El Criticón

Opinión de cine y música

Animales nocturnos


Nocturnal Animals, 2016, EE.UU.
Género: Drama, suspense.
Duración: 116 min.
Dirección: Tom Ford.
Guion: Tom Ford, Austin Wright (novela).
Actores: Amy Adams, Jake Gyllenhaal, Michael Shannon, Aaron Taylor-Johnson, Isla Fisher, Ellie Bamber.
Música: Abel Korzeniowski.

Valoración:
Lo mejor: Reparto, fotografía, música.
Lo peor: Es un experimento fallido: dos películas en una, ambas predecibles y aburridas, y el conjunto insostenible, pretencioso y exasperante. Los créditos iniciales no sé a qué demonios vienen, pseudo arte provocador salido de madre.

* * * * * * * * *

Alerta de spoilers: Describo a fondo el argumento, su desenlace y una especulación del sentido de lo narrado, pero qué más da…–

Esta es una de esas veces en las que me he sentido tan estafado que querría que me devolvieran las dos horas que he perdido. Sí, podía haber dejado el visionado a medias, pero a veces no soy capaz, quiero llegar al final para ver si en conjunto al menos remonta un poco, termino enganchado y se desvanece la sensación de que estoy tirando minutos que podía dedicar a otra cosa. Es como apostar, sigues perdiendo esperando ganar.

Me ha recordado bastante a The Neon Demon, tanto en estilo como en calidad, pero sobre todo en la sensación de timo y también de asombro porque una obra tan fallida tenga no unas pocas, sino bastantes buenas críticas. Le he dado muchas vueltas y leído unos cuantos foros y críticas a ver si es que se me ha pasado algún subtexto asombroso, pero no tiene nada.

El tramo inicial apuntaba maneras. Eso sí, si pasamos por alto la gratuita excentricidad provocadora de los créditos y la desganada presentación de la protagonista, pues la cinta realmente no arranca hasta que ella coge la novela, que es cuando nos describen aspectos más relevantes de su vida y nos sumergimos en el relato paralelo que sale de sus páginas. Hay unos quince minutos hasta ahí, que no parece mucho, pero ya va dejando constancia de lo que le cuesta ir al grano a su guionista y director Tom Ford. Para señalar en qué trabaja y que el matrimonio está enfriándose necesita dos largas y parsimoniosas escenas, y aun así lo primero no me quedó claro: ¿es artista, directora de una galería de arte, empleada en una, o de todo un poco? Pero además añade un tercer escenario donde presenta al hermano y su novia, que no aportan absolutamente nada en el resto del metraje.

Pero sí, por fin quedan expuestas las dos premisas. Una es la sombría historia del libro (escrito por un antiguo novio), que versa sobre una familia que en un viaje en coche se ve acosada por una pandilla de paletos matones. La otra es la de la lectora, que lleva una vida exitosa de cara al público pero es incapaz de encontrar la felicidad. La intriga por el devenir de la familia encabezada por Jake Gyllenhaal no es nada sorprendente. Por ejemplo, recuerda sobremanera a la muy recomendable Breakdown de Jonathan Mostow, donde le secuestraban la mujer a Kurt Russel en las desiertas carreteras del centro-sur de EE.UU. Pero el drama que viven tiene algo de fuerza y la incertidumbre por su destino parece llevarnos hacia un destino concreto… Y sin embargo, conforme avanza se va viendo lo contrario, una falta de rumbo cada vez más clara, una pérdida de interés y garra mientras crece la sensación de que es un melodrama televisivo de escasa calidad y profundidad a pesar del tono impostado.

La vida de la mujer afligida (Amy Adams) se inicia con menos intensidad, pero aun así la necesidad de entender por qué está como está a pesar de tenerlo todo logra despertar la atención. Aunque me temo que su viaje emocional tampoco da nada de sí, se ve también su nivel de telefilme: estructura básica, descripción de personajes muy limitada, recursos narrativos torpes y predecibles. Tenemos escenas que no aportan nada, como la anodina recreación de un día de trabajo (la escena del móvil cayéndose, la reunión). Hay elementos mal introducidos, como la hija, metida con calzador mediante una simple llamada telefónica. Y encontramos varias situaciones vulgares y sensacionalistas: ¿no había mejor forma que hablar del fracaso del matrimonio que con una aventura en un hotel?, ¿era necesario lo del aborto para mostrar que la relación anterior también acabó mal? Pero el momento que más claramente deja constancia del desastre que es el guion fue la aparición de la madre, tan simplona, tan evidente, tan mascada en el intento de dar unos orígenes a la protagonista y describir una personalidad que el realizador no es capaz de exponer con acciones relacionadas directamente con el argumento.

Las malas sensaciones se rematan porque la otra esperanza de la que pendía la película te explota en la cara como un burdo engaño. Te tiras media proyección esperando que surja de una vez una conexión entre los eventos de la novela y lo poco que nos desgranan de la relación pasada de la artista con su autor. Este enredo narrativo ha de tener un sentido, me decía, ha de haber una lógica tras dos historias contadas con tanto énfasis en su trascendencia emocional que cada vez parecen más tramposas y forzadas. Pero alcanzamos el final de cada sección sin que esa unión que prometía darle una nueva lectura a este desatino llegue a hacer acto de presencia. Bueno, en realidad se me ocurre una teoría medio factible, pero está muy cogida por los pelos y es bastante absurda. Se podría suponer que el libro es una venganza contra ella por haberlo dejado y haber abortado. Pero claro, cabe pensar qué clase de venganza es esta, y si los autores de esta cinta y el libro en que se basa están realmente defendiendo que una ruptura y un embarazo interrumpido merecería como represalia un secuestro, tortura y violación… Por no decir que, cuando te viene a la cabeza esta posibilidad, lo siguiente que se espera es que el tipo haga algo parecido con ella; por eso la llamada a la hija es una pista falsa descarada, pues al final no sirve para nada. Una vez el velo cae, lo que parecía albergar mensajes ocultos y una estructura encaminada hacia algo más grande resulta haber sido puro humo, el relato es tosco, torpe y manipulador como pocas veces he visto.

Pero aún hay más, pues ambas historias acaban fatal. La odisea del padre de familia desbarra en unos fuegos artificiales ridículos, con ese cambio de tono que pasa de lo realista y serio al western más disparatado. El sheriff, otro personaje comodín como la madre, está ahí únicamente para justificar la venganza contra los matones, y da vergüenza ajena a pesar del esfuerzo del gran Michael Shannon, pues el realizador no logra disimular que no es capaz de mover al rol de Gyllenhaal en esa dirección (su personaje sólo se lamenta y lamenta) y tiene que buscar una forma de echarle encima el desenlace. Pero no queda ahí la cosa. En la decisión del sheriff de ir a por los secuestradores no pesa una historia personal concreta, un sentimiento que haya ido floreciendo poco a poco, también explota por factores externos repentinos: ooooh, justo ahora me ha salido un cáncer mortal y me da igual todo. La trayectoria de la artista es demencial también. Después de tanta depresión, de tanto matizar penurias, remordimientos, anhelos… su evolución no llega a una conclusión, queda todo en el aire; por no decir que esto implica que… ¡el remate de la venganza del tipo este por haberla dejado hace la tira de años es plantarla en una cita!

Si el tramo inicial se caracterizaba por una narrativa aletargada, conforme el interés va cayendo y el efectismo tira por suelo la credibilidad, obviamente se diluye la poca conexión que hubiera con las imágenes, creciendo el sopor hasta un nivel que pocas películas me han transmitido. La última media hora es verdaderamente insoportable, y en los últimos minutos estaba maldiciendo en voz alta del cabreo que tenía. Si no fuera por su correcta fotografía e iluminación, el fantástico reparto (aunque telita lo de los Globos de Oro dándole el de mejor actor secundario a Aaron Taylor Johnson, el único que no ofrece un gran papel), y la preciosa música del prodigio que es Abel Korzeniowski, le hubiera dado con mucho gusto un monumental cero.

Tom Ford, aunque se dio a conocer en el cine con la aclamada Un hombre soltero, viene del mundo de la publicidad de grandes marcas de ropa y cosméticos, donde cosechó gran éxito. Animales nocturnos tiene esa esencia de anuncio: estética y emociones superficiales, pero sin contenido real; lo que no sé es si la novela de Austin Wright en que se basa es igual de deshilvanada y pretenciosa. Ford juega a ser David Lynch (Mulholland Drive) pero no pasa de estar en la onda de un Nicolas Winding Refn cualquiera (Drive, The Neon Demon, Sólo dios perdona): enredos visuales en débil equilibrio sobre un guion que persigue unas pretensiones que se le escapan por mucho.

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3 Respuestas a “Animales nocturnos

  1. Uthred 06/03/2017 en 13:15

    La verdad es que es una película extraña. Entiendo la metáfora de la novela y tal pero el final es una patada en los mismísimos cojones y es tan burdo : La venganza de el es DEJARLA PLANTADA, asi, como si fueran dos críos de instituto. Lo de los créditos no se si es lo mas tonto o lo mas gratuito que he visto en mucho tiempo, por no hablar del mal gusto. Vamos, me entretuvo pero yo no se donde le ven los “entendidos” los detalles, matices y simbolismos que señalan. Joder, si esto es de lo mejor del año, junto con ese otro tostón sobrevalorado llamado Moonlight que para colmo MEJOR película, apaga y vámonos. Saludos.

  2. Warren Keffer 06/03/2017 en 15:04

    Tengo Moonlight ahí muerta de asco, me da mucha pereza ponerme con ella.

  3. Uthred 06/03/2017 en 15:44

    Moonlight es el mismo caso de todos los años, criticas infladisimas, todo maravilla, pareciera que te cambiara la vida cuando la veas (en serio) y luego ni frio ni calor. A ver, la peli es buena y reconozco sus virtudes pero es un quiero y no me atrevo en toda regla. Aparte de que me parece que su temática no debería en los tiempos que corren de sorprender, pero en los USA están sensibles con el tema ( cuando les conviene claro,todo sea dicho). Yo pensaba que todos esos prejuicios a nivel cinematográfico los teníamos mas que superados ,pero no. Este año los Oscars han sido tan políticamente correctos que da hasta asco, había que cubrir la cuota racial. Saludos.

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