El Criticón

Opinión de cine y música

Sully


Sully, 2016, EE.UU.
Género: Drama.
Duración: 96 min.
Dirección: Clint Eastwood.
Guion: Todd Komarnicki basado en el libro de Chesley Sullenberger.
Actores: Tom Hanks, Aaron Eckhart, Anna Gunn.

Valoración:
Lo mejor: Actores. La intriga por cómo se resolverá tanto el accidente como la vista consigue enganchar a pesar de que…
Lo peor: …todas las temáticas subyacentes se pasan por alto en un relato superficial y sesgado.

* * * * * * * * *

Un avión sufre un colapso de sus motores por una bandada de pájaros, y en unos pocos minutos el piloto no ve otra salida y acaba aterrizando en el río Hudson para evitar estrellarse contra zonas habitadas (esto ocurrió de verdad, por si alguien anda despistado). No parece haber mucho material ahí para una película, pero cuando empieza parece que van a abordar temas paralelos más jugosos. Lo que implica convertirse en un héroe, cómo los medios de comunicación te endiosan o entierran con gran facilidad, cómo las grandes corporaciones dejan de lado la ética para ganar dinero o salvar su trasero… Pero resulta que el tratamiento final del guionista Todd Komarnicki (basándose en el libro del propio piloto) y el director Clint Eastwood ofrece una perspectiva tan superficial y maniquea que queda un panfleto ideológico más que la obra reflexiva y crítica que se dejaba entrever. Por ello también falla el lado emocional: todo está demasiado mascado, demasiado teatralizado, con lo que resulta un relato muy frío y un tanto manipulador. Es evidente que Eastwood está en crisis emocional por la deriva política y las crisis (como el 11S), y se ha montado una oda descarada a los currantes que levantan el país ante la ineficacia del gobierno y los entes poderosos, pero su homenaje hace aguas por partir de sesgos muy claros.

La odisea de Sully es muy sencilla, lineal (a pesar de desgranarse en una estructura fragmentada), monótona en ocasiones, y sobre todo predecible. El agobio por los periodistas, la presión por cómo saldrá el lío laboral y el drama personal se tratan con mucha ligereza, como si fueran simples anécdotas y no eventos complicados que afectan mucho a su existencia. El impacto del evento en su vida es despachado en un par de llamadas telefónicas a la esposa, el acoso mediático con un par de conversaciones con el copiloto y una entrevista insípida, y el conflicto laboral ocupa más tiempo pero peca de sensacionalista. Al final es Tom Hanks quien da forma al personaje, mostrando con sutileza las emociones contenidas, la tensión, los miedos y esperanzas. Y aun así no me parece suficiente para conseguir un protagonista con la pegada y la entidad exigibles. Además es sorprendente que pasen de tal manera del copiloto para ensalzar al héroe elegido, cayendo así en precisamente lo que critican: el medio amarillista elige a quién deificar y no le importa nada más. Como si Jeff Skiles no hubiera estado en el avión, o fuera un don nadie que sólo sirve para vigilar mientras el piloto se echa una siesta. La presencia de otro buen intérprete como es Aaron Eckhart es lo único que nos recuerda su existencia en gran parte del metraje; sólo en el final se dignan a darle un par de buenos momentos, pero están muy lejos de ser suficientes.

Pero la obsesión con centrarse en Sully (sacando además tan poco de él) no eclipsa únicamente al copiloto, sino a todo lo demás, alzándose como un error muy grave. La temática que estaban abordando exige más personajes, personajes verosímiles que sirvan de base para un retrato de la sociedad más realista y complejo. Los empresarios que tratan de aprovechar cualquier resquicio legal para mantener la imagen de su compañía y evitar pagos de seguros deberían tener un dibujo más elaborado y sobre todo más auténtico: si estás hablando de cómo una persona normal puede convertirse en un héroe, también tienes que hablar de cómo otros se pueden corromper, y de cómo el sistema y la sociedad llevan a distintos escenarios, algunos donde la ética se diluye. Pero no, resulta que esto es cine de Hollywood hecho para ganar Óscares, y sigue los patrones de siempre: el tipo hecho a sí mismo que lucha contra las injusticias superiores al ciudadano corriente. Y esto demanda otro tipo de narración, una simplista, encorsetada, manipuladora. Qué malos son los “empresaurios”, en plan villanos de película infantil, y qué bueno el hombre de a pie que puede con ellos con su astucia y la verdad de su lado. La exposición de una persona normal, anónima, ante los medios tampoco funciona, no ofrece nada genuino o impactante. Los periodistas son pesados y ya está, no hay ninguna salida inteligente o que haga reflexionar en algo más que en lo obvio.

En el tramo final toma más presencia la figura del ciudadano heroico, incluyendo esta vez a otros individuos que, aunque en menor medida que Sully, fueron también cruciales para salvar las vidas de los pasajeros: el piloto de un ferry, los equipos de rescate, y también los controladores aéreos que trabajan día a día para minimizar riesgos. Pero llega tarde y mal: salvo el controlador aéreo, todos estos personajes han salido de la nada y carecen de un dibujo claro, no digamos ya un recorrido emocional. Y bueno, los pasajeros directamente no existen. Sully siempre por delante de todo.

¿Qué queda entonces en la película? Pues curiosamente nada de lo que presentaba inicialmente, sino otro aspecto distinto: la intriga. En lo único que acierta el guionista y donde Eastwood logra imprimir más garra es en el juego de qué ocurrió en la cabina y si realmente había otras posibilidades menos arriesgadas. Para ello optan por flashbacks y recuerdos que van exponiendo poco a poco las piezas del puzle. Más o menos eligen bien los momentos, apoyándose en la situación presente del protagonista, con lo que no sabe a truco barato en una cinta donde estos abundan mucho. El factor humano es inexistente por culpa de esos empresarios inanes (si es que el operador de radio es más interesante, a pesar de estar metido con calzador), pero el desarrollo del caso resulta lo más atractivo de la proyección. La narración no deslumbra con un ritmo trepidante, Eastwood va con el piloto automático puesto y evidentemente podía haber sacado mucho más de los momentos clave (hasta los efectos especiales son de telefilme), pero tampoco tiene bajones notables y poco a poco te va enganchando con una intensidad creciente. El desenlace, tanto del accidente como de la vista, no sorprenden en su resultado pero sí está bien ejecutado y da un buen subidón.

Así pues, Sully cumple lo justo como entretenimiento pasajero. Pero no da nada más. El vuelo era ficticia, y tenía también dosis de sensacionalismo, pero al final ha resultado más intensa y recordable que esta. Es un título que el año que viene estará tan olvidado como todo lo que ha hecho Clint Eastwood desde Mystic River, con la excepción de la correcta Gran Torino. Y aun así muchos se empeñan en endiosarlo, y no me sorprendería que tuviera buena presencia en las nominaciones a los Óscar.

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