El Criticón

Opinión de cine y música

La gran muralla


The Great Wall, 2017, EE.UU., China.
Género: Aventuras, fantasía, cine cutre.
Duración: 103 min.
Dirección: Yimou Zhang.
Guion: Carlo Bernard, Doug Miro, Tony Gilroy, Edward Zwick, Max Brooks.
Actores: Matt Damon, Pedro Pascal, Tian Jing, Andy Lau, Hanyu Zhang, Willem Dafoe, Lu Han, Kenny Lin, Eddie Peng.
Música: Ramin Djawadi.

Valoración:
Lo mejor: El vestuario es alucinante. El carisma de Pedro Pascal.
Lo peor: El guion es vergonzoso, la puesta en escena horrenda, los actores se encuentran evidentemente incómodos, excepto el recién citado.
“Mejores momentos”: El tipo trabajando en la cocina con la armadura puesta. El protagonista que no quiere saltar desde las alturas… y salta desde las alturas.
La traducción: Se pasan toda la película diciendo “pólvora negra”, y me da que lo correcto sería “polvo negro”.

* * * * * * * * *

Alerta de spoilers: Supongo que hay spoilers, pero es que, como indico en la crítica, en cuanto se expone cada elemento sabes cómo se va a desarrollar todo.–

Ni con las expectativas al mínimo esperaba algo tan espantoso. Iba con la idea de ver una de acción tonta pero divertida, deseando que estuviera más en la onda de Independence Day (1 y 2), Hércules o Furia de titanes, es decir, un entretenimiento consciente de sus limitaciones y que va al grano explotando el divertimento, que en la de cagadas como El destino de Júpiter, Warcraft o John Carter, desastrosas por su narrativa caótica y torpe y lastradas un poco más por su obtusas pretensiones. Hasta obras hipertrofiadas e infumables como algunas entregas de El Señor de los Anillos, El hobbit y Piratas del Caribe (aunque sigo intentando entender su éxito entre el público), como El retorno del rey, Un viaje inesperado, La batalla de los cinco ejércitos y En el fin del mundo, casi parecen buenas épicas de aventuras al lado de esta. Sólo En mareas misteriosas se le acerca, y por aburrida y plana más que por ser ridícula; tengo que remontarme hasta Eragon para encontrar un nivel de vergüenza ajena semejante en el cine comercial de alto presupuesto, y sólo aberraciones como 10.000 la superan. Lo único bueno que puedo decir es que me han entrado ganas de recuperar El guerrero nº 13 y Master and Commander, las últimas grandes películas de aventuras.

En La gran muralla no parecen haber rodado con un guion detrás… pero tampoco con un director. Da la impresión de que a los pobres currantes les han contado el argumento y los han dejado a su aire para grabar como pudieran las escenas que encajaban en él; que hay que comer, oye. Sólo así me puedo explicar la chapuza narrativa, la nula progresión dramática, la trama sencilla pero destartalada y los personajes totalmente huecos. Sólo así se entiende que el repertorio de clichés y estereotipos, incluso en una época de escasez de originalidad e intelecto, sea tan abrumador, y en el mal sentido, porque acabé hastiado de tanta necedad en sólo un par de escenas.

Y mira que si comprobamos los créditos vemos escritores conocidos: Edward Zwick (El último samurái, Resistencia), Carlo Bernard y Doug Miro (Narcos… aunque también Prince of Persia), y Tony Gilroy (serie Bourne, Rogue One). Pero el panorama ante el que nos encontramos es desolador. Es como si hubieran pasado los Tauntaun, no perdón, los Taotie, y hubiera dejado solo los restos de una película y no hubiera sido posible recomponerla entera, quedando sólo un endeble armazón, un resumen tosco. La historia del héroe que se encuentra ante un pueblo oprimido y decide ayudar es un relato primigenio en la imaginación del hombre. La lógica dice que, si vas a tomar un argumento tan trillado, aportes algo distintivo o al menos hagas un esfuerzo para que el conjunto resulte lo suficientemente sólido como para aguantar el tipo. Usar a los monstruos como azote de estas gentes no es especialmente novedoso, pero con el tema de la muralla y la compleja organización del ejército y sus métodos de lucha desde luego parecía haber una margen para más. Pero, como digo, se limitan a lo más básico y lo empalman todo de mala manera. Apenas hay coherencia en un conjunto en precario equilibrio sobre unos pocos tópicos, y desde luego no hallamos ni una pizca de identidad propia o personalidad, de inteligencia y originalidad en toda la aventura, sus habitantes y sus diálogos. La simplificación y banalización de cada elemento llega a niveles inclasificables.

Tenemos el héroe responsable y el colega simpático y alocado más predecibles que puedas imaginarte. Soportamos a generales serios y rígidos… en el sentido de que son puro aburrimiento. Nos dicen que debemos enamorarnos de la chica dulce y atractiva… y aunque por suerte la ponen luchando, no siendo objeto de la misión del hombre, es insustancial también. Y aparece Willem Dafoe como recurso de la historia de la fuga, porque ni llega para denominarlo personaje. Si su definición y posición inicial es realmente vulgar, no esperes que vayan a remontar. Con todos sabes lo que va a ocurrir, lo que van a hacer, en cuanto empieza su nueva escena o nuevo tramo de la historia. Cuando el protagonista dice “Yo llevaré el imán”, ya intuí todo lo que iba a pasar.

Cada situación llega de sopetón, todo se desarrolla a trompicones, con explicaciones metidas con calzador. Ahora toca un ataque para exponer algo sobre la muralla o la naturaleza de los bichos, ahora un receso para romanticismo, ahora otro ataque sin sentido para que la heroína ocupe su lugar, ahora otra pausa para que el héroe se integre, ahora otro ataque para que el colega intente escaparse… Pero por todos los demonios, ¿es que no sois capaces de narrar algo que no sea de forma lineal, no sois capaces de unir dos capítulos mediante una transición tangible y atractiva? Y que conste que dejo de lado asuntos como por qué no usan las cuchillas de la muralla desde el principio en vez de descolgar gente que sólo sirve para carnaza, porque bueno, es efectismo barato sin más, una nimiedad comparada con el resto.

Esta catástrofe de estructura narrativa llega a límites inauditos con el cachondeo que hay con el héroe: en cada episodio enfrenta el dilema de si unirse a la lucha o no, y en cada uno de ellos pasa de rehuir de todo a unirse a ciegas sin más, para en el siguiente habérsele olvidado por completo su determinación. Aunque lo lógico es que el protagonista decida o madure al final, tras una evolución escalonada, una transformación según los eventos calen en él, todo ello expuesto con más o menos acierto (en el cine contemporáneo prima lo segundo), aquí estamos hablando de un nivel tan bajo de calidad que el estereotipo es lo único que tienen para ofrecer, y el pobre Matt Damon enfrenta el dilema como siete veces, en algunos casos con una dejadez vergonzosa, como cuando se enfrenta a la persecución y batalla final (al montar en el globo), donde se da la vuelta porque no quiere ir, pero entrecierra los ojos por la razón que sea y… zas, ve la luz y decide participar, o cuando, tras decir claramente que no va a saltar la muralla para luchar porque no confía en nadie, lo hace en modo suicida sin plan alguno y, atención, esperando que los demás respondan a sus acciones con plena confianza.

Los diálogos son entre sonrojantes y delirantes. Para empezar… ¿Que los distintos idiomas nos molestan porque tendríamos que trabajar un poco más en el guion y el rodaje? Pues hacemos que todos hablen inglés con todo el descaro del mundo. Y a partir de ahí el repertorio de sentencias cortas tan superficiales y evidentes como anodinas es asombroso, como si estuviera hecho a propósito para dar risa.

-¡Ahí está la reina!
-¡Ella los dirige!

Ovación en la sala.

Estoy convencido de que los tres o cuatro chistes medianamente graciosos que salen de boca de Pedro Pascal son improvisados, porque están a un nivel muy superior al resto de sandeces que vomitan los demás actores sin creérselo. En esto empezamos por Matt Damon, inerte, inexpresivo, aburrido, como si no estuviera a gusto; es engullido por Pascal de principio a fin, y eso que en la campaña publicitaria no parece existir. Los chinos, ninguno con carisma, en especial la chica, que para variar no pega en el personaje: demasiado joven, bella y limpia para ser verosímil en un escuadrón de élite de un ejército.

Para rematar, me temo que en lo visual no está a la altura tampoco. Salvo por el extraordinario vestuario, con unas armaduras y armas deslumbrantes, nada luce como se espera en una superproducción de 150 millones de dólares. Los decorados son muy parcos, un escueto cacho de muralla, un par de habitaciones y un salón; el único escenario destacable llega al final con la sala del emperador en el palacio, pero aparece brevemente, así que no sé para qué gastan el dinero donde no deben. Los efectos digitales son de serie b: la muralla y los ejércitos de monstruos cantan un montón; las criaturas vistas desde cerca son bastante mejores, pero tampoco impresionan. Y no lo entiendo, había recursos de sobra, estaba implicada la veterana ILM (Industrial Light & Magic), y la industria del cine china no es novata en grandes despliegues de decorados. Por ello, el contraste con el sobresaliente vestuario es muy llamativo (y por cierto, no podía dejar de pensar en una adaptación a imagen real de Los caballeros del zodíaco). En cuanto a la música, Ramin Djawadi ofrece una partitura en su línea: ritmos simples y repetitivos que parecen sacados de una lista de temas pregrabados; quizá no da más de sí… aunque viendo el estado musical del cine comercial, me da que es lo que le piden, y es otro que se gana su jornal y ya está.

Resulta que al final sí había un director tras las cámaras: Yimou Zhang. Por todos lados vendían que era un gran realizador, un destacado artesano a la hora de lograr películas épicas y hermosas. Desde luego, Hero, La casa de las dagas voladoras, La linterna roja y otras tantas de su currículo tienen mucha fama. Pero se largaría antes de empezar a rodar, digo yo. Lo que se ve aquí es torpeza, nula visión de conjunto, mala escenificación, fallida relación entre lo manual y lo digital, y pésimo trabajo en postproducción. De hecho el montaje es de lo peor que he visto en el gremio, así que las batallas, hipertrofiadas y absurdas fantasías (atención a las cuerdas elásticas), resultan un galimatías de planos mal cortados y unidos. El director no sabe dónde poner la cámara, las escenas son todas iguales, y cuando hay jaleo se pierde por completo. Si el grueso de la aventura se va a desarrollar en una parte de la muralla, qué menos que recrearla bien… Pero el decorado es pequeñísimo y se combina fatal con lo digital; cuando salimos de un limitadísimo plano fijo de frente parece que estamos ante un videojuego. En serio, ¿a dónde fue el presupuesto? ¿A pagar el centenar de traductores que tuvieron que mantener para llevar el día a día del equipo mixto de chinos y estadounidenses (no me invento la cifra)?

Hablando de dinero, las primeras estimaciones del estreno daban 75 millones de dólares en pérdidas, aunque por suerte repartidos entre varias productoras. Esto supone un gran varapalo para las intenciones de unir los mercados estadounidense y chino, aunque claro, si esas intenciones implicaban únicamente películas de este tipo, pues más bien hay que alegrarse.

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2 Respuestas a “La gran muralla

  1. rogerstark 06/03/2017 en 21:55

    Ya que nombraste a Principe de Persia, esa también anda entre las peores cintas que se han filmado en el último tiempo.

    PD: A Damon ya se le nota la cara de insatisfacción desde el póster XD

  2. Warren Keffer 06/03/2017 en 23:02

    Yo la del príncipe no me atreví a verla.

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