El Criticón

Opinión de cine y música

Archivos en la Categoría: Lisa Gerrard

Lisa Gerrard & Patrick Cassidy – Immortal Memory

Lisa Gerrard & Patrick Cassidy – Immortal Memory
Género: Minimalismo, electrónica…
Año: 2004, 4AD
Valoración:

Lisa Gerrard se une a Patrick Cassidy para la confección de este álbum que se mantiene en la tónica de minimalismo en la que la australiana lleva anclada durante unos cuantos trabajos (Whale Rider el primero, The Silver Tree el último). Si ella no necesita presentación en este blog, Cassidy es totalmente nuevo para mí, siendo este mi primer encuentro con su obra. Es un compositor irlandés de sinfónica de corte muy clásico, no muy conocido fuera de su país aunque sin embargo parece gozar de bastante prestigio dentro de él. El cambio de registro no sé a ciencia cierta a qué se debe, pero seguramente conoció a Gerrard porque ambos tienen en común una relación con Hans Zimmer: ella ha colaborado con el compositor alemán en varias ocasiones, mientras que Cassidy hizo lo mismo en la película Hannibal.

Como todo lo que ha realizado Lisa Gerrard, fuese con Dead Can Dance o con otros artistas, la dificultad de clasificar sus álbumes bajo las etiquetas de los géneros es fútil y prácticamente juega en contra de la propia obra, ya que verlo archivado bajo un género en concreto puede echar para atrás a un potencial oyente, perdiendo éste la oportunidad de acercarse a unas sonoridades muy características. Musicalmente hablando, Immortal Memory se halla entre las melodías de cadencias sencillas y repetitivas del minimalismo, entre el oscuro toque asociado a la música gótica (que es el sello más clásico de la compositora) y la base electrónica de los sintetizadores.

Immortal Memory es el paradigma de lo oscuro, llegando a ser casi con toda seguridad la composición más tenebrosa y deprimente en la que ha participado mi apreciada artista australiana, rivalizando con el sombrío Within the Realm of a Dying Sun. Lúgubres atmósferas de sintetizadores, cantos siniestros con gran carga dramática y fugaces percusiones inquietantes van desglosando cortes pausados y calmados que albergan cierta intensidad, como si las sonoridades aguardaran para explotar en una terrorífica fanfarria; pero nunca llegan a hacerlo, resultando así una música perturbadora.

El disco permite una audición sin complicaciones por su estilo minimalista (sencillo, calmado, sin cambios bruscos), siendo perfecto para usar como ambientación o banda sonora. Aunque tiene bastante personalidad, el toque apagado y lineal le resta fuerza, con lo que no atrapa con excesivo interés. Un trabajo bien realizado y con buenos momentos, pero no del nivel que cabe esperar de semejantes autores.

1. The Song of Amergin – 5:28
2. Maranatha (Come Lord) – 3:43
3. Amergin’s Invocation – 6:19
4. Elegy – 6:41
5. Sailing to Byzantium – 5:04
6. Abwoon (Our Father) – 4:12
7. Immortal Memory – 4:28
8. Paradise Lost – 7:03
9. I Asked for Love – 5:00
10. Psallit in Aure Dei – 9:00
Total: 57:02
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Lisa Gerrard – The Silver Tree

Lisa Gerrard – The Silver Tree
Género: Minimalismo, electrónica…
Año: 2006, 4AD
Valoración:

Conocía la gestación de este álbum desde un año atrás o más, y mis expectativas eran altísimas: por fin otro trabajo en solitario de esta genial cantante y compositora. En el horizonte veía otra sinfonía magistral y de estilo único e inimitable como The Mirror Pool… Pero la decepción ha sido notable, primero, porque el disco que tengo entre manos es prácticamente opuesto a aquél, sólo guarda semejanza en el tono oscuro y los juegos vocales de Lisa Gerrard; segundo, porque, aunque sea una obra no exenta de cierta calidad y muy singular en estilo, no alcanza el nivel al que nos tiene acostumbrados. Sin ir más lejos, el disco con el que más semejanzas guarda, Immortal Memory, es superior.

En The Silver Tree Gerrard realiza una composición bastante minimalista y fiel a su constante sonido tétrico, deprimente, lánguido. La mayoría de los temas apenas van más allá de un susurro apagado y desalentador de sintetizador y de su extraordinaria y perturbadora voz, lo que no ofrece un álbum demasiado atractivo y sí particularmente monótono. La originalidad de la obra radica en el estilo musical inclasificable propio de su autora, pero carece de innovación con respecto a sus otros trabajos, algo sorprendente viniendo de una artista que, con o sin colaboración de otros músicos, ha apostado siempre por una constante búsqueda de nuevos horizontes. Además hay otra sorpresa que llega a ser incluso desagradable, ni más ni menos que la inclusión de un tema de otro disco: Abwoon, de Immortal Memory, cuya presencia se debe a razones que desconozco.

Todos los temas repiten el mismo modelo con apenas variaciones. Un constante y oscuro sintetizador que evoca paisajes nocturnos llenos de misterios secunda a la voz de Gerrard, que como es habitual realiza cantos sin letra basándose en sus excepcionales modulaciones, y a los juegos de coros que emplea esta vez en muy pocas ocasiones.

Tan sólo un par de cortes se alejan en algunos leves aspectos de esta línea aportando algo extra: Shadow Hunter recupera las percusiones de Duality de forma casi terrorífica, con mucho eco y acompañadas por sonidos que sugieren criaturas acechando desde la penumbra; y Toward the Tower, que recurre levemente a curiosos juegos de percusiones y donde el sintetizador desarrolla melodías más atractivas.

De los demás temas cabe destacar dos ya conocidos. El primero es Abwoon, el corte sacado de Immortal Memory, que se presta ineludiblemente a la comparación con el disco aquí analizado, mostrando así el nulo salto artístico entre una composición y otra. El otro es Devotion, conocido antes del lanzamiento del álbum porque Gerrard lo presentó en la gira de Dead Can Dance en 2005 y que, aun en la sencilla línea elegida para esta obra, resulta algo más interesante que la mayoría de los demás temas gracias a que ofrece una interpretación llena de pasión.

La técnica es muy buena, la música ofrecida es ligeramente especial y tiene algunos temas interesantes, la voz de Gerrard es como siempre alucinante… pero es aburrido e insustancial y no aporta nada nuevo, lo peor que se puede decir de un disco.

 

1. In Exile – 6:04
2. Shawod Hunter – 2:04
3. Come Tendermess – 3:29
4. The Sea Whisperer – 4:26
5. Mirror Medusa – 4:51
6. Space Weaver – 7:22
7. Abwoon – 3:57
8. Serenity – 3:31
9. Towards the Tower – 10:22
10. Wandering Star – 2:33
11. Sword of the Samurai – 1:35
12. Devotion – 8:02
13. The Valley of the Moon – 3:25
Total: 61:45

Lisa Gerrard & Pieter Bourke – Duality

Lisa Gerrard & Pieter Bourke – Duality
Género: Fusión étnica
Año: 1998, 4AD
Valoración:

Duality supuso la primera colaboración de Lisa Gerrard con Pieter Bourke, un compositor, percusionista y productor australiano con el que ha colaborado hasta ahora en cuatro discos, siendo todos menos éste bandas sonoras originales. He catalogado el disco como fusión étnica porque no se me ocurría nada mejor, pero prácticamente es inclasificable y dificilísimo de describir. Gerrard y Pieter se han inspirado en músicas indígenas pero más que nada tomando la instrumentación y generando su propio estilo. La música que han creado está marcada casi exclusivamente por una gran variedad de potentes percusiones (timbales y metales), instrumentos del tipo de las maracas, sintetizador, y la siempre incansable voz de Lisa.

Los temás más largos son los más intensos y activos, salvo Sacrifice, que es un adagio tan bonito como triste. El resto alterna entre algunas creaciones del estilo de Lisa (un cántico deprimente) y otras que funden ambos espectros.

El disco comienza con dos de sus mejores momentos:
Shadow Magnet es un corte larguísimo y trepidante. Se inicia con misteriosas flautas indígenas y la voz de Gerrard (como suele ser habitual, sin letra, sólo canto); va cobrando gran fuerza con los teclados hasta que hacen acto de presencia las percusiones de Bourke: timbales étnicos y metales. A partir de ahí desarrolla una composición intensa, vibrante, con una cuidada utilización de samplers y unos sugerentes acompañamientos de los metales. Es impresionante, pero aún hay temas mejores.

Tempest, como su nombre indica, desarrolla una tempestad de percusiones que envuelven las melodías creadas por la voz femenina y otros instrumentos. Otro corte de gran fuerza sonora y ritmos muy conseguidos gracias a la brillante labor de sus autores.

Foreist Weil juega con cantos de pájaros, metales, maracas y las sugerentes frases sin sentido de Gerrard; es algo repetitivo, pero interesante.

The Comforter nos trae el típico juego de Lisa donde, grabándose una y otra vez a si misma con distintos cantos, crea temas a capella de aspecto siniestro. Es muy breve y no está muy inspirado, así que pasa muy desapercibido; prácticamente es como una introducción de The Unfolding, que, aun siendo del mismo estilo, aporta algo más gracias a la incorporación de los teclados eléctronicos. En esta misma línea continua Pilgrimage of Lost Children, esta vez con las percusiones tribales como instrumentación. Este tramo del disco, en el que incluyo también el posterior The Circulation of Shadows, se hace un poco pesado, pues son temas que, además de ser lentos, no aportan buenas melodías, son algo sosos y repetivivos; aunque no son ni mucho menos desgradables o malos, sí destacan negavitamente porque el resto del disco es excelente y no aportan nada nuevo o interesante al conjunto.

El corte por excelencia del álbum es The Human Game. Más o menos mantiene el registro de los dos primeros temas, pero tiene letra y es mucho más intenso, con una fuerza tan poderosa que no importa las veces que se escuche, siempre atrae la atención de todos los sentidos durante sus siete minutos. Es magnífico, sobrecogedor.

En Sacrifice hallamos un tema que también ofrece gran intensidad sonora, pero esta vez no a base de ritmos rápidos y percusiones impactantes, sino gracias a una conseguida atmósfera de sintetizador y voz (grandiosa Gerrard) que va subyugando al oyente con su apabullante impetuosidad. Es un corte para escuchar y dejarse llevar por la capacidad de sugestión y la pasión que desborda.

Nadir (Synchronicity) ofrece un estilo muy bonito y alegre de metales y timbales, y como siempre Lisa demuestra que es una de las mejores cantantes vivas, con esa voz capaz de emplear cualquier registro (grave, agudo, triste, chillón, hipnótico, portentoso…).

En resumen, considero que Duality es un gran disco. Es irregular, sí, pero también porque cuando es bueno, lo es mucho; aunque viniendo de una pedazo artista como Lisa Gerrard, sabe a poco. Por la fuerza de sus canciones y la facilidad con que se escucha es una obra que podría vender mucho si se le diera algo de publicidad y la gente fuera más abierta y culta musicalmente hablando (dicho de otra forma, que no se limitasen a los gustos que imponen los medios).

 

1. Shadow Magnet – 7:54
2. Tempest – 5:49
3. Forest Veil – 2:31
4. The Comforter – 1:26
5. The Unfolding – 4:35
6. Pilgrimage of Lost Children – 3:48
7. The Human Game – 6:56
8. The Circulation of Shadows – 1:56
9. Sacrifice – 7:47
10. Nadir (Synchronicity) – 3:02
Total: 45:58

Dead Can Dance – Aion

Dead Can Dance – Aion
Género: Música del medievo y del renacimiento
Año: 1990, 4AD
Valoración:

Estamos ante un Dead Can Dance que ha seguido explorando músicas antiguas hasta construir Aion, un acercamiento a la época medieval y renacentista que lo aleja de las oscuras reminiscencias góticas. La composición alterna interpretaciones e inspiraciones de temas antiguos y poemas, así como temas creados enteramente por la banda utilizando instrumentos de la época (algunos reconocibles, como el órgano y los habituales violines y violas, pero habrá laúdes y otros menos comunes que no soy capaz de identificar). Aunque es su obra más alegre, no está exenta en algunos momentos de cierto deje religioso.

Es un disco cortito, que apenas supera la media hora, pero bastante completo. El bonito diseño de la carátula está tomado de una parte del cuadro El Jardín de las Delicias, de El Bosco, famosa obra que se encuentra en el Museo del Prado.

Arrival and the Reunion es una impresionante obertura de coros (portentosa Lisa Gerrard, como siempre) y potentes percusiones. El siguiente corte es un tema instrumental de los más interesantes del disco, Saltarello, un baile de origen italiano del siglo XII, muy animado, ideado para danzar activamente.

Mephisto es un momento fugaz, una transición de menos de un minuto no aporta mucho, salvo quizá la intención de probar distintos intrumentos de la época. Hay más cortes así en el disco, como Garden of Zephirus.

Song of the Sibyl es un tema más tranquilo, cantado por Gerrard sobre un leve fondo que incorporta el órgano, un coro de ambos sexos, y breves apariciones de metales y cuerdas. Este tema proviene de un canto gregoriano de origen catalán-balear (El Cant de la Sibil la, El canto de la Silbila), del siglo XVI.

El siguiente corte, Fortune Presents Gifts Not According to the Book, se inspira en un poema de Luis de Góngora para desarrollar una música alegre, iniciada por algún intrumento de cuerda de la época y que luego incorpora gaitas y la voz de Perry entre las juguetonas cuerdas.

En As the Bell Rings the Maypole Spins nos hallamos ante el momento más curioso del disco, un corte de tendencia repetitiva, cantado por Gerrard sobre una gaita que repite la misma melodía y una percusión insistente. Muy bonito, aunque no es de los mejores.

End of Words une a las dos voces para formar un canto muy próximo al estilo gregoriano. No es muy destacable, pero forma parte del legado musical de la época que han querido registrar. Muy similar es Wilderness: prácticamente el canto es el mismo, pero esta vez sólo lo interpreta Lisa.

Black Sun es el corte más conocido de esta obra y uno de los míticos de la banda. Es creación del grupo, donde utilizando magistralmente los instrumentos antiguos han construido una canción de impresionante fuerza: percusiones imponentes, acompañamientos de metales, intrumentos irreconocibles de sonidos maravillosos, y la gutural voz de Brendan Perry más intensa que nunca.

Promised Womb es otro de los instantes más litúrgicos y lentos: se limita a un parsimonioso canto femenino sobre cuerdas.

Radharc es el otro gran tema, tan asombroso como Black Sun, pero esta vez interpretado por Gerrard. Las percusiones y un amplio espectro de metales, cuerdas e instrumentos extraños mezclados con extraordinaria creatividad.

No es el mejor disco de Dead Can Dance, pero demuestra de nuevo la capacidad del grupo para explorar y reinventar músicas, para adaptarlas y fusionarlas, y tiene algunos temas inmensos como Saltarello, Black Sun y Radharc.

 

1. Arrival and the Reunion – 1:39
2. Saltarello – 2:34
3. Mephisto – 0:54
4. Song of the Sibyl – 3:45
5. Fortune Presents Gifts Not According to the Book – 6:03
6. As the Bell Rings the Maypole Spins – 5:16
7. End of Words – 2:05
8. Black Sun – 4:56
9. Wilderness – 1:24
10. Promised Womb – 3:23
11. Garden of Zephirus – 1:18
12. Radharc – 2:48
Total: 36:11

Hans Zimmer – Tears of the Sun

Hans Zimmer – Tears of the Sun
Género: Banda sonora original
Año: 2003
Valoración:

Antoine Fuqua dirige a Bruce Willis en esta producción centrada en los problemas de guerras en África. No deja de ser la típica película de acción hollywoodiense patriotera, pero se deja ver. La composición de la banda sonora original corre a cargo de Hans Zimmer, quien se rodea de un grupo de colaboradores incluso mayor del habitual: Lisa Gerrard, Lebo M., Andreas Wollenveider (conocido autor de Nuevas músicas), Heitor Pereira, Jim Dooley, Steve Jablonsky y Martin Tillman. Estos artistas invitados también pertenecen al grupo de solistas (voces, guitarras, violines eléctricos, instrumentos africanos varios) completado por otros como Endre Garnat, Hugh Marsh y Ali Tavallali.

La partitura recuerda al Zimmer de sus inicios: voces e instrumentos africanos mezclados con orquesta occidental, como en The Power of One o The Lion King. Gran parte de esta obra mantiene un registro tranquilo, una música de transición, de exposición más que de desarrollo, un adagio donde se emplean las cuerdas y la voz africana de Lebo M. y la sobriedad del canto de Lisa Gerrard. Heart of Darkness, el maravilloso Small Piece for Doumbek and Strings – Kopano Part I (inspirado muy, muy, muy descaradamente en Tabula Rasa de Arvo Pärt) y Night, son los cortes incluidos en dicha línea, pero también tenemos el lamento casi fúnebre de Kopano Part II.

La parte más activa recurre más intensivamente a las voces africanas (tanto Lebo M. como algunos coros), al habitual canto melancólico y envolvente de Lisa Gerrard, a la guitarra y a un variado número de instrumentos del lugar. Las apariciones de este tema son más breves y están al final del disco, salvo una introducción más ligera al comienzo, Yekeleni Part I – Mia’s Lullabye. En Yekeleni Part II el registro empieza a volverse hacia este tema, aunque en Carnage vuelve a calmarse. Es en Cry in Silence cuando observamos la transición final: es el último llanto que da paso al caos.

Cuando por fin entramos de lleno en el tema de acción nos encontramos dos pesos pesados de ocho minutos cada uno:

El primero, el doble corte The Jablonsky Variations on a Theme – Cameroon Border Post, se inicia en entristecedoras cuerdas que pronto se ven rodeadas por la voz de Gerrard, siendo entonces cuando la orquesta cobra intensidad. El crescendo continua de forma impresionante hasta que se torna en un breve caos de vientos y percusiones que da paso a la voz de Lebo M. en todo su esplendor, momento que es el mejor del disco hasta ahora. Mención especial también para el intenso final de cuerda y percusión electrónica.

El siguiente gran momentazo es The Journey – Kopano Part III. Si con el corte anterior hablábamos de grandiosa intensidad, lo que tenemos ahora va mucho más allá de lo imaginable, siendo uno de los cortes más arrebatadoramente bellos que he escuchado. También nos encontramos con un crescendo en el que se conjugan coros africanos comandados por el solista y la orquesta, solo que aquí la instrumentación africana es mucho más importante. La canción se inicia con el coro, guitarra y percusiones; poco a poco va aumentando su fuerza hasta que la explosión de sonidos se vuelve impresionante, magistral, inolvidable.

Tear of the Sun, sin ser una obra de las imprescindibles del autor (aunque habría que decir que el último tema sí lo es), es uno de los últimos trabajos donde Zimmer demuestra su dominio de la música más allá del sonido de acción prefabricado que tanto explotan películas de acción comerciales. Es una obra algo atípica (no tanto como Beyond Rangoon), no sólo por el estilo, sino también por la diferencia entre las dos líneas musicales empleadas en él: el precioso adagio y la impresionante instrumentación y coros africanos. Muy, muy recomendable.

 

1. Yekeleni Part I – Mia’s Lullabye – 2:35
2. Heart of Darkness – 2:01
3. Small Piece for Doumbek and Strings – Kopano Part I – 8:55
4. Under the Forest Calm – 1:07
5. Yekeleni Part II – Carnage – 7:55
6. Kopano Part II – 2:25
7. Night – 2:34
8. Cry in Silence – 2:04
9. The Jablonsky Variations on a Theme – Cameroon Border Post – 8:42
10. The Journey – Kopano Part III – 8:17
Total: 46:37

Dead Can Dance – The Serpent’s Egg

Dead Can Dance – The Serpent’s Egg
Género: Indefinido, gótico
Año: 1988, 4AD
Valoración:

Esto ya son palabras mayores. The Serpent’s Egg es, junto a Into the Labyrinth, la obra cumbre de Dead Can Dance. Que es sublime es decir poco, que es único en el mundo también. Son treinta minutos de una sucesión de temas magistrales, cada uno con entidad propia, con una calidad de sonido exquisita, una originalidad deslumbrante y un acabado tan rico en detalles y sonidos que se puede escuchar mil veces y siempre seguirá resultando una obra hipnótica, tal es su calidad. Su brevedad no es problema, pues es una obra de arte y dura lo que tiene que durar.

Sin olvidar el tono oscuro, ahora entramos definitivamente en la línea más gótica de Dead Can Dance, en una música que, aun siendo originaria de las mentes de sus dotados autores, bebe muchísimo de la música antigua. Temas que sólo incluyen la voz de Gerrard a modo de salmo, otros construidos sobre órgano de iglesia o instrumentos sacados de museos y libros de historia…

El disco no podía iniciarse mejor, pues el primer tema es, para quizá todos los seguidores del grupo, el de mayor impacto y calidad que han realizado: The Host of Seraphim. Es una composición que pone los pelos de punta durante seis minutos, tal es la fuerza que desprende. Un inmenso órgano de iglesia emerge de la nada y aborda nuestros oídos captando la atención de cada sentido. La voz de Lisa Gerrard, formando ella sola un coro con complejos juegos de voces (arduo trabajo de grabación, sin duda), no hace sino incrementar esta explosión de sonidos. La intensidad del corte se ve interrumpida de golpe en un receso fugaz, y reemprende de nuevo la marcha hasta finalizar esta deslumbrante creación.

Es muy complicado e injusto para con el disco intentar describir con palabras tanta riqueza musical. Como en la mayoría de los trabajos de la banda, rara es la vez que un tema es cantado por ambos miembros, y además cada composición es bastante diferente aun dentro de la línea elegida para la obra. Tenemos temas de instrumentación amplia y esplendorosa, otros más íntimos, limitados a unos pocos, incluso uno solo, instrumentos. Un buen ejemplo de la variedad temática son los cortes Orbis de Ignis, un tema a cappella con la voz de Gerrard de nuevo jugando con varias tonalidades y registros, donde el único instrumento es una campana que tañe de vez en cuando la soledad de Gerrard con un críptico sonido, y el impresionante In the Kingdom of the Blind the One-Eye Are Kings, un corte de enorme intensidad, donde la voz de Perry dirige una explosión de metales, órganos, percusiones y otros instrumentos irreconocibles.

Algunos cortes están enlazados de manera curiosa, como si uno fuera prefacio del otro, pero sin que ninguno pierda la más mínima pizca de calidad si se disfrutan por separado. La parte final del disco está confeccionada prácticamente de esta manera, iniciándose en otro tema a cappella, Song of Sophia, que lanza a continuación otra canción breve pero intensa, Echolalia, donde ambos miembros encauzan sus fantásticas voces sobre unas intermitentes percusiones… y cuando se interrumpe de golpe, da comienzo Mother Tongue, un largo y espectacular juego de percusiones con cambios de ritmo y un cambio de estilo notable cerca de su ecuador, en el que el corte prácticamente se convierte en uno distinto: sobre los dos minutos adquiere un cariz más pausado, triste, incluyendo la voz femenina, y se va diluyendo poco a poco, terminando con unas pocas percusiones sobre el sonido de un riachuelo de agua.

Cierra la función otra canción magistral, Ullyses, llena de detalles y matices, grabada con muchísima dedicación y amor al arte… como todo el disco.

The Serpent’s Egg es una creación que roza la obra maestra, un disco completo pese a su brevedad, intenso, bellísimo, no apto para todos los oídos pero un viaje inolvidable. Una de las creaciones más interesantes, originales y exquisitas de la música contemporánea, aunque anacrónicamente emule música arcaica.

Como curiosidad, el tema The Host of Seraphim fue usado en el documental Baraka (ficha en IMDB).

Destaco los temas que más me resultan más atractivos, aunque es un trabajo que no decae en calidad en ningún instante:

 

1. The Host of Seraphim – 6:18
2. Orbis De Ignis – 1:35
3. Severance – 3:22
4. The Writing on my Father’s Hand – 3:50
5. In the Kingdom of the Blind the One-Eye Are Kings – 4:11
6. Chant of the Paladin – 3:48
7. Song of Sophia – 1:24
8. Echolalia – 1:17
9. Mother Tongue – 5:17
10. Ullyses – 5:08
Total: 36:14

Dead Can Dance – Within the Realm of a Dying Sun

Dead Can Dance – Within the Realm of a Dying Sun
Género: Darkwave, gótico
Año: 1987, 4AD
Valoración:

Este trabajo de tétrico nombre y sugerente portada nos muestra al Dead Can Dance más oscuro y siniestro. Las reminiscencias del rock gótico e industrial son nulas, la experimentación musical ha continuado, ha evolucionado y ha llegado a otro nivel musical que no tiene definición, una música completamente exclusiva del grupo. La instrumentación se basa en instrumentos de vientos graves (trombones), percusiones imponentes (timbales), cuerdas, sintetizadores, algunos desconocidos y antiguos y por supuesto la oscura y gutural voz de Brendan Perry y la exquisita y espeluznante de Lisa Gerrard. El tono conferido es sumamente deprimente, lleno de un aura de melancolía y un deje a lejanía, a fantasía podríamos decir, propiciado por un sonido que sugiere a iglesia (el sintetizador que asemeja tenuemente al órgano de iglesia en tonos suaves pero oscuros, los ecos…). Los cortes son de fácil escucha, no resultan tan extraños y complejos como en los próximos discos. Canciones tristes pero bastante normales dentro de lo que cabe.

Anywhere out of the World nos introduce en este viaje fantástico con unos golpes de metal y un creciente sintetizador. El tono tenebroso va in crescendo hasta que los bajos hacen acto de presencia y son seguidos por la voz de Perry. En cambio Windfall se inicia en vientos y no incorpora metal hasta su ecuador, resultando un tema instrumental algo más atmosférico… Viene a la mente un bosque oscuro, alejado de la civilización…

In the Wake of Adversity es otro tema de voz masculina, con una base de cuerdas sostenidas por la atmósfera de los sintetizadores. Es uno de los momentos más interesantes, una canción rica en sonoridades. Lisa Gerrard introduce a la instrumentación y a Brendan Perry en Xavier, un tema de gran fuerza, de grandes percusiones y, aun dentro de una línea de profunda tristeza, algo más animado, de sonoridades casi heroicas. Le sigue Dawn of the Iconoclast, con Lisa haciendo sus cantos sin letra tan característicos; un tema más llano, donde la instrumentación es más sosegada obteniéndose un corte donde los sonidos parecen estar latentes, esperando a estallar… y cuando parece que eso va a ocurrir, termina abruptamente.

Cantara es un tema donde hay que hacer un inciso. Es interesante, original, tan bueno como el resto del disco… pero es una canción que deja una sensación de que le falta algo… porque la versión en directo (de la gira de la que salió Toward the Within años después) tiene una calidad sobrecogedora, una fuerza tan arrebatadora que deja sin aliento durante seis largos minutos, una sucesión de sonidos magistrales donde la voz de Gerrard llegó más alto que nunca, con un solo de salterio (o hammered dulcimer) alucinante… Un tema irrepetible, que no se ha escuchado ni siquiera en la gira que unió de nuevo al grupo en 2005. La versión de estudio resulta suave, ligera, con la voz reprimida, en comparación con aquél.

Para cerrar la obra tenemos Summoning of the Muse, con los metales sosteniendo a Gerrard en otro tema grandioso, y Persephone (The Gathering of Flowers), excelente composición para despedirse: lenta, sosegada incluso en su magnífico clímax, se diluye poco a poco.

A partir de aquí considero que Dead Can Dance está en la plenitud de su carrera, siendo este su primer trabajo verdaderamente notable y donde se salen por completo de líneas musicales que podrían enmarcarse (levemente) en algún género actual (los anteriores tenían reminiscencias rock). En la escasa duración del disco son capaces de desplegar una sucesión de temas excelentes y muy variados jugando con la música como sólo ellos saben hacer. Un grupo extraordinario y un disco impresionante, único.

1. Anywhere out of the World – 5:08
2. Windfall – 3:30
3. In the Wake of Adversity – 4:14
4. Xavier – 6:16
5. Dawn of the Iconoclast – 2:06
6. Cantara – 5:58
7. Summoning of the Muse – 4:55
8. Persephone (The Gathering of Flowers) 6:36
Total: 38:45