El Criticón

Opinión de cine y música

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Ha fallecido Dr. John, el alma de New Orleans

Llevaba un par de años retirado por problemas de salud, y finalmente un ataque al corazón se ha llevado a Dr. John a sus 77 años, el día 6 de junio, en su ciudad natal de New Orleans.

Malcolm John Rebennack, Mac para los amigos, con nombre artístico Dr. John, The Night Tripper (el viajero nocturno), o Dr. John a secas, ha sido probablemente el mayor representante de la particular cultura musical de New Orleans desde mediados del siglo XX.

Como la propia ciudad, Dr. John vivió una edad dorada a finales de los sesenta con la evolución del jazz y el rhythm and blues clásicos hacia sonidos que combinaban el rock y el funk influenciados por el carácter del folclore local, llamado voodoo (vudú). Con sus primeros discos, Gris-Gris (1968), Dr. John’s Gumbo (1972), In the Right Place (1973)… marcó tendencia y tuvo repercusión en todo el país. Colaboró con docenas de músicos e influyó en muchos más. Frank Zappa, B. B. King, Aretha Franklin, Van Morrison, Eric Clapton, The Rolling Stones

Pero luego vinieron años de problemas (excesos, drogas) y de crisis económica que dejaron a la ciudad y a Dr. John rozando la pobreza y el olvido. La gradual recuperación llegó a su punto álgido con un inesperado revulsivo que los puso de nuevo ante los ojos de todo el mundo: el huracán Katrina. Una nueva vida llegó para todos, y Dr. John volvió a primer plano, pasando por innumerables festivales, teniendo bonitos homenajes en la serie Treme (2010), y recuperando la inspiración en un disco glorioso, Locked Down (2012), donde tuvo otra notable colaboración, la de Dan Auerbach, de The Black Keys.

Sin duda no ha sido tan famoso como otros músicos y grupos, pero su influencia y legado están al alcance de muy, muy pocos.

Discografía | Biografía.

Fallece Jóhann Jóhannsson

Inesperada y dolorosa ha sido la muerte del compositor islandés Jóhann Jóhannsson, pues contaba con tan sólo 48 años y su carrera estaba en pleno auge. Fue hallado muerto el 9 de febrero en su piso en Berlín. Al parecer mezcló medicación con cocaína, acabando en una sobredosis.

Ya empezó a hacerse notar con dos de sus primeros discos, Englabörn (2002) y IBM 1401, a User’s Manual (2006), con los que, junto a otros músicos como Max Richter y Colin Stetson, marcó una nueva tendencia en la sinfónica moderna con un estilo minimalista muy llamativo. Su fama sin embargo llegó al saltar a las bandas sonoras para Hollywood, con la multipremiada La teoría del todo (The Theory of Everthing, 2014) y sus trabajos para el director Denis Villeneuve (Prisioneros, Sicario, La llegada). Este año además pasó por España (Auditori de Barcelona) y tenía otra cita en el Primavera Sound.

Discografía. Biografía.

Fallece John Morris, compositor habitual de Mel Brooks

Iniciado en la escena musical de Broadway, John Morris dio el salto al cine de la mano de Mel Brooks con Los productores (The Producers, 1967). Mostró un gran talento con él, destacando El jovencito Frankenstein (Young Frankenstein, 1975) y La loca historia de las galaxias (Spaceballs, 1987), pero el prestigio le llegó con la notable partitura para El hombre elefante (The Elephant Man, David Lynch, 1980), que le garantizó premios y el recocimiento y admiración del gremio. Pero, a pesar de ello, su carrera en vez de despegar se fue apagando hasta casi desaparecer en el olvido, siendo recordado por pocos aficionados a la música de cine.

Falleció el 25 de enero a los 91 años, dejando un legado de culto.

David Bowie…

Parecía mala suerte que dos días después de la salida de su nuevo disco (y de su cumpleaños) el gran David Bowie falleciera… pero resulta que en realidad se apresuró a terminar un trabajo de despedida viendo que la muerte lo alcanzaba. No he visto respeto y homenaje más bonito hacia los seguidores de un artista en mi vida. Y no tengo palabras para describir a semejante figura indispensable de la música contemporánea y menos para devolverle un favor de tal calibre. Lo único que puedo hacer es escuchar sus discos sin parar.

Fuente: Helen Green Ilustration

Fallece el gran James Horner

Sin palabras me hallo. He tenido que leer la noticia varias veces en distintas fuentes porque no quería creérmela ni podía asimilarla. Con 61 años nos deja uno de los músicos más importantes de la historia, un referente sin igual en la música de cine. Un accidente con su avioneta ha sido la causa de tan inesperado y trágico fallecimiento.

Formaba junto a John Williams y Jerry Goldsmith el trío de oro de la música de cine moderna. Los tres marcaron el tono en la última mitad del siglo XX. Incluso contando con los grandes Morricone, Herrmann o Rózsa, seguiría poniendo aquellos por encima. Nadie más acumula tantas obras maestras, tantos temas memorables, tantas películas realzadas magistralmente por sus batutas.

Las bandas sonoras más famosas de Horner estarán eternamente en el corazón de melómanos y cinéfilos, pero también de un gran número de espectadores casuales, tal fue la huella que dejó en todo el globo. Braveheart, Titanic, Aliens, Leyendas de pasión, Willow, En busca de Bobby Fischer, Star Trek II, Avatar… Se despide además dejando un buen recuerdo, porque uno de sus últimos títulos, El último lobo (Le dernier loup), es muy gratificante y ha tenido muy buena recepción entre los críticos y los fans.

Pero también arrastró cierta leyenda negra. La industria del cine es muy exigente, obliga a componer con prisas y a realizar varios trabajos al año si quieres mantener tu estatus y caché. En otras palabras, la rutina y las prisas pueden minar la creatividad. Horner tuvo bajones sonados, y también una práctica bastante criticada: no tenía vergüenza a la hora de utilizar temas de autores sinfónicos previos (Khachaturian y Schumann sus favoritos) y repetir patrones. Mítico es su “parabará” (nacido en Star Trek II), con el que llegó a cansar en productos malogrados como Troya o Enemigo a las puertas. También reconocibles son algunos coros y pianos que sobó más de la cuenta. Con ellos tuvo una cima creativa en 1993 con Los fisgones, En busca de Bobby Fischer y El hombre sin rostro, de las que derivaron otras muchas, alguna que incluso sorprendente e injustamente alcanzó más fama que las originales, como Una mente maravillosa. Y los motivos de acción de Krull, The Rocketeer y Willow también los paseó por decendas de películas con mayor o menor éxito.

A modo de homenaje y referencia para quien quiera sumergirse en su fascinante universo musical, dejo una lista con las que probablemente sean sus diez mejores bandas sonoras:

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Brendan Perry – Ark


Brendan Perry – Ark
Género: Darkwave, trip hop
Año: 2010, Cooking Vinyl
Valoración:

Ha pasado más de una década desde Eye of the Hunter (1999), que todo sea dicho era un plomizo e insípido disco entre el darkwave y el folk de cantautor. Más lejos están los enormes álbumes con Lisa Gerrard en Dead Can Dance, pues el glorioso experimento étnico de Spiritchaser se remonta a 1996. Desde entonces hemos tenido una gran gira de Dead Can Dance en 2005, con estupendas ediciones en disco. Gerrard ha tenido una carrera bastante completa en el mundo del cine, pero el trabajo de Perry apartado del grupo se ha limitado a la producción de algunos discos en su iglesia-estudio de Quivy (entre ellos una obra del colaborador habitual de Dead Can Dance, Peter Ulrich) y colaboraciones esporádicas, siendo la más interesante la aportación vocal (aunque estoy convencido de que mete algo de mano en la composición) en Ovations de Piano Magic (2009), un disco espectacular. Dado este panorama, a estas alturas ya pensaba que no iba a ver a Perry encabezando un nuevo proyecto musical, fuera en solitario o mano a mano con algún otro artista. Pero inesperadamente me topé con este Ark.

Ark deja entrever la base artística con la que creció Perry, resultando un logrado homenaje a la música darkwave de los ochenta, de la que fue partícipe y además gran influencia gracias a su labor en Dead Can Dance en sus primeros discos (hasta The Realm of a Diying Sun, el más notable de esa etapa). Pero esa línea darkwave ha sido modernizada sabiamente, aderezada con mucho tacto con géneros de ambigua definición como son el trip hop, el synth pop, el ambient y el downtempo.

El siempre excelente trabajo de sintetizadores crea una atmósfera como es habitual en él tétrica y deprimente, con letras oscuras llevadas a la vida con maestría por su incomparable y gutural voz, pero añade ritmos electrónicos muy bien medidos que enriquecen las sonoridades de forma sorprendente. Todas las canciones son sosegadas, parsimoniosas, y generan un ambiente único que te arropa y acuna suavemente. Si bien la sección predominante es la fusión que oscila entre darkwave y trip hop suave, un par de temas se inclinan más hacia la onda de Dead Can Dance, es decir, más étnica: Crescent y Babylon, que de hecho fueron compuestos y presentados años antes, en la gira de 2005. Sea como sea, Perry, con este estilo tan en apariencia diferenciado del que ofrecía con Gerrard, consigue igualmente generar un sonido siniestro pero embriagador que parece sacado de una época remota. O dicho de otra forma, suena a como seguramente hubiera sonado Dead Can Dance de haberse inclinado por la electrónica.

Quizá la mezcolanza de géneros confunda a más de uno, sobre todo a los fans habituados a los experimentos étnicos y medievales anteriores, y desde luego su escucha no marca de por vida, pero Ark es muy buen disco, un trabajo atrevido y original muy bien ejecutado.

1. Babylon – 6:08
2. The Bogus Man – 6:11
3. Wintersun – 6:02
4. Utopia – 5:56
5. Inferno – 6:38
6. This Boy – 6:59
7. The Devil and the Deep Blue Sea – 7:35
8. Crescent – 9:35
Total: 55:04

Yann Tiersen – Skyline


Yann Tiersen – Skyline
Género: Rock alternativo, dream pop, experimental
Año: 2011, Mute
Valoración:

Con la decepción que supuso Dust Lane en la rica y fascinante trayectoria del francés Yann Tiersen me quejaba no de que el músico decidiera cambiar de aires y tirar por el rock alternativo y el dream pop con vetas de post-rock, sino que lo hiciera sin la inspiración habitual en él. Mucho me temo que este Skyline sigue esa senda de escasez de ideas, mostrando además que la crisis se ha agravado bastante.

Los errores patentes en Dust Lane se ven magnificados aquí hasta un extremo casi fatídico. La fuerza que transmitían sus discos basándose en la composición sencilla pero inspiradísima, medida al milímetro y ejecutada de maravilla con instrumentos tradicionales se cambia por la melodía vulgar y repetitiva, por el adorno superficial sin motivos ni resultados claros, por la atmósfera sobrecargada de enredos irrelevantes. Cuánto sonidito electrónico, cuánta guitarra emborronada por efectos de distorsión, cuántos coros, voces y pinceladas instrumentales caóticas y qué poco efecto consiguen, qué lejos están de formar un sonido envolvente y embriagador como el que antes conseguía con un simple toy piano.

La monotonía emana de todos los temas. Ninguno es hermoso, ninguno emociona ni causa el más mínimo impacto. El disco suena de fondo como un murmullo incesante, incapaz de llamar la atención. Lo he escuchado una decena de veces, y no sabría distinguir un tema de otro ni recordar un pasaje, una sensación, una melodía.

Por si fuera poco, fiel a su conocida vena revolucionaria el disco incluye mensajitos varios (la inclusión de un discurso de Che Guevara es lo más evidente). No me convence la idea dotar de ideología tan marcada a un disco, puedes perder muchos seguidores. Si quieres hacer política, móntate un blog, pero deja la música libre de sesgos políticos y sociales.

Lo mejor que puedo decir de Skyline es que no es horrendo. No es de esos que escuchas y sueltas exclamaciones de asco. Lo tienes puesto de fondo y como ambiente musical indefinido no llega a molestar. Es decir, que pasa sin pena ni gloria.

1. Another Shore – 4:53
2. I’m Gonna Live Anyhow – 3:48
3. Monuments – 3:53
4. The Gutter – 4:02
5. Exit 25 Block 20 – 3:27
6. Hesitation Wound – 4:11
7. Forgive Me – 5:56
8. The Trial – 5:53
9. Vanishing Point – 4:09
Total: 40:12