El Criticón

Opinión de cine y música

Archivos mensuales: junio 2016

Los Vengadores: La era de Ultrón


Avengers: Age of Ultron, 2015, EE.UU.
Género: Acción, fantasía.
Duración: 141 min.
Dirección: Joss Whedon.
Guion: Joss Whedon. Stan Lee y Jack Kirby (cómics).
Actores: Robert Downey Jr., Chris Evans, Chris Hemsworth, Scarlett Johansson, Mark Ruffalo, Jeremy Renner, James Spader, Samuel L. Jackson, Don Cheadle, Aaron Taylor-Johnson, Elizabeth Olsen, Paul Bettany, Cobie Smulders, Anthony Mackie, Linda Cardenilli, Setellan Skarsgård.
Música: Danny Elfman, Brian Tyler.

Valoración:
Lo mejor: Personajes magníficos, ritmo excelente, escenas de acción de muy buen nivel.
Lo peor: No innova mucho. Podría haber sacado más de Ultrón. Hay algunos pequeños deslices en el guion.
Mejores momentos: La fiesta, el martillo, la disensión creciente entre el grupo, el nacimiento de Ultrón, el de Visión…
El título: Por alguna razón le han quitado el determinante en inglés y en la traducción oficial en castellano, y en mi opinión queda rarísimo.

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Decía en Los Vengadores que Joss Whedon se enfrentaba a una película muy difícil, pero en La era de Ultrón la cosa no se ha puesto más fácil. Primero, las limitaciones impuestas por el género y la continuidad de la serie siguen ahí. Es decir, no hay margen para narrar cualquier cosa, debe seguir unos parámetros, además especialmente restringidos por las intromisiones del estudio. Entre el estrés propio de un proyecto tan grande y esta restricción en las libertades (incluyendo aquí la absurda resurrección del agente Coulson en la serie Agent of S.H.I.E.L.D. , que no le sentó nada bien), Whedon dijo que ya había tenido suficiente y abandonó la saga. Bueno, también habría que sumarle el acoso de los fanáticos en las redes sociales, a los que no les bastaba con opinar que no les gustó algún detalle de la cinta (insignificantes además), tenían que hacerlo con insultos y amenazas. Tenemos que agradecer a estos imbéciles que un tipo siempre muy abierto a compartir con los fans tuviera que huir de esa relación.

Segundo, Los Vengadores resultó extraordinaria, dejando el listón muy alto, y claro, todo el mundo espera que las siguientes partes sean más grandes y mejores. ¿Cómo superar una película colosal, cómo no repetir argumentos, escenas y sensaciones a pesar de estar narrando otro capítulo más dentro de un mismo estilo? No se produjo el milagro esperado, pero por poco. O al menos eso pienso yo: ¿nos vamos a llevar las manos a la cabeza porque la segunda entrega sea “sólo” de notable? Algunos lo han hecho, y no me parece justo. Sí, se le pueden sacar algunos puntos grises y citar cierta falta de riesgo, pero no me parecen suficientes para denostar otra gran entrega de la serie.

El trabajo de Whedon vuelve a ser prácticamente impecable en todos sus elementos, logrando un fantástico equilibrio donde incluso los deslices que le podamos sacar no eclipsan la magistral combinación de acción, desarrollo de trama y evolución de personajes, y todo ello con las dosis justas de humor. El ritmo trepidante y las nada más y nada menos que cuatro grandes piezas de acción no se dejan en manos de fuegos artificiales vacuos como suele verse más de la cuenta en el género (saga Transformers a la cabeza), sino que, como en Los Vengadores, toda situación va aportando capas a la historia y los protagonistas. Cada uno tiene su personalidad, su lugar, y su viaje interno bien mostrado, y ninguno ensombrece a otros, de hecho incluso sorprende lo bien que aprovecha roles secundarios que otros autores habrían relegado en detrimento de los grandes superhéroes, como Viuda Negra y Ojo de Halcón; hasta los nuevos, los hermanos Maximoff, se ganan rápido su hueco. Porque Whedon no ha perdido el objetivo de la película, que no es otro que hablar de Los Vengadores.

Si la primera parte trató de la formación del grupo, de hallar qué los une y los hace fuertes, en esta se analiza lo contrario, cuáles son sus debilidades, qué los puede separar, plantando obviamente los cimientos para la inminente Guerra Civil. Se le puede achacar que juega otra vez con los personajes hipnotizados/controlados, pero se perdona en cuanto se ve el provecho que saca de ello: las visiones y los miedos que estas hacen aflorar nos permiten conocer a los héroes más a fondo, y esto nos lleva a ver qué los separa, a conocer mejor las diferencias ideológicas y morales que antes sólo estaban latentes. Las escenas iniciales donde vemos el compañerismo (la fiesta, los chistes con el martillo) contrastan muy bien con la confrontación que va creciendo poco a poco, pero la llegada Ultrón y Visión lleva la disputa a nuevos niveles. Por cierto, la entrada de ambos es espectacular, pero la del segundo resulta muy sorprendente e intrigante si, como me ocurrió a mí, no conocías su existencia.

Ultrón, el villano que mueve los hilos para explotar estas debilidades, es fascinante. Como ente que busca el caos y la destrucción como elemento de renovación y evolución no es una idea original, pero su personalidad insolente, sus chascarrillos y lo bien que sirve para mostrar el alcance de ideas que se llevan hasta el extremismo, lo convierten en una presencia arrolladora, y como enemigo a batir a tortazos también resulta imponente. Pero con él se puede señalar la limitación principal de la película. Con toda probabilidad es fruto de las restricciones que mencionaba (el estudio se aferra al esquema básico y de eficacia comprobada), pero la sensación es que un villano de estas características, a lo que se le suma la entrada del también sugerente Visión, daba para algo más, para una trama más profunda e inteligente y para un tramo final más elaborado. Hubiera sido muy interesante ver un desenlace más centrado en una disputa intelectual y en dilemas éticos en vez de tener otra vez un apocalipsis en ciernes, un ejército de peleles y el grupo soltando hostias. Y no me malentendáis, el tercer acto que tenemos es dista de ser mediocre, de hecho es épico y los personajes dan mucho de sí, pero no es nada novedoso y sabe a poco teniendo entre manos potencial para más. Pero claro, la compañía no va a arriesgarse a permitir una trama filosófica tipo Matrix y el arquitecto.

A esta sensación de que no se atreven a innovar debemos sumarle algunos apuntes de guion un tanto grises. ¿Cuándo se pierde o roban el cetro de Loki? Aparece en manos de los malos en una escena postcréditos de El Soldado de Invierno, pero es algo que debería haberse explicado mejor dada su importancia en el argumento. Cuando la bruja ataca al grupo falta la visión de Banner hasta convertirse en Hulk, se nota un hueco gordo ahí que apunta a escena eliminada; o eso, o es una elipsis un tanto floja. El hallazgo de donde está retenida Natasha no se trabaja mucho. Ojo de Halcón va a buscarla por canales alternativos, pero no se explica cómo da con el código morse que ella envía a tampoco se sabe a dónde. Llamar “mejorados” a los “mutantes” suena ridículo, pero estas cosas son resultado de las guerras por derechos de autor. También puedo señalar alguna cuestión poco clara: ¿por qué tanto Los Vengadores como los gobiernos más importantes dejan la guarida de Strucker, una vez detenido, llena de material tecnológico avanzado que podría caer en manos de terroristas y gobiernos inestables, como finalmente vemos que ocurre con Ultrón?, ¿por qué asume Thor que Visión estará de su parte cuando lo que parece es que teme mucho a las gemas?

Pero las dos polémicas más comentadas son las siguientes. Tenemos la cueva del estanque, que el estudio obligó a incluir para unir con las próximas entregas de Los Vengadores. ¿Es que no había mejor forma de que Thor investigue sobre las gemas que dándose un baño en un lugar del que no se explica nada: dónde está, qué hace Thor o qué tiene el agua para ayudarlo a deducir cosas? Simplemente podría haberse comunicado con Heimdall, que todo lo ve, o haber ido a alguna biblioteca de su mundo. Por ello la escena rompe el ritmo y resulta desconcertante. Y por lo visto era más larga y más confusa: tras los pases de prueba tuvieron que eliminar la aparición de Loki porque la gente pensaba que era quien manejaba a Ultrón (¿?), pero también recortaron la parte en que Thor es poseído por alguien (¿algún secuaz de Thanos?) y se pone a hablar de las gemas, que más que explicar resulta también extraño e ininteligible. Más ruido hizo un desliz menor que tuvo Whedon en un simple diálogo: Natasha considerándose igual de monstruosa que Hulk por ser estéril. ¡Claro, porque ello te convierte en un incontrolable azote de la humanidad cada vez que te enfadas! Si quería hablar de que ella se siente tan poco normal como los otros por todo lo que tuvo que sufrir y sacrificar en su entrenamiento, podría haberlo hecho mejor, pero tampoco me parece como para armar el escándalo que se armó.

En cuanto a la puesta en escena, Whedon cumple otra vez como gran artesano de acción de calidad con una labor contundente y sabia, es decir, nada de agitar la cámara para ofrecer la sensación de ritmo y caos: la grandilocuencia del escenario y la batalla no engulle los personajes, que siempre sabemos dónde y cómo se encuentran, ni estos interfieren en la espectacularidad de los momentos más aparatosos. Ahora bien, al contrario que en Los Vengadores, hay algún momento donde se notan los efectos especiales, supongo que por querer abarcar y asombrar cada vez más. En el prólogo en el bosque y en la persecución en moto la integración de fondo, vehículos y personajes (reales y dobles digitales) se nota un poco en algunos planos. Pero por lo general el nivel de producción es asombroso, destacando el realismo de la destrucción final o la brutal pelea Iron Man vs. Hulk, indudablemente un tramo puesto para tratar de subir el listón con respecto a las entregas previas.

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Serie Los Vengadores:
Hulk (previa a la serie oficial, pero la cuento), (2003).
Iron Man (2008).
El increíble Hulk (el reinicio innombrable), (2008).
Iron Man 2 (2010).
Thor (2011).
Capitán América: El primer Vengador (2011).
Los Vengadores (2012).
Iron Man 3 (2013).
Thor: El mundo oscuro (2013).
Capitán América: El Soldado de Invierno (2014).
Guardianes de la Galaxia (2014).
Ant-Man (2015).

The Conjuring 2 (Expediente Warren: El caso Enfield)


The Conjuring 2, 2016, EE.UU.
Género: Terror.
Duración: 134 min.
Dirección: James Wan.
Guion: James Wan, Carey Hayes, Chad Hayes, David Leslie Johnson.
Actores: Patrick Wilson, Vera Farmina, Madison Wolfe, Frances O’Connor, Lauren Esposito, Benjamin Haigh, Patrick McAuley, Simon McBurney, Franka Potente.
Música: Joseph Bishara.

Valoración:
Lo mejor: Cantidad de suspense y sustos. Buen ritmo. Banda sonora monumental.
Lo peor: Abusa un poco de sustos sonoros y de metraje. Merecía un desenlace más elaborado.
Mejores momentos: Cada plano a la tienda de campaña. El cuadro de la monja.
La frase: ¡Es mi casa!
El título: Es demencial, cada vez tienen menos sentido lo que hacen en las distribuidoras españolas. Han mareado cambiándole el nombre varias veces sin saber qué ponerle y tratando de meter de alguna manera The Conjuring por ahí (Expediente Warren 2: The Conjuring, se llamaba inicialmente), algo de lo que luego desistieron… para metérselo a la primera parte. Sí, han terminado cambiándole el nombre oficial a la primera también (antes Expediente Warren, ahora Expediente Warren: The Conjuring). También es cierto que el original es muy ambiguo, pues conjuro como que no hay, sino posesiones y poltergeist… Pero es su título y punto, no eres quién para modificarlo a tu gusto. Al final la gente la conoce como The Conjuring, como suele pasar.

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The Conjuring fue un éxito rotundo. Con veinte millones de dólares de presupuesto, el boca a boca y las buenas críticas la llevaron a recaudar más de trescientos. Y es que inesperadamente fue una cinta de terror que aterraba, algo nada común en un género ahogado en series b olvidables en su mayoría, empezando por la propia filmografía del director James Wan: perpetró series chusqueras pero exitosas como Saw e Insidious, y no tiene reparos en dejar que otros extiendan su legado: Annabelle. En este panorama, excepciones como The Conjuring, La visita, Babadook y La bruja son casi milagros, y claro, la gente se excita más de la cuenta, como si estuviéramos ante obras maestras, ante cintas revolucionarias. Y no, son buenas sin más.

The Conjuring 2 mantiene las formas del capítulo inicial. No es nada novedosa (El exorcista es la primera que viene a la mente), se aferra demasiado a los elementos de probada eficacia sin atreverse a experimentar, a buscar novedades, pero se ve esfuerzo por narrar las cosas bien, por construir unos pilares sólidos antes de incluir los sustos de rigor. Porque todavía hay muchos que no se enteran de que un golpe sonoro y el fantasma o monstruito de turno (incluido el propio Wan con Insidious) no basta para acojonar. Hay que plantar y regar una historia en la que puedas sumergirte, unos personajes con los que conectar y una atmósfera sugerente que te ponga con los nervios a flor de piel.

Nada más empezar se nota que se esmera en dotar de vida y personalidad a los protagonistas de forma que, aunque es muy fácil saber qué capítulo vendrá a continuación, no importa demasiado porque estás implicado de lleno con las dos familias, intrigado por cómo saldrán de esa. Tan sólo hay un detalle criticable: le sobra el tono absurdo de “estoy ocurrió de verdad” del prólogo y el epílogo, como si trataran de defender esta leyenda y a los timadores y fanáticos/dementes implicados. Pero por suerte luego no tratan de explicar la fantasía con chorradas pseudocientíficas como en Insidious.

En lo que se diferencia respecto a la anterior es que Wan persigue más de la cuenta la clásica idea de que la secuela debe ser “más y mejor”. Por suerte, los nuevos puntos grises no llegan a convertirse en fallos importantes porque se eclipsan bastante por sus muchas virtudes, pero obviamente queda la duda de si cambiando poca cosa podría haber salido una mejor película.

Primero, casi cae en el error de excederse un poco con los golpes de sonido. Pero hay que decir que estos se emplean como sobresaltos secundarios o sustos rápidos que van salpicando un relato tenebroso, agobiante, con tramos angustiosos y donde hay otros muchos sustos de primer orden que te pondrán los pelos de punta. La tienda de campaña en el pasillo, el sofá inquietante (un cliché viejísimo pero bien usado) y sobre todo la maldita monja y su cuadro garantizan momentos de buen terror incluso para el espectador más curtido. La escena del cuadro a oscuras es espeluznante, a la altura de la bajada del sótano que acaba en aplauso de la primera parte. Además la calidad del sonido es muy buena, y para rematar tenemos una banda sonora de Joseph Bishara muy inteligente y compleja: infinidad de recursos y estilos acompañan a las imágenes formando varios puntos álgidos espectaculares.

También está a punto de pasarse con el metraje, pues hay un par de escenas redundantes que se podría haber ahorrado. Una clara es la reunión en un bar, que no aporta nada, pero el momento guitarra también es prescindible, se extiende mucho para transmitir algo ya evidente. En cambio debería haber puesto esos minutos en la parte final, pues el desenlace me parece un poco precipitado: le hubiera venido bien una lucha más elaborada con el demonio, pues el clímax se presenta muy intenso pero se resuelve con demasiada facilidad, con un truco muy simple. Pero en líneas generales el ritmo es bastante bueno, siempre están pasando cosas, no hay lugar al descanso. Si la parte de la familia víctima está en un receso obligado (como la huida a la casa de los vecinos), nos vamos al hogar de los Warren a desarrollar estos caracteres y pasar miedo ahí. Prácticamente cada capítulo tiene su intento de asustar, y la verdad es que no parece forzado, incluso los más tramos más débiles mantienen cierta tensión y van desarrollando la historia y moviendo a los personajes con bastante tino. Pero como decía, cabe pensar que recortando y afinando los breves momentos poco sustanciosos y los repetitivos, y exprimiendo mejor el final, la proyección hubiera sido una auténtica montaña rusa.

El buen trabajo actoral, donde de nuevo tenemos actores muy jóvenes bien seleccionados y veteranos de buen nivel, se ve empobrecido un poco con el doblaje, lleno de voces demasiado comunes o poco adecuadas (lo típico de que algunos niños suenan falsos), con lo que continúo esperando el día en que los cines tengan salas en versión original subtitulada en castellano. Alguno hay, pero siguen siendo muy pocos. Entre esto, la poca calidad de muchos cines (por dejadez de sus encargados), las miserias de las distribuidoras (la Warner pide tanto dinero que no pueden hacer ofertas como el día del espectador) y el no aguantar jaleos (la sala llena de adolescentes maleducados), cada vez somos más los aficionados que muchas veces preferimos esperar al bluray. Luego lloran de la pérdida de espectadores…

Don Jon


Don Jon, 2013, EE.UU.
Género: Comedia.
Duración: 90 min.
Dirección: Joseph Gordon-Levitt.
Guion: Joseph Gordon-Levitt.
Actores: Joseph Gordon-Levitt, Scarlett Johansson, Julianne Moore, Tony Danza, Glenne Headly, Brie Larson.
Música: Nathan Johnson.

Valoración:
Lo mejor: El acertado análisis sobre problemas típicos de las relaciones amorosas. Los actores.
Lo peor: Para ser comedia, le falta gracia, y una vez deducido por dónde va, se ve venir.

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Don Jon es una rara avis en las comedias románticas hollywoodienses. En vez de una historia pueril sostenida sobre los tópicos rancios de siempre, utiliza esos clichés para darlos la vuelta y lanzártelos a la cara con un mensaje contundente. Habla sobre fallos y vicios comunes en muchas personas, arraigados por la sociedad y la educación parental y convertidos en problemas más o menos serios que muchos ni siquiera son capaces de ver.

Jon (el don Juan del título) es un eterno adolescente que sólo piensa en salir de fiesta y follar. Pero su educación machista le hace ver a las mujeres como un objeto, con lo que es incapaz de conectar emocionalmente y el sexo le resulta menos satisfactorio que el porno, al que es adicto. En cuanto conocemos a los progenitores se entiende su forma de ser… y la de gran parte de la sociedad: la falta de educación, cultura, aspiraciones e intereses más allá de sandeces intrascendentales, todo lo cual traspasan a sus hijos. El típico padre machito de gritar en el fútbol y casarse porque debe hacerse, aunque no se ve amor salir de él, la ama de casa que no conoce otra vida que la familia y sueña con idílicas bodas y nietos en vez de tomar la vida por las riendas y perseguir una felicidad real. Y con la hermana se señala hábilmente que el antisocial no tiene por qué ser el rarito inadaptado, sino el único consciente de la mierda que hay en su entorno y prefiere no salpicarse con ella; su breve aportación de sabiduría y sentido común es uno de los mejores momentos de la película.

Finalmente Jon halla su ideal, o sea, una chica de diez en el físico que le da largas de primeras. Barbara es el otro prototipo a ridiculizar, la mujer sin personalidad propia y cuya única motivación en la vida se basa en encontrar marido y anular también su personalidad, o sea, adaptarlo a sus propios gustos y costumbres. Así tenemos clásicos choques por sus distintas e incompatibles formas de ser, las esperables peleas y tropiezos en sus defectos, etc., pero como indicaba no se utilizan para hacer chistes triviales, sino para ir construyendo la crítica a estas formas tan limitadas de ver el mundo, de vivir, de relacionarse. Hay un tono constante de ironía (qué vida más banal llevan, qué simples son), algunos apuntes inteligentes (las escenas cotidianas que van cambiando sutilmente, como el gimnasio o la iglesia), se señala la hipocresía (el ir a misa y confesarse después de la vida disoluta que lleva)…

En resumen, se hace una deconstrucción del tema tratado con bastante agilidad y algo de inteligencia, pero también con sencillez y cercanía, para que el mensaje llegue claro, porque parece que trata de apuntar precisamente al público enquistado en estos comportamientos. Lo que no sé es si este tipo de gente llegará a sentirse identificado e incómodo, porque aquí entramos en el “efecto Dunning-Kruger” que sufre gran parte de la población: el tonto no es consciente de que lo es, no reconoce sus errores, limitaciones y vicios. Pero con que haya unos pocos que acaben reflexionando, la lección de Joseph Gordon-Levitt habrá cumplido su objetivo. Porque sí, él es el guionista y director de esta propuesta. Algunos espectadores dijeron “qué listo es, que se ha montado una comedia chorra para magrearse con una bomba como Scarlett Johansson“, lo cual demuestra mi apreciación.

Sin embargo, aunque la propuesta tiene muchas buenas ideas y momentos divertidos que además hacen pensar, lo cierto es que se queda algo corta, sobre todo como comedia: no resulta tronchante y adictiva como cabía esperar del género, y más viendo su correcto nivel intelectual. También da la sensación de que va a lo básico, quizá por eso de llegar a todos: se centra en una par de situaciones concretas sin atreverse a explorar más, con lo que una vez intuyes hacia dónde apunta se puede ver venir con bastante facilidad. Así, aunque alguno de esos giros predecibles se perdone por su fuerza emocional (el rol Julianne Moore como catalizador de la maduración es muy efectivo), es indudable que le ha faltado un poco más de originalidad y a veces también de mordacidad, con lo que no vendría mal una segunda parte que ahondara en sus muchas posibilidades.

En cuanto a intérpretes, Gordon-Levitt (Looper, Origen, 50/50) está adquiriendo más experiencia y no está mal, aunque siga sin parecerme un buen actor y no entiendo su fama y buena recepción, mientras que Scarlett Johansson capta bien el tono de mimada superficial, pero además el papel de seductora lo clava incluso con sólo la voz, como vimos (oímos) en Her*, así que aquí jugando con su físico está impresionante. Cabe destacar también la breve pero entusiasta labor de quienes encarnan a los padres del protagonista, Tony Danza y Glenne Headly, y la fugaz presencia Brie Larson (la hermana) en otro de sus muchos pequeños papeles antes de conseguir hacerse famosa por La habitación.

Éxito no tuvo mucho, y a mi parecer merece mejor reconocimiento. El póster principal es horrible, con esa forma de meter las críticas como parte del diseño, y el resto son de comedia romántica facilona, con lo que me da la impresión de que no supieron venderla bien.

* Inevitable comparar lo pretenciosa que fue aquella y lo poco que rascó de la temática en comparación con lo que logra la aquí analizada desde un tono más humano y directo.

Ted 2


Ted, 2015, EE.UU.
Género: Comedia.
Duración: 115/125 min.
Dirección: Seth MacFarlane.
Guion: Seth MacFarlane, Alec Sulkin¸ Wellesley Wild.
Actores: Seth MacFarlane, Mark Wahlberg¸ Amanda Seyfried, Jessica Barth, Giovanni Ribisi, Morgan Freeman. John Slattery, John Carroll Lynch.
Música: Walter Murphy.

Valoración:
Lo mejor: La premisa es buena. Algunos pocos chistes funcionan.
Lo peor: Pero la trama no parece tener rumbo, y en general el humor es muy flojo.
Versiones: Existe una versión Unrated con diez minutos más.

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No estuvo nada mal Ted como versión bruta y descarnada de las comedias románticas, pues tras tanta tontería y burrada ofrecía una visión de las relaciones amorosas más realista que las comedias clónicas y ahogadas en clichés que pare Hollywood con demasiada frecuencia. Pero Ted 2, aunque se le puede ver una base con potencial, carece del ingenio y la inspiración de la primera.

La idea de que Ted no es humano y por lo tanto carece de derechos prometía bastante, tanto para el viaje emocional de los protagonistas como para ironizar sobre la moral y ética de las leyes y cómo están deben (o deberían) adaptarse a los tiempos en temas raciales (esclavismo, segregación) y de igualdad de género y sexo. Pero se queda en la superficie, en unas vagas referencias en el juicio, mientras el resto de la aventura se convierte en una road movie improvisada de mala manera. Repetir villano (Giovanni Ribisi) no muestra agotamiento, pues la historia es bastante distinta, pero en el camino se pierde el retrato certero, aunque fuese desde una perspectiva loca y sucia, de las parejas, la maduración de adolescente a adulto, el sexo… En cierta manera los personajes siguen siendo simpáticos, pero no se saca casi nada de ellos. La dinámica de la nueva pareja no va más allá de un par de chistes graciosos pero sin segundas lecturas (como los colocones de marihuana que se pillan), con lo que sólo se sustenta en la vena cómica de los actores Mark Wahlberg y Amanda Seyfried.

El humor marca MacFarlane está muy diluido. Unas cuantas referencias culturales frikis (el clímax en la convención, aunque esté bastante desaprovechado), unas pocas transgresiones (drogas, las búsquedas en google que siempre dan pollas) y algún momento bestia (el del esperma es fantástico) son lo único que logra este filme irregular que oscila entre la apatía y la sonrisa poco entusiasta. Vale para pasar el rato, pero se esperaba bastante más. Su bajón ha influido en la taquilla, pues mientras la primera parte llegó a 550 millones de dólares mundiales gracias al buen boca a boca, el mismo ha actuado aquí en sentido contrario a pesar de estrenarse con bastante expectación, quedándose en 200 millones.

Babadook


The Babadook, 2014, Australia, Canadá.
Género: Suspense, terror.
Duración: 95 min.
Dirección: Jennifer Kent.
Guion: Jennifer Kent.
Actores: Essie Davis, Noah Wiseman.
Música: Jed Kurzel.

Valoración:
Lo mejor: Inquientante, agobiante, y con un par de sustos de calidad. Los dos actores principales.
Lo peor: Muy predecible, y se queda algo corta.
Mejores momentos: ¡Baba dook, dook, DOOOOK!
La frase: ¡Baba dook, dook, DOOOOK!

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Tengo que admitir que Babadook sin sorprender consigue sorprender. Me refiero a que es capaz de causar impresión con una premisa muy vista en el género, de hecho es bastante predecible en muchos tramos. Y es que, al contrario que en la fallida It Follows (otra que pegó fuerte en 2014), aquí se demuestra que contando las cosas bien puedes lograr una un relato muy digno en un estilo muy agotado.

No hay nada nuevo en la presencia de monstruo/fantasma acosador, personajes cayendo en la paranoia, casa misteriosa/encantada y situación de aislamiento (aunque en este caso no es total). Pero su autora Jennifer Kent se esmera en construir un relato equilibrado donde no se vean mucho los trucos e influencias y se expriman las emociones. Pone especial cuidado en dotar de vida a los personajes para que podamos integrarnos con ellos plenamente en una atmósfera construida también con dedicación y habilidad: utiliza una larga, larguísima introducción que va cimentando la relación familiar, las situación trágica y delicada que viven, y poco a poco siembra la semilla del desconcierto, para luego aflorar la inquietud y finalmente explotar la paranoia.

La sensación de que esto acabará en tragedia y la intriga de quién de los dos será el que pierda el juicio y asesine al otro ofrece un creciente estado de desasosiego y varias escenas turbadoras. Y cuando llegan los pocos sustos, porque muchos no tiene, estos dejan un mal cuerpo durante bastante minutos. La principal aparición de Babadook, con su espeluznante grito, es para salir corriendo del cine o de casa sin mirar atrás. Por ello es una pena que momentos así haya tan pocos, que se centre tanto en el terror psicológico y no aproveche todo el potencial de horror puro. El tramo final lo acusa bastante, porque cuando la tensión está al máximo resulta que acaba de forma bastante básica, sin dirigirse a un clímax de infarto que exprima la atmósfera tan sugestiva. También le pesa su falta de novedades. Engaña en parte porque te atrapa con fuerza con los personajes, pero sabes perfectamente qué ruta seguirá la historia aunque algunas curvas te hagan sufrir.

La puesta en escena templada, sin abusos (como por ejemplo de los cansinos golpes sonoros de multitud de filmes) ni excesos, consigue sacar el máximo partido del escenario principal, la casa, pero también de otros secundarios breves pero primordiales, como el coche, donde juega muy bien con la separación entre asientos para crear distanciamiento entre madre e hijo, o la fiesta de cumpleaños, con el contraste que hace con la luminosidad y el vestuario chillón de los demás invitados, matizando lo fuera de la vida real que están los protagonistas. Y como decía, que los hechos ocurran en una casa de aspecto rústico (no destartalada, pero tampoco preciosa), con madera, puertas chirriantes, escaleras inquietantes… pues no es original, pero funciona sin problemas: el ambiente hogareño no empieza bien, con la situación de familia rota y angustiada, y poco a poco la propia residencia, la concepción de hogar, se va volviendo en su contra, convirtiéndose en una prisión mental cuyos recovecos empiezan a ser más oscuros y más hostiles.

Prácticamente sólo tenemos dos actores principales, y los dos están estupendos en unos papeles muy exigentes. Essie Davis como la madre inmersa en una pesadilla, a punto de la locura, clava los momentos de desesperación. Noah Wiseman asombra a pesar de su juventud con un papel muy natural en general, pero también está impresionante en los momentos más difíciles. Como la cinta no tuvo éxito ni supongo un gran empuje por parte de la distribuidora, no optó a premios en esta categoría, pero desde luego en un mundo más justo y objetivo estas dos notables interpretaciones hubieran recibido más aplausos.

It Follows


It Follows, 2014, EE.UU.
Género: Suspense.
Duración: 100 min.
Dirección: David Robert Mitchell.
Guion: David Robert Mitchell.
Actores: Maika Monroe, Keir Gilchrist, Olivia Luccardi, Lili Sepe, Jake Weary, Daniel Zovatto.
Música: Rich Vreeland.

Valoración:
Lo mejor: Actores jóvenes pero competentes.
Lo peor: Hecha a cachos de otras del género, sin alma alguna. Ni genera miedo ni suspense.

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Alerta de spoilers: Hay unos cuantos, no he podido evitarlos para comentarla a fondo.–

Me sorprende una y otra vez lo poco que hace falta para contentar a los fans del terror. It Follows (Te sigue) se suma a la lista de productos menores y de escasa calidad (muy escasa) que consiguen una importante legión de seguidores que tratan de encumbrarla entre lo mejor de los últimos años cuando no es más que un compendio de tópicos torpemente unidos e inspiraciones nada disimuladas.

Una cosa es que se puedan intuir tus referentes, pues toda obra parte de un conocimiento previo, nada se inventa desde cero. Pero de ahí a construir la película a trozos de otras hay un salto muy grande. En este segundo trabajo de David Robert Mitchell (el primero fue una comedia, pero también sobre los jóvenes) se ve a John Carpenter y Wes Craven en cada plano, hasta el punto de que las similitudes con Halloween son descaradas. Pero la semilla de otras influyentes como Ringu (El círculo) y su remake The Ring (la idea central) o Déjame entrar y su remake (la escena de la piscina) también es evidente. Ni el argumento, ni la premisa, ni la atmósfera, ni tan siquiera escenas sueltas, tratan de aportar algo mínimamente novedoso, una vuelta de tuerca o un estilo que intente transmitir la sensación de que no nos están engañando con un burdo collage del género. Tan poco empeño ponen que el guion es un coladero de incongruencias y vaguedades.

La premisa es básica, pero no se explica bien, no se le pone unos límites claros. Se supone que una especie de fantasma se te “contagia” cuando practicas sexo con quien estuviera previamente poseído, y entonces te seguirá a todas partes para matarte a menos que antes folles con otra persona y se lo pases. No empezamos muy bien, porque no se especifica si vale una masturbación, o una felación, o si dos individuos del mismo sexo pueden contagiarse. Luego tenemos las apariciones inconsistentes. Se supone que sólo te persigue andando, con lo cual mucho miedo no da, y más si lo gestionan tan mal: es un vago que se manifiesta cuando le da la gana (la protagonista se tira días en el hospital, y ni rastro), y el realizador apenas juega en un par de instantes con la intriga de quién de entre el gentío será, porque aquí parecen existir sólo los protagonistas y apenas se ven unos pocos extras; y lo de andar tras de ti al final termina siendo impreciso también, porque incluso aparece en tejados, que ya me dirás cómo pretende alcanzarte así. Luego empieza a ponerse borroso lo de si es un fantasma, porque unas veces parece moverse por espacios cerrados como si no tropezara con nada ni con nadie, es decir, el típico ente etéreo, pero otras es tangible y puede ser golpeado sin mucha dificultad. El aspecto es otro punto que sumar al caos, con lo que en vez de intriga sólo transmite confusión: al principio toma la forma de muertos aleatorios (se puede suponer que las víctimas), pero luego se muestra como familiares (¿muertos quizá?) e incluso como los amigos, a pesar de que estos últimos sí están vivos y localizables.

Es decir, el argumento no tiene ni pies ni cabeza. Cómo demonios esperas que sienta inquietud y temor por el devenir de los acontecimientos si las reglas cambian sobre la marcha, pues sin coherencia ni objetivo no hay manera de entrar en el relato. Pero la cosa sigue empeorando hasta llegar niveles alucinantes…

Los colegas se montan una investigación para encontrar al que le pegó esto a la protagonista y comprobar la veracidad del asunto. Pero una vez confirmado el tema, de repente, no investigan más, y se van de acá para allá a descansar, porque esconderse no parece que lo intenten muy bien. Se encierran en casa a pesar de que les han dicho que estén en sitios amplios y con salidas. Ataca ahí, así que se van a una cabaña en la playa de un lago. Los vuelve a atacar y salen por los pelos, pero en vez de huir más, se quedan en el hospital tranquilamente… y luego se vuelven a sus casas otra vez.

Pero a pesar de esa pasividad, y más aún a pesar de que la chica se ha tirado a un desconocido (o varios, en esa escena de la barca que no se muestra pero es clara) y debería haberse librado del monstruo, al final sí se montan un plan con una estrategia determinada. Tampoco se explica cómo han llegado a elaborar esas ideas, porque como digo, no han estudiado a fondo el asunto, no tienen información nueva, y para colmo se supone que le ha pasado la posesión a otro, y en ningún momento vemos, ni ven los personajes, si muere o no, con lo que podrían esperar su llegada eternamente. Es más, ni es coherente con lo visto: en la playa le pegan hostias e incluso un tiro en la cabeza, y se levanta como si nada. Ahora deciden que electrocutarlo puede matarlo, y cuando ven que no funciona (porque por suerte el bicho se presenta bien pronto), pues le pegan otro tiro. Y se muere, porque lo vemos morirse. Pero por si acaso la chica sigue follándose a gente, que ya le ha cogido el gustillo; o quizá es el cutre intento de meter el clásico final abierto; o han vuelto a cambiar las reglas y ahora persigue a todo el que ha sido poseído alguna vez, según se los vaya encontrando mientras vaga por ahí. Y bueno, ya me explicaréis la lógica de meterse en el agua, un medio que te limita la movilidad, y convertirla además en el arma para matarlo mediante electrocución: ¿de verdad una táctica tan arriesgada les parece factible? Si ahora por arte de magia piensan que el ente puede ser herido, qué costaba ponerse tras una puerta y esperar bien armados y con harina y otros sistemas de detección para localizarlo y golpearlo con rapidez y contundencia. Quizá el guionista quiso meter el citado homenaje/plagio a Déjame entrar, pero le quedó ridículo.

A todo esto tenemos que sumarle más puntos oscuros en la verosimilitud. Los padres están desaparecidos, como si no les importara que sus hijas adolescentes se esfumen cada dos por tres justo cuando ha habido una agresión sexual. La policía tampoco hace nada. Hay un muerto en el barrio y no se investiga a los vecinos de enfrente, justo quienes unos días antes han sufrido un ataque. Ni siquiera vemos a ninguno de los dos grupos de adultos cuando una de la pandilla acaba con una herida de bala en el hospital, disparada por accidente por el amigo en uno de los momentos-cliché más rancios. Es más, nunca piensan en contar con ayuda, como si fuera mejor resolver un problema tan grave por tu cuenta. También está neblinoso el tema de las edades: en una escena hablan como si tuvieran veintipocos y hubieran vivido de todo, y en la siguiente parecen tener quince y desean crecer para vivir de todo. Es más, mientras una está en el instituto, la hermana, más pequeña, está trabajando. O EE.UU. es muy raro, o las incongruencias son demenciales. Y la ambientación telita también. Se supone que estamos en los ochenta, pero en algunos planos se ven claramente coches modernos (¿un Mondeo de los nuevos?)… y atención al ebook en forma del almeja que tiene la de las gafas… Según he leído, el director quería una ambientación atemporal, pero vaya, podía mostrarlo mejor, que me tiré media película preguntándome si ese chisme existía o si el coche que me pareció ver era de la época. Por no decir que el prólogo es en el presente o cerca, pero luego no se explica por qué. O sea, por mucho que quisiera una atmósfera irreal, lo único que consigue es más confusión: si ni el argumento ni el entorno obedecen a una lógica clara, ni puedo entenderlo ni puedo implicarme. Pero hay más, porque tenemos varios gazapos o cosas sin explicar, como por qué la piscina desmontable de la familia acaba rota.

Sólo hay unos pocos momentos en que el guion apunta maneras, pero quedan diluidos en el caos general. Al principio presenta un buen retrato de los adolescentes: la banda es interesante y sus relaciones realistas (salvo por la chica de las gafas, que aparece y desaparece sin explicaciones). Pero por desgracia no lleva a nada, porque una vez se sumergen en la historia los personajes se estancan. Además el tono es tan incoherente como todo lo demás. De estar hablando de magreos juveniles, probar las drogas y empezar las relaciones sexuales, todo ello con un tono natural y abierto impropio de un género habitualmente muy conservador, de repente pegamos un salto enorme hacia atrás: con la trama se forma claramente el mensaje de que el sexo es malo, degradante y peligroso, y que debes evitarlo; llega al punto de señalar que todos los hombres son unos aprovechados y violadores, incluso tus mejores amigos.

La fotografía e iluminación son correctas, aunque muy poco imaginativas para un género que exige más riesgo en la composición de imágenes y atmósferas. Y el director también ofrece una labor muy desganada y sin savia, de hecho repite recursos más de la cuenta: qué harto he quedado del tráveling circular y los paseos lentos por las urbanizaciones, y también es cansina la repetitiva música ochentera con sintetizador a lo Carpenter. Los actores cumplen con bastante naturalidad pese a su juventud (sólo el amigo salido se queda corto), pero la que tiene más protagonismo, Maika Monroe, aparte de ser una rubia indistinguible de otras muchas le falta la intensidad necesaria para dejar huella.

Entre su limitado aspecto visual y el penoso guion, la atmósfera de terror no se vislumbra por ninguna parte, pero es que ni siquiera funciona como cinta de suspense. Es fría y aburrida por fuera, y un galimatías malogrado por dentro. Con todo, no se hace especialmente cargante, y el amago inicial con personajes interesantes y con potencial le da cierta inercia, así que seguí viéndola sin echarme las manos a la cabeza hasta el flojo e ilógico tramo final. Las he visto peores: la más reciente Oculus me resultó insoportable, y la más famosa e incomprensiblemente sobrevalorada Saw me pareció más estúpida.

Triple 9


Triple 9, 2016, EE.UU.
Género: Acción, thriller.
Duración: 115 min.
Dirección: John Hillcoat.
Guion: Matt Cook.
Actores: Casey Affleck, Chiwetel Ejiofor, Anthony Mackie, Woody Harrelson, Norman Reedus, Aaron Paul, Kate Winslet, Clifton Collins Jr., Michelle Ang.
Música: Atticus Ross, varios.

Valoración:
Lo mejor: Buenos actores y personajes con cierto atractivo.
Lo peor: El guion, predecible y caótico. La puesta en escena, poco inspirada en un director con mayor potencial.
Mejores momentos: El asalto a la casa de un sospechoso y su posterior persecución por las calles.

* * * * * * * * *

Otro thriller de acción con policías corruptos, atracos, engaños y juegos a varias bandas. La falta de novedades deja patentes las inspiraciones en Heat y su versión más reciente, The Town (Ciudad de ladrones), y, si hilamos fino, también en L.A. Confidential. Pero lejos de la consistencia y sobriedad de las citadas, el panorama que nos ofrece Triple 9 es bastante irrealista, siendo uno de esos casos donde no vale lo de “es ficción” porque su pretendido tono serio choca con las escenas salidas de madre, los topos imposibles, los agentes con doble cara más improbables y los giros finales tan rebuscados que de hecho no parecen tener justificación alguna. Así, es comprensible que haya bastantes cosas cogidas por los pelos (deducciones inverosímiles, cosas mal explicadas) e incluso algunos agujeros de guion. Por ejemplo, el personaje de Woody Harrelson averiguando por arte de magia el nombre del sospechoso antes de hablar con su novia o prostituta habitual, que es a quien está buscando para obtenerlo.

Su puesta en escena también resulta poco sólida: es rutinaria y tiene algunos achaques. El montaje de hecho es muy flojo, dando una forma tosca y un ritmo precipitado a la narrativa. Sumado a ese guion (el primer largometraje de Matt Cook) falto de consistencia y profundidad, parece que la película va a trompicones, dejando los citados huecos. Por suerte no basta para tumbar unas escenas de acción donde el director se esmera en conseguir espectáculo con un tono realista: el asalto a la casa y la persecución de un sospechoso es bastante completo y absorbente. Pero por lo demás, John Hillcoat, bastante llamativo por su trayectoria en el cine independiente (memorable La carretera, muy interesante La proposición, correcta sin más pero entretenida Sin ley), no ha conseguido entrar con buen pie en el cine comercial de acción.

Con algo de esfuerzo se puede hacer la vista gorda a su impostada seriedad y trascendencia y pensar que estamos ante una de acción exagerada al estilo Tony Scott (aspecto visual frenético y con mucho colorido en un ambiente en realidad muy turbio) o excéntrica tipo Snatch, Rockanrolla, Siete psicópatas, etc., y podemos tratar de pasarlo bien con una trama bastante loca, un ritmo siempre activo que impide que aparezca el aburrimiento y que cuenta con algunos picos llamativos, como la citada escena de acción central, y sobre todo unos protagonistas con personalidades muy marcadas inmersos en situaciones extremas, en caos y desconcierto que cada vez los llevan más hacia el abismo. Este grupo, aunque bastante estereotipado, resulta lo suficientemente atractivo, en especial por la buena labor del estupendo reparto, como para implicarte en su viaje con cierta intensidad. Así, los giros más tramposos entran mejor al mirar más qué sufre el personaje y la intriga por cuál será su destino a partir de ahí, que por la consistencia global de los acontecimientos. Incluso destaca alguna buena evolución, como el cambio de perspectiva de uno ante el nuevo agente o las dudas del más débil.

Por esos apuntes con potencial da la sensación de que el guion original daba para más pero no termina de llegar, sea porque le falta las últimas puntadas o porque el director no lo narra bien. Yo la vi esperando algo como Sabotaje, pero apenas vale como entretenimiento de ver y olvidar.