El Criticón

Opinión de cine y música

No respires


Don’t Breathe, 2016, EE.UU.
Género: Suspente, terror.
Duración: 88 min.
Dirección: Fede Álvarez.
Guion: Fede Álvarez, Rodo Sayagues.
Actores: Stephen Lang, Jane Levy, Dylan Minnette, Daniel Zovatto.
Música: Roque Baños.

Valoración:
Lo mejor: La atmósfera de suspense es fantástica, los sustos son numerosos y bastante efectivos.
Lo peor: Quizá su falta de trascendencia le impide dejar huella.

* * * * * * * * *

Alerta de spoilers: Sólo presento el argumento. —

Este es uno de esos casos atípicos que nos recuerdan que no tiene por qué ser un problema el que todo parezca estar inventado (en cualquier ámbito y arte, pero aquí obviamente me refiero al séptimo arte), pues una historia clásica e incluso predecible puede funcionar muy bien si se pone esfuerzo y pasión en ello, y, por supuesto, si sus autores están a la altura. El uruguayo Fede Álvarez demostró ser un gran artesano del cine de suspense con el remake de Posesión infernal, pero incluso con esas No respires ha sorprendido bastante. Su aspecto entre la serie b (en plan Saw) y lo comercial (como Insidious) echaba para atrás, pero por suerte el boca a boca ha ido transmitiendo sus virtudes y está ganando un poco más de fama; en taquilla ha llegado a 160 millones de dólares partiendo de un presupuesto de 10, y supongo que en dvd/bluray tendrá gran tirón. Veremos si la segunda parte, ya en marcha, lanza la saga al mundo entero o se queda con la etiqueta de “película de culto”.

La premisa es tan básica y poco prometedora… Unos adolescentes, un escenario cerrado, un loco asesino. Parece que no hay mucho margen para generar tensión por sus destinos y forjar una atmósfera que logre transmitir terror. El breve primer acto desde luego no apunta muy alto. Tras un prólogo fugaz e innecesario (dos minutos después te olvidas de qué era, y mejor, porque es un spoiler absurdo) nos presentan a un trío de jóvenes que asaltan casas. Unos pocos clichés tratan de dibujar una personalidad concreta antes de meterlos en faena, y si funciona es básicamente porque los actores, los tres jóvenes pero con bastante experiencia, resultan muy competentes, y porque se no consume mucho tiempo en el proceso. Sin duda podría haberse conseguido un guion que ofreciera una introducción más inteligente y original, pero viendo la celeridad con que acabamos dentro de la pesadilla se perdona: no importa mucho de dónde vengan, y no le prestas mucha atención a sus esperanzas sobre el futuro, lo relevante es el atraco que acaba convirtiéndose en una pesadilla y la intriga por cómo saldrán de esa situación.

Hay que decir que, una vez dentro de la pequeña casa, de nuevo parece que esto no va bien encaminado, pues tenemos una escena muy típica y tontorrona, la de la alarma que ofrece un momento de tensión forzado: se supone que sonará a los treinta segundos, pero puedes contar unos cuarenta y cinco… Pero de ahí en adelante el suspense emerge de golpe para no desvanecerse en ningún momento. El anciano propietario, un veterano ciego y afligido por la pérdida de su hija, se despierta… La presencia imponente e inquietante que logra Stephen Lang (Avatar) es digna de recordar. Sus movimientos, con unas poses animalescas espeluznantes, la gutural, áspera, y resquebrajada voz que se mete en los huesos (el doblaje es bastante bueno, pero aun así pierde bastante), la habilidad de Fede para hacer que llegue de improviso o que pase por el pasillo como un monstruo imparable mientras los protagonistas tratan de esconderse… Es increíble cómo con tan poco se puede conseguirse un villano de género tan memorable. Sin casquería (no es gore, como Posesión infernal), sin excesos, sino con sutileza y buen hacer. Incluso los giros más locos son muy eficaces, llegan en el momento justo, encajan en el argumento (todavía tengo atragantadas las paridas que metía Saw cada dos por tres) y aumentan el nivel de desconcierto y acojone de forma impresionante.

Fede exprime al máximo cada habitación, cada pasillo, cada precario escondite. Hace gala de una dirección sobria, metódica, con una visión de conjunto ejemplar donde pasa completamente del artificio facilón (no existen los cansinos sustos sonoros ni otros recursos baratos). Utiliza planos secuencia tan logrados como necesarios, hace un uso del silencio y la espera magistral, recurriendo lo justo y necesario a la correcta música de Roque Baños, y efectúa cambios de tono muy sabios que mantienen la angustia siempre a flor de piel (si repite una habitación, es en un estilo muy distinto: alucinante cómo exprime el sótano). Cada escena tiene su fórmula, y aunque algunas sean muy clásicas (el sótano a oscuras), el juego del escondite, la caza interminable, los subidones de estrés y miedo y los giros inesperados garantizan que no haya un minuto de descanso, un rincón seguro donde recuperar la cordura y buscar una salida. El factor previsibilidad lo sortea con destreza, en cantidad de ocasiones te coge desprevenido, crees que se está acabando todo y te lanza a otro clímax monumental (¡el puto perro!); y si no da igual, porque el ambiente sofocante te tiene atrapado y te engañará.

No respires es una experiencia tan inesperada como gratificante, si es que te gusta sufrir con una película. Quizá le pesa algo su falta de trascendencia, destacando el escaso recorrido emocional de los personajes, pero aun así se puede ver varias veces sin que pierda capacidad de entretener y de dejarte un mal cuerpo durante hora y media (por suerte no meten relleno para llegar a las dos horas, algo habitual hoy en día). Y desde luego, el primer visionado garantiza sudores, agobio y sustos en cantidad.

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