El Criticón

Opinión de cine y música

Alien: Covenant


Alien: Covenant, 2017, EE.UU.
Género: Suspense, ciencia-ficción.
Duración: 122 min.
Dirección: Ridley Scott.
Guion: John Logan, Dante Harper, Michael Green, Jack Paglen.
Actores: Michael Fassbender, Katherine Waterston, Billy Crudup, Danny McBride, Amy Seimetz, Callie Hernandez, Jussie Smollett, Carmen Ejogo, Guy Pearce.
Música: Jed Kurzel.

Valoración:
Lo mejor: La parte de los androides y el papel de Michael Fassbender. El póster con la cabeza del alien, más inquietante que toda la película.
Lo peor: El guion es un desastre… ¡más grande que el de Prometheus! El ritmo es negligente, los personajes dan vergüenza ajena, excepto los robots, la trama es insustancial y previsible salvo por un par de segmentos, y deja la sensación de que se traiciona demasiado a la serie, de que las nuevas ideas terminan desbarrando en sinsentidos o en soluciones poco emocionantes. El reparto, excepto el citado, no impresiona lo más mínimo. Ridley Scott dirige con desgana. De nuevo los tráileres destripan más de la cuenta.

* * * * * * * * *

Alerta de spoilers: Hasta el próximo aviso no contiene ningún dato revelador más allá de una descripción del argumento.–

El desarrollo de la saga Alien ha sido un caos muy grande y ha traído más disgustos que alegrías a sus seguidores. Desde el éxito de la primera película estuvo claro que era rentable hacer más, que el atractivo del alienígena y del potente personaje principal, Ripley, eran un valor seguro. Bueno, siendo realistas, en cada nueva entrega ha habido unas pocas reticencias por ser ciencia-ficción adulta, que no es tan vendible como otros géneros, pero también era evidente que contaba con bastante fidelidad asegurada y un gran potencial para atraer a nuevos espectadores. Esto queda demostrado con que tras casi cuarenta años siguen pariendo nuevas secuelas, a pesar de que los productores la han liado bastante, improvisando cada proyecto de mala manera de forma que el milagro de Aliens fue un caso aislado y en los siguientes capítulos la desorganización y los egos propiciaron una caída de calidad notable.

Cada película supone una traición más o menos importante a la anterior, y sólo Aliens ofreció giros satisfactorios. Allí pasamos del terror puro a lo bélico, pero sin perder la esencia original: daba miedo y era claustrofóbica como su predecesora, y todas las nuevas ideas que aportaba fueron muy acertadas. En Alien 3, después de marear la perdiz con guiones de todo pelaje, sacrificaron lo andado, sin vergüenza alguna además, pues se cargaron a dos protagonistas muy queridos, Hicks y Newt, para dejar a Ripley sola otra vez y así intentar volver a los orígenes a pesar de que nadie lo pedía. Pero resultó una imitación bastante aburrida e incapaz de provocar pavor. En Alien Resurrection la situación también se descontroló, y acabó siendo una aventura más ligera, con toques de comedia incluso, dejando de lado la premisa de suspense y terror sin disimulo alguno. Al menos es muy entretenida, eso sí.

Prometheus devuelve la saga a manos de Ridley Scott, uno de sus principales artífices. En realidad Alien fue ideada y escrita por Dan O’Bannon, pero hay que contar a Scott y también a H. R. Giger, el diseñador artístico, como los otros pilares fundamentales. Scott ha afirmado estar asqueado, como todos, de la deriva de la saga, y quiere recuperarla con una nueva perspectiva. En este retorno pretende ir a los orígenes del ente alienígena tan misterioso, pero entre las imposiciones del estudio (otra vez con cambios de ideas y de guionistas) y que no estuvo muy atinado, nos trajo explicaciones insuficientes e inclinaciones filosóficas de baratillo en una cinta bastante floja.

Finalmente llegamos a Covenant, que promete, en un segundo intento, abordar la mitología del ser, poner orden en el desbarajuste de la trama y levantar el nivel cualitativo. El que hayan contado entre los guionistas con un peso pesado como es John Logan (Gladiator, El último samurái, El aviador, La invención de Hugo, Skyfall…) parecía indicar que se han tomado el proyecto más en serio. Pero me temo que el resultado ofrece un desastre aún mayor, es la peor entrega, y la más desatinada en cuanto a historia. Aunque se suponía que iba a narrar las andanzas de Shaw y David (tanto que se llamaba Prometheus 2), la sensación que dejó Prometheus en el ambiente fue bastante mala a pesar de su correcto recorrido en la taquilla y en el mercado doméstico, así que el proceso tomó otra vez el rumbo de la improvisación. Es difícil deducir, a la hora de escribir este artículo, cuánto fueron alterándose los planes iniciales (no se han filtrado versiones previas del guion ni hay declaraciones que den pistas, como sí ha ido pasando con Prometheus con los años), pero sí está claro que el estudio obligó a sacar el clásico alienígena de aquella para iniciar una serie distinta, pero ahora lo quiere de vuelta, y Scott ha rodado de nuevo cambiando de ideas sobre la marcha, como si no encontrara el rumbo, anunciando cada poco tiempo que se estaba alejando cada vez más de lo visto en el capítulo inivial de esta nueva línea, dando la impresión de que iba a dejar colgado todo lo que allí se propuso, a hacer la vista gorda.

Pero una vez estrenada Convenant nos encontramos con que la película es en el fondo una repetición apenas disimulada de Prometheus, que cuenta con el mismo esquema narrativo y aborda las mismas ideas aunque sea con otros protagonistas y pequeñas diferencias en los hechos. Es decir, es otra vez llegar a un planeta e ir muriendo de uno en uno en una poco inspirada aventura de suspense y acción, mientras de fondo se desarrolla un burdo ensayo sobre la fe y el creacionismo puesto en boca de personajes mediocres cuando no ridículos. Y para colmo, el intento de avanzar hacia alguna parte, cuando llega, no funciona, ofrece nuevas y absurdas traiciones a la serie, haciendo la historia cada vez menos atractiva y con más agujeros.

Que Scott diera un giro más reflexivo y espiritual a una saga que se aferraba a una combinación del terror alienígena con el humano (la corporación Weyland siempre fue la que nos llevaba a caer en las garras del bicho, en un clásico pero efectivo “el hombre es el peor enemigo del hombre”) no tenía por qué ser malo, pues la ciencia-ficción permite ir por infinidad de caminos, e incluso se podría decir que una renovación de ideas era bastante necesaria. Pero, como en Prometheus, no se sabe en ningún momento a dónde quiere llevarnos, las cuestiones que plantea son banales, quedándose en conceptos muy primarios (“¿hemos sido creados?”, “yo tengo fe a ciegas”), sin profundizar lo más mínimo en ninguna ramificación y desde luego sin dar respuestas convincentes a los pocos y obtusos pensamientos planteados. Y como es de esperar, el dibujo de los personajes se topa con esa visión tan inmadura, superficial. ¿Cómo pretendes sumergirte en la espiritualidad y creencias del ser humano con una descripción tan frívola, tan pueril, del mismo? Los conflictos de creencias son delirantes, pero lo mismo se aplica al resto de dilemas, decisiones y acciones que enfrentan: no guardan lógica ni seriedad alguna. Los científicos elegidos para liderar una misión de gran importancia son memos sin formación que no respetan la cadena de mando, que se toman todo como un juego, que no entienden realmente de ciencia (ni un protocolo de seguridad e investigación decente, es todo más disparatado que en Prometheus), que se mueven por impulsos inmaduros, poniendo en peligro a sus compañeros y la misión (¡2.000 colonos criogenizados!) por el capricho de turno, sea que uno quiere hablar con la novia (abundan los romances de corte adolescente) o cualquier otra sandez.

Así pues, nos volvemos a encontrar con que los protagonistas son muy aburridos, rematadamente estúpidos y por extensión inverosímiles, resultando cargantes desde sus primeras apariciones. Sólo se salvan los dos androides, Walter y David, encarnados ambos por Michael Fassbender. Son los únicos con una pizca de personalidad y unas motivaciones llamativas, con una evolución digna. Muestran el potencial que había y tanto se desaprovecha. La interpretación de Fassbender es de las difíciles, de las de mostrar intenciones y pensamientos ocultos con sutileza, y encima en dos personajes distintos, y está fantástico. La protagonista, Daniels, es un cero absoluto en carisma, en parte por el pobre papel de Katherine Waterson, pero sobre todo porque no presenta ninguna forma de ser concreta, ni anhelos ni metas. Su única aportación medianamente intelectual es una simplona discusión con el capitán, y el único interés que le conocemos en esta gran aventura es hacerse una cabaña en el nuevo mundo. Luego simplemente se dedica a copar todos los planos sin que sepamos qué piensa, cuánto sufre, qué quiere y qué podría hacer. En Prometheus, Noomi Rapace era capaz de levantar un personaje central inicialmente bastante tonto, pero Waterson no da la talla en ningún momento. El nuevo capitán tampoco pasa el corte menos exigente, es un panoli sin determinación ni dotes de liderazgo, otra descripción que no encaja en un tipo que ha alcanzado un puesto tan exigente, y Billy Crudup tampoco deja huella. El resto de la tripulación son peleles a los que no se les confiere identidad, y menos aún cuando empiezan a caer en los agujeros del guion. En Prometheus, aunque fueran malos personajes y acabaran haciendo el gilipollas, al menos te hacías una idea de quién era quién y a qué se dedicaba, aquí sólo he sido capaz de identificar a varios pilotos, y por supuesto no me importaba lo más mínimo lo que les pasara a ninguno de ellos, así que el resto ni te cuento.

Como es obvio, sin protagonistas con tirón es difícil enganchar, y para empeorar las cosas la aventura es rematadamente insulsa, mucho más lenta y aburrida que Alien 3, y la más previsible de toda la saga. El primer acto se hace eterno. Los líos en la nave son intrascendentes, no resultan excitantes ni sirven para exponer como es debido a los protagonistas. La llegada al planeta de turno se hace de rogar, llega sin forjar una atmósfera de intriga, sino con una parsimonia cansina, y una vez allí empieza la fiesta. Pero en el mal sentido, porque en el arco central se acumulan las tonterías hasta convertir la película en una comedia involuntaria, y garantiza risas en cantidad. Los detalles, aunque todo es predecible hasta el hartazgo, los considero reveladores, así que los dejo para luego. Pero aquí también hay un pequeño giro que salva de la más absoluta ignominia a la proyección: la trama toma una nueva perspectiva bastante prometedora cuando los dos androides se enfrascan en un duelo moral e interpretativo. Deja un par de escenas muy sugerentes y promete encaminarnos por fin hacia algo mejor…

Pero el envoltorio hace aguas por todas partes, con esas situaciones rocambolescas que tiran por tierra no sólo la consistencia global, sino cualquier intención de generar intriga o incluso terror, y finalmente esa nueva línea no termina de despegar, la cinta vuelve a decaer bastante en su tercer acto. De repente Scott se obsesiona por la acción aparatosa, cambiando el género de supuesto suspense por prácticamente una de superhéroes. Los personajes que quedan, de inútiles y pasmaos pasan a ser valerosos y resolutivos en un visto y no visto, pero además en una línea exageradísima, como si estuviéramos en un capítulo de Los Vengadores de Marvel. Pero, de nuevo, sin conexión con los protagonistas no hay manera de emocionarse, y para rematar, las secuencias de acción son tan hipertrofiadas que me sacaron por completo de una narrativa que antes era opuesta, fría, apática.

Scott se queda un poco corto donde siempre suele brillar: el aspecto audiovisual no cautiva. El acabado no es tan impactante como el de Prometheus, que conseguía ser entretenida e incluso bastante intensa en algunos tramos a pesar de sus deficiencias, ni tampoco aguanta el tipo comparada con Alien 3 y Resurrection, bastante efectivas a su manera en lo visual aunque no cogieran el punto a la esencia de la saga. Aparte de que Scott no consigue sacar nada del atroz guion, también se hacen evidentes otros motivos: se nota la falta de confianza del estudio, que le dio sesenta millones menos de presupuesto que a Prometheus, los escenarios principales carecen de originalidad y capacidad para sobrecoger (gran parte de la aventura transcurre en parajes naturales), y las partes más importantes se plantearon, supongo que por buscar algo más comercial, como de acción básica, no de atmósferas trabajadas. La recreación de la nave Covenant es bastante buena, pero en cambio el escenario nuevo que debe sorprender lo hace más bien para mal, porque no parece muy verosímil ni se aprovecha en esta narrativa tan poco estimulante. Es que el poco nivel arrastra hasta a la banda sonora, que en disco suena vibrante, a ratos espeluznante, pero en la película no cala lo más mínimo; solo el tema central de Prometheus, al que recurren un par de veces, se hace notar. Scott es bien conocido por destrozar la labor de los músicos.

Después de la leve remontada del segmento central, el tercer acto se me hizo larguísimo y el aparatoso clímax no recuperó mi atención, estaba totalmente desconectado en esas secuencias de acción desmedidas pero huecas. Y el final no mejora las impresiones. La idea de dejarlo abierto a nuevas secuelas no funciona, es un desenlace insustancial, predecible y nada atractivo de cara al futuro. Nos han engañado dos veces, pero no deberían engañarnos una tercera… ¿O no?

Sorprendentemente, las críticas profesionales son bastante correctas, poniéndola incluso por encima de Prometheus. El público es más duro, pero aun así, desde mi punto de vista, le han llovido pocos palos, porque es pésima hasta dejar atrás la serie b y caer de lleno en el cine cutre, es decir, el que hace gracia por estúpido. Hasta las de Alien vs. Predator tenían algo de dignidad: sabían a lo que iban, la saga les importaba bien poco y en general carecían de pretensiones más allá de ganar algo de dinero.

Alerta de spoilers: A partir de aquí destripo a fondo con todo detalle.–

Para no hacerlo aún más largo desarrollando un texto coherente, hago un resumen en modo de listado de todo lo que va ocurriendo, las cagadas que hay, sean deslices o agujeros de guion claros, las soluciones mejorables, las ideas poco gratificantes… Porque prácticamente no hay nada que rescatar… Y todo esto es lo que he visto en un único visionado…

PRIMER ACTO

-Me voy a desdecir nada más empezar, porque el prólogo augura otra clase de película. Su tono pausado, reflexivo, inteligente, atrapa, casi resulta cautivador, y además se explican un par de interrogantes de Prometheus, como señalando que el relato que vamos a ver va a ser, como esperábamos, más serio, profundo y coherente. Conocemos a Weyland, y a David en sus primeros pasos en su vida de androide. El que apareciera Guy Pearce maquillado de viejo en Prometheus, algo que parecía absurdo, se justifica, las motivaciones de su rol quedan más claras, que allí parecía un viejo caprichoso, y la personalidad de David queda mejor definida, pues allí parecía actuar aleatoriamente. Weyland lo tiene todo menos respuestas espirituales: ¿de dónde venimos, cuál es nuestro propósito, fuimos creados, y si fue así, hubo alguna razón?, y esto lo lleva a crear a David, un robot con más independencia y curiosidad que los salidos en la línea de fábrica, un hijo que pueda continuar su legado o ayudarlo a entender estas cuestiones; porque por alguna razón su hija, Vickers, no le caía bien (esto en cambio no se aclara). Y David se contagia rápido de esa actitud, con un sutil diálogo nos lo muestran empezando a plantearse cosas y a buscar respuestas. De ahí al David fanático que vemos en el tramo final hay un paso bastante bien justificado. Pero me temo que es lo único que da de sí la película, una vez pasada esta presentación se sumerge en un “morirán todos en fila” sin pegada y con situaciones que provocan más risa que cualquier otra emoción. Apenas recupera el nivel levemente en esas pocas partes en que David vuelve a pasar a primer plano, y ni por asomo son suficientes.

-La introducción del resto de protagonistas es lamentable. La pequeña escena de acción que sirve para intentar entrar con fuerza resulta precisamente un tanto forzada. La excusa es poco creíble: una nave tan avanzada, y una simple tormenta energética estándar en el universo los deja tiritando, por no decir que eso de llevar miles de cámaras criogénicas (2.000 colonos) colgando de percheros, expuestas a cualquier turbulencia, es bastante insensato. Pero el problema principal es que la situación no atrapa lo más mínimo, ni nos pone ante protagonistas sólidos y atractivos. La muerte del capitán original es confusa: ¿fichas a un actor como James Franco para dos líneas de diálogo en una escena-recuerdo que parece una toma eliminada de 127 horas? Entre eso y que las primeras imágenes y vídeos promocionales lo mostraban vivo por la nave, como señalaba está claro que ha habido cambios de ideas sobre la marcha, para cumplir con los rodajes improvisados de la serie. El nuevo capitán apunta bien bajo, con esa actitud de marinero de tercera que se ha encontrado inesperadamente con el mando. Del resto ninguno llama la atención. Los pocos dilemas planteados sobre fe, ciencia y moral son vulgares, de hecho el tono de los diálogos empieza a provocar una sonrisilla de “pero qué cutre es esto”.

-Entramos en materia con un giro aún más cogido por los pelos: no escuchan la transmisión hasta que hay un tipo afuera, reparando cosas a decenas de metros de la nave, porque “el circuito interno de comunicación lo impide” (o algo así). Vamos, que van ciegos por la galaxia, menuda tecnología.

-Estamos en una nave colonizadora, con un proyecto y un estudio detrás monumental que ha seleccionado un planeta para establecerse, pero deciden probar otro lugar con gran potencial que se han encontrado por el camino… Suena un poco arriesgado, pero oye, parece que la nave tiene una movilidad asombrosa por el espacio, que no tienen problemas para desviarse unas semanas a investigar, y contando con eso, no sería lógico despreciar a la ligera una posibilidad tan llamativa. O sea, se puede perdonar. Lo que no es perdonable es todo lo que viene después.

-Aterrizan con un análisis somero de la atmósfera: “Se parece a la de la Tierra”. Pues ale, descendamos sin trajes protectores, ni una mísera mascarilla, y aterricemos a ciegas en el primer sitio que veamos, en la orilla de un lago cuya estabilidad y peligros desconocemos, aunque hay un claro más adelante, más cerca de la señal.

-Nadie se cuestiona ni se asombra de estar ante un planeta con una naturaleza exuberante. ¿Pero esto es Alien o no? En esta serie no se ha encontrado vida por ninguna parte hasta la aparición del xenomorfo, que pocos han conocido, y la colonización que hemos visto (Aliens, Alien 3) es tosca, con procesadores de aire que apenas hacen respirable el entorno. Vale, podemos aceptar ahora el giro o la ampliación planteada por Scott: los humanos son capaces de terraformar a lo grande algunos planetas más adaptables y sencillamente no lo habíamos visto. Pero estamos a diez años de Prometheus, en los inicios de la colonización de la galaxia, de hecho en el tráiler dicen que es la primera gran misión de colonización (creo que en la película no aparece esto). ¿Cuánto se tarda en terraformar un planeta entero? Sólo los árboles que vemos tienen décadas de edad. Un personaje dice que llevan madera para construir casas (por puro romanticismo, se ve que sobra espacio de carga), lo que señala que lo que han encontrado no parece lo normal. Queda todo muy confuso: o explicas bien que terraformaciones así son posibles en tu nueva versión de la serie, o los personajes son absurdos. Apenas se asombran de que haya trigo, pero en cambio luego se cuestionan que no haya vida animal, como si la esperaran.

-Por cierto, me pregunto por qué llevan miles de embriones también. ¿El ser humano se ha quedado estéril? En la tripulación están todos emparejados y tonteando todo el rato, de forma que esto parece un capítulo de una serie sobre adolescentes, pero no confían en que los colonos sepan meterla. La idea de que las tripulaciones estén formadas por parejas se plantea bastante en la comunidad científica a la hora de pensar en cómo serían los largos viajes espaciales: se supone que aportaría estabilidad y reduciría el factor soledad. Pero si nos tomáramos en serio esta película es una idea a descartar rotundamente: tienen discusiones irracionales y acaloradas que perjudican el buen desarrollo de la misión, e incluso llegan a anteponer el amor sobre el bien común en situaciones de peligro.

-El capitán se pone en marcha con toda la tropa hacia la señal de radio, que está a tomar por culo porque la piloto ha aparcado donde le ha dado la gana y cualquiera le rechista. Como castigo la dejamos sola sin protección, que pase un poco de miedo en este planeta desconocido. Las motivaciones me las estoy inventando, porque no hay otra explicación para tanto sinsentido. A medio camino, otra decide quedarse ahí para analizar cosas. ¿Pero la misión no es localizar la señal? Nada, cada uno va por libre improvisando lo que le apetece hacer. También me pregunto para qué llevan un pequeño rover (y vetusto), que se ve de refilón pero no le dan utilidad.

-¡Vamos de excursión científica, guayyyy! Toqueteemos todo sin miramientos, pongámonos a coger muestras de agua y demás ahora, ya analizaremos si el entorno es peligroso o no más tarde, que somos científicos, los contagios de patógenos desconocidos nos dan igual. Y anda que el tipo que va tirando colillas al lado de donde cogen muestras… qué profesionalidad. Mientras, la protagonista ya se pone a hablar de establecerse, de hacer cabañas, en este claro con vistas al lago. En el primer lugar del planeta que han pisado. Lo mismo hay sitios maravillosos un kilómetro más allá. Además, el claro es minúsculo, ¿dónde piensan cobijar a los 2.000 colonos? No parecen entrar en sus planes.

-Hostia, una nave alienígena… Ninguna expresión de asombro. El único diálogo que señala una emoción es verdaderamente risible: ven las estatuas de los ingenieros con traje y dicen “Qué guay” (cito de memoria, pero era una expresión semejante). Y ya está.

-Qué casualidad que en esa pedazo de nave encuentren con tanta facilidad la identificación y la foto de Shaw, ¿no? Luego abordo esta cuestión. La cosa es que os reto a contar la de veces que enfocan a la foto de Shaw a lo largo de la proyección…

-Para rematar la misión, es que ni tienen el equipo adecuado: la lanzadera carece de esclusas y zonas aisladas para entornos no habitables, y el protocolo de contagios consiste en “Pasa sin tocar nada” (literal, es un diálogo literal), como cuando acabas de fregar y no quieres que te ensucien el suelo tan pronto.

-Porque, oh, sorpresa, sorpresa, las esporas que han toqueteado han contagiado a algunos con un alien, una especie de proto-xenomorfo (que nace por la espalda y no por el pecho, ¡qué original!), y ahora estas mentes preclaras quieren volver a la nave a toda costa, sin importarles la seguridad de sus compañeros y la de los demás colonos.

-La escena de nacimiento del primer proto-alien supera todo lo que íbamos viendo de comedia involuntaria, se convierte en puro slapstick, cine de tortas de los años veinte. La piloto resbalándose y tropezando una y otra vez, liándola parda como en la locura más loca ideada por Buster Keaton.

-Llaman al capitán por esta emergencia y se lo toma con una calma increíble. Cuando por fin parece que su grupo va a llegar, aparecen más bichos. Más adelante, cuando nos explican lo que ha pasado en el planeta, resulta que no tiene sentido: ¿cómo han nacido si son nuevos (y hay que ver cómo crecen en minutos) y de qué se han alimentado si ya estaban ahí?

-Están siendo atacados por entes desconocidos y, en vez de hacer una formación defensiva y poner vigilancia entre oleadas, va cada uno por libre. El capitán se entretiene cien metros más allá, viendo la lanzadera arder mientras los otros están a tiros; se ve que los aliens no lo ven.

-La falta de medios y la incompetencia se ve superada de nuevo, aunque pareciera imposible. Llevan una nave con 2.000 colonos e infinidad de material de colonización… ¡y tienen una sola lanzadera minúscula! Entonces, arriesgarla es una maniobra mucho más negligente de lo que ya iba siendo esta excursión.

-Mientras tanto, los que han quedado en la Covenant en órbita son igual de imbéciles que los de abajo. El piloto se empeña en arriesgar la vida de los 2.000 colonos, toda la misión, por charlar con su novia un rato cuando todavía no hay señal de que estén en peligro. Los oficiales que van con él dicen reiteradamente que no, que es una locura, pero no va a ser este el único momento de dignidad y raciocinio, que desentonaría mucho, así que al final asienten con la cabeza sin más. Además, es imposible tomarse en serio a Danny McBride, un actor que hasta ahora sólo hacía comedias de humor chabacano (Caballeros, princesas y otras bestias, Juerga hasta el fin), y claro, con los diálogos tan tontos no sabes si buscan humor en un momento serio o es todo así de cutre. Y todo porque los autores quieren meter un poco más de tensión. ¿Qué costaba que estuvieran comunicados todo el rato? Sabemos que al final se comunicarán, si no pones un problema verosímil de por medio la intriga no va a funcionar. Y si es tan forzado e incluso disparatado, pues apaga y vámonos.

SEGUNDO ACTO

-Llega David para salvarlos con una bengala (porque repentinamente se ha hecho de noche, y menuda suerte, a los proto-aliens sólo los asustan las bengalas…), y con él empieza el único tramo medio rescatable. La sorpresa de que haya una civilización es bastante interesante, esperamos con ansias que aparezca Shaw, que nos narren el relato de su viaje, que expliquen qué pasa en este planeta y qué es esa ciudad… Pero poco hay que rascar, siguen acumulándose las paridas y los giros malogrados, alguno incluso bastante insultante.

-En Prometheus dije que aterrizaron sin mirar si había más naves o incluso ciudades un poco más allá. Aquí igual… ¡y sí que hay una ciudad, como a un mísero kilómetro de distancia! Eso sí, siguen sin sorprenderse mucho, esta gente es incompetente pero impertérrita.

-Con qué facilidad confían en David y bajan la guardia. Se pasean por sus dominios como sin nada, encuentran las explicaciones y los secretos poco a poco para que la intriga se vaya dosificando según deseos de guionistas y director. La coherencia es lo de menos: que él sea tan descuidado, que ellos tan inútiles. Por cierto, ¿qué utilidad tiene que a un androide le crezca el pelo? Por no decir que al cortárselo ya me han contado el final.

-Una tripulante se va sola a refrescarse un poco, y no le ponen impedimento alguno, y luego la buscan de uno en uno, que eso de que la gente esté desapareciendo en un entorno hostil no les parece raro. Al menos los que intentan comunicar por radio van en pareja. El capitán cada vez es más idiota, descubre todo el pastel pero aun así se mete en un sótano con David y toquetea otras criaturas alienígenas después de todo lo que ha visto. Daniels dice que va a hacer algo (creo que era volver a comunicar estado o instrucciones a la Covenant, a pesar de que acababan de dejar claros los planes), pero en vez de eso se pone a curiosear en otras habitaciones, y sola, por supuesto.

-David explica por fin su estancia en el planeta después de varios rodeos, amagos y engaños. El flashback que muestra cómo suelta la plaga de las vasijas contra los ingenieros es muy potente, casi sobrecogedor. Pero analizado en frío resulta un vacile poco respetuoso. ¿Y Shaw? No aparece ni una sola vez con vida, y eso que el plan de buscar a los ingenieros y vengarse por su amenaza a la Tierra era idea suya y se suponía que esta secuela iba de eso.

-Los ingenieros… De entes intrigantes, de una raza con tecnología avanzada, de una creación artística memorable (el estilo Giger del diseño, el maquillaje, el vestuario)… pasamos a una especie de pueblo poco avanzado, en plan romanos, con un maquillaje que parece a medio acabar, un vestuario de tela basta y una ciudad de piedra nada inquietante. Y después de todo, tienen un puerto espacial la mar de chulo.

-Y llega David sin Shaw y les da para el pelo. ¿Ya está? ¿No han pensado si había más planetas colonizados por esta gente, no encontraron defensas, no tuvieron miedo a ser capturados y que descubrieran (o redescubrieran) la Tierra y les saliera el tiro por la culata? ¿Hay más ciudades, más puertos, naves quizá? ¿Este asentamiento ha sido abandonado a su suerte por su raza? Porque parecen celebrar la llegada de la nave. ¿Se supone que debo pensar que hay una coherencia argumental en esta historia después de tantas vaguedades y cambios entre capítulos? Es decir, ¿darán respuesta a tantas incógnitas importantes en otras entregas o seguirá creciendo dando tumbos sin lógica aparente?

-En un corto publicitario publicado en internet sí se ve a Shaw, arreglando a David, pululando por la nave de los ingenieros… No aclara muchas incógnitas pero ya es algo más que lo que llega a verse aquí. Me pregunto si la nave tenía dispensadores de alimentos digeribles por un humano, para empezar. Pero, sobre todo, sigo preguntándome por qué ese empeño en arriesgarse a buscar a los ingenieros, como si no fueran a tener defensas, en no avisar a la Tierra o mandarles las coordenadas de la luna de Prometheus, donde de hecho había más naves, y telita con dejarlas ahí para que las encuentre cualquiera, o quizá incluso había más ingenieros criogenizados…

-Si la forma de no mostrar a Shaw en lo más relevante de su historia y pasar directamente a su tumba es lamentable, lo de enseñarnos su cuerpo descuartizado es bastante gratuito y molesto. ¿Y cómo va el contador de fotos suyas?

-¿Por qué la nave de los ingenieros en la que llegan David y Shaw está estrellada, si arrasaron con todo sin resistencia? Se puede pensar que la estrellaría David para usarla de cebo, y que por ello también pondría la identificación y la foto de Shaw. Pero es un poco absurdo. El cebo es la transmisión, y además lo suyo es atraer a la gente a un escenario donde tengas el control, en un entorno más manejable que allí fuera rodeado de lo que quedara vivo y tan lejos que lo mismo ni te enteras de que ha llegado alguien, porque no tiene tecnología para detectarlos. Por no decir que David lloriquea de soledad y no poder salir de ahí teniendo una pedazo de nave que no parece intentar arreglar, y si realmente la estrelló él, menuda cagada.

-Nos desvelan que es David quien crea al alienígena, haciendo combinaciones aleatorias con la fauna que había cuando llegó al planeta, pero no explican cómo llega a los huevos sin pasar por una reina (“qué fue antes, el huevo o la gallina”), ni por qué hay un mural del alien en Prometheus. Se puede señalar que Ridley Scott afirmó que la idea de la reina que aportó James Cameron no le gustó mucho, pero también es cierto que cuando rodaron Alien no pensaron en una mitología para esta criatura y para el piloto fosilizado de la nave, así que no debería quejarse, y menos reinventar tan a lo bruto la historia. Después de tanto sugerir con los ingenieros, desligarlos del origen del xenoformo (y en una historia tan chapucera) es difícil de perdonar. Pero hay más incoherencias difícilmente justificables…

-El alien que nace del pecho de los infectados lo hace con el físico de un alien adulto pero en miniatura, como un juguete a escala, en vez del bicho blanquecino que va mudando la piel mientras crece. Por no decir que la escenita en que se cuadra ante David y saluda es surrealista. Además, el abrazacaras atrapa a su víctima, la infesta, se suelta, el inquilino se gesta, nace a través del pecho del huésped, y crece hasta alien adulto (sin haberse alimentado ni nada) en quince minutos, ya no hablamos ni de unas pocas horas como en las otras entregas, donde ya parecía precipitado que creciera tan rápido. Para colmo, este alien que conocíamos era huidizo, paciente, dado a acechar en huecos y sombras, no especialmente rápido… ahora resulta que es súper rápido y ágil, obstinado cual perro con un hueso y nada tímido. Al menos la recreación digital es notable… pero sigue sin aguantar el tipo contra los muñecos y disfraces incluso de la primera película, hace casi cuarenta años.

-Pero sí, en líneas generales, la parte de los androides por fin aporta algo de interés. Las ganas de saber qué está maquinando David, la relación con Walter, el buen papel de Fassbender… por fin vemos algo trascendente, estimulante. Pero no termina de despegar. La escena de la flauta como intento de despertar la creatividad e imaginación de Walter vuelve a amagar con la sutileza y profundidad del prólogo, pero se alarga y ralentiza mucho; el beso es puro efectismo, los malabares para exponer la situación poco a poco cantan mucho, y el envoltorio anodino (película de gente aislada que muere en fila) constriñen esta trama y no la dejan respirar.

TERCER ACTO

-Una vez David se quita el velo parecía que de una vez por todas la película iba a empezar de verdad… Pero nos lanzamos precipitadamente a un clímax final (doble, siguiendo la tónica habitual de la saga) que se basa únicamente en un par de aparatosas secuencias de acción.

-Bajamos con una nave remolcadora o grúa, por eso de que no hay más vehículos aptos para volar, una excusa pésima para meter la escena de acción. Pero por si no había bastantes patadas a la lógica, resulta que una nave con capacidad de vuelo, incluso atmosférico, tiene unos cristales que se rompen a cabezazos: por muy duro y fuerte que sea el alien, es increíble.

-Y telita la escena en sí. Daniels parecía la tercera oficial de mando, o una ingeniera o científica (ni queda claro), una chica dulce y algo blanda sin conocimientos de combate. Pero se convierte de repente en alguien que parece más bien la líder del comando de seguridad, qué fuerza, agilidad y determinación muestra, digna de una superheroína de cómic, como mencioné más atrás. Ah, que nos indicaron que le gusta la escalada… pues entonces supongo que debería creerme la alucinante pelea con el alien, colgados de la nave que va dando tumbos. Pues no, me pareció una pasada de rosca excesiva sin venir a cuento, y muy inverosímil.

-Me preguntaba por qué sobrevivía un extra, y no tarda en verse que era una excusa para meter un alien a bordo. Pero de las malas: ¿cuándo ha sido infectado? El abrazacaras no se llegó a enganchar. Por no decir que se repite lo del crecimiento en unos pocos minutos, o que la escena de la ducha de los otros pilotos parece muy innecesaria y gratuita: ¿ahora vas a tratar de meter miedo?, ¿con un par de secundarios de esos irrelevantes y cansinos? Tras una breve e ineficaz caza cerrando puertas para intentar aislar al alien (oh, qué novedad), acabamos con otro subidón demencial con la secuencia en la bodega, lanzando vehículos al espacio y todo. Y como guinda del pastel tenemos una penosa falsa muerte de Daniels.

-El duelo entre androides se resuelve con triviales tortas, y la cuestión de si el que sube abordo es David o Walter se desarrolla fatal: para saber si es uno u otro bastaba ver la herida de la barbilla que le infringe Daniels con el clavo (imposible no pensar la perilla de Flexo, el gemelo de Bender de Futurama, con lo que todo esto hace más gracia aún), pero aunque vemos que ella sospecha, no hace ni un amago de echarle un vistazo. Pero claro, de repente te das cuenta de que esto no tiene sentido: en la escena en que David inutiliza a Walter con un pinchazo en el cuello vemos que se cura rápidamente, así que podría ser David curado. Pero también vemos que tiene otras heridas en la cara que no se han curado, y a la vez no tiene la de la barbilla… En fin, un despropósito. Al final no se sabe muy bien si quieren decirnos que es Walter, que ha sido convencido por el fanatismo creacionista, o David, que se ha cortado la mano para disimular (Walter la perdió con los proto-aliens), aunque por comportamiento yo deduzco que es David. Pero está claro que sin unas reglas coherentes el misterio se convierte en un vulgar engaño; queda por ver si es malintencionado o fruto de la incompetencia. Tampoco se entiende muy bien que ayude en la confrontación contra el alien de abordo. Si está claro que quiere librarse de los tripulantes, ¿por qué se arriesga a que destrocen la nave en la batalla?

-El final no puede ser menos interesante. Primero están los abrazacaras tamaño embrión… ¿pero estos no nacían de un huevo de más de medio metro de altura? Más patadas a la coherencia de la serie, e incluso a la de la propia película, porque precisamente vimos huevos un rato antes, aunque no se explique cómo los crea. Vamos, que el relato trata sobre la creación de los alienígenas pero resulta un galimatías poco respetuoso con el resto de la historia que conocemos. Y luego tenemos el desenlace en sí. Vale, David tiene más gente con la que experimentar, pero no se plantea ningún objetivo nuevo e intrigante. ¿Piensa ir a la Tierra? Juraría que sigue el plan inicial de ir al planeta que querían colonizar. Sencillamente, va a continuar jugando a ser dios. Pues vaya, nada que no sepamos ya. Como decía, con esta nueva línea de la saga nos han engañado dos veces, no deberíamos picar una tercera…

Serie Alien:
Alien (1979).
Aliens (1986).
Alien 3 (1992).
Alien Resurrection (1997).
Prometheus (2012).
-> Alien: Covenant (2017).

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2 Respuestas a “Alien: Covenant

  1. Uthred 27/05/2017 en 21:41

    Saludos Warren. Peor que Prometheus…uf, no quiero ni imaginar pero bueno, a la vista estaba viendo los trailers. Sentia curiosidad pero creo que me la voy a ahorrar. Ridley ya chochea el hombre.

  2. Warren Keffer 28/05/2017 en 17:54

    Al ritmo que va no hace ni 200 millones, cuando Prometheus alcanzó 400.

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