El Criticón

Opinión de cine y música

Deepwater Horizon (Marea negra)


Deepwater Horizon, 2016, EE.UU.
Género: Acción, drama.
Duración: 107 min.
Dirección: Peter Berg.
Guion: Matthew Michael Carnahan, Matthew Sand.
Actores: Mark Wahlberg, Kurt Russel, John Malkovich, Gina Rodríguez, James DuMont, Kate Hudson, Dylan O’Brien.
Música: Steve Jablonsky.

Valoración:
Lo mejor: El ritmo es algo intenso, sin bajones ni en las partes más expositivas.
Lo peor: No termina de arrancar nunca, esperas que llegue algo grande pero acaba sin dejar huella.
El título: La distribuidora le ha puesto Marea negra. Con la afición que suelen mostrar por los títulos en inglés, ¿qué tenían en contra de mantener el nombre de la plataforma? Es pegadizo y fácil. Y desde luego, la marea negra no es la protagonista de la película, sólo se menciona al final en texto en pantalla.

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Tras deslumbrar en su presentación en la pantalla grande con Very Bad Things, Peter Berg no volvió a ofrecer nada tan original y redondo, decantándose por un cine más comercial donde no exprimía su potencial: El tesoro del Amazonas, Hancock, La sombra del reino y Battleship son bastante olvidables. Pero en su siguiente obra personal retornó ese realizador habilidoso y comprometido: El último superviviente. Su guion no es complejo ni profundo, pero es que tampoco se requería, así que cumple de sobras; ni tampoco se veía algo esperable en una obra hollywoodiense sobre el ejército: el patriotismo aparece en su justa medida. Pero en lo visual resultó un ejercicio narrativo impresionante, regalándonos una de acción bélica memorable.

Su siguiente largometraje, Deepwater Horizon, llegaba con unos avances bastante espectaculares. ¿Tendríamos al Berg comercial o al inspirado? Pues me temo que se inclina por lo primero. A pesar de que el argumento amaga con mostrar un drama serio y de grandes pretensiones y calado, tanto el guionista Matthew Michael Carnahan (con el que colaboró también en La sombra del reino) como el propio director parecen empeñados constantemente en limitar sus posibilidades, optando por a una de acción al uso. Me recuerda mucho a United 93: una historia real tratada con demasiada distancia y frialdad, soltando unos pocos datos y acción en fila a toda leche pero sin trabajarse lo más mínimo el espectro emocional ni tampoco el alcance, porque requería una complejidad que no parecen buscar.

Tenemos decenas de personajes en distintos puestos de la plataforma, el barco de los residuos, las agencias de emergencias… Pero sólo unos pocos van más allá de simples elementos de la trama, y no es que se haga un gran trabajo con ellos. El empresario villano, el jefe responsable y el héroe protagonista tienen un dibujo extremadamente superficial, y apenas tenemos secundarios dignos de mención: la mujer del prota, el currante simpático y otros trabajadores con mucha presencia carecen de personalidad, aparecen en muchas escenas pero sin dejar huella alguna. No puedes formar un drama coral sin darle entidad y una historia a cada protagonista. Así, la cinta va avanzando saltando constantemente entre grupos de trabajo, pero sin que llegue a narrar ninguna odisea personal concreta. Llega el accidente, corretean y se salvan o mueren, no hay más. Demasiada anécdota, frase chorra suelta (“He dejado el café”), y poca, o más bien ninguna, concreción y profundidad, y por extensión, muy poca o ninguna conexión emocional. La trama más o menos igual. Parece que iban a poner algo de esfuerzo en explicar cómo funciona la plataforma, pero se limitan a cuatro datos vagos que describen el accidente, sin llegar a transmitir una idea clara del trabajo y el ambiente en general. Por supuesto, en este panorama no esperes un gran retrato del entorno y un análisis crítico de los hechos. Cumplen mostrando un par de escenas del empresario ambicioso contra el jefe prudente, y ya está.

Pero la narrativa es también veloz y algo enérgica, con lo que, aunque no se ahonde en nada al menos te dejas llevar. Y la acción, aunque tarda en aparecer y no destaca especialmente, mantiene un nivel de intensidad constante y Berg no se pierde entre los varios los frentes abiertos, siempre sabes dónde estás y siempre hay algo movidito a lo que atender. Además Mark Walhberg desprende una simpatía contagiosa en todas sus películas, con lo que incluso con su esquemático personaje te engancha.

Así pues, esto no está en la onda de El coloso en llamas, una de catástrofes que combinaba el drama serio con la acción aparatosa logrando un por lo visto inigualable referente para el género. Pero si haces la vista gorda a todo su potencial ignorado queda un entretenimiento sin pretensiones e inofensivo con el que pasar el rato.

El estreno casi se junta con el nuevo proyecto del realizador, Patriots Day (Día de patriotas), que tendría una postproducción mucho más corta. Por los avances, tiene pinta de ser el mismo estilo de película, y esta vez también promete un tono patriota claro.

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