tienen un sello característico… pero se capta muy superficialmente, resulta una imitación sin alma donde no se consigue una vuelta de tuerca que le otorgue la suficiente chispa y frescura como para no parecer una serie de clichés tontorrones y chistes poco esforzados. Lo peor es la falta de ingenio y sutilezas, el humor carece de la inteligencia que le permita causar una mínima impresión, dejar huella más allá de sacar alguna sonrisa puntualmente: no hay ironía, transgresión ni dobles lecturas.

Así pues, Vaughn se acerca más a la caricatura estúpida tipo Austin Powers, con un humor más que básico burdo y cutre, que a la agudeza de otros títulos a los que a veces recuerda, como Stnach y Locke and Stock (esta última la produjo él mismo) o, más en el género, Mentiras arriesgadas (con la que no comparte el toque inglés, pero sí la grandilocuencia visual). Esos son los mejores ejemplos de cómo hacer una parodia original e impactante por su hábil mezcla de humor refinado con humor gamberro con los que se retuercen las bases del género mientras además se aportan ideas novedosas. Si se hubiera marcado un Top Secret, que maneja bien lo sencillo llevándolo a un nivel de absurdez muy conseguido, pues al menos hubiera tenido gracia, pero únicamente se limita a reunir tres o cuatro chistes de los de contar en la barra de un bar y trata de montarse dos horas de película con ellos. Para rematar, la cinta tiene un tono muy extraño, un desequilibrio incomprensible: es simplona hasta parecer para niños, pero está llena de violencia y sangre innecesarias.

Los personajes tienen potencial, en especial por los grandes actores que los interpretan (incluido el joven protagonista, todo un descubrimiento), pero no van a ninguna parte, su viaje está tan trillado que no consiguen despertar interés alguno. La trama es inconsistente, aparece y desaparece y la mitad de las veces no se sabe de qué va realmente, con lo que el ritmo es poco intenso, lo que se empeora porque por buscar la parodia meten con calzador largas secuencias referenciando alguna cosa (por ejemplo, una de las visitas al sastre se eterniza), y no funcionan porque parecen vueltas en círculos que estiran ese sentido del humor tan limitado.

Siguiendo con los desequilibrios, la puesta en escena es todo lo contrario al conservador y pobre guión. Vaughn apuesta por un fiestón de histrionismo que termina saturando. Las peleas mostradas a toda velocidad con coreografías salidas de madre, la música insistente (y bastante floja), el abuso de efectos especiales (que cantan bastante), la grandilocuencia desmedida… Todo el ruido y éxtasis visual no llevan a nada. En concreto, las peleas parecen imitar el estilo sobrecargado de Edgar Wright (Hot Fuzz, Bienvenidos al fin del mundo), pero aquí Vaughn se queda lejos del domino narrativo que imprime Wright, que dentro de su exageración parece verosímil y no se le ven los trucos, mientras que Vaughn se monta un cómic cutrón y lleno de lagunas: la cámara acelerada resulta muy forzada, el montaje es regulero y deja ver la falsedad de muchos golpes.

Si apruebo a Kingsman es por los pelos. Lo único bueno es que no llegó a parecerme tiempo perdido: se ve, sonríes un par de veces, te contagias un poco del entusiasmo de sus actores, y empiezas a olvidarla antes de que sus carencias se hagan muy evidentes.