El Criticón

Opinión de cine y música

Archivos mensuales: noviembre 2015

Spectre


Spectre, 2015, EE.UU.
Género: Acción, thriller.
Duración: 148 min.
Dirección: Sam Mendes.
Guión: John Logan, Neal Purvis, Robert Wade, Jez Butterworth
Actores: Daniel Craig, Léa Seydoux, Christoph Waltz, Ralph Fiennes, Monica Bellucci, Ben Whishaw, Naomie Harris, Dave Bautista, Rory Kinnear.
Música: Thomas Newman.

Valoración:
Lo mejor: La fuerza de algunas escenas.
Lo peor: Parece escrita y dirigida con desgana, sobre todo a la hora de editarla: le falta garra, ritmo, y le sobra mucho metraje. Con un nuevo montaje que agilice la narración podría sacarse una película algo superior, y desde luego más entretenida.
Mejores momentos: El plano secuencia inicial. La persecución pausada. La pelea en el tren.
El presupuesto: ¡245 millones de dólares!

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Las expectativas ante la llegada de Spectre estaban por las nubes. Tras el fiasco de Quantum of Solace, Skyfall recuperó el camino al que apuntaba Casino Royale, hacia una saga más seria y compleja y menos enquistada en clichés repetidos en todos los capítulos, y además lo hizo con una puesta en escena muy personal de Sam Mendes que resultó fascinante. Las buenas críticas de esos dos notables episodios y su gran taquilla (sobre todo la de Skyfall: ¡mil cien millones de dólares!) evidenciaban que el público quería más entregas de ese nivel, y cuando Mendes tomó las riendas del proyecto después de muchas negociaciones y opciones descartadas (algunas que daban miedo, como el insulso David Yates) se renovaron las esperanzas y ansias, que además desbordaron cuando se anunció como el capítulo final de la trama seriada que estaban montando. Pero la llegada de Spectre ha decepcionado tanto o casi tanto como Quantum of Solace

Al contrario que en la segunda parte protagonizada por Daniel Craig, que suponía un paso atrás mediante una simplificación excesiva del esquema clásico, aquí sí se ve algo más de ambición… pero me temo que está muy mal encauzada, de forma que los errores consumen la cinta y la alejan de la acción trepidante para llevarla hacia el tedio, mientras que Quantum of Solace pecaría de simplona, pero al menos era más entretenida. El problema es que sus autores quieren abarcarlo todo pero nada lo cogen con determinación y lo dirigen hacia algo concreto y atractivo. Intenta ser compleja y trascendente y abarcar distintos estilos como las dos entregas más aclamadas, y a la vez busca la épica intensa y melancólica propia de un episodio final. Pero también trata de mirar al pasado, recuperando la mítica Spectre y el misterioso Blofeld y su gato, para lo que tira de lugares comunes y homenajes en cantidad. El resultado es una película muy larga y con aparentemente mucho material, pero que carece de ritmo en su narración y de cohesión global. Es decir, lo de capítulo final a lo grande se queda en humo, como episodio en sí carece de garra y personalidad, y los homenajes a la serie superan a las ideas originales.

Después de tanto esperar a Spectre resulta que este grupo archienemigo no es para tanto. El malo grandote (Dave Bautista) es un cero en carisma y su presentación es demasiado rebuscada, y el gran villano no tiene pegada alguna, de forma que ni un buen actor como es Christoph Waltz logra sacarle algo de jugo. Un loco más que quiere dominar el mundo, otra batallita en su aislada base y una explosión salida de la nada que acaba con todo. No hay más, no tenemos un enfrentamiento glorioso y trágico que transmita fuertes emociones, no se construye un personaje que cause temor y sea capaz de asombrar por sus habilidades y planes, algo que sí conseguían con Silva en Skyfall. Y teniendo en cuenta la importancia que le dan, tanto por su relación con James Bond como por los momentos impostados (la presentación a contraluz, la fallida escena de tortura…) que intentan sin éxito darle un aura de magnificencia y misterio que el guión no es capaz, pues resulta una decepción bastante grande.

Y para llegar llegar a esta nada lustrosa cumbre hemos dado mil vueltas, la mayoría intrascendentes o desaprovechadas, algunas innecesarias, y pocas sustanciosas e impactantes.

Los saltos entre escenarios y las pesquisas de Bond van a trompicones y con lentitud a pesar de no ser nada complejas. Hay escenas de todo tipo y casi ninguna termina de funcionar. Hay partes simples que se eternizan, como la estancia en el hotel donde buscan pistas. Por el lado contrario encontramos la acción delirante de lo peor de la etapa Brosnan: la persecución en avioneta es tan salida de madre que casi acaba resultando una comedia de acción cutre, y la pelea inicial en el helicóptero me resulta demasiado repetitiva y larga. Vuelve la cienci-magia: ¿pero qué es lo que hace Q con el anillo, saca huellas, rastros de adn o qué?; y telita la casualidad de que haya pasado por todos los malos conocidos. Hay mil referencias y homenajes que no aportan casi nada, y también se empeñan en recordar los enemigos y amigos de la etapa actual con una insistencia cargante, contribuyendo a la sensación de película atascada en un bucle. Mantienen la idea de aumentar la presencia de M y otros secundarios (Monypeny, Q, Tanner), pero al contrario que en Skyfall aquí no funcionan del todo, porque ocupan mucho tiempo para lo poco que se saca de ellos: en vez de complementar a Bond lo eclipsan.

De la acción sólo destaco la pelea en el tren (muy efectiva en su rudeza), y la persecución que juega más con la intriga que con la velocidad y los golpes: no es del agrado de todos pero a mí me pareció original, con estilo y también tensa sin artificios innecesarios. La fémina de turno es lo que mejor funciona, y eso que también sabe a repetición de la jugada, pues es una suerte de Vesper. Pero sí, la actriz Léa Seydoux es bella y competente, el personaje tiene su encanto y la relación evoluciona francamente bien. Además el final se aleja un poco de lo visto, en un intento de hacer madurar por fin a Bond después de tres películas incidiendo en ello pero sin llegar a ninguna parte.

Lo sorprendente es que los guionistas son los mismos en toda esa etapa. Cómo se puede estar tan acertado en un capítulo y tan cerca del suspenso en otro. El guión parece hecho a trozos y sin esfuerzo por unirlo todo. En cuanto a la puesta en escena, no alcanza al nivel de Casino Royale (sólida y contundente) y Skyfall (elegante y sugerente), pero al menos sí mantiene las formas aceptablemente, y es a mi parecer en lo único que supera a Quantum of Solace. Pero de aceptable a notable hay un salto importante. Mendes mantiene un tono visual correcto y se marca algunas escenas bastante eficaces, como el plano secuencia inicial y la persecución pausada, pero en líneas generales parece haber puesto el esfuerzo en esos momentos puntuales y rodado el resto con el piloto automático. La narración fluye adormilada, sin sacar la energía esperable del resto de escenas de acción ni encontrar el tono de glamour deslumbrante habitual. Una cinta que cambia tanto de escenario, por la que pasan tantos personajes secundarios y que incluye partes intensas cada poco tiempo, no puede tener un ritmo tan manso, aletargado. Pide a gritos un montaje más ágil, que dé ritmo y recorte los segundos innecesarios que parecen tener casi todas las secuencias, y que fulmine algunas enteras que no aportan nada (esa absurda visita al meteorito, por ejemplo).

Ver también:
Casino Royale.
Quantum of Solace.
Skyfall.

Skyfall


Skyfall, 2012, EE.UU.
Género: Thriller.
Duración: 143 min.
Dirección: Sam Mendes.
Guión: John Logan, Neal Purvis, Robert Wise.
Actores: Daniel Craig, Judi Dench, Javier Bardem, Ralph Fiennes, Naomie Harris, Bérénice Marhole, Albert Finney, Ben Whishaw, Rory Kinnear.
Música: Thomas Newman.

Valoración:
Lo mejor: La sublime puesta en escena: dirección, fotografía, música, montaje, sonido… La calidad que el guión otorga a los personajes así como el protagonismo que les da por encima de cualquier escena de acción (alejándose de la acción sin sentido de la era de Pierce Brosnan).
Lo peor: Por decir algo, la trama podría haber sido más compleja.
Mejores momentos: La escena de la grúa. La pelea con el francotirador a contraluz. La casa ardiendo, iluminando la noche.
El gazapo: En la pelea contra el francotirador Bond iba sin guantes para poder usar la pistola dactilar, pero luego aparece con ellos para que el malo pueda resbalarse…

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Lo cierto es que no esperaba nada de James Bond a estas alturas. No soy lo que se dice fan de la saga, sino del género de acción en general, y de hecho siempre le he criticado muchos aspectos: la repetición de un esquema muy manido, lo irreal de muchos capítulos, que se inclinaban demasiado hacia la acción aparatosa (casi de ciencia-ficción) olvidando elementos clásicos de la serie (espionaje, glamour), y la falta de continuidad entre entregas, principalmente. Con Casino Royale hicieron un esfuerzo por encarrilar la saga, y el resultado fue prometedor, aunque a mí no me pareció tan redonda como a casi todo el mundo. Pero desgraciadamente la insustancial Quantum of Solace volvió de nuevo al mal camino, decepcionando a todo el que se había hecho ilusiones.

Por suerte, parece que viendo que la cosa descarrilaba, los productores y guionistas de la serie se han puesto las pilas de nuevo, haciendo que Skyfall sea prácticamente otro reinicio que pone empeño en realzar el personaje de Bond, en rehuir de los tópicos y en mejorar la trama y el villano. Además el director Sam Mendes se tomó en serio la cosa, y con una puesta en escena muy elaborada ha contribuido a la hora de lograr una película que aun siendo Bond no parezca Bond, sino un thriller con una personalidad propia. Eso implica que la crítica se poraliza, al contrario que pasó con Casino Royale, donde el intento de reinicio de calidad no tenía un estilo tan marcado y tuvo mejor recepción. Eso sí, en cuanto a taquilla ha tenido los mejores resultados de la saga, superando los mil millones de dólares.

La historia sigue el esquema clásico de prólogo intenso, receso para ligoteos y presentar al villano, investigación, exposición del plan del villano y confrontación final. Pero se ha escrito trabajando más en profundidad cada elemento, y sobre todo los personajes se han tratado con mucho mimo, más incluso del que se veía en Casino Royale. La humanización de Bond alcanza su cima: nos acercamos más que nunca a su psique, tanto porque viajamos a su pasado como porque la relación con M, casi su madre adoptiva, forma parte de la trama, de manera que sus motivaciones quedan más claras, resultando un personaje más verosímil y permitiendo mayor conexión emocional con él. El villano, Silva, también está más humanizado y mejor justificado de lo habitual: este agente usado y descartado por quienes considerada su familia y que decide tomar venganza, resulta uno de los enemigos más inquietantes, temibles y cercanos a los protagonistas que ha tenido toda la serie, por lo que también resulta más tangible y creíble. Además el inquietante papel de Javier Bardem ofrece una llamativa ambigüedad en varios campos (sexual, de intenciones o planes, de estabilidad psicológica) que refuerza su aura perturbadora. Aquí es inevitable la comparación: en esta línea pero más temible tenía que haber sido el malo de Spectre, pero ni se acerca.

También se potencian los secundarios: reaparecen Q (Ben Whishaw) y Moneypenny (Naomie Harris), M pasa casi a primer plano (Judi Dench) y el ayudante de esta, Tanner (Rory Kinnear) la acompaña bien, y se presenta el nuevo superior, Mallory (Ralph Fiennes). Todos aportan consistencia y dinamismo a la trama, no dejando que Bond sea el superhéroe que hace todo y refozando ese lado humano al tratar con otras personas. Y también prometen continuidad de cara a próximos capítulos. Cabe destacar que, inesperadamente y para bien, no han forzado la vena cómica tontorrona de Q, sino que buscan un personaje más contenido.

Me pregunto cómo terminó Sam Mendes en este proyecto, y cómo pudo imprimir un acabado tan personal a una cinta tan comercial: ¿lo buscaba la productora o tuvo carta blanca y lanzó un órdago? Sea como sea resultó un gran atrevimiento que ha dado sus frutos de forma notable. Jamás se me habría ocurrido pensar que James Bond podría ofrecer una película tan hermosa y cautivadora, capaz de mantener al espectador hipnotizado durante su largo pero bien empleado metraje. Mendes logra convertir una simple pelea a puñetazos en una secuencia memorable (la escena del francotirador, a contraluz, es fascinante) y ofrece tramos donde la impronta visual te deja sin aliento, como por ejemplo el desenlace, donde la iluminación del fuego muestra un paisaje tan bello como sobrecogedor. Y no por ello descuida la esencia Bond: la estancia en el casino y la guarida del villano muestran muy bien el glamour y el exotismo habituales, y la acción intensa la resuelve con el nivel esperable (atención a la espectacular pelea encima del tren).

No cabe duda de que el realizador no podría haber logrado tanto sin esa arrebatadora fotografía de Roger Deakins, cuya labor es una proeza digna de citar entre las mejores fotografías de cine de los últimos años, y sin la brillante banda sonora de Thomas Newman. Este compositor habitualmente asociado a Mendes parecía una elección poco apropiada, más cuando David Arnold había tomado la saga para sí mismo con méritos de sobra, pero lo cierto es que su partitura es sorprendentemente dinámica y rica en sonoridades (los que le conozcan a fondo sabrán de qué hablo: es bastante repetitivo dentro de un estilo propio muy definido) y sobre todo tiene una fuerza y una expresividad que se adapta como anillo al dedo a cada escena. Hay instantes donde la música brilla con luz propia, como la llegada al casino, o la intriga que consigue generar antes del ataque principal de Silva (en la vista de M). Y debo decir que la canción de Adelle está muy bien, cuando este elemento siempre me ha parecido fallido, por innecesario (es mera treta comercial) y por mala calidad (no daba ni una canción buena).

Sólo unas pocas pegas menores se pueden señalar. El previo al lanzamiento del desenlace se ralentiza quizá demasiado: el viaje hacia la casa y los preparativos deberían haberse agilizado un poco. Y no sé si es un agujero de guión o que se me escapa algo que no he podido deducir en las varias veces que he visto la película, pero me pregunto para qué tanto lío con el francotirador si es evidente que los que rodean a la víctima saben lo que va a pasar, es decir, ¿por qué no la ejecutan ellos? También hay otro momento un tanto confuso: Bond tiene una cicatriz del tiro que le pega el malo en el prólogo, de la cual saca trozos de bala para investigar… pero yo en un primer momento pensé que estaba hurgando en el tiro que le pegó su compañera, que por lo visto no dejó cicatriz, con lo que pienso que se podría haber matizado mejor el asunto. Y finalmente tenemos las cansinas gilipolleces sobre informática que se empeñan en poner en el cine: todo resuelve tecleando a toda velocidad y viendo en la pantalla un montón de letras y gráficas sin sentido en movimiento.

Entrada actualizada del original publicado el 06/03/2013.

Ver también:
Casino Royale.
Quantum of Solace.

Quantum of Solace

Quantum of Solace, 2008, EE.UU.
Género: Acción.
Duración: 106 min.
Director: Marc Forster.
Escritores: Paul Haggis, Neal Purvis, Robert Wade.
Actores: Daniel Craig, Judi Dench, Olga Kurylenko, Giancarlo Giannini, Jeffrey Wright, Mathieu Amalric.
Música: David Arnold.

Valoración:
Lo mejor: Entretiene. Daniel Craig ofrece una interpretación con gran carisma.
Lo peor: Dirección muy mejorable, montaje horrendo, guión poco sustancioso. Y sobre todo que supone una vuelta al Bond de más bajo nivel en vez de seguir por donde Casino Royale apuntaba. El doblaje de algunos secundarios (en especial el del villano) parece de broma.
El título: Todavía nadie sabe qué significa Quantum of Solace.

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Quien fuera al cine esperando que Quantum of Solace siguiera explotando y mejorando la línea ofrecida en Casino Royale se llevaría una gran decepción, pues esta cinta es un paso atrás, una vuelta a la manida y floja forma de hacer cine de acción que nos ofrecían en las últimas entregas protagonizadas por Pierce Brosnan. Y por si fuera poco es descarado que intentan imitar la fórmula de la saga de Jason Bourne, pero se quedan muy lejos de lograrlo por culpa de un guión mediocre y una puesta en escena torpe e ineficaz.

Empiezo por el guión. La trama es poco sustanciosa y nada original. Los clichés de la serie que parecían haberse desechado en Casino Royale están de vuelta. Los villanos (más insípidos que nunca) y su fantasiosa conspiración mundial, las chicas, las persecuciones, y cómo no el enfrentamiento final en la guarida del enemigo, que explota porque se supone que debe hacerlo, siguen un esquema muy básico y predecible. No existe la complejidad y ambición que tan buenos resultados dio en el capítulo inicial de esta etapa.

Lo único destacable es el atractivo de los personajes Bond y M, muy bien interpretados por Daniel Craig y Judi Dench respectivamente, y el buen aprovechamiento que se hace de los secundarios (Olga Kurylenko, Giancarlo Giannini, Jeffrey Wright). Los primeros tienen carisma de sobra, y los demás sirven muy bien de apoyo. Destacan unos diálogos bastante correctos (el humor seco del espía está presente), y la humanización del propio James Bond sigue aceptablemente bien. Estos interesantes protagonistas sustentan bastante bien la poco llamativa historia en que están inmersos, con lo que hace pensar que seguramente con un villano de buen nivel se hubiera limado un poco esa sensación de ser lo mismo de siempre y sin garra alguna. Pero el rol dibujado para Mathieu Amalric (que además empeora muchísimo con el infame doblaje) no es capaz de despertar la más mínima emoción en el espectador, y no tiene secuaces dignos de mención.

En cuanto a la puesta en escena, Marc Forster, quien deslumbró con la maravillosa Descubriendo Nuncajamás, no ha atinado en esta su primera obra de acción, ofreciendo una dirección nada lustrosa. El torpe manejo de cámara en mano acompañado por el mediocre montaje, ambos intentando de forma fallida imitar los buenos resultados que ofrece la saga de Jason Bourne, proporcionan un aspecto visual bastante flojo. Las escenas de acción son caóticas y mareantes, cuesta entender lo que ocurre, y además hay momentos en los que el realizador se va por las ramas con algunos apaños extraños y molestos, como la inexplicable decisión de compaginar las peleas con escenas paralelas (la ópera y la feria).

Ahora bien, la decepción puede ocultar las pocas virtudes que tiene. Porque una vez vista de nuevo me queda claro que como película de acción básica cumple: los personajes del bando de los buenos aguantan el tipo, y el relato nunca se atasca, va siempre hacia adelante con ritmo y sin patinar en ningún momento dentro de su limitado esquema. En resumen, es bastante entretenida. Pero claro, eso tampoco oculta que es un torpe paso atrás en un momento en que la saga parecía remontar el vuelo.

Entrada actualizada del original publicado el 01/11/2008.

Ver también:
Casino Royale.

Casino Royale


Casino Royale, 2006, EE.UU.
Género: Acción, thriller.
Duración: 144 min.
Dirección: Martin Campbell.
Guión: Neal Purvis, Robert Wade, Paul Haggis.
Actores: Daniel Craig, Eva Green, Mad Mikkelsen, Judi Dench, Jeffrey Wright, Giancarlo Giannini, Jesper Christensen.
Música: David Arnold.

Valoración:
Lo mejor: Un guión alejado de los clichés de la saga en sus últimos capítulos: original, complejo, con el atrevimiento de tener segmentos muy diferenciados en estilo. Puesta en escena muy sólida.
Lo peor: Altibajos de ritmo, destacando su tramo final sin garra.
Mejores momentos: La larga partida de póquer, llena de momentos geniales: la bebida de Bond, la bebida envenenada.
La frase:
1) Tres partes de Gordon’s, una de vodka, media de Kina Lillet, lo agitas con hielo y luego le añades una fina rodaja de cáscara de limón.
2) Esa última mano casi me mata.
3) -Mezclado o agitado.
-¿Tengo cara de que me importe?

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Como es obvio casi ninguna reseña o artículo dedicado a Casino Royale evitó la comparación con las anteriores entregas de esta interminable saga. El aspecto rudo del rubio Daniel Craig fue duramente criticado por los fans, pero una vez vista la película prácticamente todo el mundo coincidió en que el actor cumple de largo con buen hacer y carisma y el tratamiento del personaje ha resultado innegablemente enriquecedor. La fórmula había sido llevada a extremos exagerados en las últimas producciones con Pierce Brosnan de protagonista, donde convertían a Bond casi en un superhéroe que rara vez sufría daños e incluso nunca se despeinaba. El construido para Craig es mucho más humano: tiene motivaciones más claras, sufre dolor y pena, se llena de sangre y suciedad, se enamora… y como es su primera aventura se ha optado también porque aún no tenga sus sellos clásicos de identidad, sino que los va adquiriendo poco a poco.

La historia también se ha distanciado del esquema tan repetitivo, huyendo del archienemigo único siempre empeñado en conquistar el mundo, mejorando la trama (nada de guarida final del malo y otros clichés) y sin abusar de otros detalles significativos, como los artefactos de tecnología tan avanzada que convertían a las últimas entregas en delirantes obras de ciencia-ficción (Q ni aparece). Supone todo un acierto, un soplo de aire fresco y humanizador en una saga que estaba estancada, y eso no quiere decir que no parezca una cinta Bond. Es una más original, compleja y seria. Mantiene el glamour (fiestas, coches, trajes), las mujeres bellas, las escenas de acción casi imposibles (¿por qué el el tipo perseguido huye hacia la obra y sube por ella, siendo un claro lugar sin salida?) resueltas con efectismo y una realización más que notable, el humor cínico y seco, y los villanos característicos y temibles. Pero todo es más y mejor.

La trama, como señalaba, huye del repetitivo esquema de Bond contra un loco megalómano que no tiene más motivación que ser malo porque sí. Lo enemigos son más ambiguos, una combinación de terroristas y organización secreta, y no se sabe por dónde pueden salir porque la historia no anda por los mismos caminos de siempre. Las indagaciones de Bond para ir descubriendo el plan enemigo siguen un patrón más de cine de espías serio y denso que de acción directa, siendo bastante enrevesadas, de hecho incluso demasiado, pues a veces cuesta quedarse con los detalles y pistas que dirigen sus acciones. Hay algunas que como no las pilles te quedas sin enteder parte de la trama (al final por ejemplo tienes que ver a la primera de quién es el teléfono que mira y de quién es el mensaje, para poder comprender el epílogo), y otras soluciones se quedan en el aire para otro momento de la película, dejándote pensando y con dudas, algo no muy apto para el espectador actual, pero también algo atractivo para el espectador exigente: se puede ver varias veces para sacarle todo el jugo. Los diálogos son más elaborados, inteligentes y sutiles (atención al análisis que se hacen mutuamente Bond y Vesper en el tren), y no faltan grandes dosis de humor marca de la casa.

Pero lo que más destaca es que los realizadores se atreven a fragmentar la trama en segmentos muy diferenciados de estilo y tono. Por ejemplo, el consabido prólogo de peleas se reserva para después de una pequeña y pausada introducción que presenta al nuevo Bond, pero sobre todo destaca que en mitad de la película la acción intensa se deja de lado por una larguísima partida de póquer que supone la confrontación principal con el villano, y que lejos de romper el ritmo resulta un tramo fantástico por su intriga y buen manejo de los personajes.

Sin embargo, este intento de dotar de mayores ramificaciones a la función sí termina jugando en contra del ritmo,. Al principio hay varias peleas y persecuciones que parecen infladas (sobre todo la del aeropuerto) para buscar efectismo a toda costa, y aunque como espectáculo funcionan, realmente trascendencia y recordabilidad tienen poca. Y por el contrario, en el tramo final peca de perder fuelle: la historia de amor se alarga demasiado y termina haciéndose previsible, y el combate del desenlace no es tan impresionante como los del principio. Aunque el hundimiento de la casa en Venecia está muy, muy bien hecho, llega tarde y no es muy llamativo, ni siquiera destaca en cuanto a la implicación de los protagonistas: Vesper está desaparecida sin hacer nada y Bond pega cuatro tiros que no están a la altura de las escenas cumbre de la cinta. Sin duda pretendían tirar por el drama emocional, poniendo a Bond ante un punto de inflexión importante en su vida, pero no funciona del todo, esta parte empieza sin energía tras el interludio de vacaciones románticas y apenas lo recupera. Y luego llega un epílogo que también tarda en arrancar, porque necesita más diálogos y explicaciones.

La puesta en escena de Martin Campbell, que también se encargó de Goldeneye, la única destacable de Brosnan, no destaca por tener mucha personalidad pero sí por ser contundente, impecable. Las complicadas escenas de acción son trepidantes pero claras, con planos abiertos y un montaje excelente que muestran muy bien todos los hechos, mientras que las pausadas mantienen un tempo muy correcto. En los actores, Daniel Craig está fantástico como Bond: imponente, duro, descarado… pero también muestra muy bien todo lo que sufre en las situaciones extremas que vive. Los secundarios cumplen de sombras, destacando a la sugerente Eva Green (Vesper), la rígida Judi Dench (M), y el inquietante Mad Mikkelsen (Le Chiffre).

A pesar de las reticencias iniciales, de alejarse de los cánones del cine de acción actual y de ser bastante densa, sorprendentemente la película funcionó muy bien entre la crítica y la taquilla, y hoy en día de hecho muchas listas la consideran entre las cinco mejores de Bond, algunas incluso la mejor. Para mí le falta algo de equilibrio narrativo para considerarla tan buena.

Entrada actualizada del original publicado el 27/11/2006.

Everest


Everest, 2015, EE.UU.
Género: Drama, aventuras.
Duración: 121 min.
Dirección: Baltasar Kormákur.
Guión: William Nicholson, Simon Beaufoy.
Actores: Jason Clarke, John Hawkes, Josh Brolin, Jake Gyllenhaal, Thomas M. Wright, Martin Henderson, Ingvar Eggert Sigurðsson, Michael Kelly, Emily Watson, Keira Knightley, Sam Worthington, Robin Wright,
Música: Dario Marianelli.

Valoración:
Lo mejor: Los momentos cumbre agobian y causan desazón.
Lo peor: El ritmo es muy irregular, el dibujo de personajes superficial. No emociona e impacta como podría.

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El estreno llegó sin mucha expectación, pues no tiene nombres reconocibles ni una gran campaña publicitaria detrás. Pero las críticas y el boca a boca han sido bastante buenos, y si bien no se ha convertido en un taquillazo sin duda terminará siendo muy rentable. Yo fui por esa buena recepción, pero lo cierto es que la he visto excesiva. Es una película vistosa y entretenida, pero su potencial daba para muchísimo más. El drama no me removió por dentro lo más mínimo, el espectáculo va justito, los personajes secundarios son mejorables, el ritmo es muy irregular.

El principal problema es que al guión le falta inteligencia y determinación, y es la puesta en escena la que realza sus pocas virtudes. Termina pareciendo un telefilme de alto presupuesto: drama básico, desarrollo de personajes esquemático, desenlace sin garra, y sobre todo la impresión de que carece de trascendencia, y eso que se basa en una tragedia muy llamativa. Si termina resultando un título de acción dramática aceptable es por su tramo central, donde el desconocido director Baltasar Kormákur exprime el escenario y el sufrimiento de los protagonistas al máximo. El peligro de la tormenta, el cansancio de los escaladores, la tensión en el campamento… Consigue un puñado de largas secuencias donde hay bastante agobio e inquietud por el destino de los escaladores. Y por ello es una pena que se vea tan limitado por la escasa profundidad de los protagonistas, que se va diluyendo cuanto más secundarios son estos.

Los roles de Jason Clarke y John Hawkes son los únicos con una personalidad clara, los únicos que interesa seguir de principio a fin. En el siguiente rango ya estamos entre los clichés cargantes (Josh Brolin como el chulo tonto, Keira Knightley como la esposa sufridora) y los que te suenan pero no te queda claro quiénes son realmente: el sueco (¿o era ruso?) y algún otro los reconoces porque salen bastante, y el de Jake Gyllenhaal porque es el actor más conocido. Con estos el interés ya va justito. El siguiente nivel es de atractivo nulo, como la japonesa y otros que sólo hacen bulto, con lo que su sufrimiento apenas llega con intensidad, y en los casos en que alargan sus escenas innecesariamente empiezan a aburrir. Por ello me sorprende que algunos se hayan quejado de que han faltado escaladores, como una española que andaba por allí. Pues no, a la película le sobran personajes. O mejor, le falta un guión más hábil a la hora de presentarlos de forma cercera y darles una personalidad y posición claras. Aparte de todos estos tenemos el extraño caso del rol de Sam Worthington, que por alguna razón recibe mejor tratamiento que otros a pesar de ser completamente prescindible. Su gran aportación es hablar un par de veces por radio.

Everest tiene lo básico para cumplir como entretenimiento, pero el único recuerdo que deja es la sensación de haber desaprovechado una historia con más potencial.

San Andrés


San Andreas, 2015, EE.UU.
Género: Acción, catástrofes.
Duración: 114 min.
Dirección: Brad Peyton.
Guion: Carlton Cuse, Andre Fabrizio, Jeremy Passmore.
Actores: Dwayne Johnson, Carla Gugino, Alexandra Daddario, Ioan Gruffudd, Archie Panjabi, Paul Giamatti, Hugo Johnstone-Burt, Art Parkinson.
Música: Andrew Lockington.

Valoración:
Lo mejor: Sólida dirección, con buen ritmo a pesar de no tener guion. Los efectos especiales no defraudan.
Lo peor: El guion, un engendro lleno de clichés y tonterías, y lo peor, construido a trozos de otras películas.
Peores momentos: La absurda escena de reanimación. La huida del nuevo novio de mamá.

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Me gusta el cine de acción y efectos especiales. Entiendo que no siempre se busquen películas profundas y artísticas, sino entretenimientos sin más, porque para conseguir una obra maestra del calibre de Mad Max: Fury Road hay que tener talento pero también una iluminación repentina e irrepetible. Pero desde luego no me gusta que se vayan al extremo de parir sin vergüenza películas estúpidas y sin personalidad alguna, porque entonces como es obvio el factor entretenimiento se sustituye por el hastío y el rechazo. Y es que cada vez más la industria de Hollywood se inclina por el refrito de ideas, rebajar el listón intelectual y tratar de aturdir con efectos especiales. Con tanta basura uno mira al pasado, y películas de las que medio nos reíamos por tontorronas, hoy en día se recuerdan mucho mejor: fuera de algún tópico narrativo (normalmente relativo a los personajes, siempre simplificados para no quitar tiempo a la acción), los argumentos eran más originales y atrevidos, y se buscaba sorprender con escenas y efectos novedosos. Independence Day, Twister, Armaggedon (esta con una vena de humor estupenda) y otras cuantas, al ritmo que vamos, van a terminar considerándose clásicos, porque menudo varapalo dan a los principales filmes de los últimos años: 2012, El día del mañana, El núcleo… Y otra cosa es el tono. ¿Por qué nadie se pone a hacer una de catástrofes de corte serio? Ni siquiera las que tiran por el drama realista, como Lo imposible, terminan de despuntar. El nivel de la más grande del género, El coloso en llamas, parece imposible de alcanzar. Y tiene cuarenta años ya…

San Andrés sigue a rajatabla los peores vicios del cine actual. Para empezar, carece totalmente de originalidad. Todo en ella parece sacado de otras películas. Eso sí, seguramente no sea culpa de guionistas y director, sino de los productores, y aquellos sean unos pobres currelas que no se merecen la hostia que dan ganas de soltar. El caso es que toda y cada una de las escenas recuerda descaradamente a alguna obra previa, como si no se diesen cuenta de que así el factor sorpresa desparece y en esa situación lograr tensión e interés por el destino de los protagonistas es verdaderamente complicado. Y claro, le sumamos que obligan también a la citada limitación intelectual, y se termina de rematar la propuesta. La trama se puede aceptar que sea básica, pero sin escenarios y situaciones con un mínimo de enjundia poco impacto puede causar, y para colmo ningún personaje logra despertar suficiente interés como para sufrir por ellos, aunque por suerte no llegan al nivel de repelencia de otras cintas semejantes (Pompeya el mejor ejemplo: daban ganas de matarlos a todos).

Con esa idea de tomar de otros filmes y aferrarse a las bases más simples del género, los clichés se acumulan hasta desbordar. El prólogo que presenta al héroe, el científico que toman por loco pero resulta ser un genio, la familia divorciándose, los chavales de turno (chica guapa, chico medio tontito, niño sabihondo), la catástrofe, la separación, el viaje, las penurias estándares, el romance renaciendo en esos momentos difíciles, el reencuentro, la bandera estadounidense sobre sol naciente, y fin. El resto es rellenado con efectos digitales de impresión, pero claro, con tan poco detrás la cinta a duras penas logra emocionar lo más mínimo. Como mucho se puede decir que el director Brad Peyton (Viaje al centro de la Tierra 2) mantiene un ritmo trepidante que enmascara el vacío del guion, y aunque esto no basta para aprobar semejante producto de usar y tirar, por suerte por ello no resulta un visionado insoportable: entra de un tirón y se va como llegó, sin rozar ni una neurona.

Dos cosas recalcitrantes quería destacar. Uno es el abuso de topicazos del género: la trama del científico no pinta ni aporta nada, está totalmente fuera de la película principal, pero por alguna razón pensaban que era imprescindible cumplir con ella. El segundo es el mensaje pro-familia, tan jodidamente mascado y estúpido que resulta surrealista. El nuevo amante de mamá es presentado como un imbécil, cobarde y sin respeto por la familia, en contraposición con el héroe imposible que representa papá, todo ello para remarcar que el divorcio solo causa desgracias, que debes cumplir con los mandamientos del matrimonio. Porque claro, San Andrés es un título comercial hasta la médula: te vende hasta el modelo de vida prototipo estadounidense. En el plano final con la bandera me sorprende que no obligaran a levantarse con la mano en el pecho y la cabeza alta.

Así pues, San Andrés divierte más por estúpida que por cualquier otra cosa.

PD: En lo de forzar el espectáculo por encima de todo se incluye hasta el casting: curvas y músculos en cantidad. A veces es difícil mirar la acción de fondo con Daddario y Gugino en el plano.