El Criticón

Opinión de cine y música

Misión imposible: Nación secreta


Mission: Impossible – Rogue Nation, 2015, EE.UU.
Género: Acción, suspense.
Duración: 131 min.
Dirección: Christopher McQuarrie.
Guion: Christopher McQuarrie, Drew Pearce.
Actores: Tom Cruise, Rebecca Ferguson, Jeremy Renner, Simon Pegg, Sean Harris, Ving Rhames, Simon McBurney, Alec Baldwin.
Música: Joe Kraemer.

Valoración:
Lo mejor: Entretenida y espectacular, sobre todo gracias a la puesta en escena. Personajes con cierto carisma.
Lo peor: Los topicazos, la falta de inteligencia y profunidad, los sensacionalismos… En resumen, la falta de ambición y pretensiones.
Mejores momentos: La persecución con motos.

* * * * * * * * *

Nación secreta no parecía que fuera a sorprender, y finalmente no lo hace. Con sus propias y ligeras ventajas y desventajas mantiene la estructura de la cuarta entrega, que tanto éxito consiguió a pesar de simplificar bastante el estilo de la saga después de que la tercera la encarrilara de nuevo. Por ello resulta un título de acción bastante entretenido pero algo insatisfactorio, pues como siempre, cabe preguntarse por qué no se esfuerzan tan sólo un poquito más en obtener un producto más serio, sólido e inteligente, por qué seguimos con la tónica de que el género debe ser tan básico. Además, tras tantos capítulos termina surgiendo otra cuestión y decepción: por qué no se han tomado en serio la idea de hacer una serie, que cada episodio no tiene nada que ver con el resto. Hilando con eso, yo sigo echando de menos a los compañeros de la tercera parte, que desaparecieron sin más.

Esa última queja se hace muy evidente porque la proyección empieza de forma brusca con una trama que pide a gritos más desarrollo previo, pues queda precipitada y confusa inicialmente y parece desaprovechada en su conjunto. Porque con el tratamiento que recibe la historia ofrece poco recorrido, se queda en cuatro tópicos, como se se usara como una excusa para saltar de una aventura a otra, para cumplir con las escenas de rigor de la saga. Pesa también la falta de originalidad, pues todo se ve venir por mucho que lo enmarañen. De hecho, hay momentos que provocan un poco de vergüenza ajena, como el cutre intento de hacernos creer que Brandt va a traicionar a sus amigos, o lo poco verosímil que resulta que puedan pasar un intrumento por el control de seguridad del público de la ópera, como si los músicos entraran por ahí. Y finalmente, el villano es muy soso, no se ven en él características que lo hagan llamativo o temible como tanto nos van anunciando durante la proyección. Al menos, con esta trama más concreta y más cercana a los personajes (los afecta más que el caso del día de las anteriores entregas), la cinta cala mejor en la memoria que Protocolo fantasma. ¿Te acuerdas de qué iba aquella, cuál era el enemigo? También hay más sensación de trabajo en equipo, de que los secundarios están mejor desarrollados. Ahí destaca la chica de turno, que toma más protagonismo que las féminas anteriores. Eso sí, a veces es descarado como enfocan su cuerpo sin razón alguna, con lo que no consigue librarse del todo del cliché de mujer florero.

Al forzar el mismo esquema surge la necesidad de hacer que cada escena sea más grande, exagerada, épica. Y al final terminan patinando un poco. La persecución a las motos es espectacular, Christopher McQuarrie la dirige con un pulso encomiable. Pero el empeño en ir más allá está cerca de resultar un desastre: el tramo en la autovía canta a efectos digitales demasiado, perdiendo cualquier capacidad de sobrecoger por mucho que ricen el rizo. El asalto al complejo de ordenadores es bastante interesante, pero también ofrece mucho enredo metido con calzador cuando deberían trabajarse mejor la atmósfera de espionaje y tensión. Las peleas cuerpo a cuerpo sí mantienen el tipo (atención a la fuga de Ethan con ayuda de la espía, menuda forma física tiene el tío), y algunas secuencias clásicas del género son muy efectivas (la ópera), incluso las típicas de la serie con máscaras y engaños (el lío final con el primer ministro inglés).

Con todo en la balanza, Nación secreta acusa desgaste y cierta irregularidad. Pesa sobre todo lo citado: podrían haber sacado mucho más partido a la idea de los espías renegados y a la fuga. La odisea de Ethan Hunt no llega como la de Jason Bourne (sobre todo en sus dos notables primeros episodios), y hay partes donde ni si quiera parecen estar en peligro real. Lo más destacable es que da igual lo desamparados que los presenten, siempre tienen a mano un equipo tecno-mágico impresionnate que les resuelve todo… menos cuando los autores quieren forzar una escena complicada, como el asalto al servidor sumergido, donde cabe preguntarse si tan didícil era conseguir una bombona de oxígeno de plástico o cerámica.

Como la anterior, la película resulta un buen entretenimiento por su simpatía (protagonistas carismáticos, buena mezcla de suspense y acción), por ir al grano aunque sea a costa de tirar de clichés del género (la trama nunca sorprende, pero narrando a toda leche te engañan bien durante el primer visionado… luego no aguanta mucho el tipo), y sobre todo por la firme y contundente puesta en escena, que ofrece un espectáculo vistoso y trepidante. Sustituyendo a Brad Bird llega Christopher McQuarrie, guionista de títulos tan atractivos como Al filo del mañana (2014), Valkiria (2008) y Sospechosos habituales (1995), y quien llamó la atención en el género dirigiendo la más que recomendable Jack Reacher (2012). De las virtudes de aquella en el guion hay bien pocas, porque está atado a la serie y las directrices del estudio y los productores (Cruise incluido), pero en la dirección está de nuevo muy efectivo, ofreciendo una puesta en escena vibrante, dinámica y clara en la acción. En la música lo acompaña su fiel Joe Kraemer, quien cumple también de sobras con una partitura muy en la línea del estilo marcado por Michael Giacchino: orquesta excelente, temas vigorosos y bien acoplados a las imágenes.

Para pasar el rato bien vale la entrada, pero si eres más exigente hay thrillers de acción muy superiores, como la magnífica Ronin (John Frankenheimer, 1998) o la citada Jack Reacher. La pena es que el público en general cada vez es menos exigente, no hay más que ver la estupenda recepción que tiene esta simplificación de la serie. Otra cosa que parece ir a peor en estos tiempos es el doblaje. ¿Nadie más ha notado la plaga de leísmo que sufre la versión española? Los personajes parecen paletos de la España profunda en varias conversaciones.

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Serie Misión Imposible:
Misión imposible (1996)
Misión imposible 2 (2000)
Misión imposible 3 (2006)
Misión imposible: Protocolo fantasma (2011)
-> Misión imposible: Nación secreta (2015)
Misión imposible: Fallout (2018)

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