El Criticón

Opinión de cine y música

Dioses de Egipto


Gods of Egypt, 2016, EE.UU.
Género: Aventuras, fantasía.
Duración: 126 min.
Dirección: Alex Proyas.
Guion: Matt Sazama, Burk Sharpless.
Actores: Brenton Thwaites, Nikolaj Coster-Waldau, Gerard Butler, Elodie Yung, Courtney Eaton, Bryan Brown, Rufus Sewell, Geoffrey Rush.
Música: Marco Beltrami.

Valoración:
Lo mejor: Tono alegre y humorístico bastante efectivo, aspecto visual muy correcto: es entretenida y divertida.
Lo peor: Pero el guion es en general tan pobre que bordea la vergüenza ajena, y como no la cojas de buenas se te puede atragantar.
La frase:
-Pues creo que debemos correr.
-¿Correr?
-¡Los mortales lo hacen todo el tiempo!

* * * * * * * * *

Dioses de Egipto no sorprende, ni para bien ni creo yo que para mal. Da lo que ofrecían sus avances, una más de acción y fantasía poco trabajada en el guion, pensando que cuatro tópicos y un buen presupuesto bastan para llenar las salas. Y de tanto abusar te las juegas a las modas: en su estreno tocó pasar un poco del género por saturación, y no se comió un rosco, y si da dinero será por el mercado doméstico (dvd/bluray y venta de derechos a televisión). ¿Por qué la mierda unas veces se recibe bien y otras no? Si la comparo con cómo degeneró El Señor de los Anillos, acabando con ese desastre de El retorno del rey o lo cutre que fue en general El Hobbit, viendo lo igual de rápido que Piratas del Caribe se hundió, o el infame tramo final de Harry Potter, o en general las mil y una entregas de cine basura que se reciben mejor, el varapalo de críticas que se llevó me parece excesivo. Igual de incomprensible me resultan las acusaciones de racismo y de poca fidelidad a la historia de Egipto que se llevó. ¿Pero qué demonios? ¡Que es fantasía! Lo más triste es que el estudio y el director tuvieron que pedir disculpas por el casting, y no por la calidad de la obra…

Estamos ante la misma plantilla vaga, superficial y llena de clichés de siempre. Tenemos al don nadie que acaba, sin comerlo ni beberlo, metido en una aventura de la que depende el destino del mundo, aunque a él le importa bien poco, pues generalmente estos personajes no muestran motivaciones claras (los cansinos Aragorn, Frodo, Harry Potter, John Carter… ¿qué demonios empuja a esta gente para sacrificarse tanto?) o, cuando las tienen, son pueriles. El aquí protagonista, Bek, quiere follarse a una joven atractiva (sobre todo gracias al invento egipcio del “wonder bra”…). Y para ello remueve cielo e infierno sin perder la sonrisa en ningún momento, supongo que porque está majara perdido. Lo acompaña otro rol-pasota de cuidado, el dios caído en desgracia que tiene que volver a encontrar algo por lo que vivir y abrazar la responsabilidad, en plan Disney total, incluyendo el giro final donde por fin ve la luz. El villano quiere caos y destrucción, porque… porque es un villano. Las mujeres son floreros, aunque una de ellas de vez en cuando mete mano en la historia; no se sabe muy bien por qué, resulta que tiene un brazalente-comodín que resuelve un par de escenarios. La aventura sigue el mismo esquema de siempre también. Un viaje lleno de magia, monstruos y acción que llegan en fila sin una cohesión clara (al estilo Furia de titanes e Ira de titanes), simplemente por el hecho de poner ante nuestros ojos secuencias supuestamente atractivas.

Pero de lo simplón a lo repelente hay, aunque sea, un paso, y Dioses de Egipto, aunque bordea la vergüenza ajena, para mí se salva por el simple hecho de que es consciente de ello, es honesta, al contrario que muchas de las citadas, que van de grandes épicas de aventuras y acaban haciendo el ridículo. Ya sea porque el guion coge bien el punto de aventura distendida sin relevancia o porque el director vio que esto sólo podía funcionar si se no se lo tomaba en serio, el desparpajo y la alegría con que se narra funciona a la hora de sobrevivir a sus nulas ambiciones.

Hay cantidad de diálogos cómicos, sencillos y tontorrones muchos, pero otros ingeniosos o al menos bien colocados, que salvan escenas que podían haber sido muy pobretonas y permiten que los flojos protagonistas tiren más hacia lo divertido que hacia lo cargante. La relación entre el humano de baja clase social y el dios que fue de los más poderosos se libra de caer demasiado en los clichés con un dinámica bastante graciosa. Secuencias que abrazan sin disimulo la comedia loca, como cuando van a pedirle al dios inteligente que los ayude a resolver el acertijo, reviven situaciones que parecían destinadas a ahogarse y arrastrarnos con ellas. Y el carisma de Nikolaj Coster-Waldau (Horus, el dios que acaba siendo bueno) y Gerard Butler (Set, el malo) también da un empujón extra a sus roles; el joven Brenton Thwaites como Bek en cambio no da la talla: una cosa es que la película no sea muy seria, otra que el prota parezca estar de fiesta. Con todo, gracias a esos diálogos chispeantes no resulta molesto a pesar de ser otro personaje principal hueco y olvidable que sumar al género.

Pero, sobre todo, la cinta se salva porque tiene un ritmo trepidante y un aspecto visual imponente que no dejan que aparezca el aburrimiento. El presupesto, sin ser estratosférico (140 millones contra los 200-250 habituales en estos tiempos en superproducciones), está bien exprimido en un trabajo que exige mucho del apartado de diseño artístico y efectos especiales. Toda escena está cargada de trucajes y digitalizaciones, y la combinación es bastante buena en general, con picos excelentes (los paisajes falsos, las armaduras); sólo se nota alguna limitación en alguna escena en la ciudad (algún edificio o pantalla de fondo se nota un poco), pero nada grave, y desde luego no como para echar pestes como han echado en muchas críticas. ¿Pero qué película han visto? ¿Y esta misma gente alababa la escasa calidad de los efectos especiales de obras con más presupuesto, como El Hobbit? Las luchas contra diversos monstruos o dioses ofrecen escenas de acción más que decentes, y más sabiendo lo saturados que estamos de este tipo de cine. Alex Proyas huye de trucos baratos, como meter lluvia y oscuridad y agitar la cámara, y logra momentos bastante épicos, como la pelea contra las serpientes gigantes. Para rematar, la banda sonora de Marco Beltrami en plan Jerry Goldsmith es bastante potente.

Así pues, Dioses de Egipto, dentro de la fantasía y acción de usar y tirar, me ha parecido más digna que muchos títulos que incomprensiblemente alcanzan más éxito. Eso sí, también cabe preguntarse de nuevo por qué ese empeño en que un entretenimiento ligero tiene que partir del guion más básico y tonto que encuentres.

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