El Criticón

Opinión de cine y música

Jurassic Word: El reino caído


Jurassic World: Fallen Kingdom, 2017, EE.UU.
Género: Acción.
Duración: 128 min.
Dirección: J. A. Bayona.
Guion: Derek Connolly, Colin Trevorrow.
Actores: Chris Pratt, Bryce Dallas Howard, Rafe Spall, Justin Smith, Daniella Pineda, James Cromwell, Toby Jones, Ted Levine, Jeff Goldblum, BD Wong, Geraldine Chaplin, Isabella Sermon.
Música: Michael Giacchino.

Valoración:
Lo mejor: Dirección, efectos especiales y sonoros y banda sonora ofrecen un visionado a ratos espectacular y trepidante.
Lo peor: La mezcla de géneros, historias y personajes poco meditada: la falta de ambición, coherencia e inteligencia, los escenarios absurdos, las ideas inverosímiles, los protagonistas estereotipados, los diálogos tontos… ¡Y el espantoso póster!

* * * * * * * * *

Alerta de spoilers: Ahondo bastante en las líneas argumentales, incluyendo algunas sorpresas finales.–

Para mí está claro que estamos condenados a no volver a tener una buena película de Parque Jurásico (Steven Spielberg, 1993). Ya las dos primeras secuelas se quedaron muy lejos del memorable título inicial, pero tras el increíble éxito del renacimiento con Jurassic World (Colin Trevorrow, 2015) a pesar de su visión tan simplista, de su formato de taquillazo de usar y tirar, era indudable que mantendrían ese estilo. Así llega El reino caído con la misma falta de ambición, inteligencia y respeto por la saga y los espectadores, y hace otra ingente cantidad de dinero (porque después de todo al público no parece importarle que le tomen el pelo una y otra vez) que termina de enterrar las pocas esperanzas que quedaran en tener una vuelta a un cine más serio.

Como es habitual en este tipo de superproducciones comerciales el acabado final es una amalgama de ideas y egos de productores y de autores que intentan dejar su sello pero, o no les dejan, o se pasan de largo. Distintas premisas se pisan, incluyendo repetición de ideas ya vistas en la saga (y con infinidad de referencias innecesarias), los escenarios se amontonan sin que haya una cohesión narrativa clara, los personajes obedecen a estereotipos de distinta índole mezclados sin un objetivo concreto ni una coherencia dramática atractiva. Si no fuera porque, como en el episodio precedente, el talento del director y las cantidades ingentes de dinero consiguen una cinta de acción espectacular, el resultado sería digno del cine cutre.

Unos productores querían el remake “velado” a El mundo perdido (Steven Spielberg, 1997), así que tenemos una visita a la isla con mercenarios cazando dinosaurios. Había que mantener a los personajes de esta nueva etapa, y ahí los tenemos metidos en todo sin que sepamos muy bien qué nos quieren contar con ellos. Otros quieren pasar a un nuevo escenario para poder expandir la saga, así que a media película cambiamos de argumento porque sí, yéndonos a una historia de venta de dinosaurios a ricos y mafiosos. Algún listo quería extender aún más la ya de por sí fallida idea de crear monstruos nuevos con la excusa de la genética, así que ahora tenemos humanos clonados también. Y finalmente, si bien J. A. Bayona está impresionante con la cámara, dista de mantener ese listón en sus grandes aportes a la historia. Mete con calzador su propio segmento, forzando una película de terror en la línea de El orfanato (2007) donde se espera tensión y aventuras de corte más juvenil (los niños que había en mi sala las pasaron putas).

El prólogo es la primera gran muestra de lo poco que se trabajan el guion, la continuidad, la seriedad de la propuesta y por extensión el respeto al espectador. En Jurassic World el recinto acuático del mosasaurio estaba en el interior de la isla, pero aquí quieren sacar a los dinosaurios del parque, así que aparece en la costa y con una puerta. De la misma forma, el T-Rex había sido engullido por este bicho más grande al final de aquella entrega, pero ahora tenemos otro por ahí pululando… aunque eso sí, la escena posterior en que le sacan sangre está muy bien. Por lo demás, bien podían haberse ahorrado esta introducción, es la típica escena de extras aleatorios muriendo por su avaricia y torpeza, no aporta nada sustancioso.

La vuelta a la isla por la catástrofe inminente del volcán es el mejor tramo a pesar de su falta de novedades y trascendencia. Es una aventura intensa aunque no sea muy inteligente (qué pintan los niñatos esos, con la de expertos que habrá en informática y biología con experiencia en misiones peligrosas), y cuando Bayona da rienda suelta al espectáculo te quedas pegado a la butaca. Incluso hay momentos emotivos: consigue que el destino de los dinos dé pena, con ese brachiosaurio engullido por la lava. El problema es que faltan personajes con garra que hagan de la aventura algo realmente emocionante. La pareja protagonista es simpática, pero por el carisma de Bryce Dallas Howard y Chris Pratt, porque a pesar de tener ya a cuestas otra película siguen atascados en un dibujo simplón. Nos lo presentan como distanciados sentimentalmente (qué penosa la escena del bar), para forzar el cliché cansino de la relación amorosa en tensión, pero en el resto de la película no hay un acercamiento visible, como en la primera parte, al final vuelven a acabar juntos porque hay que cumplir con el tópico. Así que sin un dibujo elaborado ni una progresión dramática tangible me importan bien poco sus destinos. Y no digamos ya el del resto del equipo…

El traslado a tierra firme tenía inicialmente algo de tensión, con los protagonistas infiltrados tratando de acabar con los planes de vender dinosaurios a ricos mafiosos (todos representados por los estereotipos más cutres y racistas que puedas imaginar). Pero en vez de mantener esa premisa y centrarse en la aventura de supervivencia se van por las ramas con diversas historias cada cual más absurda.

Tenemos la parida de vender dinosaurios como armas, donde no se tiene en cuenta la complicadísima logística de mover un animal tan grande y con necesidades especiales por el mundo y el poco secreto con el que se puede hacer. Pero con el indorraptor alcanza niveles delirantes. Resulta que con un rifle equipado con un láser apuntas a la persona objetivo y aprietas el botón para que un pitido haga que el indorraptor ataque… Pero claro, cabe preguntarse para qué necesitas un dinosaurio si ya estás lo suficientemente cerca del objetivo como para apuntarle: dispara y punto.

Lo entremezclamos con el dramón de la chiquilla y el abuelo, al que presentan casi diciendo que es John Hammond pero luego resulta que era su compañero empresarial del que nada sabíamos. Esta línea tan ajena y poco interesante la rematan con la revelación final de que la niña es un clon de la esposa fallecida de este señor que tan poco nos importa, alcanzando así el disparate cotas épicas, porque dicen varias veces que Hammond y esta burda imitación se separaron porque se hizo el clon… es decir, que la chiquilla que aparenta diez años tiene veinticinco y un buen problema de crecimiento y de desarrollo intelectual y emocional. Por no decir que lo que aporta a la trama es menos que cero, porque el intento de dar intriga a sus orígenes genera confusión y la sorpresa es aún más forzada, pues crees que va a tomar relevancia alguna en lo narrado pero pasan de ello sin más. Sólo falta que en próximas entregas tenga poderes mágicos.

La trama central de este segmento, la venta de dinos y los protagonistas luchando contra esos supuestos criminales (¿no es mejor que el dinosario esté en la hacienda de un rico, bien cuidado, a muerto en la isla?) queda relegada a excusa para mover la acción. Los villanos son estereotipos vulgares que molestan en cada frase estúpida que sueltan, los secundarios “graciosos” no hacen nada más aparte de rellenar escenas pretendidamente más livianas pero que resultan cargantes, los protagonistas tampoco aportan ninguna aventura digna más allá de sufrir, gritar y correr, y los dinosaurios no se sabe por qué los persiguen con tanto ahínco. Con todo, de nuevo Bayona deslumbra con una puesta en escena contundente que, apoyada en los efectos especiales y sonoros impecables y la ostentosa música de Michael Giacchino, garantiza tensión y asombro en cantidades que incluso llegan a ser excesivas: al final acabarás harto del cansino indorraptor y las apariciones aleatorias de Blue. Escenas como la de la habitación y la de los tejados parecen tan gratuitas que ya había desconectado por completo, pero el dilema moral final de si dejar a los dinos vivos o no (recordemos, una creación de laboratorio que amenaza ecosistemas y humanos por igual) es vergonzoso.

Acabamos con las muertes cómicas de los villanos que todos esperábamos, porque ya Spielberg apuntó en el nacimiento de la saga a un tono familiar-infantil excesivo, y desenlaces abiertos para nuevas entregas que no sé cómo todavía hay espectadores que esperan con interés.

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Saga Parque Jurásico:
Parque Jurásico (1993)
El mundo perdido (1997)
Parque Jurásico III (2001)
Jurassic World (2015)
-> Jurassic World: El reino caído (2018)

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