El Criticón

Opinión de cine y música

Slow West


Slow West, 2015, Reino Unido, Nueva Zelanda.
Género: Western, aventuras, drama.
Duración: 84 min.
Dirección: John Maclean.
Guión: John Maclean.
Actores: Kodi Smit-McPhee, Michael Fassbender, Ben Mendelsohn, Caren Pistorius, Rory McCann.
Música: Jed Kurzel.

Valoración:
Lo mejor: Fantástica puesta en escena, buena historia con un tono muy acertado, buenos personajes, y el siempre excelente Michael Fassbender.
Lo peor: Que por su limitada distribución pueda no llegar a mucha gente, a pesar de ser una película estupenda.
Mejores momentos: La casa de trueque, la borrachera, el bosque encantado, el tiroteo final y su desenlace.

* * * * * * * * *

Slow West parte de las bases clásicas del western (el sueño del Oeste, la emigración, la lucha contra hombre y naturaleza hostil, el pistolero solitario, los forajidos…) y arma un relato que quizá no sorprenda en alguna de sus ideas (la evolución de Silas), pero cuya inteligencia y solidez bastaban para lograr una buena película. Pero además su artífice John Maclean (escocés con sólo dos cortos en su haber) se inclina hacia el western revisionista con buenas dosis de ingenio y toques de humor negro, con lo que le otorga frescura y bastante fuerza.

Lo primero a destacar es ese acertado humor negro, cínico, seco y contundente que regala numerosos golpes de efectos inesperados que le dan una vuelta de tuerca a muchos momentos que podrían haber resultado predecibles, llegando a descolocarte e incluso hacerte sentir incómodo (algunos de estos giros son grandes tragedias) sin parecer forzado. Hay que decir que la influencia de Quentin Tarantino es bastante evidente, aunque con un estilo propio. Los mejores ejemplos los tenemos en la escena de la tienda de trueque o en el tiroteo final, donde incluso cuando creías haberte hecho al tono del relato te deja a cuadros con sus sorpresas y su brutalidad. Lo único que no entiendo es qué aporta la escena final en plan resumen de muertos, que parece un adorno innecesario y redundante. Y como indicaba, también se agradece la tendencia revisionista que tantos buenos títulos ha dado alejados de los clichés más ignominiosos del género: los indios no son villanos, los protagonistas no son héroes impolutos (Silas es un mercenario, Jay un inútil), los emigrantes europeos distan de ser los valientes conquistadores habituales… Maclean se vuelca de lleno en la perspectiva más realista de la época: eran tiempos duros donde todos velaban por sí mismos y muchos eran unos hijos de puta desalmados.

Pero en lo menos innovador también está a un gran nivel. Silas (Michael Fassbender) es un personaje que engancha nada más aparecer, y termina resultando fascinante gracias a que su evolución no por verse venir es menos interesante, pues su proceso de cambio tan bien expuesto a lo largo de la aventura nos invita a querer conocerlo más a fondo, para ver hasta dónde llega. Jay (Kody Smit-McPhee) casi queda como secundario al lado de una figura con tal magnetismo, pero tiene dimensión suficiente como para que resulte bastante entrañable. Además funciona como elemento de conexión con el espectador: como él, somos ajenos a la violencia y peligros en los que se sumerge, con lo que nos ayuda a entrar de lleno en este ambiente hostil de forma que lo sentimos muy de cerca. Los pocos secundarios que hay transmiten muy bien la emoción buscada con cada uno de ellos (los enemigos parecen peligrosos en todo momento) a pesar de su escaso tiempo en pantalla. Incluso se humaniza a los cazadores de recompensas lo justo para que no queden como simples objetos de la trama: atención a la delirante escena que nos lleva a su campamento.

En lo visual Maclean también muestra gran dominio narrativo. Te quedas embelesado nada más empezar la proyección gracias a la magnífica fotografía que captura los paisajes (neozelandeses, por cierto) con una belleza hipnótica, y no defrauda en el resto porque la certera labor de dirección mantiene un ritmo firme y decidido. Cabe destacar cómo el realizador ensalza muy bien esa aventura que saca a Jay de su vida normal y rompe su concepción del mundo: el tono pausado y contemplativo remarca el halo de distanciamiento que tiene el muchacho con la realidad, así como el peligro latente a su alrededor. Es decir, es una película pausada pero que mantiene muy bien la expectación y la sensación de inseguridad.

Con el mimo y detallismo que mantiene Maclean logra sacar mucho de la sencillez. Un detalle inteligente aquí, un diálogo emotivo allá, una salida de humor negro inesperada, un gesto de un personaje que define toda una escena (Silas apretando el puño para contener sus sentimientos tras el lío de la casa de trueques), un plano cautivador de vez en cuando, un tema musical muy acertado… y Slow West resulta ser mucho más de lo que aparenta. Sin artificios innecesarios, sin grandilocuencia, sin partir si quiera de algo original, se puede conseguir cine de gran calidad. Solamente hay que tener ideas claras y saber narrar. Resulta un título muy recomendable y a reivindicar desde ya, porque si su distribución sigue siendo igual de limitada puede acabar injustamente en el olvido.

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