El Criticón

Opinión de cine y música

Independence Day: Contraataque


Independence Day: Resurgence, 2016, EE.UU.
Género: Acción, catástrofes, ciencia-ficción.
Duración: 120 min.
Dirección: Roland Emmerich.
Guion: Roland Emmerich, Dean Devlin, varios.
Actores: Jeff Goldblum, Bill Pullman, Williams Fichtner, Sela Ward, Liam Hemsworth, Judd Hirstch, Maika Monroe, Jessie T. Usher, Brent Spiner, Charlotte Gainsbourg, Deobia Oparei, Travis Tope.
Música: Harald Kloser y Thomas Wanker.

Valoración:
Lo mejor: Espectáculo y entretenimiento garantizados.
Lo peor: El tono estúpido no se ha eliminado.
Mejores momentos: La batalla final.
La pregunta: ¿Cómo han tardado veinte años en hacer la secuela a pesar de la cantidad de dinero que amasó la primera?
La frase:
-¿Por qué gritan?
-No, no gritan. Celebran.

* * * * * * * * *

No entiendo el varapalo que se ha llevado en la opinión del público. En la IMDb le dan la misma nota que a la infame Godzilla, y apenas ha llegado a 400 millones de dólares de recaudación, lo mínimo esperable hoy en día para una superproducción, a pesar de la publicidad y del interés aparente que había y de que la primera parte rompió esquemas con 800 millones a mediados de los años noventa. Bueno, en realidad supongo que el problema ha sido el factor nostalgia. La anterior está sobrevalorada en los corazones de los espectadores y se le perdonan fallos que a esta no. Es lo mismo que pasó con Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal, por ejemplo. Parece que han olvidado los estereotipos cansinos en la trama y en los personajes y las salidas de tono excesivas. Vamos, el envoltorio inmaduro y por momentos bobo que echaba a perder unas ideas que parecían apuntar a algo más serio y grande. Con eso en mente, Independence Day: Contraataque es tan entretenida y espectacular… y tan estúpida, claro… como la anterior, y bastante mejor que los bodrios que lleva pariendo Roland Emmerich desde entonces (sólo merece salvar El patriota).

El único cambio notable es lógico y muy aceptable. No hay una larga introducción en plan intriga. No es necesario, conocemos el argumento. Pero no se abandona del todo, sino que el misterio se disemina aquí y allá, con la nave esférica y su sugerente contenido. Sí, cualquiera con dos dedos de frente intuirá de qué va la cosa (en cuanto ocurre lo de la Luna lo vi venir), pero tampoco pido una trama compleja o rebuscada, me conformo con que se desarrolle bien, con que no tomen al espectador por tonto. Y la historia funciona, dando la vuelta de tuerca necesaria al nuevo ataque del despiadado enemigo para que no sepa a repetición sin más. Pero también hay sorpresas. El tramo final no me lo esperaba y arregla un gran fallo del primer episodio: el desenlace esta vez no tiene sandeces patriotas, no es predecible hasta perder mucho interés, sino todo lo contrario, se realza un clímax épico con un giro muy bien exprimido.

El conjunto cumple de sobras como superproducción de acción. El ritmo es fantástico, se combinan muy bien los recesos informativos, las transiciones entre escenarios y personajes (otra cosa es que sobre algún rol, como indicaré luego) y las secuencias de acción. El nivel visual es impresionante a pesar de las reticencias iniciales porque todo sería digital. Los tiempos cambian, y desde hace años la recreación de ciudades por ordenador da resultados magníficos, así que no hay queja alguna. El espectáculo audiovisual está garantizado con un sinfín de situaciones catastróficas y batallas bastante variadas, impidiendo que aparezca la sensación de desgaste.

Pero claro, hay que hacer varios saltos de fe para disfrutar, porque como analicemos a fondo el guion… La llegada de la nave gigantesca está muy bien recreada con los efectos especiales, pero desde luego no es verosímil. Su entrada en la atmósfera directamente destruiría a la humanidad al generar una tormenta global o incluso desplazar hacia el espacio la mitad de la propia atmósfera. Arquímides, señores guionistas. ¿Qué costaba mostrar naves de tamaño más creíble y bien armadas, en plan “han enviado sus destructores”? Nooo, aplican la ley de “más grande = mejor”. También canta un montón cómo se “olvidan” de los escudos para incluir una escena de pelea dentro de la nave. Dicen que “enviarán unos drones para desactivar los escudos”, algo que no vemos, algo que no vuelven a emplear. Además, si el enemigo está ahora desprotegido, por qué no atacas con todo el arsenal nuclear desde lejos, qué es eso de exponerte acercándote tanto. También hay agujeros de guion propiciados por no saber narrar bien, como el tipo que dice que sintonicen tal canal de la radio para hablar cuando ya están hablando, en un burdo intento de justificar que sigan comunicados cuando están separados. Y hay otros producidos por las cansinas escenas de tensión forzada, como engañarnos con que la nave de los compañeros no ha salido del hangar cuando es obvio que sí lo hará (si iban pegaditos, ¿dónde se mete?), o la chapucera cuenta atrás, donde señalan que quedan “cuatro minutos” cuando está claro que la batalla es bastante larga.

Pero los problemas serios de escritura están en el dibujo tan pobre de los protagonistas, el estilo pueril que se busca. Esta vez el patriotismo hortera no existe (de hecho se habla de unión global, no de EE.UU.), pero no nos libramos de un grupo de personajes anclado en estereotipos vulgares. En realidad hay dos conjuntos de protagonistas, con un notable contraste entre ellos. El de adultos que trabajan duramente contra la amenaza, donde se ofrece una línea más seria, y el de jóvenes idiotas y despreocupados que acaban metidos en todo el embrollo pero nada parece importarles más allá de sus rencillas, amoríos y ganas de fornicar. Para rematar nos meten “la cuota China”, algo ya inevitable en las cintas destinadas a reventar la taquilla, porque ese mercado puede dar como cien millones más. Pero no se esfuerzan por integrar los caracteres de esta sección, sino que los meten en escenas forzadas y con aún más clichés. El familiar (aunque era tío, no padre, creo recordar) duro y exigente, la joven guapa tratando de hacerse un hueco en un mundo de hombres, el sacrificio heroico… En fin, minutos tirados a la basura. Pero bueno, también parecen tiempo perdido los otros adolescentes (aunque son treintañeros con supuesta experiencia se comportan como quinceañeros). El negro es un cero en interés y el actor (el desconocido Jessie T. Usher) empeora la cosa, de hecho el protagonista es otro; vamos, que no sé qué pinta aquí el personaje, más allá de que tomaron como obligación que había que meter un hijo del personaje de Will Smith. A la hora de la verdad el único destacable del grupo es el blanquito chuletas (un lastimero Liam Hemsworth) al que le resbala todo y hace lo que le sale de los cojones, y aun así todo le va sobre ruedas. Por supuesto tampoco falta el secundario cómico, el tontorrón que se supone que es simpático pero resulta cargante de narices. Finalmente tenemos a la chica guapa, decidida y experta en todo lo que hace (piloto, asistente político… sólo le ha faltado dar órdenes junto a los generales); Maika Monroe (dada a conocer en It Follows) tampoco hace un gran papel, pero no da tanta pena como el resto.

Entre los adultos la cosa mejora, pero no tanto como para conseguir un buen repertorio. David, el científico que descubrió el plan en la primera entrega (Jeff Goldblum), sigue teniendo una personalidad clara y simpática. El número de generales se ha reducido y se potencia en uno solo, Adams, interpretado por uno de esos secundarios de gran calibre, William Fichtner; no dejo de pensar que este podría ser el personaje pensado inicialmente para Will Smith, aunque seguramente con más escenas de acción al final. El expresidente (Bill Pullman) y la nueva presidenta (Sela Ward) tienen la presencia e interés justos. Y varios de ellos son acompañados por secundarios que no parecen vitales pero dan más vidilla al conjunto: el funcionario es graciosete sin resultar excesivo, el líder tribal y su postura tan marcada tampoco se pasa mucho de la raya (y la parte de la tribu es interesante, aporta un poco de historia entre ambos capítulos). Pero ya van inclinándose demasiado hacia lo exagerado y absurdo, espectro que vuelven a copar el científico loco (Brent Spiner) y su novio, con el despertar del coma tras veinte años sin ninguna limitación física, el histrionismo y el humor de payasos infantiles. Pero como decía, también tenemos algunos personajes innecesarios. Reaparecen unos cuantos roles que aquí no pintan nada, del estilo los de la caravana del capítulo previo: el padre de David y los niños no aportan mucho; ¿querían mostrar con ellos los problemas del pueblo llano? Entiendo la necesidad de dar homenajes varios, pero una cosa es la escena del discurso, donde aparece un viejo general, y otra la gilipollez del hospital, donde el piloto “hijo” de Will Smith deja el escuadrón que debe salvar al mundo para buscar a su mamá, escena tan forzada pero a la vez intrascendente que la borras de la memoria enseguida. Aunque para mí el más inconexo es la científica que va con David (Charlotte Gainsbourg), que no me dice nada.

Gracias al conjunto de adultos se sobrelleva mejor tanta estulticia con los chavales, así que es inevitable pensar que eliminando a estos niñatos la película ganaría bastante. O, dicho de otra forma, tomándola como un drama más serio podría haber sido mucho mejor, pero desde el éxito de la primera entrega Emmerich y también gran parte de Hollywood están convencidos de que es al revés, de que llenando las películas de estupideces es como más éxito tienen.

En el epílogo prácticamente anuncian una tercera parte. Yo espero que se haga, el cambio de escenario es muy prometedor.

Ver también:
Independence Day.

2 Respuestas a “Independence Day: Contraataque

  1. rogerstark 30/10/2016 en 5:38

    ¿Que te pareció el Patriota?

  2. Warren Keffer 31/10/2016 en 18:55

    Pues no la he vuelto a ver desde su estreno, o desde que la aquilara, pero la recuerdo como una peli bastante correcta. No es Braveheart pero tenía su aquel.

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