El Criticón

Opinión de cine y música

Archivos mensuales: septiembre 2016

La habitación


Room, 2015, EE.UU.
Género: Drama.
Duración: 115 min.
Dirección: Lenny Abrahamson.
Guion: Emma Donoghue adaptando su novela.
Actores: Brie Larson, Jacob Tremblay, Sean Bridgers, Joan Allen, Cas Anvar, William H. Macy, Tom McCamus.
Música: Stephen Rennicks.

Valoración:
Lo mejor: Dirección, reparto y sobre todo guion. La imaginación, profundidad y fuerza que desprende.
Lo peor: Nada de la película. El tráiler, que te revienta todo sin miramientos, mostrando mucha cobardía a la hora de venderla.

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Un niño de cinco años y su madre viven aislados en una sola habitación. Lejos de lo que pueda pensarse, como que promete un relato muy limitado y probablemente aburrido, la historia es muy sugerente y la proyección te atrapa con rapidez para no soltarte. La pequeña familia resulta adorable y su futuro nos atrae muchísimo. Con el chaval vamos descubriendo lo que es su mundo, tanto lo que ve como lo que sentiría alguien criado así. Y con la madre lo mismo: el aislamiento (no expongo los motivos, hay que dejarse llevar por la trama y sus muchas sorpresas: ¡no se te ocurra ver los tráileres!) supone replantearse su concepto de la vida y de las esperanzas. Así, esta primera parte ya está sobrada de profundos e inteligentes análisis sobre nuestra formación como personas (entorno, educación, familia), pero lejos de resultar farragoso o demasiado filosófico todo fluye de forma natural y emotiva.

El segundo acto nos lleva a los momentos más sombríos. En sus primeros pasos en el mundo adulto las fantasías infantiles dan paso a las primeras pesadillas reales: el chico vive sus primeras tragedias y la madre sufre los cambios y ha de luchar por los dos. Escenas tensas, alguna situación dramática que llega a resultar angustiosa, y unas pocas esperanzas nos lanzan a un torbellino de emociones que nos mantienen el corazón en un puño.

Pero no hay lugar al descanso. En el tercer segmento, la adaptación a una nueva situación, también es muy completo en argumento y sentimientos. Los nuevos paradigmas a los que se debe enfrentar el niño dejan sutilmente otros muchos mensajes: la relevancia de cosas que hemos perdido en la obsesión con placeres superficiales, las distintas visiones del concepto de familia (cuando surge el planteamiento de por qué no dio al crío en adopción llorará hasta el más duro), más otras tantas reflexiones sobre cómo la educación y el entorno nos forman como personas: la zona de confort, la adaptación a cambios bruscos, cómo puede surgir la depresión incluso cuando todo parece ir bien…

La labor de dirección de Lenny Abrahamson es brillante, se adapta a cada escenario físico y emocional con maestría. La habitación, como al chico, nos parece enorme, todo un mundo, y los cambios de tono, sutiles (la iluminación) o evidentes (de la tranquilidad al caos) son esenciales para mostrar qué sienten y sufren los protagonistas. Y la evolución de estos la borda, sacando lo máximo de los actores: Jacob Tremblay muestra un registro impresionante para su corta edad, y Brie Larson está espléndida, logrando una interpretación de las que no se olvidan. En cuanto al doblaje, sorprendentemente al crío le han puesto un actor de una edad cercana, pero la voz de la madre está demasiado vista, parece que sólo hay y tres voces femeninas en todas las películas y series de los últimos veinte años. Y obviamente el papelón de Larson merece ser visto sin alteraciones.

Imaginativa y aun así muy realista y humana. Inteligente y profunda pero amena y conmovedora. Hermosa sin tirar de presupuesto en la ambientación. La habitación es una de las mejores películas de los últimos años.

Ex Machina


Ex Machina, 2015, EE.UU.
Género: Drama.
Duración: 115 min.
Dirección: Alex Garland.
Guion: Alex Garland.
Actores: Alicia Vikander, Domhnall Gleeson, Oscar Isaac.
Música: Geoff Barrow, Ben Salisbury.

Valoración:
Lo mejor: Temática jugosa bien tratada. Puesta en escena sobria pero efectiva en la creación de intriga y emociones.
Lo peor: La sensación de que con este argumento podrían contar cualquier cosa, con lo que, según lo que imagines y esperes, puede que no te llene, sobre todo en su flojo final.
El Óscar: Premio a mejores efectos especiales… ¿En serio? ¿Ante Mad Max y El despertar de la Fuerza? Si solo tiene un pequeño trucaje con la tira de años de antigüedad; por ejemplo se vio en Inteligencia Artificial en el 2001.

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Un programador que trabaja en la empresa más grande y popular del gremio (un trasunto de Google) es elegido por sorteo para pasar una semana en compañía del fundador y presidente de la misma, sobre el que existe una admiración rayana la adoración fanática, como ocurre con Steve Jobs por ejemplo. Pero no serán unas vacaciones al uso, porque este dirigente sigue siendo un visionario y tiene un proyecto revolucionario que requiere una evaluación externa. El joven elegido deberá relacionarse con la inteligencia artificial que ha creado para estimar si es completa, es decir, consciente y emocional cual persona.

Lo que Ex Machina propone es un ensayo, un análisis de lo que esta situación podría implicar y en lo que podría derivar. No es un argumento nuevo, 2001 y Terminator ya trataron el tema hace décadas y coinciden en algún punto importante, y recientemente hemos tenido otras con más semejanzas, Transcendence y Her. La primera fue un intento de cinta comercial que resultó un despropósito, la segunda mostraba potencial pero la obsesión por lo pretencioso también la hundió. Y aunque ambas dejaban sobre la mesa algunas propuestas interesantes de cómo se comportaría una IA y cómo reaccionaría el ser humano y la sociedad ante ella, es Ex Machina la que logra retomar el tema con mayor seriedad y detallismo, pero también sabiendo entretener mejor a pesar de su sobriedad y el tono filosófico que empuja a la reflexión. Supongo que también podría citarse A.I., Inteligencia Artificial, pero no se parece en nada, amén de que era irregular y demasiado melodramática (parecía un telefilme de alto presupuesto), en contraste con esta, más equilibrada, sutil y natural.

Su principal punto fuerte es la excelente construcción de personajes y la perspectiva intimista, centrada en aspectos profundos de la psique humana. Era indispensable acertar ahí, pues es la base del relato. Nos presentan a los dos protagonistas de manera que en seguida intuimos sus formas de ser… pero realmente no los conocemos, porque todos guardamos secretos y disimulamos emociones, y los demás nos ven con su propia perspectiva. Así, son caracteres muy verosímiles, con sus fallas, sus secretos, sus pensamientos y sentimientos contenidos, sus puntos de vista, etc. Y la relación entre ambos y la IA fluye como cualquier relación, con sus mentirijillas, sus velos y sus posturas fingidas. Con ello el guionista y director Alex Garland aborda con delicadeza y verosimilitud lo que define a un ser racional y sensible, así que además del fantástico retrato que hace del ser humano también es muy hábil a la hora de describir lo que podría ser una inteligencia artificial.

Los actores corren desigual suerte. Alicia Vikander como la IA está estupenda en un papel difícil, el de las reacciones y reflexiones veladas. Aquí es donde empezó a sonar su nombre, y luego deslumbró con La chica Danesa. Oscar Isaac (A propósito de Llewyn Davis, El año más violento, Show Me a Hero) cumple bien como el genio críptico y la vez algo excéntrico, pero quizá podría haber dejado más huella. Y Domhnall Gleeson me parece bastante limitado para ser el protagonista principal, le falta registro y nervio. Curiosamente, entre 2014 y 2015 estrenó nada más y nada menos que cinco películas de bastante éxito y que acapararon numerosas nominaciones a premios, lanzando su nombre en la industria a lo grande: El despertar de la Fuerza (donde coincidió con Isaac), El renacido (en ambas se lo vio mucho más implicado que aquí), Brooklyn, Invencible y la presente; su agente estuvo bien inspirado.

Otro aspecto destacable es la puesta en escena, que combina muy bien la elegancia visual con el dominio del tempo narrativo. El escenario elegido es un acierto, tanto por su por su belleza como por la comunión de exuberante naturaleza con la frialdad humana, que le va de perlas al argumento. Garland le saca gran partido a este entorno componiendo imágenes bastante atractivas que mantienen los sentidos siempre en alerta. Pero va más allá, porque el tono de misterio también es muy acertado y va creciendo poco a poco. El sugerente escenario, la cada vez más inquietante figura del genio informático, la fascinante IA y sus posibles intenciones, la dinámica de la relación entre los tres y los secretos que van saliendo a la luz juegan muy bien con el suspense y el factor descubrimiento. En realidad prácticamente nada de lo narrado es realmente novedoso, pero consigue mostrarlo como si lo vieras por primera vez, poniendo cada giro en su momento justo y en la atmósfera adecuada. Por desgracia su cierre rompe el hechizo. En él se pierde un poco el ambiente sugestivo, llegando a atascarse en una solución bastante predecible. Además, el tono contemplativo, pausado, también deja de funcionar: debería haber subido el ritmo para darle más intensidad. Así, según las expectativas que fuera generando la cinta, su desenlace puede llegar a decepcionar porque podía derivar en muchas opciones y se decanta por una muy básica después de todo lo que ha ido proponiendo.

Ex Machina no resulta una obra revolucionaria a pesar de que parece creerse que sí lo es, pero es muy entretenida y deja unos cuantos pensamientos rondando en la cabeza, amén de que destila elegancia y buen hacer.