El Criticón

Opinión de cine y música

El hombre invisible


The Invisible Man, 2020, EE.UU.
Género: Suspense.
Duración: 124 min.
Dirección: Leigh Whannell.
Guion: Leigh Whannell.
Actores: Elisabeth Moss, Aldis Hodge, Michael Dorman, Oliver Jackson-Cohen, Harriet Dyer.
Música: Benjamin Wallfisch.

Valoración:
Lo mejor: La siempre impresionante Elisabeth Moss. Algunos giros brutales y espectaculares.
Lo peor: La falta de rumbo y definición en el argumento y el desequilibrio en el suspense y los escenarios echan por tierra un potencial mayor.
La incongruencia: Estamos ante otra película donde como parte del doblaje sustituyen los textos en inglés de móviles y ordenadores por español, generando la incongruencia de que estadounidenses se escriban en castellano cuando evidentemente no lo están haciendo. Aparte, también está plagada de leísmo.

* * * * * * * * *

Leigh Whannell inició su carrera colaborando en las sagas Saw e Insidious como actor, productor y guionista, y finalmente dio el paso a la dirección en Insidious 3 (2015), tras la que se lanzó a escribir y realizar sus propias obras, primero Upgrade (2018) y luego la presente.

Esta nueva versión de la premisa de El hombre invisible nada tiene que ver con el clásico de H. G. Wells escrito en 1897 y la adaptación al cine de 1933 de la mano de James Whale, tan llamativa y exitosa que tuvo numerosas secuelas e imitaciones. Se acerca algo más a la versión moderna de Paul Verhoeven del año 2000, titulada El hombre sin sombra, que entraba en el lado más oscuro y perverso del relato y no estuvo mal a pesar de que la crítica se cebó con ella. Whannell toma el relevo adentrándose aún más en la parte sórdida. Una mujer huye de los abusos de un novio controlador y maltratador, pero no termina de superar las secuelas psicológicas cuando este reaparece con un traje de invisibilidad para atormentarla.

Si la historia versa sobre la angustia de vivir con miedo a no encontrar salida, la persecución constante que te mantiene sometido y al borde del colapso psicológico… esto debe trasladarse al espectador con intensidad. Pero la obra resultante es muy irregular, con buenas intenciones dispersas es un conjunto muy desequilibrado y con algunas carencias bastante graves, con lo que la atmósfera desasosegante e imprevisible, efectiva en algunos momentos, falla demasiado en otros muchos.

El primer acto roza el desastre. El realizador se empeña en comenzar en medio de la acción, con la protagonista huyendo, sin haber introducido debidamente la relación tóxica, la forma de ser del novio y su trabajo con tecnologías avanzadas. Quizá pretendía generar intriga, en plan “qué chungo tenía que ser para hacer esa huida desesperada”, pero lo único que crea es confusión. No sabemos de qué es capaz este tipo y de su trabajo y habilidades no se menciona nada claro, reaparece siendo invisible y acosando y ya está, y tampoco se explica con quién se refugia la protagonista, ¿es el novio de la hermana, un amigo, de dónde sale esa relación tan cercana? Te tiras muchos minutos desubicado, esperando que te expliquen quién es quién y la situación y empiece a pasar algo interesante.

A todo ello hemos de sumar la falta de credibilidad de la premisa (un tipo se hace en casa un traje que ni el Pentágono soñaría) y las motivaciones del villano (qué quiere de ella realmente, pues parece cambiar a cada rato), más algunos giros finales forzados (el supuesto secuestro). Queda claro que a Whannell se le ha pegado más de la cuenta el estilo rebuscado y los argumentos poco trabajados de las sagas en las que creció.

Incluso en los mejores tramos se queda corto, y parece que el mismo director lo sabe y hace lo de siempre en este género cuando faltan ideas, tirar de sustos ruidosos y tratar de que la insistente música dé forma a las escenas. Y como siempre, no es suficiente. En el segundo acto, las escenas de acoso en la casa del amigo cumplen con lo justo, los cambios de rumbo, por llamativos que fueran en principio, se terminan desinflando más temprano que tarde. Y en el desenlace, después de tanto generar expectación, el encuentro final cara a cara con el novio es penoso, el actor Oliver Jackson-Cohen (La maldición de Hill House -2019-) da risa y los diálogos son muy justitos, no se ve en ningún momento a un psicópata manipulador, no da miedo alguno.

Es obvia la lectura sobre el maltrato a la mujer y la liberación de esta. Hay partes contundentes (la paliza que se lleva en la cocina), otras demasiado mascaditas (el desenlace se ve venir de lejos y el plano final sobraba), y unas pocas logran transmitir bastante suspense y mal rollo, dejando la integridad de la protagonista por los suelos. Pero el potencial latente es mucho mayor, y el conjunto la parte dramática queda más cerca de un honroso telefilme que de una cinta capaz de conmover y dejar huella.

Si no fuera porque Elisabeth Moss (El Ala Oeste -1999-, Mad Men -2007-, El cuento de la criada -2017-) es un talento que arrasa allá por donde pasa y que Whannell tiene algunos chispazos de inspiración que levantan considerablemente el interés aquí y allá y te mantienen en vilo durante unas cuantas escenas, sin duda habría sido una película bastante mediocre. La agresión a la hija del amigo y la cena con la hermana son brutales, de los momentos más inesperados e impactantes que he visto en bastante tiempo, te dejan durante un buen rato con mal cuerpo y con la sensación de que todo saldrá mal… Pero no es suficiente para hacer olvidar la falta de rumbo y constancia, los recesos tan aburridos, los recursos baratos…

El hombre invisible se queda en un quiero y no puedo sólo recomendable para amantes del género, que como no son pocos y la cinta ha tenido buena publicidad, está dando bastante dinero, más que nada porque ha costado cuatro duros.

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