El Criticón

Opinión de cine y música

Archivos mensuales: febrero 2017

Ha fallecido Bill Paxton

El día 25 nos ha dejado Bill Paxton, debido a complicaciones tras una operación de corazón. Tenía 61 años. Su primer papel reconocible fue en Terminator a las órdenes de James Cameron, director con el que repitió en otras ocasiones, destacando Aliens, donde logró probablemente su personaje más memorable, el hiperactivo cabo Hudson. Su carrera fue bastante larga y completa, alternando muchos géneros (Titanic, Depredador 2, Twister, Apollo 13…) e incluso no haciéndole ascos a la televisión cuando todavía los actores más famosos la miraban con recelo. Sus papeles en Big Love y Hatfields & McCoys fueron muy buenos, y actualmente era el protagonista de Training Day, adaptación de la película de mismo nombre.

Fuente: Huffingtonpost.

Aliados


Allied, 2016, EE.UU.
Género: Intriga, drama, romance.
Duración: 124 min.
Dirección: Robert Zemeckis.
Guion: Steven Knight.
Actores: Brad Pitt, Marion Cotillard, Jared Harris, Lizzy Caplan, Simon McBurney, Anton Lesser.
Música: Alan Silvestri.

Valoración:
Lo mejor: Entretiene lo justo, y la pareja protagonista aguanta aunque sea a duras penas el peso de un argumento muy flojo.
Lo peor: Parece empezar varias veces sin llegar a nada, y cuando consigue concretar algo no sorprende: la trama principal es superficial y desganada. Muy cortita en lo visual, de Robert Zemeckis se espera más.

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Durante su primera mitad le pesa demasiado la sensación de que no queda muy claro hacia dónde se está dirigiendo, y no es porque resulte intrigante, pues a pesar del género el suspense no hace acto de presencia, sino porque, como se podrá comprobar al acabar el visionado, mezcla varias historias sin terminar de acabarlas antes de saltar a la siguiente, y tampoco logra congeniarlas con equilibrio. Romance, drama, espías, bélica… toca de todo un poco pero no se moja con determinación por nada. Sí, hay un hilo conductor evidente, la relación entre los dos protagonistas, y en cierta manera sostiene el conjunto, pero no basta para lograr un buen largometraje.

Vi el tráiler hace mucho, cuando se iba a estrenar en cines, y me dije “otro maldito avance que te destripa la película entera”. Por suerte no me llamó como para verla en ese momento, y lo único que recordaba al ponérmela en bluray es que era de espías, lo típico de la sombra de la sospecha sobre alguno de los miembros de la pareja. Pero en todo este primer acto (la estancia en Casablanca) el thriller de espionaje resulta anodino, insípido, como un subgénero con el que cumplir mientras se destaca un romance que absorbe inadecuadamente toda la atención y al final tampoco impresiona mucho por sí solo, despertando el interés por los pelos.

El lío que pone en apuros la relación tarda muchísimo en lanzarse a pesar de que se espera desde que se reúnen por primera vez, porque se supone que de eso trata. Tardamos cuarenta y cinco largos minutos en terminar establecer la relación (cuando pasamos de Casablanca a Londres, tras un interludio resumen que incluye todo lo que no han sido capaces de narrar en este tiempo), y lo único que he sacado en claro es que se han enamorado, pero porque lo dicen con diálogos varias veces, pues en pantalla no se ve, no hay pasión que indique que el amor es real… pero tampoco ni una sutileza que señale una posible conspiración. Así, prácticamente todo lo que hemos visto en esta larguísima introducción es puro relleno. Me esforcé en intentar quedarme con los personajes secundarios y sus actividade, pensando en su inminente implicación en la trama, pero nada, se hace borrón y cuenta nueva. Tampoco se ve ni un amago, ni un momento de incertidumbre que vaya sembrando la duda en la relación hasta el momento clave. ¿No era una de espías? No, eso no llega hasta el ecuador de la cinta. Parece que se toman como algo obligatorio esperar a que estén casados y con bebé para empezar de verdad la historia. Y teniendo en mente esa decisión, lo lógico sería haber abordado la introducción con más agilidad y concisión.

Cuando llegamos por fin al meollo mi interés estaba bastante alicaído, pero por suerte este tramo va más al grano, mejorando el ritmo. Las dudas en el matrimonio no son espectaculares y la intriga no deslumbra, pero como van ocurriendo cosas al menos se atenúa la falta de rumbo y garra. Pero me temo que ni poniendo toda la leña en el fuego consigue levantar mucho el nivel, porque las renovadas esperanzas no tardan en empezar a desvanecerse: la supuesta trama de espías me produjo bastante indiferencia y no surgió desazón alguna por el destino de la pareja. Cuando se acerca el desenlace, se ve venir tan de lejos que ya estaba desconectado totalmente.

Pero bueno, en cierta manera, a pesar de lo predecible y somera que resulta la historia, es suficiente para una de acción con tintes de drama y suspense con la que pasar el rato, y la pareja mantiene el tipo lo justo como para lograr cierta conexión con las imágenes, así que da un entretenimiento aceptable si no se exije mucho. El problema es que las pretensiones y la ambición a las que apunta y lo bastante que se estrella con ellas me han fastidiado mucho el visionado. No podía dejar de hacerme preguntas, de sufrir su falta de determinación, sus obvias vaguedades y recursos facilones. En el thriller, en ningún momento la narración hace pensar, muestra pistas que señalen algo oculto o una doble cara que genere ambigüedad. En el romance, me cuesta creer el enamoramiento, no me impactó lo más mínimo cuando a él le dan la revelación, no me creo ese viaje suicida a territorio enemigo para una pista vaga, no me creo la decisión final de ella. El trasfondo bélico es puro adorno, no transmite temor y caos ni en los momentos más intensos (los bombardeos de Londres). La situación de roces políticos y el mundo del espionaje en que viven los protagonistas no tienen profundidad ni interés alguno, sobre todo porque no hay personajes secundarios de calidad que den vidilla a ese entorno. También peca de excesos poco verosímiles o inadecuadaos para la época y de una estética demasiado sintética, límpida: la hermana lesbiana mostrando su amor en público, la relación demasiado suelta y amistosa con los altos rangos, la vida tan idílica a pesar de la guerra, con más fiestas despreocupadas que esfuerzo en sus empleos, más glamour y belleza (cuántos modelitos y batas hermosas luce ella) que escenas que muestren las dificultades y efectos del conflicto (miedo, escasez, destrucción).

La puesta en escena acusa otras carencias que socavan su apariencia de película de alta calidad. A pesar de contar con ochenta y cinco millones de dólares de presupuesto luce como una producción menor, rodada en un par de escenarios baratos y con pantallas de fondo muy, muy, muy cantosas. ¿No había recursos para grabar en localizaciones reales más adecuadas y parajes naturales dignos? ¿Cómo esperas que me impresione la escena del desierto si parece sacada de una serie b lastimera? ¿Cómo va a llegarme el ambiente de Casablanca si todo parece rodado en el estudio y, como digo, todo es exageradamente bonito? ¿Cómo voy a sumergirme en el Londres de la época si se abusa de los interiores, sólo vemos un par de calles con grava cutre sobre el asfalto para disimular, y lo único que muestra de la guerra son fondos digitales que dan risa? Pero es que ni siquiera los momentos más intensos dan el tipo: el tiroteo en Casablanca y el de la Francia ocupada resultan muy fríos, teatralizados, las secuencias de intriga son todas iguales, esperar dentro del coche a que se resuelva algo fuera de pantalla.

De un artesano del calibre de Robert Zemeckis, un director de rasgos clásicos pero que ha aprendido a combinar muy bien la tecnología, se esperaba algo más maduro y sólido. No hay más que comparar con El vuelo (no he visto El desafío, no me llama nada). ¿Dónde está el director que hizo de un relato algo básico y sensacionalista una aventura emocionante, con tramos muy impactantes? Aquella también tenía una presentación artificiosa (el accidente de avión), pero era impecable en la técnica y resultaba asombrosa. La de aquí no tiene pegada alguna y se ven muchas limitaciones narrativas. Aquella buscaba sacar lo máximo de una historia centrada más en lo personal que en un argumento complejo, para lo cual Zemeckis cogía a un actor competente y lo empujaba a dar lo máximo de sí; aquí no parece poner mucho empeño en que los intérpretes muestren emociones concretas y logren química entre sí: Brad Pitt va todo el rato con la misma cara, no se sabe qué siente si no lo dice, y si Marion Cotillard funciona es porque tiene un carisma y elegancia que llena la pantalla. Finalmente, la música de Alan Silvestri, otro profesional como la copa de un pino, es otra mala sorpresa inesperada, parece hecha en un rato con temas de muestra.

Aliados parece el habitual encargo de una major (Paramount en este caso) en la onda de lo que se está viendo cada vez más en el séptimo arte: se coge un tema muy usado (al menos no es un remake o adaptación) y se digiere y simplifica, se le elimina toda profundidad y aristas, se deja en un esqueleto de emociones prefabricadas para encandilar a la taquilla fácil. Y no sé si sois conscientes de la gravedad de casos como este, porque no hablamos de sagas ultra comerciales destinadas a los jóvenes, sino de cine supuestamente serio para adultos. Lo único bueno que podría salir de ella es que alguien acabe de rebote viendo Casablanca (Michael Curtiz, 1942) y descubra lo que es el cine de verdad.

Animales nocturnos


Nocturnal Animals, 2016, EE.UU.
Género: Drama, suspense.
Duración: 116 min.
Dirección: Tom Ford.
Guion: Tom Ford, Austin Wright (novela).
Actores: Amy Adams, Jake Gyllenhaal, Michael Shannon, Aaron Taylor-Johnson, Isla Fisher, Ellie Bamber.
Música: Abel Korzeniowski.

Valoración:
Lo mejor: Reparto, fotografía, música.
Lo peor: Es un experimento fallido: dos películas en una, ambas predecibles y aburridas, y el conjunto insostenible, pretencioso y exasperante. Los créditos iniciales no sé a qué demonios vienen, pseudo arte provocador salido de madre.

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Alerta de spoilers: Describo a fondo el argumento, su desenlace y una especulación del sentido de lo narrado, pero qué más da…–

Esta es una de esas veces en las que me he sentido tan estafado que querría que me devolvieran las dos horas que he perdido. Sí, podía haber dejado el visionado a medias, pero a veces no soy capaz, quiero llegar al final para ver si en conjunto al menos remonta un poco, termino enganchado y se desvanece la sensación de que estoy tirando minutos que podía dedicar a otra cosa. Es como apostar, sigues perdiendo esperando ganar.

Me ha recordado bastante a The Neon Demon, tanto en estilo como en calidad, pero sobre todo en la sensación de timo y también de asombro porque una obra tan fallida tenga no unas pocas, sino bastantes buenas críticas. Le he dado muchas vueltas y leído unos cuantos foros y críticas a ver si es que se me ha pasado algún subtexto asombroso, pero no tiene nada.

El tramo inicial apuntaba maneras. Eso sí, si pasamos por alto la gratuita excentricidad provocadora de los créditos y la desganada presentación de la protagonista, pues la cinta realmente no arranca hasta que ella coge la novela, que es cuando nos describen aspectos más relevantes de su vida y nos sumergimos en el relato paralelo que sale de sus páginas. Hay unos quince minutos hasta ahí, que no parece mucho, pero ya va dejando constancia de lo que le cuesta ir al grano a su guionista y director Tom Ford. Para señalar en qué trabaja y que el matrimonio está enfriándose necesita dos largas y parsimoniosas escenas, y aun así lo primero no me quedó claro: ¿es artista, directora de una galería de arte, empleada en una, o de todo un poco? Pero además añade un tercer escenario donde presenta al hermano y su novia, que no aportan absolutamente nada en el resto del metraje.

Pero sí, por fin quedan expuestas las dos premisas. Una es la sombría historia del libro (escrito por un antiguo novio), que versa sobre una familia que en un viaje en coche se ve acosada por una pandilla de paletos matones. La otra es la de la lectora, que lleva una vida exitosa de cara al público pero es incapaz de encontrar la felicidad. La intriga por el devenir de la familia encabezada por Jake Gyllenhaal no es nada sorprendente. Por ejemplo, recuerda sobremanera a la muy recomendable Breakdown de Jonathan Mostow, donde le secuestraban la mujer a Kurt Russel en las desiertas carreteras del centro-sur de EE.UU. Pero el drama que viven tiene algo de fuerza y la incertidumbre por su destino parece llevarnos hacia un destino concreto… Y sin embargo, conforme avanza se va viendo lo contrario, una falta de rumbo cada vez más clara, una pérdida de interés y garra mientras crece la sensación de que es un melodrama televisivo de escasa calidad y profundidad a pesar del tono impostado.

La vida de la mujer afligida (Amy Adams) se inicia con menos intensidad, pero aun así la necesidad de entender por qué está como está a pesar de tenerlo todo logra despertar la atención. Aunque me temo que su viaje emocional tampoco da nada de sí, se ve también su nivel de telefilme: estructura básica, descripción de personajes muy limitada, recursos narrativos torpes y predecibles. Tenemos escenas que no aportan nada, como la anodina recreación de un día de trabajo (la escena del móvil cayéndose, la reunión). Hay elementos mal introducidos, como la hija, metida con calzador mediante una simple llamada telefónica. Y encontramos varias situaciones vulgares y sensacionalistas: ¿no había mejor forma que hablar del fracaso del matrimonio que con una aventura en un hotel?, ¿era necesario lo del aborto para mostrar que la relación anterior también acabó mal? Pero el momento que más claramente deja constancia del desastre que es el guion fue la aparición de la madre, tan simplona, tan evidente, tan mascada en el intento de dar unos orígenes a la protagonista y describir una personalidad que el realizador no es capaz de exponer con acciones relacionadas directamente con el argumento.

Las malas sensaciones se rematan porque la otra esperanza de la que pendía la película te explota en la cara como un burdo engaño. Te tiras media proyección esperando que surja de una vez una conexión entre los eventos de la novela y lo poco que nos desgranan de la relación pasada de la artista con su autor. Este enredo narrativo ha de tener un sentido, me decía, ha de haber una lógica tras dos historias contadas con tanto énfasis en su trascendencia emocional que cada vez parecen más tramposas y forzadas. Pero alcanzamos el final de cada sección sin que esa unión que prometía darle una nueva lectura a este desatino llegue a hacer acto de presencia. Bueno, en realidad se me ocurre una teoría medio factible, pero está muy cogida por los pelos y es bastante absurda. Se podría suponer que el libro es una venganza contra ella por haberlo dejado y haber abortado. Pero claro, cabe pensar qué clase de venganza es esta, y si los autores de esta cinta y el libro en que se basa están realmente defendiendo que una ruptura y un embarazo interrumpido merecería como represalia un secuestro, tortura y violación… Por no decir que, cuando te viene a la cabeza esta posibilidad, lo siguiente que se espera es que el tipo haga algo parecido con ella; por eso la llamada a la hija es una pista falsa descarada, pues al final no sirve para nada. Una vez el velo cae, lo que parecía albergar mensajes ocultos y una estructura encaminada hacia algo más grande resulta haber sido puro humo, el relato es tosco, torpe y manipulador como pocas veces he visto.

Pero aún hay más, pues ambas historias acaban fatal. La odisea del padre de familia desbarra en unos fuegos artificiales ridículos, con ese cambio de tono que pasa de lo realista y serio al western más disparatado. El sheriff, otro personaje comodín como la madre, está ahí únicamente para justificar la venganza contra los matones, y da vergüenza ajena a pesar del esfuerzo del gran Michael Shannon, pues el realizador no logra disimular que no es capaz de mover al rol de Gyllenhaal en esa dirección (su personaje sólo se lamenta y lamenta) y tiene que buscar una forma de echarle encima el desenlace. Pero no queda ahí la cosa. En la decisión del sheriff de ir a por los secuestradores no pesa una historia personal concreta, un sentimiento que haya ido floreciendo poco a poco, también explota por factores externos repentinos: ooooh, justo ahora me ha salido un cáncer mortal y me da igual todo. La trayectoria de la artista es demencial también. Después de tanta depresión, de tanto matizar penurias, remordimientos, anhelos… su evolución no llega a una conclusión, queda todo en el aire; por no decir que esto implica que… ¡el remate de la venganza del tipo este por haberla dejado hace la tira de años es plantarla en una cita!

Si el tramo inicial se caracterizaba por una narrativa aletargada, conforme el interés va cayendo y el efectismo tira por suelo la credibilidad, obviamente se diluye la poca conexión que hubiera con las imágenes, creciendo el sopor hasta un nivel que pocas películas me han transmitido. La última media hora es verdaderamente insoportable, y en los últimos minutos estaba maldiciendo en voz alta del cabreo que tenía. Si no fuera por su correcta fotografía e iluminación, el fantástico reparto (aunque telita lo de los Globos de Oro dándole el de mejor actor secundario a Aaron Taylor Johnson, el único que no ofrece un gran papel), y la preciosa música del prodigio que es Abel Korzeniowski, le hubiera dado con mucho gusto un monumental cero.

Tom Ford, aunque se dio a conocer en el cine con la aclamada Un hombre soltero, viene del mundo de la publicidad de grandes marcas de ropa y cosméticos, donde cosechó gran éxito. Animales nocturnos tiene esa esencia de anuncio: estética y emociones superficiales, pero sin contenido real; lo que no sé es si la novela de Austin Wright en que se basa es igual de deshilvanada y pretenciosa. Ford juega a ser David Lynch (Mulholland Drive) pero no pasa de estar en la onda de un Nicolas Winding Refn cualquiera (Drive, The Neon Demon, Sólo dios perdona): enredos visuales en débil equilibrio sobre un guion que persigue unas pretensiones que se le escapan por mucho.

Los siete magníficos


The Magnificent Seven, 2016, EE.UU.
Género: Acción, western.
Duración: 115 min.
Dirección: Antoine Fuqua
Guion: Nic Pizzolatto, Richard Wenk.
Actores: Denzel Washington, Chris Pratt, Ethan Hawke, Vincent D’Onofrio, Byung-hun Lee, Manuel Garcia-Rulfo, Martin Sensmeier, Haley Bennett, Peter Sarsgaard.
Música: Simon Franglen, James Horner.

Valoración:
Lo mejor: Chris Pratt, Ethan Hawk y Vincent D’Onofrio.
Lo peor: Guion sin profundidad ni alma alguna: es un producto prefabricado para la taquilla fácil.
La polémica: La corrección política llega a límites absurdos: no se ve ni un solo caballo muerto por el suelo entre la gran cantidad de gente fallecida.

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No me olía nada bueno, a pesar de algunas críticas que la ponían como una de acción más que decente, pero lo cierto es que incluso con las bajas expectativas he acabado decepcionado.

El primer fallo notable que se ve está en la puesta en escena, con una elección para la fotografía extraña y equivocada. La paleta de colores obsesionada con los tonos azules y naranjas, obedeciendo a una ley del color básica y muy facilona que dice que son tonos cálidos que conectan con más facilidad con el espectador que otras elecciones más artísticas, puede funcionar en entornos urbanos (Transformers es un referente de este estilo), pero en paisajes naturales difícilmente encaje. Así, las escenas de mucho sol (y obviamente abundan) saturan demasiado el naranja, y los actores, que parecen siempre acalorados, en esos momentos se asemejan a muñecos de plástico. Pero los planos que tienen vegetación alcanzan cotas absurdas, con árboles que tienden a un azul verdoso muy irreal.

Antoine Fuqua es un realizador que domina bastante bien el cine de acción de corte más clásico y artesanal, esto es, sin artificios modernos (abuso de efectos especiales, cámara y montaje frenéticos). Lágrimas del Sol, El tirador y Objetivo: La Casa Blanca lucían bien, y la presente está en la misma onda, con escenas de acción bastante correctas, ejecutadas de forma que lleguen al espectador con la complejidad del escenario y la intensidad de la situación más que con una narrativa forzada con técnicas baratas. Por ello sorprende mucho ese colorido excesivo, falso. En El Rey Arturo también lo utilizaba, pero no tan saturado, y en el ambiente frío del norte encajaba mejor (aun así le habría venido bien algo más natural, claro). Bien podría haber salido un bluray mal equilibrado (no sería el primero: con La carretera tienes que elegir con cuidado la región porque una alguna está alterada de mala manera, Espartaco tuvo que tener una nueva restauración porque la primera fue desastrosa, El último mohicano requeriría una nueva también…), pero viendo fotos promocionales del metraje, los tráileres y otras críticas, está claro que es el estilo elegido para la película. Yo tuve que bajar un montón la saturación del reproductor, porque me sacaba completamente de la historia.

Una vez superado o ignorado el choque visual entramos en materia. La película trata sobre la formación de un grupo de gente peculiar y la aventura en que se embarcan, por lo tanto se espera ver personajes carismáticos, una dinámica entre ellos que enganche y divierta, y un viaje que atrape hasta que haga acto de presencia la acción. Pero este remake simplón sólo cumple en lo último… y no del todo, porque llega tras hora y media de sopor y quizá sea tarde para ganarse la conexión con el espectador. Veo que muchos han disfrutado, pero mi interés estaba por los suelos y apenas he conectado con la gran batalla. Fuqua demuestra su pericia con la cámara en una lucha épica alrededor del pueblo, entre sus calles y sus casas, logrando un espectáculo bastante gratificante. Pero los personajes que no me aburrían me provocaban rechazo, y aquí siguen en su tónica: cada vez que aparecen es para cumplir con otro topicazo cargante, y los finales de cada uno, fallezcan o sigan con vida, me han resultado entre intrascendentes y molestos. Esos tontos planos-resumen del protagonista mirando a sus colegas muertos, incluso al que está en el campanario y no puede ver, me dieron vergüenza ajena.

La presentación de cada protagonista trata de ser gradual, pero carece de fluidez y no logra despertar el interés nada más que en un par de ellos. En todos se abusa de estereotipos en algún momento, en varios de hecho en todas sus apariciones. La dinámica entre ellos es poco interesante, con su dibujo monocromático y los diálogos acartonados no hay manera de seducirnos. Obviamente, la falta de ingenio se ve también en el sentido del humor, que resulta infantil, torpe. El único chiste bueno es el tomado del western original, el de “Por ahora bien”, y lo exprimen de mala manera hasta gastarlo.

Voy de menos a más con los protagonistas. Ya se apunta bajo con el prólogo que presenta al villano, un malo malísimo porque sí, irreal y plano hasta aburrir; el competente Peter Sarsgaard se esfuerza, pero no puede evitar que resulte un personajillo ridículo, lo que empeora con su lamentable final. La llegada del indio se come mucho tiempo y no dice nada; yo es que ni la he entendido, se une a la empresa sin razón alguna y no aporta absolutamente nada; y por supuesto tendrá su final esperable, la pelea con el indio enemigo metida con calzador. Con el mejicano tratan de mostrar un tipo chungo pero carismático, pero no me lo creo, y su entrada es también muy repentina, sin dejar ver convicciones y motivaciones concretas que lo empujen a unirse con tanto entusiasmo. El chino de las artes marciales es un cliché andante, y no hace nada más que cumplir con ello, pero al menos tiene algo más de presencia en las dinámica de la banda. El líder, y el protagonista con más tiempo, es Chisolm, a mitad de camino entre agente de la ley y cazarrecompensas; resulta una figura muy clásica donde parece relegarse toda su personalidad a lo que consigan sacar el director y el intérprete; Denzel Washington hace de sí mismo, así que si te cae bien te gustará; a mí me ha resultado un personaje poco carismático para el peso que tiene. El loco es inquietante, impredecible, a ratos da miedo y a ratos divierte, y en gran parte es gracias a la inspirada labor de Vincent D’Onofrio. “Buenas noches” Robicheaux se lleva el mejor papel, con un Ethan Hawke muy entregado, y el mejor recorrido emocional hasta que lo destrozan con un giro final absurdo: de mostrar un poso intrigante, un problema creciente que lo agobia, pasa a ser el típico que huye para volver en el último instante para salvar a sus colegas, pero por el camino es como si faltaran escenas: ¿cómo ha superado su crisis?, ¿para qué ponen tanto énfasis en el dilema interno del personaje si no lo llevan a una conclusión? Faraday es el clásico timador, superviviente y guaperas, pero tiene su gracia y Chris Pratt está estupendo, rebosante de carisma pero también con un punto oscuro bastante logrado.

De roles secundarios con interés olvídate. ¿El pueblo? Sólo lo representa la chica blanca y guapita, el resto de individuos son figurantes. No hay relación directa entre el grupo y estas gentes, no se ven sus vidas, su sufrimiento. Si en la cinta de 1960 daba tiempo a mostrar todo con detalle, aquí también. Es cuestión de saber narrar. Por tener, incluso tenía reflexiones muy interesantes. Se hablaba de las dificultades de la vida en la época, que abría dos caminos, pistolero o granjero, y tenía escenas que trataban muy bien las miserias de cada elección, con momentos de nostalgia (¿y si hubiera tomado la otra dirección, si en vez de perseguir sueños hubiera aceptado la realidad?) que daban más verosimilitud al entorno y a los personajes (incluyendo los forajidos: son supervivientes que no saben hacer otra cosa, no villanos de cómic). Y con el pueblo se hacía un buen retrato de la vida bajo un yugo: la esperanza, el miedo y la lucha por la supervivencia; había gente dispuesta, gente cobarde, traiciones y alzamientos. Aquí no hay trasfondo de ningún tipo. El único intento de conectar pueblo y espectador es… con niñitos sufriendo. ¿Pero por qué demonios tienen a los niños en la aldea y sólo cuando la cosa se pone fea los tratan de esconder en el campo? Se suponía que son mercenarios listos y competentes.

El poco interés que despiertan algunos de los protagonistas más la sobria y contundente puesta en escena de Fuqua (aunque con el lastre del color excesivo) consiguen un entretenimiento pasajero aceptable si se hacemos la vista gorda a la simpleza exasperante de su guion, los estereotipos, las sentencias lastimeras, las escenas tontas que remarcan obviedades. Me temo que esto de perdonar el bajo nivel intelectual es algo que tenemos que hacer mucho en el cine taquillero actual, volviendo a traer a colación la pregunta de si el cine de Hollywood se ha vuelto estúpido o es el público el que se ha vuelto estúpido. La versión de John Sturges era una adaptación de la colosal Los siete samuráis en un modo indudablemente más comercial que la obra de Akira Kurosawa, pero aun así tenía una solidez, una calidad y personalidad que han permitido que se recuerde con agradado hasta nuestros días. ¿Qué necesidad había de rehacerla sin cambiar el escenario o la época, sino únicamente pasándola por la batidora intelectual para convertirla en un producto de usar y tirar? Pero precisamente hay ejemplos de que una revisitación hecha con mimo puede ser agradable: El tren de las 3:10 o Valor de ley, por centrarme en el oeste, fueron bastante buenas. Así que habría que señalar dos tendencias, la ultracomercial y la seria, y empezar a catalogar algunos remakes como merchansiding, no como películas, pues lo único que hacen es aprovecharse del renombre de la obra original para vender.

Aparte, es inevitable hablar también de la banda sonora. Las notas de Elmer Bernstein marcaron el cine del oeste para siempre, y muchos ojos (oídos) estaban puestos en la nueva versión. El gran pero polémico James Horner fue el elegido… ¿Daría un trabajo de los repetitivos o se esforzaría como había hecho recientemente en otros filmes? Por desgracia el compositor falleció dejando la partitura apenas empezada, y tuvo que ser acabada por sus ayudantes. Y sea porque Horner estaba en la línea poco inspirada o porque decidieron acabarla tirando de motivos típicos del compositor, lo que queda es una banda sonora rutinaria y repetitiva, sin personalidad ni garra, lo que termina realzando esas sensaciones en el filme.

Múltiple


Split, 2016, EE.UU.
Género: Misterio, drama.
Duración: 117 min.
Dirección: M. Night Shyamalan
Guion: M. Night Shyamalan
Actores: James McAvoy, Anya Taylor-Joy, Betty Buckley.
Música: West Dylan Thordson.

Valoración:
Lo mejor: Las capas y sorpresas de la trama y los personajes.
Lo peor: La falta de ritmo en algunos momentos. Otro maldito tráiler que te cuenta casi toda la película, otra vez el estudio tratando de vender una obra de Shaymalan como si fuera de terror puro, cuando es de suspense.
Mejores momentos: “Méate encima”. La psiquiatra sospechando que está ante una personalidad hostil. La protagonista intentando usar al niño para salir. “Juguemos a los animales”. El nacimiento. La pared. El final, lleno de sorprensas, destacando el epílogo.

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Alerta de spoilers: No hay datos reveladores. —

La mejor virtud de Múltiple es el sello Shyamalan que hemos visto en todas sus obras personales, excepto en la fallida El incidente: te pasas gran parte del visionado expectante, con incertidumbre por el devenir de acontecimientos y el destino de los personajes, e intentas ir deduciendo qué está pasando y cómo va a resolverse todo. ¿Cuántas películas de los últimos veinte años o así te han hecho pensar? ¿Cuántas te han sorprendido por romper las barreras conocidas del género al que se adscriben a pesar de que no esperabas que a estas alturas fuera posible? El sexto sentido, El protegido, Señales, El bosque, La visita e incluso pasajes de La joven del agua tenían unas ideas muy originales y unas soluciones narrativas únicas, tanto en escritura como en dirección.

Múltiple es como la mente del villano protagonista: tiene una fuerte personalidad y muchas capas que explorar. No es una simple cinta de secuestro por demente o gente aislada acosada por un asesino. Shyamalan retuerce y exprime el argumento y ofrece una propuesta muy ingeniosa y distintiva. Tiene parte de drama (y bastante complejo), parte de suspense y una pizca de terror de tintes fantásticos. La combinación funciona muy bien y cada aspecto por sí solo posee momentos deslumbrantes.

Los personajes tienen dimensión y una evolución muy atractiva, al contrario de lo habitual en este tipo de títulos. Sí, quizá le podría haber sacado más partido a las otras jóvenes retenidas, pero tampoco había obligación de hacer un relato coral, lo que pretendía es contar la vida de dos figuras opuestas: la chica que sufre en solitario traumas varios pero no pierde su brújula moral, y el tipo también jodido que va en el sentido contrario por mucho que otros intenten ayudarlo. Y ahí acierta de lleno, describiendo unos protagonistas que terminan resultando fascinantes. Aun teniendo en cuenta que es un escenario exagerado y que además acaba con elementos entre la ciencia-ficción y la fantasía, la profundidad y detallismo de los caracteres garantiza verosimilitud y gran capacidad de empatía. Incluso este desgraciado que va perdiendo la cordura con múltiples personalidades y amenaza con matar a gente inocente despierta nuestras simpatías, y no sólo porque algunas de las personalidades, como el niño, sean agradables, sino porque esperas que sea capaz de sobreponerse a sus miserias y conseguir una vida normal. ¿Cuántos villanos de los últimos te han llegado hondo, no han sido simples clichés argumentales? Así, el sufrimiento de ambos, al que sumo la psiquiatra, que pronto se libra de su apariencia previa de objeto de la trama y resulta muy interesante, llega con mucha intensidad. La situación límite, los flashbacks que desgranan sus vidas (algunos con revelaciones impactantes), los esfuerzos por salir adelante… Llegan al término de la historia habiendo cambiado, presentan batalla porque han aprendido o madurado, no a simples tortas como suele ser común en gran parte del cine contemporáneo. Es comparar con bodrios como Saw, por desgracia un referente de este subgénero, y menuda lección de escritura; y los giros finales son el tiro de gracia, porque surgen de cosas planteadas sutilmente a lo largo del metraje, no es una mongolada salida de la nada como el lastimero final que tuvo aquella. Y por seguir con el ejemplo de Saw, Múltiple es capaz de ponerte los pelos de punta sólo con diálogos, sin casquería alguna.

Los actores son obviamente cruciales en la ecuación. Anya Taylor-Joy se dio a conocer en otra de suspense digna de ver, La bruja. Como allí, su físico de aspecto joven y frágil (tiene veinte años, pero pasa por adolescente sin problemas) va como anillo al dedo al personaje, pero aquí también tiene un papel más exigente: la angustia, el miedo y la gradual maduración los muestra muy bien, y consigue no quedar eclipsada por los veteranos. A pesar de su avanzada edad, Betty Buckley no tiene una carrera muy larga ni llamativa, siendo sus paples en Frenético y la serie Con ocho basta quizá los más destacados. Shyamalan la conoció en el El incidente y aquí ha contado otra vez con ella, lo cual es todo un acierto, porque está estupenda como la doctora inteligente y competente que trata con sumo cuidado, con temores pero también con sagacidad, al peculiar paciente protagonista. James McAvoy tiene un papel muy jugoso (registros variados, algunos extremos) que no desaprovecha, siendo capaz de hacer verosímil hasta los momentos más pasados de rosca (el niño pequeño). El doblador se esfuerza, pero hay momentos que rechinan, así que espero con ganas el bluray para disfrutar mejor el esfuerzo de McAvoy.

Hay que recalcar que las explicaciones y pistas están bien colocadas. Algunas son evidentes (al menos para un espectador curtido, porque en internet he visto mil preguntas con respuestas que me parecían muy claras, como por qué va a la estación de tren), otras están genialmente veladas y te las tienes que trabajar. En este último caso entran muchas conversaciones que tienen más miga de la que aparentaban en principio. Incluso hay algún detalle que puede parecer intrascendente pero luego te das cuenta de que era necesario, como la charla de la psiquiatra con una vecina, que sólo sirve para que sepamos que ella y su entorno son reales, y Shyamalan se la toma como lo que es, un relleno: la conversación es tanto absurda, como hablar del tiempo, recuperando un poco de ese humor negro visto en La visita.

Ahora bien, aunque muy original en su planteamiento y casi extraordinaria en momentos puntuales, el acabado la película, tanto en guion como en puesta en escena, no es perfecto y le resta puntos, lo que la aleja un poco de la calidad excepcional de las primeras obras del indio. El problema más notable es que le falta bastante garra en su inicio, pero en el tramo central a veces también da la sensación de que podría haber explorado situaciones más efectivas. Parece que Shyamalan no está tan esforzado o inspirado como otras veces, pues no tiene soluciones narrativas tan impactantes. En la presentación parece ir con el piloto automático puesto: hay que cumplir con esto y ya está. En el segundo acto hay muchas cosas explicadas por conversaciones largas en vez de por acciones, y a veces tienen unas sutilezas magníficas (me gusta que no lo den todo mascado como si fuéramos imbéciles), pero por lo general se hacen algo pesadas, alguna incluso es algo reiterativa (las visitas a la psiquiatra se podrían haber resumido mejor), con lo que van ralentizando la manifestación de todo el potencial latente. En otras palabras, a la introducción le habría venido bien anécdotas de supervivencia (las chicas sufriendo e intentando escapar) más variadas y con más pegada que te engancharan más rápido y dieran mejor ritmo, mientras que en el nudo podría habler explotado más los flashbacks y otras situaciones para exponer las historias de los protagonistas de forma visual. Es una regla básica del cine: muéstralo, no lo cuentes. Pero quizá también ha entrado en juego la falta de presupuesto; por ejemplo, ese congreso en que participa la psiquiatra por videoconferencia en vez de estar presente en la sala parece apuntar a ello.

A pesar de que, como a La visita, le cuesta entrar en materia, también igual que aquella en su ámbito, Múltiple le da una estupenda vuelta de tuerca a un subgénero en apariencia muy limitado argumentalmente y muy gastado por infinidad de títulos mediocres, algunos con inexplicable éxito. Y gracias a sus cualidades (originalidad, inteligencia) es una obra en la que no dejas de pensar durante días tras el visionado, perdonándole cada vez más sus fallos. Shyamalan nos regala un sugestivo crescendo de tensión e inquietud a través de personajes cautivadores embarcados en un viaje tétrico y de futuro incierto donde abundan golpes de efectos bien medidos y tramos muy potentes que se quedan anclados en la memoria. El clímax final es casi soberbio, te deja tiritando (más de nerviosismo que de miedo puro), y no defrauda en su genial resolución (con alguna idea dejada en el aire para tu imaginación) y su inesperado y asombroso epílogo. Este último es “el giro Shyamalan“, que a estas alturas todos dábamos por perdido pero de repente te lanza a la cara uno brutal que te deja a cuadros, así que sales de la proyección, aunque no te pareciera perfecta, con un gran subidón.

PD: Esta vez no ha contado con James Newton Howard para la banda sonora, y el trabajo del desconocido West Dylan Thordson es muy básico pero no funciona nada mal.

Ver también:
La visita.
After Earth.
Airbender, el último guerrero.
El incidente.
La joven del agua.