El Criticón

Opinión de cine y música

Archivos mensuales: febrero 2016

Deadpool


Deadpool, 2016, EE.UU.
Género: Acción, comedia.
Duración: 108 min.
Dirección: Tim Miller
Guion: Rhett Reese y Paul Wernick, basandose en el cómic de Rob Liefeld y Fabian Nicieza.
Actores: Ryan Reynolds, Morena Baccarin, T. J. Miller, Ed Skrein, Brianna Hildebrand, Stefan Kapicic, Karan Soni, Gina Carano.
Música: Junkie XL.

Valoración:
Lo mejor: El fantástico sentido del humor, el carisma arrollador del personaje.
Lo peor: El villano es insípido, el ritmo mejorable, y en lo visual no tiene mucha pegada.
Mejores momentos: La pelea contra Coloso. El último viaje en taxi, hablando del primo del taxista.
El doblaje: Me temo que tiene uno de esos doblajes de comedia tonta donde se empeñan en adaptar localmente los chistes, cargándose muchísimas referencias y bromas ingeniosas para rebajarlo al nivel que el traductor jefe decide porque la da la gana.
La frase:
1) ¡Todos los dinosaurios temían al T-Rex!
2) Vaya, es una casa enorme, pero solamente os veo a vosotros dos. Es como si el estudio no tuviera dinero suficiente para más X-Men…

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Deadpool fue visto en X-Men Orígenes: Lobezno, pero nadie se acuerda de ello… básicamente porque pocos se acuerdan de esa entrega, que no satisfizo a muchos (a mí me pareció aceptable), y otros, los más fans de los cómics, se obligaron a olvidar la representación lastimera que le hicieron, pues de secundario de adorno pasó a enemigo cutre (ese tipo feo que lucha contra Lobezno en la chimenea de la central nuclear y con poderes que no tiene en los cómics). ¿Por qué trataron tan mal a un personaje que tenía potencial para película propia o como poco valía para secundario relevante en otras secuelas? Es lo que pasa cuando diversos productores meten ideas propias por la fuerza sin pensar en el equilibrio de la serie y el respeto a los seguidores de los cómics. Pero tras años de rumores y esfuerzos (por parte de Ryan Reynolds sobre todo), llega por fin el intento de redimir esta figura y traer savia nueva al género.

Ya desde los delirantes créditos se hace patente que estamos ante una obra irreverente y alocada dispuesta a jugar con todo tipo de humor. Tenemos tonterías grotescas (“Hashtag AhíLoDejo”), chistes brutos (la pelea con Coloso), humor negro, gracias reincidentes (“Francis”), diálogos hacia el espectador y, como debe ser, explotan la vena cómica del protagonista. Ni considerándolo un antihéroe Deadpool resulta convencional. La locura que arrastra, sus incansables chistes descarados u obscenos, los diálogos punzantes, su manejo de las situaciones de forma excéntrica e impredecible y el correcto papel de Ryan Reynolds, quien parece actuar mejor con una máscara que sin ella (los gestos y movimientos que hace son esenciales para darle vida), conforman un superhéroe con enorme magnetismo. La narración también es fiel al cómic, con idas y venidas en el tiempo para exponer cosas (su pasado se desgrana en medio de los hechos presentes) y con recesos cómicos absurdos, destacando las constantes rupturas de la cuarta pared (atención a la frase sobre la escasez de mutantes).

Con todo ello tenemos garantizada una aventura siempre simpática y con varias secuencias descacharrantes hasta el punto de llegar a llorar de risa. El ritmo puede ser mejorable en algunos tramos, pero entre las risotadas casi no te das cuenta; aunque veremos cómo aguanta los revisionados, claro. La puesta en escena no es brillante, aunque teniendo en cuenta el escaso presupuesto luce francamente bien; pero también se le puede achacar que tiene una dirección (el primer largo de Tim Miller) bastante tradicional para una propuesta que se vende como “con mucha personalidad”; sólo con un estilo más dinámico, en la onda del gran trabajo visual de los hermanos Russo en Capitán América: El soldado de invierno, habría ganado enteros; y con acabado visual valiente y original, podría haber sido mucho mejor.

Por suerte esas pequeñas limitaciones no se convierten en fallos, no impiden que la proyección resulte divertidísima, porque Deadpool y el sentido del humor salvan cualquier bache. Pero por ello hay quien dice que, como la película parece estar construida únicamente para el personaje central, se descuida el resto. No me parece cierto. Los secundarios son todos interesantes y su presencia ocupa lo justo, que esto no es una historia coral como Los Vengadores. La chica de turno (Morena Baccarin) no es un maniquí, posee su propia personalidad que de hecho resulta encantadora. Sólo aparecen dos mutantes de los X-Men pero se los aprovecha muy bien, pues no se descuidan sus formas de ser y mantienen una relación muy atractiva con Deadpool. Los escasos amigos y conocidos que vemos aportan lo necesario a la hora de dar al héroe un entorno y una vida verosímiles (el camarero –T. J. Miller– y la camaradería en su local), y hasta caracteres de relleno, como la ciega o el taxista, son hábilmente usados como receso cómico en algunas situaciones que de otra forma podrían haber quedado algo faltas de chicha.

El único problema notable es el villano, Ajax, y por extensión la esperable confrontación. Aunque ponga al protagonista en apuros en su tortuosa creación, lo cierto es que la falta de profundidad de este enemigo, su nula evolución, las carencias del actor Ed Skrein y una batalla final descafeinada, lo rebajan al nivel del malo de Ant-Man: un cero total en interés y carisma, quedando como una excusa para presentar al héroe. Tampoco llaman mucho la atención sus secuaces, donde sólo el rol de Gina Carano tiene algo de presencia, pero no la suficiente. ¿Por qué este retroceso en villanos cuando Loki demostró que un personaje fuerte y cambiante con las circunstancias resulta mucho más atractivo? Y hay que recalcar lo de la pelea final. Si tan rompedora decían que iba a ser la película, ¿por qué acaba de forma tan básica? Previsible secuestro de amada, con un fallido receso para buscarla (que anticlimática resulta la visita al club de striptease), y enfrentamiento a tortas donde no se ofrece nada que tan siquiera intente ser mínimamente original. No llega a ser un desastre porque la escena de acción es correcta y el humor gratificante, pero unos cuantos chistes no te montan un clímax genuino e impactante.

Poniendo todo en la balanza me sale una cinta muy entretenida y con carácter que garantiza un rato de risas incontrolables y un personaje al que difícilmente podrás olvidar. Pero también cabe señalar que prometía mucho más, que guarda un potencial que finalmente no explota por completo. Sin duda la campaña publicitaria, llena de anuncios virales y con mucha implicación en las redes, más el atractivo de ver por fin una de superhéroes que fuera para adultos, ha levantado muchas expectativas en una producción menor de la que el estudio no parecía esperar mucho (de ahí que el presupuesto sea la mitad de lo habitual: 58 millones). Pero el visionado no muestra tanta valentía como se anunciaba. El lenguaje es bastante sucio, y hay golpes con más sangre de lo habitual en el género de acción actual, pero cualquier título estándar de los ochenta y noventa tiene más sangre y violencia… y sexo, porque aquí no se ve prácticamente nada. Parece que nos hemos ablandado tanto que un par de heridas con algo de sangre y unos cuantos “joder” y “paja” nos parecen excesivos. Y en temática no es nada transgresora u oscura, de hecho está muy anclada en los clichés del género. No, evidentemente Deadpool no está dirigida exclusivamente a adultos y seguidores de la HBO, sino que pone su mira en los adolescentes de entre dieciocho y veintipocos años. Es una mejora, porque hasta ahora, salvo el Batman de Nolan, todas las de superhéroes estaban rebajadas para que hasta niños de diez años pudieran verlas, pero no es una revolución. Eso sí, con su éxito (está rompiendo récords de estrenos +18) la secuela podrá tener más presupuesto y menos miedo con el guion (podrá ser más bestia y elaborado), y además quizá abra la veda a más obras de corte adulto.

Ver también:
X-Men.
X-Men 2.
X-Men: La decisión final.
X-Men Orígenes: Lobezno.
Lobezno: Inmortal.
X-Men: Primera generación.
X-Men: Días del futuro pasado.

¡Ave, César!


Hail, Caesar! , 2016, EE.UU.
Género: Comedia.
Duración: 106 min.
Dirección: Ethan Coen, Joel Coen.
Guión: Ethan Coen, Joel Coen.
Actores: Josh Brolin, George Clooney, Alden Ehrenreich, Ralph Fiennes, Channing Tatum, Tilda Swinton, Scarlett Johansson.
Música: Carter Burwell.

Valoración:
Lo mejor: Reparto de grandes nombres.
Lo peor: Sin pies ni cabeza, aburrida hasta la desesperación.

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Los hermanos Coen son un valor seguro para espectadores exigentes o cinéfilos, me dije. Sus películas siempre tienen grandes dosis de inteligencia y sutilezas y resultan bastante originales. Como mucho pueden ser algo arrítmicas (O Brother!) o incluso aburridas (El hombre que nunca estuvo allí era para mí la más floja, por ser un coñazo), pero hasta las más tontas, como Ladykillers, tenían su ingenio y gracia. Jamás llegué a pensar que se pudieran darse un batacazo como el de ¡Ave, César!

Las intenciones son claras: homenajear el cine clásico. Se toca la fama, la publicidad y el periodismo: el galán maduro, la joven estrella, el periodismo sensacionalista, las historias construidas por los estudios, los escándalos ocultos. Se abordan cómo no los rodajes: directores y actores con sus virtudes y vicios. Se muestra el mundo tras las cámaras, con los productores, directivos y majors. E incluso se toca el tema político, con el delirio comunista que oscureció el negocio durante algunos años.

Pero todos estos aspectos no forman parte de un relato con coherencia y equilibrio. Más que una película resulta de un programa de humor, de esos de números cómicos con escenificación sencilla, tipo teatro, y si acaso unos pocos exteriores. Vaya semanita sería el mejor ejemplo. Saltamos de una escena a otra sin conexión más allá de compartir algún protagonista (Josh Brolin como el productor) y una subtrama que intenta usarse como nexo, la del secuestro de la estrella (George Clooney). Pero no funciona la cosa, porque ninguna de las dos líneas, ni los propios personajes, mantienen interés más allá de algún buen chiste en el primer acto, cuando la presentación todavía no augura el desastre inminente. A la larga su escasa relevancia, enjundia e interés se diluye en el caótico galimatías, con lo que no hay nada que sostenga las dos horas de historias sueltas, anécdotas breves, recesos incomprensibles, salidas por la tangente y momentos metidos con calzador con los que tratan de exponer aquellos temas.

Creo que nunca he visto personajes más desubicados de los de Scarlett Johansson y Channing Tatum. Qué presentaciones más largas y cansinas para luego no exponer ninguna trama llamativa con ellos, y menos alguna fluida y graciosa. La periodista (Tilda Swinton) es intrascendente. El grupo comunista, incomprensible tras toda esa cháchara absurda, y todo para que al final no ocurra nada digno de mención con ellos. El personaje de Clooney parecía protagonista pero no lleva a ninguna parte, y su interpretación resulta algo forzada. El de Alden Ehrenreich, el joven guaperas que todavía debe aprender a actuar, es el único digno, pero también queda como una aventura forzada y mal unida a las demás. El de Brolin es el que más ocupa pero no ofrece una personalidad ni una trayectoria concreta dignas de mención. Y atención a Jonah Hill, que sale en el póster y sólo tiene una breve e insustancial escena.

El sentido del humor es flojo, a veces cutre (el pañuelo en el proyector), y con esa narrativa torpe y embarullada, la poca gracia inicial se difumina hasta no quedar nada en el tramo final, que de aburrido y cargante resulta insoportable. Por ejemplo, secuencias con potencial, como la peleílla entre el director exigente y el actor incompetente, se echan a perder por la negligente forma de estirar y repetir el chiste hasta destrozarlo y agotar la paciencia del espectador. Como resultado, tenemos un bodrio de los espectaculares, un despiporre sin pies ni cabeza que resulta tan inclasificable como exasperante. En la sesión en la que la vi la gente salía bufando y cabreada por el tiempo perdido.

El renacido


The Revenant, 2015, EE.UU.
Género: Aventuras.
Duración: 156 min.
Dirección: Alejandro González Iñárritu.
Guion: Alejandro González Iñárritu, Mark L. Smith, Michael Punke (novela).
Actores: Leonardo DiCaprio, Tom Hardy, Domhnall Gleeson, Will Poulter, Forrest Goodluck.
Música: Alva Noto (también conocido como Carsten Nicolai), Ryûichi Sakamoto.

Valoración:
Lo mejor: La belleza de las imágenes. Los personajes y actores secundarios.
Lo peor: La falta de profundidad del guion, los excesos narrativos que lastran el ritmo.
Mejores momentos: El ataque al campamento. Algunas huidas por los pelos: el río, el árbol y el caballo…
La historia: Ya hubo una adaptación de esta historia real, El hombre de una tierra salvaje (Man in the Wilderness, 1971), con Richard Harris y John Huston como protagonistas. Pero la presente versión se apoya en la novela de Michael Punke, The Revenant: A Novel of Revenge (2002).

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Alejandro González Iñárritu se fue a rodar a las montañas, luchando contra la naturaleza en una gesta que rivaliza con la de los comerciantes de pieles que protagonizan el relato. Las dificultades de la logística en páramos alejados de la civilización, los problemas climáticos, las situaciones límite a las que puso a los actores (en especial a DiCaprio)… El proyecto tuvo que ser una locura… Pero probablemente los extras sobre el cómo se rodó sean más interesantes y espectaculares que la propia película, porque después de tanto bombo no ha resultado para tanto.

En conjunto es una buena cinta de aventuras, pero no como para dejar una gran impresión, a menos que su potente aspecto visual te hipnotice tanto que sus muchos problemas se te hagan invisibles. Porque desde luego la labor de Inárritu y Emmanuel Lubezki (pocas veces un largometraje parece más del director de fotografía que del propio director) es asombrosa y cautivadora como pocas. El empeño en sacar de cada escena y plano los encuadres, colores y paisajes más bellos ofrece una obra única en lo visual, hermosa y fastuosa a partes iguales. Además, el realizador se marca unas pocas secuencias de acción memorables. El asalto inicial y la breve cabalgada con los indios detrás hacen gala de un dominio narrativo de impresión: los elaborados planos secuencia y el escenario lleno de acción lucen de maravilla, fluyendo con naturalidad y exprimiendo al máximo la inmersión del espectador en los hechos. Pero esa exquisitez visual también peca de soberbia, y con ello empiezan a verse las costuras: los excesos por un lado y las carencias por otro.

Primero, el guion no es gran cosa. Que no sea complejo o profundo no tiene que ser por sí solo una lacra, que esto es aventura de supervivencia, no cualquier otra cosa que requiera una escritura más elaborada. El problema es que lo que tiene no lo expone con la energía y equilibrio que podría. La odisea es más básica de lo que parece a simple vista, de hecho para mí el peor fallo es que el personaje central es el menos interesante. Hace más bien poco aparte de arrastrarse. Su supervivencia es en un 90% ajena a sus habilidades. Sí, se empeña en vivir, pero se salva siempre por suerte o por factores externos (el indio que lo cuida, el árbol que frena su caída…). Esfuerzo real, ingenio, escenas donde se curre alguna tarea o solución, hay muy pocas y no son especialmente llamativas (sólo asombra un poco lo que hace con el caballo, pero original no es). A esto se le suma la escasa exposición de sus motivaciones. Cuidar al hijo y vengarse, no hay más recorrido emocional. Y para mostrar algo tan simple Iñárritu necesita farragosos flashbacks que hacen gran mella en el ritmo. No puedo compararla con la otra adaptación de esta historia porque no la he visto, pero puedo citar Las aventuras de Jeremiah Johnson (1972, de Sydney Pollack y con Robert Redford), que narra eventos muy, muy parecidos: tiene un protagonista más completo e interesante, y la propia película, sin tanto artificio y a pesar de su antigüedad, resulta más equilibrada y entretenida.

Aparte de la fuerza visual, son los protagonistas secundarios quienes salvan la propuesta. El capitán que es también el empresario que dirige la expedición resulta muy atractivo. Su estilo cauto y reflexivo y su nobleza (no escatima en gastos y esfuerzos para tratar de salvar a los suyos) dan forma a un individuo íntegro admirable y que además contrasta muy bien con los paletos brutos que lo rodean (por algo es el líder, claro). La interpretación de Domhnall Gleeson, quien entre El despertar de la fuerza (es el general de los malos) y Ex Machina parece estar lanzando su carrera, es muy correcta, pues muestra con credibilidad la lucha del personaje. En el grupo que lo acompañan destacan pocos, y es cierto que se puede pensar que con el abultado metraje que hay daba para sacarles más partido, pero lo que hay funciona. El joven (Will Poulter) superado por los acontecimientos y luego agobiado por los remordimientos resulta muy simpático y aporta, junto al capitán, las únicas dosis de humanidad en un relato que ofrece un retrato del hombre bastante sombrío, pues aquí todos los bandos que vemos (distintas tribus indígenas, franceses, ingleses…) van a lo suyo en una espiral de violencia demencial. De hecho el otro rol importante es el del desalmado que sólo piensa en su supervivencia inmediata. Este tipo rastrero y egoísta que tan bien capta Tom Hardy resulta temible, inquietante, asqueroso… pero nunca inverosímil, pues su dibujo es realista y describe bien la dureza de aquellos tiempos.

Así, tenemos un villano de nivel que ensombrece a un héroe que cumple justito como figura central. De hecho mucho se habla de la interpretación de Leonardo DiCaprio, pero me temo que se debe a la presión mediática y es Tom Hardy quien deja huella. Se han empeñado en que DiCaprio gane el Oscar de una vez, y están machacando más de la cuenta tanto en los medios como desde la propia película (atención al plano final tan forzado en el que le falta suplicar por la estautilla). Su labor es buena, transmite bien el sufrimiento y la agonía, pero ya está, el esfuerzo físico del rodaje no es motivo para alabar tanto un papel que no pasa de correcto. Y si lo comparamos con sus muchos grandes trabajos, como Infiltrados o El aviador, pues sería una vergüenza, otra más en la academia, que se lo dieran ahora para compensar posibles errores anteriores. Pero así funcionan los Oscar, y no me cansaré de señalar que no tienen valor objetivo ninguno y que la gente (medios y público) deberían dejar de seguir el cuento de una vez por todas.

La otra gran limitación es que, después de todo, la dirección también falla. El renacido no es tan vibrante, espectacular y estremecedora (falta sufrimiento y miedo en muchos tramos de la odisea del protagonista) como debería teniendo ese portento de aspecto visual. Y todo porque Iñárritu se empeña en hacer una cinta larga y grandilocuente, cuando con estas características tan básicas se requiere ir al grano con determinación. Los flashbacks inútiles o redundantes, las secuencias oníricas a lo Terence Malick que no aportan nada salvo pretenciosidad y el exceso de metraje afectan mucho al ritmo e intensidad. De hecho hasta aparentes nimiedades como el abuso de imágenes y panorámicas de la naturaleza son contraproducentes. A veces parecen las diapositivas del familiar pesado que te obliga a ver sus vacaciones, en plan “con lo que costó subir a esa montaña no podéis decir que no a las fotos que hice”. Iñárritu disfrutó y sufrió en este complicado rodaje y le da pena descartar material.

Es inevitable pensar que metiéndole una buena poda, de al menos treinta o cuarenta minutos, para que fuera a lo bueno con contundencia, ganaría mucho en ritmo y pegada. Aunque también habría que mejorar el personaje central, pues como señalaba, le falta personalidad y esfuerzo por su parte, se echa en falta mayor angustia e incertidumbre en su día a día… ¡que se pasa media película durmiendo! Por suerte no estamos hablando de una catástrofe, sino de algunos problemas de concepto y acabado que deslucen un gran potencial. El renacido bien merece ser admirada en pantalla grande, y la odisea narrada, aunque a veces se atasque, resulta lo suficientemente emocionante como para no dejar malas sensaciones más allá de que la publicidad vende una maravilla que no se ve por ninguna parte.

PD: De entre todas las escenas incomprensibles o directamente absurdas, se llevan la palma la del meteorito seguida de la avalancha que sólo se ve de lejos; se ve que quería incluir todo tipo de fenómenos naturales por la fuerza.

El puente de los espías


Bridge of Spies, 2015, EE.UU.
Género: Drama, panfleto político.
Duración: 142 min.
Dirección: Steven Spielberg.
Guion: Ethan Coen, Joel Coen, Matt Charman.
Actores: Tom Hanks, Mark Rylance, Alan Alda, Amy Ryan.
Música: Thomas Newman.

Valoración:
Lo mejor: Se ve profesionalidad delante y tras las cámaras.
Lo peor: Pero también se ve cómo Spielberg tira de recursos muy facilones para tratar de llegar hondo por la fuerza, y además tiene un tono adoctrinante descarado.

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Como en sus últimos títulos, Lincoln y Caballo de batalla, tenemos al Steven Spielberg autocomplaciente y acomodado a los manidos parámetros de lo que se puede denominar como “cine de la academia”. Me refiero obviamente a la academia de los Oscar, el sector dominante del gremio en Hollywood, un amplio grupo de cineastas conservadores que se premian entre ellos siguiendo directrices muy claras de narrativa y temática. Los dramas sensibleros, las biografías manipuladoras, el patriotismo rancio, la puesta en escena obsesionada con realzar determinados aspectos de su gusto… El puente de los espías grita a la desesperada “mirad que bueno soy, quiero un Oscar” mientras a la vez vende el cansino mensaje de “somos el mejor país del mundo”.

Debo decir que de primeras no parecía un panfleto tan obvio. El tramo inicial del filme es más comedido, pues aunque narra con el esperable patriotismo hortera algún aspecto de los EE.UU. (su supuesta superioridad democrática, moral y judicial), lo hace con bastante fluidez y cierta naturalidad, quizá más que Lincoln, que pretendía ser tan hermosa y trascendental que quedaba muy encorsetada. Y en la carga política podría haber sido peor, porque la pugna capitalismo-comunismo prometía un tono mucho más partidista. Pero en principio el retrato de la época y los personajes parece realista: es lo que había en esos tiempos, fobia y fanatismo alentados por gobiernos opuestos y que sólo entendían el mundo en términos de blanco o negro. El juicio no sorprende pero entretiene, y la dinámica entre el abogado y el espía defendido ofrece dos personajes sencillos pero con cierto encanto, con lo que es fácil congeniar con ellos. Además los actores están bastante bien en papeles difíciles, pues son de emociones contenidas. Tom Hanks no parece esforzarse desde hace años y sigue logrando sacar interpretaciones de nivel incluso donde no hay mucho que rescar. Eso sí, el asombro que hay con Mark Rylance me parece excesivo, aquí y en la serie donde también le han dado mil premios, Wolf Hall.

Pero el velo va cayendo, y cuando empieza la segunda parte, la historia de intercambiar rehenes, se hace evidente que es un drama prefabricado y con propaganda política descarada. Se puede aceptar que haya cierto contraste entre EE.UU. y Alemania, pues un país acaba de sufrir los envites de la guerra en sus carnes y está cayendo en un caos político que trae una etapa oscura, mientras que el otro empezaba a vivir una época dorada, pero de ahí al maniqueísmo que se monta Spielberg hay un trecho muy, muy grande. EE.UU. se retrata con luz y color, ambiente de trabajo maravilloso, gente amable y cándida, fuerzas de la ley simpáticas y cercanas… Alemania es el infierno, un lugar frío y desolado donde todos son monstruos desalmados (atención a la absurda escena del robo del abrigo).

A partir de aquí no esperes inteligencia y sutilezas. Todo está bien mascadito, se recalca en exceso, o se expone con trucos demasiado evidentes. Las escenas con paralelismos son las más grotescas, donde más se notan las trampas: los malvados comunistas torturando al preso en contraposición con el exquisito trato dado por los estadounidenses al suyo, los chavales saltando el muro de Berlín para acabar a tiros, contra los que saltan vallas entre casas en EE.UU. jugando, la mujer que mira al protagonista en el metro con mala cara por defender a un enemigo, contra esa misma mujer tiempo más tarde (¡pero qué casualidad, oye!) que lo mira exultante de admiración cuando el prota vuelve como un héroe… Pero las escenas torticeras más que sensibleras también cantan a distancia. Tenemos la loa a la familia tradicional de rigor, con la mamá en casa, los niños santos y el padre trabajador, donde soportaremos la peleílla artificial de turno para terminar con la reconciliación de cuento de hadas: el clásico el plano final de los niños y la mujer dándose la vuelta a cámara lenta, abriendo los ojos como platos al ver al papi en la tele puesto como un héroe. Toma dos cucharadas de azúcar, por si no tenías suficiente. Y hay muchos más clichés metidos a la fuerza, como la llamada que no parece llegar en el puente, la puerta del despacho del jefe cerrada cuando siempre la encontraba abierta, etc., etc.

A esto se le suma que Spielberg pierde el control del relato. El lío de la negociación a dos bandas, sumado a la intriga de si el protagonista podrá sobrevivir en el caos de Berlín en pleno alzamiento del muro de la vergüenza, debería haber aumentado considerablemente el interés de la proyección, ofreciendo una trama más compleja e intensa. Pero ocurre lo contrario, se diluye la fuerza y profundidad de la historia, y además tiene fallos imperdonables. No entiendo cómo puede presentar tan bien al piloto y tan mal al estudiante, si al final son igual de importantes. Es como si quisiera poner a uno por encima del otro: el piloto paleto que va a la guerra por su país es mejor que el universitario intelectual pacifista. Por lo demás, los personajes implicados en las negociaciones hablan y hablan, pero en escenas carentes de empaque alguno, con lo que queda un thriller bastante soso y superficial.

En el acabado formal es indudable que la mano de profesionales veteranos se ve en cada plano. La ambientación es buena y Spielberg y el gran director de fotografía de Janusz Kaminski edifican una puesta en escena muy cuidada y con sabor a clásico del cine negro, de hecho hay varios planos de gran fuerza visual (como el protagonista pensando que está siendo seguido bajo la lluvia). Y en conjunto, aunque el ritmo sea mejorable en algunos tramos y los eventos muy previsibles, la cinta dura más de dos horas y no se hace larga. Pero la técnica no lo es todo, y con el tono elegido queda una película tan ahogada en su pretenciosidad y maniqueísmo que dificulta enormemente que el talento nato de sus autores fluya con naturalidad, y termina pareciendo un telefilme de alto presupuesto.

Lo sorprendente es que el guion es de los hermanos Cohen, muy dados a lo sutil y con más recursos narrativos de lo que aquí se ve. No hay forma de saber a ciencia cierta Spielberg altera mucho el guion o los escritores esta vez no estuvieron a la altura, pero comparando la trayectorias de ambos parece estar claro quién cojea. Hubo un tiempo en que Spielberg nos ofrecía cine innovador, genuino y apasionado con el que nos deslumbraba y hacía soñar. La lista de Schindler, por citar la más equiparable con la aquí analizada, es un buen ejemplo de aquella gran época. Pero desde hace años está obsesionado con un clasicismo mal entendido, empeñado con recordar que es un grande de Hollywood. Y además da la impresión de que la edad lo está llevando al espectro conservador de EE.UU. (a pesar de autoproclamarse demócrata), con el patriotismo ciego y la concepción del mundo tan simplista y retorcida de los que hacen gala. Lo triste es que, como se ve todos los años en las nominadas a los Oscar, este estilo es el más admirado por la academia y tiene bastante éxito entre el público.

La gran apuesta


The Big Short, 2015, EE.UU.
Género: Drama, biografía.
Duración: 130 min.
Dirección: Adam McKay
Guión: Adam McKay, Charles Randolph, Michael Lewis (novela).
Actores: Christian Bale, Steve Carell, Ryan Gosling, John Magaro, Finn Wittrock, Brad Pitt, Hamish Linklater, Rafe Spall, Jeremy Strong.
Música: Nicholas Britell.

Valoración:
Lo mejor: El impresionante reparto. El guión es estupendo…
Lo peor: … pero el director no le saca todo el partido que parece guardar.

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La crisis económica global iniciada en los alrededores del año 2008, para quien no se haya enterado todavía, fue una estafa. Como rémora del sistema capitalista tenemos las especulaciones de la bolsa y la banca, en manos de unas pocas empresas todopoderosas que controlan el cotarro a su antojo para enriquecimiento propio. A esta gente le importan un comino las clases bajas, las leyes y la moral. Tampoco les asusta que su modelo económico explote, porque saben que tienen a los gobiernos agarrados por las pelotas y van a darles todas las ayudas que quieran hasta que el timo esté en marcha otra vez.

Pero sí, está claro que todavía hay millones de ciudadanos que no se han enterado y siguen votando a partidos políticos que avalan o utilizan estos modelos, incluso en España, donde la crisis se ha cebado más que en otros lugares por la incompetencia y corrupción del bipartidismo, y ahí siguen PP y PSOE como los partidos más votados. Por desgracia, tampoco hay muchas formas de llegar a la población adormecida e ignorante (cuando no fanática), y es una pena que un medio tan útil como el cine no se atreva más a menudo a tratar temas complejos y polémicos como la política y la economía. Aparte de Margin Call no he visto ninguna otra, y encuentro muy pocas: The Company Men (John Wells, 2010) y una de la HBO, Malas noticias (Too Big to Fall, de Curtis Hanson, 2011), aunque supongo que habrá varios documentales al estilo Inside Job.

Por suerte ahora ha llegado La gran apuesta, que además se ha visto catapultada por algunas nominaciones a los Oscar, así que supongo que valdrá para que unos cuantos miles de individuos empanados abran los ojos… aunque no tantos como debiera, porque la mayoría estará viendo Gran Hermano en vez de una película de apariencia adulta y complicada (sólo 100 millones de dólares lleva en todo el mundo a pesar de lo que se habla de ella en los medios). Por lo menos me queda el consuelo de que en la sesión donde la vi escuché gruñidos y suspiros de rabia por la mierda que se narra, y risitas de incomodidad cuando mencionan España.

Los guionistas, y supongo que también el autor del libro en que se basan, sabían en el fregado que se metían. La terminología enrevesada de la banca y Wall Street y la complejidad global de los hechos son un muro muy alto para el espectador, así que ponen mucho empeño en explicar bien las cosas, con paréntesis descarados, narración hacia la cámara y con los personajes disimuladamente exponiendo las cosas despacito. Pero lo mejor es el tono distendido con salpicaduras de humor ácido: saben de sobra que hay que entretener, y la aventura se mantiene con un pie en la comedia negra y otro en la parida absurda (los cameos de famosos aclarando conceptos). Parece que pensaron, no sin razón, que no había forma de abordar este esperpento de historia sin hacerte vomitar, ni soltar esos datos tan complejos sin que la gente se perdiera. Así pues, el guión es muy certero a la hora de elegir el tono, consiguiendo que el espectador se implique, divierta y aprenda con facilidad.

La descripción de los protagonistas es también muy buena. Hay muchos pero cada uno tiene su personalidad bien definida, en especial los más relevantes obviamente, pero no se descuida lo más mínimo el gran repertorio de secundarios: no te quedas con los nombres pero sabes quién es quién y cómo pueden reaccionar en cada momento. Quizá el flashback del rol de Christian Bale es reiterativo, pero el resto se presenta con lo justo. La entrada de Steve Carell es fantástica, por ejemplo. El único fallo es que se empeñan en mostrárnoslos como héroes, cuando realmente ninguno lo es, pues lo que hacen es aprovechar el agujero del sistema para intentar forrarse, en vez de denunciarlo. Sólo un par de personajes amagan con ir a la prensa, pero luego deciden no seguir intentándolo y sí sacar tajada, y sólo el de Carell analiza las injusticias y problemas subyacentes… pero a la hora de la verdad no hace nada tangible por sacarlo a la luz o tratar de arreglarlo. Una visión más cínica de los propios protagonistas hubiera sido más acorde al estilo del relato, pero se nota una clara intención de ser amable en esta parte, quizá para que el espectador pueda conectar con algo positivo.

A cambio el reparto es magnífico y logra que los personajes cobren vida con mucha verosimilitud. Todos los actores secundarios están excelentes (incluso los cameos breves), pero los principales están soberbios. Christian Bale y Steve Carell son dos de los más grandes de nuestro tiempo y vuelven a demostrar por qué, aunque por desgracia el segundo, quizá por haber hecho muchas comedias tontas, no tiene el reconocimiento que merece; eso sí, aquí sí está impresionante, no como en Foxcatcher, el papel que empezó a darle reconocimiento como actor “de verdad” aunque en realidad no fuera para tanto. El único que falla es Ryan Gosling, como ocurre en absolutamente todas sus películas. ¿Qué le ven algunos? Su falta de carisma y dotes interpretativas son bien evidentes.

Ahora bien, el guión tiene una calidad que no luce en imágenes como podría. No conozco el resto de la obra del escritor y director Adam McKay (salvo por el simplón guión de Ant-Man), pero mi impresión con La gran apuesta es clara: como escritor ha estado muy por encima de su labor como director. Parece que el libreto le ha resultado demasiado inteligente y complejo, porque en la puesta en escena le faltan recursos, agilidad, sutilezas… Su carrera se centra en la comedia, pero no le coge el punto del todo a una obra que evidentemente pretende ser divertida y vibrante incluso en los momentos más oscuros. Lo único que destaca es que sabe qué sacar de los actores en cada escena. Por lo demás, ya desde los primeros minutos se ve que la cámara en mano es torpe e ineficaz, y de ahí en adelante el filme se atasca en un aspecto visual bastante limitado cuando prometía ser dinámico o incluso frenético, una tormenta de datos, chistes, escenas salidas de madre (por muy reales que fueran) y gente puteada en la mejor tradición del humor incómodo que precisamente Carell asentó con The Office.

Es imposible no pensar en qué habría resultado en manos de un realizador más dotado. Cabe citar a Martin Scorsese por el parecido con El lobo de Wall Street, y aunque esa tenía sus propios fallos que limitaban su también destacable potencial, sus virtudes son las que se echan de menos aquí: solidez, vitalidad y carisma en lo visual. Mejor narrada (en agilidad e ingenio sobre todo) y con mayor personalidad y pegada, La gran apuesta podría haber sido un peliculón. Pero como está tiene su valor: el reparto es fantástico y se simpatiza mucho con los personajes, la aventura expone de forma bastante amena una historia complicada y de paso da visibilidad a esta estafa que tanto ha afectado nuestras vidas.

PD: Otro fallo es el final con letras explicado qué fue de cada protagonista… Podían haber puesto las caras al lado, que hay tantos que no me quedé con todos los nombres.
PD2: ¿Los fallos de montaje de la escena de Margot Robbie son a propósito? Resultan tan evidentes que me hace pensar que forman parte de la broma.