El Criticón

Opinión de cine y música

El renacido


The Revenant, 2015, EE.UU.
Género: Aventuras.
Duración: 156 min.
Dirección: Alejandro González Iñárritu.
Guión: Alejandro González Iñárritu, Mark L. Smith, Michael Punke (novela).
Actores: Leonardo DiCaprio, Tom Hardy, Domhnall Gleeson, Will Poulter, Forrest Goodluck.
Música: Alva Noto (también conocido como Carsten Nicolai), Ryûichi Sakamoto.

Valoración:
Lo mejor: La belleza de las imágenes. Los personajes y actores secundarios.
Lo peor: La falta de profundidad del guión, los excesos narrativos que lastran el ritmo.
Mejores momentos: El ataque al campamento. Algunas huidas por los pelos: el río, el árbol y el caballo…
La historia: Ya hubo una adaptación de esta historia real, El hombre de una tierra salvaje (Man in the Wilderness, 1971), con Richard Harris y John Huston como protagonistas. Pero la presente versión se apoya en la novela de Michael Punke, The Revenant: A Novel of Revenge (2002).

* * * * * * * * *

Alejandro González Iñárritu se fue a rodar a las montañas, luchando contra la naturaleza en una gesta que rivaliza con la de los comerciantes de pieles que protagonizan el relato. Las dificultades de la logística en páramos alejados de la civilización, los problemas climáticos, las situaciones límite a las que puso a los actores (en especial a DiCaprio)… El proyecto tuvo que ser una locura… Pero probablemente los extras sobre el cómo se rodó sean más interesantes y espectaculares que la propia película, porque después de tanto bombo no ha resultado para tanto.

En conjunto es una buena cinta de aventuras, pero no como para dejar una gran impresión, a menos que su potente aspecto visual te hipnotice tanto que sus muchos problemas se te hagan invisibles. Porque desde luego la labor de Inárritu y Emmanuel Lubezki (pocas veces un largometraje parece más del director de fotografía que del propio director) es asombrosa y cautivadora como pocas. El empeño en sacar de cada escena y plano los encuadres, colores y paisajes más bellos ofrece una obra única en lo visual, hermosa y fastuosa a partes iguales. Además, el realizador se marca unas pocas secuencias de acción memorables. El asalto inicial y la breve cabalgada con los indios detrás hacen gala de un dominio narrativo de impresión: los elaborados planos secuencia y el escenario lleno de acción lucen de maravilla, fluyendo con naturalidad y exprimiendo al máximo la inmersión del espectador en los hechos. Pero esa exquisitez visual también peca de soberbia, y con ello empiezan a verse las costuras: los excesos por un lado y las carencias por otro.

Primero, el guión no es gran cosa. Que no sea complejo o profundo no tiene que ser por sí solo una lacra, que esto es aventura de supervivencia, no cualquier otra cosa que requiera una escritura más elaborada. El problema es que lo que tiene no lo expone con la energía y equilibrio que podría. La odisea es más básica de lo que parece a simple vista, de hecho para mí el peor fallo es que el personaje central es el menos interesante. Hace más bien poco aparte de arrastrarse. Su supervivencia es en un 90% ajena a sus habilidades. Sí, se empeña en vivir, pero se salva siempre por suerte o por factores externos (el indio que lo cuida, el árbol que frena su caída…). Esfuerzo real, ingenio, escenas donde se curre alguna tarea o solución, hay muy pocas y no son especialmente llamativas (sólo asombra un poco lo que hace con el caballo, pero original no es). A esto se le suma la escasa exposición de sus motivaciones. Cuidar al hijo y vengarse, no hay más recorrido emocional. Y para mostrar algo tan simple Iñárritu necesita farragosos flashbacks que hacen gran mella en el ritmo. No puedo compararla con la otra adaptación de esta historia porque no la he visto, pero puedo citar Las aventuras de Jeremiah Johnson (1972, de Sydney Pollack y con Robert Redford), que narra eventos muy, muy parecidos: tiene un protagonista más completo e interesante, y la propia película, sin tanto artificio y a pesar de su antigüedad, resulta más equilibrada y entretenida.

Aparte de la fuerza visual, son los protagonistas secundarios quienes salvan la propuesta. El capitán que es también el empresario que dirige la expedición resulta muy atractivo. Su estilo cauto y reflexivo y su nobleza (no escatima en gastos y esfuerzos para tratar de salvar a los suyos) dan forma a un individuo íntegro admirable y que además contrasta muy bien con los paletos brutos que lo rodean (por algo es el líder, claro). La interpretación de Domhnall Gleeson, quien entre El despertar de la fuerza (es el general de los malos) y Ex Machina parece estar lanzando su carrera, es muy correcta, pues muestra con credibilidad todo el agobio que sufre el personaje. En el grupo que lo acompañan destacan pocos, y es cierto que se puede pensar que con el abultado metraje que hay daba para sacarles más partido, pero lo que hay funciona. El joven (Will Poulter) superado por los acontecimientos y luego agobiado por los remordimientos resulta muy simpático y aporta, junto al capitán, las únicas dosis de humanidad en un relato que ofrece un retrato del hombre bastante sombrío, pues aquí todos los bandos que vemos (distintas tribus indígenas, franceses, ingleses…) van a lo suyo en una espiral de violencia demencial. De hecho el otro rol importante es el del desalmado que sólo piensa en su supervivencia inmediata. Este tipo rastrero y egoísta que tan bien capta Tom Hardy resulta temible, inquietante, asqueroso… pero nunca inverosímil, pues su dibujo es realista y describe bien la dureza de aquellos tiempos.

Así, tenemos un villano de nivel que ensombrece a un héroe que cumple justito como figura central. De hecho mucho se habla de la interpretación de Leonardo DiCaprio, pero me temo que se debe a la presión mediática y es Tom Hardy quien deja huella. Se han empeñado en que DiCaprio gane el Oscar de una vez, y están machacando más de la cuenta tanto en los medios como desde la propia película (atención al plano final tan forzado en el que le falta suplicar por la estautilla). Su labor es buena, transmite bien el sufrimiento y la agonía, pero ya está, el esfuerzo físico del rodaje no es motivo para engrandecer un papel que no pasa de correcto. Y si lo comparamos con sus muchos grandes trabajos, como Infiltrados o El aviador, pues sería una vergüenza, otra más en la academia, que se lo dieran ahora para compensar posibles errores anteriores. Pero así funcionan los Oscar, y no me cansaré de señalar que no tienen valor objetivo ninguno y que la gente (medios y público) deberían dejar de seguir el cuento de una vez por todas.

La otra gran limitación es que, después de todo, la dirección también falla. El renacido no es tan vibrante, espectacular y estremecedora (falta agobio y miedo en muchos tramos de la odisea del protagonista) como debería teniendo ese portento de aspecto visual. Y todo porque Iñárritu se empeña en hacer una cinta larga y grandilocuente, cuando con estas características tan básicas se requiere ir al grano con determinación. Los flashbacks inútiles o redundantes, las secuencias oníricas a lo Terence Malick que no aportan nada salvo pretenciosidad y el exceso de metraje afectan mucho al ritmo e intensidad. De hecho hasta aparentes nimiedades como el abuso de imágenes y panorámicas de la naturaleza son contraproducentes. A veces parecen las diapositivas del familiar pesado que te obliga a ver sus vacaciones, en plan “con lo que costó subir a esa montaña no podéis decir que no a las fotos que hice”. Iñárritu disfrutó y sufrió en este complicado rodaje y le da pena descartar material.

Es inevitable pensar que metiéndole una buena poda, de al menos treinta o cuarenta minutos, para que fuera a lo bueno con contundencia, ganaría mucho en ritmo y pegada. Aunque también habría que mejorar el personaje central, pues como señalaba, le falta personalidad y esfuerzo por su parte, se echa en falta mayor tensión e incertidumbre en su día a día… ¡que se pasa media película durmiendo! Por suerte no estamos hablando de una catástrofe, sino de algunos problemas de concepto y acabado que deslucen un gran potencial. El renacido bien merece ser admirada en pantalla grande, y la odisea narrada, aunque a veces se atasque, resulta lo suficientemente emocionante como para no dejar malas sensaciones más allá de que la publicidad vende una maravilla que no se ve por ninguna parte.

PD: De entre todas las escenas incomprensibles o directamente absurdas, se llevan la palma la del meteorito seguida de la avalancha que sólo se ve de lejos; se ve que quería incluir todo tipo de fenómenos naturales por la fuerza.

4 Respuestas a “El renacido

  1. rogerstarktark 29/02/2016 en 21:40

    ¿Mejor dirección a el Renacido por sobre Fury Road?

    Son un chiste de mal gusto los oscares…

  2. Warren Keffer 01/03/2016 en 1:58

    Pues ese es el menor de los errores, a mi parecer xD
    Me faltan por ver Room y Brooklyn, pero dudo que superen a Mad Max; y Spotlight desde luego ni lo hace ni llega la notable; pero vamos, todos los años están nominadas películas normalitas o incluso malas, estos se mueven por género y estilos, no por calidad.
    Dárselo ahora a Di Caprio y Morricone cuando han tenido trabajos mejores, robárselo a John Williams por cumplir con ese eterno error,
    Que gane Rylance por encima de papelones como los de Tom Hardy (El renacido) y Christian Bale (La gran apuesta)… antes se lo daba incluso a Ruffalo por Spotlight.
    ¿De verdad Ex Machina tiene mejores efx que Mad Mas y El despertar de la fuerza? No la he visto todavía, pero lo dudo.
    En fin, lo de todos los años.

  3. rogerstark 01/03/2016 en 4:59

    Si, tal vez exageré con mi enojo por el renacido; pasa que tenía la leve esperanza de que le dieran a Mad Max la mejor película y cuando no ganó a mejor dirección quedó claro que no iba a ganar el principal.

  4. Alberto E. V. 06/03/2016 en 16:15

    Para mí esa pretenciosidad sí fue sinónimo de desastre. Me pareció un despropósito de película, que se pierde tras un primer acto notable en el que se centra en lo que debe ser: un relato de supervivencia y venganza. Pero cuando Iñárritu se pone metafísico, le puede la pedantería y se acumulan los errores. Personajes gilipollas perdidos (esos indios que buscan a una india que nos importa bien poco… ¡y que estaba en el campamento francés desde el principio!), deus ex machina vergonzosos (de nuevo, la puñetera india), fallos de ambientación garrafales (pistolas con carga infinita, caballos que se montan de un salto aunque no tengan bridas, pieles que se secan instantáneamente en medio de la nieve)… Y, lo peor aún, la narración pierde todo el foco sobre lo que quería contar. Ya me entero de que el mensaje que se quiere transmitir es que el ser humano es pequeño al lado de la naturaleza, ¡no hace falta machacármelo con el enésimo plano general de un paisaje nevado o una estampida de búfalos que no aporta nada más que “oh, mira, cómo flipo”! El personaje de DiCaprio vaga sin ningún objetivo claro durante una larguísima hora más, y resulta que el trampero no ha sufrido verdaderamente, no ha perdido nada, no se ha visto en peligro auténtico, no nos interesa su destino; y cuando la película se acuerda de que va de venganza y supervivencia, ya me da igual que DiCaprio se cargue a Hardy, porque solo quiero largarme del cine cuanto antes.

    Basura pretenciosa y hueca. Preciosa fotografía para una historia destrozada por un director con un ego subidísimo. ¿En serio merecía un segundo Oscar consecutivo? ¿Por encima de Miller? ¿¿En serio??

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