El Criticón

Opinión de cine y música

Warcraft


Warcraft, 2016, EE.UU.
Género: Aventuras, fantasía.
Duración: 113 min.
Dirección: Duncan Jones.
Guion: Duncan Jones, Charles Leavitt.
Actores: Travis Fimmel, Paula Patton, Ben Foster, Dominic Cooper, Toby Kebbell, Ben Schnetzer, Clancy Brown, Robert Kazinsky.
Música: Ramin Djawadi.

Valoración:
Lo mejor: Correcto aspecto visual. La sección de los orcos es salvable.
Lo peor: Guion muy pobre: la trama es lo más estulto y predecible que puedas imaginar, los personajes son estereotipos realmente cansinos. El casting y la dirección de actores se han equivocado con la mayoría de los intérpretes.
El tráiler: Visto el tráiler, vista la película, lo cual, por una vez, más que criticar hay que agradecer.

* * * * * * * * *

Me estaba ganando el primer acto, pues la presentación del universo y de los protagonistas tiene ritmo y despierta cierto interés. Pero conforme avanza, la fachada se cae a pedazos. Es otro título hecho a base de estereotipos y tonterías amontonados sin muchas ganas por esforzarse en que al menos destaque en algo o que el conjunto sea lo suficientemente sólido como para no parecer un insulto a la inteligencia del espectador.

La odisea del orco noble por sacar adelante su pueblo y su familia contra las miserias de la vida y las tradiciones obsoletas tenía potencial, más que nada por ofrecer una trama con cierta profundidad, aunque no sea nada original, y unos personajes que presentan un arco dramático al que poder engancharse. Pero con la corte humana cae el velo y se ve el escasísimo alcance e inteligencia del guion. El lío padre-hijo es harto predecible, pero las sandeces del mago y su aprendiz van más allá, provocando vergüenza ajena. El mago orco medio se salva porque las disputas entre las distintas visiones del mundo tienen algo de enjundia, pero con los humanos dan ganas de apartar la mirada. El choque entre las dos razas tampoco logra rascar nada, se atasca, o más bien se hunde, en clichés vulgares y aburridos. Lo que queda es un relato demasiado predecible y con un tono inmaduro y a veces incluso estúpido que llega a resultar bastante cargante.

Otro problema a la hora de conectar con tan limitados personajes es que ni los actores se encuentran cómodos ni el director parece esmerarse en que se adapten a sus roles. Sin directrices que lo guíen, Travis Fimmel simplemente repite el papel del vikingo Ragnar, lo que no pega en un caballero de una corte tipo medieval. Ben Foster (El tren de las 3:10, Pandorum, El único superviviente) es un actorazo, pero si lo conociéramos sólo por este papel pensaríamos lo contrario; está claro que no pudo hacer nada mejor ante esta situación. El rey (Dominic Cooper) es demasiado joven y guaperas. El aprendiz de hechicero (un desconocido Ben Schnetzer) parece sacado de una comedia adolescente de bajo nivel, es realmente patético. La única que cumple es Paula Patton (Misión Imposible: Protocolo fantasma), una intérprete que a mi parecer ha tenido mala suerte en su carrera.

En lo visual no está nada mal, de hecho el trabajo con los orcos es excelente, pero a estas alturas no sorprende, y la verdad es que tanta criatura, rayito y lucecita aumenta la sensación de estar ante una chorrada infantil. Si el director lograra unas batallas épicas podría pasar, pero no hay pasajes que impresionen. Parte de culpa la tiene también la banda sonora de Ramin Djawadi (Juego de tronos), pues es bastante floja, muy machacona.

Antes del estreno había las esperanzas en que un director tan prometedor como Duncan Jones (Moon) ofreciera una película de nivel o al menos un entretenimiento serio. Ahora cabe preguntarse qué demonios ha pasado. Si los productores se pusieron a alterar su obra hasta amenazar con dejarla irreconocible bien podía haber dimitido a tiempo, que suele ser lo más habitual; pero parece haber preferido vender su alma. La otra opción es que realmente buscara un entretenimiento facilón e intrascendente y se pasara de largo.

Ahora bien, vuelvo a lo de siempre: entre esta y El retorno del rey, El hobbit, las últimas de Harry Potter y de Piratas del Caribe y otras tantas de fantasía de relativo éxito no hay mucha diferencia cualitativa e intelectual, pero la han machacado con una contundencia impresionante (al estilo John Carter y El destino de Júpiter) mientras aquellas son tratadas con mimo o incluso alabadas con entusiasmo. No entiendo a la masa de espectadores y creo que nunca lo haré.

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