El Criticón

Opinión de cine y música

Archivos mensuales: octubre 2018

El primer hombre


First Man, 2018, EE.UU.
Género: Drama, suspense.
Duración: 141 min.
Dirección: Damien Chazelle.
Guion: Josh Singer, James R. Hansen (novela).
Actores: Ryan Gosling, Claire Foy, Jason Clarke, Kyle Chandler, Corey Stoll, Ciarán Hinds, Olivia Hamilton, Pablo Schreiber, Shea Whigham, Lukas Haas.
Música: Justin Hurwitz.

Valoración:
Lo mejor: Dirección, montaje y sonido en las escenas de pruebas y vuelos.
Lo peor: El resto: melodrama del montón con abuso de artificios y falta de emoción y contenido real.
Mejores momentos: Los tres vuelos, el X-15 (el prólogo), el Gemini, el Apollo XI, y la prueba del módulo lunar.
La pregunta: ¿Por qué cuando aparece un presidente estadounidense real en una película, en España se deja sin doblar y se le pone subtítulos?

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Había puesto en cuarentena al director Damian Chazelle tras la insultante (por manipuladora y retorcida pero inverosímil) Whiplash y la simplona La La Land (un musical de baratillo en lo emocional y plagiado en lo visual), pero el argumento, la carrera espacial y la vida de Neil Armstrong, me atraía mucho y piqué. Lo cierto es que con el prólogo la cinta me ganó por completo… pero pronto cae el velo y resulta ser otro engaño. Y otro que ha funcionado, pues de nuevo el trabajo del realizador ha sido puesto por las nubes por gran parte de la crítica y el público (aunque no ha arrasado como el musical) y presumiblemente se llevará multitud de premios.

La realidad es que El primer hombre no es una biografía decente (en calidad tanto como en sensibilidad) de Neil Armstrong, ni un buen drama sobre la familia y la superación personal, ni una oda al héroe con la suficiente épica y profundidad, ni un retrato de la historia riguroso y atractivo. Los puntuales momentos brillantes no bastan para dar cohesión a un relato destartalado donde parece que Chazelle no sabía qué quería contar ni cómo hacerlo. Vuelve a hacer gala de un talento nato con la técnica, usando con maestría el sonido y el montaje (en otra colaboración con Tom Cross) para exprimir al máximo las situaciones con acción o tensión. Pero también muestra no tener visión global, no saber relatar una historia, y su inclinación por el sensacionalismo, el subrayado tosco y la imitación a otras obras para parchear los numerosos tramos que evidentemente no sabe cómo llevar a cabo. El primer hombre es un galimatías de géneros, ideas, estilos y resultados que te deja anonadado en unas pocas escenas, indiferente en unas cuantas más, molesto en otras tantas, y, con la combinación todo, cada vez más desconectado, desconcertado y finalmente aburrido.

En el género de aventuras es donde mejor funciona. Es evidente que imita a Gravity (Alfonso Cuarón, 2013) e Interstellar (Christopher Nolan, 2014), pero se esfuerza y sale muy bien parado. Con su dominio de la técnica ofrece unos pasajes sobrecogedores tanto en lo visual como en lo emocional: el prólogo, con el X-15 rozando la atmósfera, el Gemini, con el incidente que casi los deja varados en órbita, las pruebas de alunizaje, y en menor medida el vuelo del Apollo XI. La perspectiva en primera persona (todo lo vivimos desde la cabina, como si fuéramos el protagonista), el magnífico uso del sonido y los silencios, el tempo tan cuidado… Te sumerges de lleno en la odisea suicida que fue la carrera espacial, las pasas putas en cada nuevo reto, y acabas dando un gran suspiro de alivio cuando Armstrong sale airoso.

Pero esto es sólo parte de un todo que está muy lejos de funcionar como es debido. El drama es un desastre. No hay un guion que desarrolle una historia y que dibuje un personaje que nos lleven a un viaje concreto, es decir, que partamos de una situación y unos sentimientos determinados y tras una progresión coherente y atractiva acabemos en otro punto, en unas conclusiones o una maduración. O quizá Chazelle pasa del guion, porque viendo Spotlight (2015) está claro que el escritor Josh Singer es capaz de desarrollar tramas complejas con numerosos protagonistas interesantes. De la novela de la que parten no puedo opinar, pero dudo que sea tan poco fiel a la realidad y tan incompleta.

Tanto que sufrimos en las pruebas, luego acabarás harto de Neil. ¿Quién es, qué siente, qué anhela, qué piensa de la vida, el trabajo, los amigos y la familia? Nada se responde a pesar de que en este cambio de registro mantiene por lo general la primera persona, con constantes planos sobre la cara o el hombro del astronauta. El único poso dramático que tenemos es la hija fallecida, pero Chazelle está empeñado en hacerlo el centro de su vida con su habitual énfasis melodramático tan forzado, y no funciona. Primero, porque no se entiende: ¿por qué tener un hijo muerto debería otorgarle sin más tanta determinación en la carrera y distanciamiento con la familia? Si no desarrollas y justificas el recorrido emocional del personaje sabe a recurso barato. Neil termina siendo una pobre recreación del típico héroe impoluto que ha nacido así de fuerte y decidido (porque Estados Unidos es así de grande) y al que nada nada en el mundo doblegará.

La trama es inexistente, la carrera espacial se la toma unas veces en serio, otras como algo secundario y nos vamos a líos familiares, otras parece querer hablar en general de los héroes, pero sin analizar nada al respecto, sino mostrando a un robot sin alma. Ryan Gosling vuelve la actuación inexpresiva con la que empezó su carrera, así que imagina tener toda la película al protagonista con la misma cara y sin transmitir ninguna emoción: menudo coñazo de personaje. Por el contrario, Claire Foy (The Crown, 2016) como su esposa está estupenda, pero es un pegote, unas veces parece estar para mostrar que Neil tenía una vida, otras intentan darle protagonismo sin lograr también contar nada llamativo. Porque en esos vaivenes de género y estilo el director de vez en cuando rompe la primera persona para andar un rato sin saber por qué con otros personajes.

Con la familia de Neil tenemos repentinos videoclips a lo Terrence Malick (La delgada línea roja -1998-, El árbol de la vida -2011-), con su característica cámara en mano, iluminación natural y música contemplativa con la que sigue a los protagonistas en sus quehaceres. Pero aparte de que este cambio de tono desentona un montón, la imitación que hace Chazelle es chapucera. La cámara en mano es caótica, pone frenesí cuando se requiere contención, la iluminación, tan concisa y realista en los vuelos, resulta demasiado rebuscada (artificial fingiendo ser natural), y la música de Justin Hurwitz es horrenda, una tonadilla repetitiva muy cargante. Otras veces da la sensación de imitar al Ron Howard de Apollo XIII (1995), con la esposa esperando en casa inquieta las noticias de triunfo o muerte, la prensa representando el variable interés social y mediático, y el ajetreo en la sala de control. Y otras se va a añadidos aún más inconexos, como la larga escena del Apollo I donde mueren calcinados personajes secundarios que antes apenas salían de refilón y con los que no se ha llegado a mostrar nunca camaradería, competición o cualquier cosa que los haga relevantes en la vida de Armstrong y para el espectador. Así que, ¿en qué quedamos, aventura de superación en primera persona o un drama más global?

La recreación histórica es otro caos. Saltando de las cuatro pruebas y vuelos al relleno dramático no se vislumbra un contexto histórico concreto, un progreso de la carrera espacial comprensible. Un día están entrenando y parece que Chazelle trata de poner intriga sobre qué les deparará el futuro, pero en la siguiente escena estamos en pleno vuelo crucial sin saber qué han aprendido y sudado entre medio. Y de repente nos encontramos en el Apollo XI sin saber qué ha sido de los demás pasos del proyecto. ¿No hay más pruebas, se lanzan a la Luna a lo loco? Aquí tampoco se decide a elegir una perspectiva, si la odisea de Armstrong o la historia en su conjunto. A veces trata de ampliar el objetivo para incluir a más personajes secundarios relevantes en los hechos, pero se queda a medias, y casi mejor, si el panorama va a ser como el que se vislumbra. Primero, por el citado Apollo I: ¿a santo de qué viene si sólo nos centrábamos en el esfuerzo de Armstrong? Y segundo, por la vergonzosa descripción de los otros tripulantes del vuelo a la Luna: Buzz Aldrin como gilipollas perdido y Michael Collins como un don nadie. Armstrong es el que hace todo, desde comandante a piloto de módulo espacial y del lunar, como si no hubiera nadie más abordo en entrenamientos y misiones.

Con esa falta de coherencia, como señalaba, la cinta se va haciendo confusa y pesada conforme avanza. El viaje del Apollo XI vuelve a levantar un poco el interés cuando ya estaba por los suelos, pero aquí el director no está a la altura de las otras situaciones de este tipo: cuando llega la hora del alunizaje se empeña en alargarlo mezclando sin ton ni son con el drama (incluyendo esa banda sonora molesta), hasta acabar con el relamido plano de la pulserita soltada en el cráter. Ahí queda claro de nuevo que a Chazelle no le gusta o no sabe contar las cosas bien y con naturalidad, sino el sensacionalismo de brocha gorda: no, Neil no soltó un cursi recordatorio familiar, sino objetos en homenaje a Yuri Gagarin y Vladímir Komarov, los primeros cosmonautas rusos, ya fallecidos, y también a sus tres compañeros muertos en el Apollo I (sí, después de todo el lío, ahora se olvida de ellos). Será que todo eso no provoca la lagrimita fácil.

No me gustan las biografías que se inclinan tanto por la ficción a la hora de tratar la vida de personajes tan recientes, me sabe a arrogancia el presuponer que en el fondo pensaba una u otra cosa, y ya sabemos que Hollywood es muy dado a idealizar cuando no directamente inventar (tenemos reciente los bochornosos casos de Dallas Buyers ClubsJean-Marc Vallée, 2013- y Descifrando EnigmaMorten Tyldum, 2014-). En los casos en que no conozco al personaje (o no lo hago a fondo) quizá no me apetezca tener que leerme paralelamente artículos y biografías para comprobar si me engañan o no, quiero y espero que sean honestos y fieles, algo que no tiene por qué estar reñido con el entretenimiento. En este caso sí sé bastante del tema y he indagado alguna otra cosa (la dichosa pulsera), y puedo confirmar que El primer hombre entra en la categoría de biografías falsas y manipuladoras que más vale no tener en cuenta a la hora de querer aprender sobre el periodo y las figuras implicadas.

Por extensión, otro aspecto que no me convence nada es que no nos muestran ningún trabajo científico más allá de cuidar la verosimilitud del vuelo espacial. Dada la temática, qué menos que intentarlo. El entrenamiento y los vuelos sólo se basan en la heroicidad de Neil, y todo el proyecto lunar sólo se justifica por la parte política, la guerra fría y la superación a los rusos, nunca se habla claramente de los retos científicos, de la ingeniería aeroespacial, ni siquiera se muestra un trabajo real en el alunizaje: hubo experimentos y recogida de muestras, no fue sólo un paseo de la victoria para EE.UU., sino, como dijo Neil Armstrong, un gran salto para la humanidad.

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Venom


Venom, 2018, EE.UU.
Género: Superhéroes.
Duración: 112 min.
Dirección: Ruben Fleischer.
Guion: Jeff Pinker, Scott Rosenberg, Kelly Marcel.
Actores: Tom Hardy, Michelle Williams, Riz Ahmed, Jenny Slate, Reid Scott.
Música: Ludwig Göransson.

Valoración:
Lo mejor: Venom es inquietante, divertido y espectacular, y Tom Hardy un gran actor.
Lo peor: La penosa forma en que los desaprovecha un guion ahogado en tópicos y una puesta en escena regulera. El resto del reparto es lamentable. La música machacona. El dinero no luce.
Mejores momentos: Eddie conociendo a Venom. El contraste entre las dos escenas en el supermercado.
La frase: ¡Salta!… Cobarde.

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Estamos ante otro caso donde un estudio (Sony de nuevo, no aprendieron tras hundir The Amazing Spider-Man) interfiere en el rodaje en las etapas final de una película, alterando el montaje y estrenando una versión presumiblemente de menor calidad y más comercial. El propio Tom Hardy afirma que han quitado sus partes favoritas. Sin embargo, en esta ocasión tengo dudas. Es cierto que se adivina un potencial mayor en la propuesta, pero más por las posibilidades que un personaje como Venom en modo desatado y un actor como Hardy ponen en bandeja que por lo que se puede deducir viendo la cinta estrenada.

Se puede pensar que los directivos del estudio la han dejado en un armazón: la premisa pasa por todos los clichés del género, la descripción de los personajes es vulgar, las relaciones se quedan en un par de brochazos mal dados, la confrontación es previsible y monótona, y la narración va entrecortada sin terminar de pararse a desarrollar nada concreto, como pensando que cumpliendo con los tópicos más básicos bastaba para triunfar. Pero, ¿de verdad pensáis que unas pocas escenas más, por mucho que tuvieran más garra y mejores diálogos, mejorarían la relación entre Eddie y Anne? Si tenemos aquí las partes más relevantes y más bien provocan vergüenza ajena, dudo que estirarlas con escenas secundarias lo arreglara. Lo mismo se aplica al resto. Con un villano tan ridículo (y aquí hay que incluir también el nefasto casting) no creo que más minutos puedan levantar el nivel. Quizá, después de todo, los odiados directivos han salvado un despropósito más grande. Lo único que cabe pensar es que restringiendo la edad a mayores de 12 años en vez de a mayores de 18 nos hemos perdido las partes más brutas y sangrientas de Venom (seguramente las que cita Hardy), y aun así tampoco creo que eso bastara para salvar este esperpento. Pero me voy a centrar en analizar la versión estrenada, que al fin y al cabo es la única que hemos visto…

La historia es rutinaria, predecible, aburrida. Un paria que no consigue sacar adelante su vida (trabajo, novia) adquiere superpoderes y ahora debe enfrentar el dilema de la responsabilidad contra los deseos personales inmediatos, y se encontrará con un villano megalómano que le hará decidirse de una vez por todas. El primer acto va a toda leche, saltando entre escenas sin que dé tiempo a respirar, a que nada cale, como intentando quitarse de en medio el trámite para pasar a lo importante. Pero el efecto conseguido es el de frialdad, de falta de contenido: tenemos un argumento muy visto y para colmo es desarrollado con desgana y a la vez prisas. Si habláramos de un par de prólogos, pero es que la presentación ocupa más de cuarenta minutos. Así que el aburrimiento empieza pronto y dura bastante.

La entrada tardía de Venom en acción en el acto central reactiva el interés. La adaptación entre él y Eddie ofrece unos encontronazos facilones pero divertidos, y Hardy está como siempre estupendo: su representación del tontorrón que se ve superado es magnífica. Pero lo cierto es que la aventura carece del toque adulto, violento y gamberro que se espera dado el personaje que tenemos entre manos, en los cómics un ente espeluznante que saca lo peor de los distintos individuos, incluyendo superhéroes, por los que pasa. Y aunque el ritmo se sosiega y van poniendo más énfasis en cada aspecto, a cambio van creciendo las situaciones cutres. La científica queda como idiota en cada escena, la entrada de Eddie en el complejo, paseándose sin encontrar seguridad alguna, es ridícula, las apariciones del nuevo novio son lamentables, en especial en la resonancia, cuando emerge Venom y discuten tonterías a pesar de tener un alien ahí al lado, etc., etc.

En estas circunstancias, el amago de que el dúo Venom-Hardy va a salvar la proyección se va diluyendo, y todo apunta a un desenlace trilladísimo. La anodina confrontación con el villano termina de confirmar ese nuevo bajón, acabando en una pelea final muy ruidosa pero sin emoción alguna en el espectáculo y el drama.

El guion es bastante malo, pero el casting termina de rematar lo poco que dan de sí los personajes. Da la sensación de que tras asegurarse a Hardy eligieron a los demás intérpretes con una lotería. Michelle Williams, a pesar de su talento, muestra la misma expresión todo el rato, no se sabe qué siente por Eddie en las distintas etapas de la historia, y cuando entra en acción seguimos sin saber qué la mueve, ni si está sufriendo o qué. A Reid Scott, el nuevo novio, no sé si le dijeron que estaba rodando una comedia, porque desde luego parece tomárselo como tal. La investigadora con dudas, Jenny Slate, causa tan poca impresión que te olvidas de ella en cuando desaparece del plano. Y lo más grave, no sé en qué cabeza cabe elegir a un joven con cara de pasmado y sin dotes interpretativas como Riz Ahmed para un villano que debe dar miedo. Las escenas en que se supone que se impone a sus empleados provocan lo contrario, vergüenza ajena: termina siendo una parodia involuntaria con la que no sabes si reírte o poner cara de asco.

La dirección de Ruben Fleischer está más en la onda de Brigada de élite (2013) que de Bienvenidos a Zombieland (2007). Venom requería el tono enérgico y alocado de la segunda, pero se queda en la apatía y mediocridad de la primera. También para mal destaca la banda sonora de Ludwig Göransson, quien deslumbrara en Black Panther (Ryan Coogler, 2018) con una partitura original y muy trabajada, pero aquí compone a base de samplers una de acción ordinaria y machacona. Los efectos especiales de Venom están bien hechos, pero no hay más, el director no parece poner mucho empeño en buscar escenarios vistosos que impresionen, así que los cien millones de dólares de presupuesto no lucen nada.

Las persecuciones son simplonas y acaban haciéndose largas, las peleas a tortas, a pesar de los poderes de Venom, no resultan nada espectaculares por culpa de la falta de imaginación y del pésimo montaje, y la batalla final llega con el interés por los suelos y no consigue volver a despertarlo con ese escenario tan poco interesante (la rampa de acceso al cohete) y las hostias repetitivas donde se hace más patente la falta de visión. La única escena de acción rescatable es aquella en que los SWAT o quienes fueran atacan a Venom, donde hay más variedad de situaciones… aunque sea un calco descarado de la escena de Terminator II (James Cameron, 1991) en la que los protagonistas salen de las oficinas de Skynet rodeados de policías.

Otra a la que me recordó es Lo oculto (The Hidden, Jack Sholder, 1987), por eso de tener un alienígena negro y asqueroso usando a gente para pasárselo a lo grande en la Tierra. A pesar de sus limitaciones presupuestarias aquella tenía más savia y gracia.

En cuanto al género de superhéroes, Venom entraría para mí en la categoría de olvidar inmediatamente y hacer como que no existe, pero al final tenemos otro caso donde una película simple y tonta triunfa, dando así, me temo, la razón a los estudios, y es tildada de un buen entretenimiento mientras otras con mucha más calidad han sido maltratadas injustamente, como, sin ir más lejos, la anterior aparición de este personaje, Spider-Man 3 (Sam Raimi, 2007), destacable precisamente por lo que aquí brilla por su ausencia: el buen trabajo con los personajes. Hay muchas veces que no entiendo a los espectadores.