El Criticón

Opinión de cine y música

Ghost in the Shell


Kōkaku Kidōtai, 1995, Japón.
Género: Ciencia-ficción, thriller, anime.
Duración: 100 min.
Dirección: Mamoru Oshii.
Guion: Kazunori Itô, Masamune Shirow (manga).
Actores: Atsuko Tanaka, Akio Ôtsuka, Tamio Ôki, Kôichi Yamadera, Yutaka Nakano, Tesshô Genda, Iemasa Kayumi,
Música: Kenji Kawai.

Valoración:
Lo mejor: Premisa muy potente: el universo y las ideas planteadas dejan huella, invitan a la reflexión. El acabado visual y sonoro tiene mucha pegada y ofrece algunos tramos espectaculares.
Lo peor: No se logra el ritmo adecuado, tiene pasajes de relleno y exceso de diálogo (con algo de pedantería) que terminan haciéndola pesada.
Mejores momentos: El prólogo, la persecución, la lucha contra el tanque.
El plano: El árbol evolutivo destruido por una máquina.
El detalle: Los protagonistas beben cerveza San Miguel, pues en realidad es originaria de Filipinas y tenía cierto éxito en Asia antes de que la trajeran a España.
La pregunta: ¿Cómo funciona el camuflage de Kusanagi? Parece que se pone un velo para cubrir su cara, que por alguna razón no se camufla sola… pero el pelo, el arma que lleva al muslo, los guantes y medias sí se vuelven invisibles.
El título: “Ghost in the shell” es el alma o espíritu de la máquina, el rastro de humanidad que las distingue de las inteligencias artificiales.
El autor: Masamune Shirow es en realidad un pseudónimo de Masanori Ota, a quien le gusta el anonimato y se sabe bien poco de su vida.
La frase: Si el hombre ve que la tecnología está a su alcance, la aprovecha. Es algo instintivo.

* * * * * * * * *

La Sección 9 persigue los crímenes cibernéticos que atañen a la seguridad nacional. Su principal activo es la Mayor Motoko Kusanagi, una mujer con un cuerpo completo de cíborg, y su fiel Batou, también bastante alterado, entre otros detectives, como Togusa, quien no cuenta con añadidos tecnológicos. Su misión actual es ir tras un hacker misterioso y peligroso al que llaman el Titiritero. El guion de Kazunori Itô se basa en el manga creado por Masamune Shirow en 1989, aunque con una historia propia, menos centrada en las aventuras policiales de la sección y más en el aspecto existencialista derivado de la combinación de humanos, máquinas y redes de información.

Siempre me ha costado enfrentarme a esta película y a su análisis posterior, tanto a finales de los noventa, cuando empezó a conocerse por España, como al recuperarla años más tarde, pensando que con la madurez le sacaría más partido, como ahora que me he puesto en serio con la saga gracias al empuje de la esperada versión en imagen real. Podría resumir la experiencia de la siguiente manera: es un experimento digno de destacar e incluso alabar por su originalidad y sus profundas reflexiones, pero su plasmación en imágenes arrastra serios problemas de equilibrio en el ritmo y en sus pretensiones.

El problema principal es que la sobreexposición dialogada resulta cargante y confusa. No logran el tono más adecuado en el desarrollo de la intriga política y la investigación policial. De un tramo farragoso donde cuesta entender algo pasamos a un diálogo explicativo sonrojante (No olvides que nosotros somos la Sección 9 (…) ¿Qué trae al jefe de la Sección 9 a…? ¿Pero quién habla así?). Nos embarcamos en una maraña ininteligible de organizaciones y nombres de personajes que apenas han tenido unos segundos en pantalla, dando la sensación de que se potencia demasiado una intriga política que debería estar de trasfondo pero a la hora de la verdad eclipsa un tanto a unos protagonistas que no realizan un trabajo tangible en el caso. De hecho este avanza en sus momentos clave por situaciones que les caen encima. Por ejemplo, la figura inquietante que buscan, el Titiritero, acaba en sus manos por pura suerte, con lo que no llegamos a ver un desarrollo complejo de la investigación; de hecho la gran escena de persecución a un simple peón (la del recogedor de basura que acaba a tortas en un canal) a la postre parece puro efectismo: ¿por qué no reservarla para ir tras el enemigo real? Y al final es un agente secundario, Ishikawa (uno que apenas sale de refilón en algún momento y probablemente ni te fijes en él), quien resuelve también la conspiración, en esa escena en que los llama y explica todo. Es cierto que hay alguna situación donde se los ve trabajar, como la de Togusa analizando la llegada del comité de la Sección 6 a su edificio (comprobando las cámaras de seguridad y el peso de los coches), pero no parece esencial comparado con el resto. Y hablando de momentos innecesarios, se nota mucho que inflan el metraje con numeritos musicales de relleno porque no llegaban a una duración estándar de largometraje.

Así pues, aunque se presentaba inicialmente como un thriller policíaco, esta línea narrativa no llega a ofrecer nada especialmente llamativo más allá de la atmósfera tan efectiva de ciencia-ficción de corte ciberpunk. Se puede argumentar que el verdadero argumento resulta ser otro, el análisis sobre qué nos hace robots y qué humanos, la frontera difusa que plantea nuestro inmediato futuro. Pero precisamente por ello puede mosquear que te pases buena parte del metraje esforzándote en una trama que es cháchara de adorno, y en siguientes visionados, cuando sabes que no es tan relevante, deja la sensación de que la trama avanza exclusivamente para permitir una nueva reflexión en el momento en que se les antoja al guionista.

En cuanto la línea existencialista, hay bastante más enjundia, pero tampoco alcanza una armonía perfecta. Las reflexiones filosóficas resultan algunas veces un tanto pretenciosas, rebuscadas. ¿De verdad no había forma más clara y fluida de exponerlas? Así, la proyección, ya de por si lenta y difícil, se torna un tanto más farragosa, resultando sólo apta para quienes tienen paciencia y se abren por completo a propuestas atípicas y exigentes. Porque lo cierto es que al final, a pesar de sus limitaciones, es innegable el atractivo que posee, hasta el punto de que despertó admiración entre los espectadores que la fueron viendo poco a poco con el paso de los años gracias al boca a boca, convirtiéndola en una obra de culto. La originalidad del planteamiento, el sorprendente microuniverso que ponen ante nuestros ojos, lleno de tecnología, personajes e ideas que oscilan entre lo sugerente y lo fascinante, tienen el potencial de secudir e incluso conmover a los que no se atraganten con su ritmo pesado y su pedantería descarada.

A pesar de estar ya rozando el nuevo milenio, apenas unos pocos adeptos de estos géneros y ciencias dominábamos las nuevas tecnologías y podíamos intuir vagamente su impacto futuro, sobre todo gracias a que seguíamos a algunos escritores muy inspirados que atinaban a imaginar situaciones que nacían en la ciencia-ficción pero años después parecían más reales o incluso se han ido dando de manera aproximada. Desde Isaac Asimov y Arthur C. Clarke a William Gibson y Dan Simmons, el imaginario de estos talentos ha cimentado las bases de lo que explotaría Masamune Shirow en el manga Ghost in the Shell y Mamoru Oshii en su adaptación a pantalla grande. A los que llegaron a verla sin conocer los conceptos planteados por estos autores tuvo que dejarlos verdaderamente anonadados. Los más curtidos pudieron disfrutar igualmente de una actualización muy certera de esas ideas, pues aunque el guion no sea perfecto, el factor asombro y la huella que deja son notables.

El avance de las redes de información y las tecnologías y la conexión de la sociedad con ellas (destacando el trabajo de las fuerzas de la ley), más un aspecto visual arrebatador, nos trasladan muy bien a este particular universo. La visión del futuro atrapa desde el impactante prólogo y la posterior persecución, gracias a la combinación de diseño artístico (en parte obviamente deudor del manga), animación de gran calidad y una banda sonora hipnótica. Las secuencias más importantes, como la lucha cuerpo a cuerpo en el canal y la batalla final contra el tanque, resultan entre espectaculares y sobrecogedoras.

A través de este cuidado escenario futurista y de unos protagonistas crípticos e intrigantes pero bastante carismáticos nos introducen en un ensayo sobre la mismísima definición del ser humano, del yo, de la percepción, y cómo se transformará todo con la llegada de las inteligencias artificiales, las redes de información globales, las mejoras biotecnológicas, etc. ¿Cuándo dejamos de considerarnos un ser humano? Si alteramos los recuerdos y experiencias, ¿ya no somos la misma persona? ¿Y si modificamos el cerebro y la percepción? ¿Y si volcamos nuestro cerebro en una red informática sin cuerpo? Y finalmente, ¿una inteligencia artificial consciente podría considerarse un ser humano? Pero las ramificaciones éticas no se quedan atrás, con los dilemas sobre cómo una sociedad enfrentaría la gradual desaparición de la frontera entre robots y humanos. La moral, las leyes y las desigualdades sociales enfrentarán nuevos paradigmas. Además, todas estas disertaciones contienen innumerables citas y referencias a filósofos conocidos, con lo que quien quiera estudiar más el tema puede buscarlas y seguirlas.

No mucho después se dejó ver algo su influencia en algunos elementos de Matrix, como algunos recursos visuales (las letras verdes, las columnas destrozadas, las máquinas con forma de insectos) y las conexiones entre humanos y redes de información a través de la nuca. Pero lo cierto es que la obra de las hermanas Wachowski fue mucho más allá, logrando en un filme mucho más sólido y sobre todo entretenido, y por ello también su impacto fue mayor. Curiosamente, el legado de estas y otras del género (como Blade Runner), a pesar de su éxito, por lo general se limita a la reutilización de las técnicas de efectos especiales, mientras que la temática de ciencia-ficción con ciberpunk y tintes distópicos y/o apocalípticos no termina de adquirir la popularidad de otros géneros, ya sea porque se sigue considerando un gueto para frikis o porque no hay muchos escritores que se arriesguen con universos complicados que, si no salen bien, pueden caer en lo cutre con mucha facilidad.

Con el éxito del manga y de la primera película no tardaron en realizar nuevas adaptaciones, hasta el punto de que resulta un caos para el que llega virgen. Mi recomendación es ver las dos películas (tienen cierta continuación entre sí) y luego lanzarse a las dos series originales si tienes ganas de más. Películas: Ghost in the Shell (1995), Ghost in the Shell 2: Innocence (2004). Series: Ghost in the Shell: Stand Alone Complex (2002), Ghost in the Shell: S.A.C. 2nd GIG (2004), más un capítulo largo extra, Solid State Society (2006). El resto es rizar el rizo y no me resulta atractivo, no sé si habrá algo rescatable: Arise (2013-2014) es una nueva adaptación del manga con varias entregas, algunas remezclando capítulos (Alternative Architecture, 2015), aunque la última parte llegó a cines japoneses (The Rising, 2015). Para más información mira la Wikipedia.

Finalmente, tras años de rumores se ha realizado una versión occidental en imagen real, dirigida por Rupert Sanders (Blancanieves y la leyenda del cazador es lo único que ha hecho antes) y protagonizada por Scarlett Johansson, con lo que la saga sigue muy viva y llega cada vez a más espectadores. De tener éxito sin duda resucitarán otro proyecto que deambula desde hace años por Hollywood: Akira.

Anuncios

5 Respuestas a “Ghost in the Shell

  1. Cubano 31/03/2017 en 19:13

    Una película que marcó a una generación. Innocence no me dice nada y, por encima de esta pelícla, me sigo quedando con las dos temporadas de SAC. De hecho, me acabo de terminar la 1ª.

  2. Warren Keffer 31/03/2017 en 19:18

    Yo me la estoy viendo. Llevo tres capis nada más pero promete bastante.
    Innocence a mí sí me gusta.

  3. rogerstark 01/04/2017 en 4:35

    Sería genial que reseñes Code Geass, Full Metal Alchemist, Evangelion, Cowboy Bebop, Berserk…

    Las nombro como sugerencias.

  4. Warren Keffer 01/04/2017 en 12:51

    Salvo Cowboy que ha le he visto varias veces, esas no me llaman. Y que no puedo con tanta serie xDD
    https://tragandoseries.wordpress.com/2017/01/24/cowboy-bebop-temporada-pelicula/

  5. Cubano 03/04/2017 en 19:30

    Si te ves SAC y sigues con ganas de cyberpunk, te aconsejo Psycho Pass. La primera temporada está muy, muy bien.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: