El Criticón

Opinión de cine y música

Archivos mensuales: marzo 2016

Batman vs. Superman: El amanecer de la justicia


Batman v Superman: Dawn of Justice, 2016, EE.UU.
Género: Superhéroes.
Duración: 151 min.
Dirección: Zack Snyder.
Guion: Chris Terrio, David S. Goyer.
Actores: Ben Affleck, Henry Cavill, Amy Adams, Gal Gadot, Jesse Eisenberg, Diane Lane, Jeremy Irons, Lawrence Fishburne, Holly Hunter, Scoot McNairy.
Música: Hans Zimmer, Junkie XL.

Valoración:
Lo mejor: Batman y Ben Affleck tienen el suficiente interés como para salvar parte de la cinta.
Lo peor: El guion chapucero, la puesta en escena grandilocuente pero mediocre. El dinero no luce. Aburrida y confusa. Los momentos cruciales son desastrosos y decepcionan a lo grande.
Mejores momentos: Batman en misión de rescate, la única escena realmente llamativa.
El plano: Lois Lane en la bañera.
La pregunta: ¿Gotham y Metrópolis son la misma ciudad? No en los cómics, pero aquí parece que sí.
El título: Yo voy a poner “vs.”, que es la abreviación correcta de “versus” en castellano.
La frase: Dime, ¿sangras? Lo harás -Batman a Superman.

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Alerta de spoilers: La comento con todo detalle, incluido el final.–

Una campaña publicitaria insistente y demasiado explícita (hasta el punto de contarte toda la película en cada tráiler, y hubo muchos) vendía lo rematadamente obvio: que la proyección versaría sobre la mítica confrontación entre Batman y Superman. Pero llegas al cine y te tragas dos horas y media de sinsentidos para que la batalla dure cinco minutos y sea un bluff total en justificación, en motivaciones de los personajes, en sentido del espectáculo. ¿Adónde va el resto del metraje? A un embrollo donde las pocas veces que se puede intuir qué quieren contarte queda claro que lo están haciendo de la peor manera posible. Guionista (Chris Terrio con historia de David S. Goyer) y director (Zack Snyder) se pierden en una narrativa torpe y caótica donde no entienden ni dominan conceptos cinematográficos básicos. Esta obra debería ser estudiada en las escuelas de cine como ejemplo a evitar. ¿Cómo pueden dedicar tantos minutos a tan pocos personajes y no sacar casi nada de ellos? ¿Cómo la historia es tan simple pero resulta tan enmarañada y confusa? También se puede analizar el método de vender una serie de películas sólo con la publicidad, no afianzando su calidad, y cómo los espectadores nos dejamos engañar una y otra vez.

Clark Kent aparece un par de veces para cumplir con el cupo de novio y periodista, pero no se trabaja más su intento de vivir entre los hombres. Superman tiene más protagonismo… y tampoco son capaces de introducirnos en su mente. ¿Qué siente, qué sufre, qué piensa y espera de la humanidad y cómo planea responder ante los pocos retos morales y legales que se plantean en la trama? Como en la primera parte, vaga por el mundo sin rumbo, frunce el ceño (sigo pensando que Henry Cavill valía para más) sin que sepamos por qué y pelea con una determinación no explicada, pues su viaje interior carece de la coherencia y fuerza necesarias para conectar con el personaje y vislumbrar algún tipo de evolución. Le ponen de nuevo algunas escenas introspectivas que lejos de servir para algo vuelven a resultar pretenciosas y fallidas: esa visión con el padre en la montaña descoloca un montón (forzada en forma y contenido para no aportar nada claro), hay una conversación con la madre que en cuanto termina me olvidé sobre qué iba, se persona en el juicio y no sabemos si se está rindiendo ante el ser humano, si tiene algún plan para darle la vuelta al asunto o qué. Claro que tampoco se entiende el propio juicio: de qué se lo acusa y por qué esa intervención para salvar a una ciudadana estadounidense de las garras de unos mercenarios se supone que le da mala imagen; qué demonios hace EE.UU. juzgando un tiroteo en el extranjero; y no digamos ya lo justito de verosimilitud que resulta el que no se dé cuenta de la trampa con la silla de ruedas, o por qué esta también se supone que debe hacer que la gente lo vea como enemigo público. Así pues, el conflicto entre la humanidad y Superman no hay por dónde agarrarlo, no se presenta nada concreto y no ofrece conclusión de ningún tipo. Por ello los personajes implicados (militares, congresistas y periodistas) sólo sirven de apoyo puntual sin lograr causar ninguna impresión.

Lois también está igual que en el capítulo inicial: metida en todo sin venir a cuento. Momentos risibles, como ese helicóptero que le da Perry White porque sí, o lo de que suelte la lanza y luego vuelva a por ella, son lo único que deja para el recuerdo aparte de la belleza de Amy Adams, porque su enorme talento no llega a aprovecharse. Diana Prince/Wonder Woman está también metida con calzador: no se aclara nada sobre ella a pesar de tener numerosas apariciones breves, con lo que no sabes qué hace por el mundo (¿es de kryptón o qué?), cuáles son sus lealtades, su visión de las cosas y su forma de actuar. Si vas a presentar un personaje de la serie de forma que no sea sólo un cameo sutil para los lectores de los cómics tienes que hacer que tenga sentido en la historia. Y atención a su infantil aparición en la batalla (plano molón y musiquita roquera barata) y a la foto “antigua” (¿no sería lo más lógico pensar que es una foto de una fiesta de disfraces con filtro sepia?) en que sale posando con otros tipos raros, cuando se supone que quiere pasar desapercibida. Gal Gadot acaba como Adams: sólo te acuerdas de su asombrosa belleza. Aparte tenemos a los otros héroes de la saga que están adaptando, Flash y demás, donde precisamente se van al extremo de no esclarecer nada y que sólo los fans pillen la cosa; por cierto, la presentación de Aquaman acercándose a una cámara cual pececito curioso es tronchante.

Lex Luthor es el peor de todos los protagonistas, una auténtica cagada. En vez de plasmar al Luthor conocido han intentado imitar al exitoso Joker de El Caballero Oscuro: un demente estrafalario lleno de tics delirantes que sólo quiere traer el caos. ¿Dónde está el megalómano millonario con grandes planes para hacerse más y más millonario e importante y que odia a Superman porque es el único rival capaz de echar al traste sus maquinaciones? No sabemos nada de él y entre sus balbuceos apenas se deja entrever un plan. Por alguna razón está empeñado en que Batman y Superman se zurren, pero no se dice por qué, y cuando se expone algún paso del supuesto proyecto resulta tan débil y cogido por los pelos que provoca vergüenza ajena: oooh cuidado, que ha enviado cartas provocadoras a Bruce Wayne; ¿y alguien entendió lo de África, por qué se supone que era una treta contra Superman, y por qué usan balas que sólo Luthor tiene, lo que las convierte en una pista clara del autor de todo?; pero para agujero de guion lo de que sabe por arte de magia quiénes son los álter ego y las familias de cada superhéroe. Diría que Jesse Eisenberg no lo hace mal, pero como la interpretación que le exigen no pega para el personaje y este termina resultando una catástrofe, pues tiene todas las papeletas para que le cojas asco.

Batman es el único que sale bien parado, de hecho parece una película de Batman más que de Superman o repartida entre ambos. Dedican algo de esfuerzo en mostrar las dos caras de su vida y a matizar su punto de partida, su transición y su posición final. Y su clásico apoyo, Alfred, funciona medianamente bien también, aunque sea en gran parte por el carisma de Jeremy Irons. Pero lo más destacable es que Ben Affleck da la sorpresa al marcarse un buen papel, algo que nadie esperaba. Estamos ante un Wayne/Batman atormentado, obsesivo y desatado bastante atractivo y que casi supone la salvación de la cinta. Casi, porque obviamente forma parte de ella y se tropieza con sus limitaciones. Así, aunque sea el único personaje en que se puede ver una forma de ser y un propósito, tampoco destaca en coherencia y buena progresión. Primero, los realizadores no son capaces de ver qué es lo importante. ¿De verdad era necesario repetir la escena de la muerte de sus padres a estas alturas? Una visita al cementerio para mostrar brevemente su dolor bastaba. El confuso, largo y lento prólogo lastra demasiado su presentación: esa surrealista elevación por murciélagos, por qué corre hacia su edificio sin el traje de Batman (y por qué la gente no desaloja hasta que llama, cuando están viendo la cuidad caer en pedazos), la cansina cámara lenta del asesinato. Segundo, cuando a duras penas se deja entrever su potencial entre subtramas anodinas (la investigación del “Portugués Blanco” parece escrita por un amateur, con momentos absurdos como ponerle un localizador a un camión que pretende destrozar) y resoluciones chapuceras (el lastimero hackeo al ordenador de Luthor), este no llega a madurar porque el resto del relato tampoco lo hace. ¿Por qué decide ir contra Superman? Sí, le mosquea su aura divina, le tocó las pelotas con la destrucción de su edificio, y queda claro que es un tipo rabioso y violento, pero de ahí a odiarlo a muerte y decidir enfrentarse a ese rival en apariencia imbatible hay un salto que no se matiza lo más mínimo, porque dejan toda la lógica del conflicto en manos del plan de Luthor y este es un despropósito.

Pero vale, al final tenemos por fin la esperadísima batalla entre los dos superhéroes… Parpadeas y se acaba. ¿Ya está? ¿Tanto ruido para esto? Es realmente triste que no hayan sabido sacarle partido a la parte más importante de la película: no es verosímil, ni emocionante, ni grandiosa. Empieza rebosando incoherencias, se pasa en un suspiro y no deja huella alguna. Media lucha se basa en lanzar al contrincante más allá en vez de intentar aplastarlo o atravesarlo, y resulta muy breve, con pocos trucos y trampas por parte de Batman; uno de los momentos cumbre es la forzada tensión mientras carga un arma: ¡debería tener de todo por todas partes! Además se le ven muchas carencias. Me pregunto por qué Batman guarda la lanza lejos. Úsala en el primer momento de debilidad, que menuda imprudencia es darle más oportunidades a semejante rival. O mejor, ¿por qué no haces balas con kryptonita en vez de un arma de cuerpo a cuerpo? Superman es igual de tonto: lánzale rayos a las piernas hasta inmovilizarlo si no quieres matarlo, pero no sigas acercándote cuando es evidente que tiene más trucos, y sobre todo grita de una puñetera vez por qué no deberíais luchar, so memo, que cuando llega el giro ya no hay quien se crea el cambio repentino en Batman, que sin más se convierte en su mejor amigo. Y vaya cutrez de giro, demostrando definitivamente lo pésimo que es el guion. Primero, porque telita el recordatorio para tontos, como si no estuviera claro cómo se llamaba la madre de Bruce. Segundo, porque llega Lois para aclarar la situación (porque Superman se quedó mudo ante Batman por la razón que sea y así sigue), a pesar de que ella en realidad no ha podido escuchar la conversación. Tercero, por lo demencial de la decisión de Batman en plan “¡No puedo matarlo, su madre se llama igual que la mía! ¡Esto perdona todos los pecados que le atribuía, aunque no sepa cuáles son! ¡Ahora somos amigos hasta la muerte!”

De ahí pasamos al anticlimático final contra un bicho grande que los fans de los cómics sabrán qué es, pues aquí no se explica nada. Como decía, este Luthor no quiere construirse un imperio, sino destrozar cosas porque sí. El gobierno de EE.UU., muy amable él, deja que un millonario de dudosa lealtad acceda a su bien más preciado, una nave alienígena, y la nave de kryptón, muy amable ella, le deja hacer de todo a pesar de que el protocolo de seguridad dice que no repetidas veces. Y de todo lo que le enseña sobre el universo lo único que le mola es hacerse un monstruo al que llamaré “clon del trol de Moria” (La Comunidad del Anillo), pues es igualito pero con rayos. En la batalla, el único momento que aparece algo de guion es para hacer el ridículo: los autores, defendiéndose de las críticas a El hombre de acero, recalcan que la gente de la ciudad ha salido de trabajar y no hay nadie y que la lucha final es en una isla desierta. El resto lo dejan en manos de la puesta en escena, de la que hablo en seguida. En cuanto al final, no lo entiendo. ¿Esperas que me crea que Superman se va a quedar muerto, o que Batman lo haría si hubiera muerto él? No, hay que seguir con la serie. Este tipo de trampas argumentales tan sensacionalistas me revientan. ¿Cómo pretenden que sufra emociones ante tal engaño? Aparte está la lentitud y desgana con que cierran una despedida tan predecible, y lo innecesaro que resulta mostrar la entrada de Luthor en la cárcel y la amenaza que le hace Batman.

Para dar forma al superficial y la vez caótico y desconcertante guion llega la dirección Zack Snyder con su estilo presuntuoso y artificial que no logra disimular su nulo dominio narrativo. Saltamos de escena en escena sin cohesión entre ellas, sin un rumbo claro en los acontecimientos, sin garra a pesar de los enredos visuales. El colorido falso busca un tono sombrío sin conseguirlo, unas cuantas secuencias de acción tratan de ser oscuras y violentas pero no transmiten nada, el clímax final pretende ser sobrecogedor pero acaba resultando inerte por el abuso de lo digital y la inexistencia de argumento y personajes. La única escena digna de citar como espectacular es el combate de rescate a Martha Kent donde Batman suelta hostias como panes. Pero parece rodada por otra persona, porque el resto de persecuciones, tiroteos, peleas cuerpo a cuerpo o conflictos colosales entre edificios son esperpénticos. La persecución con el batmóvil debería ser trepidante, pero posee un montaje tan malo que va a trompicones, sin sensación de velocidad. La pelea en la premonición del futuro es de una tosquedad impresionante: Snyder trata de hacer un plano secuencia y le queda una coreografía muy mal fingida, con cada soldado enemigo esperando el turno para que Batman los tumbe con sus lentos golpes, porque por algún motivo deciden no disparar sus ametralladoras. Por estas fechas se estrenó la primera temporada de la serie Daredevil, y te encuentras con estupendas luchas en todos los capítulos, más un monumental y memorable plano secuencia en el segundo episodio que deja a la altura del betún al de este filme. La confrontación entre los superhéroes ya la he comentado. Y la batalla final es todo muñeco digital sobre fondo digital: ruido, lucecitas y borrones sin ton ni son (ah, ¿la tipa esa tiene un látigo mágico?), así que yo ya estaba desesperado de aburrimiento. El descomunal presupuesto (unos 250 millones de dólares) no luce lo más mínimo. Parece que estamos ante la adaptación en videojuego y no ante la película que nos anunciaban. Es comparar con Los Vengadores y Guardianes de la galaxia, por citar las dos más llamativas en lo visual (dirección y calidad de los efectos especiales) de la serie Marvel, y se te cae la cara de vergüenza. Cabe señalar también que la banda sonora de Hans Zimmer en la primera entrega no era uno de sus mejores trabajos, pero sí poseía cierta épica, mientras que aquí ha perdido fuelle, resultando bastante estrepitosa, sin personalidad y poco implicada con las imágenes.

Para colmo anuncian que en bluray/dvd tendrá media hora más, es decir, que a pesar de su lentitud, de su incapacidad para narrar con concisión y claridad, y de que sin duda le sobra metraje por todas partes, la película era aún más larga, tres horas nada menos. De hecho algún recorte evidente hay: Batman no consigue robar la kryptonita del camión, pero luego aparece con ella mientras vemos la base de Luthor atacada. ¿Me pones una escena donde no llega a mostrarse el objetivo buscado pero omites la que sí lo hace? Sí señor, con dos cojones. ¿Y aclararán en ese montaje otras muchas cosas sin sentido? Como por qué aparece Superman arrastrando un barco, quiénes son esos tipos con poderes que ven Wayne y Prince en los archivos de Luthor, qué diantres es esa visión de Batman peleando contra Superman que finalmente es algo que no sucede en la película, por qué enfocan a un cuadro con tanta insistencia, por qué nos plantan esa larga escena final de Luthor en la cárcel… Algunas respuestas me las han dado lectores de los cómics: deducen que Luthor ha conocido al supervillano de la serie, Darkseid, y sabe que viene, y la visión del futuro formaría parte de ese conflicto. Señores Torrio y Snyder, ¿me tratáis de presentar las siguientes películas con la mitad de la información y de forma que la trama de la que estoy viendo ahora se resienta en ritmo y comprensión? Y peor todavía, ¿después de tanto bombo y platillo me estáis diciendo que esta no es la lucha definitiva entre Batman y Superman? Y yo que me quejaba de las escenas postcréditos de Marvel como torpe salto entre capítulos…

Los productores y autores implicados no aprendieron de los errores de la primera parte de la serie, sino que los han magnificado, consiguiendo que un título muy prometedor, a pesar de las reticencias que levantaba El hombre de acero, resulte un galimatías plomizo y cansino que no es capaz ni de ofrecer un espectáculo aceptable. Aunque sin duda las hay peores (Batman y Robin, Los Cuatro Fantásticos, El increíble Hulk, algunas que ni me atrevo a ver: Catwoman, Linterna Verde, el reinicio de Los Cuatro Fantásticos…), Batman vs. Superman, por la ambición con que nace y las esperanzas con que llegaba, ha resultado el desastre supremo de las películas de superhéroes. ¿Dónde quedó el prometedor Zack Snyder del notable remake El amanecer de los muertos? Desde entonces ha perdido el norte en una especie de vanguardismo mal entendido donde no hace cine, sólo videoclips que capturan viñetas de cómic. ¿Adónde fue el David S. Goyer que deslumbró con el imaginativo guion de Dark City? En adelante los únicos libretos destacables son los que terminaron otros (el Batman de Christopher Nolan), menos esta chapuza que ha rematado Chris Terrio… que precisamente será quien escriba la serie a partir de ahora, con Snyder de nuevo en la dirección. Pero me temo que con tanta publicidad y ansias por ver unos superhéroes muy queridos probablemente engañen a suficientes espectadores como para sacar tajada y seguir con la misma farsa. Wonder Woman y La liga de la justicia son atractivas e iremos a verlas porque la curiosidad nos puede, pero luego volveremos a lamentarnos. Qué duro es ser friki.

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Serie La liga de la justicia:
El hombre de acero (2013)
-> Batman vs. Superman: El amanecer de la justicia (2016)
Escuadrón suicida (2016)
Wonder Woman (2017)
La liga de la justicia (2017)

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Bone Tomahawk


Bone Tomawahk, 2015, EE.UU.
Género: Western, gore.
Duración: 132 min.
Dirección: S. Craig Zahler.
Guion: S. Craig Zahler.
Actores: Kurt Russell, Patrick Wilson, Matthew Fox, Richard Jenkins, Lili Simmons.
Música: Jeff Herriott.

Valoración:
Lo mejor: Personajes, actores.
Lo peor: Se desaprovechan por completo en un relato inerte y soporífero.

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Empezó su andadura por festivales en octubre de 2015 (incluyendo Sitges), y apenas ha llegado a otros países, aunque sorprendentemente sí a España, pero eso sí, con un estreno limitadísimo. Los pocos que la han ido viendo hablaban bien de ella, así que decidí darle una oportunidad esperando que, como ocurrió con Slow West y The Salvation, encontrara un atractivo filme independiente del género. Sin embargo mi decepción ha sido monumental, ha resultado uno de los visionados más aburridos que he soportado en los últimos años.

Lo peor es que inicialmente promete mucho, es decir, que sabe a engaño. La presentación de los personajes es certera y juega bien con los elementos clásicos del cine del Oeste: tenemos roles claros, como el sheriff curtido, el galán presumido, el amigo fiel… Todos resultan verosímiles, y sumado al carisma que le otorga el reparto de grandes actores, se prometía una buena dinámica entre ellos. Sin embargo no hay más en la película tras la introducción. Es como si hubieran robado el guion y el realizador improvisara de mala manera. Una vez empezada la búsqueda de la chica raptada, a lo Centauros del desierto, la narración muere por inanición. La odisea carece de contenido, los diálogos son mediocres, todas las escenas repiten el mismo patrón: el pijo engreído fastidiando, el vejete siendo simpático, el sheriff prudente… Damos vueltas en círculos durante dos eternas horas, sin avanzar realmente en las relaciones y atascados en un viaje que no parece ir hacia ninguna parte.

El giro al gore, cuando llega, ni aporta nada nuevo ni levanta el interés, sino que el nivel sigue cayendo porque una vez plantadas las bases del arco final todo se ve venir de lejos con una facilidad pasmosa: no hay ni una sola escena que no se intuya al completo antes de empezar. Y no hay más chicha, porque la atmósfera carece de intriga y temor, solamente es gore, es decir, destripamientos y amputaciones verdaderamente asquerosas.

Fuera lo que fuera lo que intentara rodar S. Craig Zahler en esta su primera incursión como director, se ha estampado a lo grande. Western clásico, road movie, serie b de terror, gore… Ningún género lo coge con determinación y la combinación de ellos es inexistente, pues salta de uno a otro sin tacto alguno. La más parecida en estilo que recuerdo es la muy recomendable Ravenous, original, alocada y trepidante, todas virtudes de las que carece Bone Tomahawk.

Es una de esas ocasiones en que me arrepiento de no haber quitado la película, pero es que me da rabia dejarlas a medias, sin saber si al final mejora aunque sea para salvarla por los pelos. Además, siempre puedo desquitarme en el blog.

Beast of No Nation


Beast of No Nation, 2015, EE.UU.
Género: Drama.
Duración: 137 min.
Dirección: Cary Joji Fukunaga.
Guion: Cary Joji Fukunaga, Uzodinma Iweala (novela).
Actores: Abraham Attah, Idris Elba, Kurt Egyiawan, Jude Akuwudike.
Música: Dan Romer.

Valoración:
Lo mejor: Verosímil y bastante llamativa en su tramo inicial. Actores de buen nivel.
Lo peor: Lineal y predecible hasta aburrir, y con un final muy facilón.

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Bestias sin nación es una pequeña producción independiente que tras presentarse en un par de festivales importantes (Venecia, Toronto) fue adquirida en la puja para su distribución por Netflix. El canal online está dispuesto a tirar de chequera no sólo con series para hacerse un nombre en todo el mundo: soltando 12 millones de dólares (el doble de lo que costó rodarla) más lo que se gastaron luego en publicitarla pretendían optar a la carrera de los Oscar… aunque al final sólo llegaron a arañar una nominación en los Globos de Oro a mejor actor secundario (Idris Elba). Y para empeorar la situación, su forma de tratar los estrenos no gustó a algunas compañías de cine, que se negaron a proyectarla porque a la vez aparecería e internet; algunos siguen anclados en el pasado, por lo que se ve. Que el canal lo considere o no un fracaso nos es desconocido, porque no suelta datos de sus audiencias ni declaraciones sobre sus estrenos. Pero prestigio sin duda le ha dado, porque es una de las películas independientes más aclamadas del año… aunque desde mi punto de vista no merece tanto aplauso.

Escribe y dirige Cary Joji Fukunaga (dado a conocer como realizador de Jane Eyre y de la primera temporada de True Detective) basándose en la novela de Uzodinma Iweala. El relato es una aproximación genérica a lo que ocurre en los países africanos inmersos en guerras eternas. Desde los ojos de un chico que acaba en un comando guerrillero vamos pasando por todas las situaciones habituales de estas contiendas. Aldeas masacaradas, supervivencia en la jungla, captación de soldados, reeducación, mentes destruidas y convertidas en máquinas de matar, adoración al líder, golpes de estado, violencia que sólo engendra violencia, países del primer mundo sobornando altas esferas y saqueando recursos…

El dibujo de las dos figuras principales es bastante correcto, en especial por su gradual evolución, y los actores cumplen muy bien, sobre todo el imponente Idris Elba (The Wire, Thor). La descripción del entorno tampoco está mal, funciona a la hora de mostrar con realismo la violencia y el caos de la situación, sobre todo en el tramo inicial, el más intenso. Pero la historia en sí se estanca en obviedades, en lugares comunes de sobra conocidos en estos conflictos, y termina pareciendo un documental de estilo cinematográfico más que una película con entidad propia. Visualmente carece de la personalidad de True Detective y la elegancia de Jane Eyre, y aunque denota buen hacer de sobras, como en la tensa huida del chico o el largo tiroteo con el que toman un pueblo, las buenas formas iniciales se van diluyendo en secuencias tan fáciles, trilladas y predecibles que la cinta no dejan lugar al asombro, no permiten una conexión plena con el espectador porque todo se ve venir muy de lejos. Fukunaga nunca se arriesga a mostrar una perspectiva más novedosa o atrevida, no ofrece anécdotas del día a día que le den un aspecto renovado, y conforme va llegando el final pierde fuelle, para acabar como se esperaba desde muchísimos minutos antes.

Puestos a recomendar algún título que narre la guerra desde la visión de un niño es ineludible destacar El imperio del Sol de Steven Spielberg; esa sí que era original y sabía jugar con el drama sin tirar de clichés. Otros citarían Ciudad de dios, pero a mí me resultó artificial y pasada de rosca hasta producirme rechazo.

Spotlight


Spotlight, 2015, EE.UU.
Género: Drama.
Duración: 128 min.
Dirección: Tom McCarthy.
Guion: Josh Singer, Tom McCarthy.
Actores: Mark Ruffalo, Michael Keaton, Rachel McAdams, Stanley Tucci, Liev Schreiber, John Slattery, Brian d’Arcy James, Billy Crudup.
Música: Howard Shore.

Valoración:
Lo mejor: Correcta en todos sus sentidos, sin el sensacionalismo esperable de Hollywood en un título de estas características.
Lo peor: No tiene mucha pegada, se olvida rápido.

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Spotligth es un buen drama de denuncia y thriller de investigación periodística. Está firmado e interpretado por buenos profesionales, y el acabado no tiene carencias dignas de mención. La pega es que tampoco destaca, no tiene el carisma de Zodiac ni la fuerza emocional de Erin Brockovich, por citar los primeros referentes que me han venido a la cabeza.

La historia quizá tenía potencial para construir un relato más trágico, intenso y de mayor calado, pero curiosamente debo alabar su contención, el tono natural que ofrece. Viniendo de Hollywood y siendo una favorita para los Oscar (incompresible que haya ganado ante una obra maestra como Mad Max, pero eso es otra historia), me esperaba que exprimieran el drama con el sensacionalismo habitual y que los personajes fueran clichés andantes desde los que lanzar manidos mensajes. Tenemos numerosos ejemplos recientes muy claros, como Descifrando enigma, El mayordomo, Whiplash, El puente de los espías, Dallas Buyers Clubs… Pero Josh Singer y Tom McCarthy (este último también director) prefieren narrar las cosas con tono realista y verosímil y si acaso tirar de alguna sutileza para matizar sensaciones, antes que inclinarse hacia el amarillismo para forzar emociones en el espectador.

Así, el poder de la Iglesia Católica no se expone con algún obispo o cura malvado y monocromático que pretenda dar asco, sino mostrando poco a poco el alcance de sus tentáculos y la omnipresencia que tiene en la sociedad. Los planos de las calles con grandes iglesias al fondo dominando el panorama son muy efectivos, y poniendo al lado un parque se bastan para sembrar malestar en el espectador. Y la trama obviamente desgrana toda la inmundicia que rodea a los casos de pederastia: la ocultación de pruebas, las jugadas sucias, el barrer el problema bajo la alfombra en vez de enfrentarlo, el abuso de poder con el que hacen todo esto…

La investigación se desarrolla manteniendo bien la intriga de hasta dónde podrán llegar los periodistas. Los personajes son sencillos pero interesan lo suficiente como para seguirlos, en especial el que más tiempo recibe, el de Mark Ruffalo (nominado como secundario aun siendo principal…). La puesta en escena apuesta también por la sencillez, pero sin parecer simple, pues la acción ocurre principalmente en despachos pero McCarthy consigue las dosis justas de elegancia y dinamismo: la fotografía de planos amplios, siempre con muchos personajes en acción, nos sumerge muy bien en el mundo del periódico y el trabajo de los protagonistas.

Pero nada resulta tan llamativo como para dejar huella. Los personajes no tienen el carisma y recorrido suficientes como para implicarte de lleno con ellos; alguno de hecho queda un tanto desdibujado, como el nuevo editor. El reparto cumple sin problemas pero tampoco impresiona (menuda broma nominar a Rachel McAdams como mejor actriz secundaria). La historia te atrapa durante el visionado pero no te remueve por dentro como para acabar con la sensación de que hay que hacer algo para arreglar esta práctica inmunda… Y siendo un drama de denuncia, esa falta de capacidad para impactar no es buena señal.

13 horas: Los soldados secretos de Bengasi


13 Hours: The Secret Soldiers of Benghazi, 2016, EE.UU.
Género: Acción, bélico, drama.
Duración: 144 min.
Dirección: Michael Bay.
Guion: Chuck Hogan, Mitchell Zuckoff (novela).
Actores: John Krasinski, James Badge Dale, Pablo Schreiber, David Denman, Dominic Fumusa, Max Martini, David Costabile, Alexia Barlier, Peyman Moaadi, Toby Stephens.
Música: Lorne Balfe.

Valoración:
Lo mejor: Muestra a un Michael Bay sorprendetemente maduro y crítico. El presupuesto luce como si fuera el doble en notables escenas de acción.
Lo peor: No rasca mucho en un material más prometedor. Ritmo irregular, con tramos aburridos.
Mejores momentos: La persecución al coche blindado.

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13 horas no es una gran película, pero permite hacer un interesante análisis sobre la trayectoria de Michael Bay, denostado por unos por su inmadurez intelectual y admirado por otros por su habilidad para rodar escenas de acción colosales.

Con Dolor y dinero me dio una grata sorpresa, pues demostró que teniendo un buen guion y dejando atrás (aunque sea en parte) sus manías, podía hacer muy buen cine. De hecho empezaba a mostrar cierta madurez: era una ácida parodia del sueño americano, algo inesperado en quien hasta entonces rodaba con un tono conservador rayano al fanatismo. Por la apariencia, 13 horas parecía seguir ese buen camino, y su estreno confirma ese proceso de madurez y el riesgo por huir de los tópicos que lo llevaron al éxito. Vemos a un Bay muy cambiado, más reflexivo y crítico. Su amada patria ya no es impoluta e inquebrantable. El ejército no está compuesto por superhéroes infalibles. El machismo y la xenofobia se diluyen bastante.

Lo primero que salta a la vista es un desencanto con su gobierno y su adorado ejército. El realizador ha abierto los ojos, viendo la complejidad y fallas de su país y también del mundo en general. Así, desde el inicio de este drama basado en hechos reales la administración es puesta a parir sin muchos miramientos. El jefe de la delegación de la CIA en Bengasi es un oficinista inútil y los embajadores se meten en un berenjenal que no entienden. La cadena de mando, hasta llegar al Presidente, es inefectiva y una de las causas principales por las que los protagonistas quedan aislados al borde de la muerte. Y estos no son héroes arquetípicos como de costumbre, sino que trata de definir seres humanos con aristas en su personalidad, con miedos, con familias que echan de menos… Por supuesto, como los buenos de la función, son superiores moral y físicamente a los demás, pero no hasta deshacer los pasos bien dados: ni siquiera el torpe jefe de la CIA acaba como un malote tontorrón a su lado, sino que tiene bastante que decir. Además incluye una mujer que no es un florero, sino que forma parte de los acontecimientos y evoluciona con ellos. También intenta construir un entorno realista y enmarañado. Libia es un desastre, EE.UU. no pinta nada ahí, y los soldados no saben quiénes de los locales son aliados y quiénes hostiles.

Pero que Michael Bay haya dejado atrás la adolescencia (ya iba siendo hora) no implica que directamente estemos ante una gran película. Es sólo un hecho interesante a constatar en su carrera y en el cine de acción actual, en el que es un destacado representante. Que algunas las obras del género más taquilleras fueran engendros intelectuales como Transformers es una lástima. Pero si sigue creciendo podría ofrecer cosas muy interesantes. Ahora bien, acertó de lleno con Dolor y dinero pero 13 horas es un intento algo fallido: ni tiene un guion tan redondo ni le imprime un ritmo tan eficaz. Se queda bastante corta ante los títulos recientes más destacables, como Black Hawk Derribado, La noche más oscura o El único superviviente, manteniéndose en la onda de otros muchos que quedaron en tierra de nadie: Corazones de acero, En tierra hostil (sigue pareciéndome inexplicable su tirón mediático), El francotirador

El ritmo es el peor problema. Se atasca mucho a pesar de tener numerosas escenas de acción. La presentación se alarga más de la cuenta, los clímax de tensión no siempre funcionan, y en definitiva, le falta garra a un relato con mucho más potencial. Y es curioso, porque visualmente luce como si tuviera 100 y no 50 millones de presupuesto, con tiroteos y explosiones en cantidad muy bien rodados en colaboración con un gran experto en fotografía nocturna, Dion Beebe (Collateral, Corrupción en Miami). Pero ni ese buen sentido del espectáculo, ni unos personajes simpáticos con actores competentes, ni la sencilla pero correcta crítica, bastan para hacer una buena película. Porque aunque Bay lo haya intentado, en todo anda muy justo.

Qué cansina se hace la escena de los soldados hablando con las familias antes del meollo, sobre todo porque reincide en cosas ya vistas, con lo que el pretendido suspense en el inicio del conflicto se diluye más de la cuenta; la horrible banda sonora de Lorne Balfe (uno de los más recientes y peores compositores paridos por la factoría Zimmer) tampoco ayuda a matizar la tensión en los momentos clave; en las batallas más intensas cuesta distinguir con quién y dónde estamos, a pesar de que el escenario no es tan amplio como el de Black Hawk derribado, quedando claro que una cosa es grandilocuencia y espectáculo y otra saber narrar escenas más exigentes; el conflicto de hecho termina siendo muy repetitivo: una vez pasados los buenos momentos (la salida a la desesperada de la casa, la persecución al coche blindado) se limita a ofrecer varias oleadas de ataques al complejo, todas muy parecidas y que en vez de mantener una progresión creciente de intriga y desazón van dirigiéndose hacia el previsible desenlace con aparentemente cada vez más desgana: las muertes de varios protagonistas me resultaron poco o nada impactantes, de lo lejos que se ven venir; es decir, le falta una buena atmósfera a la narración más allá de ofrecer escenas de acción bien rodadas, no se termina de aprovechar eso de que el enemigo puede ser cualquiera y aparecer por cualquier parte; el análisis de Libia es superficial, después de todo, y las motivaciones del enemigo ni se contemplan; los intentos de filosofar (con una cita de una novela que repiten varias veces) son flojetes; y alguna salida cutre sigue habiendo, como ese “Arreglad vuestro país” que dicen los protagonistas al irse, zanjando de forma lastimera el tema político, o el absurdo “Estoy dispuesto a morir por mi país, ¿y tú?” que suelta otro yanqui ante un control de fanáticos armados, cuando la situación real es obviamente a la inversa.

Southpaw


Southpaw, 2015, EE.UU.
Género: Drama.
Duración: 124 min.
Dirección: Antoine Fuqua.
Guion: Kurt Sutter.
Actores: Jake Gyllenhaal, Rachel McAdams, Oona Laurence, Forest Whitaker, Naomie Harris, 50 Cent.
Música: James Horner.

Valoración:
Lo mejor: Emotiva e intensa sin sensiblerías innecesarias. Reparto muy implicado.
Lo peor: No sorprende en ningún momento.

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No empecé el visionado muy entusiasmado, pues el rumbo del relato se presenta tan predecible que no dejaba de preguntarme por qué hay autores empeñados en contar las mismas historias una y otra vez. De nuevo tenemos la odisea de superación deportiva típica yanqui, donde un novato tiene que llegar a lo alto o una estrella caída tiene que recuperar su posición. Además se mezcla con otro clásico, el del padre que está perdiendo a su familia y tiene que recuperarla. Y cómo no, todo apunta a que el éxito deportivo lo convertirá en mejor persona y padre. No basta tener un trabajo, claro, hay que demostrar que con esfuerzo cualquier estadounidense pringado puede llegar a ser el rey del mundo. Nunca vemos relatos de quienes se quedan en el camino, o en un punto medio y tienen que “aceptar” una “vida normal”.

Como decía, encontramos los puntos clave de todas estas historias. La familia rota, el infante que sufre las consecuencias, el padre que sólo puede reconstruir sus vidas si toma una obsesión y la lleva al límite, el mentor que lo ayudará en su ascenso… Este último asusta un montón, pues el topicazo con él es de escándalo: el tipo paciente, buenazo y experimentado que hemos visto mil veces, por ejemplo en Million Dollar Baby… no en vano Forest Whitaker es la versión barata de Morgan Freeman.

Pero sorprendentemente la película funciona muy bien dentro de su limitado rango de acción. No va a superar el escollo de ser un drama de superación que se ve venir de lejos, pero comparado con infinidad de títulos que llegan incluso a arrasar en los Oscar tiene mucho más valor. Lo primero a destacar en el guion de Kurt Sutter (The Shield, Hijos de la anarquía) es su tono natural y crudo, pues, exceptuando que el accidente que desencadena el evento puede ser un tanto exagerado, se opta por un drama realista, capaz de conmover con sus tragedias sin dejar la sensación de manipulación emocional o de sensacionalismo narrativo. Su segundo acierto es que esquiva bastante bien los aspectos más previsibles: se conecta férreamente con los personajes, las anécdotas del día a día son interesantes y la odisea no se atasca en clichés, sino que evoluciona con ritmo y fuerza. Además, el retorno a la competición tiene una conexión directa con el estado emocional del personaje: su fortaleza psicológica va madurando también. No es como esos superficiales cuentos de hadas sobre el sueño americano en los que con ganar la competición todo se arregla (Cinderella Man, El lado bueno de las cosas).

La más que correcta puesta en escena de Antoine Fuqua y el notable reparto realzan muy bien el producto. Jake Gyllenhal (atención al físico que consiguió) está inmenso en un rol que evoluciona a ojos vista: de la felicidad a la desolación, de la desesperación al renacer. Las escenas en que visita a la hija, que la joven Oona Laurence también interpreta muy bien, son demoledoras. Y Forest Whitaker y Rachel McAdams son valores seguros. Con la suma de todos estos factores el drama llega con intensidad, se vive con angustia la caída al abismo del protagonista, vibras con su recuperación paulatina, y en resumen, pasas un buen rato con una cinta emocionante y muy entretenida. Al final, como he dicho muchas veces, después de todo lo importante no es qué cuentes, sino cómo lo cuentes.

Tanto por ser de un género popular como por aportar algo de calidad en el mismo, es verdaderamente incomprensible la pésima distribución que le dieron. Para rematar el despropósito tuvo buenas críticas y sobre todo un director y unos actores de bastante tirón. De hecho fue ridículo no usarla junto a Nightcrawler para lanzar a Gyllenhaal a la campaña por el Oscar, algo que muchos medios daban por seguro, es decir, los todopoderosos hermanos Weinstein, quienes deciden cómo serán la mitad de los Oscar, tenían media campaña hecha. Pero ellos encumbran y ellos hunden. A la hora de escribir esto, en España está sin fecha incluso para dvd. El mismo destino sufrió otra cinta incluso más recomendable, Warrior, donde en Lionsgate no supieron o no quisieron ver su enorme potencial.

Juerga hasta el fin


This is the End, 2013, EE.UU.
Género: Comedia.
Duración: 107 min.
Dirección: Evan Goldberg, Seth Rogen.
Guion: Evan Goldberg, Seth Rogen.
Actores: Seth Rogen, Jay Baruchel, James Franco, Jonah Hill, Danny McBride, Craig Robinson, Emma Watson, Michael Cera, Rihanna, Channing Tatum, Mindy Kaling, Paul Rudd, Aziz Ansar.
Música: Henry Jackman.

Valoración:
Lo mejor: Ver a los actores famosos riéndose de sí mismos. El tono gamberro y loco.
Lo peor: La falta de ingenio y originalidad.

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Con toda seguridad ver a una pandilla de actores bastante conocidos haciendo de sí mismos en una comedia gamberra va a tener algo de gracia por muy chusquera que sea la película que se monten. Y vaya repertorio tenemos. Prácticamente aparece toda una generación, la mayoría conocidos entre sí por películas en común, todas esas comedias chorras como Superfumados, Supersalidos, Infiltrados en clase y Virgen a los 40: Seth Rogen, Jay Baruchel, James Franco, Jonah Hill, Danny McBride, Craig Robinson, Emma Watson, Michael Cera, Rihanna, Channing Tatum, Mindy Kaling, Paul Rudd, Aziz Ansar… La lista es interminable, y todos se desmelenan y se dejan llevar en esta locura donde los que no mueren bien rápido serán objeto de mofa sin miramientos.

Pero desde el guion (si es que no está todo improvisado a partir de un corto que hicieron previamente) no se esfuerzan en elaborar algo ingenioso ni una parodia original de sus vidas y del factor fama, sino que enlazan chistes guarros, humor a base del conflicto básico (disputas, peleas), y… ya está, para de contar. Lo bueno es que van sin miedo a soltar la burrada más gorda (hablar de violar a Emma Watson, el pollón del demonio, etc.), con lo que como comedia absurda y bruta cumple bastante bien. Lo malo es que esa simpleza del sentido del humor y la ausencia de una trama más llamativa que el aislamiento en la casa limitan mucho el rango de acción. El tramo central, una vez pasado el jaleo que da pie al apocalipsis, pierde mucho fuelle al repetir los mismos chistes una y otra vez. Hasta que empiezan a moverse y salir de la casa no se recupera. Entonces pone un poco más el foco en la evolución de los personajes y ofrece nuevas situaciones con más interés, pero es quizá tarde y tampoco sorprende mucho.

Más o menos a la vez llegó, no sé si por casualidad o qué, la versión inglesa de la banda equivalente de las islas, Edgar Wright, Simong Pegg y demás: Bienvenidos al fin del mundo. La diferencia de calidad es monumental, abrumadora. Y la carrera de ambos grupos también está a años luz de diferencia.