El Criticón

Opinión de cine y música

Archivos mensuales: marzo 2019

Aquaman


Aquaman, 2018, EE.UU.
Género: Superhéroes.
Duración: 143 min.
Dirección: James Wan.
Guion: David Leslie Johnson-McGoldrick, Will Beall, James Wan, Geoff Johns.
Actores: Jason Momoa, Amber Heard, Willem Dafoe, Patrick Wilson, Nicole Kidman, Dolph Lundgren, Temuera Morrison, Yahya Abdul-Mateen.
Música: Rubert Gregson-Williams.

Valoración:
Lo mejor: Algunas mejoras respecto al resto de la serie: estilo y escritura, efectos especiales y, sobre todo, dirección. Un reparto bien elegido. Vestuario impresionante.
Lo peor: Con todo, es un poco tontorrona y demasiado previsible, y los efectos especiales tienen todavía momentos muy cantosos. La banda sonora es horrible, y la selección de canciones peor.
Mejores momentos: Las peleas en el submarino y en el pueblo italiano.

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La gestión de la saga DC o La liga de la justicia, como prefiráis, ha sido caótica, por no decir desastrosa. La idea de una serie de películas que combinara diversos personajes de DC Comics estuvo dando vueltas en el estudio Warner Bros. desde finales de los noventa, pero nunca terminaba de ponerse en marcha. Hay muchas historias que contar ahí (Superman escrito por Kevin Smith y dirigido por Tim Burton con Nicolas Cage de protagonista, Batman vs Superman dirigido por Wolfgang Petersen y escrito por Akiva Goldsman, La liga de la justicia dirigida por George Miller…), pero no lograban sacar la serie adelante, y menos con el fracaso de cintas que se lanzaron a hacer con prisas y sin tener ideas claras, ya por desesperación de estrenar algo, como Superman Returns de Bryan Singer (2006) y Linterna Verde de Martin Campbell (2011). Pero el éxito del Batman de Christopher Nolan (2006), que se gestó aparte de este concepto de héroes unidos o universo cinematográfico, dio el empujón final.

Los directivos del proyecto, Geoff Johns y Jon Berg, idearon un plan de al menos diez películas, pero han ido dando traspiés uno detrás de otro. Tras la tibia recepción de El hombre de acero de Zack Snyder en 2013 y viendo que Marvel les comía terreno, echaron un órdago de forma improvisada y apresurada, saltando a la unión de varios personajes con Batman vs. Superman: El amanecer de la justicia sin haber tenido las películas de presentación de Batman y otros secundarios y manteniendo al frente creativo a Snyder a pesar de que todos los problemas de la cinta inicial eran debidos a su estilo fallido y su nula visión cinematográfica. Pero seguían sin tener claro lo que hacer, pues dicha producción, iniciada a finales de 2013, se alargó con constantes cambios, retrasándose el estreno hasta marzo de 2016. Para rematar las malas decisiones, enlazaron ese proyecto con la siguiente fase, Escuadrón suicida y Wonder Woman, sin esperar a ver el resultado artístico y comercial. Pero tras el fracaso sonado de Escuadrón suicida (David Ayer, agosto de 2016), a Wonder Woman (Patty Jenkins, junio de 2017) le metieron cambios a contrarreloj (incluso tuvieron que eliminar digitalmente el embarazo de la actriz) para intentar alejarse del tono Snyder. Y este a la vez estaba ya inmerso en la siguiente unión de los héroes, La liga de la justicia. El estreno de Wonder Woman empezó a mostrar tibias mejoras en calidad y recepción del público y por fin tomaron nota de que lo que fallaba era la obstusa visión del incompetente de Snyder y la de esos productores que le habían permitido tener demasiado control creativo y continuar pese a los fiascos nada menos que durante tres películas. Pero la cosa estaba clara ya, y prescindieron de él en pleno rodaje. Demasiado tarde, porque por mucho que contrataran al gran Joss Whedon (Los Vengadores 1 y 2), poco pudo hacer para arreglar el desaguisado. Tras el estreno en noviembre de 2017, los directivos también fueron despedidos, tomando las riendas Walter Hamada. Para la siguiente entrega de un héroe en solitario, Aquaman, desde el principio han buscado a un realizador con experiencia demostrada y han tratado de cuidar más el guion. Y falta mencionar el dinero, la cantidad de billetes que tiraron en esos caóticos rodajes: Aquaman habrá costado cien o incluso doscientos millones menos que Batman vs. Superman y La liga de la justicia y luce infinitamente mejor.

La mejoría se nota, pero también está claro que todavía falta mucho que recorrer. Eso sí, no creo que podamos decir que el inicio de la remontada (esperemos que sea eso y no sólo un caso aislado) llegue tarde. El público es poco exigente, y si fue en masa a las anteriores a pesar de echar pestes sobre ellas, esta, con un boca a boca decente, ha hecho caja a lo grande, superando los mil millones de dólares de recaudación mundial. Si es que no hace falta mucho para funcionar con una temática de moda, sólo que sea entretenida.

James Wan inició su carrera en el terror serie b con Saw (2004). A pesar de su nula calidad tuvo un éxito abrumador y le permitió optar a proyectos más ambiciosos con mayor libertad, donde fue cogiendo experiencia hasta llegar a The Conjuring (2013), esta sí, una de terror tradicional pero muy sólida que se puede considerar un referente moderno del género. Por si fuera poco, demostró también su valía en el cine de acción con Fast & Furious 7 (2015), que terminó de asentar una saga que iba madurando con el tiempo. Teniendo ya una fama que le permitiría hacer lo que quisiera, es extraño que elija franquicias, pero mejor para nosotros: su llegada a DC prometía traer un soplo de aire fresco.

El visionado confirma una narrativa muy superior a la de Zack Snyder y la de David Ayer (el de Escuadrón suicida, un director y escritor regulero con más fama de la que merece: nadie se acuerda ya de Día de entrenamiento, Corazones de acero y Sin tregua a pesar de que las pusieron por las nubes, y en cambio su único trabajo original y de calidad, Sabotaje, pasó sin pena ni gloria). Y también muestra más personalidad y valentía que la labor de Patty Jenkins en Wonder Woman, bastante profesional pero sin garra alguna. La imagen tiene color y vida, no está tratada de forma artificial para… no sé cuáles eran las intenciones de Snyder, nadie lo sabe, pero todo quedaba oscuro, falso y feo. La historia posee ritmo y coherencia, no es una sucesión de postales rebuscadas sin visión global del desarrollo argumental y emocional. Cabe destacar sobre todo su habilidad para unir distintas secuencias con movimientos de cámara y fundidos, de forma que agiliza las numerosas transiciones entre escenarios y flashbacks; por el contrario, Snyder es de apelotonar todo sin ton ni son, incluso dejando huecos enormes. Wan también se atreve a mantener los intentos de darle un toque distintivo a las escenas de acción con cámaras lentas y trávellings circulares complicados, pero los resuelve con un dominio de la cámara y un montaje soberbios al lado de la tosquedad de Snyder y los fallos puntuales de Jenkins, que iba bien hasta que se atascaba en estos enredos.

Desde las peleas en el submarino, un escenario interior muy limitado, Aquaman impresiona como debería hacerlo cualquier título decente de acción o superhéroes. Y con la ayuda de un vestuario muy elaborado y unos efectos especiales de buen nivel, el acabado es digno de ver en cine (o en IMAX, pues rodaron casi toda la película en ese formato). Eso sí, hay que matizar que en cuestión de efectos especiales todavía está muy por debajo del nivelón de las sagas de referencia, Los Vengadores y Transformers, con algunos momentos donde la integración de fondos y actores canta bastante; pero ya no hablamos de un aspecto de cine cutre como en el resto de la serie. Lo único que falla realmente es la banda sonora original de Rupert Gregson-Williams, muy limitada y un tanto ruidosa, y la selección de canciones, tan malograda que parecen haber elegido temas comerciales rematadamente malos para hacer alguna clase de chiste.

El guion, escrito a varias manos, incluyendo al propio Wan, pretende dejar de lado la fallida pretenciosidad en la que Snyder había enquistado la serie, derivando hacia un tono más aventurero y relajado, y trabajar mejor la trayectoria de los protagonistas, que antes no sabías qué motivaba a Superman y Batman, no digamos ya a los secundarios. En cierta manera lo consigue, pero estábamos atascados en un nivel tan bajo que ahora aplaudimos un guion de aprobado por los pelos. No tiene nada que ofrecer a un género muy gastado, y más cuando la propia premisa bebe tanto de clásicos de la cultura: mitos griegos, trama “shakesperiana”, nacimiento del héroe y aceptación de su destino… Así, una vez presentado el argumento se ve venir toda la película, y los escritores no ofrecen ningún momento de inspiración que aporte alguna novedad. De hecho, hay partes (como ese prólogo que repite la misma frase una y otra vez, incapaz de ir al grano) que piden a gritos una última reescritura que otorgue algo más de originalidad y solidez. Donde aciertan es a la hora dotar a la aventura de simpatía además de claridad, y a los personajes de carisma además de unas motivaciones concretas, lo que basta para ofrecer un entretenimiento digno.

Aquaman es el típico individuo con capacidades superiores a la media pero que rechaza la difícil responsabilidad que los demás intentan ponerle encima; Mera es la mujer madura y decidida que trata de ponerlo en camino (aquí no se les acusa de feminismo forzado, eso solo pasa en la competencia); Orm el rey ambicioso; Nereus el político prudente que se deja llevar por la corriente; y así con todos. Pero de todos sacan bastante entre guionistas y un reparto muy bien elegido, de forma que Aquaman (Jason Momoa) tiene una personalidad magnética, Mera (Amber Heard) es más encantadora que rígida, y juntos tienen gran química (más que la pareja protagonista de Wonder Woman, Diana y Steve Trevor). Orm (Patrick Wilson) funciona aceptablemente bien como villano, y Nereus (Willem Dafoe) y otros secundarios aportan su granito de arena a unas relaciones y confrontaciones facilonas pero lo justo de emocionantes.

La odisea que induce la maduración del héroe y la intriga de la corte se desgranan con un ritmo enérgico, más teniendo en cuenta que hay mucho que explicar y que una vez las cartas están sobre la mesa todo resulta predecible. Se acumulan escenarios vistosos sin grandes baches de ritmo e interés, los protagonistas aprenden unos de otros o de sí mismos en un sinfín de aventuras muy moviditas. Hay partes espectaculares, como la citada secuencia del submarino, la pelea por los tejados y calles de la ciudad italiana, los planos de la Atlántida y sus gentes…

Pero imperfecciones todavía quedan muchas, aparte de su falta de novedades y calado. Tenemos algunos diálogos épicos forzados, algún chiste más tonto de la cuenta, un par de tramos de transición mejorables (por ejemplo, la escena de la fuente de Italia es un tanto cursi y a la revelación posterior le falta trascendencia), y algún instante de vergüenza ajena (el tipo que se va andando cuando Aquaman levanta la tonelada de piedras que aplastan sus piernas). Pero más grave son dos factores clave. Primero, el villano secundario, Manta Negra, no convence y parece ajeno al resto de la trama, añadiendo demasiado metraje extra innecesario, y el diseño de su traje parece más propio de una producción japonesa de baratillo. Segundo, en el acto final (desde la llegada a la Fosa) optan demasiado por los fuegos artificiales, de forma que parece que estás viendo una batallita de un videojuego en vez de una historia que pueda conmoverte. Deberían haber potenciado el conflicto político y personal entre las escenas de acción, y con situaciones más originales, pero la batalla global y el enfrentamiento entre los protagonistas van por separado, alargando un desenlace muy facilón con muchos más minutos de la cuenta.

Una película como esta (obviamente si es superior, mejor todavía) tenía que haber sido el comienzo de la serie, y a partir de ahí ir madurando y creciendo en complejidad hasta que estuviera lista para saltar a la unión de todos los personajes en una entrega más grande. Como reza el dicho, no se puede empezar la casa por el tejado. Quizá deberían hacer borrón y cuenta nueva, es decir, continuar la saga como si no existieran las tres grupales que llevamos (Batman vs. Superman, La liga de la justicia y Escuadrón suicida) y trabajarse mejor las venideras cintas en solitario (Cyborg, Flash y la segunda de Wonder Woman y Joker están en proceso, queda por ver qué pasa con la de Batman y la secuela de El hombre de acero, y si se atreven con otros). Y si estas dan buenos resultados podrían plantearse entonces hacer una unión de los héroes como es debido, con la experiencia adquirida, la mayor profundidad de los protagonistas y su universo. Inesperadamente, todo apunta a que van a probar esta idea con la segunda parte de Escuadrón suicida, que prácticamente será un reinicio de la mano de un autor que también ha demostrado su valía, James Gunn. Este es el realizador de la subserie Guardianes de la galaxia de Marvel, así que entre esto y que ficharon a Joss Whedon para tratar de salvar La liga de la justicia, parece que los productores de DC han admitido la derrota y tratan de levantar cabeza.

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Serie La liga de la justicia:
El hombre de acero (2013)
Batman vs. Superman: El amanecer de la justicia (2016)
Escuadrón suicida (2016)
Wonder Woman (2017)
La liga de la justicia (2017)
-> Aquaman (2018)

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Capitana Marvel


Captain Marvel, 2019, EE.UU.
Género: Acción, superhéroes.
Duración: 124 min.
Dirección: Anna Boden, Ryan Fleck.
Guion: Anna Boden, Ryan Fleck, varios.
Actores: Brie Larson, Samuel L. Jackson, Jude Law, Ben Mendelsohn, Lashana Lynch, Annette Bening, Clark Gregg, Djimon Hounsou, Lee Pace, Gemma Chan, Rune Temte.
Música: Pinar Toprak.

Valoración:
Lo mejor: Historia algo más elaborada y sutil de lo habitual. El carisma de los protagonistas (Danvers y Furia).
Lo peor: Le falta desarrollo a algunos secundarios. Hay pasajes algo faltos de garra, sobre todo en lo visual.
Mejores momentos: Hostiando a una anciana en el metro. Todas las apariciones de la gata. Carol Danvers levantándose y plantando cara.

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Aunque no estemos hablando de una obra de gran complejidad, hay que agradecer el intento por apartarse un poco de la fórmula más convencional del cine de superhéroes. Es cierto que Guardianes de la galaxia Vol. 1 y Vol. 2 tenían un guion bastante inteligente y lleno de detalles ingeniosos o velados (muchas veces la relación de los personajes se matiza mediante un gesto o información oculta en el diálogo) y El Soldado de Invierno ofrecía un thriller político inesperadamente elaborado, pero Capitana Marvel es la película más impredecible, profunda y sutil de la serie Los Vengadores hasta ahora. Sin ver los avances, hasta bien entrada la película no sabía de qué iba a ir exactamente y cómo la protagonista entraría en el camino de aceptar su destino. Es inevitable que una vez presentados todos los elementos de la historia (su pasado, las facciones) el final quede más o menos claro, pero raro es hoy en día la cinta que no se ve venir enterita desde los primeros minutos.

Para empezar, nos salimos de la manida idea de tener un villano arquetípico y un desarrollo convencional de confrontación con él, algo que parecen haberse tomado como una obligación y hay casos en que no les han puesto ganas suficientes o es evidente que sobraba y hacía falta otra manera de lanzar la presentación y maduración del héroe. Por ejemplo, en Ant-Man y la Avispa, como los que parecían malos no lo son tanto, meten con calzador a un mafiosillo del tres al cuarto, pero viendo que el reto era entrar en el mundo cuántico a buscar a la madre, ¿qué necesidad había? Y, ¿alguien se acuerda de los supervillanos de Iron Man 2 y 3? Tampoco tenemos la manida relación amorosa en tensión o la familia cursi de turno: no hacen falta para reforzar el viaje y las motivaciones del rol central.

Aquí la heroína tiene que encontrarse a sí misma y hallar razones para seguir adelante en un mundo más complicado. La guerra Kree-Skrull se desarrolla con diversos planteamientos muy jugosos y expuestos con bastante sutileza a veces. En el primer acto no tenemos la típica escena de acción que suele introducir al enemigo, sino que nos presentan un mundo que le queda grande a la protagonista. Política, guerra, terrorismo, condicionamiento del soldado, espionaje, agendas secretas… La ambigüedad moral y la confusión que sufre Vers es tal, que en mi sala había niños que se preguntaron en varias ocasiones quiénes eran los malos. Y creo que hay bastantes adultos que esperaban peleas y espectáculo sin más y no han visto el rico panorama.

Cuando acaba en la Tierra, saliendo de su zona de confort, su mundo empieza a tambalearse. ¿Y si todo lo que me han enseñado es mentira? En su odisea tropieza con otro que está despertando a lo que tiene que ofrecer el universo: Nick Furia. Por muy carismático que fuera, siempre ha quedado en un lugar secundario, sin ahondar en su vida y pensamientos más allá de su trabajo. Ahora gana presencia, mostrando una cara más humana y formando con Carol Danvers una pareja digna de ver en acción.

La aventura resultante está entre el cine de superhéroes, la distopía, lo bélico y la road movie, y para rematar tiene un toque feminista muy bien hilado, sin el tono machacón o torpe de otras propuestas recientes (Los últimos Jedi -2017-, Wonder Woman -2017-, Cazafantasmas -2016-). Con lo básico hacen de Carol Danvers un personaje femenino modelo al que admirar: fuerza interior, independencia, capacidad de superación en un mundo que por ser mujer te pone trabas extra. La escena que resume cómo se ha estado levantando y plantando cara toda su vida para llegar hasta donde está es de las mejores que ha dado el cine de superhéroes: no te bastan los superpoderes, sino que dependes principalmente de la confianza en ti mismo y del coraje para luchar contra las injusticias.

Brie Larson, además de tener una energía contagiosa, está muy bien en un rol más exigente de lo que suele verse en este ámbito. En su gesto e incluso en sus movimientos se observa el cambio gradual: la convicción ciega del fanatismo inicial, las dudas cuando su mundo se resquebraja, y finalmente la seguridad y determinación cuando con plena libertad elige su destino. Samuel L. Jackson aprovecha muy bien el tiempo extra, tanto por su gran personalidad y la química con Larson como porque se mete muy bien en la piel de una versión más joven: sin la obsesión y las cargas de la Iniciativa Vengadores es más jovial y abierto. Cabe señalar que tiene el rostro rejuvenecido por ordenador, pero está tan bien hecho que no te saca del personaje, salvo en un par de escenas en que aparece corriendo y parece que se va a morir, donde deberían haber usado un doble, que el actor tiene setenta años ya.

En los secundarios tenemos diversos soldados que son a la vez extensión de la guerra y víctimas de la misma, algunos con su momento de bajeza o de redención. Aun así, quizá podían haberles dado algo más de entidad a los acompañantes de Yon-Rogg, y en especial a Korath (Djimon Hounsou) y Ronan (Lee Pace), por eso de haberlos visto ya en Guardianes de la galaxia, pero claro, no hay tiempo para todo. Parece que hay una escena eliminada donde Ronan interactúa algo más con Rogg y Vers; me pregunto qué problema habría con ella. Más destacable resultan Maria Rambeau, la compañera militar de Carol Danvers, y su hija, que son un estupendo nexo con la humanidad y su pasado, y desbordan simpatía y complicidad con ella. En cuanto a intérpretes, Lashana Lynch (Rambeau) me ha parecido que cumple por los pelos y es el encanto del personaje lo que la salva; Ben Mendelsohn (Talos) es un actorazo que da gusto ver, pero la verdad es que empieza a cansar el tenerlo como malo en todas las películas de los últimos años; y Jude Law (Yon-Rogg, aunque dicen su nombre de pasada y es difícil quedarse con él) va por el mismo camino, estando encasillado ya en el tipo de gesto encabronado, así que en su personaje sí me carga un poco.

Aunque tenga una personalidad propia, la cinta también mantiene el sello de la serie, con multitud de referencias culturales e internas y humor bien medido. Por si no fuera suficiente con el homenaje en los créditos, Stan Lee se lleva un cameo con chiste sobre Mallrats (Kevin Smith, 1995) que resulta muy emotivo. La inmersión en los noventa es total, con multitud de detalles (empezando por la camiseta de Nine Inch Nails), una buena selección musical y chistes tronchantes; atención al momento del ordenador cargando lentamente. Y los guiños a la saga, como Coulson o el ojo de Furia, son divertidísimos.

A estas alturas no iban a sorprendernos con malos efectos especiales, y aunque no hay grandes despliegues como en otros episodios, funcionan de maravilla, destacando que ha dejado constancia de que el rejuvenecimiento facial aguanta en el tipo en un protagonista principal, con lo que seguramente veremos esta técnica en más películas. Sin ir más lejos, Martin Scorsese está rodando así parte de su último trabajo. Y la música es bastante buena: Pinar Toprak ha cumplido de sobras en su salto a la primera división, codeándose de tú a tú con Alan Silvestri en estilo y calidad; y si alguno pensaba que la eligieron por ser mujer, habrá callado muchas bocas.

Sin embargo, los autores no terminan de explotar todo el potencial latente. Parece que en el esfuerzo de mezclar tantas cosas y salir airosos con un relato fluido y ameno se han dejado sin pulir algunos pasajes de transición y acción, sobre todo en lo visual. No puedo dejar de pensar que en manos de alguien con el talento de James Gunn esta propuesta podría haber sido memorable, pero Anna Boden y Ryan Fleck se quedan a medio gas. Eso sí, hay que aplaudir el buen talante de los productores de la serie, capaces de buscar autores poco conocidos pero con potencial y darles bastante libertad creativa; como ejemplos de lo contrario que resultaron en desastres tenemos The Amazing Spider-Man, la serie DC y la deriva (esperemos que temporal) de La guerra de las galaxias (Han Solo a la cabeza).

En lo argumental, podría haber ganado bastante con un acto central más elaborado. El choque cultural y de personajes en la Tierra se despacha con unos pocos chistes, efectivos pero sin más trascendencia, y la investigación sobre el pasado de Danvers tiene partes que donde pierde fuerza dramática e intriga, cuando precisamente debería destacar en esos factores. La entrada en el complejo del proyecto secreto es un bache importante. Todo parece muy fácil, las revelaciones llegan sin mucho esfuerzo ni sensación de peligro, y las peleíllas en los pasillos del archivo no ayudan, porque parecen forzadas. Estas últimas señalan el otro problema: en lo visual se queda un peldaño por debajo de lo que suele ofrecer la serie. La incursión inicial que presenta el trabajo de los soldados tiene un escenario sugerente, pero no aprovechan la intriga y el espectáculo como para impresionar; la lucha en el metro está bien, pero la falta de originalidad y ambición pesa; las peleas en las instalaciones secretas son caóticas y repetitivas, ni se ve nada ni emocionan; los duelos de aeronaves podría haberse aprovechado mejor. No es hasta el final, con Danvers convertida en Capitana Marvel, cuando dan rienda suelta al aspecto visual en un clímax breve pero espectacular. Una cosa es que la idea no sea hacer algo tan apabullante como otras de la serie, otra quedarse corto en momentos clave; y sea como sea, no luce como una cinta con presupuesto de 150 millones de dólares o más.

Alerta de spoilers: En adelante destripo a fondo. —

He visto alguna queja porque Marvel no ataque la nave de Ronan. En realidad solo destruye una de las varias naves que llegan, y las razones me parecían bien claras. Ella no tiene por qué saber que hay a bordo un alto mando de los que promueven la guerra, y si su intención es precisamente luchar por acabar con la injusticia de la misma, no es plan de cargarse a miles de soldados que serán tan pringados como ella antes de despertar. Además, dejarlos ir transmite el mensaje de que la Tierra está protegida.

La escena en casa de Maria me ha gustado bastante. La parte inicial de Carol descubriendo su pasado es previsible, pero el toque humano se aprovecha bien. Sin embargo, cuando llegan los Skrull se juega con la confusión de los personajes, la tensión del momento y el humor muy bien, logrando que una de las escenas clave sea emocionante sin acción alguna y en un escenario bastante limitado. Por cierto, ¿tengo la mirada sucia o se intuye una relación homosexual entre Maria y Carol?

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Serie Los Vengadores:
Iron Man (2008)
Iron Man 2 (2010)
Thor (2011).
Capitán América: El primer Vengador (2011)
Los Vengadores (2012)
Iron Man 3 (2013)
Thor: El mundo oscuro (2013)
Capitán América: El Soldado de Invierno (2014)
Guardianes de la galaxia (2014)
Los Vengadores: La era de Ultrón (2015)
Ant-Man (2015)
Capitán América: Guerra Civil (2016)
Doctor Strange (2016)
Guardianes de la galaxia Vol. 2 (2017)
Spider-Man: Homecoming (2017)
Thor: Ragnarok (2017)
Black Panther (2018)
Los Vengadores: La guerra del infinito (2018)
Ant-Man y la Avispa (2018)
-> Capitana Marvel (2019)
Los Vengadores 4 (2019)
Spider-Man 2 (2019)
Guardianes de la galaxia Vol. 3 (2020)

La campaña de odio contra Capitana Marvel. ¿Hacia dónde cojones estamos yendo?

Quizá no debería meterne en tal berenjenal político-social, pero es que empiezo a estar hasta las narices. Y a fin de cuentas, es mi blog, y si algún payaso viene a molestar lo borro y a otra cosa.

Hay una campaña de desprestigio demencial contra la película Capitana Marvel que es inevitable comentar, pues muestra un comportamiento infantil vergonzoso, pero también una tendencia ideológica que empieza a resultar espeluznante, ya que no es un caso aislado, sino un paso más en un cambio global.

En menor medida tenemos a los que no saben ponderar las expectativas, y todo lo que no supere a Los Vengadores: La guerra del infinito se considera una decepción e incluso una traición. Qué visión tan simple del cine y de la serie. Todo tiene que ser más épico y trágico, no puede haber otras historias con distinto estilo.

Más llamativas son las hordas de fanáticos de DC, que en vez de exigirles buenas películas a los incompetentes productores de esa serie siguen empeñados en tratar de hundir a la competencia. Lo más ridículo es que ponen Wonder Woman como referente de cinta con heroína, como si hubieran inventado las películas protagonizadas por mujeres, y sobre todo cuando fue otro desastre que sumar a la saga y muy torpe en los asuntos tratados. Por mucho que la mirada inocente e ingenua de la protagonista prometiera una buena visión del sinsentido de la ambición y la guerra (todo en manos del género masculino), al final personaje e historia se ahogaban en un mar de tópicos tontos y un acabado visual lamentable. Capitana Marvel no es deslumbrante, pero resulta toda una lección de cine al lado de cualquiera de la serie DC, y en las mismas temáticas que Wonder Woman, destacando el feminismo, el vapuleo es de los que hace época.

Y lo más grave es esa lacra del machismo, no sólo enquistado sino que además parece estar reforzándose en los últimos tiempos, de forma que el simple hecho de pensar que una obra de un género considerado masculino pueda estar protagonizada por una mujer provoca rabietas en algunos individuos, no digamos ya si deja algún guiño feminista. Es triste ver que tras años con heroínas de gran éxito en cine (la Ripley de Alien) y televisión (Buffy, la Cazavampiros) estemos teniendo un retroceso tan grande que cualquier ejemplo parecido ahora se considera una osadía, una provocación, un panfleto de no sé qué “agenda”. Si Ripley aprendía a base de palos y pasaba a luchar contra los monstruos, no pasaba nada. Si Buffy entrenaba a diario para machacar vampiros, se veía normal. Pero ahora estamos como en décadas atrás, los machitos de hoy en día se sienten incómodos cuando Carol Danvers se rebela, se levanta y planta cara, como si estuvieran atacando su hombría. Es más, me imagino cómo se habrían puesto estos fantoches si los autores hubieran cumplido con algunos de los tópicos que les ponen a los personajes masculinos, por ejemplo, si tuviera un novio florero (guapo e inútil) que necesitara ser salvado. De hecho, en Aquaman es más o menos así y no ha pasado nada porque estos grupos no la han puesto en su lista negra: una chica responsable y respondona mete en vereda al macho alfa inmaduro, con no pocos momentos de humillación. La verdad es que en Capitana Marvel han sido suaves y elegantes con el tema, de forma que muestran un personaje sólido y un mensaje digno sin caer en estereotipos, maniqueísmos y provocaciones. Pero da igual, los ofendiditos son legión hoy en día.

Todos juntos, usando su abundante tiempo libre de antisociales y con ayuda de bots automáticos, se están dedicando, desde semanas antes del estreno, a hundir las notas de Capitana Marvel en páginas de referencia (aunque en la IMDb se ha visto una reacción, miles de dieces puestos por los fanáticos del otro bando, que no creo que sea la respuesta adecuada), y en cualquier foro persiguen a quien ose pensar bien de la misma. Ellos solitos quedan en evidencia en condiciones normales, pero más todavía viendo los temas que tan bien trata la cinta, destacando el pensar por ti mismo para acabar con los males del pensamiento único.

En principio podría resultar gracioso ver estas pataletas, pero si piensas en ello empieza a ser no sólo triste, sino inquietante. Primero, porque muchísimos implicados son adultos, y segundo, porque su influencia, empujada por el poder de las redes sociales (el sentirse abrigados en un círculo de semejantes y gozar de una visbilidad que de otra manera es más difícil de conseguir), está derivando en una tendencia en la forma de pensar y actuar que va en aumento. Esta visión reaccionaria cuando no retrógrada ya está afectando al resto de la sociedad. A la censura empujada por las masas le sigue la autocensura por miedo. Ya hemos visto retirada de productos en tiendas porque un colectivo de ofendiditos los pone en su mira, y medios (de información y de entretenimiento) que se cortan en tratar algunos asuntos o incluso retiran publicaciones o emisiones concretas. Y ahora estamos asistiendo con inquietud al salto más importante y peligroso: partidos políticos que agitan esos conflictos en un sentido u otro para sacar tajada.

Así, por la presión de unos pocos tarados estamos entrando en una dinámica donde todo se analiza y critica con un escrutinio demencial, y si no formas parte de ese nicho se te considera un enemigo. Que una película sea atacada en función de unas determinadas etiquetas que le asignen antes si quiera de su estreno no es una anécdota, es un problema grave que nos perjudica a todos.

Dijo Ray Bradbury en su prefacio a Fahrenheit 451: “No hace falta quemar libros si el mundo empieza a llenarse de gente que no lee, que no aprende, que no sabe”. Esa fase ya la hemos superado. Ahora algunos han empezado a intentar quemarlos.

El libro verde (Green Book)


Green Book, 2018, EE.UU.
Género: Drama, comedia.
Duración: 130 min.
Dirección: Peter Farrelly.
Guion: Nick Vallelonga, Brian Hayes Currie, Peter Farrelly.
Actores: Viggo Mortensen, Mahershala Ali, Linda Cardellini, Sebastian Maniscalco, Dimiter D. Marinov.
Música: Kris Bowers.

Valoración:
Lo mejor: El carisma de los protagonistas y los temas sobre amistad, visión de la vida, familia…
Lo peor: Usa unas fórmulas narrativas enormemente previsibles y manipuladoras, se empeña en recalcar los sentimientos que pretende transmitir aunque sean obvios.
El título: El oficial va sin traducir. A ver si se deciden de una vez: o se traducen todos o ninguno.
La frase: El mundo está lleno de gente solitaria que teme dar el primer paso.

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Es indudable que una película tiene que ofrecer un relato concreto y coherente, pero también transmitir algo en el lado emocional. Una buena película tendrá muchas capas y lecturas y producirá muchas sensaciones. En el caso que nos atañe, es evidente que no va sólo de unos músicos que hacen una gira. Pero, dependiendo de las intenciones y habilidades de los autores, la narración puede tomar muchas formas. Puede ser directa y contundente, velada y profunda, simplona y previsible, o machacona y manipuladora.

El libro verde olía desde lejos a que iba a estar en el rango de las últimas opciones. Es una cinta confeccionada con el manual de encandilar al público y ganar premios, todo en ella está construido milimétricamente para transmitir tal o cual emoción y moraleja, resultando exasperante en vez de emotiva en demasiadas ocasiones.

El primer problema de esta fórmula narrativa es que de tanto forzar las situaciones termina siendo previsible en cuanto muestra sus intenciones. Tenemos demasiados lugares comunes y estereotipos, sobre todo en los insufribles personajes secundarios. Sabrás perfectamente cuándo viene una pelea entre la pareja, o un lío racial, o un momento de revelación y maduración, cuál es la función del nuevo personajillo tonto que acaba de aparecer, y si eres un espectador medio avispado, hasta te olerás los trucos más hábiles, como el de la piedra de jade.

El otro problema es que todo está demasiado subrayado, resultando un relato maniqueo, pasteloso, melodramático en exceso. Por ejemplo, la asistencia a la fiesta al final… ¿de verdad había que alargarlo, amagar y engañar de esa manera tan burda, cuando bastaba que se bajaran juntos del coche? Se van acumulando escenas remarcadas por musiquita insistente y planos que se ceban en lo que ya está bien claro, conversaciones mascaditas, redenciones y reconciliaciones de lo más facilonas… Los momentos bochornosos son incontables, como la llamada telefónica a la comisaría, o la escena con el policía que los para al final, y no pocos son también muy tramposos: resulta que sí lleva pistola todo el tiempo, ¿es que la policía no lo cacheó cuando lo detuvieron?

Por suerte, la falta de naturalidad se disimula bastante bien con la simpatía de la pareja protagonista, cuya relación y vivencias tocan muchos palos con cierto encanto cuando no se patina con el endulzamiento. De hecho, mi impresión es que el desequilibrio es tal que parece haber una lucha constante entre dos visiones de la historia, como si los varios autores (guionistas y productores) quisieran cosas distintas. Por ejemplo, la escena del protagonista mirando con asco sus vasos cuando beben de ellos los fontaneros negros, que define en un plano su racismo, es demasiado inteligente comparada con el resto. También cabe señalar que el director Peter Farrelly, fuera de esos momentos tan guiados, mantiene una impronta muy elegante en la puesta en escena.

Aunque la road movie con pareja de opuestos no es algo nuevo, funciona aceptablemente bien. El italiano paleto y el negro culto chocan en su perspectiva de las cosas, tanteándose, conociéndose el uno al otro y aprendiendo del mundo y de sí mismos con estas nuevas vivencias. La amistad, la familia, la cultura, las esperanzas, cómo enfrentamos los problemas… se toca de todo un poco con la suficiente simpatía como para perdonar algunos de los momentos más forzados. Se sabe de sobras que uno llegará a casa con una visión más abierta y menos racista, y el otro se hará más sociable y bajará de su pedestal, pero la transición es bastante verosímil y amena. Viggo Mortensen como el bonachón bruto y Mahershala Ali como el estirado antisocial convencen muy bien. Por otro lado, la esposa es una mujer florero, y me apena que no saquen partido alguno de los otros dos componentes del trío, más cuando se supone que están haciendo el viaje juntos.

Con ellos se hace también un retrato de una época muy tratada en títulos muy superiores, como el clásico En el calor de la noche (Norman Jewison, 1967), o la más reciente Criadas y señoras (Tate Taylor, 2011), muchísimo más inteligente y original que la presente y con un grupo de personajes mucho mejor trabajado. Pero también hay que decir que son unos tiempos que no conviene olvidar, y aunque sea con demasiado maniqueísmo, El libro verde pone varios buenos ejemplos de aquellas injusticias raciales.

La pareja nos ofrece un sinfín de escenarios, anécdotas y lecciones divertidas y emotivas, y por lo general el viaje lleva buen ritmo a pesar de su estructura por capítulos, así que se si no se te atraganta el tono, es una cinta bastante entretenida. Eso sí, de ahí a considerarla entre las diez mejores del año hay un trecho insalvable con la objetividad en la mano… y ya sabemos que eso en los Óscar y los Globos de Oro no existe y por el contrario tienden a ensalzar estas producciones maniqueas, así que sus numerosos premios no me sorprenden.