El Criticón

Opinión de cine y música

Archivos mensuales: octubre 2019

Batman vuelve


Batman Returns, 1992, EE.UU.
Género: Superhéoes.
Duración: 126 min.
Dirección: Tim Burton.
Guion: Daniel Waters, Sam Hamm. Bob Kane (cómic).
Actores: Michael Keaton, Christopher Walken, Danny DeVito, Michelle Pfeiffer, Michael Gough, Michael Murphy, Pat Hingle.
Música: Danny Elfman.

Valoración:
Lo mejor: El despliegue de imaginación en diseño artístico, vestuario, banda sonora y dirección.
Lo peor: No tiene rumbo ni lógica en trama y personajes, es un caótico y agotador repertorio de encuentros aleatorios entre seres estrafalarios.

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LAS PRISAS NO SON BUENAS

La creación de Batman vuelve también fue movidita a pesar de que Warner Bros. esta vez no iba a dejar que el proyecto se alargara y perdiera el empuje del gran éxito de la primera parte. Tim Burton no quería repetir, estaba muy a gusto rodando Eduardo Manostijeras (estrenada en 1990), y es uno de esos directores que piensan que gastan tiempo y creatividad haciendo secuelas y películas por encargo. Pero lo convencieron dándole más libertad creativa que en aquel episodio y es de suponer que un buen aumento de salario.

A pesar del buen resultado con el guion de Batman, aquí el trabajo de Sam Hamm fue rechazado por Burton y se trajo a un escritor que estaba dejando buenas impresiones con algunas comedias de humor negro, Daniel Waters (Escuela de jóvenes asesinos -1988-, Las aventuras de Ford Fairlane -1990-). Entre Burton y Waters alejaron la cinta de los planes iniciales, dejando de lado tanto el potencial de los cómics como la continuidad con la primera parte. Pero además, a última hora, viendo carencias en el desarrollo de algunos protagonistas, contrataron a Wesley Strick (Solo ante la ley -1989-, Aracnofobia -1990-, El cabo del miedo -1991-) para arreglarlo, aunque al final no se llevó crédito. Este tanteó incluir a Robin, el clásico compañero de aventuras de Batman, pero la idea se desechó.

Las prisas y la mezcla inacabada de varios guiones se notan mucho en el resultado final. En el primer episodio el equilibrio no era perfecto, pero el conjunto fue tan deslumbrante que se disimulaban bastante sus debilidades. Sin embargo, en este nada llega a cuajar, a combinar con lógica y garra suficientes como para que la película no resulte un caos con momentos que dan vergüenza ajena.

El desarrollo de los personajes y la historia tenían algún agujero, pero nada como el galimatías que aquí encontramos. El humor negro, el tono surrealista, la hipérbole y parodia se sostenían por su inventiva e ingenio y porque unidos servían como reflejo perverso de la sociedad, pero aquí apenas algunos apuntes sobre corrupción emergen de una narrativa que nunca encuentra el tono. El presupuesto fue el doble que el anterior, pero no luce el doble de bien, aunque la orgía visual de Tim Burton sigue siendo digna de ver.

LOS PERSONAJES, DANDO TUMBOS SIN RUMBO

No vuelven a aparecer algunos protagonistas tan relevantes como Vicki y Knox, lo cual descoloca bastante, ni se aportan novedades con los secundarios esenciales, el comisario Gordon y el mayordomo Alfred. Pero lo más grave es el estancamiento en el desarrollo de Batman/Wayne. Centrando la historia tanto en los villanos y dejando casi fuera de juego a los otros personajes con los que interacciona, el héroe esta vez sí queda como un secundario de menor relevancia e interés. Wayne directamente no existe, aparece sin máscara alguna vez, pero no se explora ninguna historia con esa parte de su vida, pues en casi todas las escenas está trabajando como Batman. El hombre murciélago entra en juego para soltar hostias a los payasos y tener varios encontronazos aleatorios con Catwoman, pero todo ello parece de relleno mientras esperas que plante cara en algún momento al Pingüino. La invesitagación que hace sobre esa figura misteriosa, como en el capítulo precedente, carece de interés. El clímax final, con la persecución por las alcantarillas y la pelea en la guarida del villano, funciona bastante bien en la parte del espectáculo, pero no se trabajan nada el guion. El héroe no enfrenta retos intelectuales y éticos, sus motivaciones y determinación no cambian lo más mínimo. Así, no parece que haga nada tangible en toda la película, incluso da la sensación de que la relación entre los villanos y sus planes estaban abocados al fracaso por sí solos debido a los problemas que iban teniendo, y por tanto Batman aparece para cumplir con el título.

El protagonismo se reparte entre Shreck, Pingüino y Selina Kyle, alias Catwoman, pero los dos primeros parecen estar en una película y ella en otra.

La presentación de Selina como mujer capaz pero tímida y descuidada se pasa de rosca, la parodia patina hacia lo infantil de forma penosa. Su transformación es vulgar, no resulta impactante. No entiendo qué intentan hacer con Catwoman, va de feminista asqueada de los hombres y la cosificación de la mujer… y se viste de cuero como un putón y va flirteando con todos… para luego cabrearse porque son hombres. Los encuentros entre Batman y Catwoman son bastante vistosos y emocionantes (unos por las escenas de acción, otros por el humor gamberro), pero en cuanto a contenido son un sin dios. No se entiende por qué ella adquiere tanta obsesión por destruir a Batman, si no tuvo nada que ver en su nacimiento ni parece que haya chocado tanto con sus planes… Bueno, tampoco se observa un plan y unas motivaciones concretas. ¿Qué pretente, perseguir machistas y propagar su feminismo, vengarse de Shreck, acabar con la corrupción de los poderosos? Pero hay más incongruencias: ¿cómo averigua que Pingüino es malvado, si Batman con una investigación detrás no ha podido probarlo todavía?, ¿por qué se alía con él, si representa mucho de lo que desprecia? Y anda que este contándole sus planes terroristas a la primera de cambio. Sólo queda la vaga noción de que ambos son agentes del caos y se toleran. Finalmente, no entiendo tampoco la obsesión que hubo con Michelle Pfeiffer. Muy guapa, sí, pero su interpretación histriónica y repetitiva (todo el rato con la boca abierta) es muy cargante.

Desde que el primer capítulo tuvo luz verde estaba previsto que Harvey Dent (interpretado por Billy Dee Williams entonces) continuara en los siguientes. En los primeros libretos del presente veía aumentado su protagonismo, y acabaría convirtiéndose en Dos Caras al final para ser villano en la siguiente película. En cambio, esta figura terminó transformada en Max Shreck, inexistente en los cómics, un multimillonario que “da alas” al Pingüino para tapar su corrupción.

Shreck es bastante bueno como villano. Trabajando sutilmente desde las sombras, haciendo que pringuen otros, y con una interpretación fantástica de Christopher Walken, quien pilla el punto psicópata combinado con locura esperable en este género: Shreck vive para manipular a todos, oscila entre la maldad y la diversión. Pero aun así sus motivaciones finales son mejorables. Su plan es construir una central eléctrica que Gotham no necesita, algo quizá muy mundano para un supervillano, pero que hubiera funcionado en la temática de ambición y corrupción si hubiera tenido más atractivo y relevancia, pues tampoco convence su obsesión con ello.

Oswald Cobblepot, el Pingüino, quizá el segundo enemigo más conocido de Batman, resulta un personaje grotesco, unas veces porque consiguen que dé asco y pena a la vez, que resulte un villano trágico, pero otras porque es una amalgama de ideas sin conexión ni dirección. Se supone que las últimas reescrituras del guion fueron para dar más solidez al rol y sus motivaciones, pero lo que hicieron fue añadir capas que no terminan de conformar algo coherente. Unas veces parece un tipo resentido que sólo quiere vengarse de la sociedad, otras se ve nacer una ambición en él por llegar a ser algo en dicha sociedad, otras es un paria manejado por Shreck sin que el pobre se entere… Y entre estas opciones va dando tumbos, haciendo chistes malos, con escenas de acción y encuentros con Batman y Catwoman sin justificación clara, hasta que en el acto final se deja todo de lado para perseguir el típico plan genocida de supervillano del montón. Además, tomar esa dirección supone que Shreck deja de tener sentido, pues su plan empresarial al lado de esto es una nadería, y los guionistas lo apartan y reservan de mala manera hasta que creen que es el momento de matarlo. Danny DeVito está rozando la sobreactuación algunas veces, pero en general muestra bien a un ser atormentado y patético.

MENOS INGENIO Y FALTA DE NOVEDADES

Otro problema es que el grupo de matones del Pingüino se compone de nuevo de payasos, como los seguidores del Joker, y aparte de la falta de novedades esta vez no tiene sentido alguno. ¿Qué hacen con el Pingüino, cómo los ha reclutado y por qué lo siguen? Para lo único que sirven en la película es para rellenar escenas de acción aquí y allá. Y no soporto el ejército de pingüinos; no sé qué pensará el resto del mundo, pero me parece demasiado infantil.

Los diálogos no tienen la mitad de ingenio que en el capítulo precedente, incluso algunos que sí son graciosos parecen muy forzados, como en los combates entre Catwoman y Batman y los encuentros entre esta y Pingüino, donde a veces los personajes parecen escupirlos de mala gana mientras hacen pausas entre golpe y golpe. También repiten un error, aunque en menor medida que entonces: hay detalles importantes sin explicar, como de dónde saca Pingüino los planos y especificaciones del batmóvil.

En el acabado, Burton y el equipo artístico vuelven a deleitarnos con un despliegue de escenarios, vestuario y especiales alucinante, y Danny Elfman está incluso más inspirado con la banda sonora. Pero no encuentro mejoras respecto al primer episodio en el sentido de ampliar horizontes, de ir más allá con el espectáculo, porque la ciudad parece haber empequeñecido, está representada por una plaza minúscula y dos callejones. El problema es que los escenarios de interiores sí son más numerosos, y salvo la cúpula del zoo donde se esconde el Pingüino ninguno luce mucho; deberían haber hecho como en la primera parte, usar interiores reales y gastar más en decorados y fondos pintados que le dieran más espacio y versatilidad a Gotham. La ciudad pierde personalidad también porque los políticos parecen cuatro pringados diciendo tonterías y el pueblo son pocos extras, no se ve un ambiente complejo y verosímil como en la primera parte.

Tampoco hay mejoras llamativas en cuanto a la tecnología de Batman. Aparece una especie de deslizador, pero no impresiona, y el coche hace cosas muy raras: el gato para dar la vuelta y lo de que se estrecha soltando partes para pasar por lugares angostos parece demasiado conveniente, y para rematar, Batman pulsa unas cuatro o cinco veces el mismo botón para distintas cosas.

Y TIM BURTON NO VOLVIÓ

El galimatías resultante es tal que me cuesta mucho darle nota. Puede pasar como entretenimiento, pero como te coja de malas tanta tontería e incongruencia se te atragantará por completo.

Gracias a la fama de la primera entrega, Batman vuelve consiguió arrastrar a mucha gente al cine con gran entusiasmo, pero el boca a boca enfrió poco a poco la cosa y se quedó en 200 millones de dólares mundiales de recaudación, la mitad que aquella. El estudio pasó de venerar a Burton a tener miedo de sus delirios, y buscó algo más comercial para seguir la serie, eligiendo repartos de grandes estrellas y un tono para todos los públicos, y aunque no hicieron malos números con las dos cintas dirigidas por Joel Schumacher, la calidad y el prestigio se fueron por el retrete y propiciaron que el personaje quedara en suspenso durante una década.

Batman de Tim Burton:
Batman (1989)
-> Batman vuelve (1992)
Batman de Joel Schumacher:
Batman Forever (1995)
Batman y Robin (1997)
Serie El Caballero Oscuro:
Batman Begins (2005)
El Caballero Oscuro (2008)
El Caballero Oscuro: La leyenda renace (2012)
Serie La liga de la justicia:
Batman vs. Superman: El amanecer de la justicia (2016)
La liga de la justicia (2017)
Independiente:
Joker (2019)

Batman


Batman, 1989, EE.UU.
Género: Superhéroes.
Duración: 126 min.
Dirección: Tim Burton.
Guion: Sam Hamm, Warren Skaaren. Bob Kane (cómic).
Actores: Michael Keaton, Jack Nicholson, Kim Basinger, Robert Wuhl, Pat Hingle, Michael Gough, Billy Dee Williams, Jack Palance, Lee Wallace.
Música: Danny Elfman.

Valoración:
Lo mejor: Aspecto visual y banda sonora sin igual. Personajes intrigantes o estrafalarios difícilmente olvidables.
Lo peor: Al guion le faltan unas puntadas para ser redondo, algunas escenas quedan muy por debajo del nivel medio en relevancia y fuerza.

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LA PRODUCCIÓN

La franquicia cinematográfica de Superman, iniciada por Richar Donner en 1978, tenía bastante tirón y buen prestigio a pesar de su estilo simplón y en cada nueva secuela más cutre, así que en Hollywood iba aumentando el interés en hacer lo mismo con el siguiente personaje en cuanto a fama en la marca DC Comics, Batman. Pero como suele pasar, la idea dio vueltas durante años y años tomando muchas formas distintas hasta que llegó a concretarse algo.

Los productores que se hicieron con los derechos en 1979, Benjamin Melniker y Michael E. Uslan, querían desde el principio una adaptación fiel al personaje creado por Bob Kane y Bill Finger en 1940, una figura atormentada en un mundo sombrío, pero los estudios los iban rechazando porque esperaban algo más cercano a la serie de televisión de 1966 de Lorenzo Semple y William Dozier protagonizada por Adam West, una blanda comedia para todas las audiencias que era la visión que tenía el público generalista del héroe.

Warner Bros. se interesó por el proyecto y puso al frente al veterano guionista Tom Mankiewicz (que participó en Superman y James Bond) y luego al menos a una decena más para hacer reescrituras, pero no terminaba de ver la luz. La cosa cambió en 1986 con la publicación de la novela gráfica El regreso del Caballero Oscuro de Frank Miller, que provocó una conmoción en el mundo del cómic e hizo revivir el interés por la adaptación, y la contratación de Tim Burton, un joven director que llamó la atención del estudio con su primer largo, La gran aventura de Pee-wee (1985). Mientras el guion seguía dando tumbos, el realizador se centró en Bitelchús (1988), cuyo éxito propició por fin que pusieran fecha al rodaje.

Burton descartó el trabajo previo y se buscó a un guionista fans de los cómics, Sam Hamm, pidiéndole que se centrara sobre todo en la nueva serie limitada que estaba causando sensación, La broma asesina (1988) de Alan Moore, pues quedó cautivado por la rivalidad Joker-Batman. Pero aun así hicieron falta más reescrituras por distintas manos, que quedaron acreditadas a un colaborador de Burton, Warren Skaaren (Top Gun -1986-, Superdective en Hollywood II -1987- y Bithelchús). A pesar de la estupenda recepción de la película, Hamm, aparte de trabajar en la secuela, sólo consiguió participar en un par de series de nulo impacto y en algún número de cómics del personaje; Skaaren tuvo peor suerte, pues falleció de cáncer de huesos al poco de estrenarse el filme, con sólo 44 años de edad; y Melniker y Uslan se habrán hecho de oro, porque cualquier nueva adaptación relacionada con Batman ha de pasar por ellos.

La visión y valentía de Burton, Skaaren y Hamm al apoyarse en cómics tan adultos y recientes para realizar una adaptación comercial para el gran público fue loable, y que en el estudio aceptaran un tono tan oscuro fue una suerte. Burton también se mantuvo firme con Michael Keaton, un actor denostado por venir de comedias y una elección que causó gran polémica, pero en el que vio gran potencial. Los ejecutivos por su parte se empecinaron en tener a una estrella como Jack Nicholson a costa de soltar billetes y permitirle exigencias locas durante el rodaje. Su sueldo, entre el pago inicial y una parte de la taquilla, terminó siendo uno de los más grandes de la historia del cine, unos 60 millones de dólares.

LA PELÍCULA

Batman nos introduce primero en el ambiente y luego en los protagonistas, jugando con el misterio y la expectación, en vez de tirar por la típica fórmula más lineal de la que se abusa mucho en este género, donde se suele empezar por un prólogo que presenta al protagonista y sus capacidades sin dejar margen a la ambigüedad y la intriga. Políticos manchados por la crisis económica y moral, la corrupción campando a sus anchas y el crimen desbordado hacen de Gotham un estercolero donde el ciudadano de a pie ni es capaz de levantar cabeza ni tiene esperanzas de hacerlo en el futuro. Un vigilante nocturno surge entre las sombras, el hombre murciélago, Batman. ¿Es un héroe, un pirado, o un criminal? Nos alejamos así también del concepto más básico de los superhéroes, el clásico enfrentamiento entre el bien y el mal, lo incorruptible contra lo irremediablemente malvado, y nos adentramos en una visión más compleja y sórdida.

El guion es certero, pero el acabado visual es lo que termina de conseguir que Gotham emerja como una ciudad imaginaria con vida propia, grotesca e hipnótica, y también atemporal, tanto en estilo artístico como en lo narrativo, pues sirve para describir la decadencia de las sociedades en cualquier época relativamente moderna. Bryan Singer intentó algo parecido en Superman Returns (2006) y quedó una amalgama de épocas poco atractiva y que confundía al espectador.

Burton, demostrando que lo de Bitelchús no fue una inspiración momentánea y tenía conocimientos de cine de sobra, confirió al relato un aura única y completamente diferente a la juguetona representación de la muerte y el más allá de aquel título. Combina el cine negro de los años cincuenta, emulado con fantásticos juegos de luces y sombras y un ambiente intrigante, con los thrillers criminales de los años setenta, donde la decadencia de la sociedad está presente en todo momento y priman las escenas de acción sucias y caóticas.

Todo ello además acaba bañado con un estilo arquitectónico y tecnológico difícil de describir, donde el diseñador Anton Furst elevó la inventiva de Burton a algo inclasificable: con una complicada pero magistral combinación de decorados, maquetas y fondos pintados, Gotham resulta una ciudad pesadillesca pero fascinante que mezcla zonas que recuerdan a la revolución industrial, bastos edificios de piedra propios de los años cincuenta, y rascacielos inspirados en lo que a principios del siglo XX imaginaban para el futuro. Y el Batmóvil y el avión, también nacidos de la mano de este artista, hasta la fecha siguen siendo los mejores vehículos del hombre murciélago. Furst tampoco disfrutó de la fama, pues se suicidó en el 91 tras una etapa de depresión y drogas. Para terminar de deslumbrar con el acabado, la banda sonora de Danny Elfman en su mejor época es también de rasgos muy singulares, original y espectacular hasta resultar inolvidable.

En cuanto a cómo la ha afectado el paso del tiempo, solo se nota un envejecimiento claro en algunas secuencias de complicados efectos especiales, donde puede cantar algún plano. En concreto, en bluray se nota muchísimo la maqueta que recrea el helicóptero de la banda de Joker, y quizá algún fondo pintado parezca un poco anticuado.

Fue idea de uno de los escritores, Hamm, la de sacar de la historia a algunos roles habituales del cómic (como la compañera romántica planteada inicialmente para el protagonistas, Silver St. Cloud) e inventar otros que facilitaran el trabajo dando más margen de movimiento, y ninguno de los implicados se quejó ni el público friki, una minoría por entonces, puso el grito en el cielo por una supuesta traición antes si quiera de ver el resultado. Hoy en día se habría liado parda. En cambio, mantuvieron al mayordomo Alfred (Michael Gough), aunque poco aporta, y presentaron algunos secundarios pensando en extender sus historias en las secuelas, el fiscal Harvey Dent (Billy Dee Williams) y el comisario Gordon (Pat Hingle), aunque finalmente no cumplieron con los planes iniciales.

Vicki Vale y Alexander Knox son dos periodistas intrépidos que resultan encantadores desde su primera aparición, en parte por el guion, repleto de diálogos ingeniosos, y en parte por la desbordante simpatía y carisma de sus actores, Kim Basinger y Robert Wuhl respectivamente. Además, manteniendo la idea de jugar con la intriga, son ellos quienes nos introducen poco a poco en el mundo de Bruce Wayne y su alter ego Batman. Por ello y la arrolladora presencia de Joker, se suele decir que Batman queda como un secundario y Michael Keaton fue engullido por el resto del reparto. No estoy de acuerdo con ninguna de las dos afirmaciones. Acertadamente tenemos una obra coral, y Keaton combina muy bien la torpeza del ricachón antisocial y la rudeza y frialdad del héroe en la sombra. Donde no convencen ni él ni Basinger es en su incipiente relación, pero quizá es porque ahí el guion se queda corto.

La veneración a este primer gran Joker me parece un poco inflada, pues aunque como villano resulte tan inesperado como espeluznante (en su época fue todo un shock), su historia global tiene muchos flecos y prefiero al trío Batman-Vicki-Knox (hubiera venido muy bien si este último hubiera aportado algo más sustancioso al final). La presentación podría haber estado mejor desarrollada, no queda muy clara la posición de Jack Napier en la mafia, al principio parece un pez gordo, luego un encargado de poca monta, ni su personalidad, pues de una escena a otra pasa de mafioso imponente a un pringado miedica: el jefe lo manda a una misión de bajo rango riéndose de él y no rechista. Eso sí, una vez como Joker se torna espectacular, Jack Nicholson nos deleita con una interpretación desatada y loca y el rol es un psicópata megalómano totalmente impredecible. Deja unas pocas escenas icónicas para el recuerdo, como su nacimiento mirando el espejo y riendo como un desquiciado, la delirante entrada en el museo, los globos con los que pretende envenenar a toda la población… Sin embargo, en el final vuelve a desinflarse mucho. Al clímax en la catedral le falta sentido del espectáculo, sobre todo después de ver el despliegue de medios para recrear la ciudad, y como confrontación final ofrece muchas tortas (a las que le falta tensión, sobre todo en instantes cruciales, como cuando cuelgan de las gárgolas) pero poco duelo intelectual o algún giro que le confiera algo más de garra y termine por todo lo alto tanto en asombro visual como en el arco de los personajes.

BRILLANTE PERO IMPERFECTA

Ese es el problema de Batman: hay un talento sin igual entre sus creadores que nos pone ante una película fascinante y rompedora, pero se acumulan escenas y situaciones un tanto descuidadas que van restando puntos aquí y allá.

Encontramos algunas partes un poco torponas, como el prólogo, con el rico incapaz de coger un taxi y que acaba perdido por los peores callejones de la ciudad, que están ahí mismo al lado de lo que parece el barrio cultural más próspero, o la entrada de Joker en la guarida del mafioso, tomando el mando él solito sin encontrar resistencia alguna.

Se puede señalar que el romance de rigor entre los protagonistas, Bruce Wayne y Vicki Vale, va más rápido de la cuenta, sin que termine de quedar claro si salta la chispa o si ambos están en la relación por otros motivos, ella por investigar al rico extraño, él por socializar y controlar la historia. No me parece que los realizadores buscaran que la cosa resultara ambigua, dejarlo para la imaginación del espectador, sino que más bien falta una pizca de naturalidad en el guion y de química entre los intérpretes. Por suerte, tiene muchos buenos momentos que disimulan su escaso recorrido: los encontronazos entre la chica y el héroe son graciosos sin parecer simplones, la escena en que ella descubre la muerte de los padres de Wayne es muy emotiva, la cena en la mesa larga y el intento de Wayne de sincerarse y decir que es Batman son tronchantes.

Pero lo que peores sensaciones me deja es que Joker y Batman pongan en marcha planes y ejecuten cosas importantes fuera de pantalla y en cambio se dedique mucho tiempo a otros aspectos menos relevantes de sus historias y la trama. Hubiera cambiado una escena tan larga como es la visita de Joker a Vicki en su piso, redundante a la hora de mostrar su interés por ella y un receso de humor teatral un poco facilón (por eso de forzar la presencia de Wayne en el mismo momento y lugar), por ver más elaborado el ascenso de Joker y las indagaciones de Batman.

La reunión con los otros mafiosos queda muy coja, matando a un jefe y amenazando a los demás no basta para que me crea que no se van a aliar contra él. Pero en realidad hubiera sido mejor eliminar esa parte por no aportar nada a la historia, ya que en el ataque de Joker a la ciudad no pintan mucho otras mafias; quizá quisieron ser fieles al cómic, con Joker dominando el mundo del crimen, sin darse cuenta de que no era una subtrama útil. Mejor hubiera sido explicar cómo consigue ganarse a los matones de su banda y algo tan importante como interrumpir la emisión de televisión. En cuanto a Batman, habría aportado mucha consistencia a la trama y al personaje ver su investigación sobre Joker con más detalle, que siguiera pistas más llamativas, que tuviera algún encontronazo con los matones, algo que perfilara mejor la confrontación. Y ya he comentado que al duelo final le falta algo de garra.

EL LEGADO

Para los tiempos que corrían, viniendo de la serie televisiva familiar y teniendo como referente al ingenuo Superman de Reeve y Donner, la perspectiva más oscura de Burton fue toda una revolución en el cine, consiguió cambiar la visión sobre un género considerado infantil, y sus orígenes para muchos ni siquiera válidos como literatura, y dar a conocer la cara más auténtica a uno de sus personajes más serios y oscuros.

Por su estilo entre desenfadado y surrealista se le perdonan algunas cosas menores (la nave de Batman tiene unas tijeras perfectamente diseñadas para los globos de la banda de Joker, el estereotipo de que una mujer lista debe llevar gafas, alguna secuencia un poco falta de garra), pero los bajones en ritmo y la impresión de que falta desarrollo en algunas partes son muy notorios. Si Batman causó un impactó tan grande y aguanta bien el paso de los años es por su arrolladora originalidad y personalidad.

De hecho, es tan marcada en cuanto a estilo que no me parece apta para todos los públicos, pero aun así tuvo un gran éxito y se mantiene muy bien en la memoria colectiva a pesar de que Batman vuelve (1991) fue un desvarío total. También es cierto que a las dos siguientes adaptaciones, Batman Forever (1995) y Batman y Robin (1997), oficialmente de la misma serie pero que nadie las cuenta como tal, se les confirió un tono tan distinto, tan comercial y hortera, que dio dos títulos estúpidos, lo que ha ayudado a ensalzar la visión de Tim Burton.

Hizo 400 millones de dólares en la taquilla mundial (ajustado a hoy en día serían 800), por encima de títulos tan esperados como eran Regreso al futuro II (Robert Zemeckis) y Cazafantasmas II (Ivan Reitman), siendo superada sólo por Indiana Jones y la última cruzada (Steven Spielberg), menos en Estados Unidos, donde se mantuvo imbatible.

Batman de Tim Burton:
-> Batman (1989)
Batman vuelve (1992)
Batman de Joel Schumacher:
Batman Forever (1995)
Batman y Robin (1997)
Serie El Caballero Oscuro:
Batman Begins (2005)
El Caballero Oscuro (2008)
El Caballero Oscuro: La leyenda renace (2012)
Serie La liga de la justicia:
Batman vs. Superman: El amanecer de la justicia (2016)
La liga de la justicia (2017)
Independiente:
Joker (2019)

Fallece Robert Forster

Robert Forster era un talento siempre deseado por estudios y directores por ser un valor seguro con el que redondear una película. Sin embargo, nadie le dio la oportunidad de tomar un papel principal hasta que llegó Quentin Tarantino y su Jackie Brown en 1997, donde demostró su valía mejor que nunca, obteniendo veneración y premios en cantidad.

Ha fallecido el viernes 11 a los 78 años de edad por un cáncer en el cerebro, justo cuando Netflix ha estrenado su último papel en El Camino, una película basada en la serie Breaking Bad.

Filmografía: IMBd, Biografía: Wikipedia.

Joker


Joker, 2019, EE.UU.
Género: Drama, superhéroes.
Duración: 122 min.
Dirección: Todd Phillips.
Guion: Todd Phillips, Scott Silver. Bob Kane, Bill Finger y Jerry Robinson (cómic).
Actores: Joaquin Phoenix, Robert De Niro, Zazie Beetz, Frances Conroy, Brett Cullen.
Música: Hildur Guðnadóttir.

Valoración:
Lo mejor: Arthur es un personaje con el que conectas con intensidad y Joaquin Phoenix consigue que resulte conmovedor.
Lo peor: Nada tiene que ver con Joker y Batman, versa sobre un loco cualquiera. El potencial del personaje se desaprovecha porque el conjunto es un telefilme con un desarrollo vulgar, abusa de las clásicas fórmulas de estos para forzar el melodrama, copia la mayor parte de películas mucho mejores, y la historia no lleva a nada.
Mejores momentos: Poniendo buena cara mientras el jefe le echa la bronca.
La pregunta: ¿Por qué Arthur escribe su diario en castellano y entrega tarjetas en el mismo idioma? El sinsentido de sustituir el idoma de textos como parte del doblaje parece estar imponiéndose, me temo. Es más, si me compro el bluray para verla en VOS… ¿me encontraré esta aberración?

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Alerta de spoilers: Comento unos cuantos detalles, pero son bastante vagos o cosas que no creo que fastidien la experiencia del visionado.–

WARNER BROS. SIGUE DANDO PALOS DE CIEGO

En Warner Bros. tiraron la toalla con la serie de superhéroes unidos de DC Comics, La liga de la justicia, tras varios fracasos artísticos sonados y algunos resultados de taquilla no malos pero que no cumplían sus expectativas, y han optado por hacer películas sueltas de distinto tipo y con autores diferentes a ver si así encarrilan la cosa. Aunque claro, es de esperar que en cuanto crean haber atinado con un tono o personaje lo exprimirán al máximo… Y Joker ha sido un pelotazo instantáneo, así que sin duda tendremos más títulos en esta línea.

Pero el éxito de taquilla y el aplauso de la masa de espectadores es una cosa y la calidad y el legado artístico otra. El tiempo suele poner las cosas en su sitio, y no creo que pase mucho hasta que la insólita ola de adoración que ha elevado a Joker tan por encima de sus méritos se diluya y la realidad vaya asentándose. Se agradece el intento de aportar novedades, de ir por otros caminos en un género saturado de estrenos, pero para lograr algo rompedor hay que tener unas ideas y una determinación por encima de la media. En esta nueva aproximación al universo de Gotham y su villano más famoso apuntan alto, pero se han vuelto a estrellar. El Batman de Christopher Nolan (2005, 2008, 2012) continúa imbatible y su Joker interpretado por Heath Ledger sigue sin ser superado.

JOAQUIN PHOENIX POR ENCIMA DE TODO

El dibujo Arthur Fleck es sencillo, con unas bases poco originales, pero como punto de partida debería ser suficiente. El relato de su vida promete, desde luego. El pobre lo tiene todo en su contra, resultando un paria entre entrañable y grotesco, una hábil combinación para que sientas simpatía por él y repulsa por como es dejado de lado o incluso maltratado. Es un tipo con claras disfunciones mentales que le impiden desenvolverse en la sociedad sin ayuda, pero esa sociedad falla estrepitosamente desde el ciudadano, que va de indiferente a abusón, al estado, en crisis económica y política y cuya corrupción implica proteger a los más favorecidos y abandonar o incluso pisotear al resto.

De primeras se observa que el director y principal guionista Todd Phillips trata de cuidar tanto la perspectiva global como el detalle. Me gusta como describe la situación de degradación de la ciudad mediante las noticias que se oyen de fondo hablando de huelgas de basura y con las sirenas sonando constantemente para reflejar el caos y la violencia en las calles, todo muy al estilo de Paul Verhoeven en Robocop (1987) y Desafío total (1990). De esta forma, tenemos el foco en un Arthur distante e incapaz de integrarse, pero aun así el mundo en que vive cobra vida e influye en su desarrollo como persona. Él no lo ve, a veces incluso cree que él mismo no existe, pero todo termina afectándolo.

La arrolladora presencia de Joaquin Phoenix termina de construir un personaje que llama mucho la atención y está a punto de resultar conmovedor, aunque como explicaré en breve, su desarrollo emocional no llega a dar tanto como prometía. Phoenix, quien ya demostrara su grandeza en títulos como Gladiator (2000), Señales (2002) y La noche es nuestra (2007), se sumerge por completo en su forma de ser, se mimetiza hasta desaparecer el intérprete y quedar un maltrecho desecho de la sociedad que deambula sin levantar cabeza hasta que explota. Hay algunos momentos muy potentes, como cuando pone buena cara mientras recibe la bronca de su jefe, o la mirada de “ya está, ya la he liado gorda” cuando da el paso final en el programa de televisión; y el humor que surge de sus desventuras es negrísimo y bastante efectivo: tienes que reírte de tanta miseria.

En cuanto a los otros pocos actores con algo de presencia, Robert De Niro cumple sin esforzarse en su breve aparición, como lleva años haciendo, así que no entiendo por qué se lleva tantas alabanzas, y Frances Conroy tampoco convence, pero será cosa del director, porque es una actriz de gran nivel (A dos metros bajo tierra -2001- a la cabeza): no transmite la más mínima emoción, ni pena cuando sufre ni rabia cuando falla a su hijo.

NUEVOS AIRES… QUE HUELEN A RANCIO

Sin embargo, a pesar del buen punto de partida con el protagonista y el esfuerzo por construir el entorno adecuado, el potencial latente en él nunca llega a despegar y la historia a la que debería dar forma su vida no llega a materializarse. Se esperaba una película de gran inteligencia y calado, pero se queda en unas pocas ideas bastante buenas en un envoltorio fallido, porque falta talento para explorarlo todo como es debido. Da la sensación de que no termina de arrancar nunca, de que es un primer acto interminable, de que Phillips no sabe qué contar una vez está todo en marcha, y se empiezan a acumular simplificaciones excesivas, reiteración (¿pero cuántas veces va a hacer el bailecito?), obviedades y el constante apoyo en otros autores. La mayor parte de la cinta es una combinación de Taxi Driver (1976) y El rey de la comedia (1982) de Martin Scorsese: el antisocial buscando su lugar en el mundo e intentando ser cómico, la cuidad convertida en un estercolero, la campaña del político, la incapacidad para ligar con la chica que le gusta, la rabia acumulada… Y varios de estos elementos los comparte también con Un día de furia (Joel Schumacher, 1993).

La evolución de Arthur se torna pronto muy previsible y se estira más de la cuenta (da tumbos, se atasca, retrocede), y sus vivencias no terminan de servir como el ensayo sobre el ser humano que Phillips parecía buscar, sobre cómo podemos rompernos como personas y como sociedad. Se queda en un boceto de psicología básica: mala infancia, poca ayuda, locura emergiendo. No ofrece giros inesperados, no aporta matices y anécdotas ingeniosas y originales que vayan perfilando la trayectoria de Arthur, que la aparten de lo más predecible y facilón. Tenemos paliza, bronca, desilusión, repetir el bucle, y así hasta el despertar o caída, resultando un camino demasiado dirigido, con lo que el personaje va perdiendo la naturalidad y complejidad con que era presentado.

El desequilibrio es tal que de una escena a otra pasa de un tono serio y sutil a uno demasiado tontorrón y obvio; el ejemplo más claro y que más me ha molestado es que en la intrusión a la casa de la vecina todo queda claro con la frase “Eres el que vive al final del pasillo, ¿verdad?” (cito de memoria), no hacía falta una serie de flashbacks recalcando algo tan jodidamente evidente. Encontramos transiciones entre lugares y tiempos sin imaginación alguna, o sea, que no mantienen el interés, partes alargadas sin rumbo ni intenciones claras, y escenas de relleno sin más motivo que postergar el renacimiento o darle un toque más exótico (como el asesinato en su piso). Algunas secuencias se caen a pedazos, como la visita al psiquiátrico: entra sin más, pide información privada y se la dan, corre como un loco por los pasillos… y no hay personal de seguridad y administrativo que se cuestione nada. Un par de buenos momentos en el arco final (en el programa de televisión) apenas salvan un desenlace que llega ya sin ilusión por esperar algo innovador e impactante como anunciaban tantas buenas críticas, sino que consigue decepcionar un poco más, porque el clímax es artificial pero hueco y enlaza un par de epílogos anodinos.

¿JOKER? ¿QUÉ JOKER?

Para añadir más problemas al flojo conjunto, acabas el visionado y te quedas con cara de que te han timado, que esto no es una cinta sobre Joker, sino sobre un loco cualquiera. Llamarlo Joker y meter el origen de Batman de refilón es un sin sentido, y por mucho que mencionen el nombre de Gotham no hay nada que te haga ver una ciudad imaginaria con su idiosincrasia propia, se ve New York y sus gentes en todo momento. El realizador parece querer decir que Joker provoca el nacimiento del hombre murciélago, pero a Arthur le cae todo encima, no hace nada, su primer crimen es casual y la gente lo toma como detonante como podría haber usado cualquier otro evento, y en el final ni incita ni planea el asesinato de los padres de Bruce Wayne.

Así, no vemos la gestación de un villano, la evolución de un desequilibrado mental hasta convertirse en un maestro del mal, sino que es un loco del montón que deambula sin enterarse de casi nada ni planificar nada, más allá de ir al programa de televisión con ganas de matarse o matar. O quizá Phillips tratara de contar que la malograda y podrida sociedad es la que siembra el germen que da lugar a Joker y Batman y posteriormente alimentará su existencia, pero al quitar toda capacidad de decisión a los personajes les hace perder muchísima fuerza e interés, y el conjunto no brilla tampoco como una historia sobre la decadencia de la sociedad, especialmente por su falta de originalidad y rumbo.

TAMPOCO DESTACA EN EL ASPECTO VISUAL

Si fuera una película cualquiera habría despachado el apartado de puesta en escena sin buscarle las cosquillas. Phillips y su equipo tiran de recursos básicos pero son suficientes para cumplir con lo justo en el objetivo de mostrar un ambiente lúgubre y centrar el foco en un único personaje. Pero la cadena de adoración que se ha montado a su alrededor exige algo más de detallismo y sobre todo objetividad que ponga las cosas en su sitio. Para hablar de hito del cine o incluso de obra maestra hay que hacerlo con conocimiento e imparcialidad. ¿Ha inventado algo Todd Phillips, ha deslumbrado con un portento visual digno de Fritz Lang, Akira Kurosawa, David Lean o Alfred Hitchcock? O por comparar con realizadores actuales, ¿posee la inventiva de David Fincher, Christopher Nolan, Steven Soderbergh y los hermanos Coen, la técnica impecable de Dennis Villeneuve, Ridley Scott y Martin Scorsese? No me hagáis reír, por favor.

Philips viene de algunas de las comedias más exitosas de los últimos tiempos. Recuerdo haber visto las Resacón en Las Vegas (2009, 2011, 2013) y Salidos de cuentas (2010), haberme reído algo más de la media de lo habitual con las comedias de Hollywood, pero no encontrar suficiente calidad como para que calaran en mi memoria, así que no sé si su labor como director realzó guiones (la mayor parte suyos) mejorables o si estos taparon carencias en la dirección. En su salto al drama desde luego no ha mostrado tener la experiencia necesaria para un título que ambicionaba tanto.

El mimo inicial puesto en describir la vida de Arthur y el cuidado al detalle es un espejismo, muy convincente, pero que igualmente termina desapareciendo, y no tarda en hacerlo. Es entendible que al centrarse en un solo personaje, y más tratando de adentrarnos en su mente, la dirección se base bastante en primeros planos, pero es un estilo que necesita virtuosismo para no aburrir y dejar que el relato respire. Philips empalma de mala manera una amplia gama de recursos, pero ninguno original ni mucho menos deslumbrante. Los pocos llamativos precisamente provienen de artistas con más visión, y cantan mucho y abusa de ellos más de la cuenta. Otros son propios de primerizos: repite situaciones, escenas y planos por doquier sin objetivos ni resultados claros. El conjunto no llega a la meta que persigue, resultando una narrativa caótica y sin identidad propia, sin gran capacidad emocional a pesar de tener un rol central tan potente. Los momentos que mejor funcionan son aquellos en los que la simpatía y penurias del protagonista emergen con mayor naturalidad, pero más numerosos son los que te machacan con un aura melodramática muy forzada.

Igual que en lo argumental, en lo visual el ambiente de la ciudad y los delirios de Arthur en su casa (gestos del personaje y maneras de enfocar sus pensamientos) traen a la memoria en demasiadas ocasiones a la citada Taxi Driver. Y lo más alucinante, los ecos de El Caballero Oscuro resuenan en muchos instantes: los andares del Joker, sobre todo enfocado de espaldas, y los planos laterales a través de una ventanilla recuerdan demasiado a Nolan y Ledger. Es como si Phillips dijera “veis, es Joker y es una ciudad muy chunga”, pero con miedo y falta de aptitudes, apoyándose en el trabajo de otros para lograr llegar a donde quiere. Una cosa es un homenaje bien hilado, y otra beber con descaro de una fuente muy superior.

La fotografía de Lawrence Sher se basa en un clásico juego de luces y sombras, efectivo sin duda, pero abusa de la gama azul-verde, una forma muy facilona de transmitir un ambiente melancólico y resaltar los colores de payaso cuando Arthur se va transformando en Joker. Hacía falta algo menos evidente y más versátil. Con la música de Hildur Guðnadóttir lo mismo. Hay demasiada para realzar sensaciones y generar la atmósfera que no se obtiene por la falta de fuerza de las imágenes. Se abusa tanto del volumen en varios momentos que termina opacando toda la narrativa y queda sólo la música: sí, me estoy sintiendo mal, pero es porque el ruido me molesta.

Como le ocurre a su propio personaje, Joker no termina de encontrar su propia personalidad y levantar cabeza. A pesar del interés que despierta el protagonista se hace larga y pesada, sus pretensiones no llegan a cuajar, y la proyección finaliza dejando un regusto amargo, el de oportunidad desaprovechada y sobre todo de engaño: han usado nombres conocidos para vendernos un telefilme de dramones y crímenes.

EL MUNDO SE HA VUELTO LOCO

Aun con todo ello, su estreno ha provocado una conmoción espectacular y tiene toda la pinta de convertirse en el fenómeno de la temporada… Un fenómeno con todas las de ser efímero, como otros muchos productos artísticos (series, películas, cine, música) en estos tiempos. Vivimos en una época extraña en que obras de escasa calidad alcanzan una trascendencia insólita, se consideran la última revolución y obra maestra de su ámbito… y este reconocimiento muere tan rápido como surgió y no deja huella real en la historia. Mi impresión es que hay tanto que asimilar que el público se deja llevar e influenciar, y se aferra la moda del momento para tener algo de lo que hablar, y claro, eso implica un seguimiento ciego, porque si criticas negativamente quedas fuera de la conversación.

El caso de Joker es un ejemplo que me sirve para enlazarlo con otros. Uno es Chernobyl (Craig Mazin, 2019), un caso reciente pero en forma de serie. Si no decías que es la última obra maestra de la televisión, a pesar de ser una serie normalucha, te quedabas fuera de juego. Con la música de ambas producciones, que es de la misma autora, ha ocurrido igual, un ensalzamiento obsesivo sin argumentos objetivos detrás. Y en este caso me molesta más, porque llevo al menos una década siguiendo con pasión la corriente de minimalismo experimental, mitad sinfónico mitad electrónico, que ha ido surgiendo por los países nórdicos, años indagando por nuevos discos y recomendando músicos, y apenas unos pocos apasionados a la música parecían apreciar este movimiento: Max Richter, Jóhann Jóhannsson, Colin Stetson, Nils Frahm, Ólafur Arnalds

Y de repente llega una segundona (ayudante de Jóhannsson, de hecho), pasa por suerte por esa serie de éxito desmedido, y pega un pelotazo y todo el mundo que no ha escuchado géneros parecidos en su vida alaba ahora su música y se las da de haber descubierto nuevas tendencias. Y la realidad es que el talento de Hildur Guðnadóttir, de tener alguno destacable latente en ella, está por madurar todavía. Hasta ahora no ha destacado con algún álbum llamativo como sí han hecho los artistas referenciados, y este Joker podría cambiarlo por varios de ellos y pocos lo notarían (enlazo a temas en YouTube): Mount A (2006), Pan Tone (2007), Without Sinking (2009), Chernobyl (2019)… Joker. A pesar de las típicas declaraciones publicitarias que cuentan milongas varias vendiendo maravillas, es un remedo de sus composiciones anteriores, un susurro minimalista poco inspirado y sin progresión dramática (utiliza el volumen para cambiar el tono emocional) que además el director sobre utiliza sin control.

Pero, como decía, estoy convencido de que el tiempo, y no necesariamente mucho, pondrá las cosas en su sitio. Las redes de internet fomentan burbujas de gustos y corrientes y estas hacen tanto ruido que parecen reflejar una tendencia global, pero en realidad son minorías con gran exposición mediática. Por cada diez de nota que un espectador emocionado por el éxtasis del momento pone en IMDb.com o Filmaffinity.com hay miles que han salido decepcionados, aburridos o medio dormidos del cine.

La misma premisa de la película sirve para explicar un poco toda esta absurda situación. Es un caso claro de exaltación de lo mediocre. En vez de destacar por el ingenio, el esfuerzo y resultados de alta calidad, se destaca por abajo, lo fácil, lo raro (por exótico y risible, no por innovador), lo que no requiere conocimientos técnicos e históricos del arte ni un esfuerzo intelectual y emocional para conectar y entenderlo a fondo, sino lo que da para aportar unas anécdotas a conversaciones vacías hasta que llegue un nuevo evento que lo sustituya.

Horizonte final


Event Horizon, 1997, EE.UU.
Género: Ciencia-ficción, terror, gore.
Duración: 96 min.
Dirección: Paul W. S. Anderson.
Guion: Philip Eisner.
Actores: Laurence Fishburne, Sam Neill, Joely Richardson, Sean Pertwee, Jason Isaacs, Kathleen Quinlan, Jack Noseworthy, Richard T. Jones.
Música: Michael Kamen, Orbital.

Valoración:
Lo mejor: Aspecto visual de calidad, con decorados espectaculares, maquetas impresionantes y una fotografía y dirección que los exprime muy bien. Es bastante entretenida.
Lo peor: El guion es ridículo, resultando una cinta de cine cutre, tan mala que te ríes de ella. Además, no es nada original, bebe con descaro de clásicos del género.
El título: El correcto sería Horizonte de sucesos. Viene a ser el límite entre el agujero negro y el espacio normal, justo donde ya nada puede escapar a él, ni la luz. En España el traductor decidió pasar de la referencia científica que define todo el argumento e inventarse una traducción sin sentido claro.

* * * * * * * * *

Mortal Kombat (1995) fue un éxito, así que a su director Paul W. S. Anderson le llovieron ofertas para continuar esa serie y empezar otra, nada más y nada menos que X-Men. Pero él aprovechó el tirón para buscar algo que le gustaba más, el cine de terror y gore, y no tardó en recibir una propuesta acorde. Un guion de Philip Eisner para Paramount Pictures sobre una criatura que atacaba una nave espacial lo atrajo, pero a cambio de reescribirlo para alejarlo un poco de la fórmula Alien (Ridley Scott, 1979) y combinarlo con elementos de casas encantadas, en plan La casa encantada (Robert Wise, 1963) y El resplandor (Stanley Kubrick, 1980). En lo visual incluyó también referencias obvias a 2001, una odisea en el espacio (Stanley Kubrick, 1968).

El rodaje fue relativamente bien (aparte de problemas habituales como las prisas), pero el montaje no tanto. En los pases de prueba el público se quejaba de su longitud y sobre todo salía asqueado de la orgía gore que había parido Anderson, y el estudio se acojonó y acabó recortando más de media hora, en especial de escenas sangrientas.

En EE.UU. hizo unos escasos 26 millones de dólares contra 60 de presupuesto, pero no hay datos de la recaudación en la taquilla mundial, aunque yo recuerdo que en España llegó a mi pueblo de mala muerte, así que no conseguiría una mala distribución. Sin embargo, tuvo un buen boca a boca y en dvd debió de vender muy bien, tanto que le dieron el visto bueno a una versión extendida. Pero resulta que el material original se había estropeado, y tras una búsqueda por todo el mundo no pudieron encontrar copias decentes, y la idea quedó en suspenso.

Horizonte final oscila entre la serie b y el cine cutre. Entra en la primera categoría porque es una obra de género sin gran ambición pero que destaca por algunos elementos, en concreto un acabado visual muy potente. En la segunda, porque de estúpida y cutre resulta hilarante. Así pues, es un título solo apto para adeptos al terror y la ciencia-ficción descerebrada, y da la casualidad de que somos muchos, así que a pesar de su escasa calidad no termina de pasar al olvido.

Aunque desde las primeras escenas canta a Alien a distancia, o quizá gracias a ello, ya que nos introduce en terreno conocido, la proyección llama la atención. Un viaje a lo desconocido y el hombre contra sus peores pesadillas son premisas básicas de ambos géneros, pero parecen sentar unas bases lo suficientemente sólidas como para que su falta de originalidad y algunos diálogos explicativos un poco tontorrones echen a perder las buenas sensaciones. La llegada a la nave perdida, ahora con Aliens en mente en muchos momentos, es también muy sugerente…

Pero también se hace evidente que aporta tan poco de su cosecha, o más bien nada, que el notable acabado visual es lo que sostiene el relato. Las maquetas de las naves son de primera calidad, el diseño muy característico, la construcción detallada. Los interiores, aunque la inspiración en H. G. Giger y por extensión en la saga Alien sea descarada, resultan entre asombrosos y espeluznantes. La iluminación es magnífica en un género exigente: el ambiente es tétrico sin pecar de oscuro. Y Paul Anderson nos pasea por estos escenarios con un ritmo estable y un tono de suspense que sin duda haría de la proyección algo tenso e inquietante si el guion estuviera a la altura, pero aquí sólo vale para disimular durante un tiempo sus carencias. El aspecto sonoro es otro cantar: la banda sonora de Michael Kamen y el grupo de música electrónica Orbital es histriónica, y los sustos sonoros tan forzados y subidos de tono que tuve que poner un limitador a los picos del volumen en el reproductor.

Una vez dentro de la Event Horizon los débiles pilares que sostienen la propuesta se vienen abajo y entramos en una espiral de gilipolleces interminables. Agujeros de guion, situaciones sin pies ni cabeza, clichés cansinos, diálogos muy pobres, personajes que pierden definición y pasan a formar parte de la típica lista de morir de uno en uno, se acumulan en una cinta informe, sin dirección clara, incapaz de ofrecer secuencias con lógica suficiente como para que te intereses por lo que está ocurriendo o tan siquiera lo entiendas. Ante este panorama sólo queda disfrutar del buen hacer del director en secuencias y filigranas visuales varias (como el clímax del tripulante que pretende suicidarse saltando al espacio) y los momentos gore en el lado del suspense, y reírte con las situaciones estúpidas en el lado del humor involuntario.

Resulta que los profesionales en rescate abordan una nave varada donde se sospecha que algo horrible ha sucedido y lo primero que hacen es separarse, y además eligen destinos al revés de sus rangos y especialidades: ¡el capitán va a la enfermería y la doctora al puente de mando! Alguna vez los personajes están hablando en un lugar y de repente aparecen en otro siguiendo la misma conversación como si nada. En estos dos casos se le puede echar culpas también al director, porque si ves que el guion tiene un aguejo enorme, arréglalo. En Houston pasan mil filtros y análisis a la grabación y nadie se da cuenta de que es latín, tiene que hacerlo un psiquiatra de poca monta, quien recuerda cuarenta años después una asignatura opcional del instituto o la universidad. Las bombonas de oxígeno de reserva están en la sala de la puerta dimensional, esa que un rato antes dicen que pusieron bien apartada y aislada por seguridad. En el acabado también tiene algunas cosas que chocan con un trabajo por lo general tan logrado: usan radios antiguas e incluso CDs, resultando un futuro muy anacrónico; cuando se abre la puerta o agujero negro vemos un efecto digital igualito al de la puerta de Stargate (Roland Emmerich, 1994), pero mucho peor hecho, parece que se gastaron todo el dinero en los decorados y maquetas. Y sólo cito de memoria, podría hacerse una lista interminable de detalles entre mosqueantes y ridículos.

Pero lo más grave es que no hay personajes con los que conectar, a pesar de contar con un buen reparto, y el misterio central resulta ser un sin dios, las pocas promesas se diluyen en cuanto entramos en el juego de quién morirá. El doctor Weir (Sam Neill) pasa de ser un tipo interesante e intrigante, sobre todo porque parece ocultar información, a una especie de posesión indeterminada que se dedica a matar sin que se entienda qué lo lleva a ello; es más, ¿por qué tiene visiones al principio si no ha estado en el experimento? El serio y también prometedor capitán (Laurence Fishburne) acaba deambulando por todas lados haciendo muchas cosas pero nada concreto y con algo de proyección de cara al futuro, esto es, no lo llevan por una aventura que genere suspense por su porvenir y el de sus compañeros. La segunda al mando (Joely Richardson) está desaparecida en casi todo el segundo acto no sé sabe por qué. Del resto sólo te acuerdas de quiénes son algunos cuando aparecen porque están en manos de actores secundarios bastante conocidos (Jason Isaacs, Sean Pertwee), pero en cuanto mueren te olvidas de ellos… de todos menos del negro secundario cómico (Richard T. Jones), tan insoportable que se clava en la memoria como una cancioncilla repetitiva.

La intriga de qué han encontrado al abrir un agujero negro no lleva a nada. No hay una criatura determinada que temer, sino una caótica locura que contagia a todos según le viene bien al guionista. La justificación no podía ser más absurda y decepcionante: una especie de visión del infierno te hace hablar latín y te empuja a mutilar y matar gente, pero no se explica nada con un mínimo de coherencia como para que no parezca una parida enorme. ¿Es que han viajado a un ritual satánico del medievo? Así, la combinación de géneros que pretendía el realizador no llega a integrarse adecuadamente: si no te preguntas por qué la maquinaria de la nave tiene un diseño de cuento de terror, sí te cuestionarás por qué abrir un agujero negro te hace ver el infierno o lo que sea eso, te tortura con visiones chungas y te posee con aviesas intenciones.

Paul W. S. Anderson parece que intentó seguir su carrera con la misma estrategia, alternando un título comercial con uno más personal, y no le ha ido mal, pues Alien Vs. Predator (2004) y Resident Evil (2002) han dado muy buenos resultados de taquilla, tanto que de la última lleva cuatro entregas hasta el momento. La pena es que por ahora no ha conseguido un guion, sea suyo o de otro, más ambicioso e inteligente que permita que su potencial como director llegue más lejos. Ni siquiera Soldier (1998), con algunas ideas potentes, cuajó. El escritor Philip Eisner enlazó Horizonte final con otra aún peor y que por alguna razón misteriosa también vi, Crónicas mutantes (2008), y desde entonces nadie se ha atrevido a comprarle nuevos guiones.