El Criticón

Opinión de cine y música

Archivos mensuales: julio 2017

La momia


The Mummy, 2017, EE.UU.
Género: Acción, suspense, fantasía.
Duración: 110 min.
Dirección: Alex Kurtzman
Guion: David Koepp, Christopher McQuarrie, Dylan Kussman, Jon Spaihts, Alex Kurtzman.
Actores: Tom Cruise, Annabelle Wallis, Russel Crowe, Sofia Boutella, Jake Johnson.
Música: Brian Tyler.

Valoración:
Lo mejor: Muy entretenida: va al grano, tiene un personaje central potente, buenos diálogos, y está bien hecha.
Lo peor: Resulta muy predecible. Annabelle Wallis ofrece un papel pésimo.

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Vaya varapalo se ha llevado este nuevo reinicio de La momia (que además nace como capítulo inicial de una serie con los monstruos clásicos), puesto a parir como si fuera la peor película de los últimos años, como si los autores debieran pedir perdón por haber mancillado el género. No lo entiendo, está en la media del cine de acción y fantasía revienta taquillas, con la excepción de la serie Marvel y las nuevas de La guerra de las galaxias, que se mantienen bastante por encima. Y por las críticas, tanto los medios como los espectadores la están poniendo al nivel de La gran muralla, y como que no. De hecho incluso tiene algunas virtudes que se echan de menos, más que nada porque tiene autoconsciencia de que es un entretenimiento, lo que se traduce en menos pretensiones y más simpatía. Ha pasado como con Dioses de Egipto: conocía sus limitaciones e iba al grano, a divertir y entretener, pero por alguna razón se machacó sin miramientos.

Esa falta de grandilocuencia propia del cine de acción contemporáneo realza sus puntos fuertes. Lo normal hoy en día habría sido hacer una cinta de dos horas y media con subtramas anexas empalmadas de mala manera y acción avasalladora sin límites. Aquí sus autores se esmeran en exprimir su argumento y las pocas bazas que deja de margen apostar por algo tan trillado, porque al fin y al cabo, se enfrentan a una serie comercial, con requisitos y restricciones muy concretos. Sumergen a los protagonistas en una pesadilla que pone a prueba sus límites intelectuales y físicos, pero también morales. Hay mucha acción, pero es más de correr y sobrevivir a duras penas que de ver ciudades destruyéndose y monstruos o superhéroes pegándose. Y tiene un toque adulto y oscuro muy de agradecer en esta época de cine blando, sin violencia ni drama.

El protagonista es ambiguo, amoral, y evoluciona aceptablemente bien, lejos de los cánones del género de héroes impolutos que no sabemos qué piensan ni qué esperan del mundo y de los demás personajes pero se apuntan a todos los jaleos porque sí. Nick Morton vive para sí mismo, sólo piensa en sus ganancias, y no pocas veces trata de escapar de una situación que lo perjudica y le viene grande. Poco a poco va viendo que no queda más opción que implicarse, y en pequeñas dosis observamos cómo su pose de pasota se va tambaleando. Así, a la decisión heroica final llegamos con una trayectoria coherente y tangible, no sucede sin más porque hay que cumplir con ello. Para rematar, como buen antihéroe tiene numerosas frases socarronas, irónicas o cabronas muy efectivas. “Gracias por salvarme dándome el paracaídas”, le dice ella. “Pensaba que había más”, responde él con sinceridad. Tom Cruise está como siempre: se toma muy en serio su trabajo, tanto físico como interpretativo, pero no ha vuelto a lograr un papel como el de Magnolia, parece que siempre hace del mismo personaje, con lo que siempre ves a Tom Cruise. Y aquí hay que señalar lo obvio: La momia parece una entrega de Misión Imposible con un Ethan un tanto asqueado del mundo, en plan “me jubilé para vivir la vida y he caído en otra puñetera misión”. No en vano, el equipo de guionistas es el mismo que el de las últimas entregas de la serie: Koepp, Kurzman, McQuarrie

La chica, Jenny Halsey, no se enamora sin más de un tipo perfecto, sino que se forma una relación de atracción-odio no sorprendente pero sí muy interesante, alejada de los simplones romances actuales. Ve a un tipo con recursos y capacidades, pero con un espectro moral retorcido, así que no sabe si hostiarlo o acercarse a él, generándose buenos momentos de conflicto. La pena es que relación se atasca un poco, no llega a explorarse a fondo, principalmente porque el dibujo de esta arqueóloga es, en contraste con el atractivo mercenario y saqueador, demasiado simplón. Casi termina pareciendo la excusa para explicar cosas de la trama: esa es el arma mágica, no hagas esto que te contagias la maldición, somos el grupo que lucha contra el mal, etc. Y lo peor, Annabelle Wallis está muy, muy floja. También se puede señalar que no hay personajes secundarios de peso. El Dr. Henry Jekyll es interesante, misterioso, pero la descripción de sus personalidades y cualidades se sueltan demasiado deprisa, sin que lleguen a calar, y Russell Crowe no parece muy motivado. No hay más roles que destacar; al prota lo acompaña el típico secundario simpático que te da igual lo que le pase, y ella, a pesar de la importancia de su misión y los peligros con los que podría encontrarse, no lleva acompañamiento ni escolta de ningún tipo.

La figura de la momia funciona por ese tono más sombrío, pues no intentan ir más allá del enemigo poderoso de rigor. Las películas clásicas del género siempre tenían un aura melancólica, los monstruos eran fruto de infortunios y más que malvados chocaban con el miedo de la gente. Pero en los tiempos que corren se llevan más los entes sin motivaciones que buscan el caos y la destrucción. Así que todo el prólogo que expone traiciones familiares y demás no se entiende, no justifica nada del viaje de la momia por el mundo. Sofia Boutella se limita a prestar su físico, porque el rol no da para más. Al menos, eso de que sea más una joven guapa que un cadáver momificado se justifica, porque en los avances en los que apareciera con la melena al viento provocaron algunas carcajadas y dudas. Esta villana se salva porque es una contrincante dura que hace sufrir a los protagonistas. Las peleas son encarnizadas, las hostias que se llevan se ven realistas, casi se sienten, de hecho me asombró el nivel de violencia. Las momias-zombi que va creando son amenazadoras y asquerosas. Nos ofrecen algunas escenas muy tétricas (aunque no terroríficas), otras inquietantes (la momia a punto de violar al protagonista), y en general se logra una correcta sensación de peligro inminente y fatalismo: los protagonistas están siempre al borde de la muerte, la momia los encuentra y alcanza constantemente, no se ve una salida fácil. Y aunque en el clímax final a tortas pierde bastante intensidad, porque ya es evidente todo lo que va a pasar, tiene un giro también siniestro bastante acertado.

El productor y guionista Alex Kurtzman inicia aquí su andadura como director de superproducciones (porque antes hizo una comedia sencilla, Así somos), y lo cierto es que cumple sin problemas. Supongo que esa idea de buscar una obra más contenida y oscura es de todo el equipo de productores, pero está claro que él sabe aprovecharlo. La fotografía capta muy bien los numerosos pasajes de noche o en catacumbas. La banda sonora de Brian Tyler es épica. Los efectos especiales son un fin y no un protagonista forzado, y si bien hay alguna digitalización mejorable (el avión, el plano de la tormenta engullendo Londres), las momias, usaran la tecnología que usaran, son impecables. La cinta resultante es tenebrosa, tiene un ritmo trepidante y escenas de acción breves y sencillas pero enérgicas. La secuencia del avión es espectacular, la pelea en la iglesia brutal, la huida en ambulancia por el camino del bosque es muy intensa…

Así pues, La momia tiene un poco de cada virtud que espero de una buena superproducción de acción: tener claro que es un entretenimiento pero sin caer en la vergüenza ajena, contención y seriedad sobre el artificio vacuo, un poco de esfuerzo en el guion que busque personajes con algo de vida y diálogos decentes, y un acabado sólido. No termina de ser redonda, pues se queda un poco a medias en todos los elementos (sobre todo en cuanto a personajes) y también anda muy falta de novedades, pero ya tiene más que muchos títulos que en cambio el público recibe con bastante más entusiasmo. Dinero ha hecho suficiente, pero queda por ver si, por las malas críticas, en el resto de la serie optan por un estilo más simplón y luminoso, que es lo que el público parece querer ahora.

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Ha fallecido George A. Romero

Hasta La noche de los muertos vivientes (Night of the Living Dead, 1968) los únicos muertos andantes eran vampiros o animados por magia vudú. Esta revolucionaria cinta de George A. Romero ofreció un sinfín de ideas y giros insólitos para la época, marcando no sólo a la generación que la descubrió en cines, sino a todas las venideras, porque supuso el nacimiento del cine zombie.

Después de innumberales secuelas, remakes y obras obviamente influenciadas por su visión, Romero luchaba por sacar adelante sus nuevos trabajos, quejándose de la deriva comercial del género con obras mediocres como The Walking Dead. Lo justo es decir que su carrera también había perdido mucho lustre, y más allá de la correcta La tierra de los muertos vivientes (Land of the Dead, 2005) no parecía tener nada más que ofrecer. Pero su legado sí será eterno. Ha fallecido a los 77 años a causa de un cáncer de pulmón.

Filmografía. Biografía.

Ha fallecido Martin Landau

Empezó a darse a conocer como villano en Con la muerte en los talones de Alfred Hitchcock (North by Northwest, 1959), y hasta su muerte con 89 años nos dejó una carrera larguísima, tanto en cine como en televisión, destacando sus papeles en Cleopatra (Joseph L. Mankiewicz, 1963) y Ed Wood (Tim Burton, 1994). Este último le deparó gran prestigio y muchos premios gracias a la certera encarnación de un decadente Bela Lugosi. Entre sus últimos trabajos destacaría la aparición en El séquito (Doug Ellin, 2004), interpretando también a una vieja estrella de Hollywood que la industria ha dejado de lado.

Filmografía. Biografía.

La ciudad de las estrellas (La La Land)


La La Land, 2016, EE.UU.
Género: Comedia, drama, musical.
Duración: 128 min.
Dirección: Damien Chazelle.
Guion: Damien Chazelle.
Actores: Ryan Gosling, Emma Stone.
Música: Justin Hurwitz.

Valoración:
Lo mejor: Simpática y entretenida.
Lo peor: A pesar de su asombroso recibimiento no es la panacea en lo visual ni en lo argumental: el romance es muy predecible, el musical muy forzado y pobretón. El director muestra técnica pero no pasión, y los actores no están muy allá.

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En el fondo no esperaba mucho, pero aun así iba con cierta intriga. Una película con un recibimiento tan espléndido de crítica y público tendrá algo llamativo. Incluso hay muchas voces que la proclaman como una obra maestra. Pero, como suponía, me he encontrado un título comercial del montón. La comedia romántica más vieja y facilona posible adornada con ligeros toques de drama y unos pocos videoclips.

Por esto último la han descrito como musical, pero yo no lo veo. En un musical, la música, las canciones y los números coreografiados obviamente tienen una íntima relación con la trama y los personajes, pero son además el principal componente narrativo. Si estos números aparecen puntualmente, muchas veces sin relación clara con lo narrado, y en las que la tiene no se entiende muy bien por qué se usa este recurso, entonces son videoclips insertados en medio de la proyección. Ya desde el prólogo queda claro que se combina con desequilibrio la comedia romántica y el musical: el numerito inicial no pinta nada, no presenta a los personajes (que ni forman parte de la canción) ni se habla sobre algo relevante. Y de ahí en adelante olvídate de grandes despliegues estéticos, de escenarios vistosos y elaboradas coreografías; de hecho, en el caso de haber alguna, los protagonistas no están presentes (el prólogo) o se pasean entre medio sin hacer mucho (el final); y… ¿me lo parece, o las siluetas sobre el espacio en el observatorio son dobles? Tampoco es que canten mucho, por lo general apenas entonan un poco mientras hablan; la única que vez que la chica canta más en serio (en la última audición) no ofrece nada épico o conmovedor, y el turno de él (en el malecón) es tirando a lamentable. No hay ni una letra con garra, ni un baile complejo, ni un escenario deslumbrante. Todos los números obedecen a la técnica de los cansinos videoclips contemporáneos: iluminación artificial (mucha luz de día, mucho foco de noche, mucho neón, mucho amanecer eterno), vestuario excesivamente colorido (parece un anuncio), escenarios intrascendentes y música pegadiza para tratar de epatar sin contenido real, porque los protagonistas sólo se menean un poco delante de la cámara sin que haya una expresión artística concreta.

Sí es un homenaje al musical, eso está claro. Y al cine clásico y a la música en general. Pero la película sólo vive de eso, hasta el punto de ahogarse en las referencias y perder todo rasgo de personalidad propia y parecer un recopilatorio propio de YouTube, no de estrenar en cines. No voy a perder el tiempo citando todas sus fuentes, podéis ver por ejemplo este video, y pensar luego cuándo se pasa de la referencia y el homenaje al plagio. Yo consideraría que es plagio cuando no se aporta nada nuevo, cuando se intenta sacar rédito del trabajo de otros. Este caso lo es, sin duda. Además hasta el ridículo, pues en la obsesión por coger de obras remarcables del género ni cuidan la verosimilitud: atención al vestuario de varias épocas mezclado sin ton ni son, donde los protagonistas en cada escena visten con un traje de una tendencia distinta. ¿Quién tiene un armario así, y más sin dinero?

Es evidente que está todo inventado ya, pero hay muchos ejemplos de que se puede abordar algo clásico con garra y personalidad, como Comanchería con el western crepuscular, por citar una gran cinta del mismo año, e incluso se puede alcanzar la categoría de obra maestra dándole una inesperada vuelta de tuerca a conceptos muy conocidos: ahí están La guerra de las galaxias: Una nueva esperanza y Matrix, por citar solo un par. Es gracioso que un personaje secundario diga que el jazz se muere porque no evoluciona, no se abre a los nuevos tiempos, no deja entrar ideas nuevas… Y este filme es precisamente eso mismo, un refrito de historias muy gastadas que no aporta nada genuino, ni siquiera lo que una vetusta banda de jazz ofrecería, algo de improvisación, pues está todo milimétricamente construido. Es que hasta la música es poco más que una tonada simple y repetitiva; menuda vergüenza el Oscar a banda sonora estando la monumental Rogue One de Michael Giacchino.

Lo que queda es una comedia muy básica, obsesionada también con los estereotipos, con llegar con lo más fácil y directo. Y me temo que esta triste fórmula ha triunfado… otra vez, porque todos los años la industria de Hollywood, con sus medios afines y sus Oscar, avala varios títulos prefabricados como este y hace caja de ello. Él es el guaperas pasota, pero un poco panoli, para que ella pueda moldearlo a su gusto. Ella, guapa, decidida, perfecta, pero tiene un novio de cartón que ni le gusta, para que así pueda anhelar algo más. Los encuentros, todo un cliché cursi detrás de otro. Las coincidencias, los roces y torpezas iniciales, la chispa, la vida en pareja (tan blando es el relato que ni los vemos follar, un beso casto y gracias), los problemas, el cambio de aires obligado por la vida, y fin.

Hay poco que rescatar, si la cinta funciona en sus primeros capítulos aceptablemente bien es porque su ritmo es veloz y los personajes despiertan cierta simpatía. Algunas escenas, como la fiesta ochentera y el paseo siguiente, tienen algo de ingenio y humor. Pero el relato se apoya demasiado en la simplona y predecible dinámica de la pareja, y el desgaste va apareciendo hasta perder toda mi atención en el arco final, donde ya estaba muy claro lo poco que tienen para ofrecer y me lo vi venir todo de lejos. Por ello he echado de menos personajes secundarios. No hay ni uno con presencia suficiente para dejar huella, cuando podrían haber incluido varios para mostrar más perspectivas del mundo de Hollywood y no agotar tan rápido a la pareja protagonista, como hicieron hábilmente en Birdman y La invención de Hugo.

Los actores andan bien en carisma y belleza, pero sus papeles distan de resultar extraordinarios como tanto se ha querido vender. Emma Stone contagia bastante bien el entusiasmo del personaje, de hecho algunas escenas se sostienen únicamente gracias a su presencia, como la del banco… pero es eso, su presencia, la sonrisa y los ojos enormes, la cara tan agradable que tiene, porque su interpretación dista de impresionar. Y sé que puede lograr buenos papeles: en Birdman y Criadas y señoras estaba mejor. A Ryan Gosling lo tuve atragantado durante años (Drive, Los idus de marzo, Brigada de élite), no sé qué veía la gente en otro actor joven y en teoría atractivo sin registro interpretativo alguno, pero me sorprendió en Dos tipos buenos, donde por primera vez lo vi actuar de verdad y de hecho estuvo fantástico. Pero aquí vuelve a la pose de Drive, sin más esfuerzo interpretativo. Tampoco tienen grandes voces, ni ofrecen una esforzada labor física, porque el musical es muy parco en esos aspectos. Sabiendo que son capaces de hacer mucho más, el problema es claramente el director, que no sabe qué sacar de ellos. El resultado es que no veo química, no me creo la supuesta llama de la relación, los momentos tristones no me llegan. ¿Cómo ha entusiasmado tanto una pareja tan limitada?

Quizá habría que agradecer que no tragamos con un desenlace en plan “y fueron felices y comieron perdices”, pero en cambio pretende ser oscuro de forma sensacionalista. Todos tenemos amores pasados, relaciones rotas por trabajo, heridas no cerradas, y rememoramos caminos y decisiones que podríamos haber tomado de otra forma. Si se narrara con algo más de chispa… pero tiene un aura melancólica que me pareció impostada, y se remata con un número musical de cierre que por fin intenta jugar con la escenificación pero resulta más bien caótico y poco vigoroso. Así pues, queda un final incluso más artificial de lo habitual pero incapaz de evitar ser predecible, con lo que me resultó bastante pesado.

Como en ese engendro manipulador de Whiplash, Damien Chazelle demuestra buena técnica y saber rodearse de buenos editores. Hay planos secuencia bastante logrados y el montaje es excelente, sobre todo a la hora de obtener ese ritmo enérgico. Lástima que apuntaran tan poco alto con los números musicales, es decir, que falte pasión, un intento de ir más allá. La fotografía es correcta, pero la iluminación en cambio resulta muy forzada: luces de neón, focos evidentes, abuso de tonos muy básicos (ahora verde, ahora azul; por ejemplo, qué mal queda ese fondo verde hortera de la cena que sale mal). En otras palabras, en lo visual le falta naturalidad por lo general y capacidad de asombrar en los momentos clave, le pesa demasiado el estilo de videoclip.

Teniendo recientes La invención de Hugo y Birdman e incluso la correcta The Artist, La La Land palidece aún más. Esas sí fueron películas que homenajeaban al cine con clase, que se arriesgaban en su narrativa, tenían personajes con aristas y pegada e historias que sorprendían. Al menos, con su simpatía consigue contagiar un poco el amor por la música culta y el cine y teatro… Pero lo cierto es que dudo que los espectadores que salieran con lágrimas en los ojos (porque parece que hubo muchos) corran a ver un musical clásico de calidad o pretendan iniciarse en el jazz. Estamos en la época del consumo rápido, y eso es La La Land, una obra prefabricada en narrativa y sentimientos, ligera, simplona, que entre sin esfuerzo. ¿Esto es cine? No tiene nada original, ni una gota de personalidad, carece de emoción que no sea buscada artificialmente. Esto es al cine lo que Los 40 principales a la música: tendrá éxito, pero es de usar y tirar, no tiene valor real, ni por extensión perdurabilidad. Sólo engañará a quienes se puede conmover con cuatro recursos simples, a quienes no tienen memoria artística y no ven que todo se ha contado ya mil veces, y más aún, que todo lo toma con descaro de otros filmes. Está claro que la masa de espectadores abraza lo comercial, el entretenimiento pasajero que no requiera grandes exigencias intelectuales, pero que la crítica profesional se dejara engañar se me escapa. Tanto bombo, tanto Oscar (14 nominaciones, todas delirantes) y tanto dieces que le han dado, y estoy seguro de que estará totalmente olvidada en un par de años, como suele pasar.

Gracias, Photobucket…

Hace años, tras unos cambios forzados e imprevistos de alojamiento del blog, decidí no poner todos los huevos en la misma cesta, dejando las imágenes en otro alojamiento que parecía muy respetable, especialmente para los que no ambicionamos tanto como para buscar sitios de pago: Photobucket. Si es que hasta podía organizar las imágenes por carpetas, algo que WordPress no me deja. Lo mismo han hecho miles y miles de usuarios, sea para compartir alguna imagen en un foro, para complementar sus páginas, sean blogs, perfiles de Ebay o Amazon, o como almacén en la nube de cosas personales.

Pues ahora van los de Photobucket y sin avisar con tiempo ni dar alternativas han secuestrado todas las imágenes enlazadas y piden rescate de ¡400 dólares anuales!. Un chantaje en toda regla, pero como lo metieron en alguna parte en letra pequeña, parece que es legal. Así que, como otros muchos, tengo gran parte del blog sin imágenes. Menos mal que las entradas de los úlitmos dos o tres meses no se han visto afectadas, pues decidí ir presciendiendo de sus servicios porque, en un movimiento previo a este giro en su política, implementaron otra medida de ahorro: la calidad de las imágenes se había visto muy reducida. Está claro que ganar dinero dando un servicio gratis (salvo que pagaras la cuenta premiun típica), sólo con la publicidad, no es fácil, pero de ahí a este robo a mano armada hay un paso enorme. Así pues, espero que se hundan y desaparezcan, cosa que probablemente vaya a pasar, porque joder a tanta gente no sale gratis.

Mientras, iré actualizando las entradas poco a poco.

Z, la ciudad perdida


The Lost City of Z, 2016, EE.UU.
Género: Aventuras.
Duración: 141 min.
Dirección: James Gray.
Guion: James Gray, David Grann (novela).
Actores: Charlie Hunnam, Robert Pattinson, Sienna Miller, Edward Ashley, Angus Macfadyen, Ian McDiarmid, Clive Francis, Tom Holland.
Música: Christopher Spelman.

Valoración:
Lo mejor: Buena descripción de algunos aspectos de los últimos coletazos de la época de la exploración.
Lo peor: Aventura sin épica, ni drama, ni intesidad de ningún tipo, ni en el contenido ni en lo visual: es muy aburrida.

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Alerta de spoilers: Comento algún detalle, pero nada que destripe sorpresas… que por otra parte tampoco hay.–

Qué decepción me he llevado con Z, la ciudad perdida. Las críticas profesionales que la señalaban como una vuelta al cine de aventuras clásico me pillaron con el interés por el género en todo lo alto, pues andaba releyendo El Terror (Dan Simmons), una novela sobre la exploración del Paso del Noroeste que me encantó en su momento y volví a coger porque pronto será una miniserie a la que le tengo muchas ganas. Hice caso omiso a la gente que la ponía de película muy aburrida, suponiendo que, como ocurrió con Master and Commander y El guerrero nº 13, los dos últimos grandes (y más bien únicos) títulos del género, el público no las recibió muy bien.

Pero lo cierto es que sí ha sido una cinta muy pesada e insatisfactoria. Hay en ella potencial para algo más notable, pero la narrativa es plomiza, el guionista y director James Gray (adaptando la novela de David Grann que a su vez partió de los hechos reales) no es capaz de abordar con la solidez y pasión necesarias una odisea que termina ahogada en la monotonía y las inconsistencias. En lo único que recuerda a clásicos es en alguna referencia, como la ópera en la selva de Fiztcarraldo (Werner Herzog, 1982). Aguirre, la cólera de Dios (de Herzog también, 1972), El hombre que pudo reinar (John Huston, 1975), El tesoro de Sierra Madre (ídem, 1948), Indiana Jones (Steven Spielberg, a partir de 1981) si incluimos la fantasía también… Olvidaos de cualquier referente que tengáis en mente.

Aunque la era de los exploradores estaba entrando en declive con la globalización, todavía había partes del mundo donde perderse en busca de aventuras, conocimientos, y también fantasías. Pero la principal motivación era más terrenal: el prestigio, el ascenso social y económico. Pocos lo hacían por amor a la naturaleza y a la ciencia, era un trabajo muy vistoso en su rango social y ya está. Volver victorioso de una epopeya de este calibre garantizaba un subidón en el escalafón social que de otra forma podría costar muchos años de esfuerzo. Sí, eran viajes considerablemente arriesgados, pero muchos preferían batallar contra la naturaleza que contra la pirámide social. Igualmente, el apoyo de países y empresas en su mayor parte era político o comercial. Proyectos como el de Charles Darwin no eran lo habitual.

Todo esto tiene aquí una representación bastante correcta, y es lo único que me ha gustado de la película. Percy Fawcett es un joven inglés que no encaja del todo en la aristocracia, que no consigue ascender como desearía ni le caen bien los estirados con los que compite. La posibilidad de ver aumentada a lo grande su reputación por una misión para cartografiar las fronteras entre Bolivia y Brasil es muy jugosa… y el viaje además despierta en él el entusiasmo por encontrar civilizaciones en principio míticas y echarle en cara a la conservadora sociedad su visión antropológica más moderna: los indígenas pueden formar sociedades complejas. Pero de funcionar a deslumbrar hay un gran trecho. Todo lo que se narra lo conocemos ya, y no se ofrece una perspectiva novedosa, no hay diálogos y situaciones con ingenio suficiente para evitar la sensación de falta de riesgo. Por ejemplo, los capítulos dedicados al conflicto con otro explorador, el típico bocazas engreído que en el terreno demuestra su calaña, son entretenidos (uno de los segmentos más amenos de la proyección, de hecho) y aportan matices a la descripción de la época, pero también son muy predecibles, se limitan a exponer lo obvio. Y fuera de esta sección no hay prácticamente nada. El drama personal y la propia aventura en la selva carecen de este amago de contenido y consistencia, resultan historias muy superficiales y monótonas.

No hay personajes secundarios atractivos, todos son clichés puestos al servicio de la trama, o sea, monocromáticos y previsibles. El único que da juego es el citado rival, James Murray (Angus Macfadyen, recordado por ser el conde traidor de Braveheart), y porque es importante en el argumento, pues su descripción es muy simple. Los compañeros de aventuras es como si no estuvieran ahí, no sabemos nada de sus vidas y pensamientos, no tienen escenas que aporten algo sustancioso, no hay una dinámica de compañermismo de ningún tipo, todos sueltan su verborrea sin que haya sensación real de que están viajando, trabajando y batallando juntos. Son tan irrelevantes e insípidos que en cuanto salen de plano te olvidas de que estaban ahí. La esposa y los hijos son anodinos también. Ella además me resulta algo inverosímil. Si estás tratando de describir esa época con verosimilitud, no me metas un ramalazo de policorrectismo actual, con la mujer fuerte e independiente y el matrimonio con los dos miembros al mismo nivel, porque no pega en el relato, en la situación habitual de casamiento por conveniencia (nombre, dinero y guardar las apariencias) donde ella se queda en casa cuidando de la familia mientras él trabaja. Pero claro, parece que si hoy en día pones a una mujer florero se te tiran encima, así que prima el revisionismo burdo. Los hijos sólo aparecen para el típico cabreo por un padre ausente, hasta que el mayor crece, y entonces resulta incongruente: de odiar al progenitor y su trabajo pasa a seguirlo con entusiasmo sin que haya habido ningún proceso de cambio, ninguna razón que lo justifique.

Fawcett no es mal rol central, pero le falta algo más de garra a su viaje, más sufrimiento y lucha por sacar adelante sus objetivos. Con secundarios tan pobres hacía falta un protagonista más fuerte y una interpretación muy potente para que fuera capaz de cautivar, en plan Steve McQueen en El Yang-Tsé en llamas o Peter O’Toole en Lawrence de Arabia. Charlie Hunman es muy buen actor, lo dejó claro en Hijos de la anarquía, pero aquí no consigue conmover. El problema es que el personaje no tiene apenas recorrido. Sí, empieza mostrándose un poco reticente a ese trabajo y luego ve que le gusta, pero no se ofrece una transición llamativa, ni vamos más allá. Su determinación, fuera de los líos en la Sociedad Geográfica Real, no se contagia, porque la aventura es muy parca en contenido y vacía de emociones. Parece pasearse por la selva sin más, no se ve el fruto de su esfuerzo, los problemas no llegan con intensidad. Los asuntos logísticos (formar el equipo, negociar con el gobernador), las vicisitudes por el río (naturaleza hostil), los choques con los indígenas… Todo se despacha con cuatro tópicos simples empalmados sin mucho tacto, y aun así Gray es capaz de llenar un montón de metraje. En esto pesa también que se obsesiona con narrar toda la vida del explorador, aunque no sea necesario: el receso bélico y sus secuelas es tiempo completamente perdido. De estar ciego por sus heridas en combate pasa a estar curado sin más, sin que sepamos realmente qué ha pasado, cuánto ha padecido, qué proceso de curación ha seguido… Tantos minutos, y no se ve casi nada de contenido.

La desgana con que se narra todo afecta incluso a la verosimilitud. Gray incluye todos los pasos de los viajes por la fuerza sin una coherencia ni evolución tangible, sólo cita el problema de turno y enseguida pasa al siguiente asunto dejando un montón de preguntas y agujeros. Los personajes dicen “Necesitamos tres balsas llenas y cuatro caballos”, y resulta que, salvo por un plano muy fugaz al poco de partir donde se ve otra balsa y unos caballos, el resto del tiempo sólo contamos la barcaza donde van los pocos protagonistas, donde además apenas llevan material. En el segundo viaje igual, pero con botes. Los vemos navegar, tienen problemas de suministros, sufren ataques, sobreviven por los pelos, tratan con los indígenas… pero todo el material y gente que supuestamente llevan están desparecidos… salvo cuando tiene que morir un extra, y entonces este materializa por arte de magia en la barco de los protagonistas; y en otro momento necesitan usar un caballo, y este aparece también sin más. En los primeros pasos del viaje se preocupan de que no son capaces de pescar, mientras a la vez dicen que vivirán en el río unos dos años… pero siguen adelante sin más. Por el camino, en un jaleo dicen haber perdido gran parte de las provisiones… ¡pero sí solo hemos visto volcarse una cesta de fruta que llevaban abierta y sin sujetar! Pero aun así siguen adelante. Llegan a su destino diciendo que tienen hambre, pero sin que sepamos si en estos meses han aprendido a aprovechar el entorno y han recuperado provisiones que les hayan permitido llegar tan lejos. Allí encuentran un jabalí enano y ya con eso no parecen preocuparse de los meses que tienen de retorno. Con otras cuestiones, como las enfermedades, lo mismo: ahora vemos a un protagonista enfermo, en la siguiente escena aparece como si nada, si mostrar si han hecho algo o todo ha pasado sin más, y secuelas desde luego no hay de ningún tipo. El trato con los indígenas… no me preguntes cómo pasan de hostiles a amistosos, no se explica, de la lluvia de flechas saltamos al intercambio de regalos.

También hay cosas muy cogidas por los pelos. Fawcett chapurrea español y el aborigen habla su propio idioma, pero aun así lo entiende y lo traduce al inglés para sus compañeros; de hecho es un idioma fascinante: dos palabras se traducen en cuatro frases. Llegan a la fuente del río sin haber cartografiado prácticamente nada, y ahí encuentran asombrosos restos de una civilización… pero deciden dejarlo todo e irse porque hay una pantera. Van armados hasta los dientes, podían dispararar, o podían dar un rodeo, pero no, deciden volver sin pruebas sólidas. No me olvido de mencionar también alguna transición absurda, como ese líquido derramado haciendo una línea que se funde con el siguiente plano y se convierte en… no, en el río no… en un tren.

Termina de hundir la propuesta otro aspecto muy decepcionante: lo visual está muy lejos de dar la talla en un tipo de cine que exige más. No hay belleza ni asombro, no tenemos un acabado cinematográfico destacable. Y lo gracioso es que se rodó en 35 milímetros para darle un aire épico acorde al género. Pero la dirección, fotografía y montaje son bastante flojos. Gray no saca partido alguno del escenario, parece que estamos más en un parque que en una selva, todos los planos son muy cerrados encima de la barca y las caras de los actores, y el tono saturado de las imágenes le resta naturalidad a los pocos y nada llamativos paisajes que vemos. No encuentro ninguna escena digna de recordar, ningún pasaje apasionante. Todo lo contrario, el aburrimiento me embargó en grandes tramos de la cinta, sobre todo el pobre desenlace, donde intenta hacer algo extraño, medio onírico, en plan Apocalypse Now, y el interés acaba por los suelos.